SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Tocante á la vigilancia de la instrucc ión religiosa de la juventud en las escuelas (>u- blicas. tampoco comprendemos a quien pue- d;t porlenecer, sino a los puestos por el E>iMritii Santo para regir la Iglesia de Dius. Si se levantan dudas sobre la ortodoxia de la inslriHcion religiosa en las escuelas, ¿quien deberá resolverlas sino los ()bis¡)os? ¿Se querrá qiic este derecho corresponda;il Itansejo Real, «pie quizás contará en su se- no dos 6 tres obispos, y tal vez ninguno? Hablar de la posibilidad de que este o a(|uel obispo abuse de sus facultades, o se engañe en el juicio que forme sobre determinados puntos de enseñanza religiosa, es no decir Md:) I' ibilidad de abuso la hay en todas lü c > si algún obispo quisiese hacer pM«r como contrario á la l'é lo que en reiH lidad no lo es, este obispo no será todopo- deroso en Es})aña: el Episcopa<lo español Bo se dejaria arrastrar por uno de sus indi- viduos; y ademas conocidos son los trámi- tes que en estos casos tiene establecidos la Iglesia para dirimir las cuestiones. Si el go~ bierno quiere que la instrucción religiosa iña sea sinceramente católica, que en verdad, no en sola apariencia, no SÉ^toacthe i)<)r(pié ha de lemer la vigilancia de los obispos. ¿Querrá el gobierno por ventura introducirnos el sistema universitario de Francia? ¿Nuestros publicistas se han formado tal vez sus convicciones por la lec- tura del Conslitiicioml y del Diario de los ¡kbales'í Si asi fuere, Íes rogaríamos que examinasen mas á fondo la cuestión que en Francia so agita, (pie leyesen otros docu- ii< iiiu<, que consultasen a otros hombres; y S4* lo rogaríamos, no por es|)iritu de par- tido, sino en fuerza de una convicción pro- funda de los incalculables desastres que ha de producir á la España la introducción del sistema francés; se lo rogaríamos en nom- bre (le la religión, de la uíoral, de la paz y \t iitiii a de la nación española.

Arl. 3." «Se conservaran los monaste- rios y conventos existentes, y se restablece- rán en (ieinpo oportuno los que han sido su- Este articulo habrá sido sin duda uno de los que mas alarma han escitado: examine- moscón raima sus dos partes. La coBserva- ciuQ de los monasterios y conventos existentes, no alcanzamos en quu {mdiese contra- riar al gobierno, ni a ninguno de los intereses nuevamente creados, ni tampoco á las ideas liberales. En cuanto a los de mugeres, es regular (pie el g(d)ieriio no se propone su- primir ninguno de los que existen: un go- bierno que se apellida re|>arador, no ha de ser niiis destructor (pie la revolución. Lo que es;;i li.i i('>.pt't;uio, bien lo puede con- servar el actual gobierno. Tocante á los de hombres, do existen otros <|ue los de las misiones de ültnuiiar, los de \*V. Escola- ¡»ios. y \o» de San Juan de Dios: la conser-, vacion de ellos do puede ofrecer dilicultadi La segunda parte, en que se estipula el res- tablecimieoto en tteinpo oportuno de los que lian sido suprimidos, trae consigo una limi- tación que en nuestro concepto viene a re- ducirle a (jue se levante la prohibición de la existencia de comunid«idcs religiosas, y se conceda la libertad que reclaman de comua acuerdo la religión, la justicia, la tolerancia que distingue al espíritu del siglo, y que apoyan io.scp'uiplos de Francia, de Bélgica^ de Inglaterra, de los Estados-Unidos, y de casi todos los jMiises civilizados. En tiempo » oportuno...¿(jue siguica esta palabra? ¿Se cree por ventura (pie en Uoma se considera posible que llegue la oportunidad del resta-r blecimiento (le todos los c(invenios? ¿Esto (jue el tolo |tarcce indicar, habrá cabido en la mente de los que haD ürmado el conve* nio? Mucho lo dudamos: y asi, solo se ha- brá tratado de salvar el principio, condenan- do (le paso ia injusticia revoluci(maria de la supresión, y estipulando para lo sucesivo la libertad del establecimiento de institutos re- ligio.sos, enqileando la palabra oportunidad^ de suyo tun elástica, (lue no ponía en nin- gún compromiso al go()ieruo, que lo dejaba todo al tiempo, a las circunstancias.

