H. Por cuanto para buscar a Dios se requiere un corazón des- nudo y fuerte, libre de todos los males y bienes que puramente no son Dios (3), dice en el presente verso y en los siguientes la libertad y for- taleza que ha de tener. Y en éste dice, que no cogerá las flores que encontrare en este camino, por las cuales entiende todos los gus- tos y contentamientos que se le pueden ofrecer, los cuales son en tres maneras: temporales, sensuales y espirituales. Y porque los unos y los otros ocupan el corazón y le son impedimento para el verdadero camino espiritual, si repara o hace asiento en ellos, dice que no cogerá estas 1 Bj.: riquezas algunas.
2 Bj. y Bz.: mortificaciones y sujeciones.
3 Md. añade: o no llevan a Dios.
APENDICES 439 flores ni pondrá en ellas su corazón; y es como si dijera: ni pondré mi corazón en las riquezas y bienes que me otreciere el mundo, ni ad- mitiré los contentamientos y deleites de mi carne, ni repararé en los gustos y consuelos de mi espíritu, de suerte que me detenga en bus- car a mis amores por los montes y riberas (1). Y esto dice por hacer lo que aconseja David en este camino diciendo: Si las riquezas abun- daren, no queráis poner en ellas el corazón, esto es, no queráis afi- cionaros a ellas, lo cual entiende así de los gustos espirituales como los demás bienes temporales (2). Donde es de notar, que no sólo los bienes temporales y gustos y deleites corporales impiden y contra- dicen el camino de Dios, mas también los consuelos y deleites espi- rituales, si se tienen o buscan con propiedad, estorban el camino de las virtudes. Por tanto, al que ha de ir adelante, conviénele que no se ande a esas flores. Y no sólo eso, sino que también tenga ánimo para decir: Ni temeré las fieras Y pasaré los fuertes y fronteras.
5. En los cuales versos pone los tres enemigos del alma, que son mundo, demonio y carne, que son los que hacen la guerra y di- ficultad al camino. Por las fieras entiende el mundo, por los fuertes el demonio, y por las fronteras la carne.
6. Llama fieras al mundo, porque al alma que comienza el ca- mino de Dios, parécete que se le representa en la imaginación el mun- do como a manera de fieras, haciéndole amenazas y fieros, y principal- mente en tres maneras: la primera, que le ha de faltar el favor del mundo, perder los amigos, el crédito y aun la hacienda; la segunda, es otra fiera no menor, conviene a saber, que cómo ha de poder su- frir no haber ya jamás de tener contentos y deleites del mundo y ca- recer de todos los regalos de él; y la tercera, es aún mayor, conviene a saber, que se han de levantar contra ella las lenguas, y han de hacer burla de ella y todos le han de despreciar; las cuales cosas de tal manera se le suelen anteponer a algunas almas, que se les hace difi- cultosísimo, no sólo el perseverar contra estas fieras, más aún el co- menzar el camino.
7. Mas algunas almas más generosas pónenseles delante otras fieras más interiores y espirituales de dificultades y tentacioftes, tribu- laciones y trabajos de muchas maneras, cuales las envía Dios y per- mite a los que quiere probar como al oro en el fuego, según aquello que dice David: Que son muchas las tribulaciones de los justos. Pero el alma bien enamorada, que estima a su Amado más que a todas las cosas, confiada en el amor de su Esposo y de su favor, osará decir con ánimo: «Ni temeré las fieras».
Y pasaré los fuertes y fronteras.
8. A los demonios, que es el segundo enemigo del alma, llama fuertes, porque ellos con grande fuerza procuran tomar el paso de este 1 Bj. y Bz.: bosques y riberas.
2 Así Gr., 8.654 y Md. — Bz. y Bj.: gustos sensuales como de los demás gustos temporales.
APENDICES APENDICES camino, y porque también sus tentaciones y astucias son más fuertes y duras de vencer y más dificultosas de entender que las del mundo y carne, y porque también se fortalecen de estos otros dos enemigos de mundo y carne, para hacer al alma fuerte guerra. Y por tanto, ha- blando David de ellos dice: Los fuertes pretendieron mi alma. De cuya fortaleza también dice Job: Que ni hay poder sobre la tierra que se le compare a este del demonio, que fué hecho de suerte que a ninguno temiese, esto es, ningún poder humano se podía comparar con el suyo; y asi, sólo el poder divino basta para le vencer, y sola la luz divina para poder entender sus ardides. Por lo cual el alma que hu- biere de vencer su fortaleza, no podrá sin oración, ni sus engaños podrá entender sin humildad y mortificación. Porque asi dice San Pa- blo, avisando a los fieles estas palabras diciendo: Hermanos, vestios las armas de Dios, para que podáis resistir contra las astucias del enemigo; porque esta lucha no es como contra la carne y la sangre; entendiendo por la sangre al mundo, y por las armas de Dios la oración y cruz de Cristo, en que está la humildad y mortificación que habernos dicho.
