Tenlmise las juntas preparatorias en los j la autoridld del rey son las sigoieules Primera: <tNn puede el rey impertir najo ninf!;un pretesto la celebración de las Cortes €tt HS epucÉS y easss seftslados por la-Cou»* titucioo, ni tiaprnUarím ni disolverlas, ni en manera alfruna emhararar sus sesiones y deliberaciones. Los que aconsejaren ó auxit días prescritos |K»r la ley; celebrábase la úl tima el dia id de febrero, dia en que pres- Isban los dipnlidos el juramento y elegían presidente, rice^residente y cuatro sec re- t;)no«:. con lo que dice el art. H8^. se fen- drau por constituidas y formadas las Córtes.»
4Í#4lM|in se eehu de verijve solemne!| Kasen en eudquiera tealiitám paro csIob apertura á la cnal debía asistir el monarca, tos, son declarados traidores. v — — - no era mas que una mera cerfuimuji, pnes ¿e entendían constituidas v íonnadus las Cor- les antes que ella se verifícase. LosarHenlos sifíMÍentes dan una idea de lo qne era para este electo la autoridad del rey. «Se nom- brará en el mismo dia (^5 de Tebrero) una di- putación de veinte y doa individuos y dos de los «secreta rifi« para (pie pase á dar parte al seguidos rnmn tales.» Art. ili.)
HastD en el cjerciciu de las facultóles que la Constitución le otorgaba, se luiilaba ei ray ligado |)or el consejo de Estado, que é an vez era también hechura de las Cortes «El consejo de Estado es el úuko consejo del rey, qne oirA an dídémen en los aaun- fos írnivp- V L'^nbernativos, v seftaladamenrey de ballar.se constituidas las Córtes, y del \, te para dar o negar la sanción a las leyes, iroMdento que han elegido, á fin de que' RM- i declaror la guerra y hacer loa tratadas.»
ailieale si asistirá á la apertura de las Cór- ¡1 (Art. 236.)
tes, que se celebrará el dia primero de mar- I ¿Y cómo se formaba ese conse jo^ « Todos los consejeros de Estado serán nombrados «Si el rey se hallase fuera de la capital. ^ por el rey á propmsta i» Uu Córiet.* (A»> 80 le hará esta participación por escrito, y el rey contestara (leí mismo moflo. ■ \rf 1?0. «El rey asistirá por si iiiíshíu a la apertntículo 23:{.
Y ¿rmw se ííobernaba ese consejo? «Kl rey loruiara uu reglamcolo jiara el gobierno del lade las'Cdries. y si tnviere impedimento, f consejo de Bstado, ofendo previamente ai la hará v\ prf";ir1rnlr (»| dia señalado sin f¡ut ' mismo; v ne presentará á Uu CártU ftfñtft por ningún tnolivo pneda diferirse poi'a otro, • aprobacton. [hri.
Digitized ¿l*oiiia el rey deshacerse de coiisejcros qué no fuesen de su a^^rado? «Los conseje- ros de.K>l«do no podrán ser fenovídoíi sin causa jiiitífieada ante el tdbnnti supremo de De suerte que la potestad real estaba re- sidenciada por el minialerío responsable, por el const'jo (le Dstado, por las Cártes, y k diputación permanente.
Añádase á lodo lu dicho, el velo absoluto qne la Goastílucion de 1 8:)7 concede al rey, y tcTuírrm >^ rvidenciado que no es la exis- tencia del ciu^rpu intermedio lo que hace me- nos graves los coofltdtos entre las Cortes y el monarca, sino la diferente distribución de facultades que se hii hecho en la Com;f ilurion vigente. Si suponemos que existe solo el Cou<;reso de diputados, cual. lo arregla la Constitución de- 4837, tampoco será posible que los conflictos sean tan peligrosos y Ere- cnentes.
