jiempiie pasagero y siempre peHgi'oso. Raras I rec(iíi> a de um m inei a c4)nsoladora, y las sci-án las ocasiones en (pie no se pueda lo- j cosas li in licuado \a a tal punto, (pie el go- grar mejor eíeclu por medio de los üonii- | hicruo uue se couYctiza de la verdadera st- nieiMyittiÉládenimeiite sociale», lia^ftpiMi | toaeiM'Mpais, que se penetre del hanDiire paniendo^qtMi la complicación de lascircuns- | que hay de orden y estabilidad, podrá dar cima á la olna de reoríranizac ion que tanto iK>ceüitamos^jKMÍra plautcar uu sistema <^ue repare! iMMIÍIÍBltttrel, y bos garantice un porvenir de tranquilidad v ventura. Mas pura esto es necesaria la unidad de pensa- miento fiiihernativo; es menester que no se destruva por una parte lo que se levanta por otra, hesuraciadaineiile esa miidnd la eclia- mos menos en algunos actos del ministerio actu.il; pues (inc miéntras por la seofetarta de (Iracia y Justicia se espi<len órdenes y circulares en el sentido rpie acabamos de ver y aplaudir, la de Hacienda neiitruli/.a el pfiHio que aqueHas produjeran con lo Teal ér- den de 8 del corrienle, en la cual iw solóle pri'viene al pi-esídente de la Junta de bienes nacionales el (pie ¡tor cuantos medios estén á m alcaneé ikfWsi^^^enfá ée Ios'4ñénes na i'iiiiijciuiiU)^, (Jisf)ntiin}(tn mir los inirndrnies 1/ ' / 'v liincitmarios iiúblicos ^ en la ^aríe I < ^lectivamente ks toque, y f^MMlMiÜ cuantas difiailíades fe tes prrsciilcn, coope- rni al hmm de rsir iinporfnnte ufiit-fn. que tanto deln' con tribuir á la prosperidad de la patria y á consolidar la i)oniHté§^del Es^ íado, sino tpie se acompana^f^ pilftiídeiÉ^' túü un preámbulo, al cual nada'tendViatOM^ aKadirel mismo.MiMidixabal. Y adviertaPel^ ñor ministro de Hacienda, que al ccnsurarfa indicada medida hacemos completa abstrac- ción demiestras opiniones sobre pl particular, MMttMlMiab; prescindiáMa ab6(H lanciashajíainclinado buena [)arte de lo-; mis- mus u iacausa opuesta a la del gobierno. La fuerza de las malas paaiaBeai^^ m España ■soy escasa, si con la fuerza noconfundimos la gritería y las amenazas imponentes. Cuando U |wder invoque a la nación, a la verdadera ntetODi unicndoso intimamente con ella, 60||sultan(io lo> intereses qoi' mns de cerca ii^ctau, y ias doclriiius que pmtesar-y l»a:ÍPBtiiú«dtaÉ4(B ooe rebosa, el ji,iillwlíu «palvaié^ seirii duales -fueren los enemigos rpip le ata(iuon. sea cual fuere la gravedad ile la crisis que liu\a de atravesar. Ko{ÍÉ|<>(esleipi}Dto'de iirist*, y héciMiéa aho- rroempleta abstracción de las cuestiones di- plástica y poluicá, Cea Bermudez conipieii- 4kkperfec(ame;nte la \crdad que acabamos de flSQPMra'&i; famoso üianifiesto, tan censurado y execrado, era la espresion de un ele\a<lo pcu^alnie^llo político;. uu golpe maestro |>ara 4esbafatac, ó cuflodo lrienos^ffiidir y ener- var á sus adversarios; Qa actb^diftno de un honibre que se hacia cargo de toda la í-m n- vedad'de la crisis, que veia el único medio de iCfli junarla v si: fuera posible; ó de hacerla menos jieliprosa; de un hombre (|ue no an- daba,á lientas, sino que couocia muy bica <d tdrreno qu'í pisaba.: v t: Desgraciadamente no quisieron ó no pu- dieron comprenderlo asi iniicbos de los que auUu\icrou li|$urando en lo^ tíumpus suceai>* i Dlgitlzed by Google de lactttttíon Se justicia, como y Imbien di*- la de convenioncia económica, re- Iriéndootn» iiuicaiueute ui clioGaiile cunlriUile deáos teoretarías de Ertado, que á un mis- ■0 tieaipo hablan lenguaje tan (lilenMite y mueslran Icudeiicias tan opuestas. ^)uicii tenga alguna idea de lo <jue debe j^cr un gü- kiecno, dv lo unil'ornu' que ha de ser In marcha de los nunislros, (itii('iir> han de Tor- m cuerpo luoral tan coiupactu cumu po- U no podrá menos de estrañar, que mienlnis el Sr. minislrode Círacia y Justicia lamenta seiilidamcnle los males producidos por la revolución y procura caimar los ani- m»tim teoguaie suave y coM^Mor, s;d^a el Sr. ministro de Uacíeada con una calurosa apología de una de las principales medidas revolucionariab, enuireciendo el {K'u.sunuenvaya desenvolviéndose á medida qut sak orreaon las ocasiones de aplicarla..
