verdad, evidente, ualpahle, no hahieis de posiciones independientes, no hagáis alarde de una fuerza que no tenéis ni podéis te- ner. No hav el pacto de familia, pero hay una discortíia de familia. A(|ui está la raiz del mal. Este es el cáncer que devora las entrañas del país. Si no aplicáis aqiii el re- medio, condenáis la nación á una debilidad incurable. No habrá cobierno que se atreva a echar el guante a una nación poderosa, y mucho menos á la Francia. Todos estarán condenados á vivir bajo protectorados hu- millantes. Los sentimientos de orgullo, de independencia, de <lignidad, no servirán de nada; lodos se estrellaran en la fuerza de las cosas, en la inqmtencia.
La Constitución inlefira, sincera, monár- (fuica, liUrahnente entendida »/ pracíicnd/i, no se aviene muy bien con la escepi^ion de iilfjHHUs ilt(f(üidades necesarias. La contra- dicción es evidente. Los adversarios de la oposición conservadora la han abrumado ba- jo el peso de una ariíumentacion que no tie- 4ie réplica. Kl autor de la Memoria ha des- truido de una plumada toda la obra de su fracción; ha borrado la linea con que esta prelendia separar su sistema del de los mi- nisterios anteriores: la legalidad en princi- pio; la ilegalidad por escepcion: nunca han dicho mas ni (ionzalez Brabo, ni Narvaez. Pero añade la Memoria, que la absoluta le- galidad debe ser el desiderátum del gobier- no, (jue es indispensable reducir las ilegali- dades, escatimarlas, hacerlas pasar pronto, dar á entender que no se adoptan por coni- piacencia, sino que se sufren solo proviso- riamente y por necesidad.»;.Quc gobierno ha habido' ni habrá nunca (|ue no diga lo misino? Los mas intolerantes déspotas ¿han dicho jamas que infringian las leyes por complacencia? El ejercicio de su des|)otismo ¿lio W. han fundado siempre en la necesi- dad? Desde Cesar hasta Napoleón, desde .Mario y Sila hasta Danton y Robespicrre, ¿la necesidad no ha sido la |>ahibra con que se han escusado en sus demasías y en §as crüneoeg, lodos los tribunos y todos los tiranos?
Eu cuanto á la necesidad de dar estima- ción y realce á las Cortes, t>bscrvarcmos qne 00 es el gobierno (|uien debe dársela. ¡\y de semejantes in>tituci(»nes cuando la esti- mación 6 el realce les vienen de real orden! O viven por vida propia ó perecen. ^ Kl ensanche de los partidlos legales es una idea muy constituci<mal; pero nótese bien: este ensanche solo se reliere al partido pro- gresista; en ruanlo al monánjuico, hi Me- moria conlirma iacílamiMile el anatema que (MICOS días ha le habia lanzado un periódico, declarándole ilegitimo.
Es curiosa la minuciosidad con que la Memoria se ocupa de todo, inclusa la colo- cación de los ministros salientes. Estraño es (lue el autor de la Memoria al escribir aquel desventurado párrafo, no advirtiese que po- dia esciliir la hilaridad de los lectores im- parciales, V provocar los sarcasmos de los amigos del actual ministerio.
Ya se ha notado la contradicción en que incurre la MtMuoria al decir que "Cs indis- pensable y urgente revocar el decreto del Sr. l'idal, y dejar en pie el del Sr. (lonzn- lez Brabo, que puede decirse sancionado por la aquiescencia de las Cortes. «Desgraciada- mente esta era una cuestión de fechas.
Dice la.Memoria hablando de la impren- ta, que «su mejor ley seria el no tener pre- cisión de denunciarla nunca.» Esto no seria su mejor ley, sino su perfección, su impeca- bilidad, que harian innecesaria la ley. C4uan- do a renglón seguido se lee que «algo y j/íiíí7/o de esto puede conseguirse hoy, si se verilica un cambio en sentido liberal, y se adopta una política de conciliación, » pasa uno rápidamente por encima de tamaña can- didez sin gana de impugnar ni comentar.