Hay todavia otra reflexión oue hacer, la cual maniliesf.i lii sinrazón de los que atri- buyen a la j)revisi<in y eficacia de la lev, lo que solo dimana de l^s circuiLsiaucias. Cou)- ^rar la presente época con la de I8i0, es confundir lastimosamente los tiempos y las ofsas. Entonces la revolución era joven, abo- fa es 'caduca; entonces «a babia podido sa- tisfacer todavia sus pasioiies aviesas, aliora casi nn le queda «iin- desear; entonces lialiia en el trono uu persona que por necosidad en su enemiga, hasta añora han ooapado el mando supremo, primero la Keina Viuda t}ur inauguro el sistema representativo, des- pués Espartero, hechiu*a de la revolución mlania; entonces veia á la Europa en actílnd amenazadora llevando á vanguardia losejér> citos franceses, ahora no; ahora se halla triunfante después de siete años de lucha; v durante esta, viose siempre con el afioyo dé la KríiiH Ía é Inü;Iaterra. Lu situación es ptie? muy dilerente, su carácter no puede ser el nisnio. El atribuir determinados efectos á tal ó cual institución, cuando hay tantas otras conc an>;^< pueden haberlos producido, es raciocmai con mucho desacierto.
No mtentamos significar con oslo qjtie el alto cirrrpo roiejiislador sea inútil, pero sí nos proponemos indií ar la necesidad de or- ganizarle por medio de la lev electoral. de manera que pueda Henar mejor el objeto de su instituto. En esta parte, si bien la Cons- titución es muy lata, también es muy elás- tica; y sin quebranlaila en unápice, es dable 40 hacer en el Senado mejoras de iniportaiicin. La kv fundamental asienta el principio 4e eleceÍDB, y asi no es posible hacer in digsMdad her^itaria ni vitalicia, como en otros reinos; pem;d menos seria conveniente aprovechar la lultlud que permiten las hwi&A establecidas por ella, y «laeenvdlverlas átá modo convenirnte con la refonna de la ley electoral. Las calidades (|ue la (Innstituciou exif^e para ser senador están contenidas en su articulo 47, que dice asi: «Para ser fle« uador se retjtiiere ser español mayor <Ic cuarenta años, y tener los medtos de subsis- tencia y las denias circunstancias que dt$er- mine In tey electoral.»
Las últimas palabras del articulo dan pii; á que se baga mucho mas difícil la entrada en el Senado, y se logre una reunión úb hombres (pie á mas de su importancia legal, la tenpan real ) efectiva; haciéndose que e! Senado represente un conjunto de luces, mo- ralidad y fuerza que le haga mas respetuMe de lo que ha sido hasta aqui. Y no se crea (|ue desconozcamos los mconvenientes qui» cu esto hc atraviesan, y la smitu dilicuUad de alean/arel resultado apetecido, sean ^a- les fnei rn los medios (jue se -idnpien; pero cuando existen los males, preciso es trabajar en atenuarlos, ya que no sea posible des- truirlos.
La ley electoral formada por las Cortes cottstituyeateti, 6<í resiente como es natural, de su origen desaocrétieo; y asi es que las calidades para ser senador se señalaron de tal suerte, que se rodeó esta elevada dlirni- dad (le las menores restricciones posibtes. I £1 articulo 56 diceasi: «Para ser senador se ' requiere ademas po«^rer una renta propia ó un sueldo de 30,tlOU reales vellón al año. n gar 3,000 reales vellón anuales de coiilri- ucion por subsidio de comercio. Solo se r\ irán para este objeto los sueldos de ios empleos que no pueden perderse sino por causa legalmente prebeda, y los (|uc con arreglo a las leyes vigente» #e disfruten ó hay a rierechn de'^obtener por retiro, jubila- ción o cesaittta.