Para juzgar con acierto de la mente del articulo, convendría tener á la vista algo mas que no extracto; seria preciso ver el ar- ticulo mismo, ('.limo quiera, la interpretación 3 lie le hemos dado no nos parece (ieslitiiida e fundamento; y sea de ello lo tpie fuere, lo cierto es qiie la iiinitaciuu (?» tiempo o^- tuno, equiviilia á dejar al gobierno español en una latitud tan grande, que jamás se le podía exigir nada a que no le fuera dable acudir con una palabra; la oportunidad. Vn gobierno tan amigo de oportunidades, no debía espauUirse Unto \m la oportunidad de los conventos.

Google étS9&Há devueltos á ia Ig:iesia y á los es- .liblecímientns (.■üi'imví.s df^pofados. Hasta ferntoserán adoumslradM por fuacionaries Sabido M que las Cortos acordaron, y la Kt'ina sancionó, la devolución al clero secu- lar de sus bienes nu vendidos: en esta parte fitea, se eaUpirtaba lo misai» q«e estaba consignado en una ley. Tampoco puede ha- ber inconveniente, ni hay lesión alguna de k» intereses creados, con la devolución de los bienes no Tendidos de las monjaf, M» tando ademas como estaba destinado su pro- ducto para la manutención de las mismas, lii düteattad que presenMaeltNIevIo ixmh siste en que se habla del dero en general, y por tanto se entienden también según pa- rece, loa bienes del clero regular. A este pfopóMior eonvíeM obanmr lo agoieBte: Se trata únicamente de lo no vendido; los compradores pues no podrán concebir | ningún tumor pur sus intereses, á." Como la dev^loek» é m eononidiéM no puede ht" cerse sin existir estas, y el restablecimiento depende de la oportunidad, y esta oportuni- ÚM es eíerto que no la hubiera admitido el 0lhienio, se previene qaa-AoiiilciilO;^ se- rán administrados los bienes por funciona- rios eclesiásticos, ^^ué quiere decir esto? Hé Mpi( o4no lo mMéninti iüeqpMdD hallándonos en el Itgár del ^bienb. «Lo que se quiere en Roma es que la venta no continúe, y que se salve lo que se pueda; batíanle ha destmido la vmrntMm; y ya que podemos contentar á Roma sin dañar a los intereses creados, hagámoslo; suspenda mos la venta de lus bienes del clero regular. Balda bienes quedaito «n manos de fnncio- narios eclesiásticos, y esto hará que el go- bierno se quite de un* embarazo, y que los productos no se dilapiden. El presupuesto del den aeeular, el de los exclaustrados, el de las monjas, del culto, dií los seminarios, de los establecimientos 4e beneticencia, otre- «en oíros mielios'abisaMS'ábierU»' por la revolución, y que el estado actoal de lá ha- cienda no permite llenar, ¿k qué se desti- naran estos productos recogidos por los fun- doftariae edosiásiieatt Cmo es one é aa^ tisfacer estas necesidades; ejecutando, pues, un acto de justicia, se hace una buena ope- ración económica. ¿Y cual será el destino Had da esos bíeMS? Recaérdese que el coiivaBio ao ei el coMocdalo, ambaaar no qnerrá que los bienes admiiústrados den en suspenso por largo tiemf>o. ofteeiea- do con la locertidumbre ua eebo á su ojyor fuñid fifí, no creerá llegado el caso del rev|;ih!<'( iniif'nlft de les conventos; v véase si no sera lacii tratar y resolver eó el c< Micoffdato^^BOlre' etilieAtino deiinitíTo de los bienes retenidos en administración por los lunoionarios eclesiásticos.»

Asi bubiéranos discorrido, dado €090 oe hallamos en la [losicíon del gobierno. y si hiilttrvfMitiK tcnid'i niisiu;is ideas que los ministros; el lector imporcial jugará si en OBPv ufluiH uculu poni W8 ravQTCOOO fxvBoao, ni degradación para la Espaitt nidesveala- jas para la luicirii.l;) publica.

