SigPhi · Benito Feijoo

Cartas eruditas y curiosas, Vol. I (1773)

Page 16 of 26

CARTA XXVI 207 Emilio, persuade, que este Historiador le tubo por fabuloso, El de San Gregorio “Puronense alguna fuerza debió de ha- ceros, quando a su silencio añadis el vuestro. Mas no po- deis tolerar, que haga prueba del de Paulo Emilio, a quien recusais por ltaliano; pretendiendo, que meramente indu- cido de viciosa emulacion nacional, omitió en su Historia esta gloria de la Francia. Pero, Mr. supongo, que sabeis que este Autor, aunque Italiano, por benevolencia de los Franceses, fue Canonigo de la Cathedral de París. Supongo tambien, que no ignorais, que los mismos que notan en el genio Iraliano una enemistad inplacable contra todos los que los ofenden, reconocen asimismo una memoria indeleble los beneficios que reciben3 de modo, que es como provyer- bio en las Naciones, que los Italianos son la gente mas ven- gativa, y juntamente la mas agradecida del mundo. Pare- ce, pues, se debe suponer, que en caso que en ¿Paulo Emi- lio subsistiese algun amargo resabio de esa, que llamais emu: lacion nacional, sé balancearía ésta con: su particular, O per- sonal gratitud. | 2 No sois vos, Mr. el primero, que impone esta injus- ta nota a la pluma de Paulo Emilio. Ya, mucho antes que vos, fulminó la misma vuestro Claudio Du-Verdier, quien llama Maligno el silencio de aquel Historiador, sobre el pro- digio de la 4mpolla, atribuyendolo al mismo vicioso prin- cipio, que vos. Podría yo decir, que la malignidad no está en el silencio del Autor Italiano, sino en la inyenctiva del Francés; y me autorizarían para ello un hombre tan gran- de como "Pomas Moro, el qual apellida a Paulo Emilio san- to, e incorrupto Historiador'3 y otro hombre tan grande co- mo ¡Justo Lipsio, quien lé elógia como diligente, sincéro, exacto, añadiendo (atencion.Mr.) que fue el Historiador mas libre de toda pasion, que:tubo aquella edad. Oíd. al primero: Paulus Amilius tam sanctus, S incorruptus enar- rator Historie, ut iure iurando putes, Sc. Oíd al segun- do: Paulus Amilius::: Rerum tpsarum scrutator, severus Ludex, nec legi nostro evo, qui magis liber ab affectu, En Tomas Pope-Blount hallarcis estos elogios de Paulo Emilio, 208 ÁMPOLLA DE Rems, Juntos con los aplausos, que le tributan otros Críticos mu distinguidos. | 3 Despues de todo, Mr. porque veais quán indulgente es mi genio, quiero complaceros, condescendiendo en ad- mitir la recusacion de Paulo Emilio, por el titulo de Italiano, El mal es, que nada negociais con esta benignidad mia; por: que veo, que viene a ocupar el lugar que dexa desocupado aquel Estrangero, un Frances, a quien por ningun titulo podeis recusar. Este.es vuestro Abad Fleuri, el qual, llegan- do el caso de referir el Bautismo de Clodovéo, ni mas, ni menos que Paulo Emilio, en alto silencio envuelve lo de la Santa Ampolla. Vedle en el “Pom. 7. de su Historia Eccle- siastica, lib. 30. num. 40, donde trata de aquella espectable funcion con mucha individualidad 5 pero ni una palabra dice de la Ampolla. | 4 ¿Mas qué contrapeso, me direis, puede hacer el si- lencio de uno, ú otro Autor, a la voz de tantos como pu- blícan aquel prodigio * Yá en vuestra Carta me haceis ar- gumento de la multitud de Escritores, entre quienes hai tam- bien algunos Estrangeros, que testifican aquella gloria de la Francia. Yo os confieso, que son muchos; mas al mismo tiempo pretendo, que esos muchos pueden reducirse a uno solo. | 5 Ni ignoran, ni callan vuestros Críticos, que el prime- ro que escribió el prodigio de la Ampolla, traída por la Pa- loma, fue Hinemaro, Arzobispo de Rems. “Tampoco igno- ran, ni callan, que este Prelado fue mas de trescientos [años posterior a Clodovéo. Es constante en la Historia, que a el Bautismo de este Principe asistió innumerable gente 3 pues demás de tres mil hombres de Guerra, que le seguian, y que fueron bautizados inmediatamente despues de él, con- curfrieron a aquella funcion muchos Prelados. Decidme ahora, por vuestra vida, si es verisimil, «que:un portento, d que, si realmente sucedió; asistieron mas de tres mil tes- tigos oculares, quedase mas de trescientos años sepulta- do, sin que en tanto tiempo algun Escritor hiciese memo- ria de él. gal pia Í aia JT Es- Carra XXVL 209 Es- Carra XXVL 209 6 Esta reflexion preocupa la respuesta, que se podria dár, diciendo, que Hincmaro, como Prelado de la misma Iglesia donde fue bautizado Clodovéo, es natural hallase en su Archivo, o en el de la Abadía Benedictina de Rems, don- de se conserva la Ampolla, memorias autenticas de todas las circunstancias de aquel suceso. Esta respuesta sería acaso admirable, si solo se hubiesen hallado presentes al Bautismo San Remigio, que fue Ministro del Bautismo, y otras dos, 0 tres personas. Pero habiendo asistido millares de testigos, Se debe reputar moralmente imposible, que el portento, si hu- biese sucedido, no se esparcicse luego por toda la Francia, y aun por toda la Europa; a lo.que era consiguiente, que en los tres siglos que mediaron entre Clodovéo, y Hinemaro, hiciesen memoria de él muchisimos Escritores.