»La renta propia, el sueldo y la eentribu^ ciim podrán acumularse para completar la suma necesaria, en cuyo caso cada real de contribución, equivaldrá a 10 de renta ó sueldo. y> Treinta ínil reales de renta es cantidad sulíciente para vivir con decoro, mas no para dar al que posee mucha importancia a m hu< losojosdel país, u¡ aserrarle la coiivenienl'- iunurMicia para ((iic su \olo imponga el res- peU) i|uc imponer deliierúu los que se eiui- ten en el alto cuerpo colegisteulor. \o ubs- tanl'^, sieudo esta iTitln propia, fuera;il menos una garaiilia de iiidupeudeacia; pero ooiupuláiul(^ también el sueldo, y púdica» do8e acumular pera completar la suma nece- saria, la rcnla propia, el sueldo y Im roe.- iribucion, resulta casaucbada de tal nin- nera la eategoria de los elegibles, que se- gún las circunstancias, y los amaños de los partidos, el Senado polrá ser lo que se quiera.
A.Aadaiiios ¿'esto, que no lia\ (|uicn vaya a examinar con deleiiimir'iií;) si los cle^'iifos reúnan o no los tr 'iiila tiiil reales. y sí' \eia uuc la ley electoral deja libre la eulrada al senado, sin que exista apenas garantia de qtie no r)r uparán lAü elevado pucsto sugetos indignos.
Ya que el tijai' los medios de subsistencia y deoias círGonüIancias que han de concur fir cu el senador pertenece á ley electoral, con esta se podrian lemediai; en parle los inconveoienlea indicados, no conleulándose ^ sueldo. ó con otros medios que se creyesen convenienles; pero dcb:eraesl<ü)lecerse que ¡ nunca pudieson tenerse por válidas las actas, ' si no estuviesen aoonipaftadas de los docu- ' montos juslilicalivos.
Esta restricción produciría un gran bien, cual fuera el de obligar indirectamente á los pueblos á elegir personas conocidas en el pais; pues (pie si'!i:\ri;i mn\ dil'icil cebar mano de otros, uleiuiido que la justiÜcaciua de la renta ante un colegio electoral donde el cle¿^idu careciese de relaciones, traeria mucbo retardo y embarozoo. De esta suerte» sin contravenir al articulo 1 i' de la CooslilU" ciou que dice: «todoe los esoaftoles ea quie-» iK s (oncurran estas calidades, pueden ser propiiestfis jmra sTnarfores por cualquier pru> ¡ueia do la monarquía, » se dariaa la ulec- cion un rumbo acertado, se evitaría el noi^ hraniientn de personas de quienes no tiene mas uuticia la generalidad de ios electores, que el babcrlos visto iigurar en una Usía confeccionada á veces por cuatro tntrigaotesi y el car^íO de Ie.i;ií.laílor ii'> ( nrriera los res de caer eu manos de quien recUazadu del pais donde esté conocida su ineptitud, ó sus con una lenta de treinta mil reales, no de- malas {)artes, anda á caza del puesto de se^r jandi) que se acunMtlase e-f;! eon e! sueldo, I nador baciéndose incluir en li>las y ademas exigiendo la eoinpi'tenle justilica-! viucias Icjaiuu», donde uo lia licj^ado ia Luna éion documentada, la que debiera acompa- ^ • ■ • • * «. - fiar las actas so pena de nulidad.
La renta propia no debería bajar de se- senta mil reales al año; y si se quii>iese per- BÚltr que en aljinuí modo se acumulase con r! sueldo, «cria bueno e\i,-:ir que el sueldo fuera de empleo (jue no pueda perderse sino por causa legalmente probada, y que en lodo cBola renta propia ascendie.se a cuarenta b mil n'ales. Asi de una parte se Ir.inquearian ^' \k& puertas del Senado a empleados de alta de su nulidad ó fecborias.
Kl arlíctilo 17 de la Constitución deja a la ley <'!;M k)ral el dcteriuiuar no wlo los lucáios de subsistencia que lia de disli ulai' el senador, sino tambienias demai ci¡cu¡is~ laitctn.',: \ o!a últiiua esjíresiou da luiiur á mucba.N couibinacHmcs que restrinjau mas y mas el circulo de los elegibles par«ü la dignidad senatorial.., ¿Cuáles serán las Jemas riratnfilauciasi^UQ cuuveu^u exigir? Claro es que estas si hau catearía, y de otta se turiera una garantía ' de ser adaptadas a^ objeto, deben oonsíde^ dequeet senador no es un aventurero, y <|iie no carece de motivos para interesarse en el bien ^el pais.
