acómpañan al ejercicio de la vista, del oido, y del tacto en sus relaciones ordinarias (V. Estética, 113 y 1414). Ve- mos, oimos, tocamos continuamente sin experimentar ningun daño; al ejercicio de estos sentidos está unido cierto placer suave (V. Estética, 113), que el Autor de la naturaleza nos ha otorgado para amenizar las funcio- nes de la vida. Pero es de notar que las sensaciones que no nos destruyen ni fatigan, son las que nos ponen en comunicacion con el mundo externo, las que sirven á la inteligencia: indicio seguro de que el hombre no entien- de para gozar sensiblemente, sino que goza sensible- mente para entender.
24. No puede ser verdadera una «doctrina cuyas aplicaciones no se atreve á sostener quien conserve un rastro de. pudor. El epicúreo 'consecuénte debiera ha- blar de este modo: «mi fin es el placer; esta es la única regla de mi moral; gozo cuanto puedo, y «solo ceso cuando temo morir; sin este peligro no pondría ningun límite á la sensualidad; los festines, las orgías, los des- órdenes de todas clases formarian el tejido de mi vida; y entonces seria yo el hombre moral por excelencia, porque me atendria con rigor al principio de la mora- lidad: el goce. » ¿Quién puede sufrir tamaña impuden- cia? ¿Quién se atreveria á semejante lenguaje?
25. No- siendo el placer sewsible la regla.de la moral, 388 FILOSOFÍA ELEMENTAL. ¿lo será tal vez la salud, aquel estado en que se ejercen con órden y armonía todas las funciones de nuestra organizacion? ¿Podremos decir que es.moral lo que con- duce á la conservacion de la salud, y por consiguiente de la vida?
26. Desde luego salta á los ojos la extrañeza de con- fundir lo moral con lo saludable; y de poner lo principal de la moralidad en un Jugar tan. prosáico como es la cocina. El sentido comun distingue entre la sanidad y la moralidad; reconoce acciones morales é inmorales con relacion á los alimentos, á: las habitaciones, y á cuanto contribuye á la conservacion de la salud y de la vida; pero cree que la moralidad es algo super ¡or á Cstas Co- sas, que solo se aplica á ellas como á un caso par ticular, por la union del ser inteligente y libre á un cuerpo suje- to á esta especie de necesidades!
27. La salud y la vida no son para sí mismas, sino para el ejercicio delas facultades vitales: la armonía de.
la organizacion no es un fin, es un medio para que los Órganos funcionen bien; luego el tomar la salud y la vi- da como fines, es trastornar el órden. Suponed un indi- viduo perfectamente sano: si la moralidad consiste en la salud, este será el hombre moral por excelencia; ré- costadle pues en un blando sofá, conservadle bien, con sus ojos claros, su tez brillante, sus mejillas encarna- das; y mostradle á los demás diciendo: « Hé aquí la vir- tud en persona; hé aquí el tin de todo moral: estar bien rollizo y fresco. » La salud y la vida son para ejercer las facultades; y como ya hemos visto que el término de estas no es el placer sensible, lo hemos de buscar en otras superiores, en el entendimiento y la voluntad.
28. ¿La moralidad se fundará en la inteligencia, de suerte que sea moral todo lo que conduzca al desarrollo de las facultades intelectuales, é inmoral lo que á estu se oponga? - No cube duda en que esta opinion no ofrece la repu- gnante fealdad de las anteriores; el desenvolver las facultades intelectuales es una accion noble, digna del ser que las posee; el. sentido moral no se subleva con- tra quien nos presenta el lérmino del Hombre en la SA A i ÉTICA. 38% esfera intelectual; la contemplacion de la verdad es un acto noble, digno de una criatura racional. Sin embargo, esta idea por sí sola, no nos explica el cimiento de la moralidad: nos agrada la accion de entender; pero todavía preguntamos en qué consiste ese carácter mo- ral de que la inteligencia se reviste, en qué la inmora- lidad. que con frecuencia la afea y la degrada. Fingid Una criatura racional, que conoce á su Autor; que por el estudio de su naturaleza halla cada dia nuevas razo- nes para admirar la sabiduría del Hacedor supremo, y que sin embargo se levanta contra Dios, le blasfema, y - desea que no exista; esa criatura aunque continúe desenvolviendo y perfeccionando su inteligencia con el es- tudio y la contemplacion de. altas verdades, ¿será mo- ral? Claro es que no. Imaginad un filósofo que dominado por la pasion del saber no perdona medio ni fatiga para acrecentar sus conocimientos; y que con el fin de proporcionarse lo que desea, olvida los deberes de su fa- milia y de la sociedad; y es además injusto, reteniendo .libros que no le pertenecen, usurpando propiedades de otros para acudir á los gastos de sus experimentos, viajes y demás que necesita y á que no alcanzan sus caudales; suponed que es orgulloso, insolente, inhumano; ¿será moral? ¿le bastará para la moralidad su ardiente pasion por la ciencia? Es evidente que no.
