SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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£1 peligro que amenaza al ministerio, ac- tual es el aislamiento: y seis hombres aisla- dos no pueden nada. No presuma el gobier- no «jue ni los jnoirresislas ni los parlamen- tarios se cuutenleu con protestas de libera- lismo que oslan en contradicción con el sistema inaugurado: estos partidos esperan, por la sencilla ra¿on de que no pueden hacer otra cosa; pero el dia en que las circunstan- cias varien agitándose los ánimos por alguna imprudiMicia en cuestiones tpie aTecten á los sentimientos de nacionalidad e independen- cia, ó bien por el espectáculo que oEreiEcan misera i)les intrigas, ó intereses particulares, los partidos ajados volverán a su prímHjva actitud, hacieudu quilas una alianza Qwips)-' va, que todos los aconlecimientos indícán como muy probable. El general Narvaez ha triunfado de los progresistas v de los parla- mentarios, es cierto; los ha líumillado, es verdad; los ha arrojado de la arena {lolitica, es iiultidablc; pero con esto se ha c(jlocado con respecto a ellos en una posición eo que no cabe retroceso: semejante conducta op^ IT Tencn>os un presentimiento, y has- i ta una previsión no infundada, de que se equivocará completamente. ¥ por cierto (|uc no lo deseamos, porque su equivocación fodria acarrear gravísimos conflictos al pais. 4 la perdonan ni los progrosistas ni'los.parlár El talento práctico de un hombre se jnani- ' mentarios: el dia en que puedan, se venga- liesta en el conocimiento exacto de su pro- | rán. En el interregno ministerial, se ha po- pin posición; y este talento pHMjtíeo nnefao dido conocer que la, ruina del poder de Nar* tememos que íe ha de faltar á Narvaez. Sí I vaez. no era para los parlamentarios una algunos instifitos buenos le impulsasen por j palabra sin sentido: le han perseguido basta el camino que debiera seguir, si algunos J las ultimas trincheras; y la derrota (^uc aca- arranqoes nobles le hiciesen divisar un Ho- \ han de sufrir, lejos de haber cambiado sus rizonte mas ancho del míe ha descubierto basta ahora, no faltarán lisonjas que le des- vanezcan y consejos interesados que le cs- Iraflen; y ese eetnivlo y ese desvanecimienintentos, los habrá conlirmado mas en ellos. El vencedor ha usado ampliamente de los fueros de la victoria: esto será para los ven- cidos una nueva razón |>ara que el dia en que to le han de costar caros á él, y <piiera Dios ij puedan prevalecer, le inutilicen GOmpleta- que en alguna alleroaliva violenta no le ■ mente y para siempre.

Dlgltized by Google Mék proMÁ le irán esclíiret iendo \m mm~ brnsqtií» cubren el 'horiiontc político: liien pronto será fácil cmijeturar el desenlace de esta sHntcion <]w on niiestrojuicio es» imiy lejos do sor Ifsonjoríl: h'iv.n pronto hciw» át ver si ol íoni^n! Xurvno/ nriorfa ó yprra, y si los hombros que so. ha asociado se re«ig* uaná seguirle en cualquiera dirección, fío tenemos datos suficientes para jiizírar con exactitud <;obri' Im" or'iiiioiio'; v cnrnctfT pn- litico de lodoj! ios ministro^; poro de aiííunns de ellos en quienes por sits antecedentes y por sn repotaeioiA hemos de suponer pensa- miento propio y mucho o<;n¡n(ii de indepen- dencia, no podemos creer que liíttien su .saerte ni eon Tfarvae« irii con nadie. sino bftsta o! pnnlo que lo consientan sus convic- ciones políticas y su decoro de hombros yiú- blicos. Aprendan en lo que ha sido de otros que han lleradosn condéscendenei» dem»- síido lejos: rornnrdon qw on T^spoíli r;o liay cosa mas aborrecida que In f ilta de ca- rácter y consecuencia; no olviden que nna reputación ajada no se rehahilifa fócilmente. No tomemos quf esto suredn: poro cnn'o- taramos, sí, que en la actual complicación de drevnstanctas y á la vista de los "xandes problemas que están por resolver. se han <1e orrocor ocasiones en rpio!ns lionihres puedan manifestar lo que valen. En este pítinto no cahen sorpresas; la sitnacíon es despeindn: las rosas son conocidas: los hom- bres lo son también: si se han do trabar lu- chas, las emboscadas son imposibles.

