cion. Si el peailciile quiere, nadie sabrá si ha sido absueltu ó no; si úl quiere publicar- lo, señal es (]uc no lo lieue ú dcsliunra; y la autoridad civil baria muy mal en mos- trarse roas celosa en punto de honra que el mismo inlcriísado. ¿ El comprador se creyó deshonrado con la compra? ¿Sí 6 no? Si se creyó deshonrado, ¿porque compraba? Si uo se creyó deshonrado, ¿por qué se queja de desiionra cuando se le nie^a la absolu- ción? El que no temió |)resenlarse á los ojos del publico como comprador ¿ qué caso hará de no haber sido absuello por motivo de la compra?
Cuenta también el Clamor Público entre los casos de abuso el de turbar o inquietar arbitrariamente la conciencia: ¿ podría de- cirnos este periódico lo que entiende por tur- bar ó in(|uietar? ¿Sabe que esta doctrina tien- de nada menos que á establecer continuas apehu iones del tribunal di> la penitencia á los Iribunalt's civiles? Por desgracia los con- fesores se ven precisados con harta frecuen- cia á decir á los penitentes verdades duras, a dirigirles adverlLMicias que los inquietan y turban ¿ como distinguiremos entre los casos arbitrarios y los que oo lo son? Esta- blecida la doctrina de las apelaciones, ¿uo podran también apelarlos usureros, los agio- tistas inmorales, los empleados malos, y otros que acusarán de arbitrariedad la jasta ciou, rige la de 1837. Como el Clamor Pu- blico decia al comenzar su articulo que el Pensamiento de la yacion liabia apareci- do en la poíemica mucho mas constitucional, mucho mas tolerante que el Heraldo, creía- mos nosotros que la naow estaría mas de nuestra parle en caso de regir la Constitu- ción de Í837 y de preponderar el principio de la sol>eraniá nacional. El Clamor Públi- co no lo entiende asi, y se lisonjea de que eu el ci\bO contrario podría darnos contesta- ciones (|ue uo admitiesen respuesta; por consiguiente preferimos lo (|ue hay ahora, ya que podemos hacer preguntas sin res»- puehla y respuestas sin réplica.
El Clamor Público se precia de muy li- beral, y combale al Heraldo por haberse opuesto á los principios de tolerancia y li- bertad, (|uejándose al propio tiemjM) de que el Pensamiento de la y' ación, al censurar la conducta del liberalisuío español en el punto en cuestión, no haya distinguido en- tre progresistas y moderados; mas por des- gracia el articulo' que estamos rebatiendo ha venido á manifestar (jue el Pensamiento de la Aacion procedía muy bien absteniéndose de la distinción indicada. Muy á menudo es- tamos en desacuerdo con los hombres de la situación; pero no nos hacemos ilusiones con respecto á los progresistas; y mal pu- diéramos hacérnoslas, cuando los órganos sevcridiid del confesor? ¿Y (pié (piíere de- de este partido están empleando contra ol cirel Clamor Público cuando nos habla de clero un lenguaje que no parece muy priíopresion, injuria ó escándalo? ¿Cómo puedenle, aun cuando únicamente se atendiera de el confesor oprimir al penitente compra- | á los intereses de la oposición.
dor de los bienes de la Iglesia, cuando está en uíanos de este el termii»ar en un momen- to el negocio, retirándose del confesonario? ¿Qué opresión cabe cuesto? ¿Qué inju- ria? ¿Que escándalo?
