Comienza por decir el P. General que es el presente un Códice de "las Canciones que salieron antes de la edición de 1701, «con la diferencia de no ponerse entre éstas la estancia undécima». Da razones luego encaminadas a probar que no es de letra del Santo, cosa sobrado evidente para quien haya visto algún original suyo, con los que no tiene ninguna similitud; pero en el tiempo que la «Advertencia» se escribió no holgaba la observación, por la facilidad nimia — ya ad- vertida en esta edición— en dar paternidad sanjuanista a cualquier ma- nuscrito antiguo de sus obras cuya letra se desconociese. Con todo, el Códice era muy digno de consideración y cuidado por su antigüedad, y por eso recomienda el P. General se cierre en el arca de tres lla- ves, cosa que las religiosas de Loeches han observado muy puntual- mente. La copia, muy tersa y esmerada, lleva algunas veces al mar- gen palabras del mismo copista que corrige otras del texto, las cuales, en vez de borrarlas las subraya solamente. Así fué de limpio y atil- dado en este trabajo.
En cuanto a las variantes con el de Sanlúcar, sin ser las mismas siempre que las del Códice de Bujalance, guardan con las de éste alguna uniformidad; las estrofas que dijimos se habían modificado más en ésta, se hallan también más variadas en el de Loeches.
Códice del Sacro Monte (Granada).— En este célebre centro de ins- trucción, en otro tiempo mazmorras donde los reyes moros tuvieron cautivos a millares de cristianos, se guarda un Códice que contiene el Cántico Espiritual, Llama de amor viva y algunas poesías del Santo. Encuadernado en piel negra, mide 115 por 102 mm. En la primera hoja viene el titulo del Cántico, que dice: /. H. M. / Declaración de las / Canciones que tratan / del exercicio de amor entre el alma j AL CANTICO ESPIRITUAL XXVII y el esposo Christo en la cual se to- ¡ can y declaran algunos pan-/ los y e¡¡cc-¡tos de oración / a pettición de la Madre f Ana de Jhs. Priora / de las descalzas 1 en Sant! Joseph / de Granada [ Año de 1584. En la misma portada empieza la paginación y prosigue hasta la página 171 en que termina la Llama. Las poesías no están pagi- nadas, asi como tampoco las Tablas de cosas notables que años más tarde se añadieron al Códice. Hay en la copia de este ejemplar dos clases de letra. Hasta la página 38, exclusive, está escrito por pluma de mucha perfección caligráfica, y comprende hasta la frase del co- mentario del tercer verso de la canción tercera que dice: «Ni repa- raré en los gustos y consuelos de mi espíritu de suerte que me de- leti|ga]». Con esta última silaba comienza ya nueva letra hasta eJ fin, la cual es algo parecida a la del Santo. Una ligera comparación pericial de letras persuade pronto de que no se trata más que de pa- recido, pero no de identidad.
Adquiriólo para el Sacro Monte el doctor D. Manuel Medina Olmos, hoy Obispo de Guadix, que ha ejercido varios años el cargo de rec- tor de dicho centro docente. El historial de este Códice se ignora casi por completo. ¿Perteneció alguna vez al Convento de los Már- tires de Granada donde Fray Juan de la Cruz escribió este admirable tratado? La circunstancia de haberse adquirido en Granada, pudiera indicar que había estado allí siempre, y aun que podia proceder de] archivo de los Carmelitas Descalzos de esta ciudad, expoliado, como todos los demás, en la primera mitad del siglo pasado. La copia es muy antigua. Por la letra, pudo ser hecha viviendo el Santo. Quiza se hiciese para alguna persona que tratase con él las cosas de con- ciencia, pues, como se sabe, en Granada dirigió a muchas y de muy aventajado espíritu. Tengo esto por más probable que no el que hubiese pertenecido a la comunidad de los Mártires, porque en esté caso habría hablado de ella en sus notas cuando promediado el siglo XVIII pasó por allí el P. Andrés de la Encarnación. Al no hacerlo, es que no se encontraba en los archivos de la comunidad granadina. De todas suertes, la persona que lo disfrutó, lo tuvo en grande veneración, como lo acreditan la buena encuademación y el perfecto estado en que se halla, sin ningún deterioro.