Art. 5." u Ll gobierno espaAol seAsfaia los' CsndoS' saficienfes parala eewoiMiaB culto y innnttMiiii I 1 t < leí clero. » Art. 6." « Estos fondos con ios bienes no vendidos, ícHtnarán la dotación de la iglesia ▼■poadfén d sao immIvos ea asMda^e ^fír Para demostrar la conveniencia y jareta de estos dos arUculc», sok» haremos' dífe pre- guniaa. 4/ Bl niaateaimieBle del caho y clero ¿es una obligación, es una justísima indemnización del despojo, es una necendad religiosa, social y politM#'Si^ t.* H dar»; si ba de percibir sos asignaciones del tesoro, ¿cobrará lo (¡nc Ir señale? No. Ambas cosas son evidentes: uo cabe cue^^ion sobre ellas, si se qufert^iaMaFdalanMife» Iffa^a hizo nrudentísimamente la Santa Sede, eii- irictulo para el culto y clero una subsisten- cia independiente; pues tales son las cir- caastaaeías do Espafta, tal el estado de ta hacienda, que si no hay esta independencia, no habrá ni decoro, ni nada. Este es un he- cho palpable: la razón y la esperiencia es- tan de acuerdo en presentarle de bulto Art. 7." > La iglesia tendrá derecbo do adquirir y poseer propiedad*». » ¿ Y por qu^ nOfT ¿No hl^^l " propicaad el gobierno c^n la devohicioM^lla los bienes no vendidos? Ooien capar de Soseer, ¿por que no sera capaz de adquuirií Isle dereabo ¿noeslÉiMrOMNM»^^^ cido y asegurado en lodos nue^^lros códigos? ¿TiMue acaso el gobierno que la iglesia vuel- va a su rupie/.a anticua? ¿Nada vale en so concepto la difi ¿iHaaa vate en so aWaat rflo'sallB de ser pocas, ^ muy insuflcieoles para lle- nar el vacío dejado por los despojos revolu- cionarios? ¿Puede sostenerse de buena fé, <]ue los efectos de lu aniurli¿aciou sean te- mibles en el estado actual de Eitpaúa, y aten- dido el espíritu de la época? Ademas, las adquisiciones que en adelante hiciese la i.;;!e- | sia. ¿no aliviarian al Cslado de una car^a, liaciendo que pudiestm destinarse á olro objeto los l'ondos ({ue el tesoro tuviese que aprontar para la manutención eclesiástica.

Arl. 8.' «No podra el gobierno español unir ni suprimir bencücios eclesiásticos sia el permiso del p)biernú de la Santa Sede.»

A quien no conozca las disposiciones de Itts sagrados cánones y la distinción de las dos potestades, le causará novedad el ver que para ciertos actos necesita el gobierno espafiol permiso de la Santa Sed¿; pero <|uien no ignore los rudimentos del derecho canó- nico, salte que la uni<»n y supresión de be- neficios iM Íi'siasticos pertenece á la autorr- (i.ul i cli.M,i>iit a; que la potestad civil por si sola nada puede en esta clase de materias, y que por tanto mas bien se podria decir que en el art. 8." se recuerda un derecho indis- l>utable, que no que se estipula la adquisi- sion de él.

Art. 9.° « Los bienes de la iglesia serán considerados como inviolables.»

Inviolable es, según la Constitución, la propiedad de todo ciudadano; ¿ por qué no lo será la propiedad de la iglesia? ¿Por qué uo se podra insertar en un convenio un ar- ticulo en que se consigna un derecho que el gobierno mismo ha reconocido al llamar a la espropiacion eclesiástica escandaloso despojo.

