SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Page 53 of 137

res si e& muy /jenero*:o el eseítar al írobierno que muestre yrun energía, inu\unueute emiado otro periódico contra el cual el idíb- mOtíiM» kawa escitadn también la energía del gobierno, no olvidando ya entonces al Pmsamieulo de ¡a JVaciott, acaba de sufrir MÉ bmIIb de 1 40,000 reiiles, con otros per- cances que habrán tlri nlN mal paradu á la empresa. £s de suuonei que el ¿¡lobo se ha- brá compadecido de la desgracia, pero tt08> «lras>qo qiieraiiiM daiie eite oiolivo de cum- pasion.

- No lie vamos atascara, decimos francamen- te lo que peaaaaios; y por cierto que los ar< tículos que venimos publicando de nl^runos dia& a esta parte no adolecen de achaque de aergonzanies: quizás hayan sido mas espli- >eit08 de lu que muchos habrían querido, i á proposito de máscara, ta! vex consista nues- iraicuipa «n que la hemos quitado a otros; Mío Bos proponiamoB, y creeiMM haber lo< ^do el objeto.

Volviendo á lo de reaccionarios, y abso- hittstas, y carlistas^ le dejaoK» el Globo que «es llame tales con náscara é m ellÉ, por- que á los órganos de los |)artidos que se sieulen débiles, y que se van cnllaquiH-iondo «ada dia nías, es preciso tolerarles ei desaho- «00 de su indignación. Pera viva seguro q«e ¿ cuantos hayan leido nuestro periódico no ile^acá ¿ persuadirles que proclautamos una reiiiBioa oe éispojo y de iniquidad; que aconséjame» un laseDaet^aisiema de pense- cucion y de venpranza; que desconocemos del todo el espíritu del siglo; que no quere- nes atandec eo oadaÁ la modincacion que U acdon del tiempo ha introducido en las ideas y en las costumbres. Ahí esLaii todos los nú- ineros del Pensamiento de la j\ ación, en lo- éii ellos hay estcnsoa artículos en que se examina bajo iJ i ff-reates aspectos la situación de fiapa&a: por eUos juzgara ei publico, no por lo que taft gratuitamente nos atribuyen ti Ghbo y el Timnpo, La nacifvn española comienza ya á com- prende r lo que valen ciertos ^itqs de alarma: algunas palafaris de un periódico no bastan para infundir espanto: y por mas que el Glo- bo se empeñe en persu'anirqiif^ frts del Pm- mmienlo de iu Aacion esta alomando la ca- heift una reacción formidable, no U» hará creer á nadie. ¿Qué no han dicho, que no están diciendo cada dia ios periódicos pro> contra todo to qne ao ' progreso?

¿V que caso ha hecho la nación, qué impor* taicia da á la felsedad, qné mérito hace de exaííeraciones desmedidas, cómo correspon- <le a los clamores irritantes? Atendiendo a los hechos, y juzgando á los hombres y á las cosas tales como son en sí, y no por la pra- tura de los periódicos. Rrdjfrdpn el fitobo y el Tiempo que las armas que no valen nada en manos de sus adversarios, tampoco fil- drán en las soyas.