Luego la inteligencia no es la moralidad:. luego la perfeccion del entendimiento no es la única regla de la moral. Una alta inteligencia puede concebirse con pro- funda inmoralidad; en tuyo caso, lejos de que la eleva- cion de la primera excuse á la segunda, la hace mas culpable; la falta es tanto mayor cuanto mas claro es el conocimiento que de ella se tiene.
29. No hallamos pues en la utilidad privada el fun- damento de la moralidad; ni aun refiriéndola á las fa- cultades intelectuales, 'nos da la regla buscada; el ejer- cicio de estas debe someterse á la regla, pero no son la regla misma. De lo cual se infiere que el egoismo, ni aun en la acepcion mas elevada de esta palabra, no pue- de ser el fundamento de la moralidad. -Sucede en esto como en las verdades del órden intelectual puro; st se quiere encontrar la razon de su verdad, necesidad y A --AH 390. FILOSOFÍA ELEMENTAL.
universalidad, es preciso salir. del individuo, y extendgr la vista por ICOneSn mas dilatadas.
CAPÍTULO v.. ME La moralidad no es la relación á la utilidad pública.
30. Al desaparecer el interés Privado, se ofrece des- de luego el e »mun; ¿será posible.cimgntar la moralidad en la utilidad de todos; por mariera lo que conduz- ca al bien comun seá moral, y lo que Fl se oponga sea inmoral?
31. Desde Juego ocurre una grave dificultad contra esta doctrina: ella rechaza al egoismo como base de la - moral; pero en cambio exime de la moralidad al indivi- duo, en aquellas acciones que no tengan relacion con la sociedad; de suerte que para un individuo solo, aisla- * do, no habría órden moral. La razon es evidente: si la moralidad es la relacion al bien comun, cuando esta re- lacion falta no hay ni puede haber moralidad; la coñ- secuencia es profundamente inmoral, pero legítima, necesaria; no hay medio de cludirla. s Segun esta doctrina, un ser inteligente considerado en sus relaciones con Dios, no estaria “sujeto á la moral.: por manera que si no hubiese sociedad, si hubiese un hombre solo enel mundo, este hombre podria hacer lo que quisiese con respecto á siy 4 Dios, sin infringir leyes morales. á Además, muchas de nuestras acciones exteriores é interiores, no tienen ninguna relacion con la sociedad, son actos puramente individuales que no favorecen Di dañan al bien comun. Admitido que la moralidad nace únicamente de sus relaciorres con este bien, gran parte de nuestras acciones queda: fuera del órden moral; lo: que á mas de ser contrario á la razon y al sentido co- mun, es un manantial de inmoralidad. Ño, no es necesaria la sociedad para que tengan existencia y aplicacion.
las ideas morales: una criatera inteligente que estuvie- se sola en aa universo, tendria sus deberes para consigo y con el Criador: desde el momento: que hay inteligen-=- cia y libertad, bay el órden moral que es su regla.
