CANTICO ESPIRITUAL 4. De manera que en conjura, los leones, pone rienda a los ímpetus y excesos de la ira; y en conjurar los ciervos, fortalece la concupiscencia en las cobardías y pusilanimidades que antes la encogían; y en conjurar los gamos saltadores, la sa- tisface y apacigua los deseos y apetitos que antes andaban inquietos, saltando como gamos de uno en otro, por satisfacer a la concupiscencia, la cual está ya satisfecha por las amenas liras, de cuya suavidad goza, y por el canto de sirenas, en cuyo deleite se apacienta. Y es de notar, que no conjura el Esposo aquí a la ira y concupiscencia, porque estas potencias nunca en el alma faltan, sino a los molestos y desordenados actos de ellas significados por los leones, ciervos y gamos saltadores, porque éstos en este estado es necesario que falten.
Montes, valles y riberas.
5. Por estos tres nombres se denotan los actos viciosos y desordenados de las tres potencias del alma, que son me- moria, entendimiento y voluntad, los cuales actos son desorde- nados y viciosos cuando son en extremo altos y cuando son en extremo bajos y remisos, o aunque no lo sean en extremo, cuando declinan hacia alguno de los dos extremos; y así por los montes, que son muy altos, son significados los actos ex- tremados en demasía desordenada. Por los valles, que son muy bajos, se significan los actos de estas tres potencias, extrema- dos en menos de lo que conviene. Y por las riberas, que ni son muy altas ni muy bajas, sino que por no ser llanas participan algo del un extremo y del otro, son significados los actos de las potencias cuando exceden o faltan en algo del medio y llano de lo justo; los cuales, aunque no son extremadamente desor- denados, que sería llegando a pecado mortal, todavía lo son en parte, ahora en venial, ahora en imperfección, por mínima que sea, en el entendimiento, memoria y voluntad. A todos estos actos excesivos de lo justo conjura también que cesen por las amenas liras y canto dicho; las cuales tienen puestas a las tres potencias del alma tan en su punto de efecto, que están tan empleadas en la justa operación que las pertenece, que no CANCIONES XXIX Y XXX 141 sólo no en extremo, pero ni en parte de él participan alguna cosa. Síguense los demás versos.
Aguas, aires, ardores, Y miedos de las noches veladores.
6. También por estas cuatro cosas entiende las afecciones de las cuatro pasiones, que, como dijimos, son dolor, esperan- za, gozo y temor. Por las aguas se entienden las afecciones del dolor que afligen al ánima; porque así como agua se entran en el alma, de donde David dice a Dios, hablando de ellas: Salvum me fac Deus, quoniam intraverunt aquae usque ad ani- mam meam (1). Esto es: Sálvame, Dios mío, porque han en- trado las aguas hasta mi alma. Por los aires se entienden las afecciones de la esperanza, porque así como aire vuelan a de- sear lo ausente que se espera. De donde también dice Da- vid: Os meum aperui, et attraxi spiritum, quia mandato tua desiderabam (2). Como si dijera: Abrí la boca de mi espe- ranza y atraje el aire de mi deseo, porque esperaba y deseaba tus mandamientos. Por los ardores se entienden las afecciones de la pasión del gozo, las cuales inflaman el corazón a ma- nera de fuego; por lo cual el mismo David dice: Concalnit cor fneum intra me, et in meditatione mea exardescet ignis (3). Que quiere decir: Dentro de mí se calentó mi corazón, y en mi meditación se encenderá fuego; que es tanto como decir: en mi meditación se encenderá el gozo. Por los miedos de las no- ches veladores se entienden las afecciones de la otra pasión, que es el temor, las cuales en los espirituales que aun no han llegado a este estado del matrimonio espiritual, de que vamos hablan- do, suelen ser muy grandes; a veces de parte de Dios, al tiem- po que les quiere hacer algunas mercedes, como habernos di- cho arriba, que les suele hacer temor al espíritu y pavor, y también encogimiento a la carne y sentidos, por no tener ellos fortalecido y perfeccionado el natural y habituado a aquellas 1 Ps. LXVIII, 1.