Sobre ei deereto de im »uapeHBÍ«m dm M W9&Umdmi9m ^etnmm dei etere Duranle nncfaos días la prensa de todos colores se ha ocupado detenidamente del real decreto en que se suspende la venta de los bienes del clero secular y de las coniuni- dddes religiosas de monjas, hasta que- el gobierno, de acuerdo con las Cortes, det^r- uúne lo queoottveoga, j se aphcan ios pror duelos en renta de dichos menee, deada luego íntegros, al mantcnimiente del clero secular y de las relLno'Sfis. Cuando otras razones no lo mdicarau, ei interés y calor con que la prensa la disertidi» este asoma ItiisUii ian para manifestar su alta importan- cia. L n periódico defensor de la situación, el Ttempo^ cond)atiendü las doctrinas del DueetfO, decía: «Pero entiéndase que para nosotros la cuestión de los bien es del clero es la cuestión del gobierno representativo.» Esto no es verdad, pevo ^ que podría cirse^ine la cuestión de los BMiesM dbve es la cuestión dt'l sistema revolnoionnrío. Tal es su trascendencia religiosa,- social, política y econémea, de tai msétfivekmtn ella la religión con la impiedad, fa justicia con la injusticia, el vi?or irnbnrnrítivn y el órdeu rentístico con ia anarquía y la dila- pidación, nue por conociwiele y 'hasta por in-tinto todos echamos de ver que la cuestión de los bienes del dero es una espeae grcsistas contra el gobierno, contra losfaiboi- 1 de barómetro para deieiVHMr coa em^itnd «I estallo de la atmósfera poüticn. En ella se | dcscubrea las doctrinas ^ las iiitencíones de ' lioml¿Mj d§ los partidos, los sistemas y ^Nff smios nosotros dp los que no cfuieren fpibirde sus adversarius políticos ui aun el en quemas desean, y que ansiandoel des- édilu de cstüs, sienten un verdadero pesar icuando los ven cejar iin paso en el rrtmino ^del nial; muy al contrario, nos hemos ale - i¡pa4PJÁoceranMéfe de la publicación del cs- ^iesado decreto, y a ¡)c.-:ir de lo mticlin que ^breél, y mny partuulaniicnte solm; la csposicion que le precede, tenemos que de- cir, creemos qoe Ja. medida es un bien, que se ha (lado un paso di* no cscasíi trosn'n- .4eacia contra la revolución, v uuc esla al t^BMir, atenfurecersc,no haoMaceido itnt- camcnte al prurito de baeer la oposi* al gftl»i(M n« acliial, sino »pie on realidad se ha seulido hunda. Que la intcncioo del miníste- ^tfÍ6 haya sido ó no el darle esa herida poco importa; hay hechos (|iie entrañan una fuer- m propia, iudepenUicüle de ia voluntad de los hombres.

Ni el decreto ni la esposicion nos han soir^ Jrcndido: esláhamos si'frtims dr que no se ^ria mas, pero huhieramos deseado (|uc el ipelor ministro de Hacienda hu hiera andado.

«■has cauto en la esposicion, que hubiera te- úrlas por ser de un eclesiástico, (li crv nído mas cuenta de las duclriiias en oíros! romos que en las mismas ('ortcs de 18! ii jüipüs tan sostenidas por él y uno de sus i el Sr. Olózaga intentó lo mismo contra el •empaftaruf de ministerio el Sr. D. Pedro I Sr. Pidal, actual ministro de la Gobernar ^sé Pídal en las Cortos d(í i s:)8 y 4840. I cien, echándole en cara que sostenía los llUcnos el señor miiuslro de liacii nda que á P principios de un célchrc nlnilc. Después de ia realización del provecto de buspeasion de | huher contestado el Sr. I'idal cumplidamente a. il^ Menea del clero secular y de | al Sr. OlAzaga, y de babcrie probado de una manera irrcrraju^ildo que no eran soUs los ahatos los defensores del diezmo, le de- cía ironicamenle: «Con que. ya verá el se-* ñ; ir Olózaga Cómo va creciendo el numero de abales que Bustcntan lo mismo qutt JO sustento.».., ' '.'.,1»., Al hacer estos recuerdos debemM protefr^ tar que' no es nuestro ánimo herir á personas que apreciamos y n spctatnos comn mere- cen, perora que con lau negros colores se quieren pintar nuestras doctrinas, creemóa que es una defensa muy Icíiilima y muy suave ol cxi.^ir de lus híiui!)res y de los parlidüs que lenf::au memoria. Cuando es- cribimos no nos tomamos jamás hi libertad de dcsfÍ2:íirar las dorlrinas aíronns, pero land>icn urocuramos no olvidarlas; y quere- niMs uuc la nagon, tH>mparaildO jos hechos 38 actuftl cslfi decidido á impedir la devollitiott de los bienes vendidos del clero secular y de las monjas bajó enalquiera condición y en cualquier supuesto; y es pteeíso cidemas no perder de vista, que alliacer el sefiof miuistro de Hacienda la declaración espresa- da no habla ya en nombre proftio sino en nombre del gobierno, lo que deja fuera de diula que están de acuerdo con el Sr. Mon todos sus conq>ailerus de ministerio.