I^»r nuestra parte jnxgiaremos al mints(e<> fin pnr <:ns ncfos: los buenos los aplaudire- mos, los malos los censuraremos: todo sin fMTevencion de ninguna especie. En la cues- tión mas delicada, y en la que ha saFrído nfi(]nos mas inertes él freneral \nnao7, nos abstendremos de mostrar injusta suspicacia ó confianza escesiva. Esperamos que no se- rá preciso recordar palabras solemnemente empeñadas en el Tonirroso, á la fnz do la Espafia y de la Europa: con esta circuns- tancia, hay aqui algo mas que cuestión po- lítí' n hny cuestión de honra: tenemos por cnhallero al general Nmaez, y un caballe- ro pqede errar en política, pero no faltar jamás á su boore.

A UNA EMSTOLA IffiL MUm, Muv señores inios: Con mucha razón li:ui crcuiu vUs. que uo dejaría yo de coatcbtat* al artículo que en forma de «pistola se sir- ven diri¿;iriae «a su ■vosero del S del cor- riente abril; y no nonjue Um^i sf^nri tml ni aun esput au¿u de que pueda salir uiro>o en la palestra, por las calidades qve la boa- dad de vds..lie atribuy •, sino |>orque la verdad do la censa fftie doliendo y mi amor u ia discusión me incitan de consuno a apru- vechar la ocasíOQ que se me ofroooi, y que hace largo tiempo deseaba; ademas que cuando uno tiene la fortuna de dispuiar con personas tan entendidéis, la Uernila m es meugua. Otra oowtderacÍMi me aJieiM también, y es el {pro se proponen vds. en- tablai' la düicusiun en el terreno de la buena ednci^oa periodislica, educación que sea dicho de paso, no tengo por dialíniadéla educación común. Mis principios ¡ n esta parte son muy seucillos, de aplicactou umy tiicii; creo (¡ue no se debe decir por escrito lo quería buena educación no permite decir de palabra en una sociedad de personas I bien criadas: mupho menos ea ia discusión periodística donde medía la gravísima cunstnncia de que los contendicnles hablan en publico. Si enlrc genios de buena ^mMe— dad uo se ptíruiil.eu ciertas espresioues, ¿cuánto menos se deberán emplear hahláodose en presencia de la nación? Juz^ío que vds., señores redactores, mirarán la cosa haju el mismo punto de vista; por lo cual si quisiera quejarme de alguna que otra es- presión (¡oe se ha deslizado en la epístola á que couleslo, no escogería otros que la finura y el buen tono de los miasMO que las han empleado.

