gano oficial del gobierno, entrase con ellos en poléniicn sfibrc,!a t'sccicucia del gobierno republicano, dice que hoy no existe por fMTtuna nfDgvno de estos periódicoa, pero que (11 rinnhio se publican otros que, ó pro- ciainaii aliiorlamente ia monarquía, ó ponen en lela de juicio y discuten y crítiean h» articolos de la Constitución. Entra luego en el examen de si estas j)o!('miras son conlor- mcs a la Indole del gobierno represeutalno, y-si lle^'a basta este panto la libertad de los esrrítores; y afirma, que si bien ama la li- bri' discusión, sin endiar^'o cojioce que la necesidad y la libertad de ella licneu sus 11- Hiles, que'nadíe debe traspasar tfiip«Miii«n- te; V i'splicando su pensamiento añade: « En los 'iíf>l>ip''"os representativos todo puede discutirse y censurarse, escepto aquellas dM^nasé'InslílDeioBesquc son la base del mismo gobierno y <lo la suciedad política. La religión, donde no ha v libertad de cultos, el trono y la GoislUiicíon, son las tres Insti- tuciones por cava virtud existen la sociedad y el frobierno, y son el limite de la libcrlad política. Cuando la ley dice que no tolera ñas religión que la Católica, prohibe al mis- mo tiempo lodo af lo f|ni' icii-'a por oIjjl'Io establecido, y (pie (mi general debe estar lucra de la juriMÍicciun de U piensa la ie|t lundameotal del JBsumW. Paaa nsaoiMMieai|| estos principios creemos que no anda ace% lado el Olübo eu la aplicación que de ellai bace en la' cuestión presente. £1 ealar prohi- bida una discusión sobre imebjelo supone la existencia de este, y no como (juiera sino de uu üjüdo icai y tccli\o, y ademas cou juntos lus ojos de lus pueblos. De otra suerte seria inaciüual la prohibición de discutir sobre él, cuando este dere(;hu se otorga con re^peclo a todo lo damas. Asi por ejemplo, en un pue- blo que en su inmensa mayoría se hubiese hecho impío, u que hubiera cambiado de re- Ugiou, se entenaeria que había caducado la ley civil que probiliieca ia discuaioB sobra las anticuas creencias. Preguntaremos aho- ra al (jíoúu, SI cuando uusolrus hemos cacn- to ios arUculoa sobre reforma dQ'CoostttuctQR existía esta real y cfeelivameale, y si tanto pur los golieriiaiiii's como por ios gobernados era respclada lumo ha^iada c iu\iuiable. Creemos que la ilustración de dicho periódi» cü nos aburrara el trabajo de citar hechos y de oírecer todo huat^e de pruelMis. Precisa- mente una de las razones principales en que nos apoyáboBoapara sostenerla necesidaade iarelornia, era (pie la Cunstilucion di; Ih;)7 uo uxisliu sino en ci papel; y uno de nueitr tros artículos fue dedicado oadusivameiile 4 este objeto, comparando el leste de la le{ ruiuianienlal con los hechos presentes, y con muchos acoutecauieutos > criticados desde ia promulgación de aquel código. CuandOr se quiere probar que una ley existe no basta destruirla 6 desacreditarla para poner otra | mostrar uu impreso donde se hallen sus ar- en su lugar; cuando la Constitución declara | Uculos; no basta alegar que uo se la ha d^ inviolabilidad é irresponsabilidad del mo- | rogado espresamente en otra ley posterior; narca. 'juzga crimen todo acto hacia él de ] que si eslo valiera, sería me^c.'^ter dec ir ¡jue reconvención ó censura; y cuando existe «M ley fondaraenlal que establece una for- an da gobiemo. no es licito ningún arlo (pie tenga por objeln sustituirla con otra. Asi, Sues, quien preiUca uua reli^^iou diierente e la establecida como única; quien censura los actos di'l monarca; quien proclama otta forma de gobierno (pie la existente, contra- viene a las leyes y lalla a las coiuliciones del régimen i«pre«Mitalivo. » Adinitiinos < on el Glubn que la libertad de bo esteaderse ¿ la religión donde no hay i-t M allRHmdoaáe ae baile se hallan vigentes mucijas le) es de cuoigos antiguos en coya obserx anciá nadie piensa.