Añade i^l Clamor Público: «si en España rigiese la Constitución de ÍH'M, sien Espa- fia preponderase el principio de la.>í(d)erania nacional, nosotros contestaríamos al Prn- Creiamos nosotros que á la oposición le convenia aprovecharse de todos los medios jwra hacer la guerra á los hombres de lasi^- luacion, nMiliiendo en contra de ellos todos los elementos hostiles y guanlándose de ha- cerse enemigos nuevos. Asi lo entendieron los moderados durante la dominación de Ks- partero; aquella fue ima oposición dirigida con suma sagacidad; los periódicos moderasamiento de la Aacion de una manera que, dos de la época eran una bandera que aco- uo admitiera respuesta.».No alean/amos á gía dispersos de todas las tilas: bastaba ser adivinar cnál pudiera ser esa respuesUi tan i enemigo de Espartero para encontrar pro- satísfacloria (|ue se reserva el Clamor Pú- I lección en la prensa moderaila. Esta con- blico, ni que falla puede hacer para la i duela una que otra vez podía no ser muy presente cuestión la Constitución de i «37, concicnr.nda, pero siempre era muy hábif; ni el principio de la soberanía Jiacional. y en. todo caso creemos que no es contra la El Clamor Público podia aprovechar esta, conciencia de la oposición el abstenerse de breve temporada en que el nunislerio no se ¡ herirá enemigos que no ofenden. Como resuelve a publicar la ConsliUioíon r.'for- nuicra, la prensa progresista parece enten- madu, pues (jue hasta la sanción y publica- derlo de otrp modo; ella debe comprender mejor sus íiilereács; lejos Üe noi>otrus la presunción d(i darlf li^cciones. Todavía mas; su conduela hasla cierlu pualo ha hecho uu favor á los hombres monár({(ii€os y religio- sos, porque los lia doíi ndidu de una calum- Dia con míe se los procuraba alear:.n saber, que olvidándose de sus principios se aiialMin dilación podía acarrear per juicios incalclla- BLEs; estaban de por medio las espluakícas, el.ViNUELo de la nación, y se iuleresalNi el APiA?<zAMiB>iTo de las inslitucioses^ y ese mismo ministLM io. lejos de c%ilaresa rntrnaf dilación tan peligrosa, í& hA ho^.mwf grande, sin cuidBfW de -los r" ' ' con la revolución para hostilizar al gobierno. I /aM», ni de las esjieranzas y anhelo de ia Eslosfiía una iiiiMijralidad, y d? eslu inmo ralidad se han sincerado conipletamenle-. Gi campo de la rerolucitm e!«tá á inmensa dis- tancia del nuestro; en nicdío de los dos se llalla la situación actual; y rara ve/ le diri- gen sus Uros Iuí: progresistas sin que nos al- canctto á no^tros algunos proyectiles.' Y no es cié rf amante por casualiila.d, lo ifiu' no fuera de estrañar. sino diri.:;iendo t alcuta- damente la puntería y señalando las iKinde- tus monárquicas para que no puod a caber cqnivoracio'i. E^^to declara mucho la ver- dadera situación de las cosas y esta clari- dad es qd gran bien. ' I tTambien os presentaran, y en lasprimer ras sesiones, el proyecto de l elonn a cousli- tocíonat; punto oseneialisimo, que indicó ya mi gobierno en la convocatoria nu-ma, y cuya gravedad no puede ocultarse a vuestra iluairacion y patriotismo. De él me prometo que os dediquéis con celo á obra tan impor- tante, pues In menor áilnrion ¡odria acar- rear perjuicios incalculables, Iruslrando las •tsperaozas de lalación, que anhela ver cer- rado cuanto antes el campo de la?; discusio- nes^ políticas, y afianzadas para lo venidero las instituciones que han de regirla.» Estas Riiabras ponían los ministros en boca de (a eina en la apertura de las actuales cortos id día 10 de octubre de 1844: el provecto -se presentó, está disentido y apro))ado* ha- ce ya mucho tiempo; y sin embargo ese mismo irobíprno tiene In «¡eronidad de p;uar- dar el proyecto en la cartera. Creemos que Ja calincacion mas suave qüe á* sem^antc rnnductase puede aplicarles lado incon- secuente.
