SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Aqui debemos Iiucit alto para resiHinder a una pregunta im|M»rtante: ¿es verdad que , los conjurados al diríairsc á palacio tuvioseii j intención de arrebatar á las dos augustaí Míias, para llevarlas a las provincias del Norte? Difícilmente jKídemos creer que este fuera el plan primitivo; y asi pan*ce mani- I festarlo Uistante claro la carta encontrada j al general heon. Que al verse los subleva- dos pr()\inn)S a sucumbir, que al c<inlem- plar desbaratado su plan, concibiesen \in proyecto temerario, no lo estrañaríamos; ponpie ¿quien es capaz de decir lo que pue- de bullir en la cabeza de hombres que se ven colocados entre el ultimo suplicio y una resolución deses|MTada? Pero repelimos que no es posible creer que tal proyecto cupiese en esas mismas cabezas, cuando comnina- , nabaii sus planes en medio de la frialdad y ' de la calma, con la |)i'evision y prudencia que de suyo aconsejaba lo grave y difícil de la empresa. Sí los caudillos de la insurrec- ción no pudieron salvarse á si mismos, I ¿como era posible que llevasen consigo á , las dos augustas Niñas? Salidos de Madrid I los sublevados, ¿que camino podían seguir? I ¿(jue prevenciones se tenían tomadas para. ' que las regias Niñas pudieran hacer su via- ' jo, nodiicinosyacon alguna comoílidad. pero ni aun sin inminente riesgo de sus preciosas I vidas? Por cierto que no estatm la difícultad, en la salida de Madrid. y (pie los ginetcs (pie se abrieron paso entre las lanzas de sus enemigos, se lo hubieran abit^rto también, llevando en brazos a la Reina de las Kspa- ñas y a su hermana; pero ¿y al cabo de, poco trecho, cpié hacían con embarazo tan sagrado? Kn tal evento, como Madrid no (piedaba en |>oderde los sublevados, hubie- ran sido de cerca |)erseguidos por numero- sas fuerzas, las postas se hubieran cnizado en todas direcciones para cortar el paso á. los fugitivos, y apenas se ve otro lin posi- ble que el caer estos en manos del gobier- no, si es que con el susto y con el Can- sancio de las reales Huérfanas, no se hubie- se tenido que deplorar alguna calasirofe.

De los|)ríncipales caudillos, unos han pere- cidoen loscadalsos. otros han podido salvarse refugiándose al estrangero: los primeros no )ueden hablar, v los segundos tamiKWO regtilar que hablen por ahora; y asi será menester andarse en conjeturas sobre el 6 TenIfKloro pl.iii de los conjurados, y tas cir- ninstaiu'ias qni' lo dcsliaraluroii. Pero siem- pre iwretx' mas prolMihle que su objeto pri- mitivo era a|)oderdrsc de Madrid, volcando la rt'irencia de Ksoarlero en el mismo cen- tro del gobierno, decidiéndola contienda en pocas horas. El otro designio pudo ocurrir- seles en medio de su dese:((K;racinn; pero sea como i uere, basta el menor indicio de tan temeraria empresa, para (|uc la curiosidad pública, ávida de acontecimientos estraor- dinarios, la haya acogido como cosa cierta. Y es(|uc la imaginación del publico se com- place en hechos estraordinarios y arriesga- dos, y asi como sediento de impresión* » vivas asiste á los es|)ectaculos donde se re- presentan escenas terribles, le agrada tam- bién figurarse al general León, vestido de húsar, montado en un brioso cal)allo, salien- do á galope por las puertas de Madrid, blandiendo con un brazo su terrible lanza, y sosteniendo cuidadosamente con la otra á la aogusta Niña reina de España; agradale imaginársele fuera de Madrid |>erseguido de cerca por la calíalleria del Regente, y ora ufano con su tesoro, ora sudando de congo- ja, no al considerar su riesgo personal. sino al presentir la imposibilidad de llevar á calH) la empresa temeraria, y los pavorosos resultados cuva inmensa res|K)nsabilidad está pesando sobre su cal)eza.

