SigPhi · Angel Ganivet

Cartas finlandesas

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Comienza el Kalevala nada menos que por la creación del mundo, la cual es explicada me- diante un esbozo ó embrión de teogonia, que participa á la vez de la mitología aria y del pan teísmo brahmánico. En un principio el univer- so estaba poblado de divinidades: el más grande entre los dioses era Ukko, especie de Júpiter, y la primera de las diosas Akka, muy semejante á Ceres. No existía la tierra; pero sí el agua,. el mar. Una de las diosas, llamada Ilmatar,. hija del Aire azul, símbolo de la pureza y de la luz, desciende del cielo y se hunde en el mar, donde vive largo tiempo sola, hasta que, ansiosa de volver á su antigua morada, pide auxilio á Ukko, el cual le envía un pájaro, que, no ha- llando dónde posarse, hubiera volado eterna- mente sobre la superficie de las aguas, si la pia- dosa doncella Ilmatar no hubiera tenido la idea de sacar las rodillas y ofrecer en ellas un des- cansadero al celestial peregrino. El pájaro no fué desagradecido, pues puso en el acto siete huevos: seis de oro y uno de hierro. A los tres días sintió Ilmatar en la rodilla un calor coma si se la quemaran: hizo un moviiniento y deja caer en el mar los huevos, de los que salió toda la creación.

Apenas creado el mundo, aparece en él un 27.?

hijo de la misma doncella Ilmatar, llamado Waeinaemoeinén, quien notando que la crea- ción está aún incompleta, se consagra á perfec- cionarla con ayuda de Pellervoinen, que viene á ser como un símbolo del Trabajo, y bajo la protección de su madre y de los dioses Ukko y Akka: de esta suerte llega á tener la tierra cuan- to hace falta para la vida de la especie humana, y Waeinaemoeinén puede dedicarse al canto, su afición favorita, con la que entretiene sus ocios y mata sus tristezas de viejo solterón.

Cuando comienza la acción, el héroe princi- pal de ella, Waeinaemoeinén, es un anciano ve- nerable de abundosa barba blanca, respetado de todo el mundo por su sabiduría y por sus talen- tos de cantor. Otro cantor joven, llamado Jou- kahainen, acude á Kalevala y pretende ponerle á prueba. Waeinaemoeinén le invita á que dé muestras del saber de que tanto se envanece, y Joukahainen, lleno de petulancia, no se hace rogar; sus conocimientos son variadísimos: sabe que el respiradero de las casas está en el tejado,. y la lumbre en el hogar; que los lapones tienen renos; que Imatra es la catarata más grande del país; que la serpiente no tiene patas, y otras mil cosas tan interesantes como éstas; sin embargo,, entre sus infantiles alardes de sabiduría hay al- gún concepto profundo: Joukahainen sabe que él mejor remedio contra las enfermedades es el agua, y que el primero y el más grande entre todos los médicos es el Creador. El viejo y sa- 18 274 18 274 bio Waeinaemoeinen se burla del joven can- tor, y éste, encendiéndosele la sangre, le desafía con palabras llenas de bravura; el viejo le con- testa que no quiere combatir con un lócate como él; pero obligado por los insultos del mancebo, se decide á castigarle: pronuncia la palabra má- gica, y el triste Joukahainen, desarmado como un muñeco, se ve bien pronto por tierra y con ia vida pendiente de los labios de Waeinaemoei- nen. Para aplacar al irritado viejo le ofrece cuanto posee: primero un arco famoso; luego un bote como no existe otro en el mundo; des- pués un corcel de guerra, y, por último, plata y oro, y todos sus bienes; el viejo, inflexible, con- testa á cada ofrecimiento: «Nada de eso me hace falta; yo lo tengo ya mucho mejor,» y cada vez oprime más contra el suelo al pobre mozo, que, próximo á la agonía, exclama: «Te daré á mi hermana Aino para que sea tu mujer; ella será tu compañera; te amasará rico pan de miel, te limpiará la casa todas las mañanas y te hará la cama todas las noches.» El viejo can- tor se enternece ante tan bella perspectiva, acep- ta el ofrecimiento y perdona la ligereza de len- gua del imprudente Joukahainen.

