Las demás esplicaciones del ministro no son menos iiiiportaiiles (pie las (pie acíibn- iiiosdeoir: "Hemos abordado, dice, oirás cuestiones mas precisas y delicadas; la cu(>slion de matrimonio, [Mir ej(Mi>ph», en la (pie tieuí^ dos intereses la Francia: el pri- mero (pie no se establezca ai otro lado de los Pirineos una influencia naturalmen-4 te estraña a la de Francia. y otro (|ii|Í no nos comprometamos demasiado en lor negocios de España por uno de esos laxos que estrecliiin denuLsiado a las familias y á las naciones. Hemos louiado jx»r regla estos hechos.» En estas palabras de M. (iuizot se halla espresameiite consignado que el gabi- nete francés abandona definiti\ ámenle el ¡>ro\ectodel casamiento d<' Isaliei tuti uu prmci|>e de la dinastía de Orleans. No es cierto que siempre hayan sido las mismas las intenciímes de la corte de las Tullerias con respecto á este negocio, antes es muy probable ijuc se babia tenido durante alfi;iiQ tiempo la idea de llevará cabo diclM> enlace. Mas como quiera (pie esto no |)odia con- sentirlo la Inglaterra, ni lo llevaniu a bien las potencias del Norte, \i\ Francia de Luis Felipe, quedista muchode serla de Luis \IV, ni la de Na|>oleoii, se resigna Iranipiilainente á su suerte, y se cimienta C(m presentar como efecto dé altas coneeiiciones políticas, lo que es resultado de indeclinable nece- sidad.
Lección severa n'ciben con esta declara- ción del ministro ai|uellos (>olílicos que con- sideraban como un inmenso bien para la España el enlace de nuestra Heina con un príncipe fraiKi's. Hien podían conocer que no era esta la voluntad de la inmensa ma- yoría de los españoles; no ]>o(lian ignorar (pie mas o nieiuís directamente se opondría a la realizaci(m de senu*jante pntyecto la Europa entera, pero al menos les rpiedali*- la esperanza de ipie la Francia «icepiaria- para uno de sus príncipes la mauoib- h;il)*'l. • EsU esperanza ha salido MKda: elplNenio | objetos; créemos nue para afíaniar la liift* francés aralm di* dci hirar (|ih* tatnjxKO lo ' (]uilídad y hatxT la iliiha del país se nece- qoierr, porque U(» esta en til ca:íoüe arros* ^compranisos (i).. i:.. ' t í i i fBÉ IB «A 8I0CID0 PAIA U* KUB8TI06 MAJ.es. INDICACION UK LOS niXCIPIOS QVK NO CONVIENE OLVIDAR, SI SK > ^BEÜKA EKCUNTHAR EL VEROAUBRO.
^^¡uñámk en la esfera política cierta clase Monbics, que podrían muy bien oonpanursc a un arquilet lo rjiio se empofiasc on dar sulidez á lob edilicios ()or mcdiu de pun- ida, y no pensase en construirlos á plomo. llT rt;vuollas, y ellos no las (juisienni; hay desacatos a la auloridad, y ellos desean verla reaitelada; hay una agitación iucej^le que tnbaja lu enlraftas del país v no le «feja ^¡('ífo ni descanso, y elioa annelan un ór- df'ii (|p ( lisas (|iic nos ponga á cubierto de dbturbius, \ (¡ue lleve consigo la buuanci- bie calma dé que tanto necesita la nación. IVrn iircpriinladles de qué medios piensan echar ui.ino jwra lo;irar su intento, y os ha- blaran de asegurarse bien del personal del ejercito y demás empleados; de colocar al fre nte (le las pro\ iiicias fíeles políticos aman- te» del orden, que oliedexcau y bagan oIh;- áMer fehnente los mandatos del gobierno; Atener los distritos miUtaiea ¿cai||ode generales entendidos. leales, y sobretodo icrediladoe» por su briueza de carácter; de upar en algún nudo los nmles que ha aa- fndüb ludesia, atrayéndose de esta suerte li voluntad y el apoyo del clero; de neutra- kur la mllueucia inglesa esirccbaudo las nlMoaes oom In Fnnda: de alcaniar sí es posible el reconocimiento de las potencias del Norte; de entablar negociaciones con la cor- te <le Roma, tanteando algunos medios de («Qiiliacion para llegar á un arre^ Mni- tivo. Este conjunto le miran como un sistema Mnplelu