2 Ps. CXVIII, 131.
3 Ps. XXXVIII, 4.
142 CANTICO ESPIRITU* L mercedes de Dios; a veces también de perte del demonio, el cusí al tiempo que Dios da al alma recogimiento y suavidad en sí, teniendo él grande envidia y pesar de aquel bien y paz del alma, procura poner horror y temor en el espíritu por impedirla aquel bien, y a veces como amenazándola allá en el espíritu; y cuando ve que no puede llegar a lo interior del alma, por es- tar ella muy recogida y unida con Dios, a lo menos por de fuera en la parte sensitiva pone distracción o variedad y aprie- tos ( 1 ) y dolores y horror al sentido, a ver si por este medio puede inquietar a la Esposa de su tálamo; a los cuales llama miedos de las noches por ser de los demonios, y porque con ellos el demonio procura difundir tinieblas en el alma por oscurecer la divina luz de que goza. Y llama veladores a estos temores, porque de suyo hacen velar y recordar al alma de su suave sueño interior, y también porque los demonios que los causan (2) están siempre velando por ponerlos. Estos temores casi (3) pasivamente de parte de Dios, o del demonio, como he dicho, se ingieren en el espíritu de los que son ya espirituales; y no trato aquí de otros temores temporales, o naturales, porque tener los tales temores no es de gente espiritual, mas tener los espirituales temores ya dichos, es propiedad de espirituales.
7. Pues a todas estas cuatro maneras de afecciones de las cuatro pasiones del ánima conjura también el Amado, hacién- dolas cesar y sosegar, por cuanto él da ya a la Esposa caudal en este estado y fuerza y satisfacción en las amenas liras de su suavidad y canto de sirenas de su deleite, para que no sólo no reinen en ella, pero ni en algún tanto la puedan dar sinsabor. Porque es la grandeza y estabilidad (4) del alma tan grande en este estado, que si antes le llegaban al alma las aguas del do* lor de cualquiera cosa y aun de los pecados suyos o ajenos, que es lo que más suelen sentir los espirituales, ya, aunque los 1 Lch.: apetitos por aprietos.
2 Bj.: que los acusan.
3 Md.: casi. En Barrameda y demás Códices falta esta palabra, que sólo se lee en Md.
4 Br: esta utilidad, en vez de estabilidad.
CANCIONES XXIX Y XXX 143 estima, no le hacen dolor ni sentimiento (1); y la compasión esto es, el sentimiento (2) de ella no le tiene, aunque tiene las obras y perfección de ella; porque aquí le falta al alma lo que tenía de flaco en las virtudes y le queda lo fuerte, constante y perfecto de ellas; porque a modo de los ángeles que perfec- tamente estiman las cosas que son de dolor sin sentir dolor, y ejercitan las obras de misericordia y compasión sin sentir com- pasión, le acaece al alma en esta trasformación de amor; aun- que algunas veces y en algunas cosas dispensa Dios con ella» dándoselo a sentir y dejándola padecer porque merezca más, como hizo con la Madre Virgen; pero el estado de suyo no lo lleva, y con San Pablo (3).
8. En los deseos de la esperanza tampoco pena, porque es- tando ya satisfecha, en cuanto en esta vida puede, en la unión de Dios, ni acerca del mundo tiene qué esperar, ni acerca de lo es- piritual qué desear, pues se ve y siente llena de las riquezas de Dios (4), y así en el vivir y en el morir está conforme, ajustada a la voluntad de Dios. Y así el deseo que tiene de ver a Dios es sin pena (5). También las afecciones del gozo, que en el alma solían hacer sentimiento de más o menos, ni en ellas echa de ver mengua, ni le hace novedad abundancia; porque es tanta de la que ella ordinariamente goza, que a manera del mar, ni mengua por los ríos que de ella salen, ni crece por los que en ella entran; por- que ésta es el alma en que está hecha la fuente, cuya agua dice Cristo por San Juan que salta hasta la vida eterna (6). Final- mente, ni los miedos de las noches veladores, llegan a elfo, estando ya tan clara y tan fuerte y tan de asiento en Dios re- posando, que ni la pueden oscurecer con sus tinieblas, ni ate- morizar con sus terrores (7), ni recordar con sus ímpetus; y 1 Md.; ni sentimiento congojoso.
