Además de la interpretación natural del ar- gumento del Kalevala, hay otra interpretación simbólica, que no destruye, sino que refuerza la primera: Pohjola es el mal, y la lucha de los kalevas es el esfuerzo titánico de esta raza para vencerlo; y el mal no es un concepto abstracto,, metafísico, ni una violación de las leyes mora- les: es algo tan materializado como el amor, según se ha visto ya; no tienen que inventarlo los hombres, porque existe aquí de asiento: es el frío, la nieve, la miseria, la falta de sol, la fiera que devora al ganado, todo cuanto en el clima éste existe, contrario á la vida del hom- bre. Y como estos males se agravan conforme se va ascendiendo hacia el Norte, en el Norte imaginaron los de Kaleva un pueblo al que atribuir las causas de sus penalidades, y contra ese pueblo dirigieron todas sus fuerzas. Parece un contrasentido que Suomi ó Finlandia busque 289 289 la felicidad en una región de donde vienen to- dos los males; pero la idea profunda del poema está ahí: en suponer que en Pohjola estuvo an- tes la felicidad simbolizada en Sampo, y que en la lucha, Pohjola fué vencida, y Kalevala, no obstante la pérdida de Sampo, ganó una parte de esa felicidad sólo por haber combatido. Lo cual en términos claros quiere decir que la prospe- ridad en Finlandia está fundada en la energía con que sus habitantes han sabido y saben lu- char.contra una naturaleza hostil, inhospitala- ria. Este simbolismo les permitía también ex- plicar muchos fenómenos que en su ignorancia primitiva no podrían explicar lógicamente: por ejemplo, las diferencias climatológicas entre el Sur y el Norte del país ó la desaparición tem- poral de los astros. >s La acción principal del Kalevala se des- arrolla trabajosamente á causa de los diversos episodios que á ella están unidos, y que si bien tienen con ella escasa relación, sirven para agrandar el escenario épico, si es permitido em- plear juntas estas dos palabras. El episodio de la creación es como el pedestal sobre el que se asienta la venerable figura del inventor del kan- tele, personalidad cíclica que desempeña por sf sola todos los papeles de una mitología, sin ne- cesidad de casarse ni de tener descendencia. El episodio de Joukahainen pone en movimiento al héroe; y el mito de la bella Aino, la extraña Venus finlandesa, es como un preludio del tar- 19 29© 19 29© dio arranque amoroso, ó mejor dicho, casa- mentero, que lleva al viejo cantor á Pohjola y da origen á la epopeya. Los demás episodios son más breves y menos importantes, hasta llegar al último, al de KuUero, digno de for- mar un poema aparte. Aunque ese episodio pa- rece completamente desligado de la acción épi- ca, debe notarse, sin embargo, que el cordón umbilical que á ella le enlaza es tan delicado, que si se lo cortase violentamente quizá el epi- sodio no podría vivir: Kullervo es una victima del sino, del ananke griego; mas su primer cri- men, el que le lanza á cometer los demás, es la muerte de la doncella de Pohjola; y la piedra que ésta pone en el pan de su pobre criado es la fatalidad, es el mal, que viene del Norte, de la región tenebrosa, de donde vienen todos los males.
XXI Algunas noticias sobre el movimiento literaria y artístico de Finlandia.
Los habitantes de la montaña conocen por sus nombres los picos más altos y los más ba- jos, las lomas y los valles; los del llano ó laciu dad, que ven la montaña desde lejos, se conten- tan con saber el nombre del pico más alto y á lo sumo su altura sobre el nivel del mar. Esta misma diferencia se nota cuando se estudia el movimiento intelectual de un país: los natura- les lo conocen en toda su integridad, y el ex tranjero ha de concretarse á señalar los puntos más altos que descubre. Por esto he escrito con alguna extensión sobre el Kalevala^ señalándo- lo, si no como un Chimborazo de las letras» como una epopeya de mucho aliento y de orí ginaiidad y belleza innegables. • Pero sería casi ofensivo para Finlandia pasar por alto la literatura de varios siglos y hablar sólo áoXKalevala, que, por su antigüedad, es un monumento aislado, sin gran conexión con la cultura moderna; con mayor razón si se tiene 292 292 en cuenta que el Kalevala es una creación fin- landesa, y que la cultura general hasta hace po- co ha sido exclusivamente sueca, importada por los civilizadores del país. Hay^ pues, que tratar aparte de lo sueco-finlandés; y aunque esta ma* teria sólo puede ser explicada con acierto en- lazándola con el movimiento literario y artís- tico de la Escandinavia entera, no estará de más dar aquí un breve bosquejo. En cuanto á la li- teratura propiamente finlandesa, también hay que anotar el comienzo de un renacimiento li- terario, que ya ha producido algunas obras dig- nas de mención.