Para demostrar basta la e\ ídeocia la siAn razón con que nos ataca el Globo, atenién- dose a una legalidad que por darle la calí<-. fieacioo roas suave solo llamaremos nimia,. sup(>ngase que el ifismil, sintiendo avivado su celo jKir las escilaciones del mencionado periódico, se huliicse resuello,a la denun- cia de nuestros ariiculos: «abalaiiale el ar- ticulo H." y último sobie reiornia de (-ons- lUucion saUa a luz en Madrid eu el múñela discusión tiene sus limites, }[ que no de- m mutu li- I ro 33, correspondiente al dia 1 U del corriente lie I julio, y en fSH» mismodia lu-aiMsIerio que I fm precia de aUitincnto lo^al, de parlamen- tario, y cuyo sistema merece sin duda mas las simpatías del fi(nbo que las nuestras, puhiicaha en la capital el decreto de disolu- ción de Cortes y convocación de otras nue- ras, precedido de una esposicion en que se dccia que habia llegado el tiem(K) de llevar la reforma a la (lonstilucion del Estado, que esta contenia partes que la esperiencia na- bia demostrado de un modo ^>alpnbh (¡uc no estaban en c»)nsonancia con la verdadera Indole del réfrimen representativo, ni tenian la flexibilidad necesaria i>ara acommlarse á las variadas exigencias ne esta clase de {ro- biemos. y que estas reformas el pais las reclamaba con ansia pavidez. El Pensamien- to de la iS'ncion hubiera podido defenderse de una manera muy sencilla, diciendo: «yo be sostenido que la ref(»rma de la Constitu- ción era necesaria, y el pobicrno lo alirma también; yo he sostenido que sus vicios eran evidentes, y el gobierno alirma que woñ palpables; yo he apelado a la esperien- cia para probar este aserto, y el gobierno afirma <|oe la euprrietttia lo ha demostrado; yo he sostenido que In reforma era oportu- na, y el gobierno alirma que el tiempo ha ile^udo va; yo be sostenido que el país asi lo deseaba, y el gobierno alirma (|ue el pais lo reclama con ansia y aridez: fiscal, no os dirijáis, pues, contra mi, dirijíos contra los firmantes del documento a (jue nos rcferi- mos; que si no recordáis sus nombres, son D. Hauion Mana Narvaeí. I). Luis Mayans, í). Francisco Armero, Ü. Pedro José í*idal, D. Alejandro Mon.»
Bien echara de ver el Globo que el papel del señor fiscal no hubiera sido muy airoso, y que tampoco era muy grata la posición de quien con sus escitacicmes hubiese pro- vocado la denuncia. Kl Pensamiento de la f§€Íon hubiera podido contemplar con algo ñas que placer la escena en que se hubiera Tisto denunciada al jurado la esposicion de los ministros amigos de la legalidad, y co- mo tales sostenidos ardientemente por los periódicos de la situación.
Aquí pondríamos fin á la polémica con el Globo, si no tuviésemos que contestar, ya que se presenta ocasión tan o|)ortuna, á un Eirrafo nel número 29, en que hablando de s preguntas hechas por el Eco a la prensa periódica moderada dice: «Para alarmar á íu» crédulos lectores, los peri(Wiicos pro- gresistas tienen que recurrir al Pensamiento de la ^íacion y sobre todo á la Monar-* qnitty órganos del partido contra-revolucio- nario. es decir, revolucionario también, iiunque en sentido opuesto n los ¡)rogrcsis- tas y republicanos.» Perdónenos el Globo si le decimos <jue no creíamos haber merecido semejantes palabras: nosotros no escribimos >ara alarmar ni a los lectores crédulos ni á los incrédulos; no andamos a ca/a de noticias que puedan producir semejante efecto; y por el sistema «pie seguimos en está parte, bien se deja entender que, lejos de querer producir impresiones de momen- to, solo tratamos de recoger y como archivar los actos del gobierno v los he- chos mas notables que están sucediendo en el pais. Por lo tocante a discursos, en cuanto cabe en nuestros alcances cuidamos que abunden mas de lógica que de declamación; si el Globo se ha tomado la |K'na de leerlos tod<is, en todos habrá podido notar este ca* rácter; y si algunos hay en que nos haya- mos esmerado en enijilear raciocinio sólido y severo, fundado en hechos evidentes y jtnlpables, son los que versan sobre la re- l'orina de la ticmstitiicion, los que |)recisa- mente han escandalizado al Globo.
