del Cántico Espiritual, aunque sin comprender bien toda su impor- tancia, fué el P. Andrés de la Encarnación. En dos hojas sueltas que dejó escritas en el Códice de Barrameda, firmadas en Madrid a 3 de junio de 1757, dice, entre otras cosas, lo siguiente: «Y prevengo, porque la primer nota de este libro no dé motivo a alguna confu- sión, que N. Sto. Doctor escribió dos veces la declaración de sus can- ciones. La primera, como se vera en este ejemplar, antes que el Santo le añadiese de nuevo. La segunda, como se nota en el que sirvió a la impresión practicada en Sevilla, año de 1703. Esto su- puesto, he podido conjeturar que al formar el santo Doctor la de- terminación de trabaxar segunda vez su obra, fué apuntando en la copia presente (que lo era de su primer escrito) lo que se le ofrecía de nuevo sobre los sentidos y mayor explicación de sus misteriosas canciones, siendo las más veces, no tanto adicción, cuanto recuerdo del concepto que nuevamente le ocurría; todo lo cual le sirvió des- pués para darnos aquel su excelente escripto con summa perfección. Y por este motivo llamó al presente, en la forma que ahora se ve: Borrador de que ya se sacó en limpio. Este es mi sentir, y para que conste en todo tiempo, lo firmo de mi mano en este nuestro Convento de Sn. Hermenegildo de Madrid, a 3 de Junio de mil setecientos cincuenta y siete. — Fr. Andrés de la Encarnación, Comm.o». Unos años más tarde afirma lo mismo en las Memorias Historiales, letra C, nú- mero b9, testimonio que habremos de citar por extenso en otro lugar.
Testigos fehacientes de este segundo estado del texto del Cántico Espiritual son las copias manuscritas, de grande importancia, que han llegado hasta nosotros— en los siglos XVI, XVII y XVIII hubo mu- chas más — y corroboran los testimonios antiguos que hablan del Cán- tico de las cuarenta canciones. Ellos nos dan prueba irrefragable de lo que dice el Santo en la portada del Códice de Barrameda, de haberse sacado copia limpia de este manuscrito, que él apostilló con cierta profusión.
Por otra parte, el estilo así de la estrofa nueva como el de los párrafos añadidos cuadra perfectamente al Santo, y viene en abono de la autenticidad de ellos, como siempre se han tenido en la Orden desde que se conocieron en toda so integridad e importancia. No creemos que el más fino discernidor de estilos advierta diferencias entre las estrofa XI y las demás del Poema. Lo mismo podemos decir del comento que se añade en el estado segundo del libro.
Como ni los primitivos biógrafos ni los testigos que vivieron con el Santo y le vieron componer sus tratados nos dan de esto los pormenores que habríamos menester, no sabemos cómo ni cuándo AL CANTICO ESFIRITUAL XXXVII hizo el arreglo de esta segunda redacción. No es fácil que escribiese todo el tratado de nuevo; más bien creo trabajaría sobre alguna co- pia de la redacción primera (1). Para las modificaciones que introdujo al texto primitivo, iría señalando el lugar que habian de guardar las canciones según el nuevo plan, y en hojas sueltas iría escribiendo, a más de la estrofa que comienza: Descubre tu presencia, con su res- pectivo comentario, los párrafos más o menos largos que añadió a las exposiciones de algunos versos; y asi arreglada, la fío a un buen amanuense para que la pusiera en limpio. Esta copia hecha según los arreglos definitivos del Santo, bien pudiera ser la que hoy guar- dan las Carmelitas Descalzas de Jaén, de la que hablaremos en se- guida. La letra magnífica en que está escrita abona la sospecha, pues es muy lógico que las copias que habían de servir como de matrices para futuros trasuntos, fueran de letra clara, por lo menos.
