SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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eSj^cnencia. En una nacioa bien nrreglada | so de los suce9M- Aqui hay to<las las 0^)1- nioaeti, todas kui escuelaii, hombres de U>- todo se a|iravechji, Umíu sirve; y eu circuat tandas oom las nuestiat todo se neoesita. . ¿Guáqdo saldronuM d* esleí circulo de ruuccioues, causáudase con cada una de ellas la ciiid^ de uiiiiares de houibret» (^«le se que^ daa sitt pan, y que da coasiguieaie estaa sii'in¡)ir prcpafados para eiiipcAarse cu pro- mover uua uueva reaccioa, por el seuciilu i^ptÍYo de que coa ella encootraráA'dfi.co-r ipiac? 4icti¿iulo aa dciaiá üemiio i los homdaa Km siglos: Mpaioles que pertoMOon al tiempo de Cários il, IropienaueevNiteniente con partidarios de la Convención. V no obstante, si ha de Itaber gobierno, ai lia de haber nacioo, ea moesafi» aiaeglario tad», armonizarlo lodo. ver cómo se puede con- seguir que vivan en paz, sin chocarse, y sio hacerse mil pedazos, enemigos tan viólenlos é irreconciliables.

brcs que ocupan los puestos para enterarse ' Cuando las naciones se hallan en siltureieii siquiera de los negocios mas comunes / Cuu 11 uw üiücil y espinosa, cuando es tan estnir: Ci(a inconstancia, coiMsa^nmilidad, 4»tt esos |) ordinaria la cotaplieaníoii -4e las circnnalan f sacudimientos tau reoio.N, ¿cojou ijuerenios [' cias, son muy vanos los planes de los hom— que nada prosp(!re, (jiie nada se arrai^íue? ¡ hres: y es preciso escuchar con suma des- . Tribte tis u la verdad nuestra situación, conliair¿a ias promesas y lo» uonsejos de los triste pefspactiva. nos ofrece el porvenir; | itarlidoa. 81 ániso medMique qveda al poro una esperanza debe alentarnos. Hay en luerno es aprovechar jxir de [inmto tciflo lo el íopdo de nuestra sociedad algunos ele- u que puede servir, es cuidar de que no se mantos de vida, ellos se mueven, rebullen, | dastrayainaa; y para la maiehaaaMsivv no ¿y pur q«^ no Dodriao nuevamente lécundar nuestro sueloY Si es'e es el terreno clásico de las anunialius, ¿por que uo |>odremos es- perar una anomalía felia, anonialia que ten- dría su or^en en esos elementos de \ida, que aunque ofuscados, y casi perdidos de vista, uo dejan de hallarse entra nosotros en )>astante abundancia?

\ü olvide nnnca el ¿iohiernoque nuestras discordias lulestiuas son prot'uadauieute so- ckdes; no olvide que b^o la contienda poU- tica li;iy ludía de ideas c intereses que afoc- tau iu mas mlimo de la sociedad y que esta uo se pamhia ea«poco tiempo, siuo con el 1 delie escrihir el gobierno en su liandcra, este trascurso denuchos aaos y con el ínDivo de || es el polo que nanea dake perder de visiae podenisas causas. La violencia, la precipita- ción, el espíritu ^reaccionario cou que se ha obrado eu ¿spaAa de tantos afios á esta par- te, confaBdíendose nioostruosameute las ideas y encarándose de golpe los sistemas nías opuestos, ^a producido uua situación tan amalar y eairaordinaría, una confu- bion tal, (|ne apenas se atina cómo sera po- sible introducir cu ese caos el orden v con- cierto. De una población á otra uoco distan- te, de un pais aotro su limítro», de una clase á otra clase, so notan erj las ideas y castuudires dilereucias tau enormes, quu no parece sino que se pasa de repente de una nación á otra la mas ostraña del mundo. Mas ó menos, sucede algo semejawlíi eu todas partes; pero Lauto comoeutre.aosatros aR-aÍMiiosbiiipocqiiii ai han mediado causas adoptar esclustiÍHMle eela ó aquel sistema, sino