126. La relacion de los sentidos á la satisfaccion de las necesidades animales y vitales, presenta un nuevo -aspecto de que nacen outros deberes. Pero si bien se reflexiona, este aspecto se halla íntimamente ligado con el anterior; porque si el entendimiento conoce la verdad, conocerá tambien el verdadero destino de los sentidos, y por tanto el uso que de ellos se ha de ha- cer.
127. La naturaleza misma nos está enseñando que debemos conservar la vida y la salud; á mas del deseo ú % ÉTICA, 191 que á ello nos impele, los dolores sensibles nos avisan cuando la vida corre peligro ó la salud se perturba. Así pues, será.legítimo el uso de los sentidos, cuando se ordena á la conservacion de la salud y de la vida; y será ¡legítimo cuando contraría estos fines. Tambien aquí se hermana la moralidad con la utilidad: las reglas de hi- giene son tambien reglas de moral.
La templanza y la sobriedad son virtudes, porque nos prescriben la debida mesura en la comida y debida; la gula y la embriaguez son vicios, porque nos llevan á un exceso contrario á la razon. Los resultados de la templanza y de la sobriedad son la conservacion de la vida y de la salud, el bienestar suave y general que éxperimentamos cuando nuestra organizacion se halla en el correspondiente equilibrio; Ja gula y la embria- guez producen indigestiones, vértigos, dolores atroces, gastan las fuerzas y acaban por conducir al sepulcro, 128. ¡Cosa admirable! El hombre al excederse en lo sensible es castigado tambien en lo intelectual: una co- * mida excesiva produce el embotamiento de las faculta- des intelectuales, por la pesadez y la somnolencia; la embriaguez perturba la razon; el ébrio no ha procedido como hombre; pues bien, por la embriaguez deja de ser hombre, y se convierte en un objeto de lástima ó de risa.
129. Hé aquí las reglas morales en este punto, redu- cidas á un principio bien sencillo; la medida del uso de los sentidos en sus relaciónes con las necesidades del cuerpo, es la conservacion de la vida y de la salud; la higiene, extendiéndose no soto á los alimentos, sino á cuanto tiene relacion con la salud y la vida. Esta es una excelente piedra de toque para conocer la moralidad de las acciones relativas á las necesidades ó deseos sen- sibles. 2 Y Aclarémoslo con ejemplos. La pereza es un vicio á los ojos de la sana moral: la ociosidad 'está sembrada de peligros: en ella se debilitan las facultades intelec— tuales y se corrompe el corazon; pues bien, la higiene está acorde con [AS prescripciones morales: la ociosidad es dañosa á la salud; el ejercicio, así el intelectual como cl “orporal, es muy saludable; para aliviar Jas enferme- 2% 1199 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
dades sirven en gran manera la ocupacion moderada del cuerpo y del espíritu. Mirad al perezoso que tendi- do sobre un sofá no tiene valor para levantar la cabeza ni la.mano; el tedio se apodera de su corazon, para ha- cer bien pronto lugar á la tristeza, á a manía, y otros extravíos. Su entendimiento, divagando á merced de todas las impresiones, sin sentir la accion de una vo- luntad fuerte que. le sujete á un punto, se acostumbra á no fijarse en nada, se debilita, y vive en uná especie de somnolencia. El cuerpo en continua inaccion languide- ce; las digestiones se hacen mal, la circulacion se re- tarda.y desordena; el sueño, como no cae sobre un cuer- po fatigado y menesteroso de descanso, huye de los ojos Ó es interrumpido con frecuencia; el perezoso buscaba el bienestar en la inaccion completa, y solo halla los males consiguientes al enflaquecimiento del espíritu, y á las enfermedades del cuerpo.
