' Una colección de las relicitaciuues que se liaa pabNeado en fiapate desde 4 80», seria ua libro esrelmte para DMditar aalira las eaaas 7 los hombres.
OIr«.
Va muy probable que el final de ISiC, se- ra nuiabie por las muchas aiucuciooes que harán las aatoridades*, ealOBoa togiere la idea, de aue también sr ptnlria formar otro libro escelente, compuesto de las aiocucio- i^s de las autoridades desde i 808, y muy te desde 4832.
JBa d diBearaa de fdícilacion dirigido á la Reina por el Sr. Pre-i^trnte ilel Senado cM5del actual, hay un párrafo notable. El Senado al con¿;ratularse por el enlace de la Infanta con el duque de Montpensier, no se limita á una simple cspresion de acata- miento ála voluntad soberana, sino que in- dica una razón pática de la conveniencia de e^ anlriinonio. Hablando de la Francia, dice: «que después de hihor atravesado largos iurorluaios, se halla hoy en la admi- rable prosperidad que prodoeen siempre las instituciones que lojíran hermanar la libertad y el órden á la sombra do leyes tutelares rígortísafneule observadas.» Como debemos 8ipa«er la nayoraincerídad alaalor de este púaje, lomamos?ns palabras como una me- dida bastante aproximada de ia profundidad de sus estadios sociales y políticos, sobre la ailincioa de la Fraacia.
da ma iiaeiniáiaestá pendienle deaahoartml'.
déla El MleeinieBto de na aalfera— etoalqtftf»' ra de Europa, seria mirado como un suceso común; el del rey de los franreses, es con- siderado como un suceso altamente peligro- so. ¿De dónde la diferencia? ¿\o ha refle- xionado soface esto el Sr. Presidente del ¿Senado?
Vo hay hombre pensador, que no tiemble al meditar sobre el estado de las ideas y sentimientos disolventes que pululan abun- dantemente en Fianeia, y que amenazan su porvenir de una manera formidable. Es- cusamos recordar al Sr. Presidente del Se- nado lo ronebo qne se ba escrito y se be sobre esle particular, y por hombres de todas opiniones: suponemos que lo sabe.
'Todo el mando tiene la vista fija sobre la miarte de Luis FeKpe, eomo un aconteci- miento qne pnf»dc eompromeííT h tr;ínqiiili- d«d y el porvenir de la Ibrancia: ¿qué pen- ][ ¿Qué habrá en el fondo de esa sociedad de donde surgen con tanta frecuencia asesi- nos de su rey? Se dirá que estos hombres, son escepciones monstruosas...cierto; por- que es bien claro que el ser asesino de un monarca no puede serla regla general. IVru ¿cómo es que nada de esto sucede en otros paises, sino nuiy rara vez?
¿Cómo es que en España, en este país insolentemente llamado de costumbres bni- tales, jamás se ha disparado un Uro contra un monarca?;,Cómoesque durante la guer- ra civil no se ha hecho nunca una tentativa de asesinato contra dofia Cristina, ni don Carlos? ¿Cómo es que d(>spu« de termina-- da la guerra, á pesar de los vaivenes de la revolución. Doña Isabel ii no ba ucccsilado^ ni necesita escolta de seguridad, y podría' pasear tranquilamente y á pie entré carlis- tas y progresistas, sin uingim peligro para su augusta persona? Estas diferencias deben estudiarse ¿fondo: esto ensefia á conocer á las nni iones, esto hace apreciar con exacti- tud el mérito de las alianzas, ün Senado de- be hablar á so Reina con palabras mas me- ditadas; del)e guardarse de lugares conra-r nes, que '^u\a nsirntrtn IiÍimi fn mi articnlO' obligado de un penodtco conservador.,.
Se poml'ia muí ho la ini;M>i lrtncia de \^ cuuibÍQa(;iua Irancesa, para ei ajiunzamienli), no de la monarqola fD¿tP!«c bien), sino (1<> la.iBonurquia coaslitu. loiial. /,Par Aventura U»\ cosas que dmlen yaii(he'tiij«st>n leiiinhiaiio Itien. ' 1.1 íJoíí*.
marse iclea de las insfiinnoim en Francia^ ser4 bueno oír el voto de los Sivs. 1 oniredu, Cormcnrri y Tliiors, que ha'orau e-ludiado 1a|m^t(iria alu^i iuas (|ui; i^uc;pj.rusS.^!U)iiu;;f s.