No i>Medo persuadirme que mis palabras suelan pasar en autoridad <k cosa Juzyada miré ás ffmkt tnte»iid«i, ni que ejerzan mngisferiu de nin^íuna cíase: en uso del derecho (jue me «onceden las leyes dijL'o mi opinión subre los ne¿;ocios de mi pata: üi mis palabras encuentran algún eco, la ei«» sa drlmnios buscarla i;n encabdadcs perso- nales, sino en los lieclio:^ que tan daJros so Dlgitlzed by Google muoslnm á losojosdc todos. Dicen vds.. se- ñores redíu'lores, que sin hacer á mi parti- do nin.íun provecho, le hauo al de vds. un daño inraicnlalile, y que aumento mi honra a costa do la deshonra de los demás: permí- taseme ol>servar que esta es la confesión mas esplicita de la hondad de mi causa, no sien- do concehible, ni que pudiese hacer al partido cpie comhato un daño incali ulahic, ni aumentar mi honra á costa de la deshon- ra de mis adversarios, si la verdad no estu- viese de mi parto de una manera muy evi- dente. Una discusión templada, sin sátiras, sin invectivas, sin personalidades de nin- í^una clase, sostenida en un periódico sema- nal, por un solo homhre, que ni ocupa altas dignidades, ni toma ninguna parte cu los negocios piihlicos, ni tiene elevada posición social, que no ha ligurado en las discordias civiles. y solo conocido <lel púhlico des- de <840, ¿es posihie, señores redacto- res, que ejerciese ninguna influencia, (jue causase un daño incalculable á un partido que dispone de la nación entera, si los es- critos de este periódico no supliesen lo que les falta demérito y prestigio del escritor, con una sohreabiindancia de verdad? U los que me favorecen con su asentimiento están ciegos ó yo tengo la razón de mi parte: y ademas, señores redactores, ¿acaso estoy solo en la prensa? Desde principios de IS44 en que comenzó á publicarse el Pknsamiejs- To DE LA.Nacjon, Ho hau dcjado de lidiar en contra de mis doctrinas escritores muy hábiles y muy ejercitados. Si mis artículos hacen un daño incalculable, ¿cómo es que no se haya ni'ulrali/.ado? A mis adversarios no les ha faltado ni instrucc¡r)n, ni talento, ni medios dt! publicidad. ni inlliieiicias de todas clases; una cosa les ha fallado, (jue no la dan ni la instrucción, ni el talento, ni los medios de pul)licidad, ni las influencias mas poderosas: la razón. Una cosa he teni- do yo. que no la destruyen ni el talento, ni las bellas palabras, ni las halagileñas teo- rias: el testimonio de los hechos. Mi lógica ha sido sencilla, pero fuerte; ¿y por «jue? porque me he atenido siempre á los hechos pasados; he consignado hechos presentes; nc indicado hechos veniíleros: los hechos pasados nadie me los podia ne;;ar; los he- chos presentes, yo los hacia tocar con el dedo; y para los hechos futuros decia: «esperad algún tiemi>o, » y este tiempo ha irascurrido y ha venido á conlinuir lo que yo I anunciaba. Hé aqai mi lógica, señores re^ dadores, he a(|uí el secreto de mi fuerza, ó mejor; hé aquí la fuerza de la verdad. • Dicen vds., señores redactores, que desde (jue ha visto la luz pública el P^:^SAMIE^T() i»K LA NAcm>, mi esclusivo objeto ha sido desautorizar á todos los gobiernos que se han ido fomiando mas ó menos parlamen- tariamente, y que desacredito las institucio- nes liberales sin esf)oner otras doctrinas (|ue las puedan sustituir; que con maligno pla- cer le repito al enfermo que se muere, y (pie maniliesto el intento mas maligno toda- via de ocultar el cspecílico (jue podría ha- cerle recu[M'rar sú existencia; y me inviían vds. á (jue diga lo que quiero, ya (|ue no ignoro lo (pie vds. quieren. Conlieso inge- nuamente. señores redactores, que semejan- te interpelación me ha causado sorpresa; por- (]ue al entablar discusión conelPK>SAMiK.Mo, debía yo suponer (pie se habían vds. ente- rado de mis doctrinas, leyendo los artículos (|ue llevo escritos en este periódico; pero la j)regunta que vds. me dirigen me ha manilestado que ó solo han visto vds. al- guno que otro artículo, ó (|ue habrán olvi- dado completamente los que en otro tiempo hubiesen leído. Kl publico sal)e muy bien que no hay en el país una sola cuestión grave, sobre la cual no haya dicho yo mi opinión de la manera mas esplicita y termi- nante. Largos y numerosos artículos tengo dedicados a la cuestión de reforma constitu- cional, a la del matrimonio de la Reina, á la de dotación del culto y clero; y nó creo que baya una sola pregunta entre las que vds. me* sirven dirigirme que no esté larga- mente contestada. Sin embargo, no crean vd., señores redactores, «ue me resisto á (.•.)ntestar de nuevo; voy á nacerlo con toda )rccision y con mas claridad de la que vds. se prometen.