Pero todo se deshizo como el humo: el ge- neral León l\abia creido que la estrella de Espartero se eclipsaría en la noche del 7; que le abandonaría la fortuna que de muchos años é esta parte le está prodigando sus favores; pero el general I,eon se engañó; Espartero eontinúa Regente, y él iM'rdió la vida en un suplicio. ¡Triste resultado de los trastornos políticos, que asi perezcan los hombres, aun después de conseguido el triunfo de la cauaa que defendian! ¡^uien se lo dijera al gei^ ral Le(m en Villarobledo y en Belascoain: «A poco tiempo de concluida la guerra con »don Cárlos, reinando en.Madrid Isabel 11, • «serás arcabuceado!»

Habiéndose desgraciado la tentativa de Madrid, la insurrección se sintió herida de muerte; en las provincias se disipó por si misma, precipitándose la disolución con la de- rastrosa suerte de Montes de Oca. Desde la muerte del (pie se llamaba regente, nada ocurrió notable; v solo.se fueron suce- diendo las listas de los fugitivos que iban hus- t^ando un asilo en el vecino reino de Francia.

I ¿Cuál fue el verdadero carácfér de \ní I acontecimientos de m tubre? l na insurrec- I cion militar con objeto {)olitico. Militares fue- ron los que figuraron en el levantamiento, militares fueron los separados como sospo- ; diosos por el gobierno; y la misma rapidez coD que desapareció de las provincias, indi- ca liaslante claro que las masas populares s« mnntenian indiferentes. El objeto de la in^ I surrección era político porque no se atacalta á Espartero como gefe ae los ejcn it(i>« io- nales, sino como Regente del reino. Se que- ' ría cambiar la regencia, y con este cambio de |)ersonas se intentaba otro mas ó mema ::rave, mas o menos radical, en el sistema jiolitico.

¿ lomí) parte en la insurrección el )>artido I nHxIerado? Creemos que ni la ton)o, ni podia tomarla; pon|ue tales son los elementos de ese {tartido, <pie no es posible que se pre- sente jamas |>or si solo en el campo de ba- talla. Si algún dia llevase á ooIk) la alianza de (pie le acusan tiempo ha los |M'riíKÍicos del progreso; si convencieudose de cjue \m- ]| ra obrar necesita masas, tentase una fusión ¡ con los partidarios de la monanpiia absolu- ta (11; si esta tentativa llegase a sazón, y se pusiesen en planta los medios para alcanzar sus resultados; en una ¡tatabra, si justificase con su conducta los cargos que le dirigen sus adversarios, entonces se crearia una si- I tuacion nueva, cuyas consecuencias de|>en- deriandel curso de los arontctMinientos. Pe- ro mientras el partido moderado se manten- ga en su aislamiento. bien pueden descan- sar los progresistas dueños del mando; no los derribaran esos adversarios, porque por mas inteligencia que se su|)onga á los gefes de este partido. hasta que tengan á sus ór- denes alguna masa, serán siempre cabeza sin brazo.

Por esta causa el partido moderado no fi- guró, ni figurar puno en la insurrección de octubre, tomando en él una parte activa: por figurar un partido en una causa, no se en- tienden las simpatías que pueden manifes- tar por ella los individuos del fiartido, ó el que <piizás uno que oLro hayan estado ini- ciados en la conspiración. Lo primero es un sciUiiiiicnto estéril, y no mas; y lo segundo es la acción de muy pocos, envuelta en mis- (1) Ya en piiom do 1843 se indír:itKi h iilra dominante rlfl IVinsawikxto df. i. a Nación.