9. Dice también que pasará las fronteras, por las cuales enliende las repugnancias y rebeliones (1) que naturalmente tiene contra el espíritu la carne; la cual, como dice San Pablo, siempre codicia contra el espíritu, y se pone como en frontera resistiendo al camino espiritual. Y estas fronteras ha de pasar el alma rompiendo las dificultades y echando por tierra con la fuerza y determinación del espíritu todos los apetitos sensuales y afecciones naturales; porque en tanto que los hubiere en el alma, de tal manera está el espíritu impedido debajo de ellas, que no puede pasar a verdadera vida y deleite espiritual (2). Lo cual nos dió bien a entender San Pablo, cuando dijo: Si mortificáredes las obras de la carne con el espíritu, viviréis. Este, pues, es el estilo que dice el alma en la dicha canción que le conviene tener para buscar a su Amado, es a saber: constancia y valor para no bajarse a coger las flores, y ánimo para no temer las fieras, y fortaleza para pasar los fuertes, sólo entendiendo en ir por los montes y ri- beras de la manera que ya está declarado.
CANCION IV ¡Oh, bosques y espesuras. Plantadas por la mano (3) del Amado! ¡Oh, prado de verduras, De flores esmaltado, Decid si por vosotros ha pasado!
DECLARACION 1. Después que el alma ha dado a entender la manera de dispo- nerse para comenzar este camino, que es el ánimo para no se andar 1 Bj. y Lch. trasladan por error revelaciones.
2 Md. añade: "en que no excluímos la de la gracia, antes la suponemos en el que ha de caminar a la perfección de la vida mistica y espiritual."
3 Bj.:...por las manos...Lch. y Md.:...de mi Amado. Ms. 8.651:: Plantados por la mano de mi Amado.
APENDICES APENDICES ya a deleites y gustos, y fortaleza para vencer las tentaciones y di- ficultades, en lo cual consiste el ejercicio del conocimiento de sí, que es lo primero que ha de hacer el alma para ir al conocimiento de Dios, ahora en esta canción comienza a caminar la consideración y conocimiento de las criaturas al conocimiento de su Amado, criador de ellas; porque después del ejercicio de! conocimiento propio, esta consideración de las criaturas es la primera por orden en este camino espiritual para ir conociendo a Dios, considerando su grandeza y ex- celencia por ellas, según aquello del Apóstol que dice: Que las cosas invisibles de Dios, son conocidas del alma por el conocimiento de las cosas criadas. Habla, pues, el alma en esta canción con las criaturas, preguntándoles por su Amado. Y es de notar que, como dice San Agustín, la pregunta que el alma hace a las criaturas es la conside- ración que en ellas hace del Criador de ellas. Y asi en esta canción se contiene la consideración de los elementos y las demás criaturas inferiores y la consideración de los cielos y de las demás criaturas y cosas materiales que Dios crió en ellos, y también la consideración de los espíritus celestiales, diciendo: ¡Oh, bosques y espesuras.
2. Llama bosques a los elementos, que son tierra, agua íue:jo, viento (1); porque asi como amenísimos bosques están poblados de es- pesas criaturas, por el grande número y muchas diferencias que hay de eílas en cada elemento: en la tierra innumerables variedades de ani- males, en el agua innumerables diferencias de peces, y en e! aire también muchas diversidades de aves; y el elemento del fuego, que concurre para con todos para la animación y conservación de ellos; y así, cada suerte de animales vive en su elemento, y está locada y plantada en él como en bosque, región donde nace y se cría. Y, a la verdad, así como lo mandó Dios en la creación de ellos, mandando a la tierra que produjese los animales; y a la mar y a las aguas los peces, y al aire hizo morada de las aves, y por eso, dice el alma luego viendo que él lo mandó así y que asi se hizo: Plantadas (2) por la mano del Amado! (3).