Con el título de «Tabla de las cosas más notables d<> este libro», hecho, como es dicho, en tiempos algo posteriores al Códice, se ano- tan algunos lugares que hablan de determinadas virtudes. Algo pare- cido a lo que se practicó luego en todas las ediciones, desde la princeps. Digamos también que le falta la hoja 18, que comprendía la primera estrofa y parte del comento del primer verso.
En el prólogo apenas tiene variantes con el de Sanlúcar. En los xxvm INTRODUCCION comentarios a las canciones se registran diferencias análogas a lis de Bujalance y Loeches, con quienes tiene grande parecido.
Manuscrito 8.654. — Forrado en pergamino g con cantos encarnados, hace un volumen de 205 por 150 mm., que contiene sólo el Cántico Espiritual, con este titulo: «-}- Canciones espirituales / en que se toca la sustancia del sagrado / Libro de los Cantares de Salomón / con una explicación copiosa de todos los versos en ella con-/tenidos, lleno de admirable doctrina espiritual y mystica para / las almas devotas spirituales deseosas de perfección y 1 regaladas de nuestro Señor f compuestas y declaradas por /V. P. c Fr. Juan de la Cruz primer Car- melita Descalzo y Diffor. mayor de esta Orden. Las dos primeras pa- labras del título vienen en letra encarnada. Lo restante de la portada se halla cortado, quizá porque contenía la imagen del Santo. Está paginado por hojas (tiene 82), y escrito en letra pequeña, pero buena y muy clara, con amplios márgenes. Al fin se leen seis hojas sin pa- ginación de textos escriturísticos citados en el Códice. Puede perte- necer este Manuscrito al primer tercio del siglo XVII.
En lo relativo al texto, se parece en todo a los estudiados ante- riormente, por lo que no insistimos más en su examen.
Propiedad hoy de la Biblioteca Nacional, no he hallado en él ningún indicio indicador de haber pertenecido al Archivo generalicio de la Orden o a otro convento de ella. Debió de estar a uso de alguna persona particular.
Manuscrito 8.795. — Hablamos ya en el Prólogo de la Noche Oscura de este Códice, que perteneció en otro tiempo a las Carmelitas Des- calzas de Baeza. En la página 83 da comienzo el Cántico Espiritual, hasta la 158 en que termina. Sigue la copia, en términos generales, a los Códices anteriores.
EL SANTO RETOCA SU «CAMINO ESPIRITUAL» (1).
Hablando del Códice de Sanlúcar de Barrameda, dijimos que el San- to había puesto en él buen número de notas de su puño y letra, algunas para corregir descuidos de la copia, pero otras indudablemente para ulterior desarrollo de doctrina, que ya proyectaba en su mente. Por eso 1 Al tratado asi dispuesto se le ha llamado Nuevo Cántico Espiritual, nuevo estado del mismo Cántico, o nueva redacción, en contraposición a la que representa el Códice de Barrameda. Más que en el nombre en si hay que reparar en el alcance que se ha de dar a estas denominaciones, que entendemos deben acoplarse a la impor- tancia de las variaciones introducidas por el Santo en este segundo estado, que aquí se representa por el Manuscrito de jaén. Tres son las variaciones principales que se ad- viertes en este Códice: Engarzar una* con otra* las Canciones por medio ée uaa AL CANTICO ESPIRITUAL XXIX el mismo Doctor místico calificó este manuscrito de borrador de otro que ya se había sacado en limpio. El Códice de las Carmelitas Des- calzas de Jaén, del que luego trataremos, y otros muchos que le co- pian, recogen buena parte de las notas del Santo, ya literalmente, ya modificadas y ampliadas.
Pero no se redujo a esto sólo la labor de retoque y ampliación de Fray Juan de la Cruz. Más o menos, revisó casi todas las can- ciones, modificando algo su texto, a veces ampliándolo, rara vez su- primiéndolo. Apenas hay una que no tenga alguna modificación respecto de la primera escritura del tratado. Las alteraciones más notables son las siguientes. En primer lugar, como ya lo había practicado en la Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura, añadió el Argumento a) «Prólogo» que había puesto en la primera redacción, y, como en los dos tratados dichos, corto y expresivo de lo que en este libro había de tratar. La introducción de este «Argumento» a seguida del poema, parece destinado a subsanar un olvido, y, además, como buen dis- cípulo de la Escuela salmantina, a poner ante los ojos del lector un cuadro breve y comprensivo de todo el tratado, cosa que no había hecho en el prólogo.