terina» Uoiebias. y que itiiuca puede cuui- [ praneter al partido eu su totalidad. ¿(Juic- j rúBt palpar la dilereucia de la arción de los pirlMOS en las circunstancias 4|ue afectan ■Mié neBoe de cerca el triunfo de su cau- J W¡t Bell aquí, en dos bien opuestos; el pro- ' PMÍsta y el carlista. Cuando en setiembre (le 1840 se ofreció al partido progresista una ocasión oportuna para su triunfo. todo el ^i- puso en oioviniiento; y fuesen mas o menos, numerosos en los diferentes puntos del rei* I DO los partidarios del progreso, al menos to-! (ios obralKtn, cada uno en la esfera <|ue le [lermitian las circunstancias. Cuando en iHMi parecia brindarse á los amigos de I). Carlos una o|K>rtiniidad para ruiocarle en el trono, ¿qu« hicieron? se siil)lcNaron en las provin- cias del Norte, en Castilla y en el reino de Vaküicia; y si no lo hicieron en otras |>artes (■B, ó |M)rqiie se hallaban ya reprimidos )K)r ' ■adidas fuertes lomadas con aL'tiiia antici- paaiaa, ó porque lall<> inteliucncia \ wj.or fnkts C()i\^i']r\u^ (le I). Carlos, en el centro daide donde se debia provocar la insurrcc- eira.

El partido liberal mmlerado, propiamente tjd. no llegará jamas a las manos con sus adversarios; su mayoría, o mejor diremos, cañ su totalidad. est«i formada de hombres.

por su |H>sicion social no son a proposito liare tornar las armas, ni en las calles ni en los campos; y ademas el })iieblo español no ealieiide bien toda\ la csa^ (''Miil)iii.w-inneH de! trauaceioo qui> i-(>ii>(iluyen la esi-tx in de las | iMiíaB de es(.' parlulo..Se^un indicios de la ' dÉM temporada de su mando. |M>netránm- j ti^ét esta verdad algunos de sus ^efes mas aritobdtoft; y al parecer cm|M>/aban a con- nmxw. de la necesi<lail en (|iie se hallalia eae itartido, de ro|)ii>ii'i i'is)' modilicando ■•laotcmente sus doclrmas, y admitiendo en 11 in seno nuevos elementos.

V.<U), mas bien que resultado de calculo, irutodola espiTÍciK ia, y del mismo *.urM» til" los -iKTsov. Nadie ignora que los prnliombres del partido nuMlerado fueron los que dieron el primer paso en el < and)io de laa institut lom-s |ioliii<-ns. {)lantean(lo con ■as órnenos latitud el aobierno represen- ' lalivo; es decir, abriendo la primera escena <ielgran drama de la revolución. Prescindí- mos ahora de las circunstancias que los ro- icaroit V de hasta qué punto pudieron ellas ' ^íbrcjKmerse a su voluntad; pero esto no || l»ce que el hecho no sea el misnx). hies r bien, la e!$i)eríencia enseña que esos parti- ■ dos templados (¡ue ¡ibren el camino de la re- volución, son luego arrollados |K)r otros ma» ardientes. y mas violentos; y que su suer- te inmediata es hallarse a|>ártados de lar • clases á quienes han ofendido ron sus in- novaciones, mientras los revolucionarios los ;ii usan de traidores á la causa de la l¡l)er- ■ lad. No se abre á medias la puerta á las re- voluciones; estas son «'omo nuidal inqx'tuo- • so; en encontrando una rendija dan sobre ella ♦ ton esfuerzo, dc^rriban cuanto se les pon« delante, v si alfruno quiere detenerlas. le arrastran cual leve arbusto en su estrepitosa' corriente. ' Si pr un cambio de regencia el iwrlido moderado se hubiese hecho dueñc» del |)oder ¿que principios hubiera proilamado? ¿cuaJ habría sido su conduela? ¿Hubiera intenta- ' do una reforma de sí mismo, una refundi- ción de sus elementos con los de otro. |>art: asegurarse en el mando? ¿Hasta qué ponto hubiera llegado la condescendencia y la tran- sacción? Difícil es decirlo: solopmlemos ase- gurar que las proclamas de O Donnell y de .Montes de Ocr procuraban halagar doclnnas e intereses (pie pudiesen atraerles partida- ríos que no habian sido lil)erales. Pero esas ' fusiones no se ha«en en un dia, y los hon»- bres del |>artido halagado quieren mas tieni- ¡mpara resolverse del (|ue|MTmile una insur-» ■ reccion, que va á ser comprimida al instante si no cuenta inmediatamente con hombres y dinero. * • Rsias consideraciones nos llevan como d# la mano a hablar de lo que se ha ilicho en»' muchos jK'ríodicos, sobre el proyecto de ca^ Sarniento entre la reina Isabel y un hijo de^"' I). Carlos; proyecto que según cuentan ah • gunos periódicos. es acogido favorablemei»-'^ te por tos emigrados de ambos partidos nM>- derado y cariistn; pmmeliéndose. jMir medio (le esta alianza, abreviarla pn)scrij)CÍon qu« sobre ellos wsa. y apoderarse nnevamenta*? de las riendas del gonierno. Este proyecto se enlaza con la ruidosa noticia del Congre- >o, (jiie hace ya algún tienqK) llama la alen*^* cion de toda la prensa de Europa, v que ha ♦ sido ya debatiaa por la es|»aftola áe toda» opiniones. '* En primer lugar parece muy dilicil (pie elJ partido modei ado y el carlista lleguen por sí solos á un convenio deíinitivo \{). CompU- (1) Víase lo snniISdo.