3. Esta es la consideración, de que estas grandezas y diferencias sola la mano de su Amado pudo hacerlas. Donde advertidamente dice; por la mano; porque aunque oirás muchas cosas hace Dios por mano de los ángeles, ésta que es criar nunca la hace por otra que por la suya propia. Y así, las criaturas mueven al alma mucho al amor de su Amado, viendo que son cosas que por su propia mano fueron hechas.
¡Oh, prado de verduras.
1. Esta es la consideración del cielo al cual llama prado de ver- duras, porque las cosas que en ellos hay criadas nunca fenecen ni se marchitan con el tiempo, sino que como frescas verduras, en que se 1 Bj., Lch., Bz., 8.654 y Md.: agua, aire y fuego.
2 Bj. y Bz.: Plantados...3 Lch. y Md.:...de mi Amado. Aquí el 8.654 lee igual que Gr.
APENDICES recrean y apacientan los justos, siempre están en su ser inmarcesible; en la cual consideración se comprende también toda la diferencia de las estrellas y otros planetas celestiales.
5. Este nombre de verduras pone también la Iglesia a las cosas celestiales cuando rogando a Dios por las almas de los difuntos, hablando con ellos dice: Constituyaos Dios entre las verduras deleita- bles. Y dice también que este prado de verduras también está de flores esmaltado.
De flores esmaltado.
6. Por las cuales flores entiende los ángeles y almas santas, con los cuales está aquel lugar adornado y hermoseado como un gra- cioso y subido esmalte en un vaso de oro excelente.
Decid si por vosotros ha pasado.
7. Esta pregunta es la consideración que arriba queda dicha: decid qué excelencias en vosotros ha criado.
CANCION VIII Mas, ¿cómo perseveras. Oh, vida (1), no viviendo donde vives, Y haciendo porque mueras, Las flechas que recibes, De lo que del Amado en ti concibes?
DECLARACION L Como el alma se ve morir de amor, según acaba de decir, y que no se acaba de morir, para poder gozar del amor con libertad, quéjase de la duración de la vida corporal, a cuya causa se le dilata la vida espiritual. Y así habla con la vida de su alma, encareciendo este dolor diciendo: vida de alma, ¿cómo puedes perseverar en esta vida de cuerpo, pues te es muerte y privación de aquella donde ya vives más verdaderamente el amor y deseo? Y mayormente siendo bastantes para que mueras las heridas que recibes de los toques del Amado, y del vehemente amor que te causa lo que de él sientes y entiendes, que son heridas que de amor matan?
Mas, ¿cómo perseveras Oh, vida (2), no viviendo donde vives?
2. Para cuya inteligencia es de saber, que el alma mas vive donde ama que en el cuerpo donde ella anima; porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella le da a él vida y ella en to amado tiene su vida. Pero allende de esta vida de amor, por el cual vive el alma en cualquiera cosa que ama, el alma tiene su vida natural en Dios, según aquello que nos dice San Pablo: En él vi- vimos y nos movemos y somos. Y como el alma vea que tiene su vida 1 Lch.: Oh, alma.
2 Lch.: Oh. alma.
APENDICES natural en Dios por el ser que en él tiene, y también su vida espiritual por el amor con que le ama, quéjase porque persevera todavía en vida corporal, porque la impide de vivir de veras donde de veras tiene su vida por esencia y por amor, como habernos dicho. En lo cual es grande el encarecimiento que el alma aquí hace, porque da a en- tender que padece en dos contrarios, en los dos versillos, porque lo que dicen en ellos es tanto como decir: alma mia, ¿cómo puedes per- severar así, pues vives sin vivir de veras donde vives por amor?
Y haciendo porque mueras, Las flechas que recibes.
3. Como si dijera: y demás de lo dicho, ya que perseveras en c! cuerpo, donde no tienes tu vida, cómo todavía perseveras, pues por si solos bastan a matarte los toques de amor, que en tu corazón recibes, de lo que de parte del Amado en ti sientes y entiendes, que eso quiere decir: De lo que del Amado en ti concibes.
tí. Es a saber, de la hermosura, grandeza y sabiduría y virtudes que de él entiendes.
CANCION XIII Los ríos sonorosos.