7 Pero otro argumento hai mucho mas concluyente pa- ra probar que Hincmaro, no solo no se sirvió en aquella His- toria de algun monumento autentico, 0 fidedigno, hallado en el Archivo de la Iglesia de Rems, nien otra parte 5 pero sin duda escribió fundado en memorias infieles, € indignas de todo asenso. Este argumento se toma lo primero, de que Hincmaro escribe, que Clodovéo fue bautizado el Sabado Santo ¿ constando en contrario por una Carta, que San Ayi: to, Obispo de Viena, escribió al mismo Clodovéo, felicitan- dole sobre su Bautismo, que éste se celebró la Vigilia de Natividad.

8 Lo segundo, de que el mismo Hincmaro refiere, que Clodovéo, por consejo de San Remigio, envió a Roma, siendo Papa Hormisdas, una Corona de oro, adornada de piedras preciosas: no pudo ser 3 por estár acordes los Histo- riadores, en que Clodovéo murió tres años antes, que Hor- amisdas fuese elevado a la Dignidad Pontifica. Murió aquél el año de 511, y éste fue electo el de 514.

9 Lo tercero, de otro prodizio poco verisimil, que atri- buye a San Remigio a favor del mismo Clodovéo. Dice, que el Santo le dió al Rey un frasco de vino, a quien habia echa- do la bendicion; advirtiendole, que entretanto que hubiese “vino cn aquel frasco, para beber él, y todos los que él qui- Tomo £, de Cartas. O SiG= 210 ÁMPOLLA DE Renms, siese, poc dria pros eguir en sus conquistas seguro de la victo- ria: en consequencia de lo qual, bebieron de aquel vino el Rey, y toda su Familia Real, y numerosa turba del Pueblo, sin percibirse minoracion alguna del licor en el frasco, Ha- cedme, Mr. el gusto de confesarme sinceramente, si creeis este porrento. Es cierto, que no hai en él imposibilidad al- guna. Con todo, os ruego, e insto, que me digais si lo creeis, Pero antes que me respondais, os advierto, que vuestro Abad Vertot aun cree menos que yo, este, y otros milagros, que refiere Hincmaro sobre la misma Ria como rtestifican estas palabras suyas, que hállo en el segundo “Tomo de las Memorias de Literatura de la Académia Real de Inscripcio- nes, y Bellas Letras: Hincmaro acumula prodigios sobre _ prodigios; de suerte, que parece ba querido exceder al "Arzobispo Turpin, el mas fabuloso, y mas osado qe nues- dros antiguos Novelistas.

10 Véd, Mr. si los motivos propuestos no son mas que suficientes para una total desconfianza de lo que escribió Hincmaro sobre la Sagrada Ampolla: si con todo lo escri- bió Hinemaro; pues hai algun fundamento para sospechar, que no es obra de aquel Prelado, (que fue, sin duda, uno de los mayores hombres de su siglo ) la Vida de San Remi- gio, que anda ton su nombre. El modo de hablar del Dic- cionario de Moreri, la Vida de San Remigio, que anda con el nombre de Hincmaro, significa alguna duda de que sea suya.

