SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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EsLÍstia el feudalismo, poderoso, dominan- te, V con él los BNles qae ona. M< ría consecuencia: comen/ó el desarrollo de las municipalidades, es decir, del elemento popular, ¿era esto un |)róiíreso? sr, porque lendia a mejorar la condición del pnelilo, neutralizaba ydesvirlnaba la esresiva fuerea del feudalismo, prestaba apnvo al poder de los reyes, á la sa/.on tan <leí)il, y allanaba el camino para p:obiernos mas regulares, mas justos, mas a proposito para la seu'uridad y felicidad pública. Oesenvnello el sistema luu- nicipal, y combinado con los inquietos y tur- bulentos restos del feudalismo, {germinaba por todas partes la anarquia; entonces se ma- nifestó una viva tendencia á centralizar el K)der, a robustecerlos tronos: v como conse- cuencia necesaria se cercenó y Imutó el poder de las municipalidades. Hé aquí una tendencia antidtMnocnitica; y sin embarito ¿ipiien duda que fué un projíreso? ¿tpiien duda ipie na;:io- nes de la estension y organización de las eu- ropeas, necesitaban un poder central, jxran- de y fuerte, para (pie pudieran ()n»lei{erse y fomentarse los ¡irandes intereses de la socie- dad? he aqui dos tendencias opuestas: la una favoreciendo al poder ival, la otra al elemen- to popular; y and)as diurnas del nombro de {íroíífcso, porque ambas condu« ian á la per- éccion de la sociedad.

Ciñámonos á un ejemplo mas reciente: la Francia después de haberse precipitado sin freno por el camino de la revolución, pa;j:aba su lifíereza y foLT'xidad hallándose sumida en la anarquía ui.i> i'>¡»antosa. I'n'senlase.Napo- león, da en torno de si una sagaz y )>ene-: trante mirada, conoce la oportunidad, la aprovecha, lexanta su mano de hu«rro, so- juzga la revolución, la concentra en su per- sona, y se sienta sobre el trono de Carlo- magno. Se restringió la lilH>rtad. todas las furnias politicas |>erdienm su demmracia, establecióse la m(man]uia mas absoluta, el despotismo en toda su estension; y sin em- bargo ¿no fue aípiello un progreso, y progre- so grande para la Francia? ¿podia dejar de ser un progeso el salir del caos? Se robuste- ció el poder. se establecieron los hábitos de obediencia,.se organizó v vigorizóla admi- nistración, se formaron los códigos, se fo- mentó la industria y comercio. IVr(».Na|K)ieon lo hacia todo á caballo. pon|ue era de aque- llos monarcas (jue no se pueden apear; y veinte años de guerras tenían latigada la Francia, é indignada la Kunipa; la Francia se había acostumbrado a seguir el carril de un gobierno regular,.NaiKiieou no era ya necesario, su nombre no era ya tan mágico. y se empezaba á conocer v á sentir, que una nación tíin grande valía demasiado para ser el instrumeuto y la Mcliuia de la and)iciou de un hombre. Fermentaron niuclias cabezas, se llevaba con im|>acieni ia el \ ugo de tanto despotismo, la Francia se acordaba de sus derechos, ijueria ser mas resjX'tada. mas consultada, pro|>endia de nuevo á otras for- mas, y ó miraba con indirerencia la caida de Napoleou o la precipitaba: he aqui otra ten- dencia opuesta, y no obslanU; tendencia de progreso; |x)rque progreso era restituir a ia Francia su dignidad, y restañar la.sangre que corría a tórrenles.