En cuanto á la cuestión eclesiástica, la Memoria es sumamente circunspecta; se ¡ atiene á la aprobación en globo de lo últi- mamente propuesto, y aplaza la resolución detinitiva para el año de i7 á 4N. Esto se llama no precipitarse: y nos recuerda el plazo pediao por el maestro de lenguas de que nos habla la fábula.
En cuanto al celo y actividad con qne pro- melian trabajar los nuevos ministros, desde lue^o lo tenemos por un propósito muy loa- ble y s<d)re lodo muy meritorio.
Ara hemos, que ya el articulo va estfn- diendov • ilemasiado. La Memoria puede re- sumirse en los términos siguientes: « Los ministerios anteriores han sido muy malos;^. en oslo no va descaminada. «Observaremos legalidad cuando no nceesilomos infringir la ley;i> este es el lenguaje de todos los dés- potas. « Haremos que al palacio solo suban adoraciones; » asi hablan todos los cortesa- nos, «Casaremos a la Keina consultando el real ánimo v los intereses nHcion '''- - -^f » 85 es luuy bueno, |>ero lan genera] que no sig- | nitica nada. uSupcraremos todos los obslá- I rulos;» superarlos en el |)a|)el, no es lo mis- f mo que superarlos en la realidad. «.Seremos \ independientes;» la dilieullad esta en que podáis serlo. «De los decretos sóbrela im- prenta loniaremos lo que nos conviene;» es- to puede ser muy político, pero no es muy ' legal ni muy consecuente. <i Dotaremos a la Iglesia cuando podamos;» lo mismo lian di- cho todos los ministros. «Seremos laborio- sos, celosos y activos;» estas son calidades i atendibles. «Nuestro gobierno dará á la na- ción felicidad y gloria;» lo mismo prometen los empíricos de todas clases.
En la Memoria no se resuelve un.solo problema; no se enuncia una sola idea de gobierno. Cosas muy comuiu's dicbas con escesiva gravedad; contradicciones e incon- secuencias: de una parte incienso á la corte; de otra lisonjas a los progresistas; promesas ambiguas, propósitos generales mic nada .signiiicnn; bé a(|ui la.Memoria. No ha satis- fecho a nadie; y ha descontentado á muchos; el público le hará justicia, aplicándole la pe- na que merece: el olvido.
EL COJIlXiaDO DEL SEXOR RIDIÜ •u iil T I.A CARTA La cuestión del matrimonio de S. M. que siempre ocupa vivamente los ánimos, ha ad- quirido estos últimos dias un nuevo interés eon la publicación de dos documentos sobre- manera notables. El objeto a que se relieren y el alio personaje cuyo nond)re se ha mez- clado en ellos, les dan la mayor importancia. Hablamos del comunicado del Sr. D. Anto- nio María Hubio, sercetario particular de la Reina.Madre, que ya insertamos en el nú- mero anterior; v de la carta de esta Señora dirigida a su difunta hermana Dóña Luisa Carlota, desde el Real sitio del Pardo en 23 de enero de < 830, que verán nuestros lec- tores en otro lugar de este numero. ,. M. Thiers aseguró sin titubear, y sin el cortes rebozo ({ue el objeto y la oca.sion re- (juerian, que la Reina Cnsliua lia dejado nacer en su corazón un odio Jiainc/ iuca- lilicabte hacia los hijos. de su hermana, y que donúnada pur este triste sentimiento, ha ido a buscxir en.Ñapóles al conde de Trupani para esposo de su hija. Estas pa- labras de M. ihiers han escitado la lealtad y el celo del.Sr. Hubio, no consinlii'ndole «tolerar |>or mas tjemi>o esa injusta acusa- ción de un sentimiento mezquino y vulgar, hecha a quien tan distante esta de mer.