SigPhi · Angel Ganivet

Hombres del Norte

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JOÑAS LIE (O De las tres personalidades literarias que representan en Noruega el movi- miento intelectual, que comienza á lla- marse clásico, desde que han aparecido (i) Una explicación debo á los lectores de las" Cartas finlandesas, cuya serie quedó inte- rrumpida en el examen del Kalevala. Para •completarla, había pensado dedicar algunas más ^1 estudio de la literatura y artes contemporá- neas; pero estando muy ligado el movimiento intelectual de Finlandia al de Suecia y en gene- ral al de todos los países escandinavos, me ha parecido preferible tratar esta materia en algu- nos de estos esbozos críticos, que iré escribien- •do como y cuando buenamente pueda. Y ya, puesto á dar explicaciones al lector, indicaré .que con estos artículos sobre los hombres del Norte no pretendo introducir ninguna influen- •cia nueva en las artes españolas. Mi idea es vul- garizar entre mis paisanos lo poco que sé de es- tos países y particularmente de su literatura.

280199 8 en escena los «jóvenes noruegos, > la me- nos conocida en Europa es Joñas Lie- Henrik Ibsen goza de una celebridad ca- si universal, y Bjornsterne Bjornson es^. conocido como autor dramático de ten- dencias modernistas y revolucionarias?. la tercera persona del trío clásico, aun- que también ha traspasado las fronteras- de su país, figura en segundo término y es más citado por su nombre que por sus obras.

El juicio sobre la literatura de un país^ se ajusta necesariamente á dos perspec- tivas: hay una perspectiva interior, se- gún la cual cada hombre ocupa el puesta que merece por la importancia nacionaí de su obra; y hay otra perspectiva exte- rior, que mide á las personalidades por el valor universal de sus ideas. Lie es un autor nacional, que en Noruega ha ejercido y ejerce may^or influencia qui- zás que Ibsen y Bjornson; pero que por su falta de tendencias doctrinales, por su desdén hacia las ruidosas innovacio- nes artísticas, carece de relieve parai atraer la atención del público europeo,^ más pagado del brillo de la novedad que del positivo mérito. Lie es el Pereda no- ruego, y sus obras, á causa del mismo vigor con que están adheridas al suelo del país por el que han sido inspiradas y para el que han sido escritas, se des- pegan de él difícilmente y no pueden remontar muy alto el vuelo. Hay, sin embargo, una diferencia entre Pereda y Lie: éste, ya que no disfrute de gran nombre literario en Europa, es leído, comprendido y admirado en todos los países escandinavos; en tanto que Pere- da es considerado poco masque como un novelista regional en nuestra nación, y tiene que acompañar á veces sus libros de un vocabulario montañés para que le comprendan sus lectores de otras regio- nes; que á tal punto llega nuestra igno- rancia y nuestra desidia, que hasta las cosas de nuestro propio país nos suenan á extranjeras en cuanto se apartan unos cuantos quilómetros del lugar de nues- tro domicilio.

Lie no es un innovador ni un doctri- nario: es un observador de las costum- 10 bres de su país y un escritor natural sin naturalismo. Sus obras son <sanas> tan* to como buenas. Una amiga mía que co- noce y trata á Lie, dice que éste no ha tenido nunca otro secretario que su pro- pia mujer, por la pluma de la cual han pasado una á una todas las líneas que el maestro novelista ha escrito para el pú- blico; y como un hombre, por muy des- preocupado que sea, suele guardar cier- ta compostura cuando se expresa delan- te de su familia, los libros de Lie tienen siempre un carácter comedido y ejem- plar que le ponen al alcance de todo el mundo. Dato éste muy importante en la literatura noruega, en la que abundan los escritores desenfadados y aun obs- cenos, cuya fama comienza á formarse •con libros que la policía tiene que reco- ger para que la moral pública no padez- ca. Lie se mantiene alejado de la lucha reformadora, en la que Ibsen y Bjornson han conseguido tantos lauros; vive casi siempre fuera de su país para verlo me- jor, y escribe todos los años una novela que aparece indefectiblemente por Na- I II I II vidad, como «julklapp> ó aguinaldo que el autor hace á sus lectores; éstos com- pran el libro y lo leen con delectación; y á veces lo compran para regalarlo, porque aquí en el Norte se regalan libros por Pascua, y hay una abundancia sor- prendente de «julliteratur» ó literatura pascual para gloria y provecho de los que escriben. Yo no sé si esto es mejor que concentrar todos los afectos en el pavo y en el turrón; pero es así.