mina £siamg£m.
Hablando el otro día de la buena uiicii^ gencia entre la Francia > la inglaterra coq re-pt'( |() á Ids ne^Dcios (íe F.s|)nria, manü'es- labauio:» ai^^uua:» üuduá Ue que íucsc lanía la cofdjalidad como queYia persuadimos M. Guízo.t, afiadiendo que no pÍMÜamos ooBr^ vencernos de que aquellas i'fs naciones lu- vierau en la reninsiula lüculidaddciulereses.
dslasCdrles ydel gebiemo cuando declara- P Las mismas declaraciones de Peel » y el no-» roü bienes nacionales las propiedades del clero regular y sec ular, y ponderando el des- arrollo (pie con este paso se dio a In rique- za de millares de famiiias, y el fomento que de él ifcibierun la uyriculfura, ht uulustrin jr la anulación. Para hacer sentir lo cho- wrtBée-.este preámbulo, desearíamos que o leyese/anaporsona que no eslu viese enu> ra<la de que es de ieclia de t> de lebrero de 4844, y estamos seguros de que le seúa- hliijépoca muy diferente de la actual.
CoQcebimos nuiy bien que e(Sr. Carrasco habrá tenido la mira (li> (ninqnilizar, como suele decirse, ^.s iníereai'.s utitenauidwi, y ^ atraerse el apoyo de ciertos hombres qué (pus temieran una reacción. nne con |)e- NgDlia propiedad se apellida de despojos; . wro creemos que un gobierno que ha sido Itftame fuerte para poner en estado de sitio Itiieion entera, \ que iia desarmado de un fldpaJa Milicia nacional del reino; un go- bimio qae ha tenido bastante energía patable silencio del discurso de la corona cojt respecto a nik'slra Reina, son indicios harto siguilicaU\üs de i|^uc las espresadas dudas no estahap destituidas-de fundamento...Ma^ conu) sea este iin i)unl'> scíbre el cual es uiu^ couvcuieulc que e>íe iinslrada y li- jada si es posible la opinión pubiuaj sera bien decir dos palabras sobn; la siluacionde Inglaterra, infiriendo de aqui cuáics 80n 8U4 iulereses en lo locante á isspaña.,, El gabinete de San James, ¿puede eon^ templar con placer que, á la sombra de un gobierno estable y verdaderamente nacional, se desenvuelvan nuestros elenjenlos de pros- peridad, caminando la España á reconquis- tar el puesto (jue le corresponde entre las grandes naciones? A esta pregunta respon- deremos con oirás preguntas; a una poti'iu-ia que posee Gibraltar, que domina esdusiva- meuteen Portugal, que sale perjudicada de la prosperidad de uucsLrus colunias, ¿puede convenirle que la Espaíto recobre su antiguo ra arrojarse á tales medidas que á. todos.tus I esplendor y poderío? A la reina de los iiiaimleces<jres le> parecieran sutMins, v (fue sin eaÜHifpo las ha realizado cumplulanienle, esno IrfHBenefiter halagar á la revolocion, ni por considcrarii.nes á el!a quc- tuantar de un modo tan lastimoso la unidad «tó pensaniieulo giiliernalivo.