El ()unlo tv^mnciaUsimo, según el miulaienó; la vrgoacía en lal que la micóa II padiése prever: ai alga- snera.ae ha nación, ni del a/ioASMMnito de lasinilit»- Han resdltado de esta conduela fenómenos muy singulares. Pordcpioutoaoshemos quedado sin ninguna Couslitucion: no la te- nemos, ni rerormada, ni mn roiormar. \» existe la de IH37; r)or<|ue no exista una Constitución dechuaaa anárquica por el go» bierno y las Cortes, y para cayo reemptaie ha presoatado el miiáiho gdiierne otaa qoa ba sido soleomemente discutida y aprebeda por ambos cuerpos roh'iiislad'in"-* Li Cons- titución de IS37 ha sido considerada coipo dafiosa por todC8 los poderes. 4el Balado; esto no en secreto, sino coa la mayor publi- cidad. Esta Couslitucion ha de ser por nece- sidad sustituida por lu otra, a no ocunir al- guna revolución, ó no i^servar el gobierno la conducta mas ¡nconcehibli'. Esta Consíi- tucioa, pues, no tiene ya ninguna condi- ción de vida murió. Es ya público que ban votado contra ella todos los poderes del Ba- lado, taino contra cosa insubsistente y pe- ligrosa; y si bieu. taita ia sanción de ia co- iioBa, á ella equivale encieiio modo'el voto del ministerio, que continúa todavía mere- ciendo la confianza de la Reina.
No se diga que la r()rn)u¡a de lu sanctou es una condición indispensable parala dero- gación de una ley y el vií,'or de la que le reemplaza; esto no lo ignoramos; pt^ro tam- bién sabemos que estas filWnraiae son nleras signos para espresar la voluntad del monar- ca, y (jne cuando es público que existe esta voluntad, la ialUi del signo no tiene l>astao- te fuerza para que se oüíescawui vigeote é los ojos d»; los pueblos la ley que está por derogar, (.ion espresa volnníad de la corona se presentó el proyecto de relorma cousk- tucional: con espresa volmitad de.la core— le sostuvieron los ininivfrM^ en ambos cuer- pos colegisladores; y lo sostuvieron no solo en lo tocante al contenido, sino tanbteQ á h oportunidad, á la necesidad, á la urgencia; los niinisirossonlos mismos; las circunstan- cias idénticas; nada ba ocurrido xjjue^ no se Im ft¡4o mas hiéa m eoiInMeíon I ét esa oporlunidnd, necesidad y urircncia, que no encontrad!* ellas: ¿(|iic laiia puos?
pueta NT «oiriMtiéM «tu Mitra liMi^ Por manera qun la Conslilucion reforma- da, tal como esla en clase de proyecto dis- Resulta düesloqneln(ioublilucionde 1837 i cutido ^ aprobado, ha tenido toiia la fuerza no es mas que un cadáver; fiüta por deotiio ~ asi la declaración jurídica de SU IDUerte, pe- ro esta falla no te da vida. -•tiJl CthilMuettB nlhautá$ Itnipoco «xis- te por Mtarle esta rórnriiila. Exisite, sí, en el pensamiento del fíobicrno y en la cspecpara matar á ta de 4837, tía qiie por esto \)Wíh\ (h'cirse (|iie ella vive.
£s cunoiio üb!>ervar oí nacimiento, la vida y la muerte de las coastitocíoiies en Espafta: desde quetiBBMl a|¡UerQpres¡dió á In suerte (le la de Cadir., no parece sino que las demás tacion del pais como ana ley que, no larda- ji Uun heredado laseult'rme(iad,es de »uproge- PÉ en regir; iperotesla que' haya aide aen- I nilora. La de 484t naetéeeaB üjigifodeiKiq Clonada y publicada no puede producir nin liUD créelo le^ial; es un proyecto, nada mas. Habiendo pues querido mejorarla Conslie#^ek de adoptar el principio reconocido lo8 pai^ies del mundo, de que la ley )afia, bajo la inspiración do la escuela revo- lucionaria, mientras el pueblo espaüol esta- ba peleando con inaudito heroísmo f)or el tueieo, B09 nemes quedado sin MBgana; y; rey: ella llevaba en su acompaftamiente.latr eMaBoe 108 patries del mundo, de que latey. pauoi unía en sus ecos ei gniude Me; MidhneBtal ha de ser acatada por todw lot de ReligioD. Sin embargo, en Jk t> oiadaéanos, nos hallamos en ana sitoaeion tal, que lodos pueden decir cuanto quieran eo contra de la Consiiiuciou, sin que la au- toridad lenfm derecho á impedírselo. < En efecto, suponjramos qtm «B escritor eoalquiera ataca, y moteja, y desprecia, y ri- diculiza la Conslilucion de IH 57, que leyal- rigev l se podrá denunciar su escrito?