Kl publico juzgará, señores redactores, si han ¡irocedido vds. con razón al dudar por •un solo momento, de si yo intentaba conce- der al rey una discreción sultátiica, cuando en los ocho artículos sobre relbrma coiisli- tiicional (jue se hallan en el tomo <.° del pF.>sAMiKNTn m LA Nacion, tcugo csplicada con alguna copia de razones y de hechos históricos, la utilidad de que la forma del poder público sea el rey con las Cór-*^ tes. Allí encontrarán vds. * mis doctrinas sobre la ¡wtestad legislativa del monarca y dü las Corles, y sobre la iolcrvcaciou de cst« «B tá fotMÍM de Ite ¡Motiles. Em I ciéo aéaiiilfHifi. OllMitifttob»M#» cuanto al origen popular del Congreso^ | pero no tengo inconfeniente en repetirlo, conlrarán Tds. en el mismo lu^ar hasta las | ya que vds. lo desean: para mi la fuerza bases de un proyecto para uiiu ley electo- y del poder publico, no es siodaimo de cen- ral. Btt ninguna parte descubrirén leuden- | iraliiacion oaninédn: cuando vm imlitiH cías hacia la discreción sultánica; y para tranquilizará vds. complelamenli?. no va- cilo en añadir que si bien quiero paru el rey el poder Qjocuiivo en tuda so plenitvd, deseo ver el |)oder judicial encomendado á solo los tribunales, administráo^Me la justicia en nombre del rey, pero coo entera independencia del gobierno.

Me premunían vds. si admito la responsa- bilidad ministerial: si, señores, la admito; y le deseo con alguna mas eficacia de la que tiene desde (834. Confieso ingt'nuaraente, qae si yo me hubiese; hallado en la situa- ción iIí; vds. no habria traidu á dii>cusion la responsaHHidkd minisleríal; porque no po - dran vds. negarme que jamás se nabia visto la arhitrariedud e impunidad de los minis- tros llevada a tan alto punto, como desde qni> se ha tila de su responNIidad. Beba- r;in \ la cii![).iá las circunslancias; sea en buen hora; pero el hecho es este; y no son los progresistas ni los parlamentarios los que nlürán ganam ¡usos t>Q |a opinión pública, cuando se hable do responsal)iIi<ia(l minis- terial. En esla parle permilaninu vds. creer croe de I croe de I cion ó una costumbre se hallan muy arrai- gadas en una provincia, no deben ser toca- das hino con mucho miramiento: trasladar n EipaAa la centralización francesa es enar ¡ncscusable en hombres que! ' > > i - 'v>- cer lo que es la £spafia, ya que se pru|HKMia gobernarla. -f' La publicidad de los actos del 9>bierBd está enlazada con la ley de imprenta, de (luc luego hühlarü eu cstu mijsmo escrito. Entretanto no puedo nenestcda «eUraSar y conmigo lo habrá estrafiado el público, que me |)iet;unU'n \ il'^ si darin ví) mus prepon- derancia al poder civil que [al uiihlar. ¿A mí me preguntan vds. esta, atieres redae- lo^i•^? ¿Sobre esto interpdan al director del 1*1 Ns \MiKMo hf. i.\ Nación los redacto- res del Heraldo? ¿Han olvidado vds. mi reciente articulo sobre la preponderancia militar? ¿Han o!\idinli> vd^. lo que be dicho una y mil veces al general Aurpoes? ¿Ig- noran vds. que jamás he profesado yo la doctrina de los hombres tt«0iMifÍM? ¿Ña4e acuerdan vds. de que yo quiero poder n a!, y no {)oder mi(itar;.de uue yo guiero ejércimis principios son mas severos qoe los I tos espafkoles, mandadas' por «t rey, y no le mis advcrsu ios; sin hablar tanto como otros de responsabilidad ministerial, estoy profundamente convencido de que por ei mero hecho de no haber sido acosados y condenados á penas gravísimas algunos mi- nistros durante la éi>oca consliiuciunal, se ha insaltado á la conciencia publica.