caQs« luí inleiTies dinásticas coa los politi- «os. la» per^uas cuu Im |irÍQCÍpioi^; liay au- leí'»deBlei> que punen de por medio.mMt<#9i> Un que á iirinitM n viüta que t's prnltahlc t\\u' lo sea, en no int^rvi- uiejub ««lliih lut'iiiacioue:» que cíjuivalgan a NMtodalMMales, que « «n^^ reaiidaé wm^ tMsse ol proyecto ilel mencionado (.isatnicn- to. suftondriíi sioiunif la inlervenrion olraa- i4C'^^^j^^^lMCjwra^^^^ a c«l)o leularia l*t'»>¿liay alxo dt- siudaJ.sDl^rek reuiiion d» «8f>.eoB^so? ¿Tiene algo> ftündiBMWito la prensa naoiunal > la estrangera para lo- mar kin » iHícho esa nit'slioii. discurriendo ^ibrc la vcroMUiiJiUui üc la nuticia, y 6túny «(Mli^rosuiUdwfPobiMMf 4t(l&«fl8» que Ue- frase á verilicarsc? Desde luogo parece bien ciftlraño que por espacio de laníos dias esté •ci^iido U «leiHuon de toda Europt hm. BOlieia que canvca de UmIo fundMMBli» l*ero ¿.se sabe ai^o de cierto sobre su exis- tencia, su curacler y verdadero objeto'/ Cree- wo» que no; y la «oatoaAooien mlu fias es de esto la mejor pruelni. En tal caso ¿se apelaría al recurso de la fuerza, encar- gándose el ^biemo de Luis Felipe de la ejecución de Im aootfdts de la Alianza? Asi lo creen alanos, y asi |>nniceria indicarlo el ejercito de observaciou que se Ua reunido M fe finmteit; per» bien nirai» h con, es de pensar que Luis Fel¡|)c, <|ue no puede desconocer abierlanRMite el ori^'en de la mo- iiarquuk de julio, se resistiria cuanto pudiese é éai8iii|ieAtr un p^iel, en (|ue se luibieni de «isemejar p<il|>ablcn)eiilc a Luis XVÍll; y asi tantearía Uidotí los.uiediob imaj^iuables para ver «i Aem ¿aMe iMtmr ti laaiHada sin el auxilio do las armas. Por otra paite, las demás potencias europeas no f)erdonarian tampoco mngiin medio para que un ejéroito ÜNVKés no pasase la íranlan; porque «rie- ses de la iaflnencia francesa en la Península no^quisieran que viniese a aumentarse cou la^avaaion y ocupación de un ejército nufrraud«í^ ciif>liones euit)|»eas. que tto stifred la d<;»eiMaja de ver embarazada^ vadaavir- tmémmimápt iroiiiHüipülÉütiyiinil ta tribuna y los ataque de la prensa, que lle- van a cabo sus nesnciaciones con el mayor sigilo, sin que contribuyan a propalarlas ui taeiéiidiscrecioii^de la prem», iit ta^pmñ- les amlti« ionos y rivalidades de sus kwi^va de {fobierno; estas, re])etiinoK, obrarán de V unidas T compactas: y atratendo i^ranckré á la lnglatemiv!'«jpw rán una influencia ^ctsivr;. vn sea para pasaron ya los dias en (pie se fleiíó á creer en ta sinceridad de la alianza aniflo-francesa: una espcrieucia reciente acaba de ^daseuga- Aar á!dM0IÍlMll|iapil|k.ii«y< e»4rtMMe «o cpioda ya en Europa nlra alianza que la de la«> tres potencias del.Norte. Kslo es mn duda 'rWnom ^lunr MiBa i -ueRi vMmF' ^ne no tanto debe atribuirse á la mn\ar ^anacidad v pr«*vision de sus <lKMubi'uü de estado, como a las dése inbarar unidad ric interés y de miras. Rilas no tie- nen otro interés en la cuestión española que el político, á saber, el bacer que