Art. 10. u Tan luego como el gobierno: eflflañol hava dotado sulicientemente á la iglesia y al clero, S. S. espedirá una bula declarando ({ue los propietarios de los bie- nes eclesiásticos que los hayan comprado antes del l.° de enero de 1845, no serán molestados en su (tosesion ni por S. S. ni (>or sus sucesores. » ¿Qué hay de eslraño, de indecoroso para el gobierno en este articulo? S. S., atendi- das las circunstancias, y por amor de la p<iz, hacia el sacriücio, (|ue sacrilicio es sin duda, de ^aegurar á los nuevos poseedores, que uq serían jamás inquietados; pero en cambio era natural ({ue la iglesia recibiese alguna indenmizacion por lo perdido; era natural que el Sumo PoutiHc^í no olvídase la miseria en (juc yacen el culto j el clero, y pro- curase (|ue se ios sacara de semejante est<ido. Kn este supuesto toda la dilicultad estaba en si la Santa Sede habia de liarse de.simples promesas, anticipándose á esi>edir la bida antes que estas promesas se hubiesen cum- plido. Nosotros crrenuis (pie no; creemos que S. S. lia piíhcdulo con mucho lino; y estamos convencidos de que una conducta direrente hubiera podido^ acarrear á la igle- ■ sia española gravísimos males. El gobierno habría hecho las promesas mas lisonjeras; el gobierno habría tratado de inspirar la& mas gratas esperanzas; pero nada se hubie- ra realizado, y las cosas habrían seguido poco nuis ó menos en el mismo estado de ahora. £1 Pa|)a entonces lo hubiera cedido todo, y la iglesia no hubiera recibido nada. ¿Tiene el gobierno voluntad y |H)der para asegurar al clero una subsistencia decorosa é independíenle? ¿Si, ó no? En el primer caso, ¿(jue inconveniente hay en realizarlo desde luego? En el.segundo, ¿á qué decla- mar contra la exigencia?

Los artículos 1 1 v 1 2 no ofrecen dificultad particular, relíriénuose el 1 1 al envío de un nuncio á Madrid, y el 12 al cange de las ra- tillcacíones. Asi terminaremos este artículo con un recuerdo de la conducta seguida por el PüMSAUiüMo pb la Nación en la cues- tión presente. Cuando las noticia^ comuni- cadas por el gobierno inducían á creer (|ue las negociaciones con la Síml^i Sede se acer- caban a un desenlace, si ya uo habían llega- do á él, dijimos terminantemente que si en efecto S. S. habia cedido, nosotros nos some- tíamos sin reserva, dando la causa por Talla- da. Añadíamos, empero, que en Roma se : sabe negociar; indicábamos que antes de juz- gar el asunto, era conveniente salier qué coiicesioncs e.xigía la Santa Sede en comi)en- sacion del sacrilicio á que se prestaba; y (lor lin dijimos, que descansábamos tranquilos en la sabiduría, prudencia y asistencia su- perior del vicario de Jesucristo. No tenemos motivos para arrepentimos de esta conducta, antes, si, nos felicilamos por ella; los suce- sos han venido á demostrar que nuestras palabras no eran imprudentes. Con la com- pleta sumisión, dábamos á nuestros adver- sarios una pruel>a de que la supremacía cs- >irilual del Sumo Pontilice no era para nos- otros una palabra vana; y al esperar qjic la Santa Sede habría conducido este negocio en un sentido de conciliación combinado con — Rftt - la debida flrincza, noeslra esperanza estaba confurnie con los hechos que lue(;o se han manifestado. Deciiunos, <jut' pudiéndose tra- tar de una manera razonable, era llegado el tiemjK) de tratar; y en efecto en Roma se trataba; el gobierno español exageraba sus ventajas, pero en el fondo babia una verdad, y era que las ncfíociaciones estaban entábla- las, y (|ue las condiciones preliminares para un concordato, las del convenio, estaban para lirmarse, como en efecto se tirmaron; liorna cedia, en esto decia verdad el ^^obier- no; Koma se prestaba á lran({uilizar á los compradores; cediendo Roma debían ceder todos los católicos. Ksios tenian razonen de- sear que Roma e\if;iesc algo en cumpeusa- cion; nosotros deciamos que asi era de es|M.»rar; y en efecto Roma ha exiftido: el gobierno lo callaba; los hechos lo han de- mostrado.