Vamos á entrar francamente en la cnea-^ lion, advirtiendo de antemano que daremos escasa importancia á los títulos de reaccio- nario, de retrogrado y hasta de revolucio- nario con que se nos quiera favorecer. Toda- vía recordamos lo (jue se decia del Sr. Mon Ídcl Sr. Pidal en las Corles de •tN4ü, cuan- 0 defendían his propiedades del clero seen» lar y condenaban la abolición del diezmo; todávia recordamos, ya que un |KTÍÓdico de la situación nos ha llamado hasta revolucio- narios, que en las Córies de 4838 el Sr. Pi- dal se vio (»l)l¡i;ado á defiMidcrse de un alncpu; del Sr. iMadoz, en que eslc le achacaba que sus doctrinas eran anárquicas y revolucio- narias; mas todavía, cuando se hagan aln-* siones á la clase á que nos honramos de pertenecer, cuando se quiera echar sobre nuestras doctrinas el descrédito y rídíenli^ aamonjas se oponían dos diüculiades, cuya ivedad uo se le ocultaba, el temor de in- fumlir d mas mínimo recelo á los poseedores de l(ts bienes que la nación ha íMi;i;zenadn, , y el de jierjiidicar á bis acreedores del Ksta- ^0, disminuyendo el fondo destinado á la Ipmsitiaaeioii de«as<»édito6. Por lo que toca > A la primero, asegura el Sr. Mon que el íloWerno de S. M. rsid tleridiiln >/ rnn vn- ^"^mUadfi/me y reamlla a rospelar y Itacer que >4aiiia-iMfelen, ¡Bomo de lado punto ínviola^ bles, las propiedades adquiridas proceden- tes de los bienes del clero recular y secular que han sido enageoados eu estos últimos '«üoacaa -arMgloá las leyes que en ellos ^0miáh se dieron.

En este pasage se declara de la manera mas espUutay soieume, que el ¿^icruo ron Ins palnhras, forme f nbal juicio de los lioinhrcs y de las cosiis, y dorida con cono- rimicnlo de causa ciitii; iiosolms y nueslros •adversarios.

T()»"nti!c á la d'v (liifinn de lus hipues vendidos del clero secular y de lus monjas hay dos caestiones, la de ju^ieia y la de •conveniencia. Examinaremos brevemente la «na y la otra.

Cuestión de Jnsliriit. En osla ¡larlc no nos dirigimos á los pro/^rcslstas: leyes, cá- nones, lisos y cosluaihres, y cuanto sobre t'l paifu iilar podríamos ajenar, de nada ser- virian coiUra ¿;enles ijue, aiiauzadas en el l»rinc¡pio de que la salad del poeUo es la suprema ley, y aferradas en nue esta salud es lo iiuc ellos quieren y natía mas que lo ■que dios quieren, eslan enqwñados en des- truir todo lo anlí^'uo sin cindarsc mucho del modo (le reeni])lazarlo; hablamos si con el gobierno, con elpurlido que lo susliene, \a -qne en ellos kay hombres distingaidos por sus luces, que sostuvieron un día la causa de la verdad v de la justicia, arrostrando también los dictados de [rcíuciuminos, de refrájfrados y hasta de uUramontanos. La «jcslion de justicia envuelve otras dos.

^ i ¿Ilabia derecho para despojar de sus ilíenes al clero y á las monjas?

9." Si este (Icrecho no existia, el hed» ¿ha venido á crearle?