triunfe en EspafUi el |M-incq}io poKtico qüe ^MMee^au predilección; y si no es posible en toda su amplitud, á lo nicnos con la mayor senieira- M'ipiiaiMv^ ^^^amdar^'UdiuH^qvftM^MkNMRtf demasiada preponderancia ninguna Je tas K)tencias rivales. La Infriaterr» y la Fran- cia, a mas de los intereses polili^v tienen 4MllMÉH|neitiaBtiles; tienen^iaeaiMpP|k& nu^os (pi(» resultan de las abantas maso me- noá ustenstblea que han becbo eon los dis«- tíBtqa bandoar tiati Üa wU aa 4*^' líM^we ll«va«Qnsi§a feveeindadvy tienen értvv^loia el haber de soíruir una line.T pf>liiicn ipie s?i- tisfaga en cuuulo quena a los {Kirtidos doiui- Scp:un toílas las probabilidades, dependerá la.principal parle de esta negociación del pulo de vísla bajo el cual ta miren las trea pilancias del Norte. Estas, «(ue son las úni- cas que tienen en esta n)a(eria un pensa- miento lijo, fundado esciusivumeule en el Irhmlbde un principio político, que tienen, ta asarte de andar acoidaatB caai lodaa laa sin exasperar tampnro demasiado MiiatH» hallándose fuera del poder están coniltaÍlwii dolé desde las iibis deia oposición. ^n<k>v "TvalNqat aMéwlla-oostar el descubrir ni la mas mínima parte de los p^n^ert^s de ü JdeUer im ü; y aunjas conjeturas y noticm^ lo que él ¡u/une necesario que so dindptaiii ({uizas con la mira de sondear la oj>ininn pé^ blica: dentro de |)ocos dias van a abrífse la¿ cámaras francesas, T*veraaMfrdiAli*^HnBM " I I jM II I ii iflpeclarar su pcnsantieiito, ó á buscar un |> ÜM mal scífiiro en circunlocuciones y anfi- bokijíias; convirtiéndose los rumores de con- greso europeo en |M)der<isa nrnia de |):irtido. BÜÉI es decidir hasta que minio es verdad qvenbri^üe el í^ahinete de las Tullerías los »royeclos que se le atribuyen con res[)ccfo al porvenir de Espafia: no es tampoco lacil de sak'r si es el iíobierno de Luis Felipe el que ha [)ro¡)iiesto a las otras potencias la reunión del ( oiii^icso; tíxlas estas sonVues- útmñ eofljeturales. cuya resolución delíni- Mbe.nplaznrse hasta (jue el curso de los imientos |m\a ofrecido mayctr caudal (le datos; |)en> si que se |)uode asejíurar que en este neiíocii) la infUirncia del ^'ahi- ncle Iraní-es no <era decisiva. Basta echar una ojeada a la situación de los ¡Kirtidos de Francia, y snhrc todo á su estado social, («ra convencerse de que su gobierno no pue- de alcanzar a(pielia ru*>r/a que iiccesila para Rr prcpoudcriifu i;i i-n |,i> i,T.(ii(lrs cues- euro[M*as. No puede ser tuerte en lo eslerior. lo que es débil en lo interior; y el frobierno francés, a |)esar de toda la líriueza de su voluntad, y del vipir en la ejecución df sus ordenes, es débil, esta vacilante corno coiubalido |K)r taiil(»s eleni -ntos encon- trados, y asentado sobre una so» ie<lad vol- raniznda. Por esta causa. siempre que el íobii'rno de Luis Felipe liava de «tbrar en ''l^'iin.i alta cuestión |M)r si soio, sin anuencia > demás potencias, no parece probable que pueda ofrecer a sus amibos otra cosa ipie timpaHas.