'rhicrs cu su nu-onlo j;.,fgp)«|^.,jji^ímrso, ^ Se puedi! asegurar siu uui¿;uu loiuor ile oquivorar.S!í, (|.¡ > h nación que li^ue su >ucrlCi^uii ia i íaucia, cspcriuicuiaia ticu- tro de pocos años vicisitudes profundás.
\n •« aeabr*.
La revolución de juüo de ISoOno csel: lénuitaode )a revoíucion francesa: es ^la- i! mente una de sos 6ise$.
,.¡ Ei;interiM de la (Htliiica Irauf-esa v,n q\ nialiiiaonio d(*l duque ÜC:.UonlpeQ.sicr coo la inmciliala siicc-ora á la corona Espa-r f:!,: '["' ^cr liii'n LTfande, ruaudo a «'I bavriuca la bueaa iu^tii^cift cou el ^- lu«iete in^Jés, y se arroflbu-la índif^apiür de las pi^ii'iirias dci Norle. Se habla dft i* p¡ni(tie de ja dolé...j^uó candidez! ^«««t nevctaelMi.
nevctaelMi.
Din- (íi h'.'aii!!' n. Knriípi ' en su firoles- 4)tte4iO |^uuM»a:(il»Pieu«ieu- er vordadcn» motivo yei objeiD d" i»ii«;^>erfeMMioi(MMi)^ tia:^in que en París, donde tan bondadmor. hirsi'.e fne rerihido pnr el rey de ios IVanro- set>, vtu ciarameule que ao se ie castigaba \mt iiaker aapiitedotufrftía áiia bwoo de Bfe .sino ucir no (^üiiLmn i cn'jOilMd^' o, some- liendítio ú j "j f hir 'W irix. y ronLiJuindoio í>ui i HTia.<. Cuaiuts ^enau la iailuettM (iay Ut eondicidiif lo BMoifíesla el InfanMl cuando añadí' (pie no falló eo l'aríf; a los debiMes que ic li^an con su patria y con:^u familia: y lo esplica mas cuando advierte quceí matrimoBio d^' la fafant» con cid oque CaalldatimperMiialcs.
Los partidarios de! nintriiuonio francés en.srdzan Innclio las cualidadc.^ perrovnlt's del duque de Montpensier. Ü> posible que sean relevantes; nada ¡(abémis sobre es le parifenlar.
Durante h resfánracíon, Ir.-f cunlidndcs, personales de Ijíís^F'cljjje craalenida'. por rele vantes. Luis Felipe.es rey de ¡qá frap- ú! oira CCijCS.
■ otro rÑBcni».
rraillelnio de Nassau, principe de Orau- , Lcaia cualidades pcraouale.'» muy rele- vantes. Estaba casado con María Stuart.hija de J^cobo II, rey ái In:ílaleria. lín I6S8» Jacobo lí fue destronado, y el ¡n mcipe dui- lleinip í{ji<\ prpclaiuijido rey en lu¿^ar de su inibriunado suegro...visiina residencia «itÍltléHttt)indica«do qiMl r.'i.'íonclá jr la r.f ínj.
Cuando la TraiT-ia estai»a haciendo ses- lioueri Ciertas eu iavor dei cunde de Mouion m^tt, también oinios^que htonáidon exiatf lia. Kslo uiaidliesla que para el gabinete ¡Vanees el ¡¡i ohleiua niatriiiioiiio de la Reina de Lspaúa calaba planeado cu una ccuacioa uuode había dos oantidade»:i.una! constante,: variídiie. Lu (■on>laiU(í et;! ci duque de ]^iiMAtpeu^ier. que de un mudo u de olru ÍMt- bia de ser marido de Iq íiuncdiula sucesoria a la corona. La variable era el marido de Reina. K>li* ])0(lia ser el conde de Trapani; el de Moiileuiüiiu; ei infaule.D. Eurique ó D. Francisco de Asís...Asi trata la p^iitici francesa á la&eina de España!.,. Una sola condición lija: la conveniencia de la Fran- cia! y para mar^f^4^.,S„4M.,4^Maiquicra piiu,- <»t'iirritíHeI.,. ¡CoiU'> ^, liilr <|uc no liayd f alucinarse coii'fwspecto « in estcnsioii ilrl vn Kspafia iiu hoinlire tirt hastanUs corazón j liori/.Qotií, sobre el cual se (juieren aveuliivenladl...6i'\m ropo;,s«ipaio inny parlifiiiarmeiilc la i.