Comparad con estos resultados los de la virtud con- traria. La costumbre del trabajo inspira aficion hácia él: el laborioso goza cuando trabaja; padece cuando se le condena á la inaccion. El fruto de su laboriosidad, in- telectual, moral ó física, le recompensa con una satis- faccion placentera: cuando despues de largas horas contempla el resultado de su actividad, “se consuela fá- cilmente de las pequeñas molestias que ha sufrido, y las tiene por muy bien empleadas, Al llegar la hora de la distraccion, disfruta porque la necesita; su sensibilidad no está embotada por el placer, y este, por ligero que Isea, se multiplica, se aviva, porque es una lluvia que cae sobre tierra sedienta. El tedio, la tristeza, las ma- nías, los aciagos presentimientos, no se albergan en su alma porque no saben por donde entrar: como hay ocu- pacion permanente, no queda tiempo para complacer á esas visitas importunas y dañosas. El ejercicio de las facultades tiene en continuo movimiento la organiza- cion; y las alternativas de trabajo y descanso, le dan aquel punto que necesita para desempeñar sus funcio- nes Ordenadamente, lo que constituye la salud y pro- longa la vida. Por fin, el sueño, cayendo sobre una or- ganizacion fatigada, es tomado con placer; y reparando las fuerzas comunica _la_aclividad que se despliega de ÉTICA. 193, nuevo, cuándo el astro del dia alumbrando el mundo, viene á avisarnos de que sonó la hora del trabajo.
130. ¿Y qué diremos de la armonía de la higiene y de la moral, en lo tocante á los placeres sensuales, con- trarios á la naturaleza? La severidad de la moral en este -punto se halla justificada por la mas sabia prevision. He aquí cómo se expresa Huffeland en su Macrobiótica, Ó Arte de prolongar la vida: « Es horrendo el sello que la naturaleza graba en el que la ultraja de este modo: es una rosa marchita, un árbol secado en el tiempo de. su mayor lozanía, un cadáver ambulante. Este vicio afren- toso ahoga todo principio vital, agota todas las fuentes del vigor,-y no deja tras sí mas que debilidad, inercia, palidez, decadencia de cuerpo y abatimiento de espíri- tu. El ojo pierde su brillo y se hunde en su órbita, las facciones se alargan, desaparece el aire juvenil, y el semblante se cubre de manchas amoratadas. La mas leve impresion afecta desagradablemente toda la econo-: mía animal. Falta el vigor muscular; el sueño es poco reparador; el menor movimiento causa fatiga; las pier- nas no pueden soportar el peso del cuerpo; pónense trémulas las manos, se sufren dolores en todos los miem- bros, se embotan los sentido3, y el genio se vuelve tétrico y melancólico. Los desgraciados que se entregan á este vicio hablan poco, parece que lo hacen con dis- gusto, y nada les queda de la viveza que los caracteri- zara en otros tiempos. Los jóvenes de talento se hacen hombres comunes y aun mentecatos. El alma pierde el gusto de los pensamientos elevados, y la imaginacion está completamente depravada...PR A Toda su vida no es mas que una serie de cargos que se hacen á sí mismos, y de penosos sentimientos cau- sados por la debilidad de que no saben triunfar. Siem- pre irresolutos, experimentan un tedio continuo de la vida que los conduce con frecuencia al suicidio, crimen á que nadie está mas sujeto que los que se entregan á los goces solitari0S.. ¿.. o...o...- Por otra parte las facultades digestivas se desorde- nan; se está continuamente atormentado de incomodi- .
1424 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
dades y males de estómago; se vicia la sangre; el pecho se llena de mucosidades, la piel se cubre de granos y úlceras; y sobrevienen finalmente la epilepsia, la con- suncion, la calentura ética, frecuentes desmayos y una muerte temprana. » Al oir ese impunente testimonio de ' la ciencia sobre los funestos resultados de la inmorali- dad, causan lástima é indignacion los que no alcanzan á comprender porqué la Religion cristiana se muestra tan severa en todo cuanto puede corromper el corazon de la juventud. Aquí como en todas las cosas, manifies- ta el cristianismo su profundo conocimiento de las leyes de la naturaleza, y de los secretos del corazon y de la vida. « La naturaleza, dice el mismo Huffeland, no cas- tiga ninguna accion con tanto rigor como las que di- rectamente la ofenden. Si hay pecados mortales, son sin duda los que se cometen contra la naturaleza. » (Macro- biótica, 22 p., Sec. 1, Cap. 11.)