Tocante al titulo de contra-revoluciona- rios, ó como él llama revolucionarios tam- bién, aunque en sentido opuesto a los pro- gresistas y republicanos, si asi le place ape- llidarnos por(|uu deseamos que se robustezca de una manera positiva y eficaz el trono, porque ansiamos que salga de la tutela y de la opresión de los partidos y panddlas. por- 3ue queremos que el monarca sea verda- eramenle monarca y no ejecutor de desig- nios contrarios al bien de la nación, por(|ue suspiramos por el dia en que el cetro y la diadema de San Fernando se vean libres del polvo con (|uc los cmiKu'ia la revolución con distintos nombres; si le place a|)ellidarnos asi porque rechazamos esa mentida liliertad con que de largos años atrás se viene en- gañando al pueblo español, esa libertad que ha producido tan dilatada série de calamida- des y desastres, mic repetidas veces ha manchado con lodo la diadema de (>astilla, y nos ha conducido consecutivamente del (iespotismo de unos pocos á la anarquia, y de la anarquía al despotismo, esa libertad que aun ahora mismo derribaría el trouo si no estuviese escudado por el valiente ejér- cito y ro<ieado de sus l>ayonetas; si le place apellidamos asi porque deseamos que 55 Google Google ^e^ÜU^ su lastre \ C!>pIrndorá la religión | poUos» católica proft'Siula \mv la ii9ciou oiiler», cn- laMuia con lodaá uucslras glorías y uui- «t esperanza de e^la «wiedad desveutu- lada; si le place aprllidarniH ¡)><i par(|ii<- < la- mamos para (pir su (jooga coló u ut>a codicia i^si-audulusa que va ioiprovisaado cobsaleg foptuiUM •■ nedío del estupor de. los poe- hlos, ([tic no coiiriUcii cómo hay (|uien lo cotuiicuU; SI por estos iuuttvui>,> repeliiium, le place «peltidwiMs aii, nos bsoiainos por kioerle* dado ocasión, y le daremos nuictias otras (Mí nilclanlc. INmo si se nos llama coa- tranrevolucioaaríos cuaio rcprej»ei)tajilcs de iui-8isl«M4e imurraoooA. de violeiioía^ y de vcii^'aii/.as. entoiiMS nshuntoñ con líQt'r^na l;< calumnia. Lejos <ie ser partidarios de la insurrec- deseamos que se establexee un gor- bierno sólido y fuerte i\m las acíibe para siempre y las haf^ del todo imposibles; le- jos de ser amigos de. TÍoleti6ÍM, clemiiiiios eMnuamentu ppr el domitio de la Ley, y si o(K (Icdaramns en oposición con la actual, es pocque conocemos no acr mas que uu Qenbw vaito, eseetesto ftm servir de íos- trumento á las pasiones y partidos, é inc a paz de asegurar el orden publico, ctuinto meaos kacer la prosperidad de lu uacioa; lejos de aeonejar pwwmiciones y airo^-^ llamieiifos, re|H! limos una y mil veces que est )>> in<>il¡M>!t ola producen, sino que aví- vau mus y mus el espíritu de reacor y vea* piiiiiNi|ÍM « predio aidicar ti remedio á MI ellas mas hi MI ellas mas hi de pandillas, f'iicra esc esclusivismo con ({uc se condena a la Ji^iid94.pf^'jifa^ al al>alímiei4o y a la bum¡Haci<m « partidot numerosoe, fsoAquc.m; priva d l<* nación 4* los servicios »pie pudieran prestaile humhres dt; disliu^iuda'^ calidades, {lor solo el motivo de no pertenecer al partido, doqifia^t aprovecliar tudas las inteligencias, Ijuiee concurran al bieu públiro todas las..virMíHi des, esplolar y s^f\i^>c de.)^s,,/4||||m|» tod6»tos hombres Bea», fluales (wvSS99 (i¡iit;iini('< [jolitira.s. sujrl tr á lodos los es- pañoles a ia ley y a nada utas que a la ley y 00 al capricho de nadie; estas;>ott las veagamas, las viulciicias, las reacciones^ la contra-revolución que predii nins;.ilu estau u^ü^ti-os escrilob desde qutí eouiemu^ om á dar á )hz alguitos en ISAO; «¡diieii e»t. cuenlre en ellos un fém^ ^ ao oilé rorme con la profeaioii qs» aeabaiiM)s de LA SITUACIOn Y lAS Los hombres de la siluacioii Jiaa^creída resolver de uaa manera satisfiMttrit la ÉHÜV ma crisis «lisolviendo las Corles v convocan- ( i'- t'í. V MI ellas mas hien que en las persumis esta el origen del mal. ludul- ji do otras nuevas, con la esplicita|>romesa di geacia para el «stravfe, benignidad coa el | llevar la nSoHM y- la mejora á la ater oulpable cuyakJtd|ia dínaiBc de (^ircunstan- | Constitución del Estado. De esta suerte haa oiafteslr ini flio ui.K. de exallacion del mo- ' procura«lo aparentar (pie estaban rcsiH>ltOi!