SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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De este célebre e importante libro de S. Juan de la Cruz se sa- caron muchas copias, algunas en vida de su autor, otras poco después. Como se tardó doce años más en publicarlo que los restantes libros del Santo, tal vez por eso las copias de él fueron más abundantes. Nueve son las que hoy conocemos de esta primera redacción del Cántico, todas ellas muy antiguas, algunas contemporáneas del Santo, otras de pocos años después de su muerte. Tomando com* tipo la de Sanlúcir, de la que en seguida hablaremos, aunque todas convienen en lo substancial, sin embargo hay algunas que tienen mayor conformidad con ella. Tales son la de Gayangos (Ms. 17.558 de la Nacional), las dos de Valla- dolid y la edición de Bruselas, en que hay numerosas canciones en las cuales apenas es dado hallar alguna que otra ligerísima variante. Las restantes tienen más discrepancias, sobre todo en los comentarios de algunas estrofas, como oportunamente se indicará. A este segundo grupo perteneció sin duda el manuscrito que sirvió para la edición del Cán- tico, hecha en Madrid, año de 1630, por el P. Jerónimo de San José. Como las copias de este segundo grupo son muy antiguas también, no diriamos nosotros que las diferencias que se advierten no procedan del Santo, que como retocó la de Barrameda pudo retocar otras, aunque de ello no tenemos conocimiento.

Copia de Sanlúcar de Barrameda. — De todas las que han lle- gado hasta nosotros, la más interesante, con serlo todas mucho, es la que guardan con cariñosa veneración las Carmelitas Descalzas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), por contener muchas notas margi- nales e interlineales de mano del mismo Santo, a más de otra muy principal en la portada, de que luego hablaremos.

En 1928 tuvimos el honor de publicar en fototipia esta copia (1), 1 Cántico Espiritual y Poesías de San Juan de Im Cruz, según el Códice de 2 XVIII INTRODUCCION que mide 145 por 95 mra., y el texto 120 por 70. Comprende el Cántico Espiritual y las poesías principales del Santo, que vienen a continua- ción, de la misma letra que lo anterior. Consta de 208 hojas útiles, sin paginar. Después de cuatro hojas en blanco, contando con la pri- mera que al encuadernar el Códice se pegó en la pasta, en la quinta se ve dibujado el escudo de la Reforma del Carmen, y en el reverso de ella, el P. Juan del Santísimo Sacramento, carmelita descalzo de la Provincia de Andalucía, que floreció en la segunda mitad del siglo XVIII y fué muy aficionado a papeles viejos y ordenación de archivos, puso de su letra: «Del Convento de las Carmelitas Descalzas de la ciudad de Sanlúcar de Barrameda». En la siguiente la portada, que dice: Declaración j De las canciones, que tratan de el exercicio de i amor entre el alma, y el esposo Christo, ¡ en la cual se tocan y de- claran algulnos punctos y ejfectos de ora-/ción: a petición De la / madre Anna / De Je-jsus, priora de las descalzas en sant / /oseph. De Granada A-jño de 1584 / Años. [Aquí un dibujo bastante artís- tico], y en la parte inferior se dice: Este libro es el borrador de q ya se j saco en limpio — fr. Ju.Q de la f. A continuación se da principio al traslado, que llena doscientas siete hojas, de letra hermo- sa, muy clara y bien trazada, como puede verse en nuestra publicación fotográfica antes mencionada.

Como las Carmelitas no fundaron en Barrameda hasta 1611 e ig- noran la forma en que vino a parar este precioso Códice a la Comu- nidad, no se sabe dónde pudo estar hasta aquella fecha. De seguro que se trata de uno de aquellos traslados que se hicieron bajo la inspección del Santo, destinados a alguna alma piadosa o Co- munidad Descalza, y por eso se escogió a un buen pendolista que ejecutase su trabajo con esmero y primor caligráfico. Tampoco se sabe el tiempo en que se encuadernó en la forma elegante que le halla- mos hoy, en raso de seda blanca, con finos bordados de lo mismo en varios colores y cordoncillos de plata, con los que se traza el escudo de la Orden, que ocupa el centro de ambas pastas, y se hacen otros dibujos. Del mismo tiempo es el dorado de los cantos. No es inverosímil que esta laudable obra se hiciera en la beatificación del Santo (1674), cuando estos Códices habían de adquirir necesariamente valor ex- traordinario, sobre todo para la Descalcez.