^cer- la como Reina y como Señora. » ¿Por que no habia salido antes el señor Hubio a la defensa de la Reiua Madre? £1 autor del comunicado nos lo esplica dicien- do que >< mientras el encono de los partidos ha achacado a S..M. lu Reina Madre eu lan importante asunto estas o las otras nüras, fundadas en cálculos políticos mas o meaos prudentes, en afecciones de familia mas o meuo^ disculpables, el encomendar la res- puesta al tiempo, el profundo silencio de parle de ^mc/i con pocü$ palabras |)odia de- fender a tan augusta Señora, habrá leuido si se quiere por grave inconveniente el inevita- ble eslravio de la opinión > pero descansaba en razones atendibles de regia dignidad.» Permítasenos decir que esta esplicacion es poco satisláctoria. El encono de los parti- dos no se ha limitado á achacar á S. M. la Reina Madre miras fundadas en cálcu- los políticos mas o menos disculpables; por el contrario, no recordamos que en ningu- na época se hayan hecho á esta augusta Princesa cargos mas terribles, ni se la ba- ya insultado con alusiones mas crueles. La delicadeza del Sr. Rubio y su acatamiento á la regia magestad, nos relevará de prueba eu lan desagradable negocio: á nosotros nos repugna leer nuevamente los artículos donde se hallan espresiones altamente injuriosas, y jamas podríamos resolvernos a insertarlos dí aun esli'uctarlos. Seulinios (|ue el Sr. Hubio no creyese conveniente romper el silencio en aquella sazón, ya que según nos asegura, con pocas palabras podia defender á lar» au- I yusla Señora. El motivo actual no ha sido tau grave, ni con mucho, como el que entonces habia.
Coniiesa el autor del comunicado que el I grave inconveniente de su silencio, era el inevitable estravio de la opinión: ¿por ven- tura las palabras de M. Thiers habrían lie- cho este estravio mayor ni mas inevitable?
¿no se ha propueslo ahora el ¿n. Jlubto iin- j Co«i|)hiüc también sobremanera el notar fHNKí-^ifíic «resntltaset^Tjoé' iWn^ ¡I íio©*«l«uH>lf As* coratinicado asienta cspre- ;infiírn;i> r injustas acusaciones hícia la ' saninnín qtio la nirsfio!) de! matrimonio de Keina Madre?' ¿Por qu(* no traló de impedir ii 'a Heina «no por ser diplomática deja de ser lo entonces? ¿por (jiie no se evitó el que na- |! esmciaímente naeUtnat.n En eSto se tie# fliesnn escusándose el 'cfiiida«fo evitar que |; prenda, aunque indirecta, de que cuan- rfsiicitnspn? ¿qué razones atendih]e«; d(> ré- ^'o llejíue la ocasión de resolverse deliniti- a& dignidad Kabia enlouoes que no oonU- u vameute al asunto del matrimonio, la Keina 4fceiitfa^ yi,fe,Éhitffi>«t^Wi^«ipiwi<l%ity i 1llirtrtww^é«i»^ pwtei»ill!liiWsucia partf •Creemos que el Sr. Bnbh no anduvo | impedir que esa grave rueítion que «hade acertado en su conducta, y que hubiera sido hacer ia felicidad personal de su hija, y en mas oportuno, v sobre todo mas nacional, el \ l^'^ *'hra el pais un largo porvenir de *glo- é eafiaftolés 'tjn#«t»%r^dip«rtíido ¡ se d " " " mátieas y palacieíras; V que antes por el ('<m trario, procurará que la cuestión sea mirada desde el único punto de vista que conviene, eslranpero. Españoles eran los periódicos que reclamaban aclaraciones; aíírnnns se escedieron en sus demandas; pero no falta- MINHios qne Wi^iMty mesura que el negocio requeria EffwÉoles eran los diputados, asi de la mi- anrta como de la mayoría del Congreso, (pie deseal)an esplicaciones fmicaa, y qoe de! diferentes modos manifestaron su voluntad. I Kapfloles eran los ^ue formaban esa inmen-! 9á wfMbt-pé^^kÉi, ftfMÉÉlii^ alarmada con | las voces muy acreottádasde que se trataba I de realizar un enlace contrario al interés nacional. Todo esto no bastó para «pie el /^j^JNéÑf interrumniese ' iW'IflMtio v pro- nsKÍai9e las pncis f//;/;r-7v nuc podiaii df- fevdcf ála Reina Madre, y añora bastan las aeosaeiones de M. Thiers* de un eslranfie- ro^v^i^ qat ge hable y se descienda á es- plicaciones minuciosa^. Si ahora apela el .Sr. /^N^to a /a ve/uatoi española, ¿por qué <te|É lie apelar cntondMHSeremos francos: esta conducta nos ha cansado una impresión desagradable; y di'srariamos que otra ver se atendiese un poco menos a los estrange- iwi y un poo^ WMMl#éspflnole9.