(!o( trtn;is volterianas, mientras el jvuebioes^ paüol unía eu susecps el grilude^M^jf coa el taatiiucion de 1812 (!stab» coaaigoada la soberar nía popular. Esto era nn sarcasmo, llabíen> du perecido el nuevo código a uiauos.^el rey entre las «elanmeioieB del p«a6/o $obem»»,' resucild en la punta de las bayonetas de lo» sublevados en las Cabezas de San Juan, pa- ra morir ulra vez a manos du uua iava&iou eatraogera, acogida tambiea oooeatoaiasaio F.l no dirá ni;is de lo ([ue han dicho el go- por h snlit-ranin popular. ineaia V laí» Cortes; ya que entre oiinú»4ro5, i. Cuaudo eu 4b3k|.t»^. eiUro de nuevo eti el dl|MlMa9:y<'8etfadore8 inn dicho coatra la sistema libeniliiaca, tanto el descrédito qua Constitución todo lo que se puede decir. £( liabiaoauia'Soliáaile^e^jnyosaBtertores, que acusado, pues, podria defenderse alegando ¡ tue preciso tomiir otro camino publicando el que no creía fuese un delito el repetir lo i Esialulo. Sin cn^^d^gp, a pesar de lo mu- qae ae Iw dicho en las Cértcs y (jueeonsta j cho que sé diftoreaicialia de la Censtítacioa en el Diario de las Sesiones y en todos los ¡ de ÍH|2, tampoco pudo echar raices: tnnrio íícriódicos. ¿l'uede decirse mas contra Jina ¡ lanilijpii de nuino aiiad;i. El interregno lev, que el llamarla anárquica, indecorosa j qonsliluotinal nupiulia >er tan cou>¡)lcl(^ que iaiÁH-onn. fondada en principios disulven- 1 nos quedáramos sin nioguoa GonstitticioB: tes, nacida di; un ns /íícrovo mnlin. hecha | otra vez se recurrió;i la panacea; se dester- si^el caacorso de los poderes legíliioofi, y rola luomia.de iiiii, y scila.^a^ep triun- p4a^lMM'r|idicalmente imU? Pues lodo es- I fnnte en bombrosde, los 'aamUnadoa de.la latta iba dicho en documeatos célebres, y Granja. • ¡/mí iiliu" • > un ta las Cortes en la famosa discusión; y por Discutida, aprobada, sancionada y solem-* eierto es ludo tan reciente, que no hay ne*! neiaenle pujlii^icadiai y jurada la de,1837,,, tttUad de reeordar los nombres de los que í «ióse rodeada, del autor y oa4i|i^4|e forfosv aüiribian los documentos. ni de los ora- i ¿quién lo dijera? de lodox los liberales. Los doreii que ampliaban lo a-enlni!o en ellos. proiíresistas la miraban, con la predilección. -íAhora bien; si no podna deiiuacwnic á | uue los p^iiíes a;,^^s hijos; y ío» modera- ción se ensanfffeatara contra ta ConstUu- || aot, celoaoBifialflaiOaT^diosos, de tanta glo- cionde 1837, m^nos si cabe se podria acu- j ria. dijeron que la nueva Goiiítitucioo habia Sttal.que se pcrnii llera la misma conducta ij smIo hecha, üu. por los pr^gcesiblas, pero <Ma'iespeeto á la reformada. LadelS37 l| coa los príncipio^del parlid». psoderado. L^r fue publicada como ley. 7 no ha sida dato- i elasticidad es uaaide las Ipyes'aiai ^cooflaa! gada todavía; pero la nnr'va no pü mas que | de la natnrale/.a.
un pruyecto,^ y sabido es que los pioyectoa Era iieccsario.fcr lince para descubrir que Üiyilizeü b; I los misiniH (|iie los del Eslalulo; nosolios iro lo hahiaino< advertido antes, ni hemos acertado a comprenderlo después: pero es necesario respetar los votos competentes.