> s iMato, de errores mas o menos escusables; i salislacer una necesidad urgente, reco^oct- pera jastioía eon oLerfineBi severidad iofie- || da por todas las persanaa aaiaalas. Qm^k xible con ios hombres de intención |)erversa sistema político de España no puede couti^ y de corazón dañino; tran.saccion entre los intereses o|)uesios respecto á todo cuanto entrañen de justicia y eK|uidad, pero no per- mitir el escaiidnlo deque el robo y la dila- pidación se cubran cou la égida de la ley, dando al país una ieccion de inmoralidad con el liinestaeieasplo de declarar legiüoMO todos los ' ' ' '1 ron ta! que liayan llegado áoansumarse. l^my^ki respeto a la propie- M^mMmiwmém á Im pmBaa, olvido de twias las debilidades, hasta {)erdon de iodos los (l<-!i( iv,. i ii. nv sincera reconci- liación dt> lodos tuts ea|idiKiies; luera mouunuar tal como ahora se cm uentra, es una verdad que salla a la vista con tanta evideor cia, que el ministerio no lia repacadocalr alirmar (jue vth palpable, y que laesp<'rieiH cía habla venido á deumtraria. Mas coi quiera (|ue loa hambres de la ailaaeÍMVi QBlan cinmaladea «n priacipiaa tUiáo^^y tes man-han á merced de las circimstaacias, son aüciooados a imitar, y. como partidaríaa del^wlo «wdfo se eaíaeeain iK)r plafliaif V sistema que ooeslñ sobrante ae osadia y fran- queza. Por esto ha vsalidoa luz una esposicion eu que nada se dice que pueda dar una idea clara y pxacta de lo (|uc s<« inlonin hacer, \n\(^ ' i es tal ( on él la (lonstiliicion -jiirílrtr t;in viciosa como ahont, ó luen iiirada de muchos de sus niales: siendo re- cular qne sal^'rt una de eslas dos cosas, se- i'iin el vieiilo que corra allñ en el mes de novjemhre. I.as palnhnis de ítnlole ihl vfffi- mcn rrprfsenfniirn y iW fleTihiUthul nrrnarid ommini sr á Ifís rtiriablea f.Tiffrnn'as '■ ''• gnhifrnofi, son tan pasibles ,. i 'ii (7r');M^ír//7rvr á toiln clase (le Hor manera, que si fne-^e posible que se ronsintiera en Ins Corles una may( ria pro- jíiTsista, el ministerio, lo qiie es ñor lo lo- cante al programa, pudiera muy bien <*n- t'^nderse con ella, presentando cualquier jiroverio al (lue por uno ú olro motivo se le \ piirfiese atrimiir que contiene medidas á proposito para dar fleTibilidnd. Y si por el rw ilieso una mayoría compuest?» de tnini.. ¿,i D-í V de moderados de los no per- Icnecientcs á )a fracción dominante, también pMdiera el ministerio presentarse á Ins Cór- l"S con im proyecto en «pie la reforma de la Constitución fuese como la reforma de los frailfs, nue comenzó por proyectos muy I' nipócrilas y acabó por deslriiirlos Así los hombres de la situación se han co- Itirado en una posición de jtisto medio, bello i<l''al de stis teorías y blanco de todas sus ••iirnhinaciones. Encarados con los proirresis- pueden decirles: « Si sois constiluciona- W, no-sotros lo somos mas que vosotros: las rt'fomuis que (pieremos hacer en la ('onsti- tncion servirán á rf)bustecerla y alianzarla; tío creai*; qiie sof\amos nt en alísolutismo ni '•n formas demasiado ri;:urosas; yenpnu'ba <li*i»5to ved como queremos una ('onslitiicion Ñfrihlf, y como no nos hemos olvidadlo de 1^ ffspresion eminentemente liberal: frutóle ' I rrpnsprttdfim. » Y al contrarío.