Asegura el Sr fíuhio que no caben en la ihistre Princesa u esos odios implacables de saber: conciliar la felicidad personal de la- Reina con el verdadero interés de la nación. Un bccho resulla de la comunicación det^ nido á parar la candidatura napolitana. Lá( responsabilidad de este nei:ocio se declina ( orno una cosa insoportable; siendo de no- tar que preci«iiiW»W^tÍP#m¡ÍÉo páfraft^ en que se defiende á la Reina Madre de este cargo, y en (|ue se promete ó se ame- naza, Cíiclarecer pronto v solemnemente el negocio, Ée leen las siguientes palabras! 'ié¥ entonces cesará para aquella auirusta Señora un singular ntarlirio que solóse sufre junto- ai trono: el de ser eaíuMniado sm defensa. i'- ¿lla notado el.S>. Rubio, que la colocaciOtt- (le la palabra calumniado, podría haror sos- pechar que el haber tenido parle en la can- didatnnr napolitmia M^rMÉlKa óomo una Iidiniiii! Kstn seria decir mucho: nonos atre- vcrianio> a tanto nosotros, sin embargo de <pie es conocida nuestra opinión, bien poco favorable al' nthtHmoiio del conde de Tr¿*^ pañi.
.Seria de desear rpie el solemne esclarcci- tie la acusa, v que esta Señora no sabe l¡ núcnto no se hiciese esp«HHnmicho; tanto MmIM'NmM^ Minemos que objetar: nos { mas cnanto (pie In ambigüedad de la negaii- íwnnín- cnifK en creer que h< sentiíuientos \ va ha escitado sobremaoera Ii<illi|li8idad pé-» de la Ucina Madre son dignos de su elevada I biic^ ima princesa cristiana. Por esta razón nos í f]W el asnnlodel matrimotHlNIe Trapáni no pareceria ininriosa la manifestación de la ' babia llegado á verdiulcra neárociacion: las mas leve sospeclia contra la verdad de lo |, ¡>atabras del documento, que debemos su- ^ •aflfnia ePUNf^tfiMio, deque la Itéhm i poner muy medMIf, y escrupnfbsamente Maílre ■ iiiiii;imi»nle atiende y atenderá al { p 'sadas. no autorizan para sacar c^ta con^e- bien del puelil»» (pie ella también rigió un!' cuencia. No se dice que la Reina iMadre dia, y solo muy altas consideraciones de io- i no haya tomado parle en el negocio de Trá- terésjMúblico la harían «parlarse de '<telelr- pañi; solo se esjiresa ^e Vr. Thiers no es i*f I Dlgitized by Google (|uc la Henia.Miidre luí Ixiscado < on < iii/¡cfiu un candidato na|H)iit»nu.>i Puedo una per- sona lomar [míiIo en un ne,:;of¡o, desdar el Uíiívo de un objeto, ayudar a su consecu- ción, aun cuando no sea ella quien haya promovido el asunto. No se niega el parlici jinr, sino el buscan y alenÍLMidonos al ri- ííuroáo sentido de los términos, ni aun se niega el simple buscar, sino el buscar con empeño. Las palabras que si^íuen podrían j confirmar esta conjetura, cuando con alu- sión bien poco rebozada por cierto, se dice: «de cstrañar es que el sagaz historiador, enterado liien á fondo de la política con- temporánea, baya venido a buscar tan lejos el oriíjen y el apoifo de la candidatura que deplora.» Esto equivale á decir: ¿á (juc l)uscais en Madrid lo que tenéis en l'aris? La corle de las Tullerias no puede quedar niuv satisfecha: seria curioso que el pronlo V ei solemne esclarecimiento acabase de de- jarla mal parada. Asi aprenderá aquel gabi- nete á estudiar las cosas de España mejor de lo que ha hecho hasta ahora; y tal vez cejará algún tanto vn su propósito de mane- jarlas con tal ligereza que solo puede escu- sarse con su profunda ignorancia de la ver- dadera situación de nuestro país. >.ni'/<> En la parle política del comunicado nota- mos algunas cosas