- 32. A mas de estas dificultades ocurre otra que no es de menos grávedad. Si la norma de la moral fuese el bierí comun, seria preciso explicar en qué consiste este bien. ¿Será el desarrollo de la inteligencia, será el bien- estar material; 6 ambas cosas á un tiempo: En todos los supuestos la moralidad quedará fluctuante. Porque si la inteligencia es el find, sé podrá descuidar el bienestar material, y no será inmoral el dañarle ni el destruirle. "Si se sobrepone el bienestar material, entonces la per- feccion de los -puebles consistirá en la mayor cantidad posible de goces: el epicureismo tondenado en el indi- viduo, lo trasladaremos:á la sociedad. Si son ambas .cosas á un tiempo, falta saber'en qué proporcion se han de combinar; si se ha de sácrificar el uno al otro en ciertos casos; y en favor de cuál se ha de resolver el conflicto. Nada habrá constante; la moralidad flotará á merced de las pasiones y caprichos de los hombres; lo que unos llamarán moral, otros lo tendrán por inmoral; lo que estos alabarán como virtud, aquellos lo conde- narán como vicio.
33. Esta incertidumbre afectará mucho mas á los actos individuales que no se refieran inmediatamente al bien comun. El suicida dirá: «A la sociedad no le con- vtene un miembro que sufre tanto como yo; quiero ha-- cerle un bien, apartando. de su vista este cuadro aflicti- vo;» y se matará. El ofendido por uná palabra dirá: « A la.sociedád no le convienen hombres sin honra, yo debo lavar la mia con la sangre de mi enemigo, Ó mo- rir, » y.se batirá en duelo. El pródigo dirá: «A la socie- dad le conviene el progreso de la industria y del comer- cio; yo la tumento con mi luje y disipacion; la suerte de mis hijos, cuyo porvenir destruyo, no vale tanto co- mo el bien de la sociedad, » y seguirá dilapidando. Y como á estos ifsensatos no se los podria reconvenir con la ley moral, con ese conjunto de Máximas fijas, eternas, que arreglan la conducta del individuo y de la sociedad, * necesario seria calcularlo todo por el resultado; el cál- Culo fuera tan variable como las pasiones y céprichos, y e: vez de una moral social, no tendríamos ninguna.
- —mB— A KA AAA AA 302 ' FILOSOFÍA decia CAPÍTULO VE A Razones contra el pri ncipio ulilitari io en todos sentidos.
34. Los que confunden la. moralidad. con la utilidad, sea que hablen de la privada ó de la pública, caen en el inconveniente de reducir la moral á una cuestion de cálculo, no dando á las acciones ningun valer intrínse- co, y apreciándolas solo por el resultado. Esto no es ex- plicar el órden moral.es destruirle; es convertir las acciones en actos puramente físicos, haciendo del órden moral una palabra vacía. Hagámoslo sentir poniendo en escena las varias doctrinas, y empezando por la del in- terés privado.
Un hombre quiere matar á su enemigo; ¿qué le di- reis para hacerle desistir de su intento criminal? Veá- moslo.
Este es un acto injusto. * ¿Porqué? ¿Qué es la injusticia? Yo r.o reconozco. mas justicia ni moralidad que lo que conviene á mis intere- ses: y ahora para mí no hay interés mas vivo, mas esti- mulante, que el de saciar mi v enganza.; Pero de esto le puede resultar á V. un grave perjuicio, cayendo en seguida bajo el rigor de las leyes, Procuraré evitarlo; además, estoy completamente se- guro. o | ¿Está V. seguro de ello? rd Sí del todo: pero suponed que no lo estyviera, ¿esto qué importa?
Entonces se expone Y.
Ciertamente; pero el peligro es lejano, y la satisfac- cion es segura: opto por la segunda ya arrostro el pri- jnMero, - Pero esto es reprensible...- No: porque segun V., mi regla es mi interés: este le debo conocer yo; lo mas que puede suceder es que vere yo en mis cálculos; cometeré un error, no un elito.