11 Pero fuese; 0 no fuese Hincmaro el Ea de aque- Ya Vida, habiendo sido este el primer Escrito, en que se es- tampó el descenso de la Santa Ampolla del Cielo, es de dis- currir, que todos los Autores, que despues refirieron el mis- mo prodigio, lo hicieron sobre la fé del Autor de aquella Obra: de que resulta, como mui probable, lo que insinué arriba, que la multitud de Autores, que refieren el prodigio “de la Ampolía, se reduce a un Autor solo.

12 Véd, Mr. si sobre los fundamentos propuestos pu- «de hablar en el lugar que dió ocasion a vuestra quexa, algo mas e O por lo menos esforzar con algun vigor CARTA? XXIV, 211 gor la duda que admite la materia. Pero me contenté con decir, que el prodigio en question zo tiene tan asentado su credito entre los Franceses mismos, que algunos no duden. Y ahora me contento con lo mismo, persuadiendome a que los Autores que están a favor del prodigio, darán mui proba- bles respuestas 2 quanto puede objetarse contra él. En el Diccionario Universal de “Trevoux leo,. que un Autor, que en él se nombra Alexandro Leteneur, compuso un bello Tra- tado Apologético por la Santa AÁmpolla, contra el docto Juan Jacobo Chifier, que la habia impugnado. Me holgára mucho de tener este Tratado, para usar de sus pruebas a favor de la pia creencia de haber descendido del Ciélo la Santa Ampolla.

13. Finalmente, para mayor justificacion mia, y para que veais Mr. que ninguna pasion, o afecto mueve mi plu- ma, sí solo el santo amor de la verdad, os advierto, que en dudar de la verdad de la Historia de la Santa Ampolla, tan- to procedo contra mi interés, como contra el vuestro. Vos sois interesado en ella por la gloria de vuestra Patria, yo por la de mi Religion. No ignorais, que la Ampolla del Sagrado Oleo, con que se ungen los Reyes Christianisimos, esta de- positada en el Monasterio Benedictino de la Ciudad de Rems. Es, sin duda, un grande honor de la Religion de San Beni- to ser depositaria de ella, aun no considerando otra cosa que el alto destino, que tiene el licor contenido a consagrar un tan gran Rey de la Christiandad. Pero lo será mucho ma- yor, si realmente aquel Sagrado Oleo fue una milagrosa da- diva del Cielo. Sabed tambien, que en aquel Soberano Acto de la Uncion de los Reyes Christianisimos, tienen los Mon- ges Benedictinos, por. estatuto de los mismos Reyes, una nobilisima parte del ministerio 3 estando ordenado, que los Monges en procesion conduzcan la Santa Ampolla, lleyan- dola el Abad debaxo de Palio; cuyas quatro varas sostengan quatro Monges vestidos de Albas, con exclusion de quales- quiera otros personages, que pudiesen pretender este honor, En Moreri V. 4 mpoulle ( sainte ) podeis verlo; donde a es- te asunto se citan varias paginas del primer Tomo del Cere- monial Francés; y al mismo tiempo se corrige el error de 2 Ea- 2 Ea- 024 ÁMPOLLA DE Renms.

Favin, Historiador de Navarra, el qual atribuyó el honor de las varas del Palio a quatro Varones, Que por sí solos cons- tituyen cierto Orden de Caballería, llamado de la Santa Impolla, instituido a lo que él, y otros pretenden, por el mismo Clodovyéo.

14 Añadid a todo lo dicho, que el Arzobispo Hincmaro fue Monge Benito, profeso en el Real Monasterio de San Dionisio de Paris. Ved si tambien por esta parte yo me in- tereso en que la Vida de San Remigio, atribuída a aquel Prelado, sea en todas sus partes mui verdadera.

15 Asi Mr. creedme, que bien lexos de querer yo obs- tinarme en la manutencion de la duda sobre la Historia de la Santa Ampolla, no podriais hacer cosa para mí mas grata, que demonstrarme con buenos fundamentos su verdad; en cuyo caso yo os prometo publicarla a todo el mundo, Por lo menos os ruego me procureis un exemplar del Tratado Apologético, citado en el Diccionario de Trevoux, pues no puede menos de haber muchos en Francia, y juzgo dificil hallarle en España. Yo soi con sincéro afecto, Óc.