apelara los irrnndes principios amserv a- dui esdelaiiuciedad, a aquellos principios que no san eaclosiyamento de mninna >o8o«el», (|uc no son nuevos, sino ntU¡;xuos como el mundo, existentes desde la eternidad en ei tipo de toda perfección, cowunicadaa á laaso» ciedadescoo» un soplode vida. No han varia- do estos, no han desapnreciflt» de h sociedad espaiiola: circuhiu {lor ella como su sangre^ conservándole la eaeasa vida que le reala; después de tantos padecimionlí s Itnzon. jualuin. buena />; estas son las palabras que V en seguida evantar velas con entera conlianza, y arrostrar ios bramidos de los pasiones que se agitan en sV'lono. Defar á los paitidoaAue damea; bien pronto pare- cerán miseranles insensatos (jue se arrojan id mar eu |M)S de un navio jiara detenerle en su marrfia. tiritarán, prodigarán dietario»? amenazas: pero la nave proseguirá mages tuosamente su ^uüoo: ellos tendrau que volverse a la orioKpy murmullando de dno^ pecho diiaa|ianKWiBnidf la escena. Que no es el acaso, no, quien rifre los destino» del mundo: Dios vela sobre la suerte de los in- dividuos y de laftimeiaMa, y su benéliea y omnípoteMe minda mab tijane sobre di»- fbrtnniak^i >• - t.\. k >♦ lu v-; 1.1 bien mu tM.mSfCUUM acostecuubmn» mütwos H arJUMPAt nsoK 1 nr j^gosto de ■ Ba d prospecto dtí mMHrtn ApoMia, ofre» finins para cada trimestre un niaílro de los urtQcipaies acontecimieDlus paltticos que ha- lúesea ocurrid» dtraftte ei Despectivo ptito^ 4Ío; acompiHiMuMwde algiiiiti nÉKoámm qio indicasen sos cansas, y sorialasen sus Os no hablar ahsoluf ámente de polfíi- ra. Estas circunstancias se verificahan ch la épocA á que correspoodia la rcsefta que temnos olMdo: era él mes de octabrew que tan encapotado y ampnazodor se pro- •eotó, ettiitte se realizaron acontecimientos ten «atfaoraiiiwtos ▼ estrepitb«ios. €reemns qup la generalidad de nuestros lectores no reprobarán una dfiflfcion qne on tan pruden- tes motivos se funda; nos liemos prometido estaíftdQlgeiMi*, y raiiffaiiios que ntá se^ otorgada. Vam, pues, é enipetar ñncstn AooBkM!ráiieiitii9lMRtahIc8 se han verificado en Europa en el periodo cuya reseña nos incumbe: hechos de íjran cuantin fim vt nílelacioaes, sus. resultados y leadeucias. Ilaa u do á iBodíficar su política general; v si hion ' - « -•. «a wrdad <|i» Bo te ha altetado 1a paz,?

ipi" ¡iliíunos de estos hechns no presentan a primera vista!U|iiellas dimensiones colosales que asomlM'aii ut espectador, no dejan sin embarco de tener la' inas alta importanciA.

Pasó el tiempo en qn»- tío se reali/iib.in eanipawdo eoatao meaes y todavía m Imium cumplido la oPcrla; y (jueriendo dejnr satis- fe(h;i la reconvención que nos podrian diri- gir uuestrot» lectores, vauioü atiora no solo á trazar ei caadlo^ aino, y ante todo, á se- ñalar la ra7.on porrpie!o íteinos (üffTido hasta elpreseatc. Ya se ha podido cuiH>cerquc si il tiios de alguna entidad, sin que el mido del bieb no eaqaivanma el ventilar las coealioiwa sociales de mas alta importancia, procuráb- alos sin cmbariro liare rio de manera (|uc iiuestrus ciíeritos iiu coiicilcii las pasiones «a aingoB sentido, y q«e se conozca palp i lilemente cuán ágenos sonmsdc todo liando; lübiauios ul lenguaje de la convkeioQ, na el alcanzar que nos lean, si no con simpatías, al menos nin desagrado, hombres de todas «^uoneü, Alesdo los aotantes de la uionar- ^ia aimelnta bastadlos iKiriidaiies de Ja.mi publica. A uiSí» de. que., el mi.stnr> objeto ijue nos pnq)Uiiiinos en nuestra publicación, quctiiuij