lie hastanLu corazón a lotla la i rar los y)rnnrtslicos; no cnipcflarsc en fjotf^r- ui)!ii Km- I| minar el modo de un suceso, cuando solóse \(*. Reina: cu ha re nada menos (jue -i Iral;)})» lie!a n la, y do la Te'.'ii",'"'-t:í'a i¡< i..,. ta liuérliina i f,a iixi; rioii ' it el mum y delire in |)iuin8. ¿Y Un.a\ ia iidV liondjres, Itny ospañoles (|uí; presentan t'onio uu lilii!i> de lealtad \ <! > amor á sii Reina el constituirse los np; tasyeneojni do la política francesa?
ndu llestie a la edad; aci. u wa^ pobre, cual es la tiue se relé pnede conocer en su sn-slanria: no lison- iracterizarle individualmente, i.:¡uíi l ): itiii se le piredií sefialar en globo^ en un conj[nnlo epie no deja ver claros los H- neamientos particulares. pero qne dice lo ' ' para formar juicio de una época; •.liiv ii io. poseer la severa imparcialidad y el lino discernimiento cpie se necesitan para recoírer datos,,y apreciarlos de la manera conveniente.
Confunden muchos los datos políticos con de ííij afrnf? f'cro ]ab! el plazo no será tan lar^o: mucho antes, mu ' üon la lija en ei |)m viMiir..,, estas recnerdi', íjue cuando callaban taulos tpie, tenían o!)Ii.:;acion de ' " tanto cnterc7a v \ ' á la par ion v a hablar, tuvimos has- " para decir iq verdoií Kirritu m B«n:i Urna mi.'
Se hn disputado sobre la fusibilidad de lu certeza' en ali^uii 's ( ioncias, ocu¡)ando tjn- tre las dudosas un lu-; ir especial la política, tpie por la muchcdund)re de dalos que ha dií <«ner presentís, y In variedad y movilida<l d " ' ' lientos, parece estr.r jirivada de toda d«. >icion. y condenada a limitarse a rae- rás conjeturas..\iin(pic estosen verdad en muchos rasos, no lo es con tanta tiencrali- dad cüHío al ■"• ( ireeii: en liea como en todo, se pue i.lar. v\\ > con pro babilidad de. acierlo. otras concerlc/.a poco iiM-nos fpie absoluta, l'ara esto es pireiso te- Der el gol|)e de vista bastante seguro para no Irere á intentos 6 gestiones de personas de- terminadas. Entre los <pie padecen semejan-' jante conlusion, se cuentan no pocos qn^ tif'nen pretensiones al titulo de políticos y aun de hombres de estado. La vanidad es inseparable compañera de la necedad.
Las noticias no deben ser recosidas sino en « uantt) ccntribuyen á formar cabal con- cepto de los datos; son por decirlo asi, vaJo- res inlinitesimales, que deben entrar en el cálculo, para llegar al valor integral.
La imparcialidad en recoger y apreciar los datos lio se obtiene con solo desearla: es un resíiilado del talento, del espíritu de obser- vación, de la conveniente disposición de áni- mo, y muy especialmente de \a fuena úa carácter.
¿i''i! ■ taracl<'r para eso?;.Dc qué sirve;.. /.a en tales casos?...Asi habla- rá quien no haya rellexionado que para pen- sar bien se uecesila sostener conlinuamenle batallas interiores en casi ludas las materias, peroimiy |)arlicutarmenle en la política. Si el cora/.on es animuiio, espera demasiado, lo cree todo: lo que falta al hecho, se suple con el ca-.ulal ilel valor; si es tímido. destoiUi* lie lodo, mayormcule al a.somar siquiera?Cn motamente algún peligro personal: lascó- les, y el miedo las achica; o w I ^,i>, y el miedo Vas a^^rauda. « Téngase en cuenta que solu iiablaoios ^tti (le entendimientos claros, y de hombres que se llaman avisadus y juiciosos; pues que üi tratáramos: de los loulus, semejantes ob- servaciones estarían de mas. Estos por lo co- man suelen tener lio críierío mas soi^uro: <;reen ludo!n que ap:rada, con lo cual se for- man una pequeña bienaventuranza donde rlveñ dormitando, hasla que el ediliao se viene abajo, y Jos aplasta en sos ruinas.
la muy dificil el clasificar bien i los hom* bres, para apreciar debidamente el valor de su criterio {wlítico. Para est;i ojífrnrion, cu- Í^os resultados son de mucha miporiaacia en os cálculos políticos, es necesario despojar a los hombres juzgados, de todo lo accesorio; esto es, de todo aquello que no sirve de na- da para la autoridad critica. Las calidades ' ÍHcondttee»tn y las apariema» engañan mucho.