Estas reflexiones nosi conducen á insistir *'>hre la nece>>iil;M| de que no se camine al res, ¿puede serle agradable (|ne a su \isla en la mas bella posición del universo, se le- vante una gran potencia roaritima con dila- tadas costas, y e-celerites pin i tos ^oltre el Océano y el.Mediterráneo, una gran poten- cia nmrítima que sea dueña de las islas Ca- narias, de la de Cuba y ile la- Filipinas^ Que esto no le conviene a la ln.::iaterra es acaso; de (pie baya püi^» uniroruiidad cu lo- j mas claro que la luz del dia; y si no con\ i- (iosk» actos, lo que ep^mfis no podrá con- niéndole lo desea, menester será confesar seguirse si la marcha dáí gobierno no es la '•"aliz ación de un si»(enia ronccbii'.í» dt- aiite- itt<UM>.».^l4i^^iolio de uuu idea tuuUiz que que lleva el desprendimiento v la abnega- I cion liarla UI! punto desconocido en las re- lacione».mlciuaciuüaies,, y no greiaiuos que Gran Bretaña. • hecho adrode. para (yn(» no so aíjo«e qoe se Por lo mismo quo las cveiilualidades de |¡ iavolucraba el inleR'S de provincia con d nuestro futuro grandor han de ser miradas ¡ interés nadonal, y se creyese que la opwi- oon recelo por aquella nación, la Francia I cien á la Inglaterra no tenia otro origen que debiera reflexionar «jue su itilerés es diame-; el deseo <le que prosperasen los algodooes tralmcntc opuesto, pues ú uias de que ni de (Cataluña.
con mucho tiene la Esnafla con la Francia ■ Sin embargo, sea cual ftaere la opiaion los motivos de rivalidad que coa la Gran Bretaña, basta (}ue á esta le dnfic nuestra prosperidad para (pie la Francia tonga uu in- terés en que se promueva lo que puede de- ¡| sistema vigente ó ípic se crea necesaria una que se adonte ron respecto á los aranceles, orase apruebe el sistema restrictivo, ora el (le libertad, sea (jue se opine en layor del bilitar á su temible vecino. ¿'Que perdcria la Francia en que recobrásemos CÜbraltar? Nada, antes ganarla mucho en (luc saliese de las manos de Inglaterra aquel iomn'dable pefion. ¿Oué perjuicios resiill;irian á la Fran- cia de que ejerciésemos sobre i*ortugal la influencia que nos pertenece, ya que no sea insíble redondear el imperio español some- tiendo á un solo cetro toda la Peinnsula? Poco ó ninguno, cuando lu Inglaterra sufri- TÍa un dafio incalculable. ¿Las colonias del reino vecino se hallan con ^as españolas en la misma rivalidad que las inglesas? ¿Tiene la Francia grandes establecimientos en la india, bí ha celebrado un tratado de comercio con el emperador de la China? Ksf ns difictilladns, por cierto no ligeras, debiera disiparnos H.'Guizot para hacemos creer que los inte- reses de Inglaterra y de Francia con respec- to á España están íntimamente enlazados, y que por lo mismo la política de las dos nacio- nes maichará enteramente de acuerdo, en boeoft hiteligencia, co perfecta armonía.
TVo queremos significar con esto que á la Inglaterra pueda convenirle capitanear., por -decirlo asi, la revolución en EfspaAa, man- char su nombre con la nota de promovedora dcmnliues, y acrecenlar su impopularidad manilcálaudusc eterna enemiga de nuestro yoBÍego. Quizás haya otros medios menos repugnantes y mas seguros para lofrrar los mismos lines; y estos medios, si existen, es probable que no se escapen á la sagaci- dad inglesa; pero siempre resulta cierto que las declaraciones de M. Ciui/of no son mas que un tejido de vanas palabras, y (jue si ñnnniéiramos que él propio les daba «medito, dcoerfamos tributar elogios á su candor, pero rebajar los quilates de su comprensión politica. ' Y nótese que én estas observaciones hemos prescindido enteramente de la cuestión in- dustrial, es decir, de lo que mas peso afiade modificación, es decir, prescindiendo abso- lutamente de cuanto tiene relación coa las fábricas del Principado, es indndaUe que it Inglaterra está interesada enque la España no sea una nación industrial. y que por lo mis- mo le conviene j)erniaDezcaiuos atrasados, ocupándonos lintcamente en la a§rriettltan, ofreciéndole de esta suerte un vasto merca- do donde pueda desabogar sus repletos al- macenes.