SECCION V. El suicidio, 131. Al tratar de las obligaciones del hombre para consigo, ocurre la cuestion del suicidio. Es de notar que la inmoralidad de este acto no puede fundarse úni- camente en las relaciones del individuo con la familia ó la sociedad: de otro modo se seguiria que el que estu- viese falto-de ellas podria atentar contra su vida.
132. La razon fundamental de la inmoralidad del sui- cidio está en que el hombre perturba el órden natural, destruyendo una cosa sobre la cual no tiene dominio. Somos usufructuarios de la vida, no propietarios; se nos ha concedido el comer de los frutos del árbol, y con el suicidio nos tomamos la libertad de cortarle..
¿En qué puede apoyarse el hombre para llamarse propietario de la vida? ¿Se la ha dado €l á sí propio? ¿Se le consultó acaso para. traerle á ella? ¿Dónde esta- ba antes de vivir? No era; y se halló existiendo, no por su voluntad, sino por la del Criador, con arreglo á las leyes de la naturaleza. Si él no se la ha dado, ¿cómo pretenderá ser su dueño exclusivo, de suerte que la pue- ÉTICA. 425 da destruir cuando bien le parezca? Tudo le está indi- cando que el vivir no depende de su' libre albedrío; á mas de haber pasado de la nada al ser, experimenta que la mayor parte de las funciones de la vida se hacen independientemente de su voluntad:.la respiracion, la circulacion de la sangre, ta digestion, la nutricion, y en general todas las: funciones vitales, se ejercen sin que piense en ellas; solo cuando es necesario tomar alimen- to para reparar las fuerzas, la voluntad interviene, pues la naturaleza ha querido dejar al ser viviente dotado de espontaneidad, alguna accion sobre los medios de con- servar la vida; pero tan 'pronto como esto se cumple, la organizacion continúa sus funciones, en los procedimien tos de la nutricion y en todas sus consecuencias, sin que pueda impedirlo el imperio de la voluntad.
133. El deseo de la conservacion de la vida, y el hor- ror á la muerte, es un indicio de que no están en nuestra mano. Los brutos animales, como obedecen ciegamente al instinto de la naturaleza, no se suicidan nunca; solo el hombre en fuerza de su libertad puede perturbar de una manera tan monstruosa el órden natural.
134. El suicida ó ha de negar la inmortalidad del alma, ó comete la mayor de las locuras. Si se atiene á lo primero, afirmando que despues de esta vida no hay nada, el suicidio no se excusa, pero se comprende; y por desgracia se nota que donde Cunde la incredulidad, allí cunde tambien esta manía criminal. Pero si el sui- cida conserva, no diré la seguridad, pero siquiera la mas leve duda sobre la existencia de la otra vida, ¿có- mo se explica tamaña temeridad? ¿Quién le ha hecho árbitro de su destino futuro de tal modo que pueda adquirirlo cuando bien le parezca? Al presentarse de- lante de su Criador, en el mundo de la eternidad, ¿qué podrá responder, si se le dice: « ¿quién te ha llamado aquí? ¿quién te ha dicho que estaba terminada tu carre- ra sobre la tierra? ¿porqué la has abreviado por tu sola voluntad? El que debia sacarte de la tierra, ¿no es acaso el mismo que te puso en ella? La razon, el instinto de la naturaleza ¿no te estaban diciendo que el atentar contra tu vida era un acto contrario á la ley quese te habia im- puesto?» ¿Quién te autoriza para iral otro mundo á bus- NY de 4126 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
car otro destino? ¿ No seria justo, justísimo, que en vez de Ja felicidad encontrases la desdicha? He aquí, pues, cómo el suicidio siempre inexcusable, no puede ni siquiera comprenderse sino como una temeridad insensata, en quien abrigue alguna duda sobre si hay algo despues de la muerte; y así es muy natural lo que enseña la expe- riencia, de que se encuentran tan pocos suicidas cuando se conservan las ideas religivsas. Este es un buen baró- metro para juzgar de la religiosidad de los pueblos: si son muchos los individuos que atentan contra su vida, señal es que se han enflaquecido las creencias sobre la inmortalidad del alma.