Kl ■'»(liu'()<li» fS37 era todavía cscelenle á mediados de 1843, bandera común de los partidos, pacto de alianza entre antií;uos <»n<»mi?o« poro antes encarnizados, el sagra- do cíKligo era el áncora de salvación, la esdas por el espirita que vivía en el Estatuto, en la Constitución de I8;n, francamente aceptada y lealmente jurada, y que ahora va á vivir en la Con^tQdmi relbriiHMia. Pür lo demás, es el mismo espíritu que se per- soniltcó cri Martinc/. de la Rosa, en OCalia, en Castro y en Arrazoia, en González Rra- «oalendieitCes, prenda de reconciliación de J bo, y tiaalmente en el saÚe delfeneral Nu>- vacz.
Merced á esa mulUibrme aptitud, ahora pf ranxa de la Mctedad española. Pocos me- | se encoentrael partido moderado am nin^uses después era la misma Constitución un germen de anarquía. un perene ultraje A la inagestad real, uii insut>erat>le obstáculo i lodo sistemt.de buen gobierfío, una plan- ta tan dafVina, que la menor dilación en orna Constitución, ó con dos, según mejor le parezca. Sin ninguna, porque ¿quién le po- dria echar en cara la inobservancia de It Constitución de 18:n, cuando por tantos 1^ tulíis lia dejado de existir? Y ¿quién le porancarla podía acarrear males ineakuUibks., dna exigir la observancia de la Constitacion Cuátés serían las causas de tamaña peri- pecia, no es de nuestro propósito investi- garlo; prescindiendo de los agente*? motores solo diremos que el fenómeno se realizó ía- oiNftimamente, merced á )a inestrínable elas- ticidad.
Asi se ha descnhierto nn secrein que allana muchísimas diiicultades. Los partidos pdNtieod raeleii tener principios determina- dos, en fuerza de los ciiali s viven, y sin ios oaales i>erecen. Cuando se |»resentan en Rl escena, ya sea en la oposición, ya en el nando, les es preciso sostener esos princi- pios; cnando los principio'^ <Tif nmbcn, su- cumbe el partido; cuando lus principios triunfan, el partido triunfe. Mas el partido moderiuln ha discurrido otro medio, y por cierto ingenioso. No se ha vinruhdo con ning^una forma; se reviste de una ó de otra segDD los tiempos; eonsideréndolas to- das como una especie de rnerpo mortal de que es necesario despojarse cuando «;iiena la ñora. La esencia del partido está reducida a un espíritu invisible, que tiene deseos, ins- tintos, tendencias; pero carece ff * \\m for- ma fiolpable, visible.. Una que uira vez muestra también sil liamiomia, pero es al nueva, cuando todavía no ha recibido la sanción de la corona? Con dos, porque mientras la Constitución f!e tH íT no este íe- ÍiUnmuU derogada el minii>ieriO puede man- ar con arreglo á ella; y teniendo en Inear* tera la reformada, de un momento á otro puede publicarla, siempre que lo jui^fun conveniente.
Di jóse de Otosaga que quería llevar la prerogativa real en el bolsillo; pero los mi- nistros actuales quieren llevar todavía mas, pues no se contentan como Olózaga coa lle- var un decreto de diaolncion de Córtés ner breves dias, sino que por largo tiempo He- van la Constitución, en la cual están laspre- rogativas de ta corona y de las Gértet. Cuando se consigue tan insigne ventaja bien se pnede arrostrar el cargo de incoase^ cuencia.