El movimiento nacionalista finlandés cuenta poco más de medio siglo, y su primera manifes- tación importante fué la publicación del Kale- vala por Lonnrot. Esta fué como la exhuma- ción de la partida de bautismo de la raza fin - landesa y el punto de arranque del «fenomanis - mo,» cuyo principal sostenedor fué Snellman. Yo no he de hablar de política menuda, y me reservo mi parecer sobre el litigio entre «sue- comanos» y «fenomanos,» partidos que luchan como de costumbre por el bien público y son á ratos una calamidad. Sólo diré que para este clima me parece excesivo el encono con que se combate, y que los «fenomanos» (viejos y nue- vos, pues hay dos banderías), aunque defien- den la causa finlandesa, que es la más justa des- de el punto de vista territorial, suelen caer en ridiculas exageraciones. Nosotros no compren-.
^3 ^3 deríamos, por ejemplo, la necesidad de que un sueco de origen, al declararse «fenomano,» se rebautice ó se confirme con un nombre finlan- dés. Aquí esto es frecuente, y ^n los últimos tiempos ha habido un trasiego considerable de apellidos. Entre los literatos, el dramaturgo Kí- vi, el autor de Kullervo, se llamaba Stenvall; el senador Yrjoe-Koskinen, autor de una notable Historia de Finlandia, antes de ser noble era un Forsman; el novelista Juhani Aho era un Bro- feldt, y así por el estilo.
Son muchos los escritores finlandeses que se han dado á conocer desde que comenzó el mo- vimiento nacional; pero los más de ellos, aun- que escriben en finlandés, continúan sometidos á la influencia sueca, y algunos se inclinan del lado de Rusia é imitan á sus escritores, á Tols- toi en particular. Sin duda el escritor más in- dependiente hasta el día es Pietari Paeivaerin- ta, campesino y humilde cantor de iglesia, que se ha creado una gran celebridad con sus cua- dros de costumbres, en los que, con espontanei- dad y sin aliño, retrata la vida del interior del país, al modo que lo hizo Trueba en España. Juhani Aho es también escritor muy reputado, principalmente pot sus narraciones cortas, de las que ha publicado varias series con el título de Lastuja (Virutas).
Paralelo al movimiento literario finlandés se desarrolla el sueco.
Durante la dominación sueca, la literatura 294 sueco-fínlandesa sólo registra personalidades mediocres, salvo alguna fígura aislada, como la de Porthan, el historiador ó el poeta Franzen; mas al desaparecer la dominación política, sea para suplicarla, sea como respuesta anticipada al inevitable despertar del espíritu finlandés^ surge un período de florecimiento, que será en el porvenir el siglo de oro de esta literatura, y cuyo principal representante es Johan Ludvig Runeberg. Al lado de éste figura su mujer, Fre- derika Runeberg, escritora de novelas históri- cas; Zacarías Zopelius, autor dramático y no- velista, y en particular maestro consumado en el género de cuentos para los niños; el polígra- fo Cygnaeus, el exégeta bíblico Stenback, el poeta Nervander y muchos más.
Runeberg ha escrito cuentos y ha dado algo al teatro; pero es ante todo poeta, y como poeta, aunque ha cultivado diversos géneros, en el que descuella más es en el legendario, en el que es comparable á nuestro Zorrilla. Su obra más perfecta es Faenrik Stals Saegner, el cancione- ro de la edad heroica de Finlandia, algunas de cuyas poesías, como el Vart Land y la marcha de los bjorneboi"gueses, han alcanzado la máxi- ma popularidad á que puede aspirar un buen poeta: Elgskyttarne, Julquaellen, Kung Fja- lar, y en general todas sus obras, son el cate- cismo poético de este país. No es Runeberg un genio innovaíior ni que asombre por su profun- didad; pero es un artista equilibrado y armó- 295 nico. Y tiene además en un país como éste, divi- dido en dos nacionalidades de raza, el mérito de haberse aproximado más que ningún otro poeta sueco al espíritu finlandés.