Por lo que toca aja primera de cslus dos etiestiones otros se encargarán de resolver- las, oíros que por cierto no pcKlrán ser no- tados de profesar doctrinas <le reacción y ullramonlanismo. £1 Sr. Marlinex de la Ro- w en la sesión del día IS de julio de I8i0 ^ia: «No piK 'Io.!tin einl>argn, ilojnr de h.icer unn reflexión i\ue iih? iiarfce de suma (;rav«'il:id, y es qn<' UnIos los <|u«! han hablado lian reconocido que el deiticbodfl clero á sus lincas, a los predioa rá»- Hcos j urlianos«|iic pose«>, os nna |trn|»ie<lad co lodo el rigor de la |>al;ilira..S^ hj diulailo >i nnn-ce esc Utulu, y aun se lia iies^ido ese deroilio:i la (Tf.sla- cioii en frutos ai diezmo; |M>ro respecto á los |>redios rá»ücos y urhaaos de tas Aucas que ím idqoirklo el dmcon lítalos tos mas l«gliiino«, iwr Im mcdlw recotiorldos iwr las leyes, por!«« cíkIí^os, por la Tül Ilutad de ios inoii:i>(-as, por la aipiie!<criu i.i de los pueblos, por todos ( inul is medios hay p ira asentar Ja propiedad, esta rue^tiim se puede tlerir <|M eslft deilllilia ya. rniramente, seüur«s, que COHMlOesta propiedad seeoutrae al CMO CSfiCCial del etsro sufre alRonasoorlapisas, que la ralsma legis- lación (■i^iI |i;i piir>(n, no eii perjuicio del rlero sino |M>r la diverja kidolc ó Daliu-«ilcu dyl |>o- * fecdor qoi|p4rtltTaii|c«|« al case M «O ptrlIraUft.

Tiene por lu laulo qoe inudUicarse la propiedad, y se liM lil i lio, no en su perjuicio sino en í;u api yo¡ pi/rque la exisli iit ¡;i dr una i iiniufaítoa UO «» tM rasa^rra y fu^at < luiio la d.-l Ihii^iÍÍPP»!• lii^ y- do «lil iiroceden las modiUcaciiHMi M* bMh^ cbo en el derecho de la propiedad.

"Dijo el olnidiu i'l Sr Tej;nl.i cu su encélenle dis- curro, ipic li.diia iiii;i difeiciida eiiíre la prupieilaii de ios Utul:ire> y la de las corporaciones. K»Ib difcmieia es lOiiicUaiuia. Las corppracioiK» piisrinj dejar de esistir, puc<ie destruirías la ley: y eu» eueriKi nioial, cuya exíslencía ¡luede desaparecer por la ley, el Kstado entonces, de una m:inein Icjral y le-ilim.i,;i<l(pi¡i re SMS pii)]iie(b.lc>. lisie es ua priii( i|>io cierto, peiu eii>r. i cjad.i cu el íni|ielo da su \< iMiitcnie itiipruvisacioii, 'iimUó una rcQexíoy iut|i<irtauii.siina que S4- deriva de üu luisino pnac(g|BS no es menviiter sino dar un paso mas altt. ' ' ' nC.uaiid'i la> cu |«ir;iciimes sonde l.il nnliiralen «pie lio llenen luas exisit'iicia que la que les da ta ley, entonces e> claro cpie si la ley les priva du su existencia pereien, y en el uicro liedlo de |H;n.'«-er hw bereda el E»uido. Esto et evUeate. Asi, fn*^ una vex alH>|ida una corporación, por ejemplo, la sufiresion de los jesuilas, el 8i'. l). Carlos 111 en ua« (iel lii'icciiii de s(i |iiiics(;el pudo decir: «A la na- ción lio ciiii\ íeiie esta socicil.id y enlunce.s legili« mámente todos los bienes Iks a<l()alri4 tamcton: aol, iwr ^uinylo, eslingnidas las únleact wp^awa (sin que yo entre ft barer la apolo^'ía «I la <«■««• d«l modo y forma como se su|'i iinici on }, cl;iro es que la nucían:<ilqiiiiii> le^'ilimameule sus liienes. y ha podido traspasarlos á los acreedomdel Estado, c» yos títulos yo reqieUi.

aSebore»: ¿au si« ve ya pnsenlafse «oa wladia do gravlsinia cuenta f ¿Hs por ventuia el clero una corporación pendien ti' de ta ley civil? ¿Ks una riir|Miraci<)ii iiue puede des:ipareci'r, <|iu' pnedr es- Uii^uirse pur el vutu do los it^isladoiea?...No; y esla circuD-stancia es partiodar, ^bIbí tal veau 14 exisiciida del clero no está á aueittranMa'oed; á lau^ to no alcanzan iinestras fiienltaries! en el mero liecb& de <pie la Coii-^lilncion del Kslado.! < ley rMiid:iiiiciital e^lahlece el tiriiici|tio de lu necesidad dentaitleoor «I cuito T clelem; en el mero heelju di: que jusl nienteba acontado la religión ouiuo la piedra an^jular del edlORiosoiial; tuet mi^tiedio de qne la ConsO^ tncion lia consaj,(nKlortpHncipio de!rt relit;ir>n cnfó- iica, la nncioii t>sffiaola no puede qiiednr.sin culto y sin iiiiiiisti iiN dci > iiilnariii. b]l clero, pne», no ea una coifKtraciou qiio puedo extinguirse como lus jesuíta» y l(»sregtri.irek;«slá fuma dd alcance de b» Iryctsi «xínteiicia.