de política, bastante á consolidar h situación v creai* un orden de cosas lison jm, beneááoon y estable, naveair en este modo de sita algo mas; opinamos que es preciso rementafse á mayor altura, que es indispea* salde mirar las cuestiones políticas en loda su amplitud. atender al propio tietn|K) á la sociedad, ))ensar de qué manera se bau de reformar las leyes cuya observanoia san mr compatible con « I bien público, y no conten- tarse con falsearlas, porque es siempre una situaciou muy violenta, y por lo mismo poco durable, la en (lue se proclama como vigente lo (pie en realidad se infringe. Quisiéramos que la £spaíia adopla.se un sistema donde entrasen para poco los hombres y |)ara mu- cho ka coaas; donde el individuo desapare- ciese en presencia de la so< i('(la(l; donde el poder tuviese una robustez intrínseca, ente- ramente propia, aflanaada eñ el apoyo na- cional, sm necesidad de mmdi0ar eTsoaltta de este ó a(|uel partido, y mucho menos de de esta o aquella persona; desearíamos que el desacoerao de algunos hombrea, por uto que rayaran en calidades persmiales, no acarreas(! ningún riesgo al sistema político que se adoptase; (Quisiéramos eu una palabra, que el edihcio no se sostuviera por los pmi* tales sino por el aplomo.
Nadie pone en duda que una de las pri- meras necesidades de España es dar estabi- lidad y consist4>,ncia al gobierno^ mas para el logro de tan importante objeto no basta hablar en gencrs\| del xobuslecimiento del poder, es preeiso imÜcar loa medios de al- canzarte, porque la raboates y faena ért {M)der no son palabras vanas, n(» son cosas cuva creación dependa de la libro voluntad de Jos hombres, no son el resaltado de aaa lóm^ disposición legislativa; el poder real no se fortalece de real orden.
.Muydulurosa es|>eriencia uosha demostré* do una verdad enseñada por ki rason y las lecciones de la historia, á saber: qnc nin- gun |)oder sera fuerte en elonb'ii político si no tiene una fuerza propia en orden social, una fu(>rza anterior atas leyesyiadepcndien- le de ((lie nazca de la naturaleza del poder misma V de la trabazón que le une con el pais donde se halla establecido. El No podemos [ error capital de muchos [)ublicistas modernos, el vicio radical de muchos sistemas po« blicos, están en el olvido del principio que acabaams de asentar. Pur esto se ven tan-* tos poderes legales menospreciados, tMitaa* leyes sin observancia, porque asi aquellos pera fidm ver «I desromo pstns nn son txm q\i« la obra de la mano dfl liomluT, no litMK'n mas vida y fuer- za que la que sica» de estar esrritos en iin papel, y el pap<*l e« fosa muy deleznable. «La ley es eseelente, suele decirse, el mal está eii «pie no se la observa, ni hay medios para hacerla ol>servar.). ¿Qué ley será esa que no puede recabar oÍ>ser>ancia, (lue no lleva consi^ espada y escudo? 'i(!uidenu»s, señores, olmos eschunar á cada paso, que no pierda su preslifíio esa inslilucion tutelar a cuya sombrase conservan todos los inte- reses sociales.» El consejo es saludable, mas por lo mismo que os veis preci.sados á acon- sejar en alia voz, demostráis que la insti- tución se encuentra en una |>osicion falsa, que no puede desenvolver y ai)licar su fuer- za propia, (pie se ha rebajado ese prestiiíio cuva necesidad invocáis. «Un trono desdo- rado es un trono hundido, )> esclamo un elo- cui'ule orador, proponiéndo-se evitar un fallo <pie mancillase el honor de la corona: nosotros le hubiéramos recordado í|ue el decoro de la Mafiestad ni pierde ni fíana con diez votos uías o diez votos menos; le hu- biéramos dicho que se aja t(Klo lo (pie se toca, (¡ue para precaver el hundimiento es preciso en verdad precaver el desdoro, pero (pie el desdoro es inevitable si se consiente el man(»s(iO.