SECCION VI. La mutilacion y olros daños.
435. Así como el deber de conservar la vida implica la prohibicion del suicidio; el de conservar la salud in- cluye la prohibicion de mutilarse, de disminuir en cual- quier sentido la integridad del cuerpo, Ó de causarse enfermedades. Í 136. No se quiere decir con esto que el hombre por motivos superivres no pueda mortiflicarse á sí propio; pues que la sujecion del cuerpo al espíritu, y el servi- cio que le debe, exige que cuando para la perfeccion del espíritu se haya de sacrificar'el bien estar del cuerpo no se repare en el sacrificio. Esto puede acontecer por via de preservativo ó de expiacion; de preservativo, si por ejemplo, absteniéndose de ciertos. alimentos ó de otros recreos lícitos, se logra que el espíritu cunserve la paz y la buena moral; de expiacion, porque nada mas racional, y así lo confirman las costumbres del linaje. humano, que el ofrecer á Dios en expiacion de las faltas, la mortificacion voluntaria de quien las ha cometido. Pero nada de esto puede llegar ni á mutilaciones, ni á detri- mentos graves en la salud; á todo debe presidir la pru- dencia, que es la guia, el complemento y el csmalle de las otras virtudes, ETICA. 1127 SECCION VII.
Resúmen.
137. Kesumiendo los deberes del hombre para con- sigo, diremos que debe amar á Dios, y amar á sí mismo; que debe la verdad á su entendimiento y el bien á su ' voluntad; que debe á todas sus tacultades la corres- pondiente armonía, para que no sirvan como esclavas las que deben mandar como señoras; que el uso de las sensibles en cuanto se refieren á informarle de los obje- tos, debe ser cual conviene para que no le induzcan á error; y en sus relaciones con el cuerpo deben emplearse del modo conducente para la conservacion de la vida y . de la salud; que por consiguiente no puede en ningun caso atentar contra su propia existencia; que aun los daños que se cause nunca pueden llegar hasta el punto de producir enfermedades graves, y deben tenér siem- pre un fin contorme á la razon; en una palabra, el pre- cepto fundamental del amor de sí mismo, debe practi- carle con el desarrollo de sus facultades en un sentido de perfeccion, y con arreglo al tin á que Dios le ha desti- nado. nos 138. No hablo por separado de los deberes de la voluntad, porque todos le pertenecen: siendo la voluñ- tad una eondicion necesaria para la moralidad, nada es bueno ni malo si no es voluntario.
- CAPITULO XVI El hombre está destinado á vivir en sociedad.
139. Hemos explicado los deberes del hombre con- siderado como si estuviese solo en el mundo, sin un ser semejante con el cual pudiera tener relaciones; pero esta es una hipótesis que únicamente tuvo lugar en los breves momentos que trascurrieron desde la creacion de Adan hasta la de Eva su mujer. Siempre y en todas 428 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
partes se ha encontrado el hombre en relacion con sus semejantes; pues no merecen atencion las raras excep- ciones de esta regla ofrecidas por la historia de largos siglos. Los que han vivido sin comunicacion con sus semejantes, han sufrido este infortuniv por algun acci- dente: unos desplegada ya su razon, como los náufra- gos arrojados á una isla desierta; otros antes del uso de razon, ya sea que abandonados por sus padres en la niñez debieran á una casualidad feliz el no perecer, 6 bien porque se haya querido hacer en ellos una prueba, como en los niños de Egipto y del Mogol. (V. /deolugía, capítulo xvi.) El aislamiento que sobreviene desplegada ya la razon, es un accidente rarisimo en los fastos de la historia; el otro, á mas de ser muy raro tambien, no cae bajo la jurisdiccion de la ciencia moral, porque los individuos que se hallan en tal caso se muestran tan estúpidos, que se duda con harto fundamento si tienen ideas morales. (/bíd.) Sin embargo, no será inútil el ha- ber considerado al hombre en un aislamiento hipotético; porque esto nos ha enseñado á conocer mejor que hay en el órden moral algo absoluto, necesario, independien- te de las relaciones de la familia y de la sociedad: mos- trándonos la ley moral presidiendo á. los destinos de toda criatura inteligente y libre, por el mero hecho de su existencia. Las relaciones en que vamos á considerar al hombre, nos llevarán al conocimiento de una nueva serie de obligaciones morales; y al propio tiempo servirán á completar la idea de las que acabamos de encon- trar en el individuo aislado.
