Ni'icsTiío Renacimiento no fué un renacimiento clásico; fué nacional; y aunque produjo algu- nas obras magistrales, quedó incompleto, como dijo, por la desviación histórica á (pie la fatalidad nos arrastró; pero como la fuerza impulsora está en la, constitución natural étnica ó psíquica (pie los diver- sos cruces han dado al tipo español, tal como hoy existe, debemos confiar en el porvenir; esa fuerza (pie hoy es un obstáculo para la vida regular de la na- ción, porque se la aplica á lo que no debe aplicárse- la, ha de sufrir un desdoblamiento; el individualismo indisciplinado que hoy nos debilita y nos impide levantar cabeza, lia de ser algún día individualismo interno v creador, y ha de conducirnos á nuestro i6i gran hiunt'u idea!. Tenemos lo principal, el hombre, el tipo: nos falta sólo decidirlo á que ponga manes (•¡i ia obrfti Todos los pueblos tienen un tipo real ó imagina* do eu quien encarnan sus propias cualidades; en to« das las literaturas encontraremos una obra maestra, en la que ese hombre típico figura entrar en acciútij ponerse en contacto con Id socierlad ríe su tiempo y atravesar una larga serie de pruebas tiende se aquí* lata el temple de su espíritu-, que es el espíritu pro» pío (le su raza. I'lises es el gHego por excelencia; (Mi él se retinen todas las virtudes de un tirio: la prudencia, la constancia, el esfuerzo, el dominio de sí mismo, enn la astucia y fertilidad de recursos de un semita; comparémosle con cualquiora de los con- ductores de pueblos germánicos y veremos, con más precisióu que pesándola en una balan/a, la cantidad de espíritu (pie los griegos tomaron de los semitas. Nuestro I'lises es Dmi Quijote; y en Don Quijote ñutamos á primera vista una metamorfofis espiri- tual. El tipo se ha purificado más aún. y para poder movorso tiene que librarse del peso de las preocu- paciones materiales, descargándolas sobre un escu- dero; así camina completamente desembarazado y su acción es una inacabable creación, un piodigio hu- mano, cu el que se idealiza todo cuanto en la rea- lidad existe, y ¡-c realiza todo cuanto idealmente se concilio. Den Quijote no ha existido en Kspaña antes de les ¡indies. ni cuamlo estallan los árabes, sino después de terminada la Reconquista. Sin los árabes. Den Quijote y Sancho Panza hubieran sido siempre un solo hombre, un remede de Tlises. si buscamos fuera de Espafla un^Ulises moderno, no hallaremos ninguno que supere al Clises anglo-sajón, á Robin- son Grusoe; «'1 italiano es un ülises teólogo, el Dan- te mismo, en su Divina Comedia, y el alemán, un Ulises filósofo, el Qpctor Fausto; y ninguno de los dos. os un Ulises de carne y hueso. Robinson sí es un Clisos natural, pero muy rebajado de talla, por- que su semitismo es opaco, su luz es prestada; es in- genioso solamente para luchar con la naturaleza; es capaz de reconstruir una civilización material; es un hombre que aspira al mando, al gobierno exterior» do otros hombres; pero su alma carece de expre- sión y no sabe entenderse con otras almas. Sancho Panza, después de aprender á leer y á escribir, podría ser Robinson; y Robinson, en caso de apuro, aplaca- ría su aire de superioridad y se avendría á ser es- cudero de Dou Quijote.
Así como creo que para las aventuras de la domi- nación material muchos pueblos de Europa son su- periores á nosotros, creo también que para la crea- ción ideal no hay ninguno con aptitudes naturales tan depuradas como las nuestras. Nuestro espíritu parece tosco, porque está embastecido por luchas brutales; parece flaco porque está sólo nutrido de ideas ridiculas, copiadas sin discernimiento, y parece poco original porque ha perdido la audacia, la fé en sus propias ideas, porque busca fuera de sí lo que dentro de sí tiene. Hemos de hacer acto de contri- ción colectiva, hemos de desdoblarnos, aunque mu- chos nos quedemos en tan arriesgada operación; y así tendremos pan espiritual para nosotros y para nuestra familia, que lo anda mendigando p ñor e mundo, y nuestras conquistas materiales podrán sor aún fecundas, porque al renacer hallaremos una inmensidad de pueblos hermanos, á quienes marear con el sello de nuestro espíritu.
Ano ii, (¡amvkt.
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ALCONAS ERRATAS.
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OBRAS DEL MISMO AUTOR.
Granéala la bella.- — Edición privada. Helsingiors, 1896'.
La com/itisla del reino de Maya por el último conquistador esptmol Pío Cid — Madrid, 1897.
Cartas' finlandesas, (en preparación^.
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