Ya «pie hemos tocado este punto, nos aprovecharemos de él j)ara hacer sentir la verdad de la doctrina <jue sustentamos, ha- ciendo ver cuánto dista lo <pic es real y efectivo de lo (pie no tiene mas existencia de la (pie le dan combinaciones arliliciosas. Para mayor claridad presentemos dos supo- sictonet). Demos que a la víspera de la vota- tacion del famoso mensajie, los amiiíos del Sr. Oloza^xa hubiesen p(Mlid() conv(;ncer, per- suadir, intimidar o s(Mlucir al número de votantes necesario j)ara sacar triunfante al caido Presidente del Consejo de ministros; la opinión del pais ¿se hubiera modilicad(» en un ápice? No: en el resultado de la votación se habría visto un nuevo escándalo, no un dato para juzjiar; el trono y la aiiüusta Per- sona (pie le ocupa habrian quedado en el mismo puesto en la conciencia y en el cora- zón de los españoles; y esto ¿por (pié? Por- (pie sabe el pais (pie una veintena de indi- viduos (Hie (lasan de un lado á otro, en nada alteran (a realidad de las cosas; no inclinan la balanza donde se pesa un negocio de ta- maña gravedad.
Siij>on.!ramoí« <^hi^ra qno im asunto nnáloso hubiese ocurrido en otro tiemiKi, cuando el alto clero, la nobleza, los procunulores do las ciudades teuian una representación real V efectiva, no procedente de un articulo de íey reciente, si no dimanada de las coslum- brt>s arraigadas en el pais, fundada en vcne- randoscodigosquese habianandado formando con el transcurso de los siglos, garantida por la dignidad personal do los represenlanto y por su posición social elevada é inde|>en- iliente: si de semejante tribunal hubiese sa- lido un fallo severo, ¿no habría causado una sensación profunda? ¿\o hubiera visto el pais la cspresion del dictamen de sn concien- cia propia, o á lo menos no habría sentido vacilar sus convicciones en caso de tenerlas contrarías á la decisión de a(piel respelahle jurado? Y habría sucedido asi, porque U dignidad, la ciencia, la \irlud, la riíjueza el recuerdo de altos servicios hechos al Estado, y cuanto puede haber de mas ve- nerable en una sociedad, hubiera tenido alh sus representantes; fallando estos, el pais hubiera lomado el fallo como pn>pio.
Otro ejemplo. Está esprcsaniente consig- nado en la Constitución que no |)ueden co- brarse conlríbuciones de ninguna clase (jue no estén votadas por las Corles: basta ahora se ha entendido este articulo de la manera que han (pierído los ministros, y cuando á ellos les ha parecido bien que se le dejase sin uso, asi se ha hecho; y no obstante el pais ha pagado las contribuciones no votadas, sin (|ue se haya parado en la falla de la con- dición exigida por la ley. Si la nación hubie- se sido lielmenle representada, si la vota- ción de los impuestos hubiese sido una co- sa real y efectiva, (pie tuviera trabazón inti- ma ton la razón, la voluntad y los intere>c> de los pueblos; si hubiese sido algo mas que una mera f(»rmalidad, ¿habría sido posible prescindir de ella tan a menudo, ora falseán- dola con las autorízaciones, ora dejándola cximpletameiile desalendida, siu cubrir la Ilegalidad con ninguna clase de velo?
l)e estas consideraciones deduciremos una verdad, en (|ue no pueden menos de conve- nir todos los hombres iinparciales, á saber: (pie el orden político en España está en des- acuerdo con el s(KÍal; que los poderes que funcionan en aquel no son la genuina cspre- sion de los que existen en este. Mientras continuemos en semejante estado nos halla- mos en una posición falsa; y es en vano que hablemos de dar consistencia v robustez al puder, de bacer respetable la ley. de reca- bar de gobernantes ni gobernados la fiel ob- senancia de ella.