140. Las leyes que rigen en la generacion, creci- miento y perfeccion del hombre físico, son un argumen- to irrecusable de que no puede estar solo; y las que presiden al desarrollo de sus facultades intelectuales y morales confirman la misma verdad. Al nacimiento pre- cede la sociedad entre el marido y la mujer, y sigue la sociedad del hijo con la madre. Sin estas condiciones, Óó no existe el hombre, ó mucre á poco de haber visto la luz. La debilidad del recien narido indica la necesidad de amparo, y el largo tiempo que su debilidad se pro= longa manifiesta que este amparo ha de ser constante. Dejadle solo cuando acaba de nacer y vivirá pocas horas: ETICA. 190 abandonadle en un bosque aun cuando cuente ya algu- nos años, y perecerá sin remedio. La necesidad de la comunicacion con sus semejantes, la manifiestan con na menor claridad las condiciones de su des+rrollo intelec- tual y moral; el individuo solitario vive en la estupidez mas completa: Óó no tiene ideas intelectuales y morales, Óó son tan imperfectas que no se dejan conocer. (Véase Ideología, cap. XVI.) De esto debemos inferir que el' hombre no está destinado á vivir solo, sino en comuni- cación con sus semejantes: de lo contrario será preciso admitir el despropósito de que la naturaleza Je forma para morir luego de nacido, ó para vivir en la estupidez de los brutos si su vida se conservase por algun acci- “dente feliz.
RA AA ' CAPITULO XVII Deberes y derechos de la sociedad doméstica, ó sea de la familia.
1141. La reunion de los hombres forma las socieda- des, las que son de diferentes especies, segun los vín- culos que las constituyen. La primera, la mas natural, la indispensable para la conservacion del género huma- no, es la de familia. Su objeto nos ha de enseñar las relaciones morales que de ella dimanan. ' 412. La especie humana pereceria si los padres no cuidasen de sus hijos, alimentándolos, librándolos de la intemperie, y preservándolos de tantas causas como les acarrearian la muerte. Esta obligacion se refiere en primer lugar á la madre; por esto la naturaleza le da lo necesario para alimentar al recien nacido, y pone en su corazon un inagotable raudal de amor, de solicitud y de ternura.
443. La debilidad de la mujer, la imposibilidad de procurarse por sí sola la subsistencia para sí y para su familia, están reclamaudo el auxilio del padre, sobre quien pesa tambien la obligacion de conservar la vida de los individuos á quienes la ha dado.
> £,30 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
464. Los discursos de la razon están de mas cuando se halla de por medio la intrínseca necesidad de las co- sas, y habla tan alto la naturaleza: estos deberes son tan claros que no hay necesidad de esforzar los argu- mentos que los prueban: escritos se hallan con caracté- res indelebles en el corazon de los padres; el indecible amor que profesan á sus hijos es una elocuente procla- macion de la ley natural.
415. Claro es que la conservacion del humano lina- je no se refiere únicamente á la vida física, sino que abraza tambien la intelectual y moral: el Autor de la naturaleza ha querido que se perpetuase la especie hu- mana, pero' no como una raza de brutos, sino como criaturas racionales. La razon no se despliega sin la co- municacion intelectual; y así es que al encomendarse á los padres el cuidado de conservar y perfeccionar á los hijos en lo físico, se les ha encomendado tambien el de- sarrollo y perfeccion en el órden intelectual y moral. Hé aquí, pues, cómo la misma naturaleza nos está indicando que los padres tienen obligacion de educar á sus hijos, lormarido su entendimiento y corazon cual conviene á criaturas racionales. | 116. Este cuidado debe extenderse á largo tiempo; amas todavía que el relativo á lo físico; porqué la expe- riencia enseña que el niño llega lentamente al conoci- miento de las verdades de que necesita; y sobre todo, sus inclinaciones sensibles se depravan con facilidad, y ahogando la semilla de las ideas morales, no las dejan prevalecer en la conducta.