El hombre ocupa un alio puesto. — ^No es «ala circunstancia: estando mas alto, verá ' quizás mas objetos, pero también es posible que los vea mas en confuso. Falta.saber si su vista Qs muy larga y clara.
M9 anciano. — ^Bscelenle calidad: la espe- riencia es madre de la ciencia. Pero es ne- cesario no perder de vista las observaciones siguientes Si ha sido nuiy vano tOda su vida, es peligroso que lo sea mas ahora: con los años se a!:rn\Dn las dolencias morales como lasfbicas. Siendo muy vano,8erámuy necio, ta vanidad dimana muchas veces de nece- dad; pero en cambio, también la necedad hija de la vanidad. Si se trata de empre- sas atrevidas, contad con su opinión negati- va: á la timidex la llamará prudencia. Lo ár- duo será para él un sinónimo de íinfiosible.
Ha envejecido en los ne^'ocios públicos. — Falla saber cómo los ha manejado.
Rslá muy metido en inleríorídades. — ^Por lo mismo, á* vuelta de algunos conocimientos, podrá ser muy parcial creyendo que hace milagros, mieñíras desbarra soberanamente.
Es cortesano: en cosas de la corle está al corriente de los últimos pormenores. — Esce- lente para coadyuvar a una intriga; nulo para los negoeios de gobierno, para la ver- dadera diplomacia, para todo lo grande. Es un fácil hablador — líay cabezas qun I los eonoce m Éttmfm^ nijulllÉlUm señalarlos. • '; Es un militar. — /So trata de pnemif— Pero es impetuoso. — lainbien lo es un oa- haUoP^ firme. — ^¿Qué cosa mas firme que una prñn'* Es hombre muy callado. — ^No hay silencio c^mo el de una estatua.
Es nn escelente lileratOi»¿Se trati literatura? -'^'^ ' Es un sabio. — ^¿En aué ciencia? i " ,Ha leído y estodiado mocho. — ^¿0«éH^ bros? ¿de qué modo? ¿con <nié talentflíf ¿parí qi!ó objeto? ¿con qué resoltado? Ahom es oportuno todo lo francés. "< Tout héríssé de (jmc, loui íhhiUi il arrugaoo;, » Kl qui de niiUe Mleurs, reteoiu mol puur DiUM n Ifete eDiasaéft, a'a wHivent fiikqu'uit es un lacu oatíianor — uay canezas qun i roiiio a sott^ máquinas de puras palabras. Kl lector jl hecbos.
Ha viajado mucho. — ^¿Quién más' que ]o< rnrhes?
Es iruiy condecorado. — Falla saber ^ fir merecido'las condecoraciones y por qué.
En el mando se ha hecho respetar mar- cho.— ^Nada mas respetable que la boca de nncafion. ' Tiene muy buenas coniidencMis: todo lo sabe. — Es muy peligroso que confunda ta política coü ¡a policía.
Es muy vivo. — ^La mucha vivacidad no es el mejor mdicio de talento. ¿Qniénmas vivo que una ardilla?
Es muy condescendiente: con todos pri- va.— Los* reptiles se distinguen por su flexi- bilidad.
£s sumamente misterioso: nadie le entien- de.— ¿Por qué huye de la luz? Oculta, 6 su pe(]iiencz, ó SU maldad.
És franco en estremo: no tiene secrew, todo lo dice.— Solo las arcas vacias pueden estar siempre abiertas. \ ^^^^^ Es muy cumplido y ountual en toííEgP Escalente para maestro ae ceremoiMas.
ira «uay* ac eilcnio aoiwe d i^rvátapMi Dicen que vamos á entrar en mt «Éw concordia, y que merced á la profimda y atinada combinación que Iímíos «:H!>»Mnn;, se han resuelto felizmente, o aproximado a rer» solución feliz, las grandes caestionee qw pesan sobre la España. Aparta las {wlabras, romo valores nulos, atengámonos á loa Concordia de ia famiUa real. — El infaiile D. Enrique, hemano del esposo de la fteina, protesta desde (lUiile en términos biirto 8ig> uilicativos. El conde de Montemoliü, primo de ia Etiioa, se l'u¿;;a de Buur^es, y dirige á los españoles un manifiesto, verdadera proclama, ilamaiidü á las armas. Con él es- laa unidos su padre, sus dos hermanos y D. Sebastian.