Presentada ia cosa bajo este |)unto de vis- ta, salta á ios ojos «lue para salier si uu sis- tema que se apellida de progreso conviene ó no á la sociedad, es menester examinar si se toma esta palabra en su acejicion genuina; es decir, si con aquel sistema se camina ha- cia la perfección. ¿V que se, enlieude en España [wr |)rogreso, tomando esta palabra en un sentido que no signiti(pie revolución? ¿qué es lo (pie espresa?.\ntes de determi- narlo, evannnemos cuales son sus doctrinas, cuáles sus híchos. Se ofrece esplicar alguna prerogativa de la corona, concederle algún derecho, estender alguna de sus IjimMn l-s, ¿a que parte se inclinarán los pi >-? no es dudoso: á la que limite y restrinja. Se trata de alguna clase aniigua, tal como el clero ó los restos de la nobli'za; ¿qué ha- rán ios progresistas? combatirla, listos dos hechos que ajiarecen siempre como domi- nantes en la conducta de este ftartido, indi- can bien á las claras que es hijo de atpiella escuela cuyos principios fuiidamonlal '> ( i in, inirarcon suspicacia y desconiianra el |)mlcr, y profesar una protiinda aversión a atpiellas clases, que en la antigua organi/.acion social forinal>an las dos princi|>ales geranpñas. A coii.secueucia de tales principios, natural es íjue pro|>enda en sus doctrinas y en sus hechos, á lávoix'cer el elemento democrático; y de aquí i'se apelar sieiimre al pueblo, in- vocar siempre la autoridi id del pueblo, seña- lándole como origen de lodos los poderos, y llamándole á tomar \y»rW en todos los nego- cios. Sin embargo, aunque a |)rimera vista pmv/.c.i ese parti<lo esencialmente demoria- tíco, mirada la cosa en el fondo descubre una singularidad digna de esplicarse. Cuando ios progresistas invocan el pueblo, inv(H-an so- lameute aí{uei pueblo que participa de |SU8{ Digitized. by Google ¡deas y qi!(? favorece sns miras; pero si el | genuino desarrollu di'l olemenlo popular los ji eonlratia, entonces se oponen a eslc desar- rollo con todas sus fuerzas, no quieren se- 1 guir hasta las últimas consecuencias el cspi- ' rilu diMUíi Malico de sus |)rincipios.! ' Tachados son «le inconsecuencia los pro- || ^resistas p'»r semejante eondueta; rechazan elkis la acusación señalando como es natural vanas razones, sc^n lo exijic la cuestión, que se Tentila: pero rae parece que bario mejor se defenderían aceptando francamente ' el carp), y haciendo notar que tal inconse- daencin es resultado de una ley general, que eslicnde su dominación sobre todos los par- ' tidos. Aqui llamo muy particularmente la atención del lector, porque voy á esponer una doctrina muy á propósito para señalar las causas de fenómenos eslraños. | CAPITULO XII.

CAPITULO XII.

Examinando á fondo la historia y consul- tando la esperiencia, se puede notar (pie las revoluciones, las restauraciones, y en gene- | ral tojos los grandes hechos políticos, aun- que presenten decidida tendencia á ciertas formas políticas, aumpie |)arezcan animados de un principio esclusi\ amenté político, no es sin embargo asi: la cuestión en la super- | ticie es pohtica, pero en el fondo es social;! el ruido se mete en las formas, pero la vista | •«lá lija en objetos que afectan el corazón [ de la sociedad Se suele decir que las formas políticas deben st;r consideradas como un raediü. y <jue es una equivocación el mirar-, las como tin lin; pues bien, esta doctrina que ¡ se enseña como un adelanto, es ya conocida de muy antiguo, si no con toda* la claridad le<>rica, al menos en confuso, y sobre lodo sentida vivamente, y lo qué es mas, es siempre realizada.

Este es un hecho que esplica muchas in- consecuencias de las revoluciones, restaura- ciones, partidos, en una palabra, de lodo lo tocante a polilica. I,a cosa es muy sencilla: tes encargados de la propagación de ciertas ¡deas, de la conservación, protección y fo- iiM iiio de ciertos intereses, juzgan que les 11 veniente esta ó aquella forma política, I auuel sistema ixílitico, y en conse- cuencia los entialzan, los |>r(K laman, y pro- curan de lodos modos establecerlos y ásegu-!

rarhís predonunio. Tanto es el ruido, tantas las protestas, que la cuestión política llega á )arecer la dominante; y entonces las ¡deas y os intereses que híui'de medrar al abrigo de aquellas formas o sistemas, rpiedan como involucrados, ocultos, ajieiias se divisan. Pero ¿queréis descubrir el secreto? es muy fácil: obcrvad atentamente la marclia de lo» sucesos, y bien pronto la incesante movili- dad de las cosas huniauas, y la estreñía va- riedad de los objetos que se' tocaq, se roza» y complican en la sociedad, os ofrecerán oca- sión oportuna.