La personalidad literaria de Lie tiene varias fases, bien que la principal sea la de novelista, y en la de novelista la de autor de cuadros de costumbres. Como autor dramático ha escrito algunas obras como Grabows Kat y Lystige Koner^ que no bastan para asignarle un papel im- portante en la literatura dramática no- ruega, tan abundante en obras magis- trales. Y como novelista, su especia- lidad más saliente son las narraciones novelescas. Porque en el Norte es tan considerable el número de los escrito- res, que el género novelesco se subdivi- de en especialidades: hay cultivadores 12 12 del «sojoeroman> ó novela marítima, como si dijéramos, marinistas litera- rios; hay quien, como Kielland, consigue crearse una gran reputación escribiendo sólo novelas satíricas sobre la gente de negocios [Garman Worse, Skeppar Wor^ se); otra variedad de las más impor- tantes es la narración de aventuras fan- tásticas ó cuentos de hadas, que en el Norte despiertan gran entusiasmo; la novela de carácter religioso, la de cos- tumbres literarias y muchas más. Lie es de los contados autores que abarcan los diversos géneros, y en el catálogo bastante crecido de sus obras no hay as- pecto de la vida noruega que no se halle representado por una ó varias produc- ciones. Como narración más íntima tie- ne su Gaa paa {¡I bala!) ^ y como ma- ravilloso cuentista fantástico dos volú- menes de Trold, en los que la Noruega aparece al través de un encantamiento, poblada de gigantes y monos, genieci- llos y brujas, no desprovistos de simbo- lismo. Este rasgo, asi como la impvor- tancia extraordinaria que en estas nai3 i3 rraciones se da á las descripciones de la naturaleza, son los distintivos entre la fantasía del Norte y la de los cuentos árabes, con los que tiene el Trold cier- ta semejanza. Las creaciones fantásti- cas y alegóricas que tanto sirven para conservar en estos climas helados el es- píritu poético territorial, son mal com- prendidas por nosotros los meridionales; porque en una atmósfera clara y brillan- te* como la nuestra, las figuras no se mantienen mucho tiempo á media luz, y bien pronto se contornean y aparecen á nuestros ojos con carácter más real y más humano. Para formar una idea apro- ximada del Troldf tenemos un ejemplo €n los gnomos con que la fantasía ge- nial de Zorrilla pobló nuestra Alhambra, único paraje quizás en toda España que se presta á servir de asilo á estas peque- ñas tribus poéticas; y á pesar del tiem- po transcurrido, aún no se sabe si los gnomos se aclimatarán, si lo que fué ca- pricho de un poeta se convertirá en fe- cunda amalgama de lo oriental y lo sep- tentrional en nuestro suelo.

Pero el carácter más saliente de la figura literaria de Joñas Líe hay que buscarlo en las novelas y cuadros de cos- tumbres. Más formalistas que nosotros en este punto, los literatos del Norte di- ferencian la novela de la narración, y aplican el nombre de «fortoelling>ó «be-^ rraettelse» á narraciones que nosotros llamamos novelas, aunque no se ajuster* á las reglas de la preceptiva. La ma- yor parte de las novelas de Lie son se- ries de cuadros con unidad novelesca, en las que se describe la vida noruega ob- servada desde diversos puntos de vista. Thomas Ross, Adam Schrader^ Rutlandy Maissa Jons, Lodsen og lians hustnt (Lodsen y su mujer )^ Onde magter (Fuer- zas maléficas)^ Livsslaven (Esclavo de la vidajf no son más que cuadros de la vida en los que va desfilando toda la sociedad noruega, desde las clases llamadas di- rectores hasta el proletariado.