El principiu fundamental de nuestra teoría es que el [Mnler político ha de ser la espre- sioD del poder social, pues que habiendo de reunir la intcii^'encia, la moralidad y la fuer- la, debe tomarlas de dunde existan, es de- cir, de la sociedad misma. Porque es menes- ter observar, f^ue el poder político no es un ser abstracto smo muy concreto, en íntimas relaciones con la sociedad gol)erna(la, que iofluye sin cesar sobre ella, y (jue á su vez ' recil)e de ella continua inílueiicia. ¿Qué era, eo España el poder político en ticmtM) de los godos? ¿Quién lo ejercía? El rey, los obis- pos y deiuas magnates; es decir, los que tcüiau una ¡nllucnria efectiva* un verdadero | poder en la sociedad, iude|>endientemente oe las instituciones ()olíticas: la religión y la fuerza militar, ambas dueñas de la riqueza I del pais, y en {>osesion de la inteligencia tal como entonces era posible. ¿Cuándo empezó en todos los reinos de Europa la combinación en el orden político del elemento demm'ráti- co con el aristocrático v el monárquico? Cuando el desarrollo de la Industria y comer- cio y la mayor división de la propiedad ter- ntorial, crearon una nueva clase (pie tuvo en la sociedad un poder real y efectivo. I En los últimos tres siglos se verificaba en Estaña el mismo principio, por mas que no lo hayan advertido los que no han mirado | üuesíni historia sino al través del prisma de i sus pasiones ó sistemas. Durante este tiem- po el verdadero y único poder político de Espafia era la monanpiía. Y esto ¿por qué? Porque la {losicion de España era escncial- meote de dominación y conquista; porque en Europa, en Africa, en xVmérica y en Asia, teníamos grandes posesiones que conservar; ' porque nos hallábamos en una situación es- cepcional con respecto á todas las naciones del continente; ponjue éramos los represen- tantes de un principio religioso combatido rasi en todas partes menos en España; v por eso la grao necesidad del pais era la unu¡ad, y á esta necesidad debían [)legarsc los inlc- RMs de un orden secundario ■ La aristocra- cia, que no se habia convertido en corlesa- 01, se hallaba al frente de las armadas y de loí ejércitos; de ella salían los {^efes de' se- gundo órden, cuyo primer caudillo era el Bey. En este se hallaki personificada la unidad, y por lo mismo su i)oder lo absorbía lodo. Pero nótese bien: habia en » I pais una cosa que entrañaba una fuerza propia, inde- pendiente de toda institución |)olilica, que no se habia niodilicado con el incremento del poder monárquico, y cuya conservación afectaba las ideas, las costumbres, los inte- reses de la sociedad; esta cosa era la Reli- gión Católica, su representante era el clero, y este clero, que no tenia ostensible poder K)lítico, lo ejercía no obstante en la realidad, era el único dicjue (jue encontraban las om- nimodas facultades del Rey, era el solo ' contrapeso que habia para que la monarquía I ab.soluta no se trocase en despotismo. Esta verdad la ha reconocido Monlestiuieu, quien ciertamente no era muy partidario de la in- fluencia eclesiástica. I Una teoría que nada prejuzga sobre la jus- ticia y conveniencia de estas o aquellas for- mas políticas, no puede ser desdeñada ni por I los monárquicos ni por los demócratas, pues que ni á unos ni á otros es ]>ermitido recha- chazar una doctrina que se cifra en la nece- sidad de hacer que el gobierno de la nación sea la espresion legitima de la ¡nteli¿;encia, de la moralidad y de la fuer/.a ({ue existan en la sociedad. Y decimos que con esto no se prejuzga nada sobre las formas políticas, porque puede muy bien suceder que en una monar<|uía estén mejor personificados los |)o- deres sociales que en una república; asi co- mo bastardeando aquella, sería dable que, lejos de ser la espresion de dichos poderes, no representase mas que la arbitrariedad de un ministro ó los capriclios de un privado.
iV|>licando esta teoría á la actual situación de Es|Kiña, el problema |>olítifo se reduce á lo siguiente: 1 ¿Cuáles stm |os elementos que tienen en la sociedad española un (MKÍer efectivo? 2." ¿Cuáles son los medios á pro- ' pósito para que estos elementos adquieran legitima y segura influencia eu el órden político?
Los hombres de todos los partidos echarán de ver (jue no presentamos el problema bajo un punto de vista apocado y esclusivo; (jue no coasideramos la situación atenién- donos únicamente á estos ó a({uellos recuer- dos, á estas ó aquellas opiniones; que no (jueremos perder de vista ningún interés, ninguna necesidad; que consideramos las cosas, no tales como debieran.ser ó como desearíamos que fuesen, sino tales como son, como las han hecho los acontecimientos, el 48 Diqitized Diqitized cnruo de las ideas, ík modificación dp. las cuslumhres, y cuantas causas han afectado mas ú menos direclanícntc, y con mas ó me- aos clicacia, la sociedad esi)añola. ', Dificil es el resolver con acierto las dos 'cuestiones que acabamos de proponer: exi- gen nada menos ({ue un análisis de la socie- dad, y luego la invención de una rúrmula que espresc el resultíido, y (\\iv pueda fácilmen- te acomodarse á servir de guia en las nece- sidades de la práctica. l)c la prooia suerte que en matemáticas se examinan la natura- leza y relación de varias cantidades, se bus- ca en seguida la esnrcsion mas breve y Sencilla de lo que ha Jado el análisis, y poV fin se trasforma esta esprcsion de la manera mas conveniente para usarla en las aplicacio- nes, sin (|ue á cada paso sea preciso recor- dar la teoría de donne dimana.