El antagonismo irreductible entre lo finlan- dés y lo sueco, y la exageración del espíritu cos- mopolita, son las dos causas que impiden que la intensa cultura de este país dé los frutos que debía de dar. Agregúese á esto la falta de una crítica severa que espolee á los que trabajan. Son muchos los periódicos, algunos de enorme tamaño, y para un país tan pequeño como éste; los medios de publicidad son excesivos. En un dos por tres nace y crece y se consolida una reputación; y como el artista va, como todo el mundo, á sacar el mayor partido con el menor esfuerzo, suele quedarse en los primeros esca- lones, una vez que se ve aplaudido, y cree haber dado con una forma perfecta de expresión.
Hay pasión por la música: por aquí desfilan todas las notabilidades europeas; hay facilida- des para aprender, y se protege mucho al que vale; y sin embargo, fuera de Pacius, que es una figura de segundo orden, no hay compositores de nota. Quizás influya en esto también el ca- rácter demasiado práctico de la enseñanza, que tiende más á asegurar al alumno los medios de subsistencia que á dar vuelo á sus facultades creadoras.
El Museo de pinturas ó colección de cuadros del Ateneum es un totum revolutum, en el que 296 lo único sensato que yo he encontrado es la abundancia de cuadros flamencos y holandeses, en los que debían estos artistas estudiar con pre- ferencia por ser los que más se aproximan á lo que deberá ser el arte en Finlandia, cuando exis- ta y no esté como hoy ahogado en germen por la importación extranjera. Si un día aparece en Finlandia un genio pictórico, se asemejará más que á ningún otro á Rembrandt. Cierto que hoy se piensa y se dice que el artista debe ser sólo una personalidad; pero yo dudo que un finlan- dés pueda adquirir esa personalidad imitando á los franceses ó á los italianos, que es lo que ahora se hace. Lo que es natural en el Sur es absurdo en el ambiente del Norte, y así se nota aun en los buenos pintores de Finlandia, que ven los tipos de su tierra como los vería un ex- tranjero, y los pintan á lo impresionista ó á lo decadente, cuando lo lógico sería pintarlos á lo espeso y á lo macizo, en el aire denso que aquí se respira.
Si se visita una Exposición (hay dos anuales, una en primavera y otra en otoño), la impre- sión que se recibe es semejante á la que produce un niño cacoquimio y arrugado como un viejo. Hay cuadros que se quieren salir de la sala para irse á los países de donde proceden, y no hay extravagancia de la moda que no tenga su re- presentación. Aunque son muchos los pintores y escultores (sólo las señoritas pintoras pasan de la docena), son contados los artistas que me- 297 rezcan este nombre. Vallgren es un escultor elegante y delicado, francés como artista y fin- landés sólo de nombre; de los pintores, los que representan las dos tendencias más marcadas en este arte son Edelfet y Gallen: el primero la tendencia sueca, y el segundo la finlandesa, aun- que esto sólo en la intención, pues en los pro- cedimientos están ambos formados por inñuen- cias exóticas.
Edelfet se inspira indudablemente en la tra- dición de Runeberg, y sus obras mejor conce- bidas son las ilustraciones de los poemas de és- te, en primer término las del Kung F jalar. Como retratista, es un pintor concienzudo, y sus retratos del doctor Pasteur y del doctor Roux son verdaderas obras de arte. En sus cua- dros históricos ó de género aparece al principio como un buen discípulo de la escuela flamenca (por ejemplo en su «Reina Blanca»), para caer después en un realismo seco y prosaico, como el de las <<Viejas de Ruokalak.» La Finlandia que él ve es la de los héroes suecos, no la de otros héroes obscuros, los finlandeses, que fue- ron subyugados en su propia casa solariega.