Mas la accion no dejará do ser fea; pudiérals calcular mejor. y, at A AAKÁ — A P = - ÉTICA. 393 . Que tal vez pudiera calcular mejor, lo. admito; pero niegó que un error de cálculo sea una cosa fea. ¿Hay alga mas que mi interés? ¿Sí Ó no? Si no hay mas, y yo, me-lo juego por- decirlo así, ¿dónde está la feal- En efecto, si se tratara:solo de V., pero hay de por medio la vida de un hombre y la- suerte de su familia. Cierto; pero ni esa vida, ni la suerte de toda una fa- milia son mi interés;-y supuesto. que no hay otra regla que esta, lo demás es inconducente. Con la venganza disfruto;con Ja muerte del enemigo me quito de delan- te sa objeto que me molesta: lo restante no' significa nada. A "35. Fácil seria extender la aplicacion de la doctrina del interés privado á todos los actos de la vida, mani- festando que en último análisis, es la muerte de toda moral, pues erige en única regla las pasiones y los ca- prichos. ES . 36. La doctrina del interés social ó del bien comun, adolece de inconvenientes semejantes. Ya hemos visto (33) cómo la podrian explotar todos los vici.; y delirios de los hombres: bajo la engañosa aparie..cia del desprendimiento encierra la mas deforme inmoralidad. En. nombre del bien comun se han cometido los mas horrendos crímenes, contra los que protesta la conciencia del género humano; pero si admitimos que la.mo- ralidad no tiene reglas intrínsecas, propias, indepen- dientes de sus resultados, esos «crímenes s pueden: justificar, reduciéndolos,' cuando menos, á si...ples erro- - res de cálculo. - pa Un tirano para guardarse de un-enemigo terrible, sa-. crifica centenares de persóñas jnocentes: la humanidad le execra, pero vuéstra doctrina le justifica. « Así lo exi- ge el bien comun » dirá él; no hay bien comun que jus- tifique la maldad; el fin no justifica los medios; « esto último no es exacto, respondereis vosotros: la cuestion no está en si el acto es moral ó inmoral en sí mismo, si- no en si conduce ó no.al bien comun; segun. conduzca ó no, será moral ó inmoral; pues su moralidad ó inmora- lidad depende de sus relaciones con el bien comun. Ti- rano, calcula; y si el resultado del cálculo es que la 394 FILOSOFÍA ELEMENTAL. - matanza de muchos mocentés es útil al hiena común, sacrifícalos; y si mo lo haces serás inmoral. » 37. Hé aquí las horribles consecuencias á que condu- cen las doctrinas que aprecian la moralidad por los ré- sultados. Todo se reduce á una cuestion de cálculo, que las pasiones cuidarán de resolver á su modo; y por desastres que resulten, por mas que lo que se creia fa- vorable al interés privado ó al comun le sea muy da- ñoso, no hay inmoralidad intrínseca, hay un error de cálculo, no un delito. No hay pues nada digno de ala- banza ni vituperio; no hay mérito ni demérito, 'no' hay premio ni castigo. Cuando se aplique una pena, esta no será mas que un medio represivo, semejante á los que se emplean contra los brutos: el hombre que arrostre la muita, la prision, el destierro, la muerte, por cometer un acto que las leyes reprimen, será si se quiere un ju- gador torpe ó temerario; un hombre que habrá hecho un negocio desigual; nada mas; y al verle morir en el patíbulo, no debéremos decir que satisface á la justicia, que paga su merecido, que expía sus crímenes, sino que liquida una cuenta de un negocio conducido erradamen- te, en cuyo término hay un cargo contra él, que es la pérdida de la vida. - i - 38. La razon y el sentido comun ven en lá morali- dad algo muy superior á una cuestion de cálculo; y de aquí dimana el desprecio que se acarrea el egoismo, 'la necesidad que tiene de ocultarse, y de engalanarse con velos hipócritas; de aquí el aprecio que nos inspira el desinterés de quien cumple-sus deberes sin atender á los resultados; y el que consideremos que mo hay belleza moral en un acto, cuando su autor solo se ha movido por una razon de utilidad. - '? kE Dos hombres mueren por su patria: ambos ejecutan lo: mismo; igual es el bien público que de su muerte dimana; iguabel sacrificio con que lo obtieñeñ: el uno es ambicioso, y solo se proponia conseguir un alto puesto; el otro.es un síncero amante del bien público, y muere erque cree que morir es su deber: ¿de qué parte está a moralidad? La hallamos en el segundo, que prescinde de la utilidad propia; no en el primero, en quien solo ro ÉTICA...395 vemos un calculador, que juega su vida por la probabilidád de adquirir lo que ambiciona.