9. Los ríos tienen tres (1) propiedades: la primera, que lodo lo que encuentran embisten y anegan, y la segunda, que hinchen los bajos y vacíos que hallan delante; la tercera, que tienen tal sonido que todo otro sonido privan y ocupan. Y porque en esta comunicación del Amado siente el alma en é! estas tres propiedades muy sabro- samente, dice que el Amado es los rios sonorosos. Cuanto a la pri- mera es de saber, que de tal manera se ve e! alma embestir del to- rrente del espíritu de Dios en este caso y con tanta fuerza apode- rarse de ella, que le parece vienen sobre ella todos los ríos del mun- do que embisten, anegan todas sus pasiones y acciones en que antes estaba. Y no porque es cosa de tanta fuerza, es cosa de tormento; porque estos ríos son rios de paz, según por Isaías el Esposo lo dice diciendo: Mirad que yo declinaré sobre ella como un rio de paz, y como un torrente que va r?dundando gloria. Y así toda la hinche de paz y gloria. La segunda propiedad que el alma dice sentir, es que esta divina agua hinche los bajos de su humildad (2) y llena los vacíos de sus apetitos, según lo dice San Lucas diciendo: A los hambrientos hinche de bienes. La tercera propiedad que el alma siente en estos ríos de su Amado es sentir un sonido y voz espiritual que es sobre todo y voz, el cual priva y excede todo sonido. Y en declarar cómo esto sea nos habernos de detener un poco.
10. Esta voz o este sonoroso de estos rios que aquí dice el alma, 1 Por descuido omite Gr. esta palabra.
2 Lch. añade: para después levantarla a mayor gloria.
APENDICES es un henchimiento tan grande que la hinche y un poder tan poderoso que la posee, que no sólo le parecen sonidos de ríos, sino aun poderosísimos truenos. Pero es voz espiritual y no trae esotros sonidos corporales, ni la pena de otros sonidos, sino grandeza y fuerza y de- leite; pero ella es como una voz y sonido inmenso, que hinche al alma de poder. Y porque para dar a entender esta espiritual voz que en la venida del Espíritu Santo se hacía en el espíritu de los Apóstoles in- teriormente se oía aquel sonido de fuera como de aire vehemente, por el cual se denotaba el que denlro en sí sentían los Apóstoles, que era, como decimos, henchimiento de poder y fortaleza. Y cuando una vez estaba el Señor Jesús rogando al Padre en el aprieto y angustia que había de sus enemigos, según lo dice San Juan, le vino esta voz del cielo, interior, confortándole según la humanidad, la cual oyeron de fuera los judíos, a manera de trueno, y así algunos decían que era trueno, y otros que le había hablado algún ángel; y era que por aquella voz de fuera, se notaba la fortaleza y poder que según la hu- manidad a Jesús se le daba dentro. De donde es de saber, que la voz espiritual es el efecto que ella hace. Lo cual quiso decir David cuando dijo: Ecce dabit vocc sucie vocem virtulis. Es a saber: Mirad que él dará a su voz, voz de virtud. Donde es de saber que Dios es voz infinita, y la voz que da en el alma es el efecto que en ella hace.
11. Y esta voz oyó San Juan en el Apocalipsis, y dice que la voz que oyó del cielo era lanquain vocem aquarum multarían, ct tanquain vocem tonitrui magni. Quiere decir: Que era la voz que oyó como voz de muchas aguas, y como voz de un grande trueno. Y porque no se entienda que esta voz, por ser tan grande, era penosa y áspera, añade luego diciendo, que esta voz era tan suave, que crat sicut ciihare- dorum citliarizantium in citharis sais. Que quiere decir: Era como de muchos tañedores que citarizaban en sus cítaras. Y Ezequiel dice, que este sonido como de muchas aguas era quasi sonum sublimis Dei, es a saber: Como sonido del Altísimo Dios. Esto es, que altísima y suavi- simamente en él comunicaba. Esta voz es infinita, porque, como decía- mos, es el mismo Dios que se comunica, haciendo voz en el alma; mas cíñese a cada alma, dándole voz de virtud, según le cuadra limita- damente, y hace gran deleite y grandeza al alma. Que por eso dijo la Esposa en los Cantares: Sonet uox fuá in amibas meis, vox taa dul- cís. Quiere decir: Suene tu voz en mis oídos, porque es dulce tu voz. Sigúese el verso: CANCION XX DECLARACION 1. En esta canción responde el alma a una tácita reprensión (1) que la podían hacer los del mundo, según lo han ellos de costumbre notar a los que de veras se dan a Dios, de demasiados en su retiramien- to y extrañez en su manera de proceder, teniéndolos por inútiles y per- didos en lo que el mundo precia y estima; a la cual reprensión de muy 1 Bj.: a una tácita objeción o reprensión. Bz.: tácita obligación o reprensión.