que nos hacen una im- presión poco agradable. Comprendemos qae un escritor á <|uien se ha de suponer cono- cimiento exacto del pensamiento político de la Reina Aladre, y que esta hablando preci- samente para defenderla, procure presentar á esta augusta Señora en una elevación su- perior á todos los partidos, completamente exenta de los rencores que los dividen; pero hubiéramos deseado que al darnos cuenta de los pensamientos políticos de la Reina Madre, no hubiese dejado resentirsus espre- siones de una especie de vaguedad ó escep- ticismo político, <(ue no asienta bien en tan elevadas regiones. Precisamente, cuando se quiere salir de esa vaguedad y escepticismo, se tropieza y se cae. ¿Cómo? adulando al )artido moderado, manifestando sentimiento de que con este grave negocio "tanto se ha- ya quebrantado;ior desfirucia la necesaria unión de la opinión moderada, é impedido que á eslax horas Iludiese renunciado iil tiom- brede partido que necesitó en dias de com- bale; » estas palabras en boca de persona tan autorÍ7.a(Ui por su situación particular, se prestan a consideraciones bien tristes: al leerlas creíamos leer un párrafo de alguno de ios periódicos moderados, una de esas vul- garidades en (pie ya nadie lija la atención, y que solo se re|>iien por costumbre, ¿(kec He veras el Sr. Rubio que la cuestión del matrimonio de Trápani hava impedido queá esías horas la opinión moderada hubiese ya renunciado al nombre de partido? Cree el Sr. ¡(libio que sin este incidente, el partido moderado habría absorbido ya en sus filas á la nación entera? Estraño seria que una i>er- sona de entendimiento claro hubiese llegado á persuadirse que una cosa tan grande como la nación espailola, cabe en un recinto tan pequeño. Ademas de que, aun cuando esta fuese la opinión del escritor, tal vez habría sido mas acertado no emitirla en un escrito, 3ue conjeturas mas ó menos infundadas ¡m- rian fácilmente atribuir á inspiraciones su- periores. Se traUiba de no herir á ningún partido; v no se advirtió que manifestándose predilección por uno, pudieran darse por ofendidos los otros: que también los partidos «se agravian, siquiera con la descímiianza.»
En un escrito semejante hubiéramos querido encontrar con mas frecuencia las grandes palabras de Trono y Aacion: lo pri- mero era muy monárquico, lo segundo dig- namente popular. También nos ha de dis- pensar el Sr. Hui-w si nos (luejamos de que al hablar de la larga y dolorosa esperiencía I con que ha sido amaestrada la Reina Madre, I V de la altura en que esta augusta Señora se I hallaba colocada asistiendo al opcclaculo ; de nuestras vicisitudes, solo le haya ocurri- i do la humillante espresion «asistiendo desde tanta altura, al espectáculo de nuestras wi- ' serias.»;Ay! ¿miserias? ¿nada mas que mi- serias? ¿este punto de vista se toma ruando se quiere apreciar el verdadero valor de las doctrinas y personas de todos los partidos? Espectáculo de miserias ha habido, sí, de grandes miserias, no cabe duda; pero ha ha- bido también espectáculo de terribles infor- tunios, de <pie la nación ha sido victima y no causa. Espectáculo de miserias ha habi- do; pero ha habido lanibien espectáculo de heroísmo, cs|>eclaculo de un pueblo <|ue der- rama sus tesoros y vierte a torrentes su san- gre alrededor de un trono. Si, espectáculo de heroismo y calamidades, que no debe re- cordarse jauiás por nadie, sin tributarle lo que merece: admiración y gratitud.