Dos gobernantes que tienen en rehenes á individuos inocénies de las familias del enemigo, se abstienen du matarlas y atropellarlas, y les dan libertad.
La condueta.del uno es motivada por miras de interés público, porque cree que de este modo contribuye al triunfo de la causa, desarmando la cótera del enemigo, y adquiriendo á su gobierno un buen nombre; la del otro es efecto de la idea del deber: les da libertad por- que cree que así lo exigen la humanidad y la justrcia: ¿en cuál de los dos vemos al hombre moral? En el se- gundo, no en el primero.
La razon del bien comun no nos basta para que ha- llemos moral la accion; esta tiene. en ambos el mismo resultado, pero la diferente intencion. de sus autores le da caractéres diversos: en el uno reconocemos moralidad, en el otro habilidad.
) CAPITULO VII, Relaciones entre la moralidad y la utilidad.
39, Al distinguir entre ta utilidad y la inóralidad. rs entiendo separar estas dos Cosas,. de suerte que la una excluya áda otra: por el contrario,. las-considero Ínti- mamente unidás, ya que no en cada easo particular, al menos en. su resultado final. Lo moral es tambien útil: un individuo” que cumple fielmente cón sus deberes no solo logrará la felicidad que está resérvada á los justos despues de la muerte, sino que con mucha frecuencia será dichoso en esta vida, en cuanto es posible á la con- dicion humana. Sus-goces no serán tan vivos y variados como los del hombre inmoral, pero serán mas dulces, mas constantes: exentos de amargura, no dejarán en el alina el roedor gusano del remordimiento. Su posicion en la sociedad no será quizá tan elevada y brillante, pero tampoco le atormentará Ja idea de que sus iguales le detestan, sus inferiores le maldicen,. y sus. superiores le 306 — FILOSOFÍA ELEMENTAL.
- desprecian; tampoco estará temiendo” de continto: una caida que le precipite en la nada, y que le haga expiar das villanías y los delitos con que se levantará sobre los - demás. La dicha del hombre inmoral es ruidosa, fas- tuosa; la del hombre de bien es modesta; tránquila, se Hesliza en el silencio y oscuridad de la vida privada, como aquellos mansos arroyós que murmullan suave- mente en un valle retirado, sin mas testigos que la verde yerba que tapiza sus orillas, y:la tuz del cielo que refle- ja en su cristalina corriente. ( E [,0. Lo propio que en los individuos se verifica.en “la. sociedad. Una nacion corrompida deslumbra tal ez * con el esplendor de sus letras y bellas artes; pero bajo el manto de púrpura y de.oro, abriga. la.llaga-mortal que la conduce al sepulcro. La Roma. de los Brutos, Ca- milos, Fabios, Manlios y Escipiones, no brillaba tanto ciertamente como lx de los Tiberios, Nerones y Calí- gulas;.sin embargo, la Roma modesta marchaba á pa- sos agigantados á un grandor fabuloso, al imperio del mundo; y la Roma brillante iba á caer bajo el hierro de los bárbaros y 4'ser la irrision de las naciones. Un Esta- .d0, pór un acto de pertidia con que falta á los tratados, adquirirá tal vez una posicion importante, una ventaja del momento;"peró esto no compensa su descrédito á los ojos del mimdo, y los perjuicios que le ha de acar- rear su' reputacion de perfidia. Un gobierno que para - la administracion del Estado promueve la corrupcion y .fMimenta la venalidad, conseguirá. resultados momentá- neos, que le conducirán quizás con brevedad al fin que se propone; pero dejad pasar el tiempo; la venalidad se extenderá de tal modo, que bien pronto faltarán mc- dios para comprar á los que quieran venderse; se pre- sentarán, por decirlo así, mejores pastores en: esa su- basta de hombres; y el mismo gobierno que habia tomado por base la corrupcion, se hundirá bien pronto en el inmundo Jodazal, obra de sus manos.