Por mas dificultades cpie ofrezca semejan- te trabajo, parccenos que no es imposible darle cima, con tal ((ue se le emprenda con entera independencia de espíritu ae partido, con abstracción de los errores que, por acre- ditados, no dejan de ser errores, y sobre todo con vivo anhelo del bien público, sin|)asíon, sin afecciones, sin odio, con cumplida buena fe. Ademas que no somos nosotros (Quienes nos lisonjeamos de llevar á cabo tan un|)6r- tanle tarea; bástanos haber hecho la innica- cion de su necesidad, para estar seguros de que los hombres pensadores y rectos se ocu- • parán de ella, y nos ayudaran al logro del objeto deseado.
A los (¡ue nos objeten que nos proponemos lomarlas cosas de muy lejos, les airemos que harto fácil nos sería tomarlas de mas cerca, y adoptar uno cuaUpiiera de esos temas ([ue ¡Csfriefn frffHH(tn(f: ffí, riíjurom oharr- vnncia de la leí/, dicen otros: este es nuestro único remedio. ¿I)e (|üé leves bablai.s? ¿De las (jue hagáis vosotros? Vuestros adversa- rios afirman (jue esas leyes son viohMicias. ¿De las (pie hagan estos? Vosolms diréis otro tanto. ¿\kt las que forme un poder ele- vado sobre ambos? Pero ese |>odcr no existe; el poder sois vosotros, (pie empuñáis al— ^ ternativan»ente las riendas del mando. ¿De lasque confeccionéis «niV/os, reconciliados con abn\z(> fraternal, solo atentos á labrar la^ prosperidad pública? ¡Vanas ¡lusionpf!! Triste condición de los tieiopos agitjidos por ^ las tormentas revolucionarias, qw «e hnyaii de desacreditar en ellos las palabras mas hermosas y haiagllefias. Ya se hubiati des- afereditado las de liherladi' igualHnd; quedar han todavía las de í/híom, retoñe iliacion.fra- fervidnd de lodos los partidos, v estas araban de serlo de una manera cniel; y bo'^ descrédito es indeleble, porque está escrito con sangre.
Cuaudo en junio próximo pasado exami- nábamos la situación de Esnaña, aventurando algunas conjeturas sobre las consecuencias del pronunciamiento contra el e\-Hegen!c, indicamos (pie andaban nuiy poco acerladt/s Ifts cfiie se lisonjeaban con la decanlacla unión y reconciliación, y añadimos (jue esta palabra, de suyo tan generosa, no signilica- na nada en política. Apoyábase nuestra opi- nión, en que ni las ideas se mudan en un instante dado, á voluntad de (¡uien asi lo de- sea, ni los intereses se coucilian con el abra/o de un festín ó con las fnises de un manifiesto, y que asi aquellas como estos se hallaban en tan abierta oj>osicion. «|iie no tan fecundos son en pom¡)osos discursos, [ era posible abandonasen el cam¡K) sin f>robai que serían muy buenos Si bueno pudicsí? ser lo que estriba en suposiciones falsas, y qtre por tanto no sirve para nada. Asi, por ejem- plo, pudi(íramos haber esclamado como tan- tos otros, ya que de imparcialidad y tcmplany.a nos gloriamos; No v\nx remlucionfs, no wjs fortuna corriendo los azares de una batalla. Como quiera, y á pesar de lo quo nos dicta- ba la ra/nn y enseñaba la esjierienrla de los ticm]x>s anteriores, confesaremos (pie mas de una ver se detenia nneslra |)luma para darluírar á la reflexión, tehierosos de que la reacciones; y desde esta inespuynable posi- I repetición de duros escarmientos y el descion anatematizar á los que se desviase^ á derecha ó izquierda. Pefn desde luego nos hubiéramos preguntado á nosotros mismos: ¿qué significa esa frase si no se desenvuelve el sistema en que se haya de realizar su sig- nificado? JVo mas rerohiriones, no mns reac- ciones, están clamando los prohombres de todos los partidos: ¿y qué es lo que vemos en nuestro alrededor? ♦♦"'»•• agradable as|>ecto íiúe los negocios prtjsenta- ban, nos hiciese (iesconfiados y Mispicaces en demasía. Desgcviadnmente los aconteci- mientos (le los últimos seis meses han bas- ad(>á robustecer esta con vicrion, y quitarle todo lo que ])ndiera entrai^ar de vaVilacioa 6 incertiduníbre. ¡()iié edificio mas solido rl que arabanio'^ de cimentar sobre la iinií>ü! fesclamaban los incautos; y eredificio se nod «uelo con eslrepitosn ruina \Qw, \ los acontecimientos posteriores habian rolo tateraidad! y la san¿¿re ha corrido en alnm- i complelauicute. Este Danco que M. (luizol* ¡í)ué abrazo mas cordial! y los habia dejado en descnhierto, sea ñor no' ahwaadoesc luindian eii el |)Oi.lioel acero Ira- haber reparado en él, sea por no habertricida.