Porque el Abad Vertot, citado en la Carta precedente parece que asintiendo a la opinion del Vulgo, supone, que el Arzobispo Turpin fue Escritor de las prodigiosas aventu- yas de Carlo Magno, y de los Doce Pares, que han corrido con su nombre, advierto, que yá los Cr as han. conocido, que no fue esta quimérica Historia Obra de aquel Prelado. Turpin, Monge de San Dionisio de París, y despues Ar- zobispo de Rems, que fiorecio en el siglo octavo, fue un Pre- dado mui venerable, y de caracter mui opuesto al que se reconoce en el 1 nventor de aquellas portentosas patrañas.

Carta XXVIL: ¡ 213 CARTA XXVII DE ALGUNAS PROVIDENCIAS economicas en orden a Tabaco, y Chocolate.

1 Migo, y Señor: Aunque la Carta, en que Vmd, me avisaba de enviarme por el Ordinario las qua- tro libras de Tabaco, vino el Corréo pasado; esperando a que llegasen, como ya efectivamente llegaron, suspendi has- ta este la respuesta, El Tabaco, ciertamente, es de bella calidad 3 y a mi parecer tan bueno, sino mejor, que el que ¡Vimd. me remitió por Enero, y del qual tengo alguna pe- queña porcion 3 porque en la especie de Tabaco, con el que logro mui de mi gusto, observó una estrecha economía. La contingencia de no hallar despues otro igual, me hace dete- nido en su consumo, De suerte, que casi es menester, O el motivo de especial benevolencia, O el de urbanidad inexcu- sable, para franquear una, ú otra caxa. Fuera de estos dos casos, procuro evitar la opinion de mezquino con otro de segunda clase, que nunca falta.

2 Vid. ha continuado tanto el favorecerme, y rega- larme, que ya he consumido todas las frases que el discur- so podia sugerirme para explicar mi gratitud 3 y no pudien- do descubrir otras nuevas, será preciso callar 5 porque repe- tir las antecedentes, es para mi cosa fastidiosa, y aun pien- so, que para Vmd. lo será: con que parece, que no hai otro recurso, que el de los Predicadores principiantes, que remiten lo que no pueden explicar, a lo que llaman Muda Retorica del silencio, ” 3 Las advertencias, que Vmd. me hace para consefvar, y mejorar el Tabaco, pudieran pasar por-un segundo regalo, que sirve como, de adjetivo a la:ssubstancia del pri- Tom. I.de Cartas. ía me- 214 Econom1A DE "Tapaco Y CHOCOLATE.

mero, Si la utilidad fuese correspondiente a la intencion. Pero francamente le digo a Vmd. que no admito sus reglás, porque no las juzgo convenientes, por mas que la comun aceptacion las haya hecho plausibles, 4 El guardar mucho tiempo el Tabaco, no le mejora, antes le deteriora, si la custodia de él no es mucho mas es- trecha, que la de reos de pena capital. Juzgase, por lo co- mun, diligencia suficiente para conservar, y mejorar el Ta- baco, colocarle en una caxa de plomo, bien atacado, con la cubierta mui ajustada, y guardarle de éste modo en la gabe- ta de un Escritorio. Los que añaden una hoja de plomio, bien ajustada a la concavidad de la caxa, apretando con ella el “Tabaco, juzgan haber llegado a la suprema exactitud en la materia. Pero todo esto no basta. Asi entre la hoja del plomo, y superficie cóncava de la caxa, como entre el bor- de de esta, y el de la cubierta, quedan innevitablemente ren- dijas por donde el Tabaco se exhala. Todas esas precaucio- nes conservan el cuerpo, no el alma del “Tabaco, Aquellos corpusculos sutiles, que constituyen toda su gracia, respec- to del olfato, no hai puerta por donde no quepan, y por todas huyen. Es verdad, que no se disipan tan presto, ni con mucho, como teniendo menos resguardado el Tabacos pero es cierto, que poco a poco se vá perdiendo parte de ellos. Asi, el que quisiere guardar el Tabaco por espacio de tiempo considerable, tengale en una caxa de hoja de lata, unida la cubierta con estaño, en la forma que suele transpor- tarse el Tabaco de encargos, de Sevilla, y Madrid, a otras partes. Basta tambien, que sea en bote de hoja de lata, que de plomo, unir caxa, y cubierta con cera. Una eternidad se puede conservar de este modo el "Pabaco 5 porque a ninguno de los cuerpos dichos, hoja de lata-, plomo, estaño, O cera, penetran los mas sutiles corpusculos del Tabaco, ni de otra substancia olorosa.