HwUiado gracisimo. — De siele varones que cuenta la familia real, en edad de íi;;undos mna tiiiwmiiIiíiiíiíí' i iIT wúf\n se fia de sns[)cchosos en tiempos lan malos? — ^Los compradores de bieoes de la iglesia 4esaan conservar lo 'adquirido; la iglesíii está sin medios de subsistir. — Los pueblos se lamen- tan de los tributos: el ííohierno es cada dia mas exigente, y lo sera lauto mas, cuanto mayores sean las necesidades de la situación.
¿Cuáles son pues los elementos de ( on- cordia? No la hay en la real familia. No la hay en los hombres de la situación. So la hay en los pulidos disidentes. >Nd It hiyl» los intereses. ¿Donde eslá?
rar en la paz ó en la guerra, los 5«m están i La nación tslÁ cansada de discordia, contra k» que sé e^té nadeiido ahora_. Las | Cierto; pero todos los enfermos están consecuencias en facar iela coneordia'UB abandonaaios al sentido común.
Omitimos otras circuustancias, de lodos Júen sabidas, y de que hablan con demasia- da frecuencia los periódicos. Nada de lo re- lativo a personas tiene cabida en el Pfi^SA<- mu:mo i>k la Nación.
Concordia i» ío$ partidot poUtkos. — ^Los progresistas están exasperados y protestan uor cuantos medios se hallan 9 su alcance. Los carlistas pensarán como se deja suponer. La oposición conservadora toma una actitud semejante á la progresista, en lo totanle al enlace francés, y se muestra cada día mas Eliminados los progresistas, los carli y los conservadores, falta todavía mucho que eliminar. \o todo lo (jue resla es compacto. Hay hombres que fueron partidarios del en- lace del conde de Montemolin y de un sissados de sus enfermedades; y sin embargO;:. tienen que sufrirlas; algunos hasta la muerte.
CmsoncioL,. ¿quién ha contado janús ej cansáneio coino un etenealo- de i|aM>y bienestar?
Si se cuenta con el cansancio, ¿qué suce- derá cuando los (i<«£OJ'd«« hayan deuausadoí ¿Quién ha lomado la aedida del tienpe ne^ cesarlo para descansar?
Pero el cansancio, aqui, signiüca también desengaño, escarmiento, y por consiguien- te, desconfianza de las promesas de jos par'* tidos. — Pero falta saber contra quién nstaa ci desengaño y el escarmtenlo. — Los pueirreconciliable con el sistema político actual, f bk» desean cosas positivas. — Pero si él dilema ^Ütico diferente; los hay que noque lian m lo uno ni lo otro, ¡)ero "(j " noro es cosa positiva ¿hav unesearmailoilor mas positivo que el Sr. Alón?
Para elementos de concordia vemos aqui, no un poder fuerte, no un brazo robnslo, no una figura de talla gi^'anlcsca, cual nos que uuque* | ofrece ia historia en el lia de otras revolu- ]ue no esta- liciones; sino nnos cuantos, hombres que di- el gobierno:, cen con la voz mas alta qne pueden: Uem-, bien los malvados, arre pié ntan.se los peQa-> dores, cedan los tercos, desengáñense lot ban acordes coa la política del gobierno testigo el Congreso; los hay (|ue forman un partido, o mas bien uua pequeña hacciou, que se Úaoia de los ami^ del general Nar- | ilusos, vengan todos aquí, v nosotros haréel sacrificio de mandarlos.» El sermón vaez; y los hay que de ningún modo ((uerian á este general, como es de ver por ios su- cesos del mes de abril.
Resultado, — ^Los elementos de concordia de la nueva era son los siguientes; La na de los progresistas; la dese^eraaon de los carlistas; la tndí^Mtetoii de los conservado- res; el descontento de los que faeron monte- molinistas; las antipaiías personales, rivali- dades y resentimientos de los demás.