2 Md. añade: Esto es, la congoja del sentimiento.
3 Y con San Pablo. Adición del Santo, que no trasladan los Mss., Br. y Md.
4 Md. añade: aunque puede crecer en caridad.
5 Y así el deseo, etc., es adición del Santo, que no copian los demás Mss., ni Br. ni Md.
6 Joan., IV, 11 7 Bj.: con sus ímpetus. Lch.: con sus temores.
144 CANTiCO ESPIRÍTÜAIasí, ninguna cosa la puede ya llegar ni molestar, habiéndose ya ella entrado, como habernos dicho, de todas ellas en el ameno huerto deseado, donde toda paz goza, de toda suavidad gusta, y en todo deleite se deleita, según sufre la condición y estado de esta vida; porque de esta tal alma se entiende aquello que dice el Sabio en los Proverbios diciendo: Secura mens quasi juge convivium (1). Esto es: El alma segura y pacífica es como un convite continuo; porque así como en un convite hay de todos manjares sabrosos al paladar y de todas músicas suaves al oído, asi el alma en este continuo convite que ya tiene en el pecho de su Amado, de todo deleite goza y de toda suavidad gusta.
9. Y no le parezca al que esto leyere que en lo dicho nos alargamos en palabras, porque de verdad si se hubiese de ex- plicar lo que pasa por el alma que a este dichoso estado llega, todas palabras y tiempo faltaría, y se quedaría lo más por de- clarar; porque si el alma atina a dar en la paz de Dios, que sobrepuja todo sentido, quedará todo sentido corto y mudo para haberla de declarar. Sigúese el verso Por las amenas liras, Y canto de serenas os conjuro.
10. Ya dijimos que las amenas liras significan la sua- vidad del alma en este estado, porque asi como la música de las liras llena el ánimo de suavidad y recreación, de manera que tiene el ánimo tan embebecido y suspenso que le tiene aje- nado de penas y sinsabores, así esta suavidad tiene al alma tan en sí, que ninguna pena la llega. Y por eso conjura a todas lasi molestias (2) de las potencias y pasiones que cesen por la suavidad. Y también el canto de sirenas, como también queda dicho, significa el deleite ordinario que el alma posee (3), por el cual también está desnuda de todos los contrarios y operaciol 2 3 Prov. XV. 15.
Bj.: a todas las bestias.
Al margen pone el Santo esta nota: La propiedad del canto de serenas.
CANCIONES XXIX Y XXX 145 nes molestas (1) dichas (2), las cuales son entendidas en el verso que luego dice, es a saber: Que cesen vuestras iras.
11. Llamando iras a todas las operaciones y afecciones des- ordenadas que habernos dicho, porque así como la ira es cierto ímpetu que sale del límite de la razón cuando obra viciosamente, así todas las afecciones y operaciones ya dichas exceden del límite de la paz y tranquilidad del alma si reinan en ella, y por eso dice: Y no toquéis al muro.
12. Por el muro se entiende el vallado de paz y virtu- des y perfecciones que ya tiene el alma donde está ya ampar rada, que es el muro y defensa del huerto de su Amado; por lo cual la llama él en los Cantares: Hortus conclusus sóror mea (3). Que quiere decir: Mi hermana es un huerto cercado, por tanto, no le toquéis a este muro.
Porque la Esposa duerma más seguro.
13. Es a saber, porque más a sabor se deleite de la quie- tud y suavidad de que goza en el huerto donde se ha entrado, el cuello reclinado, sobre los dulces brazos del Amado, y así no hay para el alma ya puerta cerrada (4).
CANCION XXXI ¡Oh, ninfas de Judea, En tanto que en las flores y rosales El ámbar perfumea (5), 1 V. Vd., G, Br., Gr. y Lch.: molestias.
2 Decía Barrameda: y operaciones, molestias, los cuales. La enmienda es del Santo, que no tienen en cuenta ediciones ni manuscritos.