Por mas grande que sea la previsión de los (|ue comunican el primer movimiento, y señalan su dirección, las formas ó sistemas piilílicos, escogidos como el instrumento mas adaptado, no siempre llenan el objeto á (|ue están destinados. ¿C!ué hacer entonces? la elección no es dudosa; lo menos principal debe ceder á lo mas principal, la institución política se adultera; si esto no basta, se la quebranta; y hasta se abjuran los principios poli lieos en cpie se bahia cimentado. La his- toria y la esperiencia continúan esla doc- trina.

.\o consiente el género del escrito es|)la- yarse en las numerosas aplicaciones que de tamaña verdad podrían hacerse; pero como quiera no he de dejarla sin algún ejemplo; poripie tul me parece su importancia, es tan luminosa para comprender fenómenos muy singulares, ilustra de tal modo la verdadera situación de Es|>aña, que no será tiempo per- dido el íjue gastemos en aclararla.

.Nadie ignora el profundo arraigo que tie- nen en Inglaterra las formas, los sistemas, y hasta los hábitos de libertad pohtica; y sin embargo esta libertjid se ha visto por mucho ticiniH) limitada, comprimida, en tra- tando de un principio «pie estaba en oposi- ciim con otro principio, (jue se había seño- reado de la sociedad inglesa: la posteridad Ereguntará con admiración: ¿cómo era posi- le (pie en Inglaterra, en esa Inglaterra (|ue ha llegado á obtener el titulo de |iais clasico de la libertad, hubiese va transcurrido el primer tercio del siglo y todavía fueran uicnester grandes esfuerzos para obtener la emandjmion de los católicos? ¿Quien cre- yera (pie el principio político, que Uin arrai- gado, tan dominante estaba en el pais, estu- viese constreñido por tanto tiempo, impedido de eslenderse, pri\ado de un desarrollo que le era tan natural y tan propio? Y sin em- Itargo la estrañeza no es difícil de csplicar, [) s¡ se recuerda la verdad que acabo de esta- blecer, y se la aniica a la (irán Brelafia. | Observando el curso de las revoluciones de ese pais, se ñola (|ue ha tomado en ellas mucha parle, y ejercido poderoso influjo, el principio proteslanle. Triunfó este principio, a|K>deróse de la sociedad inglesa; no lan solo estableciendo el predominio de las ideas que eran su consecuencia, sino ligándose con, muchos y grandes intereses materiales. En I el (latolicismu veía su adversario mas temi- ble: este era un rival lleno de vida y robustez por su misma naturaleza, [xideroso en mu- chas regiones del glolio, y que una vez in- troducido en la arena, jXMlia disputar el ter- reno con probabilidades de victoria. Y esta \ es la razón por(|ue en Iralándose de los ca- tólicos. no se ha (luerido que el principio. político dominante diera sus consecuencias, se le ha desnaturalizado; y si el espíritu del | siglo y el imperio de las circunstancias han recabado alguna medida favorable á los ca- tólicos, no se los pierde por eso de vista; no se levanta la mano (¡ue comprime á esa Ir- landa, cuyo grito de indignación resuena lan ' enérgicamente por boca de su famoso repre- sentante. I Ya que me viene como á la niano, desva- neceré de paso el error en (¡ue ptKirian estar algunos, creyendo que el principio de lilier- tad política ha sido contrario de los católicos, porque ellos eran el apoyo como si dijéramos nato, del despotismo. La voz mas robusta y i atronadora que se oye en Europa invocando la libertad, sale de Irlanda; ¿y por í|ué? por- que en Inglaterra el trono y la aristocracia están Intimamente ligados con el protestan- tismo; nueva confirmación, prueba evidente de que las formas y sistemas jKiliticos figuran como secundarios, conm inslrumentos con respecto á las grandes ideas é intereses que afectan el mismo corazón de la sociedad. I Aduciré todavia otro ejemplo: sabido es que la escuela (juc se proj)uso en el siglo pasado hacer uji cambio radical en la orga- nización social de Europa, dirigia con pre- ferencia sus tiros C(mtra el objeto (pie miraba i como uno de sus principales obstáculos. Era el clero: y asi es íjuc todas las miras de aipiella escuela se dirigían siempre á que- brantar su poder, á disminuir su influencia, i ¿ despojarle de todo brillo, á dejarle sin re- presentación, y á que los pueblos cesasen | de prestarle veneración y ol)ediencia. Sabido es también que esta escuela, |>or principios, • porintereses, y por todo linage de afinidades, se hermanaba íntimamente con todo cuanto tendía á disminuir el pmler de los n'ves. No había est^illado la revolución francesa, la monarquía en Europa era todavia muy rom Imsta; y esta institución (pie disimniade tan- la fuerza, y que estaba rodeada de tanto prestigio, era un instrumento e.scelenle para derribar ó desnioronar clases ó corporaciones, ipie con el tiempo luii)inn adquirido gnin consistencia y poderío. Olvidáronse entonces los derechos de ciudadano, los limites del po- der real, bs consid«»raciones debidas al hombro: en una palabra. todo lo qüe for- maba la divisa de a(|uella escuela tík).>iolica. Se trata del clero: entonces los reyes lo son todo; las clases, los individuos no son nada; el derecho de propiedad, la libertad indivi- dual, lodo desaparece bajo la mano de ios reyes, tíxlo se hunde en presencia del trono, para «pie los hechos se subordinen al pensa- miento principal y dominante. Es decir, que á trueque de nacer triunfar su idea ()r¡ncipal, el espíritu innovador se olvida de las secun- darias, á saber, de las {loliticas; ya no es amiga de la lil>ertad, apela al poder de los reyes, les concede toda clase de facultades/ no señala limites á la estension de su poder, proclama el despotismo.