N - in)|Hir(a saber de i\\ún\ baya si- (itiU ' i.,1. ni de (¡III' pjirle baya estado la lf|Mlitüd, n1 la pcriidia, ni todo lo (|ue unos á oíros os a<íhac«is: bástanos consi^'narvucs- tr.i ilusión, vuestro error; baslanns bncer no- tar lo endeble de vuestra obra. Mas direuíos PllTia, y con U»que vamos á añadir nos en- nduda mas indulf;enles de lo (¡ue i. V ' i's vuestra la culpa de que se ^yan li > las es|H,*ran/.as que luoieiv- usfMrar a la nación; vuestra cul|>a no Mtf en que el edilici'» se baya desplomado, •iio en (|ue lo (piisisleis levantar sobre la arena. ¿Y cuando?;V donde? Cuanpor no le dado inq)orlancia, ha llamatlo la aten-' cion del diplomático in^ilés, quien ha apro- vechado la primera oportunidad que se le ha ofrecido para tran(piilizar á las poten-' cias del Norte. Xo sabemos si esto contra- ria en al.:;o la política de >I. ("luizot; sea co- • mo fuere preciso es consignar un hecho que no < arecc de significado.
M. (iuiz.ot habia [Mjnderado mucho las ventajas de la buena iutidi^encia entre las dos naciones, reliriéndose principalmente á la> negocios de España; v el saíjaz ministro de la (irán líretafia habrá previsto sin duda que las demás potencias podian inferir de semejantes declaraciones que la Francia y * do los huracanes están desencadenados, y I Ja Inglaterra abriííaban algún designio parpn un lugar combalido por la impetuosa • orrieiíle de las iiiuudaciones, azotado de udiliüuü por el soplo de la tempestad.
)i s,i,. Í3 reseña publicada en el número , poco resta que decir de la política fsiranfíera con respecto á España. Sin eni- hiT^ü, la a|R'rtura del parlamento inglés, ' ' li-i urso de la Reina Victoria v las decla- > de Peel, dan lugar á algunas con- Does..
Li tu.>curso de la corona ba sido cual de- bía es{>e ra rse, reseñado cu estremo; bien •jueno se ha olvidado en él la cortés cor- iwpondencia «jue exigían las declaraciones (le Luis Felipe v de sus ministros.
Sir Rol>erlo í*eel ha confesado <pic la In- -laterra estaba de acuerdo con la Francia itó era preciso desechar la política di» idad; se lia congratulado de la buena mteligoncia «luc reina ent^^ las dos nacio- tpies, y ha insistido mucho en la nece- *iíid de con.servarla. I'cro esta buena mlc%í;ncia proclamada en pleno parla- i»enl<) debía llamar naturalmente la aten- «OBtlc las |K)lcnc¡as del Norte, (jue |)odian IjV.cu ella la rebaliiblaciou de la alianza <i4^,fi la destreza de Talleyraiyl, y (ju^ man man lícular sobre España, y que se proponían obrar sobre ella de una manera esclusiva. Lo acontecido en los años anteriores venia en confirmación de esta sospecha. Peel ha compn*ndido el inconveniente, y le ha sa- lido al encuentro, lia declarado que la buena armonía entre las dos naciones no entrañaba ningún misterio; que la Francia y la Ingla- terra no (uu'rian hacer nada oculto; que esta nueva |Krtttica no afectaba ningún interés europeo; que no tenía por objeto entrome- terse en lo (|ue no les correspondiera; en una palabra, ha dicho de la manera mas es- plicila y terminante iiue las relaciones y las miras diplomáticas ue la Inglaterra no so habian modificado en nada, sino es por k) tocante al abandono de la rivalidad con la Francia en los puntos donde se encontraban las dos influencias.