Pero la importancia capital de la copia y lo que le da la primacía sobre todas las que se conocen de los escritos del Santo, es la parti- cularidad de haber puesto en ella su mano muchas veces el gran Doc- Sanlúcar de Barrameda. Edición y notas del P. Silvcrio de Santa Teresa, C. D. — Burgos, Tipografía de El Monte Carmelo. MCMXXVIII.

AL CANTICO ESPIRITUAL XIX tor de la Iglesia, ya para subsanar algún descuido material del ama- nuense, ya para añadir algo al texto de la misma copia, ya para dejar escritas breves indicaciones de ideas o pensamientos de ulte- rior desarrollo. Todo esto se advierte en la edición de 1928, y se indicará en el texto de la presente, en sus lugares respectivos.

En cuanto a la procedencia de estas notas o arreglos del Ma- nuscrito de Barrameda, ya hizo un estudio reflexivo y detenido el P. Andrés de la Encarnación cuando los Superiores de la Descalcez le encargaron la preparación de una edición nueva de las obras del Santo. Fruto de este diligente estudio de graíología es el siguiente trabajo de su puño y letra, que todavía se conserva por duplicado, con alguna variante sin importancia, en el Manuscrito sanluqueño, en hojas aparte. El citado estudio dice al pie de la letra: «-f- J. M. J. Por comisión que tengo de N. V. Definitorio General para la in- quisición y examen de los libros de Nuestros gloriosos Padres santa Theresa de Jesús y san Juan de la Cruz: certifico que haviendo visto este manuscrito (declaración que es de las Canciones de Nuestro santo Padre que me entregó N. Rdo. P. Fr. Fernando de san Angelo, Pro- vincial pasado de Andalucía la Baja, quien le recivló de Nuestras Madres Carmelitas Descalzas de Barrameda) y cotejado la nota que se ve al pie de la primer página de su Titulo, como también las adicciones que en márgenes y entre renglones se hallan en varias par- tes suyas, con un escrito original del mismo santo Doctor que se venera en Nuestras Madres de santa Ana de esta corte, signado al fin de su santa mano, cuya firma es sin ninguna duda idéntica con otras de dicho santo que se enquentran en los libros de N. Difinitorio, hallo ser todo de su mesma mano, nota, adicciones y escrito de Ma- dres de santa Ana. Por tales los juzgo y en caso necesario estoy pronto a firmar este mi dictamen con el sagrado del Juramento.

»Doy asimismo fee, que haviendo presentado vno y otro escrito a varios sujetos inteligentes en Letras de esta corte, y examinádolos ellos en mi presencia con la mayor atención, careando en singular sus Letras atendiendo en común al ayre de su formación, y ponderando con prolijidad otras circunstancias, unánimemente sintieron lo mismo. Y para que conste en todo tiempo lo firmo de mi mano y nombre en este Nuestro Combento de san Ermenejildo y Madrid a tres de Junio de mil setecientos cnqta. y siete.— Fr. Andrés de la Encarna- ción» (1).

Luego, añade: «Porque la primera nota de este libro lio sea causa 1 Lo mismo sostiene en las Memorias Historiales, letra C, n. 69 y en otros lu- gares de sus escritos.

XX INTRODUCCION de alguna confusión advierto que N. santo Dr. escrivió dos vezes la Declaración de sus canciones: La primera como se veía en esta copia antes que la añadiese de nuebo; la segunda como se nota en el manuscrito que sirvió para la impresión practicada en Sevilla, año de mil setecientos tres. Esto supuesto, he podido conjeturar que al formar el santo la determinación de trabajar segunda vez su obra, fué apuntando en el presente traslado que lo hera de su primer escrito, lo que se le ofrecía de nuebo sobre los sentidos de sus misteriosas Canciones, siendo las más veces no tanto adicción quanto recuerdo del pensamiento nuebamente occurrido, todo lo cual le sirbió después para sacar con suma perfección su excelente escrito. Por este motibo llamó al presente en la forma que se ve: Borrador de que ya se sacó en limpio. — Fr. Andrés*.