II. 1» a.ivan de dirijrirse a los monárquicos ) a lo5 modenidos que fueron un dia sus ímipos.y que han dejado de serlo por la *'*nnn.i rn/on de q\ie se han candado de ser- '! ' i"-»"iinenlo, podrán decirles: « ¿Que- 'T la monarquía? Pues nosotros lo queremos mas qtie vosotros: veréis crtmo "•■lie mal parada de nuestras manos ',: Cons- lilucion- vrreis cómo á fuer de monárquicos líih,! trizas con el pretesto de refor- "wrLi. supliera por venerar el ultraje hecho a 'a Reina por una demagogia fen)r en el palacio de la (iraiijii. La dilerem ia i'vIü cit- (jue vosotros «piisiérais hacerlo de una uu>- nera brusca v violenta, v nosotros lo liare- mos por medios legales, sin sacudmuenlus, sin golpes'de Estado, ciud cumple a hombre* conocedores del espíritu del siglo, imbuido* en las doctrinas de los publicistas mas ade- lantados, y que han estudiado de ccn*» uA modelo en cuya imitación cifran su gloria y la prosperidad de Espai^a. INtr Ií» demás, si en las Corles se ofrecieren dilií'ultades, st esos incorregibles progresistas;ios vicnel allá alarmando al publico con fogosas perof ratas, embarazándonos y no dejandonrw obrar, entonces ipuMlará de nuestra cuenta el deshacemos de ellos y de las Cdries y planteai* vneslro sistema * que se presentará mucho mas plausible habiéndose demostrado con el nuevo ensayo que no es ]M)SÍhle des- atar el nodo y que es preciso corlarlo. » Espresamos la n^alidad y nada mas que la realidad de los hechos. Que en ultimo es- tremo exista el designio de prcíscindir de costumbres parlamentarias y de formas es- trictamente legales, opinamos que no es aventurado el dei'irlo, si se ha de juzgar por lo (|ue hemos visto no ha muchos meses: en cuanto a ser mas ó menos valientes los po- líticos lodo dependerá de las nwyores ó me- nores simpatías de los militares. Asi es que en todo ese decantado constitucionalismo, el voto del presidente del (lonsejo ha de pc^ar mucho, ponpie es hombre rpie puede y sabe sostener con la espada lo cpic ofrece ó pro- mete. Cnando este llegue a convencerse de que se le lleva por un camino tpie podría uuiy bien inutilizar lo conseguido en Torre- jon de.Vr loz, será posible que muchos otros varíen de rumbo.
Ya que de militares estamos hablando, no sera fuera del caso advertir que se alucinan mucho los parlamenlarios si creen qnc el ejercito los sostiene por identidad de princi- pios y de miras. El ejercito obedece á la Rei- na, sostiene á los parlamentarios porque los ve al lado de la Reina, esto es lo que hay y nada mas, pues dado ipie el ejércif mc- de tener alicion á las farsas revoliM enanas, es muy probable que sus simpatías y su en- tusiasmo sean en favor del trono, de esa ins- titución de catorce siglos, y no en favor de esas obras de un dia cpie nacen boy para mo- rir mañana, que en los breves momentos que llevan de existencia están mudando con- tinuamente de forma, y acarrean entrclantoft li cuento.