El ministerio tieue suspendidas dos espa« das sol)re la raheza de lospartidos que no le jicrlenecen. En un momento paede dejar caer una sobre l<» progresistas publicanido la Constitución reformada, y obrando en oe»< secuencia; asi como en casos apurados, ¿y qué sabemos de lo que ha de suceder? en casos apurados, quizis no seria inpoaiMs través de sombras, de una manera vaga, con '[ presentar la Constitución reformada como rasgos mífl caracterizados, como aquellas impracticable por ahora, ^^uscitarle aignn visiones nocturnas que aparecen en los en- J obstáculo y negarle la sanción, Entóneos ve- sneltoe üfírigiendo palawas misteriosas. La \ rían loil moii¿f«|n¡coB el alcanoe de la políti*- fomia palpalilc del espíritu moderado es | ca del ministerio, y como en castigo de sus siempre una cosa muy distinta de el; hay exigencias, y sobre todo de su tu?;ratilud, unae<^eíe de metempsícosis. por medio de son entregados de nuevo al imperio de la la enal pasa á vivir en un cuerpn después | Constitución de is;37. ¿Qué le importa á que lia [¡erdida el otro. El si^temn de fS'31. osla Con.siiiucion el haber muerto? ¿No tic- el de (836, el de 1840, el de 1843, 1844 K nen todas en EspaiVa la virtud de resucitar?
^. Pero eiilal caso, se oosdifá, sería in- repceMolativo está completamente resuelto evitable una mudanza de ministerio de | en España: de hoy en adelante queda demos ninguna manera. ludo es cuestión de opor timidá3. El {gobierno de ayer sostenía una medida como fiiiu-sla, niaíiana puede defen- derla como nceosaria, y vice-versa: de la misma manera que la Cousliluciou de 1837 antes era mny buena, y de repente se hizo muy mala; asi en adelante pudria dejar de ser mala, y hacerse de repente muy b^aa. ^ii¿ incoofenieñte hay en eso? ¿No esOnios ^ipeodo que la urucncia de derogarla, que existió el 10 de octiihre á la apertura de Jas que continuaba durante la discutrado uueC'ói7««noes sinónimo ú&anarquia^ y por lo mismo resultan aiíanzadas deliuiti- vnmeute las iitsliluciones y asegurado el objeto cu pos del cual suspiramos desde mu- cho tiempo: la alianza del orden con la li- bertad.
No se diira «juc no hay la verdadera in- fluencia parlamentaria. y que obran lastres influencias, por cicilo nada parlauieutarias;. la corte, el poder militar y la bolsa: esto son aprensiones del Tiriujio, ([uc llevado de un puritanismo e\a¿íerado no ha podido liucerse cargo todavía de lo que son las oporluuídae&ado como por encanto? No en- ^ ^ esas cosas, es DO entender ona pala- [ desT Este periódico,^ aunque adversario de liSUe íiohierno. ' los progresistas y de los monárquicos, no ü muuslcrio se ha encontrado con unaá h conoce al partido de ia situación, y asi es 4e. condición blanda y sosegada, que le ha necho cargos tan duros, que á ser •petir ' cierl que por ahora no llevan camino de rep ^escena de,l Trinquele; se les pide rel'or- Wkh Constitución, la reforman; se les pi- diui autorizaciones, autorizan; se les pide la aprobación de un proyecto de ley en que no ^ devuelven al clero los bienes no vendidos, y to aprueban; se les pide luego la devolu- cioil,, y devuelven; se les pide aumentar es- pantosamente los presupuestos, los aumen- tU¿,se les pide auturiy.acion para el arreglo 4pP deuda, ^ autorizan. De la autoriza- ción para organizar el pais el ministerio usa iMlfutuutA. ellas no le eslimulau; el gobier- nono publica la Constitución reformua con tanta urgencia, ellas callan. Con ese bello ideal de Cortes españolas, ¿podría c! minis- terio pensar en otras? ¿.No seria uu delirio aventurarse ¿ peligrosos azares?