El juicio calificado de un hombre tan competente en estos tra- bajos como el P. Andrés, robustecido por la coincidencia unánime de los que a petición suya hicieron el mismo cotejo en la Corte, es el que vienen formando cuantos sin prejuicios han realizado análogo tra- bajo. Las características de la escritura del Santo conocidas por las Carlas y Avisos que nos quedan de su mano son idénticas a las que se advierten en estas notas. La d, 1, o, p, q, r, s y, con otras letras que más señaladamente acusan la manera particular de su es- critura, están reproducidas fielmente en el de Barrameda, lo mismo que la unión de las letras entre sí para formar palabras, y de éstas para hacer las frases. Hoy es fácil formular este juicio comparativo a la vista de la reproducción fotográfica que de los autógrafos del Santo se han publicado en estos últimos tiempos (1). Un estudio asi ejecutado, dará más luz al lector que cuanto nosotros pudié- ramos decirle aquí de la identidad de la letra de las notas en cues- tión con otros autógrafos del Santo Doctor. Sin embargo, alguna ob- servación creo pertinente hacer, que me parece incluida en aquellas palabras del P. Andrés arriba transcritas, en que dice que llegaron todos al juicio dicho «atendiendo en común al aire de su formación y ponderando con prolijidad otras circunstancias». No se debe olvi- dar que las notas de Barrameda son marginales e interlineales, y que por lo tanto el Santo tenía espacio muy limitado, por lo general, y a ello debía constreñirse. Por eso la letra de estas notas, con ser de 1 Autógrafos del Místico Doctor S.Juan de la Cruz. — Toledo, 1913. — La obra de Baruzi Aphorismes de Saint Jean de la Croix (Burdeos, 1904) y otras que han reproducido por la fotografía originales dei Santo. Para las del Manuscrito de Barra- meda puede verse la edición fototipográfka que en 1928 publicamos en Burgos con el titulo de Cántico Espiritual y Poesías de San Juan de la Cruz. También en esta edición procuraremos dar elementos para dicha comparación.

AL CANTICO ESPIRITUAL XXI la misma mano, no están trazadas con la libertad y desembarazo que en las cartas, por ejemplo, donde por disponer de mayor espacio se mueve la pluma del Santo más desenfadada y traza rasgos más vivos y dilatados. En las notas es siempre parco en esto. No podía ser de otro modo. Con todo, bien se comprende que no son letras de época de grande parecido, sino que ambas proceden de la mis- ma pluma, y que podemos decir con el P. Andrés, que atendien- do al «aire común de su formación» y a «otras circunstancias» en estas notas está la mano del Doctor carmelita, lo mismo que en las cartas que se conservan suyas (1). Un falsario o imitador de su le- tra, puede que hubiera copiado al Santo fielmente hasta en estos rasgos de las cartas que se echan menos en las notas. En los Avisos de An- dújar encuentro, aun en estas pequeneces, más semejanza con el de Ba- rrameda que en las cartas. De todas suertes, la presencia de la pluma sanjuanista en las notas del Manuscrito de Barrameda nos parece muy clara. En esto nos hallamos totalmente conformes con el P. Andrés y los doctos varones que en su presencia hicieron el careo dicho (2). A idéntica conclusión se llega comparando el empleo ortográfico de las letras y otros pormenores filológicos de las notas del Códice con otros escritos del Doctor místico. Lo mismo sienten las personas peri- tas a quienes hemos consultado. En última apelación, el lector juzgará, pues a mano tiene, si quiere, elementos para formar juicio por si en este asunto.

Hasta el presente no sé de nadie que haya negado la pro- cedencia sanjuanista de las notas en cuestión. Baruzi parece ser el primero que puso en duda la suscripción que viene en el margen in- ferior de la portada del Códice, y que dice: «Este libro es el bo- rrador de q ya se sacó en limpio. — Fr. Ju.° de la -{-». Por unas pa- labras que se leen en las Memorias Historiales, C, núm. 46, en que dice el P. Andrés: «En nuestras Religiosas de Barrameda ay un to- mito en 8.° dorado por la superficie del canto. Es la explicación de 1 Con esta caución pueden resolverse todas las dificultades de grafía que se ofrecen comparando las cartas con las notas de Sanlúcar.