t'aiiido,en buena parte, si deseen^ ibebcinos á la. anean rfetoonenla en que -se íwitin ciertas cuestiones, en épocas a/aro«;as mm% la «lue. vauiui- atravcaando. (¡uando estas cauDauonea ne son aeciales,.sino puiiti- ciis, >ul>c ile punto la dilicullad de niintenor- Btí en la |it>stciun elevada en que nos babia- mos colifcado, consultando el carácter de Meatra Hei^ista, y ei mismo interés de Hueslms dui-'.riiias; pero sobre todo, cuando Nieua ya ui ^rito de alarma euaado loa aanidos saliendo. del campo de la disensión han venido á lae. naAsr y «e btünbadbla ludia, eiitr'ii'-'^s juz^amo<: ffoe es mas acer- tado, para puidicaciones como ia nuestra, ecmr de todo punto la puerta á toda diaeu- flonímlilica; y el útiee medie de baeerie eaflon qne fesonahe en el campo de batalla desjMirtase la atención púbffea, concentrán- dola sobn* los acontecimientos: ahor;i la di- Siomacia ha quedado casi dueña en el cam[x> e tes negocios europeos. Desde Cários V hasta Napoleón habia la diplomaría obrado de consuno cim la guerra; pero no parece délos partidos; y de esta snerte podemos I sino <yue este bravfo elemento prastó toda.s sus luefROs en la temporada del Imperirt, ^ (pie el ífenio de l'nillerand ba ohtetíído un deíimtivo trrunfo'sobre el ^níodel vencedor de AmileHtts.- Btt'^ft«to: rio tachan ya des ejércitos en el camjiodebat ilfa*; en pri^- sencia de sus emperadores; luchan si los H í- jdom.itico» en ftl iíarhírtete; y en VP7 de catástrofes sangrientas. y de "cortveúio.<i 'e^^ fritos ron la prfnta de la ¿spada en e1 polvo de SñSf campamento»,- se ven aparecer de nqiente, y se jirdrtaawb eomo seft&tarlas victorias de la diplomacia, astutos y miste- riosos tratados como el de IHde jtilio (!(• JSiO. Tratado en que so estipulaba también la guerra < yiñm |q«é guerra! un rato dje salva; basta 'I n rjni era la Bttro|ia coNgada coQ^ tra Mehemel-Aii. • ■' t!omo jtertenecienteil época anterior, rio «os tocíi bacer la historia ■« éste tratado, ni de Ins rcsidtados que tuvo para el \ de Eitipto, ni del aislamiento en que se encon- tró ia Fnnoia en este ne^^octo, tenténdo (jtte preaeMeiiir eem lee bnoMM ' ervsidotf j jcdnid I bs navios ¡nf^lusi^s ejecutaban en (trienio la .volmilad de lord l'ulmerülun; y si unicaiueu- le debemos llaiuur la alencioii sobre él, co- mo una de las causas ({ue mas han contri- buido ii modilicar la política;;eucral de Kuro|>a; o (luiza mas bien, como una ocasión crilica ((uc fia revelado lo que babia de falso V eii¿;anoso en la decantadn alianza an^'lo- francesa, sirviendo de punto de [Kirlida para principiar una nueva ei>ocaen la combinación de las relaciones de las irrandes potencias. Conviene también recordarle, no solo por ser el único acontecimiento reciente que pueda llamarse propiamente euro[M''o, y cu- va iulluencia, se,miii todos los indicios se Fiace sentir en la actualidad, y se bara sentir por mucho tienioo en todas las cuestiones de política íjeneral, sino también |>or<|ue es imjMjsible dejar de mentarle, teniendo que hablar del hecho que se ha realizado |>oste- rioniienle, merced á la política conciliadora de (luizot, de ser de nuevo admitida la Fran- cia en el congreso de las grandes naciones. Fundada esta reconciliación en el tratado de de julio, y publicada poco después, ha ocupado en los últimos meses la atención de la prensa de Enrona, y particularmente de la ÍVancesa; estanuo como suele decirse á la orden del dia, hasta (jue los acontecimientos de la Península han atraído sobre si la atención general.