Los tipos preferentemente estudiados por Lie y los que interpreta con mayor acierto son los de mujer; y las obras con- sagradas á la mujer, como Famiyen pací i5 Gilje (La familia en Giljv), Kommandoe-^ rens doctre (Las hijas del comendador) y Niobe (estas dos últimas tituladas ya no- velas), son las más celebradas del fecun- dísimo autor noruego. Algunos, de sus libros son, más que novelas, visiones 6 contemplaciones en que lo esencial no- son ni la acción ni los tipos, sino el sen- timiento de la naturaleza. Sus diversos «foertaellinger y skildringer» de Norue^ ga, y en particular su libro más popu- lar. Den Fremsyute (El clarividente), son comparables á las Escenas montañesas y Tipos y paisajes de nuestro Pereda.

Lo menos importante en las obras de Lie es el asunto novelesco, porque su fuerza reside en la reproducción viva,, fiel, sin realismo sistemático, de lo na- tural, siendo estala causa, como indi- co, de que sus novelas sean casi intra- ducibies y con dificultad apreciadas por quien no conozca la vida noruega. Sin embargo, en sus últimas novelas el asun- to va adquiriendo gradualmente impor- tancia y aun tendencia resueltamente contraria á las tendencias corrientes erk i6 i6 esta literatura. En su reciente narración Naar sol gaar ned (Cuando el sol se pone), estudia uno de los problemas más de- batidos en la actualidad, el del adulte- rio, con vistas á la emancipación feme- nina. Cerca de Cristianía vive la fami- lia del doctor Grunth, médico militar: el doctor; su mujer, llamada Stefanía; sus hijos, y el padre del doctor, capitán de marina retirado. Este nota el prime- ro la extraña conducta de su nuera, y po- ne al lector en autos de lo que ocurre; y el lector presencia el cuadro de una fa- milia en la que poco á poco se va infil- trando, como germen de disolución, la traición conyugal.

El autor no habla del adulterio; pero lo describe por reflexión, siguiendo pa- so á paso las transformaciones que to- dos los miembros de la familia sufren ba- jo la sugestión de la falta cometida por la madre. El hijo huye de la casa; una de las hijas se niega á casarse, aver- gonzada por la afrenta de que su madre la hace víctima; por último, el doctor Grunth sabe que su esposa mantiene se- 17 cretas relaciones con el banquero Win- gaard y toma inmediata venganza^ Vie- ne Stefanía á la cita convenida con el banquero, en una «villa» que ésta tiene sobre el «fjord» de Cristianía, y luego que bebe una copa de licor, que estaba allí dispuesto de antemano, cae presa de violentas convulsiones. El banquero co- rre en busca del doctor Grunth, que es • el médico que hay más á mano, y le ex- plica cómo su mujer se ha puesto súbi- tamente enferma y ha tenido que refu- giarse en la «villa» para que allí le pres- ten auxilio. Acude el doctor; pero'es de- masiado tarde: su pobre esposa ha muer- to ya, á consecuencia de la ruptura de un aneurisma, según el mismo esposo declara.

Sólo el padre del doctor sabe la ver- dad,' porque su hijo le dice al volver: <Ha tenido lugar un juicio de T)ios, y Dios ha juzgado.» Así «ventila» su casa el doctor Grunth. No sabemos lo que hubiera hecho de hallarse en el caso de Helmer, el esposo de Nora; pero proba- blemente no le hubiera dejado marchari8 se y abandonar la familia. El caso no es el mismo, porque Stefania no se eman- cipa, sino qué engaña; pero en la ejecu- ción fulminante de la adúltera se nota el poco caso que Lie hace de las alhara- cas del feminismo, patrocinadas por Bjornson.