APENDICES HH5 buena manera satisface aqui el alma y de muy buena gana hace rostro a esto y a todo lo demás que e! mundo la puede imponer, teniéndolo todo en poco cuando ella ha llegado a lo vivo del amor-, antes ella misma se precia y se gloría de haber hecho esas cosas por el Amado. Y así ella misma las confiesa en esta canción diciendo a los del mun- do, que si no la vieren en las cosas de sus primeros tratos y pasa- tiempos que digan que se ha perdido y ajenado de ellos; y que lo tiene por tan bien que ella misma se quiso perder andando buscando a su Amado por las obras de virtud, enamorada mucho de él. Y porque vean la ganancia de su pérdida y no la juzguen se puede llamar a engaño, como ellos piensan, dice que esta pérdida fué su ganancia, y por eso de industria se hizo perdida.
CANCION XXIV No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes (1) mirarme Después que me miraste. Que gracia y hermosura en mí dejaste.
DECLARACION 1. Animándose ya la Esposa y preciándose a sí misma en las prendas y precio que de su Amado tiene, viendo que son cosas de él, aunque ella de suyo sea de bajo precio y no merezca alguna estima, merece ser estimada por ellas, atrévese a su Amado y dicele que ya no la quiera tener en poco, ni despreciarla, porque si antes merecía esto por la fealdad de su culpa y bajeza de su naturaleza, que ya, después que él la miró la primera vez en que la arreó con su gracia y vistió de su hermosura, que bien la puede ya mirar la segunda y más veces, aumentándole la gracia y hermosura, pues hay ya razón y causa bastante para ello en haberla mirado cuando no lo merecía ni tenía partes para ello No quieras despreciarme.
2. Como si dijera: pues así es lo dicho, no quieras tenerme ya en poco.
Que si color moreno en mí hallaste.
5. Que si antes que me miraras, hallaste en mí fealdad de culpas e imperfecciones y bajeza de condición natural (2).
Ya bién puedes mirarme, Después que me miraste.
4. Después que me miraste (3), quitando de mí ese color moreno y desgraciado con que no estaba de ver, ya bien puedes mirarme más 1 Bz.: Ya bien podrás...2 Lch.: consideración natural.
3 Md. comienza el párrafo por Quitando de mí.
APENDICES veces; porque no sólo me quitaste el color moreno mirándome la pri- mera vez, pero también me hiciste más digna de ver, porque Gracia y hermosura en mi dejaste.
5. Mucho se agrada a Dios en el alma que tiene su gracia (1), porque en ella mora bien agradado, y ella está en él engrandecida, y por eso la ama inefablemente, y la va comunicando siempre en todas las sazones (2) y obras de ella más amor y dones; porque alcanza mucho el alma que está subida en amor y honrada en Dios. Y así lo da a entender Dios hablando con su amigo Jacob por Isaías, diciendo: Ex quo honorabilis ¡actas es ¡n oculis meis, et gloriosus. ego dilexi te. Quiere decir: Después que en mis ojos eres hecho honrado y glorioso, yo Le amé, esto es: has merecido más amor mío, y en él mas gracia de mercedes mías por la honra y hermosura de gloria que de mí tenías.
Esto da también a entender la Esposa en los Cantares, diciendo a las hijas de Jerusalén: Nigra sunt sed formosa ¡Mae Jerusalem, ideo dilexií me /ex et íntródttxit me in cubiculum suum. Que quiere- decir: Morena soy, hijas de Jerusalén, pero hermosa; por tanto me ha ama- do el Rey y metido en lo interior de su lecho. Es a saber: aunque soy morena de mío, soy hermosa de él, y por eso me comunicó más amor y metióme más adentro haciéndome mayores mercedes.
6. Bien puedes ya, Dios mío, mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura de honra y gloria y riqueza con tu primera vista en mí dejaste.
CANCION XXV Cogednos las raposas, Que está ya florecida (3) nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una pina, Y no parezca nadie en la montiña (4).
DECLARACION 1. Viendo la Esposa las virtudes de su alma puestas ya en el punto de su perfección, en que está ya gozando el deleite y suavidad (5) y fragancia (6) de ellas, así como se goza la belleza y olor de las plan- tas cuando están floridas, deseando continuar esta suavidad y que no 'naya cosa que pueda impedírsela y atajársela (7), pide en esta canción que le cojan (7) y aparten de sí lodas aquellas cosas que pueden derribar y ajar (9) la flor de sus virtudes, como son todas las turbaciones, tenta- 1 Md.: a quien ha dado su gracia.