En cuanto al tiempo en que pudo hacerse este arreglo del Cánlico, presumo sería poco después de escrito el primero, que fué en 1584. Fundo mi presunción en que para el mes de agosto de 1586 ya estaba terminada la segunda redacción, puesto que la M. Ana de Jesús en- tregó una copia de ella a la M. Isabel de la Encamación cuando ésta era aún novicia en Granada, y esto hubo de hacerlo, lo más tarde, por la fecha indicada, antes de salir la dicha M. Ana para la fundación de Madrid, puesto que ya no se vieron en esta vida, y la entrega fué personal (2).
1 Por esta época tenía ya muchas ocupaciones el Santo, y no es fácil se resol- viera a escribirle todo de nuevo, cuando las tres cuartas partes del primero habían de pasar intactas al segundo. Las canciones que retocó mucho, como la primera y alguna otra, es fácil las escribiese integras. Aun al amanuense se le facilitaba asi el trabajo de copia.
2 No se sabe con fijeza el día que salió la M. Ana de Granada con sus compa- ñeras para la fundación de Madrid. Ni el P. Manrique en la Vida que escribió de la Venerable, ni el P. Francisco de Santa María (Historia de la Reforma, t. II, 1. VII, c. 47), dicen nada a este respecto. El P. Bertoldo de San Ignacio (Vida de la Madre Ana de Jesús, t. I, 1. IV, c. V), escribe que salieron a principios de julio. El P. Ge- rardo (t. II, p. 379) afirma que fué en junio. En cambio, todos están conformes en que el día 7 de septiembre estuvo en Madrid, y en que la víspera por la mañana oyeron misa ante la célebre imagen de la Santísima Virgen que en Illescas se venera. Aun en el supuesto de que por ser en verano caminasen de noche y con el fresco de las primeras horas de la mañana, muy bien pudieron salvar las cien leguas bien estira- das que separan a Madrid de Granada y descansar algunos días en las Descalzas de Malagón y Toledo, aunque hubieran salido a principios de agosto. En bastante me- nos tiempo llenaba la Santa ésas y mayores distancias. Tampoco es cierto que las acompañara el Santo durante el viaje. Todavía el 4 de septiembre de 1 586, firmó las actas del Definitorio que se celebraba en Madrid (Biblioteca Mística Carmelitana.
t. I, p. LXXX-LXXXI): de suerte que aunque saliese este mismo dia, y en rápida ca- balgadura, al encuentro de las religiosas, las hallaría lo más lejos en Toledo, donde parece descansaron.
XXXVIII INTRODUCCION En la glosa al verso tercero de la canción XXXI se leen estas frases: «Mas cuales y cómo sean estas tentaciones y trabajos, y has- ta dónde llegan al alma para poder venir a esta fortaleza de amor en que Dios se une con el alma, en la declaración de las cuatro canciones, que comienzan: Oh llama de amor viva, está dicho algo de ello». El comentario a estas estrofas debió de componerlo, en cues- tión de quince días, hacia fines de 1585, a raíz de ser elegido vi- cario provincial de Andalucía (1). Poco después, liaría los retoques de la segunda redacción, y conocidos sus aguantes, no tardaría mu- cho en tenerlos listos para sacar traslados limpios.
Habla el Santo en la canción XIII, cómo la M. Teresa había escrito admirablemente de cosas de espíritu, «las cuales — dice — es- pero en Dios saldrán presto impresas a luz». Las mismas palabras liabía estampado en la primera redacción de 1584. Como el decreto acordando la impresión de las obras de la Santa, en que intervino el Doctor místico es de 1 de septiembre de 1586, de haber preparado la redacción segunda del Cántico después de esta fecha, habría mo- dificado algún tanto la frase, ya que las esperanzas en 1584 habíanse concretado casi en realidades con el acuerdo unánime de los supe- riores—él era uno — de la Descalcez, trámite decisivo en esta materia, si no había alguna dificultad por parte de la censura (2).
COPIAS DE LA SEGUNDA REDACCION DEL «CANTICO».