Siendo la tendencia del siglo eminente- mente industrial y mercantil, pues que ha- biendo menguado mucho y casi desapareci- do el espíritu de con(piisla, la verdadera fmjanza de los pueblos está intimamente en- azada con los adelantos de sus artes y co- mercio, claro es que si la España se enca- mina por el sendero de la prosperidad, tarde ó temprano '^ha de entOBr éb lleno en este movimiento general que arrastra á todos los pueblos civilizados, y que ya ba principiado a despicharse con vigor y iosania en algu- nas de sus provincias. Cuando esto se veri- fique en mayor escala, la Inglaterra, que tantos perjuicios recibe ya de las labricas de GataluAa, verá reducirse cada día mas la estension del mercado (pie arlnaln>enle dis- fruta en la Península. Esta sola considera- ción es suficiente a persuadir que aquella nación no puede mirar sin recelo todo loque tienda á desenvolver los elementos de nues- tra riqueza, y que por lo mismo se compla- cerá en cuanto se dirija á per|>etuar esa pos- tración y abatimiento en que nos encontra- mos, y de (pie ella tanto se aprovecha.
Sí á esto se uos opone que en una situa- ción semejante se halla la Francia, y que también tiene interc'S en que pueda introdu- cir en España el sobrante de sus productos, observaremos que el reino vecino no siente ni con mucho esa indispensable precisión de vender que aflige a la Inglaterra, pues (pie no es tanto el desarrollo de su industria, m Digitize<d by Google ue á fBlDd Éé I Miruif era fMkñ neoínil éé i)ttd taiito né-' esla viiiitaja, guardémonos de cüinpromelt'r^ nftsvn ningOM áKait^ft; ni siquiera amistad demasiftdo íDtiina, i|ue nos privase de üue^ Ira ¡ndopiMulcMcia. Roí ^mlcnifis (iiic asi en f.^. j, lo interior couio en lo cslerior lodo está en ci. As es, «fue Br Dieii la Prancii no deja de I Esprifia iM>r hacen ea preciso inaogiinir ana baceren España un contrnhMudo ilc alinma;! nueva epnca, asi en la orgas&aeion de \é tiodioan. ni tan grnn li' v\ osci'sodf» sus pro- ductos con res}>ecto a sus iicccsidadus, ni adolece en igual grado de la plaga dei pau- perismo: y es ademas nwy difcronle sn po- sición, ya pí»r ser una nanon continenlnl. va lambieo por su orgauizaciou socúú y poittii>nta, ast en ta orgasnaeion socicdnd roni(t on las rolacíonos con Ins do- mas {H)lencias; no olvidemos (|uu se|;un sea la marcha «fue se emprenda, se resenti- rán ])or mucho tiempo nuestros ne;:oc¡08 dé la dirección que se les hay^ dado en el mo-^ mentó de partida.
Nada de francés, oadi dé inglés; buenas relaciones con todos, íntima amistad con na- die; tortiliear el sentimiento de nacionalidad, de independencia; importa que este sentf* miento raye en cierta allives, que no solo no sulra los ultrajres sino que linsta se ofen- da de ios CA)nsejos demasiado otíciosps.
consideración, no vouins (jiic nos inunde las eayas con esos desembarcos colosales que Inglaterra: siendo de notar qu(> cu cam- hiíi <h lo que nos introduce recibe tainhien ea iH) pequeña cantidad los productos de üMtra soelo.
Resulta de esto que la Francia tiene en ia Península intereses diferentes que la tiran Bretaña. hasta con relación al desarrollo in- distrial y mefcaniil; y como quiera qné en la presente éjXKa los intereses mdustnales y nu'rtanliles afectan proriindamente los siste- mas políticos y las combinaciones diplomáti- cas, debeoM» inl^nr qne en manera a^nmn pupilcn hernminrse y estar de acuerdo en los nefíocios de España las miras de aquellas dos naciones. No tendremos diticuliad en que nkrt tal ó cnnl asonlo de ñas 6 menos im- portancia Hejítion n roticcrlarsc y á sejruir osa misma poiitica; pero aunque el objeto piénmo y seéimdarMi sea el mismo, «el fin principal será muy diferente.