Estos sucesos sod una lección para el por- venir: conviene no alarmarse con noticias prematuras d iucom|>letas; conviene no |)er- der la calma en los momentos críticos. En- tonces es cuando sirven los principios ver- daderamente tírandes; entonces es cuando sedebeu manifestar en todo su grandor. So- mos católicos; la sumisión, pues, ante todo. ¿Se nos insulta? ¿Oiié importa ¿Se nos abru- ma con imprudente alfíazara? Sea asi en buen hora. Dejad que pasen algunos dias; y la alga- zara se convierte en grílos de despecho, y los insultos caen sobre los misnios que los prodi- garan. Asi ha sucediilo en los uegocms de Roma. Por nuestra jrarle habliimos de ellos Korque las circunstancias nos j)recisan a ha- lar; por lo demás bien se ha [wdido obser- var en este tiempo, que ni hemos insultado la derrota de nuestros adversarios, ni siquie- ra les hemos dirigidoningiina recriminación, liemos creido (pie á nosotros nos bastaba el silencio, á ellos el recuerdo de su conducta.

LA I^IEVA OPOSICION.

La oposición al ministerio levantada en el seno mismo del partido conservaílor. es un hecho suraanuMile grave, y que ¡>robahle- menle acabara imít producir* resultados gra- ves también. Habiendo comenzado por un I solo pMiMiw, el Tiempo, se ha fortalecido con la unión de casi todos los demás, con- tándose entre ello^ los (|uc mas importancia tienen, por la estensioii de sus columna-; la antigüedad de su fundación y lo di i su lectura. En casos semejantes nm » u- ficil, ya veces imposible, el.mh.iíh causas de que ha dimauado esta <>.i<¡^ mudanza, entre e-t i- <.lusas puede balierlas graves y puramente puiiiicas, puede Uahar- las pe(pjer>as y de diferentes <>s|>ecieti; fKO el resultado viene a ser el mismo: liyáiíii de la situación está contra el aüaialefio^ la situación: los adversarios antiguot^^ son cada dia mas; los que ayer sosteaiiii con calor la política ministerial, boy lacoah baten. Este es el hecho; esto es lo que im- porta consignar y apreciar.

No conviene exagerar la gravedad de este suceso; pero tampoco se la debe disminuir, la o|>osicion de la prensa no es un inéieio seguro de la ofiosicion del partido a qiien pretende representar; pero siempre es aai señal de <|ue la oposición existe mayor de k) que antes era, y un anuncio de que iráto- mandii creces con el tiempo. Aun cuando no hubiese mas cutusa |iara ello que la VM" ma oposición de los jieriodicos, aun cnmk no contuvieran una espresion, sino unacs- citacion, bastarían ellos solos para prodaeir el efecto. Los que en estos casos quiareo hacerse ilusiones, dicen que un periódico no representa mas que mi redacción, y a ve- ces su dirección, y por tanto unas pocas personas, y quizás una sota; asi es fácil ha- cer salir el calculo, encontrando (pi ximumcon que se ha reforzado la op' ministerio equivale a duie o (juiufv,. - ñas. Repetimos que estas son ilusiones; 1^ iniluencia de los periódicos no es tanta coni ' algunos han (pierido suponer; pero no deja de ser mucha. Son en no escaso número los lectores que no tienen ó la instrucción, éel talento, o el juicio, o el tiempo, ó la paciea- cia que son menester para examinar kM i asuntos como.son eu si, y que por conii* guientc juzgan de muchos de ellos por lo que leen en su periódico ordinario. De manera (|ue todo cambio en la prensa de nrv partido, á la vuelta de algunos me^ a inodilicar, si no á mudar totalmcute. la opinión de un gran número de lectores. Es- to, que mas o menos se espenmenta en io- dos los paises del mundo, se veritica Dia« cumplidamente en España, donde la p^MP.

4 4 no es b<istnnlc Bnliirua pnrn hnher embotado r público ó loda costa, y sus propios inlere ia susccplibilidail (Ip los lí'clores, y donde lo < rili« o de las circunstancias. la Incha de los inlorcses y el ardor de las p.ísiones poHtiras, ]>reparan do una manera [>articnlar el anirno del lector, para recibir las inipresiones qne el perindico se. proponua comunicarle.