•Aaies, Fcfiores, que respecto dd duntlie aü clero ^ollre sils Itiencsliay b propiedad coiunu revo- iiticida |<or l:is leyes, á quien estas mismas dan ct derecho de poveer el producto di>.SUS fíncas; hay la ÍropitHlad loudMicadt por la indoh; y nainráleia dé loorpcraeioii, dMWialtiMis AaiaidenslB«avÍMi«» cion, que es una institución indeslruclilile, perpé- ln:i, rfriai^.i<ía en la iiacimi mism,"», pues que no e\i- li- nu f iiiiiciiie en los rodijiiis sino en los corazo- nes de bs es|)aiioles. Estos pruresnn la religioo ca^ tólkra: la idigion neossiu cidui y el uidto tmÉNiÉit aia «M no bay trellgion ni nada, fierltaie dtt.aaA» ««flores, qvc si Me« I» soctédad pnede tener cíde- recho por causa de utiliilad pi'iMu- 1 de privar al cle- ro do SM propicdade.^, y solo pur fauan de atíMad pílhiir», niinri pufJc ImpiTlo sin complir snlis con una lihli^Mcioit ((>iiNÍ(;ii.-i(l;i ni l:i ('«instituciuti inisinai en un vóM^o mas ¡iiiii^uo luA-.w Lis Coasllliicio- un d<*l invirilo. en los priticii'ioü uti*rnos de Jiistk-i:i. Mr InáMü^MíUTt^ifvim im m )iii«ilt /wjpar al MI (Usfifyo.

MI (Usfifyo.

> A.-ii <•.>«, M'fiüri's, quo si» riilnir rn l:i ciirsliuii de m er< ú mt llr;;;ido i'l cuMidi' |Kiui'r alcli'io (>s]i:ifiül * Éptluirirt la lev '4l« eüiiropbdnn tanm» \wr i aiisa 4«t ntilidad iH'iNira, que puoile m»i'r sulire él lo mtsinfi ({lie sobre los |urtu-ti!an-s, dfSie imfeilcr sii'tiii>r<' I:í iii<Ii'inii¡/.arion ('iirii'.N|Hiiiili>'itic. V sin (lu- da i'Hi- fui- el tihj 'lii tic l:is ('ót i - s ci)ii>('>lnj'<'nles al 4Kcrcl;«r l:i V''nl:i ili! los hiPAi-S di*i ('lt*i-u kecubir «n 1837 «dt'jaiititfia liara cJ aio de lÜW; |ior(|ii« era HfvtiSt» nnfiex-ir {xir la iiftmiiíxMiinn pn*via, y no la nu'tlios cu a(^U(^ iiiuiiiiMitM il ' i f.. ui:irl:i..Yí eUas Corlfs qur d'n elnmn In venia ilr rsiot por sextas /iiirírs, tit ettat, ui i\in<jtin<tt pueden üiapouer d- esta ¡irupifdfld %,uu. que prweda la tx>rr(%'tio:idieiile iiul(>ii>nizacÍ6a. ' jif^fMr el notable pesage que acabnmos de r:rtar se echa de ver que el Sr. Martínez b Unsíi, qnien r¡i»rlaniente nn puedo ser l^hado de uliraiiiontaaisaio, so>slcnia que 'lÉfai imlemniiacton previa el elero no podía «cr priviulo de sus propiodiidcs, que cs- lo sena un deapojo ^ y que Inl dcrocho no k> icuian ni ias Corles de 48^)7, ni las 4840, ai WfHjWtifff otra$; tales son sus ibras.