. 1147. -El comun de los hombres solo vive lo necesa- rio para cuidar de la educacion de sus hijos: muchos son los padres que. mueren antes de que estos alcancen la edad adulta; y casi todos descienden al sepulcro sin haber podido cuidar de los menores. Esta verdad se ma- nifiesta en las tablas de la duracion de lavida, y sin necesidad de cálculos nos lo está mostrando la experien- cia comun. Cuando los padres tienen de cincuenta á se- senta años, sus hijos mayores no pasan de veinte á trein- ta; y á estos siguen otros que Mo son todavía capaces de proveer á su subsistencia, y menos aun de dirigirse bien entre los escollos del mundo. Este hecho es de la ÉTICA. 1341 mayor importancia para manifestar la necesidad de que los vínculos del matrimonio séan durables por toda la vida, cuidando unidos el marido y la mujer, de los hijos que la Providencia les ha encomendado. Sin esta per- manencia en la union, muchos hijos se verian abando- nados antes de tiempo, y se perturbaria el órden de la familia y de la sociedad. El corto plazo de vida conce- dido al hombre, le está indicando que en vez de divagar á merced de sus pasiones formando nuevos lazos, y dan- do simultáneo orígen á distintas familias, se apresure á euidar de la que tiene, porque'se acerca á pasos rápidos el momento de bajar al sepulcro.
148. Ninguna sociedad, por pequeña que sea, puede conservarse ordenada sin una autoridad que la rija; don- de hay reunion es preciso que haya una ley de unidad:, de lo contrario es inevitable el desórden. Las fuerzas in- dividuales entregadas á sí solas sin esta ley de unidad, ó producen dispersion, ó acarrean choque y anarquía, De esta regla no se exceptúa la sociedad doméstica; y como la autoridad no puede residir en los hijos, ha de estar en los padres. Así, la autoridad paterna está fundada en A misma naturaleza, anteriormente á toda sociedad civil.
149. Los límites de esta autoridad se hallan fijados por el objeto de la misma: debe tener todo lo necesario para que la sociedad de la-familia pueda alcanzar su fin, que es la crianza y educacion de los hijos, de tal modo que se perpetúe el linaje humano con el debido desar- ES y perfeccion de las facultades intelectuales y mora- es.
150. Antes de la sociedad con los hijos hay la de ma- rido y mujer; y entre estos ba de haber autoridad para que haya órden. La debilidad de Ja mujer, las necesi- dades de su sexo, sus inclinaciones naturales, el predo- minjo que en ella tiene el sentimiento sobre la reflexion, la misma clase de medios que la naturaleza Je ha dado para adquirir ascendiente, todo está indicando que no ha nacido para mandar al varon, á quien la naturaleza ha hecho reflexivo, de corazon menos sensible,-sin los medios y las artes de seducir, pero con el aire y la fuer- za de mando. La autoridad de la familia se halla pues en 132 FILOSOFÍA ELEMENTAL. el varon; la de la madre viene en su auxilio y la reem- .
plaza cuando falta. - 151. El derecho de mandar es correlativo de la obli- gacion de obediencia; así pues, los deberes de la mujer con el marido y de los hijos con los padres, están limi- tados por el derecho de sus respectivos superiores (77, 78, 79). La mujer debe á sa marido, y los hijos á los padres, sumision y obediencia en todo lo concerniente al buen órden doméstico. Cuáles sean las aplicaciones de estos deberes, lo indican las circunstancias; y no puede establecerse una regla general que fije con toda exacti- tud la linea hasta donde llegan, y de la que no pasan. En la instabilidad de las cosas humanas es inevitable el que haya muchos casos que parezcan pedir la ampliacion Ó la restriccion de la autoridad doméstica; y el buen ór- den de las familias y de los estados ha exigido que los le- gisladores establecieran reglas para determinar algunas de las relaciones domésticas. De aquí es el que la autori- dad conyugal y la potestad patria tengan diferente exten- sion en los varios tiempos y paises: cuyas diferencias no pertenecen á este lugar, y son objeto de la jurispru- dencia.