Los monárquicos han sufrido por cierto un rliasco completo: ellos creían ([ue con Cortes no se podia gobernar, y las actuales demoilrado evidentemente lo contrario. Omi Cortes conjo las presentes se puede gl^raar holj^adarneute; ai ellas son la es- Tlos, serian la condenación mas solemne que se arrojara jam<ás sol)re un partido j)ol¡- lico, partido complctaincnlc accplico, que no cree nada, no ¡jiensacu nada, que no VifK nt nada ai enia cabaa »i «a «í coroso»., ttda Las locbas de la prensa pérüMiea stm littá necesidad á que deben sujetarse todos los partido^, todas las opiniones. ()ue sea, co- mo se ba dicho, la lepra de las sociedades modernM, ó que se ia considere como nno de sus mas preciosos rsnialles; que se pa- rezca, como se ha dicho también, á la lanza de A(|ui1es curando con un estremo las he- ridas abiertas con el otro, ó que lasdcje san- grando, sirviendo solo á exasperarlas, lo cierto es que la prensa es un hecho, y un i-j-^ —.-ui. jjjjig ^ menos licia, en Tíélgira, en presión del partido moderado, este partido 3 hecho indestructible. C encierra elementos de gobierno, es ailamcnte berlad, reina en Frnn gobernable. Se dijo un dia en el Congreso Inglaterra, en los Eslados-l nidos y en gran Sie la verdadera comisión de las Cortes era parte del continente de América; y con mas ministerio; nos inclinamos á creer que es- o menos trabas ejerce inflojo poderoso arlaiirMitarias ' en los demás países díwide no ba podido eacion púa- 1 conquistar todavía semejante predominio, la é ilimita- ün Alemania, á pesar de estar aquel pais ba- jo un sistema de represión, es sin embargo te principio de las teorías p tiene aliora en España una apii tuai; siendo tanta v tan cumplida dl^eoofíanza de las Corles en su comi- sión, que solo e\ii:e, la presentación de los espedientes como una especie de ceremonia a prensa una venlndrra potencia; pues aparte la libertad con que «se discuten las de respeto. £1 problema pues del sistoBi9 I coestioiies lltorarías, cirílicas y religiosas» no deian de pesar nioebo en -la balanza po- Ittíca m opinión, las noticias, las dcclara- rinncs y basta las indicaciones de los perió- dicos.
Toélvase la vista en todas direcciones, y en todas partes se obsei v;itá el mismo he- cho. Una asocíju ion política está incomple- ta, mejor diremos (ie^dmiada, si no cuenta con un periódico que la defienda; un minis- terio siente tliuiiifar ol trrronn qiin. pisa, si no alcauza a leaer en su apoyo alguno:: óralgun tanto entra naiMros. Enp^rse en contrariarle abiertamente en{»leando nn sis- tema prnvMirinn y represión semejante al de épocas anteriores, sena esponersc á conflictos. CAO poca esperanza de obtener lunMí rt'siillado.
hiijfrese de lo dicho de que de lioy en adelante, sea cual fuere la doctrina que se profese, sistema qne se deKenda ó partido k (jue se pertenezca, es nere<:nrio resiL-n^'-'^r' á discutir en la prensa periódica. Esta nueva ganos de la i)rensa; la diplomacia no poede f arena de commte abierta por ha naciones- Kreparar y ejecutar acertadamente una com- ' « •> « ■ • • « linacion, si no po'^í'o tm periódico que, se- gún las oportunidades, dcclurc, indique, ceda, proteste, á manera de plenipotencia- rio sin credenciales públicas, pero de auto- ridad reconocida; jior la prensa insinúa un monarca sus voluniadcs; por la prensa se avisan los conspiradores; por la prensa se hacen los partid' s declaraciones de guer- ra, su seña de rompimiento de hostilidades, sns treguas, susreeoncillaeiones, sus alian- zas; por la prensa ataca la calumnia 6 increpa la justicia; por la prensa se vindica la inocencia ó desmiente sin rubor el cri- men desvergonzado; á la piensa acuden las doctrinas disolventes y las conservadoras, las venenosas v las saludables; la prensa se encarga de laesladíslica del vicio y de los anales de la virtud; la prensa proclama la irreligión y la religión; de la prensa salen modernas sehalla abierta también en España. Sf>lnf)odrá reducir, se la podrá sujetnrá de- terminadas condiciones, se podrá lijar porde- cirlo asi el género de armas. pero de an mo- do ó de otro será necesario aceptarla, entrar en ella y luchar. La doctrina y el sistema que cuenten con mejores adalides, tendrán so- bre sos rivales gran ventaja: y los triwiübs que en ella se airancen, ó las* derrotas qué se sufran, larde ó temprano producirán sos efectos en el drden social y político. A fas ensangrentadas lizas han sucedido las co~ lumnas de los periódicos. a las lanzas las plumas; autes era necesario batirse, ahora es indispensable escribir.