2 El P. Gerardo en la edición de las Obras del Santo dice con razón (t. II, pá- gina 458): "No cabe la menor duda de que tanto la nota como las enmiendas y adi- ciones son autógrafas del Santo. La simple comparación de ellas con otras originales del Mistico Doctor bastan para convencer a los lectores." Nosotros, que negamos la autografía sanjuanista a las notas que se leen en los Manuscritos de Avila y Segovia. a pesar de tener en contra respecto de este último la grande autoridad del P. Manuel de Santa María, a quien algo se le alcanzaba en estas cuestiones, y que tan bien nos hubiera venido tan venerable procedencia para zanjar de un plumazo la cuestión de origen de la segunda redacción del Cántico, y sostenemos la opinión contraria por sinceridad de convicción, afirmamos con la misma sinceridad en el origen sanjuanista de la advertencia preliminar y demás notas que se leen en el Manuscrito de Barrameda.

XXII INTRODUCCION XXII INTRODUCCION las Canciones de N. S. P.; tiene al principio después del titulo esta advertencia— este libro es el Borrador de que ya se sacó en limpio — Fr. Juan de la -j-. Dicen tiene añadido entre renglones al principio de algunos párrafos y a la margen muchas cosas cuya letra conviene con la de una firma del Santo. No advierten esto de la primera nota, y es necesario averiguarlo, como también de dónde o cómo ubieron las religiosas aquel libro*. La no advertencia en la carta de la procedencia sanjuanista de la dicha suscripción de la portada significa para Baruzi que en aquel tiempo se hizo misterio de ella.

Nosotros creemos que no hubo otro misterio que el olvido de las religiosas en escribir esta particularidad al P. Andrés, cosa fácil, pues en la carta no le daban cuenta detallada de las especialidades del Códice. Las religiosas de entonces, como las de ahora, estaban persuadidas que la suscripción y las demás notas procedían del Santo. Tal ha sido siempre la tradición de la Comunidad, y por tal la tuvo el P. Andrés cuando más tarde examinó el Manuscrito. Para el no había duda de que la asendereada advertencia se puso allí por el Santo después de terminarse la copia limpia, a la cual la de Barrameda había servido de borrador. Asi lo aconsejan, por lo demás, todas y cada una de las letras de irreprochable factura sanjuanista y su fir- ma habitual, que remata en la cruz. En último término, las relaciones del Manuscrito de Barrameda con el de jaén perderían muy poco por- que la firma sea o no sea del Santo, mientras no se pruebe que las restantes notas no proceden de su pluma.

Repara Baruzi para dudar sea del Santo la nota en cuesti >n, en el trazo superior que el Santo suele poner a la J (Juan), horizontal con una inclinación hacia abajo más o menos pronunciada. Este trazo, en la íirma de Barrameda, le tiene horizontal y algún tanto curvado. La cosa, como se ve, es bien pequeña, y se necesitan ojos más que de lince para atisbas en esta inocente curvatura del Santo— ¡ni para esto había de tener libertad!— nada menos que la iniciación de un plan vastísimo en la deformación de los escritos de San Juan de la Cruz (1). Algún milímetro de encurvamiento en el rasgo de una letra, en una nota donde hay hasta cuarenta y nueve, mas dos signos (el q y la -\- ha- bitual en sus firmas) inconfundibles e innegables del Doctor A\istico, no puede invalidar el origen de la suscripción. Seria condenar el todo en obsequio a una parte mínima. Ne quid nimis.

El mismo Baruzi confiesa que en ese rasgo de letra no es el Santo uniforme, a juzgar por las firmas que conocemos suyas. En la carta de 20 de junio de 1590 a la M. María de Jesús (Autógrafos, 62), 1 Op. cit.. p. 23.

AL CANTICO ESPIRITUAL XXIII tiene el dicho rasgo un trazado casi igual al de Barrameda. aunque con algo menos lomo, pero en diferencia casi imperceptible. En cambio, hemos visto en las Carmelitas Descalzas de Caravaca un documento firmado allí por el Santo, cuya fotografía reproduciremos en el si- guiente volumen, en que el asendereado rasgo es de una horizontali- dad no usada nunca— que sepamos— por San Juan de la Cruz. ¿Y habremos de negar por eso la autenticidad de la firma? (1).