Axel Gallen es ün pintor de imaginación y de talento un tanto desordenado, pero inquieto y trabajador. Cada cuadro suyo es superior á los precedentes. S ifuera poeta, sería un poeta deca- dente, y la concepción de sus cuadros creo yo que peca de exceso de intelectualismo. En su Conceptio artis representa á un hombre des- »• 4- 298 »• 4- 298 nudo, de espaldas, abalanzándose, con las ma- nos contraídas como garras, sobre una embo- zada Quimera, en medio de un campo verde,, monótono, donde crecen unas cuantas flores ro- jas: ésta debe de ser la propia concepción de Gallen. Pero sus cuadros verdaderamente im- portantes son los que forman el cielo del Kale- yala: el primero, un tríptico, cuyo asunto es el «Mito de Aino,» es obra de un aprendiz; la «Construcción de Sampo, por Ilmarinen,» tie- ne más consistencia; la «Defensa de Sampo, por Waeinaemoeinen» (el momento en que Louhi, transformada en águila, acomete á los Kalevas, y el viejo cantor se defiende con su espada), es una pintura llena de brío y carácter; y el últi- mo, «Lemminkaeinen Tuonelasa» (el encuentro de la madre del héroe con su pobre hijo junto al lagoTuoni), es quizás lo más elevado que hasta ahora haya sido concebido por un artista fin- landés. El cuadro es una adaptación hábil del goticismo á la tradición poética de Finlandia, y aunque no anuncie un arte nuevo, es un paso dado en firme para la creación de un arte na- cional.
XXIÍ Cómo se mueren los finlandeses.
La muerte es el término natural de todas las cosas de esta vida; y para que estas cartas, que he ¡do escribiendo con la mayor naturalidad que me ha sido posible, terminen naturalmente tam- bién, voy á matar á los finlandeses y á dejarlos muertos y sepultados para que ningún español vuelva á tocarlos, asi como ninguno había es- crito hasta ahora sobre esta tierra remota, á me- nos que yo ande mal de noticias. Pocos son los españoles que aquí vienen, y los pocos que vie- nen, vienen á sus negocios, y sólo en ellos se fijan y no se enteran más que de lo relativo á la venta de vinos, frutas y sal, que es en substan- cia lo único que España envía á este país.
No sé si algún sabio habrá estudiado la psi- cología de la muerte; yo desde luego creo que esta rama del saber existe ó debe existir, y que es acaso la más importante para la vida. Nacer,. todos nacemos lo mismo; es decir, hay quien nace de cabeza y quien nace de pies, y quien to- ma otras posturas caprichosas y difíciles; pera 300 300 todos venimos al mundo sin solicitarlo. Si to- dos nos muriéramos de la misma manera, po- dría asegurarse desde luego que la vida pasaba •sin influir para nada en el hombre. Al contra- rio, la muerte, siendo un hecho universal, es á la vez tan personal, que de ella puede decirse que 'Cs el momento en que espiritualmente se con- densa la vida humana. La idea, la imagen que se nos ocurre al pensar en el instante de nues- tra muerte, es la que rige en secreto nuestra vida. ¡Cuántos que realizan la proeza vulgar de crear y sostener una familia numerosa, quizás la realizan pensando en lo triste que sería morir -abandonados sin tener una mano cariñosa que les cierre los ojos!
La muerte es, pues, un fenómeno individual, y por lo mismo que resume la vida, puede ser también nacional, esto es, expresar los carac- teres dominantes de cada nación. En este pue- blo excelente de Finlandia, cuyo carácter más saliente se ha visto que es el sentido práctico y el amor al progreso, la regla no sufre excepción y las gentes se mueren con arreglo á todos los adelantos de la ciencia y con un buen sentido <]ue hay que envidiarles. Se mueren mucho más viejos que nosotros, según el promedio estadís- tico, y se mueren de un modo original.