Irtas verdades no las deben |)erder nunca de TÍsta los hombres llamados a regir los ¡ ét^SnáB de Espafla; porque si Mcn pudiera f i freimos gravísimos dafios la imprudente I f íiduf ta que, escitando los recelos de algu- na lie lasaos ¡Mtencias, fomentase y avivase if ffvi^ad, también nos traería niconve- Uenles de consideración la err;id;i creencia él ^flNl' los dos gabinetes seguirán con res- pMlD i nosotros una linea política de buena indigencia. ?5ean cuales fueren Iíis esperanzas (pie nos r los ministros estrau^jeros, es oottsideremos las costs eos ojos españoles, y que sin dar seí^alada pre- f^íí-nriii á ninguno de los dos rivales, sin ^raos su enemistad ni mendigar su bene- «dWMt, pronireroos guardar completa m- ' tiil. iK i I df ambos; ya que el inclinarse i nao, cuabpiiera de ellos. no puede tracr- ningún bien, y st producirnos graves Biales.
Nuestra posición i>eninsul;ir, v en el con-, hde Bnropa, favorece iMbrciñanen para i quo les ora preciso contentai)Mi con ji^l T LA UNIDAD GCBEIIXAIIVA EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA.
Asi nacionales como eslrangeros hablan muy á meuudü del espíritu de provincialis- mo qoe domina en España, lo qne -según ellos es un perene obstáculo á la centrali- zación administrativa, á toda organización regular y uniforme. Sí esto fvese verdad, deDiéraiiios inferir que la mmiarqiiia própiftt mente dicha no tiene en nuestra sociedad raices profundas, pues que estando perso? nificada en el trono la unidad giibenuUiva, le repugna esencialmente la multiplicidad. Por manera, qne á ser exacta la opinión mcnciouada, lu monarquía cu España ofre- cería uo carácter anómalo, muy diferente del que la distingue en los domas países de Europa; no fuera capaz de ejercer sobre la sociedad una influencia eücaz, estando con- denada á representar ni^ papel algo seme- jante al de las monarqnias feudales, á las bre y lntiparieiicias de soberanía, sin dis~ frutar <a mtichisiino!» romos de an mnún efectÍTo. ■. i.. Dañoso en astréiiio fuera que las Meas, sentimientos y rosttim!)res de la sociedad española se opusiesen de tal modo á la ver- dadera Dionarquia, pues que desde luego seria menester renunciar á toda esperanza de c?5fab!ccer «n aobií'rno <;ó!!í!o, resiiínán- dose por un tiempo indeiinido a esc estado de malestar y agilaeloiies que taiitos afios ha nns lleva in(|uielüs y revueltos. Eq tal caso el mal no dimanara" de estas ó aquellas for- mas poliUcas, ni de tal u cual sistema de administración; )a causa estaría en las mis- mas entrañas ñr la v-xíicrlad: de poco sirvie- ra variar de régimen, si la complexión del enfermo Íüq»q incuaipalible con la buena Bitod.
Abrigamo-^ h fn:is [)roruutl;i iunviccion de que semejante opinión es errada. de f{ue es- ta destituida de fundamento; mas como quie- ra que no son pocos los que la profesan, so- bre todo en el estrnnírrro, y ademas no (ai- tan algunas apariencias qué le dan visos de Terdadeta, seré bien ocuparse en refutarla, analizando las ideas y setUtmiéntos-^dei'pue- .blo español ron rt'spo. i i,i l,j mnnnn|UÍa, y desvaneciendo las diJii ulladcs que se fundan en engafiosos indicios.