Basta del docuraeolo del Sr. Rubio: ocu- pémonos brevemente de la carta de la Reina #nsliiia a su hermana Luisa Carlota. Se ha (|uerido dar á este ultimo documento una inifiortancia i|uo en nuestro concepto está muy lejos de merecer.
ha dicho (|ue la Koina Cristina liabia «IDerido en otro tiempo el enlace de sus hi- jas con los hijos del infante don Francisco, y eu esto se ha (juerido fundar una especie de compromiso (|ue liffuc á esta au^'usta Se- ñora. Por de pronto la carta lleva cerca de diez años de fecha: en este tiem|>o las cir- cunstancias lian cambiado completamente: y eo pruéba de esto notaremos que al escrilwr la carta la Reina tlobcrnadora decia que lle- gado el momento no dejaría de proponer es- te matrimonio á la representación nacional. ¡Flacas previsiones de los miseros hummin^' A la sazón, ¡cuan lejos se hallaba de pensar que Ueyado el mámenlo no seria ya Gober- nadora del reino y que habría pasado tres años de eniigracioa en países cstraños! Enton- ces deseaba (jue el tiempo votnxe para poder cercano a efectuarse dicho matrimonio; el tiempo ha volado ya; pero no para rcali- Mr ideas que llamaba halaírUeñas á su co- razón, sino para llevar sobre este desíjracia- do país tempestades espantosas y amontonar complicaciones terribles.
¿Oue quieren siirnilicar los periódicos que exigen a la Reina Madre el cumplimiento de M palabra? Ksla Señora espresaba su deseo; *Ítro no liííaba ni po<lia ligar el porvenir ni de su an^'usta Hija ni de la nncion. Los par- tidarios de la soberanía popular no serian muy consecuentes, si tratándose de un asun- to nacional. diesen escesiva importancia á los afectuosos y privados desahogos de una hernuina con otra hermana.
Se dice en la carta (|uc este fue siempre muí deseo: una voluntad «le Fernando:» nos- otros lo creemos asi; nos basta la palabra de la princesa que lo asegura. Respetamos por otra parte la volimtad de los difuntos; pero es cuando disponen de cosas propias. La vo- luntad del Rey Fernando no podia compro- meter el porvenir de la nación. Las naciones aun(|ue siean gobernadas por reyes heredita- rios, no son propiedad de nadie. La suprema autoridad no es un riguroso dominio. Fuera cual fuese ta voluntad de Fernando en sus últimos días con respecto al matrimonio de sus hijas, su voluntad no liga á estas prince- ms, libres en este punto por derecho natu- ral y divino; no liga a la nación que tiene el inconcuso derecho de hacer llegar respetuosamente a lo> oídos de S. M. lo que mas conviene á la seguridad y esplendor del trono y á la paz y prosperidad de la España.
Quisiéramos (jue en este nunto no se ha- blase mas de la voluntad del difunto Rey Fernando; que si se liablase, nosotros a |)e la ria- mos a su voluntad presunta eu los momen- tos actuales, evocaríamos su sombra en lu regia cámara y le diriamos: «mirad lu que ha sucedido después de vuestra muerte, mirad lo que ha sucedido en vuestro mismo pala- cio y en toda la nación. El cielo apiadado de la inocencia de vuestra escelsa bija, la ha libertado de la conllagracion universal; su tierna mano empuña el pesado cetro du sus mayores; para entonlrar un principe que le n\ II li> en el consejo y la deíienda con la es- pada, las opiniones están divididas: elegid vos su es|)oso.j> Por nuestra parte no recu- saríamos al augusto árbitro, y estamus se- guros de que su elección no seria desacer- tada.