Y no solo no pierde de su bondad el “Tabaco grarda- do del modo dicho-, sino qe se tace mas aromatico, dete- niendose” asi dos,'0 tres años, como he experimentado algunas veces 3 lo que se do atribuir, O a que entre aque- “ L llos CArTA XX V II 215s llos sutíles corpusculos, hallandose encarcelados, se excita: una especie de fermentacion, con que se exalta mas el olor; aque como son de un genio inquieto, y volátil, cho- cando unos con otros, se desmenuzan, y sutilizan mas, con que reciben mas aptitud para herir el organo del olfato, pe-- netrando mas, por su mayor sutileza, las fibras sensorias.

6 Sea qual fuere la causa que al vino guardado mucho tiempo, y perfectamente defendido del ambiente, le hace mas oloroso, se hace extremamente verisimil, que la misma produzca el proprio efecto en el Tabaco.

7 Deaquiinfiero, que lo proprio sucederia con el Cho- colate, si sele impidiese toda transpiracion. Mas del modo, que comunmente se guarda 3 esto es; depositado en una Ár- ca, Baúl, o Escritorio, aunque se enbuelva en papel, 0 lienzo cada ladrillo, o bollo, succesivamente vá perdiendo algo AQUueo y olor, como yo lo he observado, habiendo guardado alguna cantidad de Chocolate por espacio de ca- torce años. Movióme a hacer esta experiencia, por una par« te el oír a todos, que el Chocolate es mejor quanto mas añe- xado, y por otra, considerar, que esto no puede ser en bue- na Phylosofia. Tiene sonido de Paradoxa lo que voi a decir de Chocolate, Vino, y Tabaco 3 y es, que conservan la vida, quitandoles la respiracion; y la pierden, dexandolos respirar, Sufocados, viven 3 y alentando, mueren. Aquello que exha- lan, y con quese hacen sentir en el'organo del olfato, es su parte espiritosa: luego quanto mas respiran, mas espiri- ru pierden.

8 Considerese, que al abrir el arca, cofre, 0 gabeta donde está el Chocolate, por embuelto que esté en papel, u: otra cosa, se percibe se nsibilisimamente su olor: luego con. tinuamente está exhalando. ¿Y que exhala? Aquellos deli- cados corpusculos, que le hacen aromatico 3 pero no solo esto, mas tambien aquel xugo substantifico, y craso, que le hace grato al paladar. Y la razon es, porque aunque este xugo no es volatil por su naturaleza, le extraen, y disipan con su impulso los corpusculos aromaticos. Como aquel xu- go cs mantecoso, y adherente, es preciso, que los corpus= 4 cu- 216 ECONOMIA DE "TABACO Y CHOCOLATE.

pusculos, al romper por los poros del Chocolate, y topando con él, lleven pegadas algunas pequeñisimas particulas suyas.

9 Esta especulacion phylosofica me induxo a la experien- cia, que he dicho, y el efecto fue el que había presvito. Yo iba probando de tiempo en tiempo, como de seis en seis me- ses, el Chocolate, y reconociendo siempre ( a la reserva del primer año, O poco mas ) que succesivamente iba perdiendo mas xugo, y olor, de modo, que al termino de los catorce años, tenía poquisimo de uno, y otro. Ási ño me queda du- da de que los que dicen, que kan experimentado tanto me- jor el Chocolate, quanto mas añejo, son persuadidos a ello, no por la experiencia, sino por el dictamen preconcebido- ¿n fide dicentium. Y una prueba bien sensible de esto es lo que he oído a algunos de los que promueven aquella opinion, que el Chocolate adquiere el supremo grado de excelencia, quando se ha añejado tanto, quese pone algo carggmido. Dicese el Chocolate carcomido similitudinariamente, por unos pequeños huecos, O vacíos, que se forman en él con el tiempo, y que representan en alguna manera los que tie- ne la madera carcomida, Pero es facil conocer, que aquellos vacios resultan de la disipación del xugo, que antes ténia el Chocolate, y con que se llenaban todos aquellos huecos. Luego es claro, que en el estado de carcomido se halla mui desubstanciado. > | 10 Tampoco admito la instruccion que Vmd. me dá pára conservar el Tabaco humedo, ó humedecerle, quando está seco. Ninguna humedad dice bien al Tabaco, sino la del agua simple, y natural 3 porque solo ésta carece de todo alor. “Todo: otro cuerpo humedo tiene algun olor, que co- municado al Tabaco, le hace degenerar. Y aun se puede te- mer, que los corpusculos en que consiste aquel olor foras- tero, corrompiendose, destruyan enteramente el Tabaco. ¡Yo he visto, que todas estas estudiadas recetas para hume- decerle, como introducir en él uñas almendras, ú hojas de acelga, O tenerle en el sitio humedo, siempre le han dete- riorado algo. Al contrario, el agua simple, tengo mil expe- rimentos, de que no solo le humedece sin dañarle, mas condu- Carta XXVIL 217 duce mucho para su conservacion 3 porque aquella humedad obstruye muchos poros por donde se exhalan los corpuscu- los olorosos, con que los detiene dentro del Tabaco. Pres- tale tambien el beneficio de quitarle aquel molesto tufo, que respira quando está reseco, convirtiendole en olor mas be- nigno, y causa prontisimamente este buen efecto, como tambien he experimentado muchas veces.