isaremos por alio el notable discurso kISr. Mon cuando en 18iO defendía el voto Sr. Tejada en favor del diezmo; y |Nira no cstrndcrnos demasiado oslrartnrcinns lo que decía en las niismis Cortes el Sr. Pídal eu la ^ iwion 4el 17 de Jnnfo. Afiliaba que era in- justo el privar al clero de sus bienes, por(|uc nunca hay dercciio |>ara despojar, no i\ las corporaciones pero ni aun á los particulares, i^^atoB vm -bieiiM, annque se les ofVezca Kjwfaironizncion: (pío al,:riina vcx. se piiode privar á un {Mirlicnlar de una litu a u otra ooM, cuando W.exij^c la ueeosidad y se hace la inleínniiackxi previa, porqne míW .H íin^ein la ra/on y lo manda la ley del Es- luda; puro que nunca hay razou para decir^. u vengan todos sus bienes, estén ooode ealeni y consistan en lo (jue consistan,» y mucho menos cuan Jo la espropiaciou se hace como un despojo ciulento-^ sin indemuizaciou pre- vi», solo con una promesa dt indeoinízar «¡un, nunca se rnm])¡e., i,ox.>fili<i Bastará haber recordado las sesiones dt 1840 para ({iic cualquiera pueda informanaj j per' sí misioo de que en el Congreso, euya mayoría era nindcníila. doniinalia la opinión de que la nación uo t.'uia Uereclio de apv)du> rarse de loS lüéfliés del.dero, siéttteaoáta - ii(!a esta doctrina con sólidos v brillantes dis( ursos (¡ue iio deben s t olvidados. Tan arraigada estaba dicha couvicciun, que puesta á votación la psinara parte del artir* culo en que se iliS|K)nia que el clero (pied ive con la pobe^iou de sus bienes fue aprobada* por i 25 votos contra 4 4¿ Si este derecho no existia, j^ha pn ldo croarse con ol hecho? A primera ojeada la cuestión se presenta estniña y repudríanle á la sana moral: tanto es lo que cnoca con la razón y con el sentido común el que un simple hecho baste á crear un derecho. Los, priiu'ipales caudillos del partido luuderado aseguraban en 4840 que no babia-derécfio para privar al doro de sus ': 'íes <'\\\ ¡nJem- nizacion i)rcvia, sosteniendo el Sr. I'idal (pie ni aunque precedióse la índeumizacioii; luego en la spinio» d» Ím etpmadot »^oti9 h ley ó docroto en qno so haya (ornado ó se • lome semejante disposición no es el cjorc^ío de un derecho sinoefaliuso de la fuerza,» una violencia inescnsalile, y (pie i m ¡ mtt^ no puodo producir nininin efecto le;;al por'. . ser nulo de toda nulidad; luego el hecho uo I Im creado el dereclto; luego según la oyMV Ilion de dichos atíÍoí cv las ventas son nulas á los ojos de la ley, Inouo srijun la viismn opi- uion el clero no ha ^>crdidu el derecho que á sus propiedades tema, Inego ateméudonos á la misma autoridad los compradores no han adcpiiridu derecho nin^imu; luego no podran (inejarse de ciuc se les despoja, y solo pue- den reclamar que se les devuelva loqu&bwik (lesombcdsado.