Me preguntan vds. si admito la aproba- ción previa de los presupuestos: la adinito tan de veras, que no puedo m<.nos de ha- cerles á vds. y á los progresistas un cargo gravisiiiio por haber dejado este punto en olvido, al propio tiempo que tanto cuidaban de consignarle en un papel. Sonreírse han los pueblos, cuando oigan que se babb de poder militar? ¿N'o leyeron vds. lo que Je dije al ministerio Mir.tílores sobre el ncmi- bramienlo del general en gcfe? & semejan- te |)rcgunta se la hubiera Arigtdó^iMfeMtfa el I'k.nsamif.mo dk la \\í ion. hol»iera sido nirs natural. No (juiero la |>n'¡)<)iideraiicia del ]>oder militar, sea «jiiicn íueie el que la ejerza: no quiero mas preponderancia que la del trono, obrando en el émilk d» «s leyes.

Ya ven vds., señores redactores, qnenns respuestas son categóricas, y en verdad que no 1110 ha costado trabajo el formularlas: mis ideas serán erradas ó acertadas, pero son fijas; si vds. hobiesen tenido tiem|)o y presupuestos, y que se interpela sobre esle I paciencia para leer los articules del Pe.nsa punto á los llamados absolutistas. i míkmo hk i.\N\cro>, me hubieran '-vitado Tocante al e.xámen de la cuenta anual de | el recordárselo. Sírvanse vds. leer ei índice los gastos públicos, yo la admito y la deseo I de los tomos 4.» y 2.* de este periódico, y vivamente; pero también opino (jue no de- bían vds. recordarlo. ¿Que cuentas anuales hemos visto? ¡Pobre nación! Por tin me prej^untan vds. mi opinión sonlli encontrarán esplicada mi opinión sobre todos los puntos indicados, y '^obre otros muchos que vds. no han i|ucridr) indicar. Aquí podria dar fin ¿ mí contestación, peí» bro los hábitos provinciales y la centraliza- ■ la oonsidéro susceptible de ampliaciones» Dlgitized by Google fit itof I Meter é k ilnrtf aeion h vd«.

Anlek de hablar de la< formas del poder, es necesario conUr con mi poder, y este poder m España es el irouo. A foi íulccor el trono se dfirígen mis doclrioiis, y no coa palabras vn;ras, romo me achncnn vds., sino con medios lijos. Eslraño es, señores redactores, que llamen vds. consejo va,;,'o á 6gte « rortaleeer el trono con una politica conriliadora,» ctiniirlo es bien sabido que; esta palabra signitica ea el Pensamiento DB LA Kaciok: matrimonio de la Reiua con el conde de MontcmolÍQ. O me en^^aíto mu- cho o psto no es vag:o; por mi parte uo al- cun/u a dúlcnuinarlu mai.