Con más franqueza se declara en con- tra del nuevo estado social, creado en Noruega por los reformadores, en su <nutidsroman» 6 novela contemporánea Niobe. En esta obra pone Lie frente á frente dos sociedades: la antigua, <de su tiempo,» representada por un matrimo- nio honrado y trabajador que, sin me- terse en honduras ni reformas ni novele- rías, gana una fortuna regular, suficien- te para vivir á la buena de Dios; y la moderna y flamante, simbolizada por seis hijos de ese matrimonio, los cuales conforme van creciendo van haciéndose buenos los unos á los otros, de puro ma- los que todos son. De los varones, el uno es un desequilibrado, reformador de la humanidad; el otro es un John Gabriel Borkmann en embrión, es decir, ■ 19 ■ 19 un loco atacado de la manía de las gran- dezas económicas; y el último es añcio- nado al estudio de las substancias explo- sivas, y prepara sin saberlo la espantosa catástrofe fínal. En cuanto á las niñas, -están al corriente de todas las <nuevas ideas,» y una no se para en las ideas, sino que es entusiasta del amor libre. El «conflicto se presenta porque el segundo •de los hijos, comprometido en malos ne- gocios, va á declararse en quiebra. El padre no puede soportar esta deshonra, y dejándose llevar de un arrebato momen- táneo, prende fuego á los depósitos de madera de su hijo para que el incendio encubra la bancarrota. Después de co- meter el atentado, se envenena. La ma- dre pretende entonces hacer frente á la situación; pero cuando, reunidos todos sus hijos, ve que ninguno es capaz de ayudarle y que todo está perdido, inclu- so el honor, penetra en una habitación, donde su hijo, el anarquista en agraz, guarda algunos cartuchos de dinamita. A poco la casa vuela, y ella con sus hi- jos queda sepultada en los escombros* 20 <Ríete,» como el doctor Grunth, no se ha andado con rodeos, y la juventud no- ruega ha sufrido su correspondiente jui- cio de Dios. Lie es un hombre expe- ditivo.

No es Lie un espíritu muy feliz para inventar y sostener una complicada ur- dimbre novelesca, y ño sería difícil ha- llar en algunas de sus obras ciertos pun- tos de semejanza con las de autores ex- tranjeros; sin embargo, esto es de valor accidental, puesto que lo característica en él es el realismo pictórico y delicado, al modo de Daudet, no la fuerza de in- ventiva ni la acción complicada ni la habilidad en el manejo de los muñecos. Sus obras más perfectas son las más sen- cillas. Después de Naar sol gaar nedf publicada en 1895, vinieron Dyre Rein^ el 96, y Landelin, que acaba de salir á luz; pues á pesar de sus setenta años^ Lie escribe tan fresca y metódicamente como hace treinta. Dyre Rein, en histo- ria <fra eldefars hus» (historia del tiem- po de nuestros abuelos), es un modelo 4e novela al estilo de Lie. La acción ^ 21 ^ 21 está explicada en dos palabras. El juez Orning vive en un retiro arrinconado, escondido en las montañas, con su mu- jer y cinco hijas. La menor, Mareta, es- tá prometida á uno de los empleados del tribunal, llamado Dyre Rein; y entre ambos se desarrolla el «idilio trágico,> •que asi debía titularse esta novela, con mejor razón que Un idilio trágico^ 4e Bourget. Porque Dyre Rein, naturaleza poco comprensible para nosotros, es un pietista, un espíritu dominado por la alucinación religiosa y el terror á ios •castigos sobrenaturales. Uno de sus an- tepagados cometió un crimen que quedó impune, y Dyre Rein cree que él ha de sufrir el castigo, puesto que, según la Escritura, las faltas de los padres caen sobre los hijos y se transmiten de gene- ración en generación. Dyre Rein lucha entre su amor á Mareta y su temor de asociarla á la pena irremediable á que se siente condenado, y la noche antes de la boda se suicida arrojándose á un torren- te. No puede darse más simplicidad en el argumento, y, sin embargo, basta pa- 22 ra animar una admirable evocación: una reconstrucción de la vida, y no á la ma- nera de los antiguos cultivadores de la novela histórica, sino penetrando más hondo y pasando del parecido exterior de las figuras y ropajes á otro más esen- cial, el del espíritu, en lo que contados artistas aciertan.