Sigue á la escena de los cantores el patético episodio de Aino. Joukahainen vuelve ásu casa en la mayor aflicción, y á las preguntas inquie- tas de su madre, contesta llorando que Tía ven- dido á su hermana Aino. La madre se muestra satisfecha, pues deseaba emparentar con el fai75 moso cantor; pero la joven Aiño rompe á llo- rar con amargo desconsuelo. ^'Cómo va ella á resignarse á dejar su casa y á perder de vista para siempre el sol que la alumbra y el cielo azul que la cubre? Aunque la madre le dice que el sol luce en todas pártesela candorosa muchacha continúa llorando sin explicar la verdadera cau- sa de su duelo. Después de una declaración de amor del viejo Waeinaemoeinen, á la que con- testa Aino con desvió, viene una tiernísima es- cena. Aino llora junto á la ventana; su padre» su hermano, su hermana, van pasando, y uno á uno preguntándole por qué llora; Aino contes- * ta que ha perdido en el bosque sus joyas y que no las puede encontrar; pasa, por último, la ma- dre, y á ésta la refiere la joven su encuentro con el cantor; la madre intenta convencer á la hija; pero ésta, despue's de nuevos lloros, declara que prefiere ir á habitar en lo más profundo de Ioíí mares á pasar su juventud al lado de un viejo, á quien no puede amar. Dominada por esta idea, se dirige á una playa cercana: allí llora toda la noche, y al amanecer, después de quitarse sus vestidos, se arroja al mar, entre cuyas ondas desaparece para siempre. Siguen largas reflexio- •nes sobre la desgraciada estrella de Aino, y termina el episodio con una leyenda. En el sitio donde Aino desapareció nacieron tres íslitas; en cada islita tres árboles, y en cada árbol can- tan tres cucos. Durante los tres meses de vera- no un cuco canta: ¡amor, amor! en recuerdo 276 de la joven que duerme sola en el mar; otro cuco canta durante seis meses: ¡dicha, dicha! para el viejo pretendiente, sumido en el más profundo dolor; el tercer cuco canta: ¡alegría, alegríaf para el pobre corazón de la madre de Aino. Y este tercer cuco canta siempre.

El viejo y sabio Waeinaemoeinen, encariña- do con la idea de tener una esposa joven que le haga más llevaderos los días de la vejez, em- prende el viaje á Pohjola, con el que se inicia la acción principal del Kalevala. Joukahainen in- tenta dar muerte al viejo; pero éste se libra mi- lagrosamente y logra llegar á Pohjola y pre- sentarse á Louhi, dueña y señora del país, á la que le pide la mano de su hija, mediante gene- rosos ofrecimientos; Louhi los rechaza, y exige sólo como condición para entregar á su hija la construcción del molino de Sampo. Waeinae- moeinen declara que él es inhábil para esta em- presa; pero que tiene un hermano llamado II- marinen, herrero de oficio, que se encargará de llevarla á cabo. Vuelve á Kalevala, y venciendo la resistencia de su hermano, hombre corto de palabras y más corto aún de ideas, le decide á marchar á Pohjola. Ilmarinen se presenta á Louhi; conoce á la doncella de Pohjola (cuyo nombre no es pronunciado ni una vez en el curso de la obra), y mediante promesa de casa- miento, construye el molino misterioso; la don- cella se niega después á casarse, é Ilmarinen re-^ gresa solo á su país.