SOBRE EL ARTICULO DEL CONSTITICIONAL DE PARIS.
MMlrM «i ikjtiniA <k- KiC.
El Conslitucional de Paris, en su núme- ro correspondiente al 1 1 del mes actual, ha publicado un articulo que puede ser mirado como una coulestaciuu al comunicado del Sr. Rubio, secretario de la Reina Madre. Siendo bien conocidas las relaciones de •M. Thiers con dicho periódico, y distin- guiéndose el citado articulo por la abundan- cia de datos á que es tan aticionado y está en disposición de adquirir el celebre c.\-m¡- nistro, se deja suponer (|ue si no es él mis- mo <|uien ha escrito la contestación, habrá sido él (luien la hava inspirado. Aunque nosotros damos poca importancia a las pala- bras de M. Thiers en todo cuanto necesita conocimientos especiales y positivos de la verdadera situaciou de España, no podemos negársela en lo concerniente al curso de las negociaciones diplomáticas en que ha toma- do parte el gabinete francés. M. Thiers no se ha limitado a una simple reseña de los hechos, sino i|ue los ha acompañado de al- gunos coméntanos sobremanera signiticali-n vos; aprovechando esta oportunidad para raaiiifeslar su opmion subre ia coiivcuiMMiii y )>tol)abílidades de éxilu de las diíerenles candidaturas.
Se alirma en dicho articulo que la predi- lecciou de la Iteina Madre lia estado desde el principio á favor del duipie de.Mnntpcn- sier, pero que el gobierno francés ha rehu- sado constantemente dar cima á esla alianza. Dejamos al escritor francés la responsabili- dad de lo que alirma sobre la predilección de la Reina Madre, y llamamos la atención de nuestros lectores sobre una cunlradíc- cion palpable en que incurre el articulista, al apreciar las razones de conveniencia de dicho matrimonio. Asegura que »de cierio habría sido popular en España: » son sus palabras literales; y luego. pro|)oniéiidose esplicar por que el gabinete de las Tullerias renu.só constantemente dar cima a esta alianEa, dice que este matrimonio tendría el inconveniente de introducir en España la inlluencia francesa y de hacérsela odiosa. «Preciso es confesar (pie para esto había una razón ^rave. En una nación como la españo- la sena peligroso introducir un inlluencia cstrangera; y el matrimonio del du(|ue de MoQtpeosicr con la Reina Isabel lendria el iaconveníenle de introducir la influencia francesa v de hacerla odiosa á España.» Nuestros lectores pueden ocuparse en com- prender cómo de cierto s^ña popular en Es- paña una candidaltira francesa, (pie nos ba- ria odiosa la inllaencia francesa: por nuestra parte no lo alcanzamos, y en esto vemos otra prueba de la ligerer.n con (pie ciertos hombres (pie se llaman importantes, se ocu- pan de la política española.
Auii(|Ui' el articulista del Constitucional considera grave este motivo fundado so- bre el carácter receloso del pueblo español, cree sin embargo (pie la decisión del gabi- nete de las Ttillorías ha tenido otro origen, cual es, el horror á loda intervención en España; intervención (pie tarde (í temprano podía resultar del matrimonio del duque de Moiilpcnsier con la Reina Isabel. Es verdad (pie el giibinete francés ha pretendido siem- pre intervenir en las cosáis de España, con tal (¡ue la intervención no fuese real y efec- tiva, es decir, por medio de las armas; pe- ro no es exacto que su oposición al mencio- nado proyecto dimanase de este último mo- tivo. El Constitucional no ha (juerido decir en este punto todo su pensamiento, y lleva- do }»or espíritu de nacionalidad ha callado la ; verdadera causa. Ni la Inglaterra ni las |>o- tencías del Norte hubieran consentido antes, ¡ ni consentirían ahora, que un principe de I la casa de Orleans se sentase en el trono de España. Esta es la verdadera razón de que el gabinete de las Tullerias no haya llevado adelante un proyecto que no podía menos de serle muy grato.