1. La utilidad bien entendida, no solo. está -herma- nada con la moralidad, sino que puede tambien ser ob- jeto intentado en la accion moral, sin que esta se afee ni pierda su carácter. El honrado padre de familias que con su trabajo sustenta á sús hijos, se propone la trtill- * ÉTICA. 397 dad que gana. con el sudor de su frente; el soldado que muere por su patria se propone el bien público que de su Sacrificio resulta; la persona caritativa que socofre al pobre, intenta la utilidad del socorrido; el individuo laborioso que se desvela por aprender un arte ó una ciencia, Ó por procurarse una posicion decente, intenta su utilidad privada; en Jos medios que empleamos para conservar ó restablecer la salud, intentamos nuestra utl- lidad propia; ¿y quién dirá que semejantes acciones de- jan por esto de ser morales? ¿No seria bien extraña una moralidad que prescribiese al padre el trabajar por el sustento de su familia, sin intentar esa utilidad; al soldado el morir por su patria, sin intentar el fruto de su muerte; al misericordioso el sucorrer al pobre, sin intentar la utilidad del. infeliz; al individuo perfeccionar sus facultades ó labrar su fortuna, sin intentarlo; á todos conservar la salud, sin proponernos su conserva- cion? No se entiende de este modo el desinterés moral; se entiende sí, que la razon constitutiva de la morahi- dad, no es la utilidad; se afirma que la una no es la otra, pero no que estén reñidas; por el contrario, se hallan íntimamente enlazadas. La utilidad no constituye la mo-- ralidad; pero muchas veces es una condicion necesaria para ella: ¿cómo se concibe un conjunto de relaciones morales en un hombre cuyas accfones no sean útiles á nadie? La beneficencia, uno de las mas bellos florones de la cerona de las virtudes, ¿en qué se convierte, sino se dirige á la utilidad de los demás? El heroismo con que el hombre se sacrifica por el bien de sus semejantes; ¿á qué se reduce si se le separa de este bien, de esa útilidad para los otros? El hombre puede y debe inten” tar los resultados que corresponden á cada accion mo- ral; sin esta intencion sucederia muchas veces que sus obras carecerian de objeto, y que la moralidad seria una cosa vana, Ó una contradicción.
42. La combinacion de la utilidad con la moralidad nes la indica nuestro deseo innato de ser felices. Respe- tamos, amamos la belleza moral; este es un impulso de la naturaleza; pero tambien esa misma naturaleza nos inspira un irresistible deseo de la felicidad: el hom- bre no. puede desear ser infeliz; los mismos males que 23 :398 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
se acarrea, los dirige á procurarse bienes, ó á hbertat- se de otros males mayores: es decir, á disminuir su in- felicidad. Asi, la moral no está reñida con la dicha; aun cuando la razon no nos lo enseñara, nos lo indicaria la naturaleza que nos inspira á un mismo tiempo el amor de la felicidad y el de la moral.: 48. ¡Cosa singular es la moralidad! su belleza Ja ve- mos, la sentimos en unas acciones, y nos atrae y Cau- tiva; la fealdad de lo inmoral la vemos, la sentimos, nos - repugna, nos repele, nos inspira aversion; el órden mo- ral se liga con el provecho y el daño; pero na es ni el daño ni el provecho; se dirige á los resultados, pero es independiente de ellos: se consuma en la conciencia con el acto libre de la voluntad, y allí merece su alabanza Ó vituperio, sean cuales fueren los efectos imprevistos que cause en lo exterior. Tan íntima es la relacion de la moral con el bicn del individuo, de la sociedad y del linage humano, que á primera vista parece confundirse con esos bienes: donde se halla una utilidad individual ó general, allí hay ciertas ideas morales que moderan, ' que dirigen; y al propio tiempo es tal su independencia con respecto á esas mismas cosas, con las cuales está ligaja; conserva de tal modo inalterable su carácter en medio de la variedad de los objetos, que parece no te- ner ninguna relacion con ellos, y ser una especie de divinidad, á la que no afectan las vicisitudes del mundo.