277 La acción se interrumpe con el episodio de Lemminkaeinen, el tercero y último héroe Ka- leva. El primero es el sabio; el segundo, el he- rrero, él trabajador; el último, el guerrero. Re- fiérese cómoLemminkaeinen se casa con Kyllik- ki, la hermosa doncella de Saari; ambos viven felices en Kaukoudden, cumpliendo la promesa hecha al casarse; él no sale á buscar aventuras, y ella no va á las reuniones á bailar. Un día, Annikki, hermana del héroe, dice á éste: «Ano- che fué Kyllikki al pueblo á bailar, á jugar y á cantar con los jóvenes,» y en el acto Lemmin- kaeinen pide á su madre que le lave una camisa para marcharse á la guerra, á Pohjola. Después va pidiendo todos sus arreos y su corcel; no va sólo á la guerra: va á buscar otra mujer que no sea tan ligera como Kyllikki. Y sin atender á las súplicas de ésta ni á los consejos maternales, marcha á la guerra, encomendándose al omni- potente dios Ukko. Preséntase á Louhi, pidién- dole que le entregue la más bella de sus hijas; Louhi se niega, porque Lemminkaeinen tiene ya otra esposa legítima; pero cuando éste asegura que es libre, pues Kyllikki faltó á su promesa, le ofrece la mano de su hija, á condición de que coja el ciervo salvaje de Hüsi. El héroe se encamina al bosque; invoca á Ukko y á los genios Tapio, Nyyrikki y Mielikki, y con su auxilio da cima á la difícil empresa. Louhi le exige después que coja el corcel de Hüsi, y, por último, no sa- tisfecha aún, le pide el cisne de Tuoni. En esta 278 empresa es herido Lemminkaeinen por una ser- piente; siéntese morir y llama á su madre, la cual, después de una peregrinación dolorosa^ llega á tiempo de salvar á su hijo. Ambos re- gresan á Kaukoudden.

Waeinaemoeinen é Ilmarinen se dirigen por segunda vez al país tenebroso de Pohjola y se presentan á Louhi, para que ésta decida á quién pertenece la disputada doncella; la cual, en presencia de los dos pretendientes, declara que no quiere riquezas, sino amor, y rechaza á Waeinaemoeinen, que huye, lamentándose de no haber buscado mujer en los bellos días de la juventud. Sigue una descripción suntuosa.de las bodas de Ilmarinen, en las que son dignos de mención los discursos de Louhi, de la novia y de varios concurrentes. Ilmarinen regresa con su mujer á Kalevala. Celébrase una fiesta, en la que Waeinaemoeinen canta un admirable epi- talamio.

Lemminkaeinen no ha sido invitado á las bo- das y desea tomar venganza: preséntase en Poh- jola, pide hospedaje, y con pretexto de que la cerveza que le ofrecen no es buena, mueve que- rella al mayordomo de Pohja y le mata en de- safío. Louhi llama á su gente para castigar al insensato que ha venido á turbar la alegría de las bodas, y el vengativo héroe huye á Kau- koudden á pedir amparo á su madre, la cual le aconseja que se esconda en cierta isla donde exis- te una ciudad libre, contra quien nada pueden 279 los hombres de Pohja. Así lo hace Lemminkaeí- nen: llega á una isla, habitada por hermosas doncellas cantoras; pero el amor filial puede más en él que todos los encantos, y abandona la isla para buscar á su madre; al fin la encuentra sola, huyendo de los hombres de Pohja, que le han incendiado la casa y el jardín, y madre é hijo se reúnen con transportes de júbilo.