Conliesa él Constitucional ipie el nintrí- monio con el conde de Mfmtemolin habría j sido sin duda el mas conveniente, á ser po- sible conciliar los partidos y borrar lodos los I recuerdos de una guerra civil: pero cree ' que lejos de producir esla apetecilde conci- liación, la elección de uií hijo de 1). darlos avivaría por el contrario una porción df* (idios aun no estingiiidosen España. Estonn es mas que la repetición de un argumento muy manoseado: el proyecto es el mejor, I pero es imposible. Por de pronto hay en es- li le argumento una confesión importante, cnal i¡ es el espreso reconocimiento de que en el ; proyecto del hijo de I). Carlos se abriga nn gran pensamiento político. Por lo mismo que es grande, por lo mismo que es lo mejor, se jí le llama im|K)sible: sea en buen hora; nos- Ü otros no nos proponemos disputar sobre la 'I posibilidad ó imposibilidad: mil veces hemos emitido nuestra opinión; pero no podemos ' monos de apelar al buen juicio de nuestros i' lectores para que fallen entre nosotros y I nuestros adversarios. Nosotros decimos: es jl lo mejor y es posible. Nuestros adversarios l! dicen: es lo mejor, pero es imposible. Nos- I otros decimos: es necesarío acabar para jl siempre con los gérmenes de discordia; y I esto es posible..Nuestros adversarios dicen: I es necesario acabar con la discordia; pero esto es imposible, ¿Quién tiene mas fe en el porvenir de la nación, en el carácter ge- neroso de los españoles? il El articulista aliriga los consabidos tenio- Ij res de que volvería a empezar la lucha, por- ¡I que los fueros, el clero, el absolutismo harían y la guerra á un estado social mal aiirmado todavía, á los bienes nacionales recientemen- te desamortizados y al sistema confítilucio- , nal no consolidado aun |K>r una larga cspe- I ríencia. Ignoramos cuál es la |H)litícadc qac M. Thiers pensaría echar mano para atírnitr I el nuevo estado social, dar seguridad á los I compradores y consolidar el sistema; pero lo cierto es que los medios empleados hasta ; ahora no pueden tener muy satisfechos a los I ipie se interesen en el resultado. La sociedad r está conlinuanienle amenazada de nuevos (rastoruos; con fre<*ueni"¡a eslallan insurrec- ciones (|iie proclaman una r.unslitucion po- lilica dilorcnlp de la ai lual; y los com^íra- <k)res de bienes recienlenienle desamortiza Uos se alarman. no sin ra/on, en v ista de la- instabilidad de las cosas publicas, y te- men (|ue en algunos de los trastornos que nos amcna/an, sobrevengan complicaciones 4|ue, acarreando cambios viólenlos, puedan ser luuestíis a sus nuevas propiedades.
Ka causa del reto francés a la candidatu- ra Cüburjío, la encuentra el ConstUucionai, 00 en el temor de que prü|)ondere entre nos- otros la iiilUiencia alemana, sino en que ■<i(Mulo la casa Cuburgo inglesa por sus alian- zas. >e ha previsto (|ue esta candidatura se- ria muy impopular en España. Por manera, que ni aun en este paso atribuye el articu- lista ningún mérito a la política de las Tu- nerías, ni siquiera un interés nacional ó di- nástico; solo ve una medida en que a poca co6ta se procura captar la popularidad en España. Kn este punto iiosotnis hacemos mas justicia al gobierno francés, y muy particularmente a las opiniones y sentimien- tos personales de Luis Feli|)e. Este monar- ca DO puede olvidarse de que es Borbon, y de que la circunstancia de hallarse en el trono de una nación tan poderosa, le obliga de una manera particular a ser el protector de los intereses de esta augusta casa. Por cuya razón se ha opuesto siempre y se o\)o- ne todavia, á que el trono de España salga de la familia de los Borbones por el enlace de la Reina; y en esto se funda la escln- siva de los Coburgos, y se fundará la de to- dos los principes no Borbones.