▲ propósito de la ¡UsUñiidad <|ue m quie- re m á Ií CoiMliliieieB, ehiemifnei que no es la inflexíbilidad el defecto de que ado- lece; y 8i de sus dotes hemos de jiiígar por los efectos que ba producido desde es- temos por decir que se achaca á la CeMlila- cioQ precisarnonle lo contrario de lo que se debiera culparla. Ks como los gobiernos que ae baa sucedido desde la muerte del último MMica, á qaicDes se ha llamado tiránicos y usurpadores de los den»chos del pueblo, cuando en general su principal detecto ba ceufiatiá» «B ser débüei, m elfidane de su propia dignidad, humillándose verigoBió- samente «nle todu I» eiigeiiciai wnlmm- narias. Desde 4837, lae Garles arrearlo á la nueva Constitución han mani- festado opinioues tan diferentes y correspon- dido á tan contrarios designios, que al me ñus por gratilod no las debiera llamar inflexi- bles ninguno de los partidos liberales. Las 4e 4838 distaban inmensamente délas de 4837, y las de 4839 no se parecían en nada á iOBpfiedfleeaoras, asi como no tenian se- mejanza ron aquellas las de ISiO. ¿IlíVnde esta la inflexíbilidad? Vino Espartero y quiso «M Górtes que le hicieaen regente* y re- gente salió; y si no hubiera andado tan tor- t>e en comprender su verdadera posición y loa muchos medios que podia emplear para ■oalenerse y aun encumnirse mas, y bobíe- se deseado unas Cortes que le apoyaran en iíus planes, habia fiejcibilidad en lá Consti- tución, no solo para proclamarle á él sino también al mismo bajá de Egipto. La dificul- tad no hiibiem consistido en obtener una To^wcion favorab^, si^ en que el pueblo ae No está el mal de la Constitución en su inflexíbilidad, pues se halla muy distante de tenería, sino en su flexibilidad escesiva; lo que hace que pueda prestarse a lodo, y que '^oa un escelente instrumento para el partido que llega a apoderarse de ella. ma- Íormente si no escrupuliza en prescindir a algunos de los artículos cuando se opo- nen á la voluntad del que manda. Mas dire- mos, el mal DO está todo en la misma Cons- titaeíon, ni so poidrá el fenMdio iaiiestros males con un mero cambio de ley funda- mental, sea este el que fuere: una de las caucas principales de nuestro malestar, de los peligros del trono, de la flaqueza delw iii-titni iones, de la dificultad <!*• fundar uo gubicrno ^ está en que por electo de la guer- ra diléBlIca, poKtíea y religioaa, 5 dcTéM- enlaoe que ella ha tenido, se halla fuera de juego 4ina masa inmensa en que no Sf>ln hay número sino también gi^^ei» pnucjjigfej^ intereaeavy por lraMllWm4aftl4iMr naciones que se hacen para establecer un sistema |>olitico sólido ^ duradcruse limitáis á un circulomuv reducido: ta^.^ítMOPmtflr cribe á un hMii pulilii a qvt-i éil^0imiü (ios fracciones míe se aborrecen de muerte y que han Si$ll|ap su odio con san§p,y-,iO ueden serw Im basa pera fundar wü»*- ierno.
Lo hemos dicho varias veces y lo repeti- remos aquí: en no haciendo entrar como elemento de gobíMio á es» partido á qoico se desdeña, es imposible, absolutamente imposible, establecer en España nada sólido y miradero. Los Ivonibres su|)«rticiales ó de mala fé andaiin discutiendo sobre si es par- tido legal ó no, sobre sí ha abandonado sus antiguos principios ó no; y le ofrecerán una especie de peraoa de loa pasados eatrufiof si ae anodillt á' tm plantas, abjora ana er- rores v promete en adelante portarse como verdadero lil)eral. Y con este modo tan an- gular de pcMT Ík é Im dlacardioa cítOcí pretenderán quizás haber hecho una obra maestra de política. ¿Asi comprendéis el co- razón del hombre? ¿Asi habéis estudiado ia historia? ¿Asi habolt c— iHado la capa- riencia? ¿ V^i esperáis convertir y hacer creer a vuestros adversarios que puedea darse por contentos con un indulto y coa «n aMnida de protectora benevolencia? Loa verdaderos hombres de Estado mirarán cier- tamente la cosa con ojos muy diferoules: eUfts tabea qoe cuando ohn» e« el Mo de oa gran partido principios que no pera* ccn, cuando se combinan con poderosos in- tereses, no hay otro medio (|ue transigir, que itrter á eae pertide. haciéaMe ecMc- siones que le pongan en igual rango que á los demás, que daríc puntos de apoyo en que vea garantido el cumplimiento áe las prcoieüt; en sna palabra biMfle entrar de una manera leet y efcetiv efo elewaale de gobierno.