Bien eslrano fueia por cierfo-que, en una nación cuya nionarquia es de orillen tan re- moto que se pierde en la oscuridad de l<»s timpos > no tuviesen próñindo arraigo las ideas y los sentimient"^ monán|ni( (ts; por- que aun cuando las invasiones d(; los pne mOB deINOtrte, las de los áraln^s y las guer- ras que á ello fueron consiguientes niodilica- ron y variaron mnrfio In forma del poder, no cabe duda que la idea de la monarquía sobrevivió é todos' los trastornos, viéndose de esto una clara y hermosísima nrncba al levantarse en Covadongacl trono ae l*clavo, después que según todas las probabilidades debía haber nereeido pam siempre el sólio español eon el desastre de Don Rodrigo á las orillas del Guadalete. Donde se ven re- unidos aljjunos cristianos para hacer frente á los sectarios de Mahoma, alli se presenta un rey; su tronn <.nn }n< p-Tudos de los Nnlim- tes que le levantan en alto y le proclaman cauddio; su diadema es su capacete; su ce- tro la espada. No ohstanté, loa paeblos le veneran, fe tributan liomenage; \ '^in el oropel de grandes palacios ni el esplendor de la purpura, recalm de.eMijtoa lo.folM sumisión y aoalamienlo. ■ A ia saiou ia luonarquia uo podia her um, porque no lo eonseotía la sitoaeion del paíi, ocupado en gran pnrt ' por los sarracenos; Eero á medida que estos andaban cejandp acia las orillas del Mediterráneo, las pror vincias s« reunían bajo un anmno impería. León y Casfilla. Cataluña \ \rngon presen- tan este feiioiueno: ^ loa monarcas que cua< quistan é Granada miran sometida ¿ au cetro la España entera. - t^iiíitf ♦ Desde los Reyes (ialólioos la nación na continuado l)ajo ei imperio de uu uiouarcaf y es imposible que tres siglos de monarqui^ ño hayan arraigado hondamente en el pais las ideas y sentimientos monárquicos. ¿Có- mo es dable que de otra manera sucediese alli donde reinaron Fernando é Isabel, r.;u>. los V el dominador de Europa, Felipe 11 y Carlos III? El decir que tiene vida en £sp% ña el espíritu federal, que el provinctalísnifr es mas poderoso que la atonarquia, asavenr, i turarse a sí»'^tf'rv'r lo que á primera vista es- t¿ de«iiieutidu por la bistoria; es suponer un ¡ liMMiímeÉofiatKafio, de cuya eiistencia deb% I riamos- i dndar i>or grandes que fuesen las n]> tnenri''s (pie lo imlirasen. que no podria- j mob a<imitir de. uinguna manera, a uo tener I e» fea a[)oyo pruebas muy sólidas y evidean tes; de la |)roi)ia suerte que, habitando es- lado la Italia por e>pac¡o de largos sifjios i dividida cu pefpieñas repúblicas y priucipa- : dos, fuera una suposición entenmieute gran I tnila ia (pie atribuyese á a(|iielhi |H'ninsiila las ideas, scntimienlos y uteluiubres a pror» pósito pnra reunirse toda entera bajo V& mis^ mo imperio, formando una sola repiU>lica.é monañinfa. i i* Lo que se llama ideas nuinárquicas en na pueblo, no es otra cosa que la convieeion generaliiada mitre todas las clases, de que ja monarquía es la forma de gobierno que mas le conviene; lo que se a|>ellida sentíp mienlos monárquicos, es el afecto y la v«tt I neracion hacia la persona del rey: asi como las costumbres monárquicas son e! h;>h¡to de someterse dócilmente a lo que manda ei >ox beraw». Tras siglos en que se ika inculcado ( nnstantemente la conveniencia de la monar^ I quía, el deber de amar v respetar al nionar- I ea, y en que los pueblos no lian visto otro i poder que d del rey, en que han visto al rtM en todo y sobre todo; esos tres siglos, ^ rep«i|limos^ no pueden menos de haber crear do y arraigado profundamente en la socie- dad ideas, si'iiliinicntos y costumbres en sentido allaim'iiU' monárquico. Esto es lo (|ue de sí arroja el examen de las causas que han obrado sobre ia nación española, ó la investiifacion á privi i: quien no hubiese visto los r<*siiltados. y si atendido unicanicn- e á dichas causas, inferiria ciertamente lo [ '"ainos de inferir.