De esta segunda redacción comenzaron a sacarse copias en se- guida, y han llegado hasta nosotros nueve, que sepamos, la mayor parte de ellas muy antiguas, ya que fueron hechas las más dentro del siglo XVI, y hay indicios vehementes de que algunas son coetáneas del mismo Santo, y hasta testimonio explícito y solemne existe respecto del Códice de Jaén, que por ser tal, merece hablemos de él en lugar pre- ferente, si bien las restantes sólo discrepan de él en cosas secunda-» rías, debidas en su mayor parte a descuidos de los amanuenses.
1 Fué electo en Pastrana, a mediados de octubre del dicho año de 1585.
2 Esto parece lo más corriente; cabe, con todo, que el Santo dejase la frase sin modificar aun en el caso de haber preparado en fecha postenor el segundo estado del Cántico. ¿Quién puede adivinar la inmensa varied¿id de posturas que un autor puede adoptar respecto de sus escritos? Qué cosa más natural, pongo por ejemplo, que la Santa hubiera modificado la fecha de conclusión de su Autobiografía al aumentarla por segunda vez años después? Y. sin embargo, no lo hizo, y fué el P. Béñez quien nos advierte de eilo, porque conoció ambas redacciones (Cfr. B. M. C, t. I, p. 372). Adoptar en estas cuestiones criterios rígidos e inflexibles, es sentar jalones para co- rrer caminos extraviados.
AL CANTICO ESPIRITUAL XXXIX Algo parecido ocurre con el manuscrito de Segovia, si bien el testimonio de Colmenares nos parece tener menos grados de certi- dumbre respecto de éste, que el de Isabel de la Encarnación cuan- to al de Jaén. Ambos, sin embargo, se ayudan g corroboran y son testimonio precioso de la doble redacción sanjuanista del Cántico y argumento, hasta ahora no refutado, contra la supuesta condición apó- crifa de la segunda redacción de este tratado que defienden algunos críticos de última hora. Tampoco dejan de robustecer nuestra tesis los demás manuscritos de esta segunda redacción, antiquísimos todos y de inestimable valor crítico.
De este segundo estado tomamos por specimen al de Jaén, que Fr. Juan de la Cruz entregó en Granada a la venerable Ana de Jesús. Con él conforman, salvo erratas materiales, los manuscritos de Avila, Alba, los dos de Burgos y el de Baeza. En los tres restantes hay mayor número de vanantes, pero en lo substancial se ajustan tam- bién al de Jaén.
Códice de Jaén— Con broches y cantos dorados y forrado en ele- gante terciopelo carmesí, hace el Códice del Cántico Espiritual de las Carmelitas Descalzas de Jaén un volumen de 306 páginas dobles, seguido de algunas poesías del mismo autor, que llegan hasta la 330, donde termina. Las tres hojas en blanco que siguen a éstas, se pusieron al encuadernar el Códice como hoy se halla, que fué en tiempo de la Madre Isabel, de quien luego se hablará, como se Infiere de lo que dice el P. Salvador de la Cruz, autor de la Noticia historial que viene al frente del Códice y hace cinco hojas y media, de otro papel, y algo más pequeñas que la copia, y se puso juntamente con ella. Antes de dicha «Noticia> vienen cuatro hojas en blanco, de guarnición o refuerzo, dos después de ella, y a seguida la portada del Códice en estos términos: Declaración de las Ca/ciones que tratan del exercicio de / amor entre el alma y esposo Chis-jto (sic) en la qual se tocan y decla-/ran algunos puntos / y affectos de orado ¡ a petición de la Madre Ana / de Jhesus / Priora de las Descalzas de Sanl Joseph de granada / año de 1584 / años. La vuelta de la portada no tiene nada escrito. A la hoja le falta como un centímetro del margen superior. Mide el Códice 150 por 100 mm„ y deja amplios márgenes, de suerte que la parte escrita ocupa 105 por 75 mm. La paginación que, como es dicho, se hace por hojas, comienza en la siguiente a la portada.