Joñas Lie es el tipo de esos literatos ejemplares que, sin pretensiones de re- novar ni el arte ni las ideas, aceptan una forma que se ajuste á su modo de ver personal, y se aplican á dar cuerpo á la sociedad en que viven. Si alguna vez se aparta de su época, no es para profetizar ni para adelantarse á los acontecimien- tos: es para dar algunos pasos ateos y lamentarse de las co$as buenas que se: fueron. Examinando uno á uno sus li- bros, ninguno nos hará pensar que su au~ tor es un genio extraordinario; pero vis- ta la obra en conjunto, hay en ella ma- teriales para conocer plenamente la vida. noruega durante un siglo, y quien "tai hace tiene derecho á que se le considere como una figura literaria de primer or- 23 den y méritos para ocupar en el porvenir un puesto más alto que el que ocupan muchos meteoros del arte que en Norue- ga, y en otros países que no son Norue- ga, deslumhran durante algún tiempo con el brillo de una originalidad enfer- miza, y desaparecen luego dejando tras de sí una obra obscura é inútil.

k BJORNSTERNE BJORNSON Uno de los críticos más reputados de Europa y el más autorizado de toda Es- candinavia, el doctor Georg Brandes, en sus estudios literarios sobre las figuras más salientes de nuestro siglo, coleccio- nados bajo el título de Moderna Gelster (Espíritus modernos)^ ha trazado el si- guiente paralelo entre los dos escrito- res más célebres de Noruega, Ibsen y Bjornson: «Henrik Ibsen es un poeta austero, como los viejos poetas del pueblo de Is- rael; Bjornson es un profeta, el proféti- co anunciador de tiempos mejores. En el fondo de su espíritu, es Ibsen un pode- roso révolucionai'io. En la Comedia del amor, en Casa de muñeca, en Espectros, fustiga el matrimonio; en Braud, la Igle- sia del Estado; en los Puntales de la so- ciedad^ la sociedad burguesa de su país.

26 Cuanto toca queda destruido bajo sií crítica honda é implacable, sin que so- bre los mpntones de ruinas que su plu- ma va dejando se vea aparecer ningu- na forma nueva de organización sociaL Bjornson es un espiritu conciliador, que hace la guerra sin saña. Pudiera decirse que sobre sus poesias luce un sol prima- veral, mientras que las obras de Ibsen^ con su profunda gravedad, permanecen ocultas en. la sombra. Ibsen ama la idea. las consecuencias lógica y psicológica que impulsan á Braud á salir de la igle- sia y á Nora á abandonar el hogar do- méstico. El amor á las ideas en Ibsen se traduce por amor á la humanidad en Bjornson. > Este juicio fué escrito en 1882, cuando- Bjornson era considerado como jefe de hi literatura noruega, é Ibsen casi como un extranjero: hoy es Ibsen el maestro y amo indiscutible, y el mismo Brandes no se atrevería á compararlo de igual á igual con Bjornson; pero los caracteres asignados á ambos continúan siendo los niismos, y las facultades proféticas de 27 27 Bjornson más bien se han acentuado^ bien que ahora no anuncien lo mismo que antes anunciaban.

Conocí yo á un diplomático que tenía también la manía de profetizar y que lo conseguía con buen éxito por un media muy sencillo. Ocurría alguna novedad de la que tuviera que dar cuenta al Go- bierno de su país (no diré de qué país),. 3' en vez de dar la noticia como los de- más mortales, se valía de un hábil rodeo- Anunciaba primero con dos ó tres fe- chas atrasadas que tal cosa iba á ocu- rrir, fundándola en ciertos detalles que exponía con gran sagacidad, y después- recibía una segunda comunicación en la que hacía ver cómo sus anuncios profé— ticos puntualmente se habían realizado. Fácil es precaverse contra estos enga- ños, con sólo mirar la fecha del sello del correo; pero es más fácil que se ol- vide mirar, y hay quien utiliza estos pe- queños olvidos del prójimo para ganar fama de adivino.