Discordes andan en esta parte los amigos de Tbiers y los de (iuizot; alirmando los del primero, que la Francia ha sufrido una hu- millación, que (juizot la ha consentido; y <iue entrando de nuevo la Francia en el con- greso de las grandes naciones. después (jue a pesar de ella han hecho cuanto cumplía á sus respectivos intereses, llevando a cabo sus voluntades con desdeñoso aire de su()c- rioridad, es mas bien que un desagravio, un nuevo insulto; y que Guizot negmiando esa avenencia, y haciendo <pie se sonriesen maliciosamente el gabinete de San James y el autócrata de las Kusias, ha dejado muy mal parada la dignidad de la gran nación (¡ue reuetidas vec(!s ha dado la ley a la Eu- ropa. I'ero responderán los partidarios de M. Guizot, que M. Thierscon su imprudente política iba a provocar una conllagracion que podía ser fatal a toda la Kuropa, y particu- larmente <á la Francia; que las miras de esta con respecto á Oriente (¡ucdaban salvadas en su parte esencial, y (pie el mantenerse la Francia en actitud imponente y amenazadora, y el empenars« en exigencias escesivas comprometiendo la paz general, era no co- nocer los intereses de la misma Francia, era olvidar que la época de Luis Felipe no es la época de Luis \IV, ni de Napoleón.

Tal vez no anduviera descaminado quien dijese que ambos contendientes tienen su parte de razón: á la verdad no parecía pru- dente que la Francia se aventurase á los aza- res de una guerra contra la Europa coligada, ni era |M)SÍblc suponer que tal pensamiento cupiese en la política paciiica y contempori- zadora del hombre <pie desde iH'.iO rige ios destinos de la Francia. Y si esto era muy fácil de prever, ¿á qué tan ruidosos arma- ll mentos, a (pié tantas bravatas, si al iin no i| habían de producir otro resultado que cargar inútilmente el presupuesto, y híicer sonreír la Kuropa en el dia del desarme? Si la eje- ' cucion (iel tratado era humillante, y adeuias DO era ¡msible imiiedirla, no parece muy político el acre(entar su importancia con el ruido de grandes preparativos, haciendo re- saltar mas y mas la numillacion para el dia en (pie fuera preciso bajar la cabeza. Estas reflexiones que favorecen poco a la política de M. Tbiers, no dejan ciertamente muy i airosa la de M. Guizot; porque siempre re- sulta (Míe durante su ministerio la Francia ha ceuido.

La resistencia de la Francia al tratado de i 5 de julio envolvía algo mas (|ue lo relati- vo á la cuestión de Oriente; tratábase de si I esa nación babia de recobrar o no lasuprcma- cía en los negocios eun)peos, supremacía que ' ha perdido desde la caída del imperio; y no creemos que fuese buena oportunidad el eui- I peñarse en recobrarla habiendo de luchar . |K)rde pronto con toda la Europa. Había, es ' verdad, un poderoso motivo de indignación, ' al ver(|ue la Inglaterra, cuya amistad.se ha- bía buscado con tanto ahincó) desde 4830, se burlaba hasta tal punto de su aliada, des- (piilibrando de tal manera el famoso contra- >eso en tpie se creía que la Inglaterra había entrado de buena fé pani contran>star á la Santa Alianza; pero no quedaba otro reme- dio (jue devorar en silencio esa pesada bur- la, (|ue este es el nombre que mejor le cua- dra; y lo <iue convenia era escarmentaren la cuestión de Oriente, para aprender el ca- so que debe hacerse de la alianza con In- glaterra, conocer el nuevo sesgo que debía darse á la política francesa, y la difertíuto actitud que convenia tomar en las nuevas ís que fuesen ocurriendo. No ha dias (fiie un órirano del ministerio I hatlepiurado ainnriramente e>lu error, en tono tan acre, y con frates IM TtoieotM contra la Intrlatcrra, (^ue bien ■ostrahan el comprimido despecho que abri- p el ííahinete de las Tnllerias. Se conoce que no le hau causado ilusión los elofíios, al- ^0 alVct.idos en verdad, que el actual írahi- npto xüiíWs ha prodigado al gelV' de la nafion fratKosa, y al ministro de nejiocioií cstran- pi N hombres de estado in.í!;lescs, y pariu iii. lí menlo hombres como INm*I, no se «jan enlusiusmar por alagunas prendas per- sonales de reyes ni de mini>tros cslrauííe- ras, hasta el punto de proruminr en pom- peaasalabfiDzas: cuando alaban de esU) suer- te, ellos saben por que; dan un voto de Eias por lo pa^rido, é tienden un lazo el prírvenir. Si liiéramos Iriin' i m'-í, no huhieran sentado muy l»ien l.uiios elo- pbs proriigadoH ni ministro de m -ociks es- ir: hultieramos preferido una virulei\i I III. ortiva.