3 IV. 12.
4 Y asi no hay para el alma ya puerta cerrada. Adición marginal del Santo, que no se lee en los Mss., ni en Br. ni Md.
5 Lch.: El ámbar refumea.
10 146 CANTICO ESPIRITUAL Mora en los arrabales, Y no queráis tocar nuestros umbrales.
DECLARACION 1. En esta canción la Esposa es la que habla, la cual vién- dose puesta según la porción superior espiritual en tan ricos y aventajados dones y deleites de parte de su Amado, deseando conservarse en la seguridad y continua posesión de ellos, en la cual el Esposo la ha puesto en las dos canciones precedentes, viendo que de parte de la porción inferior, que es la sensualidad, se le podría impedir y que de hecho impide (1), y perturbar tanto bien, pide a las operaciones y movimientos de esta porción inferior que se sosieguen en las potencias y sentidos de ella y no pasen los límites de su región, la sensual, a molestar y a inquietar la porción superior y espiritual del ánima, porque no la impida aun por algún mínimo movimiento el bien y suavidad de que goza; porque los movimientos de la parte sensitiva y sus potencias, si obran cuando el espíritu goza, tanto más le molestan e inquietan, cuanto ellos tienen de más obra y viveza. Dice, pues, así: ¡Oh, ninfas de Judea.
2. Judea llama a la parte inferior del ánima, que es la sensitiva. Y llámala Judea, porque es flaca y carnal y de suyo ciega como lo es la gente judaica. Y llama ninfas a to- das las imaginaciones, fantasías y movimientos y afecciones de esta porción inferior. A todas éstas llama ninfas, porque así como las ninfas con su afición y gracia atraen para sí a los amantes, así estas operaciones y movimientos de la sensualidad sabrosamente procuran atraer a sí la voluntad de la parte ra- zonal, sacándola de lo interior a que quiera lo exterior que ellas quieren y apetecen, moviendo también al entendimiento y atra- yéndole a que se case y junte con ellas en su bajo modo sensual, 1 Y que de hecho impide. Adición interlineal del Santo. No la copian las edicio- nes ni los códices.
CANCION XXXI 147 procurando conformar a la parte razonal y aunarla con la se- sual. Vosotras, pues, dice, operaciones y movimientos sensuales: En tanto que en las flores y rosales, El ámbar perfumea (1).
3. Las flores son las virtudes del alma, como arriba di- jimos; los rosales son las tres potencias del alma: entendimiento, memoria y voluntad, que llevan rosas y flores de conceptos di- vinos y actos de amor y de virtudes. El ámbar es el divino espíritu que mora en el alma; y perfumear este divino ámbar en las flores y rosales es comunicarse y derramarse suavísima- mente en las potencias y virtudes del alma, dando en ellas al alma perfume de divina suavidad. En tanto, pues, que este di- vino espíritu está dando suavidad espiritual a mi alma, Morá en los arrabales.
4. En los arrabales de Judea, que decimos ser la parte sensitiva del alma; y los arrabales de ella son los sentidos sensitivos interiores, como son la fantasía, la imaginativa, me- moria, en los cuales se colocan y recogen las fantasías e imagi- naciones y formas de las cosas. Y éstas son las que aquí llama ninfas, las cuales entran a estos arrabales de los sentidos in- teriores por las puertas de los sentidos exteriores, que son oir, ver, oler, gustar, tocar; de manera, que todas las potencias y sentidos de esta parte sensitiva los podemos llamar arrabales, que son los barrios que están fuera de la ciudad. Porque lo que se llama ciudad en el alma, es allá lo de más adentro, que es la parte razonal, que es la que tiene capacidad para comu- nicar con Dios, cuyas operaciones son contrarias a las de la sen- sualidad. Pero porque hay natural comunicación de la gente que mora en estos arrabales de la parte sensitiva, la cual gente es las ninfas que decimos, de tal manera que lo que se obra en esta parte ordinariamente se siente en la otra más interior, que es la razonal, y por consiguiente la hace advertir y desquietar de la obra espiritual que tiene en Dios, díceles que moren en 1 Lch.: El amar refumea.