Es frecuente leer en las esquelas mortuorias que á diario trae la prensa, que personas de buena posición social se han muerto en éste ó en aquel hospital ó «sjukhus.» Y según el des- 301 arrollo que van tomando las industrias cura-^ tivas, pronto se morirán todos los individuos en. la casa de salud que por clasificación les corres- ponda. Es cierto que la localización de los en- fermos en edificios apropiados es útil para la curación de las enfermedades, y más útil aúa para la salud pública, cuando se trata de enfer- medades contagiosas. A nosotros estas razones, no nos decidirán nunca á enviar á nuestros en- fermos á los hospitales; pero aquí* basta saber que la idea es práctica para que se la acepte: coa este sistema un enfermo es un gasto fijo; pero no es una molestia ni un estorbo, y la familia del paciente puede continuar la vida ordi,paria. Si; un niño tiene la desgracia de romperse un bra- zo ó una pierna, se le lleva á una «bracería» 6^ «pernería» (las palabras no están aún inven- tadas, pero las inventarán), y se le recoge cuan- do tiene compuesto el miembro roto. Hay seño* ras muy distinguidas que van á dar á luz á las- casas de Maternidad. Del mismo modo que se va á casa del dentista á sacarse un diente, se va á casa de una comadrona á salir del paso, y á los- pocos días se regresa con el diente entre paña- les. En cuanto á la enfermera de aquí, no tiene nada que ver con la hermana de la Caridad ni con los enfermeros de nuestros hospitales. La «sjukskoterska» suele ser una señorita decente que, después de ciertos estudios y prácticas, ob- tiene un título y desempeña su cargo en la mis- ma forma y con igual consideración social quet 302 si fuera maestra de un colegio ó escribienta en una oficina.
. Yo no he visto morirse á ningún finlandés, y aunque lo hubiera visto no iba S ser tan desco- razonado que sometiera al moribundo á una «interview» in articulo mortis, Pero hay mil de- talles que bastan y sobran para suplir la obser- vación directa, y voy á dar á conocer algunos. La muerte es apacible y serena y un tanto so- lemne, y por raro contraste es anunciada con derroches de lirismo funerario, del que sólo ha- llamos ejemplos análogos en las Repúblicas sud- americanas. En los anuncios de defunción se dice casi siempre que la muerte fué tranquila y -suave, y los entierros son una de las fiestas más animadas del país. Desde la casa mortuoria has- ta la iglesia donde la inhumación tiene lugar, ^stá tapizada la calle con ramas de pino; las co - mitivas son numerosas, marchando á la cabeza ia familia del muerto, hombres y mujeres lle- vando coronas. No es tampoco fácil que entíe- rren á nadie vivo, porque el muerto está mu- <:hos días en casa. Hay sepelios que se celebran ocho ó diez días después de la defunción.
En los comunicados fúnebres que la familia -envía á los periódicos, es costumbre publicar versos por el estilo de los que se leen ♦en nues- tros cementerios, pero mucho más hinchados y sentimentales; y al final se copia una sentencia, -que es como si dijéramos el tema dominante de la vida del difunto. Las más vulgares son: «Ben- 303 dito sea el nombre del Señor,» ó «Señor, Tú eres la esperanza única;» pero hay quien pone un pensamiento filosófico ó una frase tomada de algún escritor célebre; y lo más común es indi- car en abreviatura un versículo de la Biblia para que los lectores «evacúen la cita» y sepan á qué atenerse. De la lectura de estas sentencias y poesías se saca en claro que la muerte finlande- sa es esencialmente bíblica, y que la idea que aquí se tiene de la muerte (idea natural en un país donde la vida es tan dura) es que, por muy malo que sea un hombre, merece la corona del triunfo sólo por haber vivido y luchado.
Para expresar de un modo plástico estos ca- racteres de la muerte en Finlandia, voy á trans- cribir una esquela de defunción de las que vie- nen diariamente en los periódicos, advirtien- do que las expansiones de la familia de Peters- son, que á mis lectores les parecerán exagera- das, son aquí moneda corriente, por la razón ya dicha de que esta sociedad, no obstante cier- tos refinamientos de cultura, conserva un fondo de candor infantil, propio de los pueblos pri- mitivos ó apegados á la vida natural.