Kslos compradores estaban avisados,d^^ a^UÍttifiiio? y cuaftdó. 16 decimos no baUa-' m(Hi4e los cánones de tantos concilios inclu- so oí do Trento. que tnn torminanto \ es- preso está Cü esta parle; uo haMainos de iM deorelM IHiiitlfieio9> ni de las4leéiinielo- 1 n€s del Papa actual Groiíorio XVI; no ha- ¡ blamos de \.\ Iry I.", titulo i." del Fuero 1 Juzgo, dóüdü se Ice quc5 «sean siempre lir- m€8 los bienes de las Igicsiis en poder de estas;» no hablamos de la ley 4.*, título 5.** del Fuero Real, donde se establece el mismo principio; no de las leyes de In Nueva Reco- pilación* ni de la Novísima, donde se reco- noce y se respeta tan profuiulamcntc el pn- ' trimonio do la Igk^a; no de la Constitución ¡ de 48^2, que declaró inviolable la propiedad delodoB los ciudadanos; no de la de 1837, que consignó el mismo principio; hablamos si de un artículo de un periódico publicado después del pronuncíamonto de setiembre, cuando se lrat('> tle (Miaiíonar las fincas del clero secular, eu oí cual se declaró de la i manera mas esplicila y solemne, en nombre del partido moderado', que si bien se reco- nocerían las ventas de los Iñenes del clero regular, no se baria lo mismo de los bienes del clero sbeular ( t ); hablamos sí de los elo* cuenles avisos que en sus discursos dejaron lo? or,i(!<m"í de qac hemos habl tíln cuando deciaa eu alta voz con tan proíuuda cunvic- oien, que el privar al clero de sus bienes era-una iigubticia, an despojo: (I) El periódico di» que Iinl)I;iinr>s- es el Correo Pfacional vn sil núinero de. 'i.> de juiiu de »Paru li>s que crean que <-| tu>ni|)o nu amenaza el poder al la obra de los liombim dttl üla * nada úniwa tiignilicar nn^ir» palabras. Mas i loa que iio vivan t'M la couU;tii/.;i <!r <ni!' fl rciiiii'lo de la vinhMiIa, iii- toli-ranle y ilniuiiKKii ia ¡uiauiia que avasalla a b na- ció no ha (le M I eleruo, á esos debeuios a<lvei tir, que el |i:irtido coriirtirvador, si \ltína coniendü el InaiiO ai (tuiler, al |taso que procurará hacer rece- nooary leg:iljz«r por la córln d.^ Huma la euaKcna- ©ton de lo55 bienes de los reculares, JAMAS UÉC.O- yty.TVA M SvNcIONAUÁ El hESlMiJd iü-.L l»A- PAIllloyi lAS I'.IJNO;.NL'MIA MIUAIIACOMO UN ULCIIO CONSDLVIH)* «n acto de ira, der«ouor, de vpii|;aiiKa, couio rl quexe va á floin«>(er; «o secree- H-adO i>or MNÍiUN MIRAMIllNrO ú n^^iíetar lo que ahora IiECLARA en l;i toiiiia que|Hiede, ilegal, espoliodor, marcaüu rtm vi üollode It MUS dura y «videnU iuur|iaciun v ütisíKijo.

■TfiXGANSBLO Pl ES POlt DICBO los que do bue- na fe, y guiados (Kir el ejemplo de lo pasado, piensen que los intereses que cuni|iron>et»n en la compra de Moiics dt; o.ili'di y tK'm:is i;;lesias lendráu la niisiu;! ^ iraiiti i ijiio Ims iiini r(iil(i.s «'u adquisiciones de l.ifiio r.'Knh.ivs.í^ hKJAllÁ DE SEH POSIBLE QUE Víi GOUiERllO MO.NAKgUICO VUELVA k RE- Gllt BNBSPaHA, ó la IMül IDAD QUE SE INTEN- TA TENDRÁ SI' m:niüA HKPAUAr.io.v.