Sigue el gran episodio del desgraciado Ku- llervo. Este ha sido vencido por su hermano Un- tamoinen, y trabaja al servicio del buen herre- ro Ilmarinen, en Karelia. La mujer de Ilmari- nen, la maligna doncella de Pohja, mira con malos ojos á Kullervo: un día, al amasar el pan, esconde una piedra -dentro de una hogaza, con la que obsequia al pobre mozo cuando éste se va á apacentar el ganado. Mientras el ama in- voca á los buenos genios para que protejan su rebaño y saluda con palabras de amistad al oso, «patas de miel, bello rey de las selvas,» Kuller- vo llega al bosque y dispónese á merendar: par- te la hogaza, y al descubrir la piedra prorrumpe en tristes lamentaciones. Aconsejado por un cuervo, que le escuchaba desde un árbol, junta una manada de lobos y de osos y la conduce á casa de su ama; ésta es destrozada por las fero- ces bestias, y Kullervo huye sin saber á dónde irá. Logra hallará su madre; sabe que durante su ausencia ha desaparecido una de sus hermanas, y abandona de nuevo la casa paterna. En su triste peregrinación va encontrando muchachas por el 2So camino; á todas las invita á montar en su trineo, y todas le contestan con las mismas palabras: «Antes querría morir que montar en 'tu tri- neo.» Halla, por último, á una joven muy bella; invítala, y aunque recibe igual respuesta, la coge y la sienta en el trineo; saca oro y telas con los que trastorna los sentidos de la muchacha, y lo- gra seducirla. Al alborear del nuevo día, la jo- ven pregunta á su amante cómo se llama. «Soy — dice éste — Kullervo, hijo de Kalervo. — Y tu, ^quién eres?» La joven, aterrada, le dice que es también hija de Kalervo, y en frases vehemen- tes cuenta la historia de su desapa^^ición y des- cribe su tormento. Después salta del trineo, cor rre hacia una catarata y se arroja en medio del torbellino. Vuelve Kullervo á su casa, refiere á su madre la horrible desventura y pregunta qué ha de hacer para expiar su crimen; la madre le aconseja que se retire á un bosque y se esconda allí hasta que el tiempo le haga olvidar; pero Kullervo quiere ir á la guerra y vengarse de su hermano Untamoinen. Después de esta escena trágica y de la despedida de Kullervo de todos los suyos, viene el lúgubre relato de un viaje. Kullervo camina; de cuando en cuando se le presenta un mensajero, diciéndole: «Ha muerto tu padre, tu hermano, tu hermana;» á todos les contesta Kullervo: «Que lleven el muerto á la sepultura,» y sigue caminando. Por último, un mensajero le dice: «Tu madre acaba de mo- rir.» Kullervo se echa á llorar y clama: «¡Ay 28[ de mí, que ha muerto mi madre, lo que yj más amaba sobre la tierra! ¡Y yo no estaba allí, yo no estaba á su lado! ¡Quizás ha muerto de ham- bre, quizás ha enfermado de frío! Que laven á la pobre muerta; que la hagan una costosa mortaja; que dolientes plañideras canten al lle- varla á enterrar. Yo no puedo ir allá; Unta- moinen está aún con vida y no ha recibido el castigo que le espera.— Y tú, Ukko, el más gran- de entre todos los dioses, tú que eres señor de cuanto existe, haz que el cielo arroje de sí una espada para Kullervo, que te implora, y que la espada sea de finísimo temple, para que toda la gente de Untamoinen perezca al filo de esta es- pada divina.» Ukko escucha esta súplica: una magnífica espada cae del cielo; Kullervo cum- ple su venganza con implacable furor; después, presa de mortal abatimiento, dirige esta última tierna invocación á su madre, y echándose de bruces sobre la punta de su espada, se desploma en tierra atravesado de parte á parte, y expira. Se reanuda la acción, ilmarinen llora amar- gamente la muerte de su mujer, y deseoso de consolarse, se encamina de nuevo á Pohjola, con idea de casarse allí por segunda vez. Louhi le despide con cajas destempladas; mas el buen herrero, por no volver solo, roba á una muchacha de Pohjola, la cual le engaña en el ca- mino. Ilmarinen llega á Kalevala solo y des- pechado, y declara á Waeinaemoeinen que, se- gún noticias recogidas en el país de Pohja, el \ 282 molino de Sampo tiene la virtud de hacer feliz á quien lo posee. Convienen los dos hermanos en marchar al país de las tinieblas á robarle la felicidad de que disfruta, y para mayor seguri- dad, el viejo y sabio cantor lleva una espada que Ilmarinen forja con extraordinario esmero. En el camino encuentran al valiente Lemminkaei- nen, que al saber que se trata de combatir á los de Pohjola, se une á los hermanos; y así, los tres héroes Kalevas emprenden la conquista de Sampo. Llegados á la presencia de Louhi, soli- citan de ésta con palabras de paz que les entre- gue la mitad del molino; Louhi se niega y llama á sus gentes á las armas. Los tres héroes se di- rigen á la montaña donde está escondido Sampo, y con gran esfuerzo, y gracias al poder hercú- leo de Lemminkaeinen, logran arrancarlo de su sitio y ponerlo en el barco en que vinieron á Pohjola. Todo marcharía felizmente si una es- pesa niebla no les impidiese hacerse á la mar. Waeinaemoeinen consigue romper la niebla con su espada; pero la alegría se le enturbia muy pronto, pues se le cae en lo hondo del mar el kantele, su compañero inseparable, sin el cual no puede ni cantar ni regocijarse el vene- rable viejo. Entre tanto acude con sus guerre- ros la enfurecida Louhi, que para combatir mejor se transforma en águila. La lucha es formi- dable, y para terminarla, el prudente Waei- naemoeinen insiste en partir el molino por la mitad; pero Louhi quiere ó todo ó nada; y al 283 proseguir el combate, el águila cae herida, arras- trando consigo el disputado Sampo, que se hun- de en el mar. Desde entonces, Pohjola ó Lapo- nia es un país inhabitable y casi desierto, y Suomi ó Finlandia es próspero y feliz. V De regreso á Kalevala, Waeinaemoeinen de« dica sus ocios á construir un nuevo kantele, y una vez terminado, á alegrar con sus cancio- nes al pueblo de Kaleva. Todo parece sonreir á. esta venturosa región; pero la envidiosa Louhi-, por arte mágica, logra afligirla con enfermeda- des nuevas, desconocidas: el sabio cantor libra á su pueblo de ellas. Louhi entonces envía un oso para que les destruya los rebaños; el inago- table cantor le da muerte con una flecha, for- jada á este efecto por Ilmarinen. Coala carne del oso celebra el pueblo un gran banquete, en el que Waeinaemoeinen entona un bello cán- tico en honor de Suomi.