Kntre tanto van pasando los dins, v á mas de la estrema conq)licacion de la situación ailliai, las ííraves cuestiones que se acolpan áltMtrada en mayor edad de la Keina Isa- bel. \an aprovimaiiduse rápidamente, se nonlonan por decirlo asi unas síd)re otras «i el horizfinte; y á medida «pie mas se itutan, mas se descubre su estension in- ■MM, su profundidad tenebrosa. ¿{)m par- lid» dominara la situación? ¿A (uié hombres eitá re.ser\a(lo el jM»rvenir? Kl Jniniran ase- pnra que el |><)rvenir es suyo, los [wriódicos del proiireso no dudan que pertenece á su ^ido. V los periódicos llamados conserva- dores, ahmiau también <pie el porvenir es del partido ípie ellos repn'sentan. Asi pro- ckman todos los partidos sefiura su victoria, declaran imposible el gobierno de lodo bqup no sea ellos. Nosotros no nos paramos iMlo en lo que deba suceder en uii plazo breve, como en lo que propiamente deb4 entenderse por el porvenir ue una nación; asi es (lue nada diremos sobre las probabili- dades de triunfo que pueda prometerse este ó aquel partido, ya sea en el campo le^al, ya en el de la fuerza; pero si que nos atre- veremos a insistir en nuestra idea favorita, dominante, de «pie nin^'un partido organizará lili ffídiierno fuerte si no procura hacerse na- cional. Kl partido (|ue no ten:;» detrás de si á la nación como resguardo y de le usa, y que no pueda llamarla en su a|Miyo el dia del pe> liftro, podra ser fuerte para derribar a sus aílversarios, |)ero no lo será para defenderse < niiini ellos cuando se baile duefio del p(H Y cuando esto decimos no hablamos de una nacionalidad que se haya de fundar en cierta imparcialidad abstracta, en una abnegación coiiijileta dií |»rincipios políticos, en '¡ue el gobierno haya de huir como de nlanaos de todos los hombres que hayan tigurado en los jtartidos; ni tam|M>co (pie se haya de fundar en recmiciliaciones pasageras, en abrazos hipócritas, y en tran.sacciones de palabra; no: que todo estoes tan bueno para escrito como inútil para practicado; sino ipie habla- mos de aipiella nacionalidad que se funda en las ideas, en las costumbres, en los hábitos, en los intereses de hi nación; que sabe re- unir los elementos dispersos, que salie dar vida á los amortiguados, y que aprovechán- dose de todo lo que hay de Util y de saludan ble, acierta a formar una masa compacta en rededor del gobierno, masa llena de vida y robustez, que al paso (|ue pueda comunicar vilidid<id á la atmosfera en que está el go- bierno, pueda t iibrirle cual |>oderoso escudo contra los embales de la fuerza. Estamos muy distantes de jMMisar que loque llevamos espuesto no sea masque una galana utopia, y que no sea realizable. Envidian muchos el gobierno de Francia y de Inglaterra, y nos- otros creemos i{ue para la consolidación de un buen gobierno es tan á pro|K}sito nuestro estado social cmiio pueda serlo el de otra nación de Europa. ¿Se penetrarán de estas verdades los hombres que pueden influir en los destinos de nuestra iiatria? ¿Serán bas- tante generosos para (lesprenderse de sus K>queñas pasiones? ¿Serán sus miras lias- ( I ) F.sl.1 e<t la misma ¡«Icn que hn doininailti «teinpn' ♦•n el l*rntnmirtiln de la Marinn.