Por efecto mismo de su bien disciplinada inteligencia, pasada aque- lla especie de furor divino que movió febrilmente la pluma del Santo —calcúlese lo que significan en hombre tan modesto como el solitario de La Peíiuela estas palabras del prólogo: «Por cuantos estas cancio- nes parecen ser escritas con algún fervor de amor de Dios...» — y le hizo escribir maravillas de espíritu con algún desorden (el amor no gusta de rigores lógicos ni dialécticos), recapacitó sobre su obra y modificó algún tanto el plan primero, sin cambiarle substancialmente. Para que sirvieran como de anillo de enlace entre una canción y otra, puso a casi todas una «Anotación», donde explica y justifica la rela- ción que la estrofa precedente tiene con la que le sigue (1); de suerte que así como en la redacción primera cada canción da comienzo con la estrofa respectiva, en la segunda se hace mediante la anotación, se- "anotación" previa, que casi en todas es de nueva redacción. Incluir algunas y glo- sar otras de las notas que el Santo puso por vía de borrador en el ejemplar de Barra- meda; y, por último, dar distinta colocación a cierto número de Canciones, más en consonancia con la doctrina que contienen. En realidad, es el mismo Cántico, algún tanto ampliado y retocado por su autor. Débese también advertir que al hablar de variantes, se entiende en relación con la redacción primera; porque en el momento que las introdujo en la segunda el propio autor del tratado, pasa ésta a la categoría de texto genuino y autógrafo.
1 No llevan anotación la 2, 3, 4, 5 y 7. En algunas, como la 5 y la 8, la anota- ción está tomada de las últimas lineas de la canción precedente.
XXX INTRODUCCION guida de la estrofa. La modificación no es doctrinal, sino de método. Además, es innovación que mejora algún tanto el tratado.
Conservando las líneas generales de la primera redacción, retoca bastante el comentario de muchas canciones y les añade largos pá- rrafos, de forma que esta segunda redacción está aumentada en una cuarta parte sobre la primera. Las hay que sin modificar nada, o casi nada, el texto, están ampliadas en largos párrafos nuevos como, entre otras, la XIV y XV. Algunas, por fin, se hallan en el mismo estado que antes, sin apenas alteración ninguna, como la V, VI, VII y al- gunas más (1).
Introduce el Santo en esta segunda redacción una estrofa nueva, que coloca después de la décima. La estrofa dice: «Descubre tu presencia Y máteme tu vista y hermosura Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura».
La introducción de la estrofa en este lugar parece hecha para que resulte más natural y armónico el incremento progresivo del deseo de ver a Dios que viene manifestando el alma desde la primera can- ción. La estrofa, tanto en lo que atañe al verso como al comento, es de perfecto corte sanjuanista, y con toda razón puede decirse de ella que es un anillo más que se ajusta perfectamente al dedo de la blan- ca y delicada mano de la Esposa. La estrofa y su comentario los dió a conocer la edición romana del primer Cántico, luego la ma- drileña de 1630 y, por fin, la de Colonia de 1639.
1 Para que pueda servir de guión a los que deseen compulsar las diferencias de los Cánticos representados por los manuscritos de Barrameda y Jaén, damos esta nota con las principales diferencias que hay en cada canción del jienense. El Prólogo es igual en ambos. El "Argumento" que viene a continuación del poema, sólo lo trae el de Jaén. Este y el de Barrameda los indicaremos por las letras J y B. Las cancio- nes se p.nen por el oiden con que se leen en el de Barrameda con su equivalente de Jaén (1).
Canciones Canciones 1 — I La anotación es nueva. El texto muy cambiado y el comentario al primer verso se aumenta todo lo comprendido en los números 7-12 de esta edición.
2 — 2 El texto bastante retocado.
3 — 3 La Declaración muy retocada. Se pone comentario al primer verso y varia algún tanto el del segundo. i — -t Igual en ambos.
(1) No estará demás observar que alguna* discrepancias de J respecto de B, se leen en los manuscritos de la primera redacción.