No se da por vencida Louhi, y como supremo recurso acude al de esconder el sol y la luna en el monte de Pohjola. ¿Qué hará ahora Suo- mi, condenada á vivir en las tinieblas? El buen herrero Ilmarinen se ofrece con buena volun- tad á construir un sol de oro y una luna de pla- ta; pero llegado el día de la prueba, se nota, se- gún había predicho el sabio Waeinaemoeinen^ que el sol de oro no da luz y que la luna de plata queda completamente obscura. El sabio cantor coge su espada y se encamina á Pohjolai intenta abrir las puertas de la montaña, donde 284 Louhi ha escondido los astros; pero la espada no es bastante, y vuelve á Kalevala para que II- marinen le forje unos hierros con los que sea posible romper aquellas cárceles tan sólidamen- te construidas. Preséntase Louhi disfrazada en la herrería de Ilmarinen,y le pregunta qué está forjando. «Voy á forjar— dice el buen herre- ro— una argolla para aprisionar á Louhi en el monte de Pohjola.» Louhi, atemorizada, pone en libertad el sol y la luna, que son saludados al reaparecer con un ))ello himno del viejo Waeinaemoeinen.

Aquí termina en rigor la epopeya; pero en los cantos populares aparece adicionada con un epílogo, extraño por completo al argumento principal y á los episodios. Al convertirse al cristianismo, el pueblo finlandés quiso enlazar la nueva doctrina con la tradición poética po- pular, y creó una delicada leyenda en que hizo intervenir á su héroe más querido: al cantor Waeinaemoeinen, nacido también de una vir- gen, según la teogonia del Kalevala. En la le- yenda figura una doncella llamada Mariatta, que concibe, siendo virgen, en forma análoga á la que Ilmatar contribuyó á la creación del mundo. Los padres de Mariatta, creyéndola culpable, la envían á un lugar oculto, donde nace el niño misterioso, destinado á dominar en el mundo por su grandeza y poder. Waeinae- moeinen desaparece entre nubes cantando al son de su kantele una canción, en que anuncia 285 que algún día será deseada su vuelta para que construya un nuevo Sampo, haga un nueva kantele y dé libertad al sol y la luna; y el can- tor del poema termina declarando su torpeza y falta de estudios y pidiendo á sus oyentes un juicio benévolo.