Para obviar engaños y guardarse de hom- bres de fortuna improvisada, seria también muy importante riue de dicha renta. ni me- ftos'los treinta mil reales estuviesen radica- das en predios rústicos ó urbanos.
El senador dchcria estar obli.L'ndo á pro- bar su renta, con las escritura., de arriendo ó de contratos, coa b exhibición de los reci- lios de las contribuciones, con la presenla- rion de los nriTul raiKicntos \ (ii'spücfif"- 'rne le djcsea el derecim a la percei»cn)U del ü üece ariüs para sentarse con provecho c» rarse como un signo de inteligencia, probi- dad, ascendiente sobre sus compatriotas, independencia del gobierno y de los partidos,, y ánimo ageno de miras interesadas.á torcidas. La diíieullad está en encontrar cala signo. y de manera que uo pucíla ser equí- \ucu..\icicud a los v ai venes de la revolu- ción, ba subido tan de punto la diücultad iiulicadii, fpie ni aun |tn"f|p'i servirlas con- dtciones exigidas en el l^jilaluío Healr pan la dignidad do pnwer. Algunas de «las, abrirían la puerta d»! s.'uailo á personajes, que iMir cierto no abuiidau en las calidades Digitízed tfH|Íno8 del alto cner{)o colegislador. Sa- Swlesqiie á mas de los arzobis(>os, obispos, grandes de Kspana, y títulos de (laslilla, debia constar el Estamento de proceres <'de un ninnero indclermiiiado de españoles, ele- vados en dif^nidad é ilustres por sus servi- cios en las varias carreras, y (pie fuesen ó hubiesen sido secretarios del Despacho, pro- curadores del Heiiio, consejeros de Kstado, embajadores o nunistros plenipotenciarios, j^enerales de mar ó de tierra, ó ministros de ¡os tribunales supremos.» ('iertamente «pie en tiempos (trdmarios estas circunstancias ofrecen no insijíiiilicante f:;arantia; pero en la actualidad, cuando la revolución ha lle- vado arrastrando |M)r el suelo las mas altas diírnidadas, cuando las insii:nias mas dis- tiiii^uidas se han visto profanadas, cuando la intriga, la inmoralidad y la impudencia han ocupado el puesto del mérito y de la virtud, ¿(pié fíarantizan al.^unas de las condiciones es|)resadas? El halM'r sido secretario del Despacho, ¿es sifíuo por \ entura de calida- des eminentes, ni dislinmiidas, ni buenas, cuando han sido tantas las mudanzas minis- teriales, y con tal ligercza.se luí procedido en los nombramientos, y con tan indignos medios se han escalado fas sillas? ¿Pudiera ser un titulo de orgullo el haber sido ministro en semejantes époras, cuando se ha deslustrado de tal manera aquel puesto, que apenas brindara a la ambición, si noescilase la codicia? Y ¿(|ue diremos de la mayor parte de las otras condiciones? Ah! ¿por qué re- cordar lo (pie han visto nuestros ojos? ¿por qué citar nombres propios y agraviar asi los manes de los españoles, (|ue en los tribuna- les, en el consejo, en el campo de batalla, dieron un dia lustre á su patria, legando á lai)osleridad la fama inmortal de sus talentos, de sos virtudes, y hazañas? . El titulo de arzobispo u obispo electo, no del>eria bastar para ser senador; la conlirma- cion debiera ser circunstancia indispensable. El conlirmado ofrece las garantias sulicien- tes, el simplemente electo, no; antes bien j)odrá suceder mas de una vez. (pie llevado de miras ambiciosas o afectado por resenti- mientos particulares, vaya á distraer la atención oel S<'nado, y á esí-andalizar al pú- blico con discusiones perniciosas.