Por lo que hace a la primera letra de la signatura del Códice san- luqueño, si no nos engañamos, la pequeña diferencia advertida pro- cede de que el Santo trazó la letra en dos veces: primero hizo el ras- go vertical de la jota, y luego el horizontal de la parte superior. La conjunción de ambos semeja denotar que no se trazó dicha letra en un solo rasguño de pluma. Menos fuerza negativa de autenti- cidad tiene aún el cuidado y lentitud que Baruzi observa en toda la firma. Lo mismo puede decirse de lo restante de la inscripción, que por ser de importancia y disponer de lugar suficiente, traza sus letras con rasgos más gruesos y espaciados que las restantes apostillas del Códice.

Tampoco tiene fuerza alguna para invalidar tan alta procedencia lo que extraña tanto a Baruzi, que siendo el Santo un escritor tan impersonal, donde el desprendimiento no tiene límites, sienta repen- tinamente la necesidad de dar testimonio firmado de la condición de un manuscrito. En primer lugar, no sabemos si con algún otro ejem- plar hizo lo mismo, pues no todos, ni mucho menos, han llegado hasta nosotros. Además, aquellas notas sueltas, muchas de ellas incoheren- tes en la forma que las había dejado escritas en los márgenes e in- terlineados, pudieran haber dado ocasión a nuevas copias tocadas de la misma incoherencia; de ahí que fuera discreto advertir que el manuscrito era borrador de otro que ya se había sacado en limpio, y para que nadie de ello prudentemente dudase, estampó su firma San Juan de la Cruz.

De otras suposiciones de Baruzi y otros escritores acerca del sig- nificado de esta advertencia del Santo, se hablará en otro lugar opor- tunamente.

1 En Autógrafos, p. 86. encuentra Baruzi una signatura parecida a la de Barra- meda. Las diferencias, bien leves por cierto, que ciertos críticos hallan en algu- nas palabras tenidas por de San juan de la Cruz con otras de la misma procedencia, no podrian explicarse por la pluma más o menos fina de puntas que usó al trazarlas? No nos quebremos de puro sutiles.

XXIV INTRODUCCION Copia de las Descalzas de Valladolid. — Es un tomo forrado en per- gamino, de 190 por 135 mm., de letra muy antigua, grande y clara. Puede ser muy bien contemporánea del Santo. Al principio tiene dos hojas en blanco, y en la tercera comienza el texto, y en él la pagina- ción por hojas. La última hace la 129, a la que sigue otra en blanco con que termina la copia.

Es igual a la de Sanlúcar de Barrameda, salvo ligeras varian- tes, provenientes por lo regular de descuidos de.traslación.

De tiempo inmemorial, así esta como la siguiente copia, son propie- dad de las Carmelitas Descalzas de Valladolid, que las tienen en muy buen estado de conservación.

El encabezado de la primera pagina dice: Declaración de las can- ciones que tratan del exercicio del amor en tre el el (sic) el alma y el Sposso Xpo, en la qual se tocan y declaran alga, 'nos puntos y afectos de oragión de la madre ana [ de Jhs. priora de las descal- cas de granada ano de 1584.

Esta copia se designa en las abreviaturas con la letra V.

Otra copia de las Descalzas de Valladolid. — Encuadernada en pas- ta antigua, con aplicaciones doradas, se halla esta segunda copia de las Carmelitas de Valladolid. Mide 210 por 155 mm., de letra algo mas pequeña, aunque clara y bien trazada. Al principio trae tres hojas en blanco y dos al fin. La paginación por hojas comienza y termina con el texto del tratado, que hace noventa y ocho folios. Contiene dos clases de letra, ambas muy antiguas, buenas y legibles.

Se conforma a la copia anterior, y entrambas a la de Barrameda. Ni ésta ni la precedente llevan apostillas marginales de ningún gé- nero. Son muy limpias y de buena presentación. Esta segunda copia es algo menos descuidada en la traslación del texto que la anterior.

El titulo con que encabeza el prólogo dice: Declaración de las Canciones ¡ que trattan del exercicio de Amor enitre el alma y el esposo Chrislo j en la qual se tocan y decía ¡ran algunos punttos y / ej ¡retos de oración j A petición de ¡ la madre, Auna / de [ Jesús [ Priora de las Descalzas de Sant / Joscph de Granada año de / 7554.

En las abreviaturas se señala este manuscrito con las letras Vd.