304 Se da conocimiento de que mí íntimamente adorado esposo EJL. PBSCAÜERO JOHAN PETERSSON falleció ayer tranquilamente en el Señor á consecuencia de un catarro pulmonar, á la edad de 50 años, 3 meses y 5 días, llorado con profundo duelo por mí, cinco hijos, dos nietos, tres hermanos, dos cuñados, siete primos, muchos más parientes y amigos.
María Petersson.
Este que veis aquí, pálido y muerto, Ayer estaba sano y colorado; En la lucha penosa de la vida El con fe y constancia ha peleado; Al fín es libre y ahora se encamina Al puerto de Salud tan deseado, Donde el Señor le espera para darle La corona del triunfo que ha ganado.
Jhon 13...
Jhon 13...Algunas semanas después vais al teatro y ha - liáis á las de Petersson, muy serias y enlutadas, presenciando el espectáculo. — ¿No son esas las que han sufrido hace poco la pérdida del cabe « za de familia?— preguntáis.— Esas son — os di- rán.—¿Y cómo vienen tan pronto al teatro?—^ volvéis á preguntar.— ¿Cree usted que porque una persona se muera — contestarán,— van las 30 5 demás á meterse entre cuatro paredes? Para eso sería mejor morirse todos de una vez...Ade- más, el teatro sirve para distraerse; y esa fami- lia que ha tenido una pérdida tan considerable» ^no le parece á usted que necesita distracción con mayor motivo que nosotros, á quienes no se nos ha muerto nadie?
Y oyendo esta contestación, que no tiene vuelta de hoja, os quedáis como yo me quedé: como si os hubieran tirado á la cabeza el «Or- ^anon» de Aristóteles.
20 ^l ■ índice Ganivet y sus obras, por Nicolás M. Lópef.. ' 5 Cartas finlandesas de Ángel Ganivet.
I.— -Después de celebrar como se merece el cosmopolitismo de los granadinos, el corresponsal declara sus propósitos...59 n. — Vistazo general á los más importantes grupos étnicos de Europa, y en particu- lar al grupo escandinávico, y más en particular todavía al pequeño núcleo finlandés 71 UL— Donde se aplican al Gran Ducado de Fin- landia las diversas teorías inventadas acerca de las nacionalidades, y se de- muestra que todas esas teorías son com- pletamente inútiles 8f IV. — En la que el corresponsal, sin saber gran cosa de política, da una lección de polí- tica fínlandesa, y si se quiere, de políti- ca general y española 93 V.~Reñexiones psicológicas que le sugiere al *■ .corresponsal la lectura de la Guía de la' ciudad de Helsingfors 107 VI. — Donde se descubre el amor de los finlan- deses al progreso y se explica la causa de este amor 1 19 VIL— El corresponsal traza un inesperado y curioso paralelo entre la manteca finlan- desa y los jamones de Trevelez 1 31 VIIL— Diversos estados sociales de la mujer: solteras, casadas, viudas y divorciadas.. 141 IX.— Esbozo crítico, un tanto benévolo, de las cualidades estéticas de las mujeres de Finlandia 153 3o8 Páginas.
X, — Ideas que los finlandeses, ó por mejor de- cir, las finlandesas, tienen acerca de Es- paña 165.
Xll. — Vistas, paisajes y cuadros pintorescos finlandeses 197 Xlll.— Donde el corresponsal resuelve á su modo la tan debatida y manoseada cues- tión de la reforma universitaria 207 XIV. — El I." de Junio, día simbólico de la or- ganización económica de Finlandia...215 Xv*. — Reconocimiento de una casa finlandesa desde los cimientos hasta el tejado..'...223.
XVI. — Donde el corresponsal, auxiliado por " su criada, satisface la curiosidad de una curiosa cocinera granadina 233 XVII. — Cómo se divierten los finlandeses: di- versiones populares 243 XiX.— Cómo se divierten los finlandeses: es- Eectáculos teatrales,...261 a poesía épica popular finlandesa: el «Kalevala» 26^ XXI. — Algunas noticias sobre el movimiento * literario y artístico de Finlandia 'í 291 XXII. — Cómo se mueren los finlandeses 29^ JUN 8 - 1915 LIBRERÍA GENERAL DE VICTORIANO SUÁREZ Preciados, 48— MADRID Amicis (E.)— Italia. Dos tomos. 6 pesetas.
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