Estalla la revolución, créase un poder terrible para derribar; entonces los tronos' - desaparecen, el pueblo lo es todo; porque^ asi conviene para el triunfo de aquel mismo' pensamiento, que había sujetjido a su direc-* cion el mismo poder de los reyes. La revolu- ción peligra por sus proj)ios escesos, se ne-» cesita un hombre que personilicándf)la en si' propio, pueda asegurar el triunfo de las^ nuevas ideas, y garantizar la scíriiridnd de los nuevos intereses: ahí esta.Najwleon. I^ libertad desaparece, el despiismo mas puro se enlrcmiza, ])ero no importa: este bombr». por su origen, por su posición, y por toda:» sus circunstancias, no puede favorecer el orden- social antiguo: el representa el nuevo órden de cosas, él sacara venredora la revo- luríon; después «le haberla impedido el sui> cidarse, la organizará, la regularizará, la cubrirá de gloria en cien combates; él fon- sutiará el hecho que espresa el pensamiento dominante de la revolución: operar un cambio profundo, radical, en el corazón de la socie- dad. ¿Veis (Hté diferencia de lases? pues todo marchaba ai mismo fin, todo se dirigia á derríhar para siempre la organirarion social an- tigua, á asegurar el nuevo orden de cosas fundado en l<»s principios de la escuela domi- ' Dante: se cambiaba de formas políticas, se echaba mano de varios principios políticos, es decir, se mudaba el instrumento; el inslru- meoto es cosa indiferente, lo que conviene es | que sirva, y que sirva bien. Esta es la causa por(|ue Na|)olcun se encontró rodeado de iir- misimos apoyos, y fue aplaudido con vivo en- tusiasmo, no solo por parte de aquellos que le | aírradecian el que jíor de pronto sacase la Francia del caos, no solo de aquellos (lue se arrobaban de entusiasmo á la vista oe sus ' grandes lia/.aftas, sino también de los que lle- vaban mas allá sus miras, y (|ue parece de- bían tener menos simpatías con el despotismo i del Dictador; bé aquí por qué apenas encon- ' Irareis a uno que sea enemigo de la organi- zación social antigua, y partidario del nuevo | orden de tosas creado \H>r las revoluciones, ■ que no pronuncie con res|)eto, con vivo in- terés, coa entusiasmo, el nombre de Napo- león.