AL CANTICO ESPIRITUAL XXXI Y no sólo se introducen la canción y su comento, sino la «Anota- ción» que en la segunda redacción del Cántico se pone a la Canción XII, aunque en la romana estas líneas son las últimas del comentario de la XI. Esto nos confirma más en que el P. Jerónimo envió el ma- nuscrito que sirvió para la edición de 1527, y, además, que no hizo cotejo detenido de los Cánticos, pues no se ve la razón de que mandase a Roma y publicase él dicha anotación y no las demás que se leen en la segunda redacción de este tratado. Respecto de ésta cayó quizá en la cuenta por la proximidad al comentario de la canción X. ¡Hay cosas tan raras y tan difíciles de explicar!
Por último, saca el Santo algunas canciones de su puesto primero, y las coloca en distinto lugar.
Para que el lector se percate rápidamente de este cambio, damos aquí la correspondencia mutua de ias estrofas en ambas redacciones del Cán tico Espiritual: 5 — 5 Igual en los dos. El último párrafo de la primera redacción sirve de anotación a la canción sexta en el de jaén.
6 — 6 Sólo alguna vanante sin importancia.
7 — 7 Como la anterior.
8 — 8 El último párrafo del comentario de la séptima canción de B sirve de anotación a la octava de j. En el resto se registran bastantes retoques.
9 — 9 Anotación propia de J. Algunas variantes en los comentarios de los versos. 10 — 10 Anotación propia de J, y variantes en los dos últimos versos.
11 — 12 Anotación propia de j. En la Declaración se registra alguna vanante. El ultimo de J es añadido.
12 — 13 Anotación propia de J. Lo restante igual.
13 — H La Anotación de ] se compone de las primeras lineas de la Declaración de B y algunas más que se añaden. Lo restante igual. Los comentarios con al- guna levísima variante.
H — 15 Los comentarios con leves variantes. Al del último verso se le añaden los párrafos comprendidos bajo los números 29 y 30.
16 — 25 La anotación propia de j. El comentario de los dos últimos versos tiene al- gunas variantes.
17 — 26 Anotación propia de Jaén. El comentario del cuarto verso tiene bastantes cambios; se le añaden los párrafos del número 13 y se modifican los restan- tes comentarios de la canción.
18— 27 Anotación propia de jaén. Al comentario del último verso se le añade el párrafo comprendido con el número 8.
19 — 28 Anotación propia de J. Muy cambiados los comentarios de los versos 4 y 5.
20 — 29 Anotación propia de J. Al comienzo del comentario al último verso se añaden unas líneas en j.
21 — 30 Anotación propia de J. Al comentario del último se le añaden los párrafos comprendidos bajo los números 10 y 11.
22 — 31 Anotación propia de J. Al verso tercero se le añade un párrafo, y se retocan bastante los dos últimos.
23 — 32 Anotación propia de J. Retoques en los dos últimos versos. El párrafo comprendido bajo el número 9 es de J. solamente. 24 — 33 Anotación propia de J. Se pone comento al verso primero, se retocan los XXXII INTRODUCCION Redac. 1.» Redac. 2.» Redac. 1.» Redac. 2.* Redac. 1.» Redac. 2.»
restantes y se añaden algunos párrafos al último: Que gracia y hermosura en mí dejaste.
25 — 16 Anotación propia de ]. y bastantes cambios en los comentos a los versos.
26 — 17 Anotación propia de j. y bastantes modificaciones en lo restante de la canción.
27 — 22 Anotación de J. Se retocan los comentarios, sobre todo del primer verso.
28 — 23 De la Declaración de B se hace Anotación de ), con alguna variante. Pone declaración nueva a ], introduce en el comento variantes y añade al fin del último verso el largo párrafo comprendido bajo el número 6 de esta can- ción.
29— 20 Anotación propia de ). La Declaración muy cambiada. El comentario igual, con alguna ligera variante, y en el del verso último se añaden los párrafos que se leen en los números 12, 13 y 14.
30 — 21 Muy cambiados los comentarios.
31 — 18 Anotación propia de }. y algunas variantes en los comentarios. 32 — 19 Anotación de ). y bastantes variaciones en los tres últimos versos.
33 — 34 Anotación de Jaén. Se añaden unas lineas al comentario del primer verso y en los restantes se iutroducen muchas variantes.
34 — 35 La Anotación de ] es la Canción de B. Se escribe nueva canción para J y se retoca bastante el comentario del último verso.
35 — 36 Anotación propia de }. Se registran muchas variantes en los comentarios. 36 — 37 Anotación de J. Se introducen bastantes cambios en los comentos.