2 Bz. y Bj.: acciones por sazones.
3 Bz.: florida.
4 Lch.: campiña.
5 Lch.: sabiduría por suavidad.
6 Bj. y Bz.: suavidad y gloria.
7 Lch.: alejársela. Bj.: abajársela.
8 Md.: acojan.
9 Lch.: abajar por ajar. Bz.: ahogar.
APENDICES APENDICES ciones, desasosiegos, apetitos, imaginaciones y otros movimientos, que suelen impedir al alma la paz y quietud y suavidad interior, al tiempo que suele estar más a su sabor gozando de las virtudes todas juntas en su Amado; porque suele el alma a veces en su espíritu ver las vir- tudes todas que Dios le ha dado (obrando él en ella esta luz), y ella entonces con admirable deleite y sabor de amor las junta todas y las ofrece al Amado como una piña de flores, en lo cual recibiéndolas el Amado entonces, como a la verdad las recibe, gran servicio recibe en ello; porque el alma se ofrece juntamente con las virtudes, que es el mayor servicio que ella le puede hacer; y así es uno de los mayores deleites que en el trato con Dios suele recibir éste que recibe en esta manera de don que al Amado hace. Y así, deseando ella que no le impida cosa este deleite interior que es la viña florida, desea lo quitar (1) no sólo las cosas dichas, mas que también haya gran soledad de todas las cosas (2), de manera que en todas las potencias y apetitos interiores y exteriores no haya forma ni imagen ni otra cosa que pa- rezca ni se represente delante del alma y del Amado, que en soledad y unión de entrambos están haciendo y gozando esta piña.
Cogednos las raposas, Que está ya florecida (3) nuestra viña.
2. La viña es el plantel que está en el alma de todas las virtudes que dan al alma vino de dulce sabor. Esta viña del alma está florida cuando en la unión de la voluntad con el Amado el alma está delei- tándose y gozando todas esas virtudes juntas; y a este tiempo suelen acudir a la memoria imaginativa muchas y varias formas e imagina- ciones, y en la parte sensitiva muchos y varios movimientos y apetitos que inquietan al alma, y con su mucha sutileza y viveza la hacen perder el gusto y suavidad de que entonces el alma está gozando, molestán- dola mucho. Y suele a este tiempo haber muchas turbaciones y horrores y temores (4) que suelen poner los demonios, y a todas estas cosas lla- ma raposas. Porque así como las ligeras raposinas con sus sutiles saltos suelen derribar y maltratar la flor de las viñas, así estas imagina- ciones y movimientos con su presteza (5) impiden y derriban del alma la flor de la suavidad de que entonces, como habernos dicho, está go- zando, y también porque asi como las raposas son maliciosas y sagaces en fiacer daño, así éstas imaginaciones y los demonios con ellas pro- curan maliciar y derribar la flor de la suavidad del alma, porque no haya fruto.
3. Esto mismo pide la Esposa en los Cantares, diciendo: Capiíe nobis vulpes párvulas, quae demoLiuntur vincas: nam vinea nostra flo- ruit. Que quiere decir: Cazadnos las raposas pequeñas (6) que estra- gan las viñas, porque nuestra viña está florida. Y por eso quiere el alma 1 Md.: le quiten.
2 Lch. suprime: mas que también haya gran soledad de todas las cosas.
3 Bz.: Que está ya florida. Bj.: Que está ya muy florida.
5 Lch., 8.654 y Bz.: presteza y ligereza. Md.' ligereza y presteza.
6 Md.: pequeñuelas.
APENDICES aquí que se las cacen, y porque también haya lugar ele hacer lo que se sigue, es a saber: En tanto que de rosas Hacemos una piña.
4. En esta sazón que el alma está deleitándose en el pecho de su Amado, de la flor de esta viña acaece así que las virtudes se ponen todas en pronto, como habernos dicho, y en su punto, mostrando y dan- do al alma su fragancia y suavidad en la misma alma y en Dios, de manera que le parece al alma una viña muy florida de ellas y del Amado, y entonces ella las junta todas haciendo actos muy sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las ofrece ella al Amado con gran ternura de amor y suavidad; a lo cual la ayuda el Amado, que por eso dice hacemos una piña, conviene a saber: él y yo.