.»Y ^Ho OQ «c cogriau lv« hombrea do setiembre Sr. Meiidizabal rcconnría la verdad tf[ principio, pues que en la sesión del m junio de 1840 aliiiiialia que las íilórtes cons- tituyenlcs que decretaron la incorporación' (1^; lus bienes del clero al Erario, aplazaron' bu ( iui:enavicm para el aAo IK40, dcjaade aquel espacio de tres aftoe, para qnrdeotrede él se ileeretase lo conveniente á indcmni7.ar al clero de la parte de propiedad de que se iba ú disponer en iavor de la nación. £1 uii!r> mo Sr. Hendisabal confesaba que va que el año io no se hahia podido realizar In in- denmizacion, era justo que la enajenación no comenzase basta el ano 4i o i3 uiieotras que se establecía la contribución para áo^ corresponrlienlenii'nte al ftilto y olern'; y prüjKJíiieudose la dilicullad de lo que se de-, beria hacer en caso que en el año 43 no sn hubiese podido lof^rar este objeto, afimfelM que las Cortes respet;in,\ri h< derechos de! clero con estas notables palabras. «Se rae. dirá, seAores, ¿pero y sí en estos dos. ó' tres' años no se llega á dotar al culto y dero ron todo lo que nece«í!f E^tns mismas CórtCÍ en otra legislatura u uuus que pueden venir lo tendrán presente, de la misma manera que nosotros lo tenemos ahora, y respeta- rán los derechos adquiridos antes de la Icf ¿Podian daree avisos mas claros, mas esplícitos de que la venta de los bienes era injusta? ¿Quien será capaz de alegar igno- rancia? ¿Podrá nadie decir que el clero ha recibido SU indemnización ni antes ni des* pues? La nueva rnnfrihneion llain;i(l;i íleT culto y clero ¿^proporciona decente y decoro- rosa subsistencia al onlto y á sus ministrost IVo, mil veces no: eidero Ib salie con sus su- frimientos. Ins Idesins lo es*tan dirie ndo con su pohrc/.a y abandono, la nación lo vé y lo contempla aili^ida y escandalizada « y el ftor nnnistro de Ifafienda lo reconocer con- fiesa con una lealtad que Ic^bonra/En.ltt con lo eonipteio de f,ii aetiHil trimfo. No han id»IMi' alia cuuio Ci-uniwelul la ConvwiKrioOf y á la rw^ktn clon iuKiesa sit;ui6 la iesl:iiir;ici«iu de 4:AIU.(IS |f,^ á la de Pninria uua época de iirudenlv rciKiraeiun jmid I t 1 I <,qw»(iiNi«ri>Kl!»leAp¡eaardelaffefO-* vEI delirio^ |tuita, de los qoe lioy mandan no do*, Ihc arrastrar i la ma«a do iiuesu-o» ronciuii»d»iM«t ni hacerlos fi^MPUCES OK 1^ DRSPOjn de oía' inav i ir 'r mas 'ompraiio Ti:M>r;P ^ 'iTE HES- I origen se píenle en la oscuridad de los si- glus? Hay aqiii un trastorno do ideas qiio no se coiicib», pues mejor se Iniliiern diclio «segurando (jue no se. quería ñor este medio Iiaeer estable la sociedad sino iiiirerla móvil, llueluante, ofreciendo ccIm) á lo<ifls las pa- siones en contra de los intereses mas leuilif mos V sairradüs. Asi como se lian vendido los bienes del cicrn serulnr, pudiera suce-^ der, como lia sucedido en otros países, que citada csposicion á S. M. dice: «AI esta- lilecer los medios actuales con que se ha querido atender á tan preferente objeto, fueron ya muy fáciles de prever las dilicul- tades insiq)erables (|ue se o|K)ndríun a la ejecución dir seuíejauleley; i>ero la es|»(;rieu- cia ba vci'idu a demiislrar que aquellas dili- •plkides eran aun mucho mayores de lo que sehahia previsto. Asi es, que por mas celo qw han desple;;:ado los ministros de V. M.

huta el pn'^eute, la imiwsicion conocida ¡I se vendieran los de muchos particulares; eon el nombre de culto y clero ba sido in- ' entonces sí los amiixos del Sr. Mon que ao- fnclunsa en aÍLiunas partes, en otras se ha duviemn pcrseiíuidos y emijírados después remíidu su ejecución, y cu muchas los cía ñores del clero han venido á aumentar los apuros del Tesoro publico y á a/Iig.ir el (¡ni- ¿Qué se contesta á hechos semejantes? ¿Como se rechti/.a uua doctrina apoyada en tas mismas palabras de los (¡ue la iuq)U;;- nan? ¿Puede llevai-se á ma> alto |)uuto la dcntostraciou de la iojiisticia cometida y de la justicia de la reparación (|ue se re- clama? Kslamos seíiuros que los hombres de quienes liemos lialiludu no serán capaces de abjurar sus principios, y que son demasiado leales para (iefcnder lioy lo ipie condenaron ayer; estamos se^iuros de (pie en su interior eonvendran con nosotros en que en el tribu- nal de la justicia la causa está fallada, qu^ no es ni ha podido ser dudosa. Mas diremos.

del pronunciamiento de setieiiibie hubiesen sufrido este desjíojo, ¿también les hubiera contestado <|ue no se les podian devolver los bienes ponpie la estabilidad es la [irimera nccesidail <le los pueblos?