37 — 38 Anotación de ]. Muy vanados algunos comentarios.
38 — 39 Anotación y Canción propias de ]. Los comentarios con alguna vanante en los del primero y segundo verso. Al ñnal de éste se añaden algunas lineas y se cambian mucho las restantes glosas. 39 — 40 Cambia ]. las primeras lineas de la Anotación, que es a la vez Declaración e Introduce muchas variantes en todos los versos.
1 Dentro de esta variación, la mayor parte continúan unidas en grupo. Asi el AL CANTICO ESPIRITUAL XXXIII A todo lo dicho hay que añadir los arreglos que al margen o en los espacios interlineados puso el Santo en el Códice de Barrameda. y que en una u otra forma se recogen en este segundo estado. Los arreglos que se incorporan a esta segunda redacción en las dos formas dichas, andan alrededor del centenar. Unos son correcciones o enmiendas de descuidos del copista, que se leen ya en todos ya en algunos de los manuscritos del Cántico; otros adiciones que no se leen en ninguna parte; otros, iniciaciones de pensamientos para desarrollarlos luego. De estos se hallan con alguna mayor fre- cuencia de la canción XXIV en adelante.
Con todos estos cambios de puesto de las estrofas en la segunda redacción, el Cántico Espiritual fundamentalmente permanece el mis- mo. Al tratar del plan de la primera redacción dijimos que el mis- mo Santo le daba en el comentario al verso primero de la canción XXVII. En el mismo verso y comentario de la redacción segunda (estrofa XXII), le repite también el Santo, modificado en la siguiente forma: «Para declarar el orden de estas canciones más distintamente y dar a entender el que ordinariamente lleva el alma hasta llegar a este estado de matrimonio espiritual, que es el más alto de que ahora, mediante el favor divino, habernos de hablar, es de notar que antes que el alma aquí llegue, primero se ejercita en los trabajos y amar- guras de la mortificación y en la meditación de las cosas espirituales que al principio dijo el alma desde la primera canción hasta aquella que dice: Mil gracias derramando. Y después entra en la vía con- templativa, en que pasa por las vías y estrechos de amor, que en ef suceso de las canciones ha ido contando, hasta la que dice: Apár- talos, Amado, en que se hizo el desposorio espiritual. Y demás de esto va por la vía unitiva, en que recibe muchas y muy grandes comunicaciones y visitas y dones y joyas del Esposo, bien así como a desposada, y se va enterando y perfeccionando en el amor de él, como ha contado desde la dicha canción donde se hizo el desposorio que dice: Apártalos, Amado, hasta ésta de ahora que comienza: En- trádose ha la esposa, donde restaba ya hacerse el matrimonio es- piritual entre la dicha alma y el Hijo de Dios. El cual es mucho más sin comparación que el desposorio espiritual, porque es una transformación total en el Amado, en que se entregan ambas las partes por total posesión de la una a la otra, con cierta consumación de unión de amor, en que está el alma hecha divina y Dios por pargrupo 15-24 de la primera redacción, pasa con el mismo orden al 24-33 de la se- gunda; de suerte que los de mayor cambio son los cuatro grupos siguientes, de a dos 3 XXXIV INTRODUCCION ticipación, cuanto se puede en esta vida. Y así, pienso que este estado nunca acaece sin que esté el alma en él confirmada en gracia, porque se confirma la fe de ambas partes, confirmándose aquí la de Dios en el alma; de donde éste es el más alto estado a que en esta vida se puede llegar. Porque así como en la consumación del ma- trimonio carnal son dos en una carne, como dice la Divina Escritura, así también consumado este matrimonio espiritual entre Dios y el alma, son dos naturalezas en un espíritu y amor, según dice San Pablo, trayendo esta misma comparación, diciendo: El que se junta al Señor, un espíritu se hace con él; bien así como cuando la luz de la estrella o de la candela se junta y une con la del sol, que ya el que luce ni es la estrella ni la candela, sino el sol, teniendo en sí difundidas las otras luces. Y de este estado habla en el pre- sente verso el Esposo, diciendo: Entrádose ha la Esposa, es a sa- ber de todo lo temporal y de todo lo natural, y de todas las afec- ciones y modos y maneras espirituales, dejadas aparte y olvidadas todas las tentaciones, turbaciones, penas, solicitud y cuidados, trans- formada en este alto abrazo» (1).