Cuando Noruega se separó de Dina- marca, comenzó brutalmente á tomar 28 -cuerpo el movimiento nacional inicia- do por Welhaven y Wergeland, y prose- :guido por Bjornson, Ibsen y tantos otros ¿hasta nuestros días* A todos estos inicia- "dores pudiera aplicárseles la anécdota que se atribuye á Wergeland, «el sem- brador, > del cual se dice que llevaba los bolsillos llenos de semillas para irlas «esparciendo por todas partes, é indicar así plásticamente la necesidad de sem- brar ideas en aquel país atrasado y mi- serable. En realidad lo que se hizo fué sacar á Noruega de la influencia danesa, y mejor pudiera decirse germánica, y sembrar las ideas de la Revolución fran- cesa, colocando al país bajo la égida in- «telectual de Francia. Y así como el que ^siembra una haza de melones no nece- :sita ser profeta para anunciar que allí nacerán melones y no calabazas, así los -que sembraron las ideas de la Revolu- •ción sabían perfectamente que nacería, <;omo había nacido en otros países, un movimiento democrático que no pararía ihasta conseguir las libertades políticas y la emancipación de la mujer y de la cía- \ 29 \ 29 se obrera; del mismo modo que hoy, que^ se ve venir la inevitable corrección de ciertos excesos, se puede también profe- tizar en. sentido reaccionario. La revo- lución en Noruega ha sido intelectual, y los escritores que la han dirigido sabían^ lo que iba á ocurrir, puesto que ellos mismos eran los autores. Bjornson, que ha sido el portavoz ó portapluma de to- das las reivindicaciones, escribía no há- mucho rectificándose: «La literatura in- dividualista ha concluido ya su misión.. A ella somos deudores de la emancipa- ción de la mujer y de los esfuerzos pa- ra emancipar al obrero; por ella se ha. despertado el sentimiento de la respon- sabilidad personal, y se han abierto nue- vos horizontes al pensamiento humano y á nuestra concepción de la sociedad. Ahora debe esta literatura corregir los excesos que ella misma ha creado. Es- cierto, con entera certeza, que un indi- vidualismo sin freno podría llevarnos á la brutal anarquía, al sensualismo, á las dudas de la decadencia, al desprecio de la libertad, del trabajo, de la verdad y^ 3o <ie la ciencia, á no dejarnos otro refugio <jue un misticismo vago, una especie de entretenimiento malsano con lo infi- » iiito.> He traducido este párrafo, no sólo pa- ra dar á conocer la especial fraseología de Bjornson, sino porque en éste hay -que marcar dos personalidades: la del innovador literario, y la del jefe de par- tido. Bjornson es un propagandista po- lítico y tribuno de la plebe, y después -que hizo su viaje á los Estados Unidos para aprender el arte de agitar á las ma- sas, podría competir con los más resis- tentes demagogos. Su padre era párroco de aldea, y del padre heredó el hijo la vocación de misionero laico y el espíri- tu religioso que en él no es formalismo convencional, sino sentimiento sincero. A pesar de su independencia de ideas, se xitan de él rasgos tan curiosos como un discurso pronunciado á raíz de la guerra franco-prusiana, en el que explicó la de- rrota de los franceses como un castigo impuesto por Dios á su descreimiento y frivolidad, y el triunfo de los alemanes • 3i como una recompensa de la piedad lute- rana.