Los hechos que acabo de citar manifiestan hasta la evidencia que las formas y sistemas políticos son siem|)re instrumentos de ideas e intereses sociales; que si dejan de serlo, se reducen á un mero simulacro, son una má({uinn que^ no sirve, uii objeto que no puede escitar sino un interés débil y pasa- i gero. Si relie \ioiiamos un instante, eucon- | traremos la razón de esto en el mismo co- i razón humano. Loque mueve al hombre, lo qoe le estimula para obrar, lo que le comu- nica actividad y energía, cual se necesitan I para consumar grandes hechos políticos, es aquello que le alerta decea'a,que esta en continuas relaciones, en contacto con su exis- tencia. £s á veces una idea grande que ie iteñorca y sojuzga, que sin cesar está prc- < senté a alma, que bajo misterioso velo le ' manifiesta su origen y le señala su destino; es quiza un interés material que se le ofrece como el único recurso para satisfacer sus necesidades; será un tenor de vida en que pueda hacer mas amplio y libre uso de sus fncullades, ó que sea mas conforme á sus gustos e inclinaciones; |R'ro siempre es rae-; nester que sea alguna cosa que no se separe de él, que sea como la atmosfera que le ro- dea, como el aire que respira; nunca será bastante una iníluencia interrumpitia |>or largos trechos, y que ademas solo llegue á fo- carle de un modo débil é indirecto. Las formas políticas por mas latas rpie se supongan, y |>or mas ojKírarios t^ue reíjuieran, es bien claro que para el movimiento ordinario de la máquina, han de necesitar un número de brazos que con respecto á la generalidad de la nación ha de ser siempre muy escaso; y 8Í bien es verdad que llega de tiempo en tiempo el uso de los derechos |)oliticos, que se esliende á mucho mayor número de ciu- dadanos, pero esto es á trechos distantes, solo de vez en cuando; y ademas el ciuda- dano, aunque en este acto es|)erimente algo (^ue li.sonjea su amor propio, vuelve luego a entrar en la oscuridad de las ocupaciones domésticas, hallándose escluido de la are- na política, donde ve que unos pocos en- cuentran gloria y provecho.

Asi es (^ue la afición á las formas pura- mente políticas ha de.ser siempre muy pasa- gera, si estas no se miran como el apoyo de ciertas ideas é intereses; los entusiastas pu- ramente políticos, son muy pocos; y si |)e- netrainos en el corazón de un hombre, sea cual fuere el color político á que pertenezca, encontraremos la razón de sus opiniones ó aliciones políticas. o bien en ciertas ideas suyas que afectan de cerca al individuo, la familia, ó á las relaciones que forman como la trama de la sociedad; ó bien en ciertos in- tereses de que no puede prescindir, y (|ue por una ú otra causa, se habrán vioculado con tal ó cual sistema. irn Ksla d<K.*trina, en cuva verdad han de convenir los hombres (íe todas opiniones, esplica las anomalías que presentan á cada paso los partido:^ políticos. Están dominados de una idea principal, la que tiene bajo su dirección la idea |Kiiitica que han adaptada; viene un caso de lucha, la idea política ha de ceder, pr»rque es de un orden se.< unda- rio; y como a fuerza de meter ruido habin figurado como |u'incipal, hace mas visible la contradice ion, y deja en su desnudez la apos- tasia. (>laro es que de esta regla no |)odia es- ceptuarse el partido llamado progresista: to- das sus opiniones y simpatías oslan por los sistemas iK)pulares, pero no puede desen- tenderse (le su pensamiento dominante, cual es, comunicar al individuo y a la sociedad aquellas ideas y sistemas (|ue son la norma de la escuela á que ha debido su origen. No es menester preguntar si las ideas v senti- mientos de una gran |>arte del pueblo espa- ñol están en favor de esa escuela: basta re- cordar cuál ha sido su educación, cuál su conducta durante los treinta anos de nues- tras revueltas; hasta traerá la memoria he- chos bien recientes, y sobre todo basta dar una mirada á tanta san^írc <|ue estii todavía humeando. Un señor diputado cuyas opinio- nes son bien conocidas, el señ(»r Sancho, di- jo que el actual congreso era una minoría con respecto á la generalidad de la nación: y cuenta, que no lo dijo porque el conf^reso fuera moderado, sino que se esprcsaha asi para siiinilicar, que aun las ideíL*; de este conjíreso eran nías adeiant^uias que las do- minantes en la generalidad de la nación. Si esto se verifica con respecto a las ¡deas de 4os hombres del actual congreso: ¿«jué será con relación a otros, que tanto nías se aiwr- tan de las ideas, sentimientos y costumnres del pueblo español?