Hemos indicado que las vicisitudes futu- ras nodi ian muy bien limitar en gran mane- ra el uso de la prensa periódica, mayor- mente en asuntos políticos, y esto hi consi- tler -mos tantrt mas posible cuanto que est* lecciones desesperantes y palabras conso- jl prensa se halla en España muy distante dft ¡adoras; de la prensa brotan el amor y el odio, la paz y la guerra, la luz y las tinie- blas, la verdad y el error, el bien y el mal.
¿Se compensa el daño con el provecho? ¿Se equilibran el bien y el mal? ^iprepondera c>te, ó aquel? ¿cuál de los do>? Ño tratamos de investigarlo: solo nos proponemos ave- ri¿;uar el hecho del inmeusu poderío de la prensa periódica, para deducir algunas con- secuencias con respecín K'^paña. Sea cual luerc la suerte que en las fulunaberse convertido en uná vdttadeta nece- sidad para lo general de la nación. Se cscrilie mucho, es cierto; y tampoco rahe duda que ha crecido en gran mauera ia aticion k leer; {tero nada de esto se halla, ni eoB mnclio, tan arraii:ado como en otros paises, donde sin embarízo no disfruta la prensa mas libertad que en España. Así es que conceptuamos, no solo {Msihie sino también probable, que esta libertad sufra entre nos- otros nuevas restricciones; el ensayo de ns^ vicisitudes haya de caber á la prensa | González Brabo no será el último.
periódica de España, es lo cierto que ac tualmente disIVula de una libertad semejan- te a la de otros paises regidos por el siste- ma representativo; y que aim cuando los acontecimientos viniesen á ponerla muchas trabas, y hasta sujetarla a previa censu- ra, siempre quedarla con bastante latitud para ejercer poderosa inllucncia. Tales d espíritu de las sociedades modernas, y que Como quiera, con mas ó menos lil)ertad habrá periódicos, y estará por tanto abier- ta la liza á que se verán precisadas a des- cender todas las opiníonea.
La prensa periódica, que con este ó aquel titulo ha defendido la causa de ia re- volución, ha llenado cumplidamente la mi- sión de que estaba encargada: su obj^ era destruir, y ha destruido. Tero esa aruo ha dejado de introducirse y aclimatarse " ma tan poderosa no debía quedar esdustvamente en manos de la revolución; y al fren- te de la prensa revolucionariu ha comenza- do sus trabajos la prensa reparadora, laque sin desconocer el es|)irilu de la época sos- tiene los grandes principios tutelares de nuestra sociedad: la religión y la monar- 3iiia. Meneslcr es confesar que por efecto e diversas circunstancias no ha llegado to- davía al punto que conviene, y que es de esperar atendida lu fuerza y vigor que pue- de recibir de esa misma sociedad a la cual ha de dirigir su palabra. Cuando los escri- tores se encuentran solos, cuando notan que sus doctrinas no hallan apoyo ni simpatía, natural es que se desanimen; y no es estra- 110 que después de haberse esforzado in- útilmente durante algún tiempo, acaben |>or abandonar un campo infecundo; pero cuan- do las doctrinas están en armonía con las de la n«ncion, cuando el escritor esta seguro de que la palabra que encomienda al |>apel ha- rá vibrar dentro de poco millones de cora- j roñes, entonces la convicción propia, se- i gura de su elicacia sobre las demás, se es- ¡ presa con mas calor, y las njismas resisten- j cias (|ue pueden encontrarse al paso, sirven para aumentar su brio y energía. Kn este I casóse hallarán en España los sostenedores de los |)r¡ncipios monartjuicos y religiosos; mas para lograr plenamente su objeto es menester que no desconozcan su verdadera posición, y no se hagan ilusiones que po- drían ser dañosas á su causa.