El ser gnmde de España o titulo de Cas- tilla. tampoco pueden ser calidades bastan- tes [»ara ser elegible. Hay blasones muy ilus- tres por cierto, |)ero estos ya reunirán la renta necesaria, y para fiada íiabran menes- ter escepcion.
En cuanto a las demás circunstancias, quizás podrían escogitarsc combinaciones eo^ (pie fuera címveniente tenerlas presentes: sin embargo parece que seria mejor no hacer en favor (ie ellas ninguna escejMMon por lo tocante á la renta exigida. Entonces se nos objetara. no aprovechareis las luces de mu- chos hombn's que se han distinguido en sos carreras, y (pie sin embargo no han alcan- zado la renta señalada; jHiro á esto responde- reiiKís, (pie estos bombn's serán en escaso luiniero, (pie ademas les quedan abiertos mil caminos para servir al estado, en las se- cretarias del despacho, en los fribunaíos supremos, en las embajadas, en los mandos importantes, en los consejos; todo lo cuaf eípiivale sin duda al peso que su voto podría tener en el Senado. Por el temor de escluír á un hombre ilustre, no se debe francpiear la puerta á los aventureros; y ademas, si entre los escluidos hay alguno (jne puede ser de provecho á la patria. ya quedan indicados los medios de no dejarle sin destino.
Si'a cual fuere la opinión (pie se adopte sobre las circunstancias que la ley electoral deba exigir de un senador, creemos que lo- dos los hombres amantes del bien de su pa- tria, estarán de acuerdo en (pie la institución del Senado demanda mas sena atencicm de la (¡ue se le ha dispensado hasta ahora, (pie si ha de llenar los altos fines á que se le desli na, es preciso que por medio de una buena ley cleclonilse impida la entrada en aípieirtí- riiito á la ineptitud v jM'rversidad; que es necesario (pie los elementos del «alto cucr^ po, sean de suyo j)oderes sociales antes de serlo legales; que repn'senten la inteligen- cia, la moralidad y la fuerza del pais, que ligurcn con dignidad entre el Trono y el C(mgreso, para que de esta suerte la insti- tución sea algo mas que una forma regla- mentaria, V tenga de fundamental algo mas que el noml)rc.
l^» BttHiiUi* ifir Mf lum «■ imltliarfla m el PrniMiinIriilo tfr la ilación. A bn-stli- rurru lie 18(4 hIw a lut rl ^iv>|>it lo. <(u« no trrú ini'ilil rnfinr Mpit.
¿Tiene la nación un |>ensa miento pro|>io? ¿Será posible formularle como norma de or- ganización social y basa de sólido gobierno? Creemos que si. Estamos convencidos de qv la Kspafta alnlMlt de elemeiUos de vida: ni vil ( ilolicií^mo. en su monarquía y deiiia!» leyes iiuidaiitentaies» están lasureactaá de:>u tríiaquiltdad y ventara. La oonnisioiiqQe nos «■uvoelve no és el verdadero caos, es la nic- l)la tendida sobre un hermoso país: disifx'- nioi> eí»a niebla, y la ciubelesanle camjpiíia flsleitani desde luego bu fecundidad y sos galas.
Fijar los principios sobre- los cuales debe eslabiecersc en España un gobierno, (|ue ni desprecie lo pasado, ni desatienda lo presen- te, nipierdn «Ir \ i^tn el |ií>rvenir; iin iíobier- Do que sia desconocer las aocesidades de la época, no se olvide de la rica herencia reli* gion, eecaal y poUtíea <|ue jmm le^^n naes- ( w mayores; un gobierno firme sin obsti- rtacir»n. Justiciero siu crueldad, grave y ma- ^stuoAi bíd el ifritanle desden del orgullo; aa m^mo que sea como la clave de un ediiício grandioso, donde encuentren vpiWián todas las opiniones razonables, rcs{>cU) iodos los derechM, pNieccion lodos los internes ]• fxiiimor^. hé nqvlel objelo de tt presente publicación.