Resulta de lo espuesto hasta aqui. que el partido progresista ó habrá de abjurar sus ideas sociales, ó nunca podrá desenvolver en España de un modo franco y genuino, sus principios políticos. Estos son muy latos, muy populares; pues bien, que apele al pueblo, al verdadero pueblo, y este conde- nará sus sistemas. Los gefes de este partido lo conocen muvbien; y [lara eludir seme- {'ante comiironuso habrán de ))rocurar que lastardeen instituciones políticas, que ellos mismos ensal/.an; habrán de apelar al pue- blo; pero temerosos de su fallo cuidarán de que en su mayor parle no se interese en la contienda: hé aquí una posición eminente- mente falsa, (pie por necesidad habrá de acarrear gravísimos males, y presentar á ca- da paso complicaciones muy difíciles. Cuan- do so trate de elecciones de diputados y se- nadores, se verán precisados á defender la elección por provincias y á combatir la que se haí¿a por partidos; porque solo de esta manera podran arrastrar la ( uestion á la are- na donde de vez en cuando pueden contar con |)robabilidades de victoria; cuando de arniamenlos, invocarán las clasiliraciones, las escepciones, con variados pretestos, pero en realidad para que las armas no vavan á Enrar con abundancia á manos de aquel pue- lo ({uc no los ayuda; en una palabra, siem- pre habrán de procurar que el elemento de- mocrático no se desarrolle sino en ciertos puntos, y bajo condiciones determinadas; es decir, (jue incurrirán a cada paso, imi una contradicción, abjurando sus propios prin- cipios, y desvirtuando sus instituciones. Pero quiero prescindir de todo esto, quiero suponer que la generalidad del pueblo es- tuviera de su parte, y que iMidie.sen desen- volver sus sistemas con toda estension, sin ningún recelo de suicidarse..Ni aun en tal caso ¿podría convenirnos esa escuela que mira siempre con desconlianza el poder, que profesa aversión á las gerarquias antiguas^ que dando una exagerada importancia a la libert^id individual se olvida de asegurar cual conviene el orden públicx); de esa es- cuela que ve siempre al individuo, nunca á la sociedad?

No cumpUría a mi propósito entrar en cuestión sobre tantos puntos como se han controvertido, y se controvierten aun res- iwctoa semejantes maU rias; pero diré dos palabras sobre los objetos mas capitales. Es una verdad evidente, y en que convienen en la actualidad todos los publicistas, que sea cual fuere el porvenir (pie haya de caber á las formas políticas de las sociedades eu- n)|M>as, por ahora, y atendida la organi- zación de estas sociedades, necesitan un poder central, robusto y fuerte. Es cier- to también que este poder en Europa es sinónimo de poder iv.a\, y esta es la razón ponpie todas las naciones de Europa, aun aquellas que se rigen por instituciones mas liberales, miran el trono como la principal salvaguardia, como el paladión de los gran- des intereses do la.sociedad; ¿qué bienes, fmes, podrá traemos un sistema que tan ácilmente se alarma |>or cual(|uiera esten- sion de las lacultades de la cortma, y que siempre es de parecer de limitarlas y cerce- narlas?

Otro de los nrincipios dominantes del pro- greso, es el renucirlo todo al individuo; es esa aversión, ese horror á todo lo que es clase; ese temor de que adquiera nre|Mtnderancia aquella (|ue está encargada de la educación religiosa y mora! de los pueblos. Estas ten- dencias ¿II dónde se encaminan? ¿es acaso a satisfacer alguna de las grandes necesidades de la sociedad? ¿á (pie ese oruríto de igua- larlo todo, de nivelarlo todo Y Cuando es mas claro que la luz del día, rjue si algún grave peligro amenaza á las sociedades moderuas, no es por la preiMitcncia de las gerarquias, sino porque á fuerza de individualizarlo todo, la sociedad ha quedado como pulverizada.

CAPITULO xm.

CAPITULO xm.

Se ha formado entre nosotros un partido que cuenta catre sus miembros una parle muy selecta de la nación; que apellidándose ron distintos nombres, y presentándose con formas mas o menos constantes, ha ejercido mucha influencia en los negocios de nuestra patria; y que al parecer, alimenta una con- vicción profunda, de que solo él es capaz de sacar la E^^pafia a puerto seguro, y de labrar su prosperj44d y ¿^nuideza. Pronunciando sin cesar lis palabras, moderación, oportu- nidad, lino y lentitud fii las reformas, sin imttidar el afianzamiento de la libertad, se halla p<>rsuadido de que posee la feliz, com- binación de las dotes (jue se necesitan para gobernar bien en la presente época: como son, vasto saber, buena voluntad, y un gran fondo de previsión y cordura.