«*'Cojno quiera, se hallan ya de acuerdo las (Enndes |K>(encias de Kiiropa sobre la emet- liae de Orionte; el sultán ha recobrmlo par- (!' dominio»;, la osadía del turimleulo ■ u\n i'iiiivnada, y las cosas van si' • • [».irilir,un"nt.> su curso, hasta que ■>«'»itMi nuevas eoníplicaeiones. Y no 1 '. (I nieuoi^ de presentarse, ponjue uu imperio, lo mismo que un edilicío. n4) se pulsos del fianatismo. ha sentido debilitar sus fuerzas, lueiro que el error ha producido sua frutos, V que el calor del fanatismo se ha ido debilitando coa el trascurso del tiempo. Colocado cara á cara con las naciones vivili-* cadas for el cristianismo, sti brillo ha cesa- da eomo el de los asiros de la noche al ra-* yar el sol; y después de sus imjM>tentes ten-' tativas para soju/.fíarel Occidente, ha caido sin fuer/as, sin aliento, a los pies de la civi- lización cristiana. Cuando contemplamos á la diplomacia europea afanándose ñor pro- lonsar alpimos años mas la vida del imperio Oton)ano, paréccnos ver á los suceson?s de un moribundo, que rodean su cama dispen* sándole toda clase de auxilios, para prevenir ima muerte sobrado pronta, que no dejaria > tiempo para el conveniente arreglo del re- parto de la herencia.

El genio deMehemet-Ah, ha hecho quizás nacer al^^nnas esf^ranzas del rejuveneci- miento del imperio de Oriente; y la impo- nente organización de sus fuerzas terrestres y miritimas, y la TÍp:orosa administración establecida en los paises que le están suje- tos, se han tomado á la vez como un co-* mienzo y un preludio. Confesaremos fran- camente qtie participamos poco de se- mejantes esperanzas. Indúceno*? á esto la reflexión de que jamás se fundó nimrun grande imperio, ni \wr una or;;anizacinn militar, ni por una vi:;orosa administración; todo esto indica á lo mas una acción fuerte ida \>or medio de puntales, sino por la j, por parte del f;ob¡erno; pero noes bastante a de los cimientos, l iemoo ha que el ¡j producir un cambio social, famhio indispcn- ío <Momano se vn cayendo á peiinzus; sable para un verdadero rejuvenecimiento, e ha desplomado coin|»lr!;iiii. ote con- No negamos a Mehemet-Ali su penio oríra- ' — en un MMulon de rmuiis. es |>or- nizador, y que su reinado 'haya de fonnar ituli'» iniie< (le Koropa. U!»!»»!- |¡ época en la historia de Oriente; no i^nora- nn i t ir-t smIki' «lili '11 lia de(|ue<lar mos la ¡rrande influencia que ejerce en la d«!l terreno donde se halla el careo- || suerte de los pueblos la aiwricion de los trrandes hombres: |)ero las sociedades para lormarse de nuevo, o para rejuvenecerse cuando están caducas, necesitan algo mas que hombres. ¡Necesitan print ipios que se hitren hasta su corazón; principios qae obrando sobre las ideas y costumnres, re- formen al individuo, y organicen la familia y la sociedad, dando asi tma basa anchurosa V sólida al establecimiento de buenos go- biernos. Y ¿se haflan en Egipto, en el im- perio Otomano, esos nuevos principios? Se na dicho que la civilización europea invade aquellos paises; pero es menester advertir qiie lacivdizacion europa encierra algo mas •dilirio. le van ap^mlalando ílel mejor ni" saben. sm otra mira que la de upo, aplazando para mejor ocasión ti completo derribo.