148 CANTICO ESPIRITUAL sus arrabales, esto es, que se quieten en sus sentidos sensiti- vos, interiores y exteriores.
Y no queráis tocar nuestros umbrales.
5. Esto es, ni por primeros movimientos toquéis a la parte superior, porque los primeros movimientos del alma son las entradas y umbrales para entrar en el alma, y cuando pasan de primeros movimientos en la razón, ya van pasando (1) los umbrales; pero cuando sólo son primeros movimientos, sólo se dice tocar a los umbrales o llamar a la puerta, lo cual se hace cuando hay acometimientos a la razón de parte de la sen- sualidad para algún acto desordenado; pues no solamente el alma dice aquí que éstos no toquen al alma, pero aun las ad- vertencias que no hacen a la quietud y bien de que goza; y así, esta parte sensitiva con todas sus potencias, fuerzas y flaquezas en este estado está ya rendida al espíritu; de donde ésta es ya una bienaventurada vida semejante a la del estado de la inocencia, donde toda la armonía y habilidad de la parte sen- sitiva del hombre servía al hombre para más recreación y ayu- da de conocimiento y amor de Dios en paz y concordia con la parte superior. Dichosa el alma que a este estado llegare. ¿Mas quién en éste y alabarle hemos, porque hizo maravillas en su vida?
6. Esta canción se ha puesto aquí para dar a entender la quieta paz y segura que tiene el alma que llega a este alto1 estado; no para que se piense que este deseo que muestra aquí el alma de que se sosieguen estas ninfas sea porque en este estado molesten, porque ya están sosegadas, como arriba queda dado a entender; que este deseo más es de los que van apro- vechando y de los aprovechados, que de los ya perfectos, en los cuales poco o nada reinan las pasiones y movimientos.
1 Escribió el copista: ya en lazón y van pasando. Dejamos la frase como la co- rrigió el Santo. Los demás y Md.: ya en la razón y van pasando. G, V, Vd. y Br.: ya enlazan y van pasando.
CANCION XXXII H9 CANCION XXXII Escóndete, Carillo, Y mira con tu haz a las montañas, Y no quieras decillo; Mas mira las compañas (1) De la que va por ínsulas extrañas.
DECLARACION 1. Después que él Esposo y la Esposa en las canciones pasadas han puesto rienda y silencio a las pasiones y potencias del ánima, así sensitivas como espirituales, que la podían per- turbar, conviértese en esta canción la Esposa a gozar de su Amado al interior recogimiento de su alma, donde él con ella está en amor unido, donde escondidamente en grande manera (2) la goza, y tan altas y tan sabrosas son las cosas que por ella pasan en este recogimiento del matrimonio con su Amado, que ella no lo sabe decir, ni aun querría decirlo; porque son de aquellas de que dijo Isaías: Secretum meutn mihi, secretum meum mihi (3). Y así ella a solas se lo posee, y a solas se lo entien- de, y a solas se lo goza, y gusta de que sea a solas; y así su deseo es que sea muy escondido y muy levantado y alejado (4) de toda comunicación exterior. En lo cual es semejante al mer- cader de la margarita, o, por mejor decir, al hombre que ha- llando el tesoro escondido en el campo, fué y escondióle con gozo (5) y poseyóle. Y eso pide ahora la misma alma en esta canción al Esposo, en la cual con este deseo le pide cuatro cosas: la primera, que sea él servido de comunicarse muy adentro en lo escondido de su alma; la segunda, que embista sus potencias con la gloria y grandeza de su divinidad; la tercera, que sea tan altamente que no se quiera ni sepa decir, ni sea 'de ello ca- 1 G y V: campañas.
2 Bj.: en grande amor.
3 XXIV, 16.
4 Gr.: levantado y ajenado.
5 Lch.: fué y escondido le compró.
150 CANTICO ESPIRITUAL paz el exterior y parte sensitiva; y la cuarta le pide que se enamore de las muchas virtudes que él ha puesto en ella, la cual va a él y sube por altas y levantadas noticias de la di- vinidad, y por excesos de amor muy extraños y extraordinarios, de los que ordinariamente por ella suelen pasar.
Escóndete, Carillo.