También acosan vds. de vago aqoetto de reunir en lomo de l;i niiitianinia lodos los elementos hílenos do toihis los partidos. Es- to podra ser vauo en los escrilos de otros, pero no en los de qníen ha esplieado cómo se dehei iú hircr p^tn reunión: no en los de (]iucn se ha reido d his reconciliaciones ementadas en prou:raiaah, abrazos y brin- dis« mncbo antes de que se publícasele! Pbins^miento h« la NAnm>; de i|iiien lia di- cho una y tm( veces qiue para aprovechar los elementos buenos de todos los partidos I era necesario un poder foerte, que no tu- | viese que humillarse ante ninjíun partido, j Podré haber errado, pero he sido csplitito; i se concibe qoe vds. hubiesen combatido mis errores. pero no que me aeliníinen un ' lenguaje vajío. Lo misrnn puedo rii^irde ios objetos úliles a ijue dehetia dirigir.-iC laac-, tmdadiotetectuaí y material que se ha d^s- j picírndo en el i);ús, de [ »> medios jífífot y 1 yruéenUs para resolver las cuestiones ({ue | tíeaea en agitación los intereses; y de la eomáiicia impareial que se debería seguir con lodíis las opiniones poiflícas: no hay uno solo de estos punios sobre el cual no haya manifestado mi modo de pensar y en lo tocante á lo mas vago de suyo, la impar- dalidad con todas las opiniones políticas, ahí están los escrilos ea que he condenado la arhítitriedBd/ siquiera se haya ejercido deportando escritores progresistas.

Veau vds., señores redactores, como han estado inexactos al decirme: «Vos os con- cretáis ¿ criticar nuestros programas, pero ' jamás os aventuráis á presentarnos un plan! de gobierno.» ¿vjuerian vds. que publicase! en el periódico proyectos de ley y de reales i decretos? No se hubieron rds/reido de mi, I y coa ntocha razón? Pero va que vds. me ^ reían é que presente un programa, indiearé rápidamente mis ideas, sobre el modo con que deberíamos salir del caos ea que nos hallamos.

Convendrán vds. eonnyigo en qae la si- tuación presente, incierta, fluctuanle, con una crisis todos los dias, no puede conti- nuar sin gravísimos riesgos para el país y para el trono. En consecuencia, lo primero que debería hacerse es convencer a S. M. de la urgencia de poner pronto termino á un estado de cosas tan deplorable.

La cuestión del casamiento de S. M. se ofrece en primera línea; yo he creído siem- j)re, y cada día se. me roiiu-^iicce esta cou- viccion, de que el enlace (lue mas conviene á la Reina y al país es el del conde de Mon- temolin. Con las disposiciones conciliadoras en que se baila este pnucipe, es de creer que se' allanarían todas las dilienitádes muy prontamente. La reacción que vds. temen, yo la considero imposible. Vds. recuerdan el fiimoso Bfamfiesio, y no habrán olvidado las voces alarmantes que se hicieron circu- lar ^úhni las insurrecciones carli.stas: ahí están los hechos que bao venido a conür- mar la sinceridad de palabras solemnes, y la injuslícia de acusaciones apasionadas.

Condiciones indispensables para la eje- cución del proyecto.

4 La libra voluntad de S. M. - la Helna.

^ * La remoción tegal de los ehetáculoi actuales.

3.* La observancia de los trámites lega" Us con arreglo á lo prescrito en la Gonstitu* oion.

Reunidos /odos los es^ñoies alrededor de un mismo trono, la acción del poder sobe- rano tendría toda la fuer/a necesaria pnn gobernar: ¿y saben vds., señores rcdartores, cuál es en mi opioioa la idea que entonces se debería inculcar al trono? La de que es demasiado fuerte para que necesite ser vio* lento; que es demasiado poderoso para qne necesite hacerse iaslruinento de ningún par- tido; y que negana su propia flaerxo, si se rebaja-^e hasta perseguir ni molestar á nin- gún individuo. La inaugnraeion d*» la nue- va era debería ser una amplia y corupieta amnislia.

La pr¡m«»n cansortu^ncia de f'«fe pnsn seria poder diáuiinuir con uderablemente el presupuesto de la |[uerra, uligeraado ¿ un tiempo la cootríbucioo de sangre y de dine- ro. Me pregoataréa vd.<;. cómo se*conserva- 81 Digitizéd by Google ria la tranquilidad pública, y yo contestaré (|nc t nloin (>s esta se conservaría por si misma. \ (|uc »iii recelo de nio^uau cla- se tes iléjnria á los hombres díscolos, fae- ra cual fuese su cíase, que se arrojasen á uua ialenlona subversiva, bien seguro de que sin declarar á la nación en estado de sitio, ni adoptar medidas vielentas, la fuer- ra pública y d Imcn o^pirílu de los pue- blos entregarían al culpable á la acciuu de ^ ' los Iríbnnales.