Concordia do iniotnu, — ^Todos los em- pleados progresistas están cesantes; sus in- tereses no concuerdan con los empicados en servicio. Los empleados carlistas serán mimos no es malo; pero la dilicnllad esta en (¡ne si nos atenemos a la historia de nuestro.paia en los últimos cuarenta años, elaidmNno de España es muy ol)stinado.
£1 gobierno tiene fuerza, recursos de to-, das clases para anonadar á los promove-^ dores de discordia.—.\o se trata de esiac aunque sobre este uarticular se podría escri- bir un buen articulo; pero repelimos uuc no se trata de esto, sino de si hay ó no ele- mentos de concordia.
Desde luego se puede asegurar que la misma abundancia de medios para ahogar iflpiifnUinpamenU: la discordia, si nose los f qucloii Tortores de incdiatm rñ^lcr» con inm-In prudotx'ia y in: snhri.^rl.ul, juitlii'ian oquivorarsi*. V(i nio suria tlar oi iisiüti á qii* Í!Í, íbamos por dftSjuuho. Esper: i'i<l Dn lujos dií «'siinjíüir la l<',\ l ii il. 1 Tuerza para lo siK*esiv«i.
uAontrercitua, neqm the.smrt prtrsidia régni sunt, renm arnm, t/ños ticqitf arniis cogeré, imfuc aiim j/nruic tj/ieus:» «t'i soslon de uu reino no son ni los ejércitos ni los le- linnes que nunca, nos aleiíraremos de ello, soros. sino los ainiiios, que ni se hacen á la ¡K)r(pic no puede resenlir ' (uerra, ni se adíjuieren con el oro.» Ksta propio cuandi» eslá de por ua, máxima de un escritor profundo, la hau ol- ¡idad v el liieneslarde nncslr.i vidado con ihímasía nuestros gobiernos: y i es de lein.'r (|ue la olviden en adelante. Las aruias «irvcii para batir cneinisros; no para granjearse auugos. Kl oro sirve también \rA- ra cuniprar servicios f tííjonjfls: pero ni In^ criados ni los aduladores son aiiñíTM • n os ' Ya se han vislo medidas lucii. i se han oido (lalahras muy duras, lin estas uia- teria.s. todos los hombres juiciosos saben qué pensar: nosotn)s, porqne no se di;: a -^•e inipn>\ isamos ina\imns aíl lioc. y sufíüRSio que hemos comentado ú hablar en alia, recuaiaii'.mos al gobierno unas pala-" bras que están e.scritas hace casi dos int!
Dejemos pues este terreno: mos el conli'nln y aleirna o disfrutantlo de dlicio, y vam. Giras materias, une si hicn arena, no se b;i: Se ha di( lio qii' lías, y obom d • rio?as; en prueba delo<*unl véase laj ha leTantado en la • dado con lu cuorliun (¡ut' ]íor ci es de puro nombre.
interesa i ion de la duda, po: - «ños. alta in múaiina fortunn, minimn /i- | que ¿i se pudiese probar que el partido c.ir- centiatst; neam sludere íw/hí odisse, I lista está muerto, como tlnranio tan Innro »flínii»í irasci dtb^t, qufp apiul aUox iracun-, tiempo hemos estado pr<«dic; dia diciiur, in imperio supcrbia alqw cru- i nii-ncia v necesidad de la u dicando la nnper delitas lulpellahir.» tul Cuando vea la luz pública el presente ar- ticulo. es muy probable (|ue se habrán ce- lebrado ya los enlaces régif.s, y por lo mis- mo consideramos inútil el insistir sobre es!e punto: en semejantes materias uo st* puofle Tolvor altas, y buenas ó malas, es preeiso aceptar las consecuencias. Mientras era tiem- po, hemos repelido que se cometía un error político de mucha gravedad, y (pie los n'- sullados serian l'unestos para ia Espiña: tío hemos podido evitar el mal; mucho menos seriamos capaces de aplicarle remedio. En tales casos, los remedios, cuando los hav, no son artículos de |>eri<>dic(). Kn e del ¿i de setiembre, (|ue se publicó el '10, lo diji- mos todo: en parle, esf>resado con toda clauniou co;i. partido,* resullarianios culpables de hab r (pierido unir un vivo con un difunto, loqu - es un suplicio horrible (lue no í > f í nuestros días. Asi es muy nalui ocupemos de «na cuestión, que si pn puede serlo dr " ' l'aia im~ otros es de la...i;...v.,r»n '<' > que en ello se iutercsa el I; nuestro sistema político. Si el p lisia fuese un partido nnterto, íiiuli. sido arrostrar dilicullades nara el en la Heina con el co'ndc de.Monlcm V.in.