- oiii is ahora si los sucesos realizados en I nación durante las revueltas (|ue la han iflisidu desde IS08, vienen en conlirmacion )o que hemos asentado. Cabalmente el inmortal levantamiento de aquella época es la prueba mas patente é in- cQalra.stame de rúan hondas raices tiene la luoaarqiiia en la sociedad española. Los nctmtecimií'nlos de Aranjuez haman ya mos- ' l io de bulto esta verdad. El pueblo se su- plirá el |)rivado. pero respeta |>ro- i i iiiii-nto la persona del monarca; y tan {KORto como std)c al trono el primogénito de liarlos [\\ se exalta y desborda de tal suer- te ol entusiasmo del público, (pie jamás rey iiKi viera rodeadode mayores muestras 1'), ni vitoreado con mas frenesí. Y Hir cierto que la nación donde un reinado romo a(ntel no nnna los cimientos del trono atrayenuole el descrédito y desprecio, me- nester es que teuf^i en su corazón la monar- fjijui. no solo como un sentimiento muy ar- ' ■ sino como una necesidad sin cuya ii>n no puede vivir. Hará ptmer á prueba la sinceridad de las lieiioslraciones que.siuuiemn á los aconte- «iwentos de Aranjuez, sobrevino la invasión IfMcesa y ia desíipariciou del rey. Quedó el iwíblo esjwnol enteramente solo, abandona- iloási mismo, cara á cara con los ejércitos vencedores tle Europa. Los revés estaban ■pifestando imprevisión y debilidad; los wies recuerdos de la reciente privanza de Tiodoy se enneírrecieron con las escenas de K>VDoa; el solio babia ipiedado vacio, y los iw debían ocuí>arlo no se mostraban cierta- w»le con aquella elevación de miras y fíran- íeu de alma que los hiciera difrnos de rei- w. Nada babia que pudiese interesar á los en favor de determinadas personas; 'iilfdrio, lodo era á ¡iroposito para inspi- nries desvio c<m respecto a los aufíustos pri • ^iwicrüs; todo brindaba con la mejor oportu- para que, si la monarquía hubiera ^^tü Espafia una institución posliza o en- •Wíle, se des|>egase y se hiciera trizas, prescQlándose el provincialismo federal ron su carácter propio y sus naturales tendencias. Pero no sucedió asi: la nación fue mas gran- de ífue sus reyes; si, mas grande, mas ge- nerosa: ponjue á la nación también se le hi- cieron amenazas, y las despreció; la nación vio venir sobre sí el hierro y el fuego. v los desprecio; á la nación se la brindó con liala- glleñas promesas, y las despreció; á la na- ción se la dijo: «esa tenacidad le va á costar tu tranquilidad, tus tesoros, la sangre de tus hijos, '> y la nación respondió, que mas que su tranquilidad, v sus tesoros y la.«sangre de sus hijos, valia su independencia y su honor; á la nación se le dijo: «^no ves como se portan tus reyes?») y la nación respondió que no veía al rey sino la monarquía, que no miraba á las personas sino la institución; á la nación se le dijo que las personas legítimas estaban cautivas, y la nación respondió que con.servaba como un dej>ósito sagrado el principio de la legitimidad; á la nación se le dijo que esas personas eran débiles, y la na- ción respondió (jue los corazones hidalgos se (dvidan de la debilidad y de todas las faltas cuando está de por medio el infítrtunio.
La níicion pues se levanto al grito de vira el fíeij...Esta fue la señal del combale, es- ta la aclamación uue re.souó durante la re- friega: seis años de encarnizada lucha y de ausencia del monarca no bastaron á desvir- tuar la fuery.a de este grito mágico, (|ue sos- tenía las esperanzas en la desgracia } enar- decía el entusiasmo en la victoria.
La aparií'ion de innumerables juntas en lodos los puntos del reino, lejos de indicar el e.sj)irilii de provincialismo, sirvió para maniiestar mas el arraigo de la unidad mo- nárquica; porque pasados los primeros ins- tantes, en que fue preciso que cada cual acudit'ra á su propia defensa del mejor modo que pudiere, se organizó y estableció la junta central, prestando.se dócilmente los ¡Hieblos á reconocerla y respetarla cnmo po- der soberano.