liemos liccbo la suposición mas favorable al niini>U>no, á saber: el qne la oposición de los j)eriodiros de su partido no fuese la rsprosion de una op<isicion existente. y si onicanuMiU' la cscilacioii a ella; aun en este < a.'-d la of)usicioi) seria una calamidad para el mnusicrio, no \wr loíjue en si fuera, Fi- no }X)r los resultados f|ue babria de produ- cir. I'ero esta suposición tan favorable, es inadinisililc. ota en contradicción con be- chos públicos muy ant<'riores al último rom- pimiento de hostilidades. La oposición ac- tual no es mas (jue el desarrollo de los pér- inenes de disolución y de muerte encerra- 4m en el seno do, la situación: alirunos de ello- tnron ya desde un principio, otríK? lian. liado el concurso de las circuns- tMKÍas; aquellos se presentaban en la su- peHicie 11 I -.¡ir de la inclemencia de una atmost» la liia y secante; estos han [x'rnía- necido adormecidos en las entrañas de la tierra. hasta que un sol mas vigoroso V un Mbieote mas propicio lian venido á fecun- darlos. Para comprender lo que e:>tá suc^- I diendo, señalar sus causas y conjeturar sus! «feetos, será bueno analizar la situación ac- toal en su ori^íen y en sus vicisitudes.

La situación ha tenido un solo principio elird y lijo, nmi h principios oscuros é in- ciertos: lodo lo bueno que ha hecho, ha re- sultado de la claridad y lije/n del prinu'ro: los males que ha acarrea<lo han procedido de la oscuridad é incertidumbre de los se- gundos; de aípiellos lafuerza.de rsi |;j de- bilidad; de a<|uell()s la duracitm, de estos los peligros innunentes. Nos esplicaremos. Kl pnoeipio claro y lijo ha sido el restablcci- minlo V 1 1 ciiiivi; \ icinn del Orden material; Im oscuros e mu l ius han sido todos los revolución contra Ki^artero. en lo que tenia de nacional, no se parecía en na- da á niniíuna de las anteriores; era un le- vantamiento para acabar con la anar((uía. Los que lieretlaron la revolución de junio de I84;í Meroii su inten»s identificado con el voto nacional: este voto les prescribía el restablecimiento v la conservación del órden ses les exigian lo mismo. Acometieron con resolución esta empresa, y la llevaron á ca- bo; no por sus talentos, no |)or su prestigio, no por sola sn energía, no por sus fuer/as, sino porque se hallaron íimiemenle apoya- dos por hombres de todos los partidos, por la inmensa mayoría de la nación. Asi fueron vencidos los centralistas, asi las insurrec- ciones de Alicante y Cartagena, asi la de Hecho y Ansó, asi la de '/urbano, asi se han desconcertado todas las tentativas contra el orden público. En esto el gobierno no ha contado mas enemigos qne los interesados en el trastorno; ningún otro partido le ha minado. ninguno le ha puesto olistaculos: tratábase del órden ó del triunfo de la rft»^' volncion, y en esta alternativa se optaba or el orden, fuera cual fuese la opinión so- re la pobtica del ministerio. Kn este punto no había división; no había dos bandos en el partido dominante; no ha1)ía fracción di- misionaria: no había moderados ni monár- íjuicos; no habia mas que hombres que con^ templaban con horror las catástrofes de una nueva revolución: el gobierno ha podi- do llamar á todas las puertas seguro de en- contrar en todas partes numerosos sostcne-^ dores.

Este es un hecho sobre el cual no cabe dispula. Los que habían atribuido á los car- listas una alianza con la revolución, han po- dido desengafiírse; en tantas insurrecciones revolucionarias como han estallado, en tan- tas conspiraciones como se han descubierto, no se ha encontrado ni un solo crtrlísta; y en la actualidad, mientras el gobierno está desbaratando en varios puntos nuevas y di- latadas tramas, la Reina Doña Isabel II via^ ja de noche, sin un soldatio de escolla por entre arpiellas montañas y derrumbaderos, que durante siete años resonaron con el gri- to de viva Carlos V. No cabe prueba mas concluyente de que no ha habido ni hay tal alian/.a; no cabe protesta mas terminante contra calumnia tan repetida; no cabe ra/oii n>as decisiva en favor de lo que estábamos^ diciendo. que en punto á la conservación del órden el gobierno ha encontrado apoyo sincero, linne en los hombres de todos los partidos. I^** La conservación del órden público es oíi deber, una necesidad para todo gobierno; sin esta condición nada es |)osible; la snñ^ dad es un caos. Pero es un error muy gra- 68 ve ftl creer i\m en habiendo campiido este 40ÍMNÍir44^-0^'*'''"'* <-lllii|)li(lii lodos SOS (lf'1,1- Mif <•(( lialiuMido s,iii>rc(:Uo esta ue- c«tMiiad, ba saUtleclioi^as las ucccsidades. Á vil gobierno le íbcobm» alf<o mas que su- jetar revoltosos; esta es una de sus atribu- ciones, mas no la única; y de tal clase, que por SI sola no puedo llenarse bieu. üí ^«t- (¿emo que solo pensase en sofocaNnsumn - clones y desbiinitar conspiraciones, no sena oías que un brazo que lucha y un ojo que acecha; el gobierno ha de $cr algo mas que un soldado, y un comisario de policía.