2. Como si dijera: querido Esposo mío, recógete en lo más interior de mi alma, comunicándote a ella escondidamente, manifestándole (1) tus escondidas maravillas ajenas de todos los ojos mortales.
Y mira, con tu haz a las montañas.
3. La haz de Dios es la Divinidad, y las montañas son las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, y así es como si dijera: embiste con tu divinidad en mi entendi- miento, dándole inteligencias divinas; y en mi voluntad, dán- dole y comunicándole el divino amor; y en mi memoria con divina posesión de gloria. En esto pide el alma todo lo que le puede pedir, porque no anda (2) ya contentándose en cono- cimiento y comunicación de Dios por las espaldas, como hizo Dios con Moisés, que es conocerle por sus efectos y obras; sino con la haz de Dios, que es comunicación esencial de la di- vinidad, sin otro algún medio en el alma, por cierto contactq de ella en la divinidad, lo cual es cosa ajena de todo sentido y accidentes, por cuanto es toque de substancias desnudas, es saber, del alma (3) y divinidad. Y por eso dice luego: Y no quieras decillo.
4. Es a saber, y no quieras decillo como antes, cuando las comunicaciones que en mí hacías eran de manera que las decías a los sentidos exteriores, por ser cosas de que ellos eran capaces, porque no eran tan altas y profundas que no pudie- 1 Bj.: comunicándole.
2 Un corrector dejó asi esta frase en Bj.: Es la mayor comunicación que le pue- de pedir, porque no anda.
3 Md. añade: mediante las potencias dichas.
CANCION XXXII 151 sen ellos alcanzarlas; mas ahora sean tan subidas y subs- tanciales y tan de adentro, que no quieras decírselo a ellos, de manera que sean capaces de ellas; porque la substancia no se puede comunicar en los sentidos, y así lo que puede caer en sentido no es Dios esencialmente. Deseando, pues, el ánima aquí esta comunicación de Dios esencial, que no cae en sentido, le pide que sea de manera que no se Ies diga a ellos, esto es, no quieras comunicarte en ese término tan bajo y tan de afuera que pueda en él comunicar el sentido y el dicho.
Mas mira las compañas (1).
5. Ya habernos dicho que el mirar de Dios es amar; las que aquí llama compañas son la multitud de virtudes y dones y perfecciones y riquezas espirituales del alma; y así es como si dijera: mas antes conviértete adentro, Carillo, enamorándote de las compañas de las virtudes y perfecciones que has puesto en mi alma, para que enamorado de ella en ellas, en ella te escon- das y te detengas; pues que es verdad que aunque son tuyas, ya por habérselas tú dado, también son suyas (2).
De la que va por ínsulas extrañas.
6. De mi alma que va a ti por extrañas noticias de ti, y por modos y vías extrañas, y ajenas de todos los sentidos, y del común conocimiento natural; y así es como si dijera: pues va mi alma a ti por noticias extrañas y ajenas de los sentidos, comunícate tú a ella también tan interior y subidamente que sea ajeno de todos ellos.
CANCION XXXIII ESPOSO (3).
La blanca palomica Al arca con el ramo se ha tornado, Y ya la tortolica 2 Suyas. Adición del Santo, que copian G. V, Vd., Gr. y Br.
3 Esposo. >el Santo es esta palabra, que sólo se lee en el Códice de Sanlúcar 152 CANTICO ESPIRITUAL Al socio deseado En las riberas verdes ha hallado.
DECLARACION 1. El Esposo es el que habla en esta canción, cantando la pureza que ella tiene ya en este estado y las riquezas y pre- mio que ha conseguido, por haberse dispuesto y trabajado por venir a él. Y también canta la buena dicha que ha tenido en hallar a su Esposo en esta unión, y da a entender el cumpli- miento de los deseos suyos y deleite y refrigerio que en él po- see, acabados ya los trabajos y angustias de la vida y tiempo pasado, y así dice: La blanca palomica.
2. Llama al alma blanca palomica, por la blancura y lim- pieza que ha recibido de la gracia que ha hallado en Dios; la cual dice, que Al arca con el ramo se ha tornado.