Y cuenta, que al propoueruus hermanar la ratón y la josiioin con la oonvenieiKia|rih blica, cstíin muy Tejos de nuestra mente anadias transacciones \ cr^ouzosas, en que fao? se llama bien lo que ayer se apellidara RHl; aqaeVna alianaas ruines é hipáeiilas en qiv ct»;trrin)i!>nn }-\^ cínu ifriniM'^ |<nr;i de- jar campo libre a seulmuenloit buslardos; en que se pretende que lá verdad y el error, la filiad y el crimen, se den mooMniosoabra-* m: en fpic se arroja al suelo la piir|)ura pa- ra alfouiDrar la ntansion del tribuno; en que ispiwtituye la Religión á la impiedad, con tal que \n bija del abismo se diüne favorecer con mirnda (le indol^eiieia a la hija del rielo.
A \üs hooibre^i de sanas cunvicciunes se las dejamos enteras, sin exigirles modifíca- eioo de ninguna clase: antes al contraria les rogamos <jue las conserven |)uraN, sin man- i'M, sin aligación que pueda desnaturalizar- fas li ajarlas siquiera; ¿ loa que viven en •^rniihrfí'; del error |trortiraren)f)< traerlos (K>r camino suave a la hu de la verdad.
No coBoeeoMS nín^a partido exento de fetats. y en cuyo seno ne se Imyan cometido CTimcncs: no transi£rin»nn>í? con el error, tra- tarewos coa severidad al crimen, pero pos gstadaremoa de esoenva dmeta con la áe« bilidady la i ^'no rancia. Loque pedimos para nial (HidiéraaKia negarlo á los 4 I I. No nos lisonjeioios de atraanoaiw» merofíos prosélitos, qne á tanto no llega nuestra vanidad; mas abrigannis alguna es- peranza de oír de hoea de nuestros miamos adversarios: «no pensamos como vosotros, pero no podemos ne?*nros rectitud de inten- ción, convicciones.siuceras y profundas, es- presión leal y decorosa.»
EQUIVOCACIOIIES.
MUMIRW NACIOlVll R!« Y ESTnAMSmOS.
A |>esaf de los iíraves v nunca interrinn- pidos miortunios que eslau alligiendo á ia na- ción de dies aftoa á esta parte; á fiesarde In desastrosa confusión en (¡iie nos hundimos á la muerte del Rey, y de la rnal no hemos podido sahr aun; a (tesar del cuadro de^cou* solador que eon tanta frecuencia kan presen- tado los incesantes levantnmientn- d ' di- ferentes provincias, declarándose en pugna entn^ si ó contra el gobierno; ¿ pesar de la esterilidad de todos loa sistemas del mal re- sultado de lodos los ensayos, del deseredito de todos \m bombrait que en distintas épocas empuñaron kia riendas del Estedo, no he- mos llegado á desesperar jamás de que le estuviese reservado á nuestro pais un porve- nir lisonjero en días no muy remotos; no líe- nles podido creer, ni que la revoHkeion hu- biese echado en nuestro suelo hondas raices, ni que existiesen otras causas que hieíesea imposible para en adelante el establecimien- to de un gobierno cnal cumple á una nacasn civii¡7.a<la; no se ha rendido nuestro corazón á aquel desaliento tpie á no pocos hace es- clamar: « En este pais es imposible el go- bierno; el iMxler murió para no resucitar; el desííobiemo v la íín;in|iiia se han aclimatado en Kspaiia; ya no servimos sino para objeto de lástima y escarnio á loa ojos de la eulta Europa.»