El arre,^lo de los asuntos de Roma y el reconocimiento de las potencias del Noi tc, babrtan coincidido con estos sucesos: yo no lo dudo, ni vds. tampoco: y entonces per- initaiiiiu' vds. hacer nolar lo ([iio consijío Irat'fi;! ia muña siUiarinii. Con un nuncio del Vii\>d eu MadriJ, cuu la cesaciuii de la iocertidonibre sobre los intereses (]ue ahora se agilau, con la desaparición de cuesliones y nombres irritantes, con la presencia de los embajadores de todas las potencias, ¿no se vé, no se siente la Tuerza, la inmensa Iucr7.a í|iu» tendría el gobierno, y la íiíi;m tencia, la nulidad de las fracciones di:: idea- tes, fuera mi fuese sti color político? ¿Quién no ve, quién no siente la diferencia entre I'» le entonces y lo de ahora? Se me ha lla- iiKiilü iluso porque sostengo esta opinión; tero mi ilusíoa es tal, que no alcBozo cómo lonilires d? hoen juicio paedeii pensar de otra ntaiicru.

Cun un Uüiio fuerte veo posibles las Corles, veo posible la conveniente publici- dad dt' Ids ai lü> del pibierno: sin esta cir- cunstancia no lo concibo, señores redacto- ro»; y para sacarme de mi ilusión no tie- nen rus. otro medio que consolidar un gobierno. ¿Y está en ranunu de hacerlo el {tarlidoaque vds. pertenecen? ISo quiero insistir sobre este punto, no sea que vds. me repitan la del doctor y el enfermo; pero perniUaseme decir;< los lectores: «mirad lo que está sucedieaUo, y juzgad (¡Atre el di« rector del PmvsAnnNTo m la Nación y los redactores del Ilerahlo.''

La primera medida (|uo se deberla snmf- ler á las Córtes es ul arreglo del sisteiua Ui- butario, y acabar de una vez^n ese escán* dalo de lino- ]>: '-iipuestos que se examinan desunes de coiuados. Hasta ahora no hemos tenido jurfsupuestos sino /wspuestos. El examen de la cuenta anual de tos gastos públicos deberia ser mas esrniptiloso ijue ddc los prusupueslus: lo demás es un carr I go sin dala, ó mas bien es una autorización para cobrar, y de la que se puede abuáar largamente. Al examinar los presupuestos, lo haría con la idea de que se ha de ca^ti-ar el de j gastos, uo aumentar el de ingresos: para esto, señores redactores, considero absolu- I lamente indispensubfe que se adopte el iis- ^ tema de suprimir tantas oiicinas como sea * jwsible.

I El ministerio de la Gobernación, con fo- I das sus dependencias, introducido en Espa- úa desde la miicrlc del último monarca, i es cieilatnuate uua lusiiiucion buena; pero I yo preguntaría, señores redactores, 8Í hay I gobernación posible cuando se nombra mi- nistros del ramo a personas que uo son espedales en él; cuando se nouibrau geícs políticos á hombres que jamás han pensado I en administración; cuando hemos visto re- pelidas veces, que un gclc puhlico era un militar, y que mas Kien que gefe civil era un comaudanle auxiliar del capitán general.

Una ley es absolutamente necesaria, la de imprenla; y vds., señores redactores, con- vendrán conmigo en que no podemos conti- nuar con esa mescolanza do libertad y de facultades discrecionales, que no quiero* ca- liticar por varias rabones, siendo uua de ellas el que no le encuentro nombre á pro* pósito. Restrínjase en buen hora la liliertad de imprenta; pero sepamos á que debemos atenemos: rija la ley, y no la vulualad de los hondiros.

f Naluralmeule desearán vd.s. que dj::n yo