Como político y como escritor, Bjorn- son es un romántico, y si con alguien se le puede comparar es con Víctor Hugo, aunque el noruego es un Víctor Hugo de segundo orden. La idea principal de Bjornson fué constantemente convertir á su país en un factor importante de la cultura europea: de aquí sus trabajos múltiples, encaminados á crear en su país una cultura á la moderna. Desde sus comienzos aparece Bjornson con este carácter, cultivando simultáneamente la novela, la poesía lírica y los diversos gé- neros dramáticos, y dando casi siempre más importancia que á las obras á la mi- sión social que él les asigna. Las narra- ciones ó novelas cortas con que comen- zó su vida literaria, fueron como la re- velación del hombre noruego, de un ti- po real en oposición al artificioso de la literatura amanerada. Sus Fortaellin- ger no son cuadros pictóricos: son más bien comparables á las bauernnovellen de Au^rbach, aunque Bjornson se identifica 32 32 más con sus tipos; tanto^ que en la más popular de estas narraciones, Synnove SolbakkeUy el héroe Thorbjon es el mis- mo Bjornson, el cual antes dé escribir había vivido la misma vida de los cam- pesinos noruegos. En un renacimiento- literario es esencial que el punto de arranque esté en el mismo suelo de la nación, y que los tipos iniciales sean ti- pos del pueblo, vistos como son, no idea- lizados y falseados al modo de los pas- tores de idilio y los campesinos de cro- mo. Sólo cuando en una literatura abun- dan estos tipos reales, nativos, se pue- de confiar en un florecimiento artística fecundo y durable; y la literatura no- ruega debe á Bjornson el descubrimien- to del verdadero carácter nacional, re- velado, no sólo en sus Narraciones^ sino en sus poesías, y en general en todas las obras de su primera época. Sus poesías aventajan á las de sus predecesores Oeh- lenschlager, Tegner y el mismo Werge- land, en que están más cerca del espí- ritu popular. Bjornson ha escrito poe- mas de gran empuje, como su trilogía 33 33 de Sigurd; pero sus mejores poesías son las baladas y canciones, algunas de las cuales se han convertido ya en cancio- nes populares, que todo el mundo cono- ce. Entre sus poemas, se cita como el mejor el de Bergliot, de asunto trági- co. Bergliot es la esposa del caudillo Ei- nar Tambarskelve, el cual, juntamen- te con su único hijo, ha sido vilmente asesinado; y el asunto del poema es la lamentación de la viuda y el lúgubre viaje que emprende llevando consigo los dos muertos amados. Hay en esta mar- cha algo que recuerda el final del Erl- konigj de Gcethe, aunque en Bergliot es más cruda y más tosca la expresión del dolor, porque Bjornson es un poeta natural que no busca la forma, sino que se expresa con espontaneidad.

Al mismo tiempo que como narrador y poeta se daba á conocer como autor dramático. Ha sido diferentes veces di- rector de teatros, y aun se dice que po- dría ser un actor notable. Aunque había escrito varias obras escénicas, las pri- meras, representadas con buen éxito, 3 34 fueron un drama histórico ó arreglo me- lodramático de un asunto tan conocido ^ como la vida de María Estuardo (Marta Stuart y Skotland), y la comedia De ny^ gifte (Los recién casados). En la prime- ra serie de trabajos de Bjornson puede decirse que los más endebles son los tea- trales, y, sin embargo, en la escena debía alcanzar su personalidad literaria el re- nombre de que hoy goza. Débese esto á la influencia de Ibsen, á la nueva direc- ción que éste dio al teatro. Bjornson es hombre de acción, más interesado en re- formar y mejorar la sociedad que en componer obras de arte.

En su opinión, un libro que no edi- fica ni destruye, que no alienta al hom- bre en su lucha por la vida ni le hace la vida más fácil, es un libro inútil. Re- chaza la doctrina de la moral en el arte; pero no para dar en la del arte por el arte, sino para caer en un arte filantró- pico, que, á mi juicio, es el medio de encubrir bajo la capa del humanitaris- mo la importancia para crear obras de arte puro.

I 35 I 35 Al aparecer el drama de tesis, Bjom— •son halló su instrumento de combate y :se consagró casi exclusivamente al tea- tro. Escribe algunas poesías y trabajos •novelescos (Kaptejn Mausana, relato de Italia; Magnhild)^ pero de carácter dis- tinto que el de Jas primitivas narracio- •nes. En Magnhild, por ejemplo, el au- tor presenta varios tipos falsos, con los ■que demuestra que hay que prescindir <ie la moral de la sociedad y atenerse á la moral humana, y que la mujer tiene €l derecho y aun el deber de romper los lazos matrimoniales para poner á salvo su dignidad moral. Por el estilo son sus <:omedias á la moderna. La primera fué Mn fallit (Una quiebra) ^ dedicada á fus- tigar á la gente de negocios. El estreno ^e En fallit fué en Noruega algo por el estilo del estreno de El tanto por cien^ .to, de Ayala, en España: fué la apa- rición oficial en el teatro del mercanti- lismo de nuestro tiempo, con todos sus abusos y miserias.