Siempre hemos creído lo (jue en el Pros- pecío indicamos, a saber: que la confusión (|ue rm envolvía no era el verdadero eaoa; que solo liahia nna densa nif lila cuya es|)e- sum no dejaba ver los objetos tales como koa «fTsi^nem que no ioa d«8tniia, ni siquiera los nllprann, cu lo (dcanlo á sii in(iin;t iinliira- Ic7.a. /iW</<i<( (lucimos, {Kira une se (mUícm- éñ que no desconocemos la huella <|ii(' ¡lor i)ec(*si(intl linliiii dejado en nuestro pnis la plaiila l;i icvoliinon, ni »•! ronjimiiMlc l'ii- itcslas (;ircniisianc'ias que se han opticslo por cspa'eio de larp:os años, y se oponen aun- en la actualidad, á la iiuion v arinoiiia de los buenos elementos de que a))unda la Kspaña, tanto quizás como otra cualípiieia de las na- ciones que mas se di^ünu'uen por su bien- estar, pnv^perid.iil y juxli'rio.
Nada eslrafio es (|uc la Europa ^e haya equivocado sobre nuu8tni situación, que nos h:\};! ( onsíderado en un estado social lanien- Ii!!)lc. que nos hnya jir'irndo indii/nos de jíerlimcccr á su couiuniou, y que ios go- biemofi nos hayan ofrecido á sus pneblos co- mo ejemplar de tremendo csc;H-miento, á lin de que estos no prestasen oidíts a los apiis- lolcs de funestas teorías. Ks muy saludable ffue las naciones como los indívidnoc pro- curen escarmentaren cabeza asena, que los brindados á beber de la copa fatal asistan al doloroso espectiicub) de las convulsiones y anj^iosM ansias de quien antes probara déi peli¿;ilNl6i Kror; ¡)ero la Kuropa se equi- voca si cree que lia penetrado basta el fondo de In sociedad lo que hasta ahora no pasa ' de' h SQtMrficie vsi piensa que el desqu icia- wiento social, <-orre parejas con el jmlitieo; si se imagina que el edilicio ha venido al suelo porque se nayan desplomado su cipula y sus torres.
Repetimos que no es eslniño semrianh* error; mas diremos, miradas las cusas des- de lejos apenas era posible verlas de otra manera. Quien se haya apartado alguna vez del teatro de los acouiecimientos, durante la época de turbulencias que andamos alrave- aando, habrá [HMlido formarse idea de lo (\w debe de balierles sucedido á los estran- geros cuando se hayan propuesto estudiar la ^ situación de España. Vi viendo en uno de esos países de Europa donde el gobierno es pron- ta V exactamente obedecid<» en cnanto pres- cribe; donde ia administración, sonieUda a la mas estricta re^laridad, hace sentir su acción vifTorosa desde las juradas del ¡mder supremo hasta el mas bumilde empleado, desde el centro de la capital hasta el mas in- sígnifieante y retirado confina donde m des- acato á una autoridad piibnlterna. ó el mas ligero asomo de perturbación del urden piii)lico, llama vivamente la aténdon db Kbs f^h bcrnanles y escita su actividad y enerjiia. ' apenas se concibe como es dable un estado ' de incesante a^tacion y asoiMte 8fk<|iieae I baile en espantosa conibiKttQii ia sociedad entera; ajienas es posible comprend«'r cnu\r\ i no estaran ardiendo las entrañas de una ticr- ra, en cuya snperíicie se levantan tan vivase J llamaradas, como no abriirará forniiilables ' volcanes, cuando á cada jias(» se tropie/a coa^ ; uu cráter que arroja laicanadas de bunio. 