Pero lo que nos ha parecido notable én el discurso del ministro, es (|ue ha esqui- vado algún tanto el rozarse con la cuestión española, procurando dará entender que la buena armonía no se limilaba a España, sino que era una mira de política general, mas grandiosa, mas humanitaria, cual cumple á tíos grandes naciones que se respetan mú- tuamentc. C^uizás el ministro ingles habrá querido levantar la cuestión á esas alturas para (pie afectase menos los intereses po- ^ili\os; enmendando un tanto la plana á M. Guizot que habia presentado la buena inteligencia inglesa y francesa bajo un as- pecto demasiado práctico, y.sobre todo dc- inasiado aplicable á ios n^ocio;^ de Espaiía.
r Las potencias del Norte do le alarmarán cíerlamenle por ver que la Franda y la In- glaterra se ilirigen esas tiernas rsnrosiones en que rebosan los sentimientos oe huma- nidad, el deseo de la paz universal, y el anhelo de la civilización del mundo; pero no luibii'ra sucedido fo mismo si la amistad se huhiese circunscrito en demasía, si se hubiese limitado á la cuestión espadóla. La dqilonuKáa es eminentemenle positiva, y repara muy poco en todo lo que ofrece un carácter teórico j vago.
Con respecto a los negocios de España, M. Guizot soltó ])rendas; Sir Roberto l*cel no ha imitado tal conducta. Por manera que sean cuales fueran las complicaciones veni- deras, la Inglaterra lia queaado enteramente libre, agena á todo compromiso; pudiondo inclinarse á la política de las Tulle rias ó á la dé las potencias del Norte, sin qne se le pueda echar en cara que ha incurrido en • contradicción ó (\m ha retrocedido en sus propósitos. No puede decir otro tanto la naucia, - LASPMOCliPmmPOLillGAS v in wmÉm ra viuamc».
¿Cuites son tos elementos que tienen en la sociedad española un poder efectivo? Esta es la primera cuestión que se ha de resolver, si se quiere obrar con acierto en lo pertene- ciente á nuestra reorganización socuil, poli- tica y administrativa, y hnsta en el arreglo de los negocios eclesiásticos; porfpie aun cuando en el discurso anterior hayamos ha- btado únicamente de las relaciones del poder social con elpohlico, sin embargo, fácil- mente se echa de ver que lo que hemos di- cho con respecto i este tendrá también sus aplicaciones á la administración, debiendo ella regirse por diferentes principios, según sea diíercnte el estado de la sociedad admi- iiistrada. Bueno será no perder de vista es- la observación, que emitimos de paso, con la idea de prevenir que nuestro sistema no se limita á que tengamos una poHttca interior española, pues (leseamos que espaOola sea también la administración, y que español sea cuanto se plantee en Espaba. Asi, en la cuestión ei^tesilstica, que tan lejana paiviv de cuanto se circunscribe á esta ó aquella^ nación particular, creemos que se ha de te- ner presente también nuestro estado social, que ni es el de la éiM)ca de Felipe II, ni tana- poco el del vecirfo reino de Francia: de suer- te, que asi como se cquivocaria quien se empeñase en poner al clero en el misiM pía en que se hallaba en los tiempos de San Pie- dro de Aicantnrn y Santa Teresa de Jes\is, asi también caeria en error quien se imagi- nase que es eonveniente, ni aun posible^ constituirle en el pismo estado en- que se encuentra en otros países gaogrenadi» por la incredulidad y el escepticismo. ¡4 Prévias estas indieaéiOMaí/qi» deaesvvP veremos en su lugar v tiempo, entremos en la cuestión principal, examinando cuáles son lus elementos que tienen en la aocfedni española un poder efectivo. < <• Ideas, sentimientos, costumbres, institu- ciones, intereses materiales; hé aquí pala- bras que esnresan lo que ae haDa en- la ciedad, inaependientemenla oe tea leyea políticas y hasta civiles.