El ministerio actual lia sofocado las insur- recciones, ha desbaratado las üODM)iracio^ nes; pero no lia «do tai félít ea oaoer lo qne lefallabii para gobernar. Aqui es donde sus principios han sido oscuros é inciertos, Stt.coüducta vaciiaate, sus obras d nulas o irtonmiT: aquí «tdoode ha ido pentíendo sus antiguos amigos, donde no ha sabido bienquisi u se nmgun adversario, donde ha visloesleuderse j robustecerse de dta eu dia, y en difereiMB aenUdoe, la oposición que Je abruma. Con un pie en el terreno de la re- volución, y ulro en el de la re|>aracion; ora halagaudo n esta, ora a aquella, ha ido des- coaleBtMidéáloB hombvwde anbai > aoir bando como los que quieren estar bien con todos, que al fin se indispone con todos.

¿Cuál ha sidosu sistema en política? ¿Con- deno abiertamente la obra de la revolución de la Granja? ¿La aprobó? No lo sabemos: tal vez hizo lo uno y lo otro. La condenó en los preánbttlos de sus proyectos, en sve dis- cursos, en la ponderación de la urgencia pa- ra quitarla de comedio, en las duras cali- licacioDe.s ({ue se permitieron el y sus amigos. La aprobó porque no pernilió que se la des- truyese, i)orque solo consintió que se la reformase, porque la tomo romn punto de partida, como base para la reiorma, como oondieioBde legjtiinidad de los poderes ooBs- Iptayentcs, como norma á que debian ate- nerse asi el niDuarca como las Curtes.

Para hacer las i-eíormas necesarias ¿ asen- tó el JirillOÍpM»> deque atendido lo crítico de las circunstancias, bastase por si solo el po- der del monarca? Si y no. ¿>i, como lo |)rue- ba el haberse c4Miformado á este principio en el arreglo de un ramo tan importante como el de la imprenta; no, romo la maniliesta l;i oposición (|ue según se diio, üiciera meses atfls á proyectos bcmcjantlIU-i iiiHWWi Hi^i^il ijawiaio de la sol» as* medio mas espediis y wm oonvc la discusión? Sí y no. Si, pues él le ha em- pleado uur enteiv «n itea8iial0.^vi ea UHcaos oliM ht nos en acuerdo con la mmtmá$ dicha con> veniencia, -Mlaiuio la discasioacoo el sis- lema de laa uutui ilaciones; no,, pues que ha empleado oeliaiesse<iÉaelet,ae|Hdtadoi lasi'ortes, y disi nüendo sin ccxar.

¿^>ué piensa s(d)re la (lonsdlunuii de i MIS? ¿ La considera como uu medio de gobierne ó como ua okstásalo? Atabas cosas. Coím un medio, ya (jue tanto la ensal/.ó antes de aprobarse; ya uue tanto la nombra, y de tal modo la defienda despasa de haber él «m<» mo aconsejado y oblaiida-saflaneíoB. Cmü un obstáculo, pues que la quebranta ni dia siguiente de lapubltcacion^ prendiendo, a dos periodislas, y rafciiado n toRisIsciwi imprenta. Como un obstáculo repetimos, pues que no la plantea fino a medias, refor- mando el Senado sin atreverse a disolver el Ceagreso..¿^..4^^..»^ Mtmm ikmt'^j^