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Cartas a un escéptico en materia de religión

Jaume Balmes

Idioma:
espanyol
Completesa:
Obra completa
Autoria:
Escrita per l'autor
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Extensió:
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Cita aquesta obra
  • APAJaume Balmes. (n.d.). Cartas a un escéptico en materia de religión. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/ca/works/jaime-balmes/cartas-a-un-esceptico-en-materia-de-religion
  • MLAJaume Balmes. Cartas a un escéptico en materia de religión. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/ca/works/jaime-balmes/cartas-a-un-esceptico-en-materia-de-religion.
  • ChicagoJaume Balmes. Cartas a un escéptico en materia de religión. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/ca/works/jaime-balmes/cartas-a-un-esceptico-en-materia-de-religion.

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De què tracta

«Cartes a un escèptic en matèria de religió» (1846).

Context i història

Balmes escriu a un incrèdul educat i de bona fe, no a un enemic. El to és el que el fa notable: discuteix sense desqualificar, en un segle espanyol on la discussió religiosa era gairebé sempre insult. Text en CASTELLÀ: l'original de Balmes.

Context editorial, no una font citable: a diferència dels passatges de l'obra, aquestes dades no es poden contrastar amb el corpus.

Extracte de l’edició disponible
y, por consiguiente, reservandome fingir por algunos momentos esa duda para cuando el ocio y el humor lo consintieran, me quedé con todas las convicciones y creencias que antes, salvo las llamadas filosóficas. Para éstas fui, y he sido, y seré inexorable: la filosofi'a proclama sin cesar el examen, la evidencia, la demostración; enhorabuena; pero sepa al menos que, cuando seamos hombres y no mas, nos arreglaremos en nuestras convicciones cual a nosotros nos cumpla, siguiendo las inspiraciones del buen sentido; pero, en los ratos en que seamos filósofos, que para to¬ do hombre son ratos muy breves, reclamaremos sin cesar el derecho de examen, exigiremos evidencia, pediremos demostración seca. Quien reina en nombre de un principio, menester es que se resigne a sufrir los desacatos que puedan dimanar de las consecuencias. Claro es que en este naufragio universal de las convicciones filosóficas no entraban las religiosas: éstas las habia adquirido por otro camino, se presentaban a mi espiritu con otros tftulos, y, sobre todo, se encaminaban de suyo a dirigir la conducta, a hacerme, no sabio, sino bueno; de consiguiente, contra ellas no se irritó mi susceptibilidad pirrónica. Todavia mas: lejos de que sintiera inclinación a separarme de las creencias que se me habfan inspirado en la Infancia, me convenci mas y mas de la necesidad, y hasta del interés propio, que tenia en no perderlas; pues que comencé a mirarlas como la ünica tabla de salvación en este proceloso mar de las cavilaciones humanas. Se acrecentó el deseo de aferrarme en la fe católica, cuando, ocupandome algunos ratos, con espiritu de completa independencia, en el examen de las transcendentales cuestiones que la filosoffa se propone resolver, me vi rodeado por todas partes de espesisimas tinieblas; sin que se descubriese mas luz que algunas rafagas siniestras, que, sin alumbrar el camino, so¬ lo servian para hacerme visible la profundidad de los abismos a cuyo borde se hallaban mis plantas.

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