A Una quiebra^ que es la obra más teatral de Bjornson, siguieron Redakto^ 36 ren (El redactor), destinado á vapulear fuertemente á la prensa; Kongen (El rey)^ consagrado á demostrar que un rey, aunque sea bueno, tiene que influir perniciosamente en la sociedad, por la misma naturaleza de la institución mo- nárquica; LeonardUf critica general de la sociedad noruega; En hanske (Un guan--^ te), donde se defiende la graciosa teoría, de que la mujer debe estar convenien- temente instruida para saber si su futu- ro llega al matrimonio en «estado de inocencia. > Yo confieso ser poco aficionado á las^ comedias demostrativas; y si me dije- ran cuál entre todas las de Bjornson me parece preferible, diría que ninguna de las representadas á partir de La quiebra vale lo que la pequeña comedia De ny-^ gifte^ que cité antes, en la cual no se demuestra ni se fustiga ni se combate nada. £1 asunto de Los recién casados es sencillo. Laura y Axel se casan, y Axel exige, como es natural, que su esposa sea. su esposa. Pero Laura, que ama más á sus padres que á su marido, con quiea: 37 37 se ha casado, más por seguir la rutina que por verdadero amor, no quiere dejar la casa paterna. Hay en Laura un con- flicto entre dos amores: el amor á sus padres, que es el más fuerte, y el amor á su marido, que aunque existe no logra salir á luz. Axel, apoyado en su derecho, saca violentamente á Laura de la casa paterna; y para conseguir su intento de hacer comprender á su esposa lo que es el amor conyugal, se sirve de un inter- mediario escénico, de Matilde, «la ami- ga de la casa,» que acompaña á los re- cién casadoSj- y que á modo de portera, con su ingeniosa intervención, consigue que Laura dé á luz su amor, y se arro- je por fin en brazos de su esposo. Hay en esta comedia más artificio que psi- cología; pero el asunto me parece más legítimamente teatral que la demostra- ción de que el negociante no debe arries- gar el dinero que le confían sus clientes, ó de que el periodista no debe engañar á sus lectores.

Aún no he dicho nada de la última obra de Bjornson, Over Aevne (Sobre .^38 las fuerzas, es decir, más allá de núes-- tro poder)j cuya primera parte data de 1883, y en la que el autor ha querido sin duda decir algo más transcendental que en todas sus obras precedentes. La pri- mera parte de Over Aevne es religio- sa: versa sobre el milagro. El personaje principal es Sañg, un creyente en toda. la extensión de la palabra; un espíritu religioso, místico, casi iluminado por so. ideal de virtud, pureza y santidad. Ade- más de Sang, figuran su mujer Klara,. que está paralítica; sus dos hijos Rakel y Elias, y Hanna, hermana de Klara. Después de algunas escenas en que son presentados los personajes, Sang, que no^ es creyente fanático, sino piadoso y to- lerante con los que no participan de su fe, anuncia que va á la iglesia á rezar y á pedirle á Dios un milagro: que envíe á. la pobre paralítica un sueño reparador,. y tras el sueño la salud. Todos se que- dan suspensos ante aquel anuncio: vase Sang, y á poco se oye la campana de la iglesia y Klara se queda dormida. ¡Mor sover! (¡madre duerme!) repiten sin ce— 39 39 sar Elias y Rakel, y el acto termina con este abejorreo que recuerda algo el estilo incoherente de La intrusa, de Maeter- linck. El segundo y último acto es la discusión del milagro, como una con- frontación del hecho sobrenatural con el espíritu de la Iglesia constituida; ade- más de los personajes del primer acto, aparecen, entre otros, el pastor Brett (el desconocido), el obispo y un coro sacer- dotal. Se oye un ¡aleluya! lejano, y to- dos lo repiten de rodillas. En este mo- mento solemne aparece Klara; andando lentamente y dirigiéndose á su esposo > le dice: <Ven á mí, amado mío,» y cae muerta. Sang acude á sostenerla y ex- clama con tono infantil: <Pero ésta no era la intención...» Y cae muerto tam- bién.

Y el lector se queda sin saber si ha habido, en vez de verdadero milagro^ una doble muerte por sugestión, produ- cida por el exaltado misticismo de Sang,. ó si el milagro está en que la salud que él pedia sólo se halla en la muerte.

La segunda parte de Over Aevne es 40