* * Creo que ql extracto precedente, aunque com- puesto á la ligera, al correr de la pluma, dará una idea aproximada de la importancia y mé- rito de esta gran epopeya del Norte. Un estudio crítico no me parece propio de este lugar, y me limitaré á completar la explicación del argu- mento con un brevísimo comentario. Las co- nexiones entre los personajes del Kalevala y los. mitológicos y bíblicos saltan á la vista: lo difí- cil no es hallar analogías, sino descubrir las va- rias que contienen én sí los personajes del Ka- lévala, los cuales, por ser muy pocos, tienen fases múltiples y se prestan á numerosas inter- pretaciones. Pero aun teniendo en cuenta estos rasgos de semejanza, y suponiendo que proce-^ den, no de una comunidad de origen, sino de la imitación de otras epopeyas ó de la mitología de los pueblos indo-eupopeos, hay que recono- cer que el pueblo finlandés ó el autor descono- cido del Kalevala no son simples rapsodias, y^ que la epopeya finlandesa es una verdadera crea- ción; sus personajes son eflorescencias de este 286 286 territorio: tal es la naturalidad con que en él viven y se mueven; y la acción está ajustada tan admirablemente á este suelo y á este cielo, á la vida, á las costumbres, á la historia de este país, que no hay modo de imaginarla en otros cli- mas. Así, pues, el Kalevala, aparte sus bellezas y sus lunares, tiene un mérito fundamental: el de ser una creación étnica y territorial, esto es, una legítima epopeya.

Supongamos por un momento, sólo por vía -de comparación, que un poeta finlandés hubiera pretendido adaptar á su país una epopeya como la litada. Tropezaría con una primera dificul- tad: este territorio no permite que se muevan ejércitos formidables, como los descritos por Homero. Antes de salvar la distancia que hay ^ntre las dos regiones antagónicas del país, mo- rirían de hambre y de frío; y en vez de epo- peya, tendríamos el relato de una retirada de- sastrosa. Hay, pues, que simplificar y quedarse sólo con los héroes, y hay que dotar á éstos de un poder sobrenatural para que acorten las dis- tancias volando en algún esquife maravilloso. Y esta primera modificación lleva consigo otra^ más grave: el héroe principal no será ahora el •más valiente, sino el más sabio. Aquiles queda •en segundo término, y pasa á ocupar el primero Calcas, el adivino, ó el prudente Ulises. He aquí por qué en el Kalevala la primera figura es la de Waeinaemoeinen, un viejo cargado de años y de prudencia; mientras Lemminkaeinen, el 287 guerrero, viene después, detrás, no solamente de Waeinaemoeinen, sino de Ilmarinen, que á falta de saber posee energía y tenacidad para el trabajo.

El asunto de la litada es la lucha contra Tro- ya, el castigo de una afrenta recibida por los griegos en la persona de Menelao. Si se tratara de trasplantar aquí la acción, se notaría que estaba en pugna con la naturaleza del país. En el Mediodía, donde la sangre es más ardiente y la vida más fácil, son posibles ciertos refina- mientos pasionales: el hombre no busca sólo una mujer, busca el amor, y el amor trae consigo los celos, las traiciones, los odios, las luchas del honor exaltado; aquí se contentan con la mu- jer á secas. En todo el Kalevala no existe una escena de amor al modo que nosotros lo conce- bimos: la declaración del viejo Waeinaemoei- nen se reduce á cuatro palabras; Ilmarinen es más duro que un guijarro; Lemminkaeinen se separa de Kyllikki porque ésta fué á bailar, pero no porque sienta celos, sino porque su mujer ha faltado á lo convenido; Kullervo seduce á su hermana sin decirle una palabra amorosa, sólo con mostrarle oro y telas. El único amor á que estos héroes rinden culto es el amor maternal que pone en labios de Lemminkaeinen y de Ku- llervo las frases más apasionadas de la epopeya. Cuando los héroes Kalevas se dirigen á Pohjola» no van movidos por el amor, van á buscar una mujer, como quien va á comprar un barco ó un 288 288 trineo; después van á buscar el bienestar ro- bando el molino de Sampo; por último, á liber- tar el sol y la luna. Los móviles de la acción épica son materiales; pero si la epopeya carece de elevación ideal, tiene en cambio la grandeza de lo que es verdadera y sinceramente humano. Los héroes están pintados como son, como esta tierra los cría y los nutre; son grandes como los bosques del país, y como ellos, tristes, sin luz. Más bellos que estos bosques son nuestros verjeles, cargados de flores y de aromas; pero todo no puede ser igual sobre la tierra.