Este.solo hecho es bastante á desvanecer todas las vulgaridades sobrí la fiientn del provincialismo en España, y á demostrar (|ue las ideas, los.sentimientos y las costum- bres estaban en favor de la unidad en el go- bierno. V hay to<lavía en esta parte una sin- gularidad mas notable, cual es el que sin ponerse de aeuerdo las diferentes provincias, ni siquiera haber tenido el tiempo de romu- nicarse, y separadas unas de otras por los ejércitos del usurpador, se k'vaulo eu todas lima miüuia bandera. \i en Cataluña, ni. en Aragón, ni en, Valencia, ni en Navarra, ni on las provincias Vasronpadas so alzó ol ^TÍto cu lavor d« los antiguos fueros. Inde- ucndencia, Patria, Religión, Eey, lié aquí tos uonihres que se vieron escritos en lodos los inauiliestos, en Im(I;i< las proclamas, en todo iinage de aloi ix k ih >; iio aijui los nom- bres que se invocaron en todas partes con admirable uniformidad.
Cuando la inonanpua habia desaparecido, natural era (pie se presentasen las antig:uas fUrUioncs, si es que en realidad existian; pero nada de eso; jamás se mostró mas vivo ci sentimiento de nacionalidad, jamás se ma- nifestó mas clara la fraternal unidad de todas las provincias. Ni los catalanes vacikbtin en acudir al socorro de Arairoii. ni los arairo- nesesen ayudar a Cataluña, y unos y otros pe tcnian por felices si podían favorecer en á sus hermanos de Castilla. £1 mismo IH^qier tomó la guerra en todas las provin- CW; con idénticas dilicultades tropezaban en todos los puntos los ejércitos franceses: españoles, y nada mas (pie (*> pañoles eran, asi el catalán <pie cubría su twva,lj»Qte con la gorra encarnada, como el ^iniraz que se contorneaba con el airoso calajBés.'
.M volver Fernando de su cautiverio, hu- bo lo que puede llamarse una esplosion de entusiasmo monárnuico: los |)uel)los le re- cibían como á una divinidad; y en prucba.de (pie c-l;i>» nianircstaciones no cniii facticias, rccuordesf ijue basto la palabra del Rey para que desapareciese la Constitución v s¿ res- tableciesen las cosas en el mismo pie en que ^ haliabao ant<.*s de la:ii i i Si> dirá que el |ejerci|<o, fue quien reu¡i/<; la mudanza; l>o- jrp era el ejército si hulUese encontrado 'oposKionen el pueblo, en esc pueblo (¡pr, después de seis años de lucha, cr^.pn.pue-r ))lo de soldados? Todos los querVÍ^roi) los .acontecimientos de cerca pUeden deponer de esta verdad: el ¡mcblo fue (jnicn inspiró al ejercito, no lúe el ejercito quien domiuo al pueblo. Y cuando esto dcciinois^ nos atTste- ■Demos de caliiirar los sucesos; prescindimos de su justicia o injusticia, de sn convenien- cia o inconveniencia; los consideramos úni- camente en sus relaciones con la monarquía; • en cuanto espresaii las ideas, los sentimien- tos, las costumbres de los españoles en pro de la unidad del mundo, en cuanto sirven lo que.^uoie aclucárscnos de que tcnenw propensión a fraccionarnos, á desc^jiuponer- nos, volviendo á latt divisibncs anticuas, y que asi oponemos un insuperable ohstáculo al establecimiento y consolidación de un go- bierno» Ea laa époets sucesivas se ha manifestar do con no mcnor evidencia el mismo fenó- meno; y dejando aparte lo ucoulccidu en 1 823 y en los dies afios de gobierno abaolfllo <|w si^niicron á la restauración, creemos que hasta en medio de los Irastonios, en el seno mismo de la re\uluciun, se bu bccbu eviden- te que la unidad monárquiea, la obediencia al gobierno supremo. esta en las costum- bres y en el corazón de los españoles. De los mismos pronunciamientos repetidos con tan- ta frecuencia; de las mismas juntas creadas con tanta facilidad; de cmi misma ti'ndencia de las nroviucias a ( onslituirsu iodepcndicD- les de la capital, se puede saear un firmísi- mo argumento en corroboración de ló Jfue acabamos de establecer.