La conservación é integridad del imperio Otomano, fifrnra eñ los protocolos europeos; flWS él no deja por eso «le estar moribundo. Y perecerá: porque el porvenir de las na- <Win no pende de lo que esl;i es rito en lasearleras de los di]>lomátic^s, sino de lo «\ se halla prescrito en las leyi.'s de la Pro- encia. El iniperio Otomano canne de principio vital. y sin este nada vive. Funda- «lo sobre un dogma falso, y agrandado á im- 'AiCiÉKlo que rrino''ÍTiiicn!f>v de aígnitrnt' higenieros y niannos, algunas nocioaes admioistrativas, que el arte de los manejw á^loniáticos, que el estotro lie \tís idiomas, quo ol talento áe. redactar una caceta. Estas y otras yos»s^gcffcÍantcs las son ellas la civilización europea; esta es alfro mas ^nde, mas rica, mñs fecunda, es madre de la cultura, pero no se confunde eon ia cultura. 8d raíz es H (rórtiaiiísiHO, por el ha vivido y vive, ora la niinMnn< na- ciente y tosca cómo en la época de Carlo- ■tagQoV de hs prurada», ora la conlemplií- mos pufanlc y culla, como en el tienino áe Carlos V, d<' D..liian de Austria, y ríe los franceses conquistadores de Argel. Los eo- Mpeos en el dMviiMüMIcinto'de su grandor y poderío, se imaginan capaces de enseñar a los (lemas pueblos so propin rivili/acion; jiluhus que no advierten qne semejante con- ducta es un miserable empirismo; mic no recuerdan quién llevó á los lin<:qtip«: ih las Gi^s; delaGermania y de la Gran Bretaña HIS yí IUMJ1V5 ^BfmBBCSrWnm^ fStmnKOnñ moderna; que, no recuerdan que eratt aque- llos hombres que con el crncitíjo en la n>a- Ho, la dulzura en los labios, y la inocencia T la caridad en el co^zoo, le» anuilHiNA la Iniru.i 7ni':rn. nrrancándolos de las supersti- ci(tnes de Tuiston, y de los sangrientos sa- crifictos 4e Tteutatér. La elvfficacion eunv- .|iea no se tnocolará á los países de Oriente, BÍ álns repones dominadas por los france- ses en Africa, si no le preparan antes el Mmím, 6 por mejor MHlf'ii Mi Mlian pri- ittto m semilla. los misioneros católicos. T Bo basta que sean misioneros de sectas <iue se apellidan cristianas; esas sectas son Vtanientos separados de la vid, y su infe- candidad está acreditada por la esperiencia.

La cnestkm de Oriente trae muv ocupa- •tfÉri tedoa les gahiaetei^^gurópa, y for- ma uno de los temas principales de las dis- cusiones de la prensa; y con raron, porque «sla es en venlad la gran cuestión europea. La Europa coajada de pueblos industriomi, rechnr.a de su seno la cui'rra; y sídc vez en cuando la ambición de ios goMeme» se in- elina é pravoinria^ se ^iéiiteii -deséif luego detenidos ante el iomeuso cámulo de inte* reses que van a herir, v r<^!nx'eden teme- rosos de cscitar la «idifiuacíoa do los pue- jMob.' Pera la de la díplómapia '!

novar sanirrienfas qjicrellas entra nacíone* vecinas. por cuestiones de territorio, como aconlecia en olm tiempo, complácese en en- contrar ak'iina victima débil que desmeaitNiar. Kl in)|)erin df í)ri»MilP se |;i olreee, v al co- lumbrarjos rogipinnent<» ji que pueda éir la frrata perspectiva oe que por estos rom- pimientos no será necesario que los pneblos europeos pierdan su tranquilidad; sino qne sin oestmir loa grandes «$4«Mecimíenttii*ii¿ briles. ni estropear caminos de hierro, S(! ¡lodrá decidir la contieoda en aquellos ms- m^ mares donde se decidieron yñ iñtUMé^ ees los destinos de grandes puefelos.