No trato de relwjar en nada el mérito de estos hombres; ¡Miro séame perwtiido preguntarles, ¿cómo es que hayan presenta- do el estraf^o fenómeno de parecer fuertes mientras estaban por subir al jKwler, mien- tras combatían á sus adversarios, mostrán- dose luego vacilantes, flacos, incapaces de dominar las circunstancias, asi que han em- puñado las riendas del mando? ¿cómo es esto posible? ¿no se han aprovechado de las amar- as lecciones (jue ha recibido la Europa por l^acio de medio siglo? ¿cuál pues, podrá ser la causa? ¿.será la guerra? ¿serán circuns- tancias pasageras, pero inevitables? So ne- garé que haya sido mucha la influencia de estas causas para producir semejante efecto, pero la mas radical, la mas profunda, la mas eficaz, es otra muy diferente: es que los moderados han estado por lo común en una posición inuy falsa, no se han levantado á oastante altura para comprender la verdade- ra situación de España; y asi es que sus pa- bbras no han tenido un eco universal en la nación española, y sus sistemas han encon- trado, cuando no abierta resistencia, al rae- nos una inercia invencible.

En esta última época no han faltado hom- bres de ese partido. que han levantado muy alto la vo7 para señalar la senda del bien; y que aunque |)ertenezcan á las ideas de mo- deración, han mostrado no obstante que ha- bían meditado seriamente sobre la nación es- pañola; arrojándose con noble resolución á d señalar los yerros que hablan cometido sui propios amigos. Asi es que ubservaudo aten- tamente el curso de las ideas, se nota quf va formándose un nuevo partido moderado; vque si bien su nombre es el mismo, su bandera es diferente de la que habían enar- l)olado algunos de los moderados antiguos. Aun hay mas: y es también muy de notar ue se van aproximando los viejos modera- os á los nuevos, hecho que es muy fácil percibir en el lenguaje que han empleado de algún tiempo á esta parte.

Y á la verdad ¿como era posible que hom- bres de tan claro entendimiento pudieran desconocer, que mientras su sistema llevara el sello, aun(|ue retocado, de una escuela muy aborrecida en España, no era posible ({ue encontrase en la generalidad de la na- ción, ni a^myo ni simpatías? Los escesos de la revolución francesa dieron origen á una nueva escuela, que.si bien recíl>ia muchas de sus insniraciones de la del siglo XVIII había tomauo por dÍN isa: escarmiento, desen- (¡año. Para esta escuela, los principios de la del siglo XVIII eran escelentes, sus miras muy altas y generosas, solo q^ue tuvo la dcsr gracia de ser demasiado amiga de teoría^ de cuidar poco del exámen de los hechos, y sobre todo, los hombres encargados de rea- lizarla, fueron hombres de mucho estudio, f>ero de ninguna práctica; y asi es que si bri- laron en el gabinete como' sabios, cometie- ron gravísimos yerros cuando se vieron con- vertidos eii hombres de gobierno. Como esta escuela ha estado muy en boga en Francia, Imesto que algunos de los hombres mas cé- ebres de esta nación, ó la han fuudado, ó han tomado en ella sus lecciones; como las vicisitudes de nuestra patria han arrojado fre- cuentemente á países estraños á los nombres ue liguraron aesde un principio en el parti- 0 liberal; como nuestras revoluciones y res- tauraciones han tenido alguna semejanza con las de Francia; no es estraño que a muchos de nuestros hombres los hayan deslumhra- do aquellas doctrinas; mayormente cuando la instrucción de algunos de ellos fue bajo las inspiraciones de la íilosona del sigloXVIU, y no eran tampoco para desconocidos y olvi- dados, los desengaños y escarmientos que en tanta abundancia habían podido recogerse en la Península.

En Francia puede ser mas ó menos peli- grosa esta doctrina, podrá dar mas ó menos resultados, bien que al fin por necesidad.se