-4b. Hagámoslo sentir con ejemplos. Hay un hombre que viendo en peligro á su patria resuelve dar su vida para salvarla: no se propone ni hacer fortuna en caso de sobrevivir al riesgo, ni mejorar la suerte de su fami- Jia, ni siquiera adquirir celebridad: él solo tiene noticia del peligro de su patria, y no le es posible cumunicar la noticia á nadie: solo, sin mas testigo que Dios y su con- ciencia, sin mas desco que el bien de sus compatricios, marcha al peligro y muere: esto es lo sublime moral; no sabemos cómo expresar el interés, la admiracion, el entusiasmo que nos inspira tan heróico desprendi- iniento, un amor tan puro de la patria, un corazon tan grande, una voluntad tan firme. Muere, pero ¡ay! ¡ha sido víctima de un engaño que no ha podido prever ni sospechar! Su. muerte, lejos de salvar la patria, la ha ÉTICA. 360 ÉTICA. 360 perdido para siempre..El resultado es desastroso, ¿Se disminuye la moralidad y el heroismo de la accion? no; ha producido una catástrofe, es verdad; pero « él no lo podia prever, diremos; el mérito es el mismo; » y ¿por- qué? porque la raiz de este mérito estaba en la volun- tad, en la conciencia; procedia del amor puro de su pa- tria, en cuyas aras se inmolaba, sin mas testigos que Dios y su conciencia, y guiado por la idea del bien, por la prescripcion del deber, por el amor de la virtud. 1 heroismo no deja de serlo por haber sido desgracia- do; sobre la tumba de la patria deberia levantarse la estatua del héroe. ) Hágase la contraprueba. Un hombre vil ocupa una posicion importante de cuya conservacion depende Ja suerte de su patria. El enemigo le ofrece una cantidad, y se presta á venderla, conociendo todo el daño que re- sulta de su accion infame. Entretanto, el gobierno á quien sirve, deseoso de asegurarse la fidelidad del tral- dor, le promete un premio mayor que la cantidad de la venta; el infame calcula, y conociendo que le es mas ventajoso el permanecer fiel, conserva la posicion, la defiende con obstinacion invencible, y salva á su patria. El resultado es feliz; pero ¿qué os parece del hombre? Su accion “es felicísima, pero no moral; por el contra» r.0, es negra como sus bajos cálculos; todo el brillo de los resultadus no es capaz de ennoblecerla: el triunfo que á ella es debido se liga con el recuerdo de una sór- - dida expeculacion; la patria fué salvada porque fué el mejor postor: en la conciencia venal; en los trofeos de la victoria desearíamos ver escrita con caractéres inde- lebles la infamia del vencedor.
CAPITULO VIII No se explica bastante la moralidad con decir que la moral es lo conforme á la razon, hi5. La razon nos prescribe la moral: ¿consistirá la e 1100 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
moralidad en la conformided con- la razon? Analicé- moslo.
16. ¿Qué se entiende aquí por conformidad á la ra- zon? Y ante todo, ¿qué significa la palabra razon? Sue- le tomarse en varias acepciones; á veces expresa la fa- cultad de pensar, ó el entendimiento, en cuyo sentido se dice que el bruto carece de razon, y que el demente ha perdido el uso de la razon; á veces significa el con- junto de las verdades fundamentales, que son como las leyes de nuestro entendimiento: y así decimos que tal 6 cual cosa es contraria á la razon, y que lo absurdo es contra la razon, porque se halla en contradicción con estas verdades. Por fin, la razon se toma frecuentemen- te por la equidad y justicia moral. « Pretende eso y tie- ne razon, es lo justo; se resiste á desposeerse de tal propiedad y no tiene razon, porque no le pertenece; exige en el contrato condiciones razonables; » en estos y otros casos, razon se toma por equidad ó justicia. Ninguna de estas acepciones basta para que diciendo: conforme á razon, resulte explicado el carácter constitu- tivo de la moralidad. | ( 17. Ser conforme á razon, significando por esta pa- labra la facultad de entender, es no decir nada. Una fa- cultad incluye actividad, pero esta puede ejercerse de mil maneras; ser conforme á una actividad, es ser pro- porcionado á ella, ó ser una condicion que la desenvuel- va; pero en todo eso nada encontramos que nos dé ideas morales, E | 18. Decir que la moralidad es la conformidad á la razon, esto es, al conjuntt de verdades que ella conoce, es Óó no decir:nada, ó caer en un círculo vicioso. Porque en este conjunto de verdades entran las morales ó no: si entran, la proposicion significa que la moralidad con- siste en la conformidad á las verdades morales, lo que es explicar la eosa por sí misma, y por tanto no aclarar nada; si no entran, entonces observaremos que la con- formidad á la razon será conformidad con lo conocido; y como este conocimiento puede referirse á mil ohjetos, y aplicarse de infinitas maneras, nos quedamos sin nin- guna regla moral, y el hombre podrá cometer las accio- nes que quiera en conformidad con sus conocimigntos.