- 152. En la infancia de las sociedades, cuando las fa- milias no estaban unidas con vínculos bastantes para constituir verdaderos estados políticos, la potestad pa- tria debia ser naturalmente muy fuerte: siendo ej único elemento de órden privado y público, debia tener todo lo necesario para llenar su objeto. Pero á medida que la organizacion social fué progresando, la potestad patria, si bien entró como un elemento de órden, no fué el úni- co; y así es que sus facultades se restringieron pasando algunas de ellas.al poder social. En este punto ha habido variedad en la legislacion.de los pueblos, viéndose so- ciedades bastante adelantadas, donde todavía se conser- vaba á la potestad patria el derecho de vida y:muerte; pero en general se puede asegurar que la tendencia ha sido de restriccion, encaminándose á dejarle únicamen- te lo indispensable para la crianza y educacion de los hijos y el buen órden en la administracion de los asun- tos domésticos.
153. Los innumerables beneficios que los hijos deben ÉTICA...433 á sus padres, producen la obligacion de la gratitud; y asi como el padre cuida de la infancia y adolescencia del hijo, así el hijo debe cuidar de la vejez de su padre. La piedad filial es un deber ságrado: las ofensas á los padres son contra la naturaleza; y así es que el parrici- dío se ha mirado coa tanto horror en todos los pueblos, castigándole unos con suplicios espantosos, y no seña - lándoje otros ninguna pena; purque las leyes le conside- raban imposible...O 154.. La naturaleza no comunica abamor filialla vive- za, prolundidad, ternura y constancia que distinguen al paterno. y materno: en lo eual se manifiesta la sabiduría del Criador, que ha dado un impulso mas irresistible, á proporcion de.que se dirigía á un objeto mas necesario. Los padres viven y el mundo se conserva, á pesar del - cruel compurtamiento de algunos hijos, y de la ingrati- tud é indiferencia de muchos; pero el mundo se acaba- ria- pronto, si este olvido de los debgres fuese posible en las padres. Un anciann.desvalido molesta á los hijos que. le asisten; pgro la negligencia de estos solo puede abre-- viarle un poco la vida; más si el: desvalimiento de.los hijos molestase á los padres, y estos se 'olvidasen de Cui- dar.de ellos, y.no fueran capaces de'los mayores sacri- ficios, el niño perecéria cuandó apenas empezara á vivir. 155. A pesar de esta diferencia de sentimientos, la obligacion moral de los hijos para con los padres es gra- ve, gravísima;-el amor, la obediencia, el respeto, la veneración, el auxilio en las necesidades, la tolerancia de sus molestias, el compasivo disimulo de sus faltas, la paciencia en las enfermedades y flaquezas de la vejez, son deberes prescritos por la piedad filial; quien los ol- -vida y quebranta, ofende á.la-naturaleza, y en ella á su Dios su Autor. ' Aa EN | ecos í CAPITULO XVH2 * Origen del poder público. - e . 156, La sociedad doméstica no basta 'para el género 43h FILOSOFÍA ELEMENTAL. humano ¿ ñorque limitada 4 la crianza y. educacion dé los hijos, ho se extiende á las relaciones ¡generales esta= hlecidas por motivos de necesidad y utilidad. Sin la au- toridad paterna, no. seria posible la conservacion del órden entre los individuos de una misma familia; sin la autoridad política, no fuera posible conservar el órden entre las Fiterentos familias: estas serian á manera de individuos que luchariah entre sí continuamente, pues que para terminar sus desavenencias, no tendrian otra medio que la fuerza...=.- E e .* 457. Supueste que Dios ha hecho al hombre para vi» vir en sociedad:, ha querido. todo lo necesario para que esta fuera posible; por donde: se ve que. la existencia de n poder público es de derecho natúral, y que lo estam bien la sumásion á sus mandatos, La forma de este poder es varia, segun las cireunstancias: los trámites para Jle- gar á constituirse, han sido diferentes segun las ideas, - dostumbres y situacion de los pueblos;-pero hajo una ú otra forma este.poder' ha existido, y ha debido existir.