Pero lo repetimos. sea cual fuera el giro que vayan tomando las negociaciones diplo- mátfcas. y el flüMtiMMi^e rompí tnleiiU^ mM ó menos hostiles entre las erandes potencias, el porvenir de Oriente es triste y deplorable. Su sociedad está herida de muerte; y sobre sociedades moribundas no se fundan impe- rios poderosos y brillantf's \si (jun. ora caiga la ciudjid de Conslanitno bajo el imagicgauutm ci ■m^um omano al desmedido coloso del.\orte, que va absorbiendo cuanto le rodea; ora se hayan de ver destrozadas las provincias del m'tí- Kadado imperief eaMelidn la pkrte^Hnr^ propósito para las oporacioBes mercantiles a tos ingleses, para que desplieguen su sor- pnmdente actividad en las mismas regimn» y en los mismos mares, donde se esplayó nn (lia la de los fenicios. de los rodios y de los venecianos; el pais de Oriente yacerá poaiflll»,''«tiiifme, basta que mu fine*M» principio vaya á reanimarle,.\hora mismo, ¿de qué sir^e ai saltan el bal>er recobrado algunos territorios, si tan pronto como se faa levantado de ellos la mano de hierro de Me» hemet-Ali. Iiw raido en la anarquía? Si no se puede introducir en el imperio Otomano la acvMi ¡dlf^ttn principio ' it iiMMte, 'cvmMmi mejoras en 6\ se hagan, tiídas serán posti- zas, y por consiguiente endebles e inlocun- das. La misma cultura europea importada en aquellos paises. no será mas trae un rM pabell ón qm^ un viajero deniega en ift «Twatesdol desierto.' ■. ' '-W "'^WBPtíomplifarMn parece preií nlnne ' 4m Oriente con las desavenencias que se susci- tan entre l:i Pm^rta v la Grecia, por motivo de las pretensiones áe esta última á eslenáer simñmíw. Bmu w habla de arrampeali^ á M propio impulso quedasen abandonadas l»re ella con iu roano ambos ail\er!»arios, uo iuera eslraíiu quü ajielstáená armas, a caut»a de profesaníe «adío lan iovelerado f prorundo. P-ero. se p()rnlnn de por oiedto las altas potcncin^, c^i^uclta autoiidad que les da ía piulec- 9m oiKi dispeo^ id 8ul(aii«j v la tutela ejercida sobre el gobierno del rey Otiioii; y luuia hnr.i sin (>revío periuiso y aproUa- cioo del alio consejo europeo, liftl'-r no dc}aMl4t 4ar curioso, ver d<3 ■Pip babada la guerra en (re la l'uerla y la SSoAi porque sieu la eiNwa de la lasur- Éicaion- viaioa á la», Gi%cia iucbaodo coa aqaella briosa ene^ift^jqu» Bafia^ 4al anbelo la independencév y cf>i>!'<|iiella desesp'- laaiafi coa.que pelaampucbiu (jue oo küia W0lk-^t^'4a lAmák ¥ Ja»ÍMOftofftaU«i diwBsqm' por larj¿ossi;^')os le liano|)riinido, •arfemos aiioraála Grecia condKitiendo como BÉCMHH acaudillada por uii gobierno; y a¡>i piÉWBoa tener nuevas oeaMones para co» noípr rtiJíítfo bii adelantado de!»dc aqni ll i epuca, y cuiuo i>e uutrti en ella bajo eluuevu ii>iei«í>Mj8el noble espíiitti de DaeÍMMilidad é ífldependencia que es el abna de grandes bech.ts: podríamos tandiii'n observar hasta me puutu h'du saiido fallida:» lais esperauzas «MÍ^Uos t«itpie»«iipié iahidaíwinitaa f'tnffi rntiiviasiuo su emancipación, mirándo- ^ «x^iBO ei principio del renacimieiUo de sus Sensible Biámi^íi»i$étmmmítflmkm IK parece que no se apresuran nmrho á con- ianuMaiklial^ücñas e!