Ademas, qUe tampoco 'cr i cuestión en si misma carezca de El principe proscripto acaba de < i su pmclama ó manifiesto, que | var al cmnpo de balalla sus prer ' trono: buscar pues, si el partido < ta muerto d vivo, es buscar si el cumento es un papel insi digno de llamar la atención vir t(;^ ' interesan por la Irampiilidad de la 1^, Tratándose de la vida ó de -la muerte, iU". la juventud ó de la vejez, de la fuei / a debilidad de los partidos, se pucd< rnlail; en iwrle, indicando lo bastante para I» tablar disputas inienuiuables; pero tisl.i^ corlan pronto, si i$e lleva In cuestión ai ver- '«Mem terreno: los liecluis.
¿(lii.il (T.i I;i vifla del [jorlido carlisUi do- rante lu guerra? Esto se puede calcular te- niendo presentes tos elementos á qoe resis- •ii. Bmn toe gigoieni * ^ Un sobiemo eslabliTido, dueño do indas ias capitales, de todas tas plazas t uerlos y '^ud dispoiit de tos roemos ée^ toda ia ns^ cion.
La cuádruple alianza, que por mas (|uo se diga, no fue estéril para.el trono de la Reina, sino muy importsnle, y naa de tos principales causnsdc SKtríonwt ■ • . Véanse sus eíeclos. ' í>v i.-i —Las escuadras ingtosss vigilando las costas, impidiendo desembarcos de armas y pertrechos para los carlistas, y auviliundo maknttimtfnie al ejéreils de la Aetn» en tos costas de Bilbao y San Se hastian.
—La política francesa impidiendo largas 4emporadas («u'frnn el humor) la intredue- wmt de armas, caballos y domas eredos de guerra; internando y muy frecuenteoMiite encarcelando a ios carlistas.. r ««•«A. propósito de eeeaicelantoBtos, ne po- cemos pasar por alto- una observación que nos ha ocurrido repelidas veces. Se han oido muchas quejas contra el goltierno francés por su poco eeh - en el eoeipliiiMeelo de la cuádruple alianza: estas quejas son muy injustas. El gobierno Trances se ha resigna- do á un sacrilicio,si no mas costoso maleriai- .4BeBle« al bmms «ms rntrible para los cora- '^loees generosos: el de perseguir á los des- tttraciados^e rociamabaa un asilo en nombre r4to Ift -késpiialMM. fleeoñpreade ifnb en iSokimwo Mtodme'BOistoBla qae ios emigra- dos se organicen y reúnan aprestos de njgnerra para iovadir al pais vecino; pero no Mfee eesupreade eómo hay- oh goNerao que ^l^era encarjíarse de hacer la y )I¡cia por Votro, aun en las fronteras mas distaiUes, y vque niegue a unos los pasaportes, y eocar- lane á otros, y ponga grillos á estos, y se apodere de los pa|)eli's dt> aquello-^. y re- l¡;istre'equipages y rompa cerrojos, y haga «nftotodoto qoe podria hMenevse trata- *^dé una eonspnwíM etotra to' «eguridad 'ftepsltoips qw esto sei lie: que esto lo baria muv dificilaiento cual* quier otro gobtome de ¡Europa: que la ge* nerosidad del pueblo francés ha de verlo con mucho desagrado, y que son muy in- jústos los qae' se han nuejado y se QuejaB aun del peo'dWvéel gannete-de tos TaHe^ rins. Ksto no se prueba, se siente; porque hay cosas que el corazón rechaza instintiva- Mfliito^siii''ii^si(8iArikde' lÉMfe^ftSiD.
Mnhiad de la;:uerra pasada, y no halla- reis un carlista que no se lamente de la fal- ta de I ecursoi^. Cabrera, aun en los dias de su mayor pu|aBni';«lsaM B'oeha gente que no podía llevur al combate, por rnrecer de armas. IKu la cspedicion de duniez, de Za- ratiegui, en la de Dou Carlos, y en todas, - lo que faltaban ne eran hombres, sino ar'^ mas. 8i la In^lnlnrra y la Francia se las liu- bieseri nrojiurcionado, o les hubiesen permi- tido [u p ictonÉrsetos, ¿qué hifailr ÉBee- ^ dido?