'fM Los mismos espÚAoles <|tte conocen á fuéi^ do el estado de su patria, (pie han \ dé cerca una y mil veces lo que es en Kspaiía la revolución, y e^ímo se hacen los moví-- mteiitos de mas* trascendeafilAtf «ooae^ve»' ' fias, al hiiiiarM' en el cslraniiero, y al |»asar sus ojus por usas columnas atestadas de no- ticias de levantamientos, de prMdiBias, ée declaraciones, de maniliesU»', dwjimiiBe»^ tos y ((tras cosas por este tenor, b:d)rñn ne- cesiuido soltar de las mauos el papel, v ien.. frescar sus ideas, y avivMnws mkKÁmk; i pensar en lo que en otras ocasiones; seme- jantes vieron y |>alparon, para rto deja alucinar por vanas apariencias, para no jarse fasoíBar con ostentosaa-esoenas y atol dir con vanos clamores, tomando un ruido' facticio y mezquino, i>or el bramido atcmh- ) dor de formidable tormenta. ' • ':;ial^¿r,^i|í4 ' (Maro es que lo propio, y con dtadMÉ^M^. ees. ha debido sucederá los estranscros: y de ai^ui u« error grave sobre nuestra verila- dera situación, sobre laseonjétnras velatívaB ii nuestro porvenir. Mas el error por ser os- cus4d)le no deja de ser error. y cumple al bouor de la España, cumj>le a sus intereses^ el desvanecerle con rasoMH, y uu» tadavfa con hechos. * ' Kn prueba de cuan poco se conoce en Eu- X nuestra verdadera situación, j)uedeu •irse dos razones á cual mas convincen- tes. Es lajírimera, los dis|)aratados juirios y pronósticos que con frecuencia se pcrniiteñ ios periodistas, y hasta los mas aventajados oradores iiaríameutarios; siendo la a^uoda^ el proceder Incierto e indeciso qne se obser- va en los gabinetes, siempre que se trata de los negocios de la Penterala. nsleéltiiiio in- dica que la diplomacia europea está prx-o se- fnira de sus luces en lo concerniente á Kspa- ñkiy y que temerosa de un yerro, no se atreve á resolverse, prefirioudo*uMr poMliea m»« tral. de mera espcctativa. En este punto la conducta de la Francia y de la In«;1atorra no lin sido la misma que la de las |>o(cncias di;l Norle, pues a({uellas han arrostrado com|)romisos de que estas so han precavido cun inu( lu» cuidado: pero asi unas OMUO otras han niiinifestado lo mismo (pie acabamos de indicar, el poco conocimiento de nuestras cosas. En efecto, ¿cuál ha sido la política de la Francia? ¿ pueden fíloriarsc .£0S diplomáticos de haber seguido siempre una mareha constante, sometida á principios lijos? R«'cuerdense las variadas fases de la )M>laica francesa desde la muerte de Fernan- do. ül>ero las circunslnncias cambiaban,» es cierlo; mas oa instabilidad de las situacio- dehia entrar en vuestra previsión, para no cs|>oneros ü las sensibles alternativas «ue halléis tenido (pie sufrir. En cuanto á Injíla- terra, menester es confesar que tamjioco ha aiTeditadu en esta parte su proverbial saga- cidad. I*ara convencerse de esto basta con- siderar que se habia ligado intimamente con Espartero, lo (pie demuestra (|ue se equivo- caba lasliiiuisamente, pues que ála iniliicncia de una nación como la (Irán Bretaña no pue- de serle ulil la alianza con poderes muy tran- sitorios y altamente imjiopulares. Se nos dirá que esa im(M)|>ularidad no era bastante .conocida en Infilatorra: asi lo creemos, y hasta tenemos dalos positivos de que en efecto era asi; fiero eso mismo conlirina mas > mas nuestra opinión.sobre la ifinorancia de los estran;ieros en lo tocante al estado de SsMAa. Las potencias del Norte han proce- dió con mas timidez; han reconocido <pic la ooiDplicacion era mucha. tpie los sucesos de OMlñann podían desvanecer las ( onjeturas de ayer, y lian dicho: «aguardemos.» El curso de los acontecimientos ha manifestado (|ue esa cautela no carecía de previsión: no lo Degamos; |M'ro también añadiremos (pie esa previsión no ha estado exenta de equivoca- rioaes, y (jue á menudo, mas bien (|ue pre- visión, debiera llamarse íncerlidmnbre.