>perauzaü; sonaba lemistocles; y luai podiaserasi cuando ese pteiiio babia pasado tar»tos sigilos bajo la mas } bruiul t'»cla\iliul. Es uiuy coumn jUpÜiKiw éáios (iws de la Grecia; y WS lí»n»ociipan esos bellos (fias,!i;i>l;i h;H (Winaft^aÍJíidiar que diüiau de nosotros mas de wlÉHeiiii(ii^tit; \ que en ese largo Irascurso ha pasatki ^solwe la infortunada Grecia la maoo df Al<*iandru \ di* >ms sucesores, la tlel^Aadu iiomanu \ del Imperto, y sobre imperio griego, f tinabneale la délos -iu{"-í>res de Mahonia«i{>l*obre Greda hierro ^ j ya- ce sepultada en el polvo como sus mo'nu- y^auB estatuas. Apenas se noto al¿¡uu en sus ruinas; los pueblos «df T'in-npa se emhriairaron de enhi^ia^^nin, y í-a- luaaion con alborozo su brillante porvenir, i Vana Uuaian NBaa «a iftflejo á» tsm hot^ recuerdos, era el genio de lo bello (pie batia sus a|g)p|n>«tikluniba cubb» ta de coronas. ui i i...- » Volviendo los ojos á EufOM^ observamos que el Austria, la Kusia, la rrusia, sin nin- gún suceso ruidoso que baya alterado su so^ siego, ni Uamadois aleaeum pública, vaa siguiendo en su siiltM és ■eiosM « Mi consentir las discusiones sobre gobierno, ni abrir la a^nlada arena de la libertad poUtioa. Sigue el propio cmiímíJs AIsMSiia goiadi por el mismo espíritu: porque si bien abri- ga algunos eh-mentos mas de inquietud, y tiene cierla& loiutas mas o menos libres, es* ta como sojuzgada pr el ascendiente de las tres grandes potencias, donde se baila atrin- cberada la roonMigiua pura, bacicndo cara á los propagandÍMiwdel Medisdit. Los das pñnciÍMos, el de absolutismo y el de liberé tad, se han librado ya batalla repetidas ve-^ cea; pefo estaba reservado a la época que bato de nuer\o género. No parece sino que se ban dicho: « No hagamos derramar san> Í»gw en los eanipoa de batalla, transijamos apar algu^'tiMífO, en e«yo espacio podrá «resolverse la cuestión que con tanto empefk) »se ha ventilado, la fiun^ quetkurá dividid ada e» dos giandea porcioiies; es i« imm •prevalecerá el principio de libertad política. »en la otra el de la monarquía pura; y con la »es|>eneucia de un número considerable de •il8S, vspeinoacuái acarrea » los pueblos )>raayor suma de bienes positivos y solidos.» Y en electo: observanda el movnuienlo in- talseUial y msisrial ds Aleinniia i y la vigo- rosa actividad gabcrnaiiva que se desarrolla en los países díe Europa donde prevalece el principia de-la soberanía real, no parece siao ipie han ealÑtd» «a fslo-'é los -olfw doads predominan bis formas represenfaliras y la caaiite^itiiada á IjriUar por breve tiempo, soberanía del f)ueblo. Este hecho es mtt MpaiBHifiudeeiyo copia de resplandor y de notable, y es digno de llaaaar la atención ds SHap^Mia^mitié á los sigbs venideras su ' ' ' *' ' csfkirecidf) noiii!»!»' •'•írnhtido en k»s inimi- tiJiie$ iutMÍeiuí> lodos los hosibres qae se ocnpsn en esld- diarel desoniS'dAlflsidatsy ds iM iMÜr Digitize<;l by Google el catoUi'ismo qm se ari-abíanDn en Aleina- uia con el muui de Lulero, uarecia aoi^na- Mr «a Pnnitil 9omf»á^ Ím «oiwwtteias; y las vidlenUis medidas tomadas coutra el arzobispo de Colonia, intlicahan (jue el ga- binete de Berliu »e olvidaita del sijilo «|ue vivía; queriendo sujetar á feii Hiflexibie ar- rian!',i!i/a(l<ir.i Ii i^la nitn icrii ias de któ calulicoh. beguii las ulUuiua aiilicias, el negocio ha toiaado un sesgo padlico, y la desaveiuMK ia se halla va complelanienle ler- minada. No bobrú admirado tanto a los hom- bres {lensiMlores el nuevo rundto de la uolí- tica pruMana, «orna loe había MfprcBdioa ia inesperada pret ipitarinti \ viíticiicia de sus primeros m^os, iacdiiicutc debió de aican- xórsele ai gabinete de Berlia, que perst- 0BÍeBdo e^lrepitosaoiaaAeéJaa «alMieos, re- preseiifitria en Kumpa un papd poro tÜL'^no;