ÉTICA. 1041 ÉTICA. 1041 Verdad hay en los cálculos del traidor; verdad en los insidiosos preparativos del asesino; verdad en las inven- ciones del sensual para prolongar, variar y avivar sus placeres; verdad en las especulaciones del codicioso; verdad en los planes del ambicioso turbulento; verdad en los designios del orgullo que todo lo sacrifica en sus aras; en tales casos hay verdades de hecho, conocidas, calculadas; verdad en las relaciones del medio con el fin; ¿diremos sin embargo que hay moralidad? Claro es que no: luego el conocimiento por sí solo no es regla de moral; -el conocimiento es una arma de que podemos hacer bueno y mal uso; necesitamos, pues, un principio que le dirija, y que le dé ese carácter que en sí propio no tiene.
(19. Si por Ja palabra razon se entiende justicia, equi- dad ú otra idea moral, caemos en el mismo defecto arriba censurado": se explica la cosa por sí misma, y así no se adelanta nada.
CAPITULO IX.
Nada se explica con decir que la moral es un hecho absoluto de la haturaleza humana.
50. Las ideas morales están en nuestro espíritu; en la razon que las conoce, en la voluntad que las ama, en el corazon que las siente: ¿podríamos decir que la moralidad es un hecho primitivo del alma, y que su va- lor intrínseco depende de nuestra propia naturaleza ra- cional?
51. La naturaleza humana, en general, es un ser abs- tracto, en el que no puede fundarse una cosa tan real é inalterable como es la moralidad; tomada individual- mente no es otra cosa que el hombre mismo; y en este tampoco se puede hallar el orígen de la moral. El indi- viduo humano es un ser contingente, el órden moral es necesario; antes que nosotros existiéramos, el órden moral existia; y este continuaria aunque nosotros fué- 409 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
ramos aniquilados; en ningun individuo humano se ha- lla el orígen de una cosa necesaria, luego tampoco puede “hallarse en su conjunto. Nosotros concebimos las ideas.
morales independientes, no solo de este ó aquel indivi- duo, sino de toda la humanidad: aunque no existiese hombre alguno habria órden moral, con tal que hubiese criaturas racionales. El hombre es uno de los seres que por su racionalidad son susceptibles del órden moral, pero no el orígen de este órden.
52. Los que miran la moralidad como un hecho abx+ solúto del espíritu humano, sin ligarla con la existencia de un ser superior, no explican nada; no hacen mas que consignar el hecho'de las ideas y sentimientos morales, para lo cual no necesitamos ciertamente de investiga- - cion filosófica: son cosas que todos “llevamos en el en- tendimiento y en el corazon; para cerciorarnos de ellas bástanos el testimonio de la conciencia.
CAPÍTULO X.
Origen absoluto del órden moral, r 53. Precisados á salir del hombre para buscar el orl-: gen del órden moral, y siendo:claro que hemos de en- contrar la misma insuficiencia en las demás criaturas, es necesario que le busquemos en la fuente de todo ser, de toda verdad y de todo bien: Dios. | Lo que se ha dicho (V. Ideología, cap. xt) sobre el fundamento de la posibilidad, y de las verdades ideales necesarias, tiene aplicacion aquí. Los principios morales son tambien necesarios, inmutables; y así no pueden fundarse en un ser contingente y mudable. Luego su orígen está en Dios.
54. Pero queda todavía la dificultad sobre el sentido de la doctrina que pone en Dios el orígen de.las verda- des morales. ¿Se entiende que dependan de su libre vo- luntad? No. Porque de esto se seguiriá que lo bueno seria bueno y lo málo malo, solamente porque Dios lo habria