Manuscrito 17.558.— En otro tiempo perteneció a Gayangos. Pagi- nado por hojas, hace noventa y cuatro, de 210 por 155 mm. Después de una en blanco, en la siguiente, que hace de portada, se lee: Decla- ración de las canciones que tratan del exercicio de amor entre el alma y el esposo xpo. en la qual se tocan y declaran algunos puntos y afectos de oración a petición de la madre ana de jesús priora de las AL CANTICO ESPIRITUAL XXV descalcas de granada. Año de 1584. Lelra bastante regular, de fines del siglo XVI. Sigue en todo al de Barrameda. La mayor parte de las discrepancias registradas son de poca importancia. Tiene bastantes descuidos materiales de copia y omisiones de palabras y frases.

No perteneció al Archivo de San Hermenegildo de Madrid. De Ga- yangos pasó a la Nacional.

Códice de Bu ¡alance. —Las Carmelitas Descalzas de la rica villa de Bujalance (Córdoba), que fundaron allí en 1790, poseen de antiguo, entre otras cosas pertenecientes a los escritos de San Juan de la Cruz, un Códice de la primera redacción del Cántico Espiritual, que nos pa- rece de fines del siglo XVI o principios del siguiente. Mide 21 por 15 cms., y consta de ciento setenta y cuatro hojas útiles sin foliar. En otro tiempo debió de estar cosido en pergamino, pero ahora no tiene ni un mal forro de papel. No se saca de la copia qué año pudo ser escrito, ni quién lo trasladó, ni dónde. En el archivo de la Comunidad no obra tampoco ningún documento que dé alguna luz acerca de estos extremos, ni cómo vino a ella el manuscrito.

La copia, de letra menuda, clara y bien formada, es bastante descuidada en la transcrición. Hasta en las estrofas hay alguna dife- rencia entre la copia que viene al principio del poema íntegro y la reproducción parcial que de él se hace en los comentarios del tratado. Es letra de hombre, y escribe algunas palabras a la latina: choro, charidad, philosophía...R veces se advierte la presencia de un correc- tor, algo posterior a la copia, que enmienda algunos descuidos mate- riales. Las enmiendas parecen hechas por propia cabeza más que a la vista de otra copia habida por de mayor pureza de traslado.

Tiene muchas variantes respecto del Códice de Sanlúcar. Ya en el prólogo tropezamos con cambios como éstos: religiosamente, por religiosa madre que se lee en el de Sanlúcar; machina y copia del espíritu, por anchura y copia que el espíritu, que traslada el có- dice sanluqueño; modifica mucho y arregla frases del comentario de las cuatro primeras canciones y de otras muchas (1). Por lo que hace a los textos latinos de la Sagrada Escritura, debemos advertir que los Códices de la primera redacción los suprimen en las doce primeras es- trofas. Suprime también este Cudice el último párrafo del comentario al cuarto verso de la primera estrofa, salvo las tres últimas líneas. Esta omisión no la he visto en ninguno de los manuscritos del primer Cántico.

1 Aunque en todas se halla alguna diferencia, las que más tienen son las cuatro ya dichas y la Vil!. XIII y XX (la Declaración, solamente), XXIV, XXV, XXXVIII y XXXIX.

XXVI INTRODUCCION Códice de Loeches.— Un manuscrito de 17 por 12 cms., forrado eo pergamino y de cantos encarnados, con cuatro cintas del mismo color, dos que hacen oficio de broches y dos que sirven de registro. Hállase muy bien conservado y es de letra de fines del siglo XVI, menuda, clara y hermosa. La paginación por hojas (da 110) la hizo en el siglo XVIII el P. Andrés de la Encarnación y en letra encarnada. En el tejuelo del lomo se lee: «Declaración de las Cancions. de N. V. P. Fr, Juan de la Cruz». Y en la cubierta de pergamino: «~f- Mandan nues- tros Padres se guarde perpetuamente en el Arca de tres llaves. Véase la nota que éstá al principio». La nota a que se refiere, viene después de una hoja que dice: «Es de el Convento de Carmelitas Descalzas de Lueches», y está firmada por el Padre General de los Carmelitas Descalzos de la Congregación de España, fray Manuel de Jesús María Joseph, y la suscribe en Madrid, a 25 de noviembre de 1756.