Unte elevadas para comprender la posición en (|ue nos encontramos? \ si los eslran^e- rus Helasen a entrometerse en nnestnts asuntos, ¿lo liarían con bastante conocimien- to de nuestro país? ¿ÜelRTÍamos esperar de ellos nuestro porvenir? Li causa de España, causa de españoles es; el porvenir de Ksp- ña depende de los españoles. Todas las na- yonelas del mundo no son capaces de con- solidar un ¿gobierno, si él no se consolida por si mismo; y jamás so creó una iia< iona- íidad por medio de las combinaciimes de la diplomacia.

Tal es el desaliento (|ue han infundido los incesantes trastornos de «|ue hemos sido vic- timas |K)r espacio de larjios años, ^\w aliíu- uos pesimistas han llegado a perder hasta la esperanza de cpie pueda organizarse y ci- mentarse en España un orden de cosas re- fíular y coherente. Estamos nuiy lejos de particijKir de semejantes temores, porque volviendo la vista en torno, dando una mira- da a la sociedad (pie nos rodea, no encon- tramos tan (lirundidos ni tan poderosos esos elementos de disolución, que se^un se quie- re su|)oner, han hecho incurables nuestros males. Han pasado siete años de guerra, y durante este tiem|)o se han sucedido unas á otras las revueltas; ha terminado la guerra, y las revueltas han continuado y dura nues- tra incertidumbie, y el porvenir se presenta todavía muy anublado: todo es verdad; pero ¿es prueba bastante de (luc en nuestro esta- (lo social se abriguen elementos que hagan imposible un gobierno? Para nosotros es evi- dente que no. Si la guerra, si los disturbios y trastornos <pie hemos sufrido por espacio de ocho años, hubiesen tenido su origen en el mismo corazón de la.sociedad española. si los sacudimientos hubiesen sido electo de la espontanea inllamacion de un volcan oculto Iwjo nuestras plantas, entonces, como la sociedad habria perdido su aplomo por movi- mientos propios y es|)ontaneos, dinamos que verdaderamente son muchos los elementos de disolución, que ya (¡ue.el cdilicio social DO se consolida todavía [>or si mismo, señal es que no se ha lormado aun la base necesa- ria para establecer un gobierno estable y du- radero. Pero ¿ha sucedido nada de lo (lue acabamos de indicar? no |)or cierto. Las dos causas que han conmovido la s(x iedad espa- ñola, las que han dado el primer im|)ulso, las que han mantenido desunes la incertidumbre y la agitación, las que nan ofrecido ocasiones y suministrado protestos a que se pusiesen en acción los elementos de trastorno, clenieit- tos (|ue mas o menos fuertes existen en to- dos tieui|H>s y paises, esas causas, repeli- mos, no han salido del mismo corazón de In S(u-iedad; lia>(a cierto punto han sido eslra- ñas a ella, han dependido de circunsliiiirias esce|>cionales en las (|ue puede encoiilrarse la sociedad mas fuerlemenle ri)(i>tilui(la. pues (|ue han sido la cuesiion dimi^iuti y la menor edad de la Reina.

Véase la diferencia (pie ha\iiediado entre nuestra revolución > las de Inglaterra y Francia. Alli las revoluciones han estallado, y se han consumado sin cuestiones dinásti- cas y sin miñonas, han salido de las mismas entrañas de la sociedad, v o han llevado al cadalso a los reyes, ó los han arrojado á tier- ra estrangera. Todavía mas: y la compara- ción.sera mucho mas luminosa. Tanto la España como la Francia presentan en la ac- tualidad un estado de incertidumbre, de mal- estar, de sorda agitación, que da miiclHi que entenderá los resjHíctivos gobiernos, y que amenaza con un porvenir tormentoso. Pero nótese la diferencia del origen: en Francia hay un rey sabio y es|)erimentado, su iumediato sucesor pasa va de 30 años, y á falta de este hay otros principes que han figurado con gloria en el ejercito y en la ar- mada. En Esjiaña esta sentada sobre el tro- no una niña de once años, y el poder que en su nombre gobierna está en declarada enemistad con la madre de la Reina. ¿Son )arecidas las circunstancias? ¿Es semejante a situación del poder en ambas naciones? Es evidente (|ue no: > sin embargo en am- bas hay desasosiego, bav turbulencias de vez en cuando, bav acpiel malestar (|ue de- )ende del poco asiento, de la |MH'a lijeHM ¿Qué signílicn todo esto? Para nosotros es