II!;( siiperioridrid de los ejércitos déla lií'i- Ína, cuando ia leaiau, dimanaba casi sieiupre. de la mayor abundancia de recursos. Bseia mns de un ¡iño (¡H'^ Ins carlistas de Cataluña campeaban hhreiucnte por el principado, y hasta habían obtenidO' ventajas de mucha consideración, y todavía estnantrAltos de artillería, sin tener ma'^ cañones que aleu- nos de madera. La misma cspedicion de i)un Cártos se estrelló en el* piieMei>-4e^fiáNkpe>r dor, por no tener una miserable balería pa- ra derrihrir tapia-, VA fieneral (!(ird*»va. y cuantos militares han hablado de la matena, lun estado «loidttB ^taK^nftmtoüWiry necesidad de basar las o|mra(MMMrsSllBá%|- ta diferencia de medios, de atraerá tos car- listas á un terreno, donde esta falta no pu- diese suplirse ni con el número, ni con el valor ]M'r^<inal, ni con las simpatías del ¡tais.
Í!in cuanto al apovo oue la causa de Dou Cártos ^aSSÜtiSm 'éi^mtíiSk puntos de Ja roonarqifÉ, hé aqui algunos becbos queila justiíicande una manera palpable. Las tropas de D. Carlos podían maniobrar escogiendo to Bdida^qwrttoéTtesflteéfese: nS ejéní- to. un í división, iin fiatallon, una conipafiía, hasta lui individuo; pue< que un l arli'^ta so- lo recorría con su iusil una grande cstcu- stoa de pais, sin riesi^^o ninguno; smndo tos generales de la Ui iii i debían -ieni'trc ¡ndar con la mayor cucunsuecciou en au:> marchas, si.ne'4ueiÍMí ittpeHif iiiiiéeldaiMseMeltÉa^ descalabros que no siempre pudieron evitar. ¿Y qué dÍBMMs de tos; vtveres? liaaiUnill 93 Oigitized by Google de ia Reina dol)ian llevar cohsí^o sus provi- siones, sopeña de morirse de hambre; y ios «artistas viv¡i\n en lodas parles sin mas re- cursos que los del pais. Se dirá (pie los unos Tejaban y que los oíros no: pero este es uo vano efuj^io: los que snbian de vez en cuaa- do incendiar h< pueblos y las mieses, bien hnbrian sabido lomarse los vi\eres: losescrú- pulos de conciencia no licitaban a tanto. Las razones de esta diferencia deben buscarse en la diferencia de relaciones que con el pais tenian los ejércilos belijícranles: ha- blen todos los generales que hicieron la í?uerrn; y hable sobre todo la Meimria del maloírrado ^'eneral Córdova, (¡ue con tanta claridad y cxaclilud lijó el verdadero carác- ter de • esta guerra, y cuya previsión jus- tilicaron tan plcnainchle los sucesos poste- riores.
Un partido (jue resiste durante siete años á mi gobierno establecido, y poderosamente auxiliado ¡Kir tres potencias; un partido cu- yos büliiadus brotan del pais, \iven en el pais, y no son nunca rechazados por el pais; un partido (juc á pesar de tantas contrarie- dades no puede sor vencido después de tan encarnizada lucha, como se ha confesa- do recientemente, y que aJemas no necesita de confesión dtí nadie porque es mas claro <pie la lu/. del dia; este partido dcbia tener ¿jrandes elementos de vida. I Ha muerto después, se dirá; ¿y dónde? j;no recordáis el sií?nil¡cativo articulo publi- cado hace pocos días por un periódico pro- gresista, hi 0\únion1 ¿l*or qué ha muerto? ¿Cuáles son las causas que le han reducido á tamaña nulidad? Dccisque el principií en ü\\ maniliesto ha abjurado los principios del partido carlista, y que esto mata al [wrli- do; ¡qué contradicción! Hasta ahora se ha- bin diciio que los partidos reaccionarios, mo- -rian porque no aprendían ni olvidaban, y ahora se dice que el partido carlista muere pítrqne nprendc >/ oirida lin medio habia para malar el partido car- lista; el mas sencillo: gobernar bien, hacer sentir á los pueblos las ventajas de los sis- temas innovadores. ¿Se ha hecho?