11 ¿Pero cómo se debe comunicar la humedad del agua al Tabaco * El modo mas oportuno es moxar la superficie interior de la cubierta del bote, sacudiendola luego fuerte- mente, para que no gotee sobre el Tabaco; porque estan= do éste apretado, cada gota que cayese, haria una piedrecia * ta, dificultosa de deshacer entre los dedos. Esta diligencia hecha de quince en quice dias, basta para conservar xugo- so el Tabaco. Mas si estubiese ya reseco, sera menester re- petirla siempre que se haya sacado Tabaco del bote para la Caxa. 12 Si Vmd. quisiere usar de estas instrucciones mias, ( pues al fin de que Vmd. se utilice en ellas, he tomado la fatiga de escribirlas ) asi en orden al Chocolate, como en orden al Tabaco, espero que me las agradezca, poco menos que yo a Vimd. el regalo que acaba de hacerme. Asi pux diera yo, como le doi reglas para conservar su Tabaco, ministrarlas para la conservacion de su salud, que es para mí barto mas preciosa, no solo que quanto Tabaco, y Cho- colate, mas tambien que quanta plata, y oro vienen de la America. Ál fin, haré para este efecto todo lo que puedo hacer, que es dirigir a él el corto valor de mis oraciones, rogando al Altisimo, como diariamente lo hago, que pros- pere su vida, y persona muchos años, Xc.

GARA 218 Causa DE 1os TEMPLARIOS.

CARTA XXVIIL SOBRE LA CAUSA DELOS Templarios.

I Vi señor mio: Pesada carga esla que me impone V. $. solicitando le explique mi sentir sobre el negocio de los Templarios; esto es, si padecieron inocentes, o culpados; si la sentencia, que contra ellos se dió, fue jus- ta, O injusta: Problema grande en la Historia; no tanto por la oposicion de los Autores en la narracion, en la qual por la mayor parte están conformes, quanto porque los mismos hechos ministran fundamento bastante para opuestos Juicios, Bien es verdad, que en una circunstancia de mucho peso he notado, como demostraré abaxo, los mas de los Historia-= dores mal instruidos, 2 Delos Autores, que he visto sobre la materia, ó en sus mismos Libros, 0 citados por otros, son pocos los que afit- man la inocencia de los Templarios. Los mas no se atreven a decidir la duda. Lo comun es mostrar alguna inclinacion auno, Ú otro extremo, pero sin resolver. La verdad es, que exceptuando la mayor parte de los Escritores Franceses, los quales son particularmente interesados en la causa, porque sí la condenacion fue injusta, casi toda la iniquidad viene a caer sobre individuos de aquella Nacion; los demas, por la mayor parte, al paso que ván refiriendo el caso, ván descu= briendo un animo propenso a creer inocentes los Templarios; Pero al fin, viendo salirles al paso la autoridad de un Pontifi- ce Romano, que sentenció la extincion de aquel Orden, y de un Concilio General, que se dice aprobó, 0 confirmo la Sentencia; o se detienen perplexos, Ó Se retiran medrosos.