por necesidad, donde quiera que los hombres se bañ hallado reunidas:-$in esto era inevitable la anarquía, y por consiguiente la puina de la sociedad...-- ” Esta doctrina és tan clara, tan sencilla, tan conforme á la naturaleza de las cosas, que na se a fácilmen- te porqué se ha disputadó tanto sobre el orígen'del po- der': reconocido.el carácter social del hombre, así con respecto á lo físico como 'á lo intelectual y. moral, el dis- putar sobre la legitimidad de la existencia del poder, equivalia 4 disputar sabre la legitimidad de satisfacer una dé las necesidades mas urgentes. El hombre se alimenta, porque sin esto moritia; se viste, se guareca, porque sin esto seria víctima de la intemperie; viye en familia, porque no púede vivir.solo; las familias se reunen en-sq- ciedad, porque no pueden vivir aisladas; y rennidas en sociedad están sometidas á un poder público, porque sin él serian víctimas de la confusion y acabarian por dis- persarse ó perecer. ¿Qué necesidad hay de inventar teo- rías para explicar hechos tan naturales? ¿Porqué se-han quejído sustituir las cavilaciones de la filosofía á las pres- Ya de la naturaleza? | 58.- La variedad de formas del poder público es un ÉMICA.- 435 hécho análogo á la variedad de alimentos, de trajes, de edificios: lo que habia en el fondo era una necesidad que se debia satisfacer; pero el modo ha sido diferente segun las ideas, costumbres, climas, estado social v demás cir- cunstancias de los pueblos. Esta váriedad nada prueba contra la necesidad del hecho fundamental; solo mani- fiesta. la diversidad de sus- aplicaciones; no indica que haya dependido de la libre voluntad, sino que la nece- sidad, la conveniencia ú otras:eausas, le han medifica- do. La variedad de alimentos, trajes y habitaciones, no destruye la necesidad de estos medios; y el que ála vistá de la diversidad' de las formas del. poder público, finge contratos primitivos, por los cuales los hombres se ha- yan cónvenido en vivir juntos, y eh someterse á una au- toridad, es no menos extravagante que quien se los ima- ginara reunidos para convenir en vestirse, en edificar casas, y en dar tal ó cual figura á sus trajes., tal ó cual forma á sus habitaciones. —-. o 159. ¿Cómo se organizó pues el poder público?.¿Cuá- les fuerón los trámites de su formacion? Los mismos de todos los grandes hechos, los cuales no se sujetan á la. estrechez y regularidad de los procedimientos fijados por el hombre. Debiéron de combinarse elementos de diver- sas clasos, segun Jas circunstancias. La potestad patria, los matrimonios, la riqueza, la fuerza, la sagacidad, los convenios, la conquista, la necesidad de proteccion', y otras cansas semejantes, prodúciriañ naturalmente el que un individuo ó una familia, una casta, se levantasen sobre sus semejantes, y ejerciesen con mas ó menos li- mitacion, las funciones del poder público. A veces. la “autoridad de un padre de familia, extendiéndose á sus ramas y dependencias, formaria el tronca de un poder, que vinculándose en una cása ó parentela, daria. prínci- pes y reyés á las generaciones que iban sobreviniendo; á veces se necesitarian caudillos que guiasen en una trasmigracion, en una guerra, en lá defensa de los ho- “gares; y estos, levantados por la necesidad de las cir- cunstancias, permanecerian despues en su elevacion; á veces una colonia de pueblos mas civilizados, empezan- do por pedir hospitalidad, acabaria por establecer un' imperio; á veces un hombre extraordinario por su capa- 136 FILOSOFÍA ELEMENTAL.