Ya se ve por las mismas palabras del Santo, que el Cántico Espiritual permanece el mismo en la segunda redacción, con dos mo- dificaciones que no alteran la substancia del plan primitivo. Es la primera, que de quince canciones que en esta redacción emplea en cantar los desposorios del Alma con Jesucristo, sólo cinco (12, 13, 11, 25 y 2ó) conservan en la segunda redacción el mismo oficio, y las diez restantes pasan al matrimonio espiritual (15-21). Parece que el Santo quiso dejar éstas últimas, que describen maravillosamente los efectos del amor de Dios en sus manifestaciones más encumbradas para el matrimonio espiritual, que siendo mucho más perfecto y re- quiriendo más intenso amor le cuadran mejor, y dejó para el des- posorio, que aún no es estado seguro de unión con Dios, los peligros que a veces turban esta unión suave, con grande ansiedad del alma, cosa que no ocurre en el matrimonio espiritual. Por eso, cuatro can- ciones (31, 32, 29, 30) que en la redacción primera manifiestan, en una u otra forma, esta inquietud que experimenta el alma por el temor de perder al Amado y que las colocó el Santo dentro de las canciones del matrimonio espiritual, en la redacción segunda pasan a formar parte de las que declaran el estado de desposorio. A nues- 1 Las modificaciones introducidas en estas lineas, responden a lo que dijo en el "Argumento" que en esta segunda redacción añadió el Santo. Le falta por recoger lo pertinente al estado beatifico que el alma anhela en las últimas canciones de este segundo estado del Cántico, como luego diremos.
Al. CfcYilCJ ES*.MEIVUAL tro juicio, el cambio mejora los dos estados y les da más precisión y justeza en la explicación de los efectos que en ellos el alma ex- perimenta.
La segunda modificación, prevista en aquellas palabras del ar- gumento que se puso a la segunda redacción: «y las últimas can- ciones tratan del estado beatifico, que sólo ya el alma en aquel estado perfecto pretende», se ordena a introducir estos deseos de gloria mansos, apacibles y dulcísimos que siente el alma, como medio único de permanecer unida al Amado eternalmente. De esto habremos de hablar de nuevo en los Apéndices, impugnando algunas opiniones del P. Chevallier.
Este arreglo que el Santo hizo en el Cántico Espiritual— que nos recuerda el practicado por la Santa en el Camino de Perfección (1) — y como todo lo del Solitario de Duruelo no fué tan sonado como su importancia parecía reclamar, ni debieron de darse cuenta cabal de ello los mismos que con él convivían. Hay testimonios antiquísimos que nos hablan de las cuarenta canciones del Santo, pero ninguno hace resaltar las modificaciones introducidas por él en la copia que las contenía. Ni el mismo esclarecido autor y docto crítico — notable para su tiempo— del Genio de la Historia, P. Jerónimo de San José, se debió de enterar perfectamente de ello, cuando, como luego vere- mos, en la edición que hizo del Cántico se limitó a añadir a la pri- mera redacción de este tratado una estrofa que le faltaba según copias que vió y manejó. Tampoco el P. Andrés de Jesús María, que publicó en 1703 la segunda redacción, alcanzó la trascendencia de lo que hacía. De aquí sus quejas acerbas por lo que creía infidelidades y omisiones de los editores del Cántico hasta la fecha en que publicaba el suyo. Algo parecido ocurrió con el padre general de la Descalcez, fray Manuel de Jesús María y José, que en una nota que puso al principio del Códice de Loeches, que copia la segunda redacción del Cántico, y que, según es dicho, firmó en Madrid el 25 de noviembre de 1756, después de probar con buenas razones que no es autógrafo del San- to, advierte que no tiene más diferencia con la edición publicada en Sevilla (1703) que la falta de una estrofa; y como quiera que se trate de una copia muy bien hecha, sospecha el P. General que el Santo no debió de escribirla al principio, «sino que la añadió después, y la hizo incorporar en otros traslados, si es que se encontrare en los del primer escrito; o que para la primera impresión (2) se tomó de el que escribió segunda vez».
1 Cfr. Biblioteca Mística Carmelitana, t. III, Introducción.
2 Se refiere a la hecha por el P. Jerónimo de San José, año de 1 630, en Madrid.
XXXVI INTRODUCCION El único que en firme cayó en la cuenta de la doble redacción