3. Y verdaderamente, puesta a parte esta consideracion, apenas hai cosa de algun peso contra la inocencia de aque- llos ¡eaaetos ) Y ocurren razones mui eficaces a favor de ella.

Gar ria 1 AN, 219 ella. Los primeros fundamentos de su ruina no pudieron ser «de peor condicion. Los acusadores fueron dos delinqúentes de la misma Religion, condemados por ella a carcel perpe- tua, y que la estaban ya padeciendo en Paris, en pena de atroces delitos: uno Francés, el Prior de Montfaucón: otro el Caballero, Noffo, Florentino. Estos, 0 por vengarse de sus Jueces, 0 por lograr la impunidad de sus maldades, O por uno, y otro, pasaron a la noticia del Rei los horrendos crimenes, que suponian en toda la Religion. La calidad de los acusadores merecia que se despreciase la acusacion. Pero sabian ellos a qué puerta llamaban. El Rei de Francia Feli- pe el Hermoso, hombre avarisimo, y de conciencia extra- gada. Impío le llama, sin andar por rodéos, el Cardenal Ba- ronio: 4 Rege importuno pariter ac impio. Estaba opulen- tisima entonces la Religion de los Templarios. Un Principe de este caracter, ¿ que no haria, ofrecida la ocasion de apro- vecharse de sus despojos“ Tales fueron los primeros instru= mentos, que obraron en la ruina de aquella Religion. Es verdad, que tal qual Autor varía algo en quanto a las personas de los acusadores. El Abad Fleuri, suponien= do, que esta circunstancia se refiere de diversas maneras, se inclina, como a mas verisimil, a que el acusador fue un ve- cino de Beziers, llamado Squin de Florian, el qual estaba preso, juntamente con un Templario Apostata, no en París, sino en un Castillo Real de la Diocesi de “Tolosa; y como los delitos de uno, y otro fuesen tan graves, que esperaban por ellos suplicio capital, estimulados de los remordimientos de su conciencia, se confesaron reciprocamente uno a otro, co- mo bacan en aquel tiempo (añade el Autor citado ) los que se hallaban en algun gran peligro de perder la vida; y cons- tandole a Squin, por la confesion del Templario, las abo- minaciones establecidas en su Religion, resolvió solicitar la gracia, revelandoselas al Rei, y ministrandole este medio para adquirir grandes riquezas. 5d 5 Lo que hemos escrito arriba, en orden a los Autores de la acusacion, es lo que se halla comunmente en los His- toriadores. Pero dado el caso, que el acusador fuese el que pre- 220 Causa DE Los TEMPLARIOS, pretende el Ábad Fleuri, como queda la accion en un hom- bre merecedor de la muerte por sus delitos, para el intento viene a ser lo mismo. Un hombre de este caracter repararia poco en levantar horrendos testimonios a toda una Religion, quando no hallaba otro arbitrio para salvar la vida. | 6 Se hace arto inverisimil, que los delitos acumulados a los Templarios fuesen verdaderos. Que todos, en su admi= sion a la Orden, renegasen de Jesu-Christo ¿ que escupiesen sobre su Sacrosanta Imagen 5 que en la misma admision in- terviniesen ciertas ceremonias extremamente ridiculas, y tor- pes 3 que se pracricase por Estatuto la Idolatría 3 que al Ido- lo que adoraban, sacrificasen victimas humanas; que se per- mitiese generalmente la torpeza nefanda, son cosas, que sin hacer al entendimiento una gran violencia, no pueden créer- se comunes a toda una Religion.: ¡ 7 A sesenta Caballeros, entre ellos el Gran Maestre, que en distintas ocasiones fueron condenados al fuego, se les ofreció la vida, como confesasen los crimenes, de que eran acusados3 pero todos, sin exceptuar ni uno, estubieron cons- tantes en negarlos; protestando hasta el ultimo momento su inocencia. Esto, cayendo sobre la inverisimilitud de los he- chos, sobre la perversidad de los acusadores, y el interés del Rey, en que se creyesen los delitos, forma una preocupacion extremamente fuerte a favor de los reos.

8 Hace tambien una fuerza inmensa, el que siendo +los delitos tan enormes, tan comunes, y que mucho tiempo an- terior se practicaban, no se hubiesen difundido antes al Pú- blico. ¿Es posible, que entre tantos, 0 centenares, o milla- res de Caballeros, alguno, 0 algunos, movidos de los re- mordimientos de la conciencia, no los delatasen a quien de- bian * Muchos fallecerian separados de sus hermanos, 0 en algun viage, 0 en casas de sus parientes, O amigos. Siquie- ra a la hora de la muerte algunos de estos, por librarse de la condenacion eterna, ¿no dexarian alguna declaracion he- cha, con orden de presentarla al Principe?