S eile ne te baee «a Eepefta eoa el pdr- tido carlina, vanos son todos los esfuenoa para asegurar la tranquilidad pública y la- orar la prosperuiad de la nación: aun auponiendo que él no intente nada, que se man- | ten^ del todo inorcnsivo, totalmente pci- lico, le basta dejar a sus adversarios solos tu la arena para que estos se combatan in- i ceüantemente y se arreltalea alternativa- ' mente el poder, turbando de continuo el país y ruudueiendole á un cstremo de des- ifiidamiento y anarquía.
Ya sabemos que en la política que anda hoy valida en ciertos circuios y á los ojos ét los publicistas de la situación, estas re- fleiiones han de ser miradas como peligro- i sas, como de tendencias reaccionarias, co- mo sueños de delirante; pero lirmes en Mestras convicciones, lirmes en la ensc- taua de lo |)asado y de lo presente, arros- tramos serenos ese desden. que con desden rechazamos, apelando al Tallo del porvenir. Kns imposibilidades de que continuamente { w nos csia liiiblando. se harán posibles; e.sas mooslruosidadcs absurdas se. trocarán en combinaciones muy razonables; esos fanlas- nu de reacción que se nos pintan con los •jos lonzaiulo fue^ío y las manos frotcando, SMure,.se convi'rtirán en una ilusión a|;ra- dable; y la nación se tendrá |H)r feliz si puede realizarla. Os dejaremos que recha- céis CSC imposible. con la seguridad de que vosotros cuidareis de hacerlo necesario.
Sentado, pues, que el origen de nuestros males no está todo en los vicios de la ley fundamental, es preciso que los hombreas jaiciosos y honrados no se lisonjeen con la esperanza de que una reforma mas ó menos radical de la Constitución ha de poner tér- I mino a dichos males; es preciso eslender | mas allá las miradas; es preciso pensar en 00 cambio mas profundo; es preciso un con- junto de medidas trascendentales que dcs- truvan para siempre cstí monopolio guber- nativo, que con diferenti>s nombres se está haciendo desde <833. Quien haya tenido ocasión de conocer á los hombres y de ver de cerca las cosas, quien haya observado el desorden, la inmoralidad, la dilapidación ¡ que se han inlrmlucido a la sombra de h s | vaivenes revolucionarios, comprende, o | mejor diremos, siente con viveza la nccesi- i dad de esa mudanza: parécele que está | viendo un enfermo atacado de dolencia mor- tal, que cuidado por médicos tímidos o in-, hábiles, se halla sometido aun régimen que solo sirve para agravar sus males y avivar sus padecimientos; parécele <iue está vien- do la iropresc^dible necesidad de sacarle de ' aquel estado por medio de un cambio com- pleto que llegue á la raiz del mal, aun á trueque de hacerle pasar por una crisis.
Al propio tiempo que se proclama un sis- tema de mayorías, se ha formado el empe- ño de gol)ernar con minorías, y esto pro- duce la debilidad del gobierno v el males- tar de la nación. Si fuera posible que los diferentes bandos del partido liberal vivie- sen en perfecta armuuia, y aunados con- tribuyesen á fortalecer el gobierno y con- solidar unas instituciones, todavía fuera verdad que los que mandaran se apoyarian en una minoría, uor({ue la mayoría de la nación es á no duuarlu monárquico-a>lig¡o- sa; de suerte que aun en tal caso seria es- tremamente difícil que un sistema cual(}uiera pudiese durar algunosaños. ¿Qué sera, pues, ahora, cuando lejos de evistir semejante unión, hay la discordia mas enconada que se puede imaginar? ¿Cuando asi progresistas como moderados no han escrupulizado en recurrir á vias de hecho para derribar á sus enemigos, cuando unos y otros han sellado su victoria con ejecuciones sangrientas, cuando en los intervalos en que uno de los contendientes se halla esclusivamcntc due?^ ño del campo se desahoga el otro en la tri- buna y en la prensa con mas virulenta saña de la que jamás emplearon contra los mis- mos carlistas? Existen ahora, es verdad, el Espectador, el Clamor Público, el /ifo del Comercio, y sus artículos terribles y fulminantes dan frecuentaos ocasiones de queja á los partidarios de la situación actual; pero en cambio nadie se ha oKidado todavía del lenguaje de los periódicos de la oposición durante el mando de los progresistas; y ciertamente (pie si se hubiese de adjudicar • la palma al mas duro, mas acre, mas vio- lento y mas alarmante, no sabemos cuál de los dos pudiera ofrecer títulos mas propios para merecer la distinción.