9 Pero lo mas decisivo en la:materia es, que aunque en todos los Reinos de la Christiandad se procedió a séria inqui- CARA ¿AA LL 221 quisicion sobre los delitos de los Templarios, en ninguno, d excepcion de Francia, fue conducido 'Templario alguno al suplicio. Prueba, al parecer clara, de que el apasionado in- fuxo del Rey Phelipe era quien los hacia delinqúentes. Adon- de no se extendia el dominio del Rey de Francia, no pare- cieron Templarios Apostatas de la Fé; siendo asi, que en los Procesos hechos en Francia se pretendia, que el crimen de Apostasía era comun a todos, como una condicion, sie qua non, para recibir el Abito. En España, se examinó el caso con gran maduréz, En Salamanca se juntó para este efec- to un Concilio, compuesto del Arzobispo de Santiago, y de los Obispos de Lisboa, de la Guardia, de Zamora, de Avi- la, de Ciudad-Rodrigo, de Plasencia, de Astorga, de Mon- doñedo, de Tui, y de Lugo. Y despues de bien mirada la Causa, todos aquellos Padres, unanimes declararon los Tem- plarios inocentes: De vinctis, atque supplicibus questio- ne habita, causaque cognita, pro eorum innocentia, pro- munciatum communi Patrum sufragio. (in Collect. Labb.

10 Es yerdad que los delitos de los Templarios se pro- baron con muchos testigos, y que gran numero de los mis- mos Templarios los confesaron. Pero atendidas las circuns- tancias, uno, y otro prueba poco. Quanto a lo primero, ¿quién no echa de ver, que por inocentes que estuviesen los Templarios, interesandose el Rey de Francia en hacerlos delinqúentes, no le habian de faltar testigos? Las Historias están llenas de casos semejantes. Siempre que algun Principe, por mala voluntad suya, ha querido, que, observando la forma Judicial, se castigase como mal hechor algun Vasallo inocente, tubo testigos de sobra para quantos delitos quiso imputarle. Son casos estos, que a cada pagina, como he dicho, se encuentran en las Historias.

11 Peroentre todos ellos, el mas oportuno a nuestro inten- to fue uno, en que intervino el mismo Phelipe el Hermoso. Notoria es a todos los que han leído algo de Historia la mor- tal, y escandalosa enemistad, que este Principe tubo con el Papa Bonifacio Octavo 3 como asimismo el sacrilego, y cruel arro- 222 CAusa DE Los TEMPLARIOS.

atropellamiento de su Persona, y Dignidad, executado en: Anagnia, de orden del mismo Rey, de que resultó perder luego la vida el maltratado Bonifacio. No bastó esto para aplacar la ira del furioso Monarca. Continuóse su rabia, siendo objeto de ella la memoria, y cenizas del difunto Pon- tifice; de que nació su horrible pretension con Clemente Quinto, para que declarase Herege a Bonifacio, y como tal fuese castigado en la forma que puede serlo un muerto; es- to es, en su memoria, y en sus cenizas. Debía Clemente el Pontificado al Rey Phclipe, y sobre eso se hallaba dentro de | sus Dominios, menos venerado como Papa, que tratado co- | mo Subdito; con que, aunque con gran disgusto suyo, ad= mitió la acusacion. El pretendido crimen de heregía de Bo- nifacio era una de las mayores quimeras, que hasta ahora se: han fingido. Sin emba lrgo, con quarenta testigos, la mayor parte contestes sobre los mismos hechos, se probó, que Bo- nifacio habia negado, no solo la Real Presencia de Christo en la Eucharistía, mas tambien la Resurecion de los hom- bres, y la inmortalidad del alma; y que habia dicho, que asi la Religion Christiana, como la Judaica, y Mahometa- na, eran meras invenciones de hombres: con advertencia de que los testigos depusieron haber oído estas blasfernias al mismo Bonifacio. Vease sobre el punto el Abad Fleuri, en el “Tom. 19. de su Historia Ecclesiástica, J¿b. 91, NUM. 14» Si se repara bien, la misma multitud de testigos prueba su