La copia está hecha con mucho esmero y limpieza, y la letra es muy clara y hasta tiene como cierto aire de la del Santo; lo que dió lugar a que durante siglos pasase como autógrafo suyo, y como tal XL INTRODUCCION se publicó por primera vez en la edición de Sevilla, año de 1703, por el P. Andrés de Jesús María, de la cual se hablará más adelante. Con todo, un ligero cotejo de ambas letras persuade en seguida que la del Códice jienense es más acabada y perfecta que la del Santo, sin exceptuar aquellas letras de mayor parecido como la 1, d, etc. Difieren bastante también en la ortografía de las palabras que el Santo escribía uniformemente. Asi, para la pronunciación suave de la c, emplea el Santo esta letra lo mismo que hoy hacemos; en cam- bio, el Códice de Jaén usa la g, como a la sazón era corriente. La palabra peccado, v. gr., se lee en el Códice con doble c, y el Santo la escribe con una. Hoy este extremo de la escritura sanjuanista pue- de darse por averiguado y pasado en cosa juzgada. Las copias fo- tográficas han facilitado las comparaciones de grafía, que en otro tiempo fueron difíciles, principalmente cuando los originales eran es- casos, como ocurría con los del Santo.
Tampoco me parece de la misma letra que el Códice de Sanlúcar. Ambas son excelentes, pero la de éste es algo más redonda, y más tirada la de Jaén. No dejan de tener ambas algo de parecido, y letras como la b, d, g, y y algunas otras son muy semejantes. No diría yo que ambos amanuenses fueran escogidos por el Santo para sa- car traslados limpios y de fácil lectura de sus borradores respecti- vos (1). La letra de uno y otro es de hombre, y sospecho que no muy sabidos en achaques ascéticos o místicos, a juzgar por las erratas ma- teriales que cometen; lo que da mayor autenticidad a las copias, puesto que de todo se les podrá juzgar capaces menos de adulterar a sabiendas el sentido doctrinal de lo que transcribían. A entrambos los creo se- glares. Bien sabido es que entonces habia excelentes pendolistas en las poblaciones grandes, oficio que fué perdiendo su importancia pa- ralelamente al desarrollo de la imprenta.
El historial de este Códice nos le da el P. Salvador de la Cruz en el documento arriba mentado, que firma en Jaén, a 3 de febrero de 1670 y que tituló «Noticia cierta de quién escribió este libro [el Cántico Espiritual] y veneración que por ello se le debe, con algu- nas advertencias». Entre otras cosas, escribe a nuestro propósito el P. Salvador, después de afirmar erróneamente que el Códice era de letra del Santo, lo cual podía verse tanto comparando las letras, «como porque lo certificó así la venerable madre Ana de Jesús Lobera a la venerable madre Isabel de la Encarnación, priora que fué del 1 Dejó correr levísima sospecha respecto de la identidad gráfica de ambos ma- nuscritos mi culto amigo, el señor Martínez Burgos, en el prólogo a su hermosa edición del Cántico de Jaén.
AL CAKTICO ESPIRITUAL XII Convento de nuestras Religiosas descalzas Carmelitas de la ciudad de Jaén, a quien, siendo novicia en el Convento de nuestras Religio- sas de Granada y priora de él la venerable M. Ana de Jesús, le dio la misma venerable M. Ana de Jesús este libro en cuadernos sueltos, certificándole eran escritos de mano y letra propia de nuestro ve- nerable Padre fray Juan de la Cruz, de quien lo habia recibido. Y la misma venerable madre Isabel de la Encarnación, siendo priora del Convento de nuestras Religiosas descalzas de Jaén, estando para mo- rir, dió estos cuadernos, ya unidos y encuadernados como están, a la AV. Clara de la Cruz, religiosa en el mismo convento de Jaén, y priora que después ha sido de él, certificándole lo mismo».
Sabidas son las buenas relaciones espirituales, de padre a hija, que mediaron entre el Santo y la venerable Ana de Jesús desde que comenzó a confesarla en Bcas (1578) hasta la muerte del Santo (1591). Conocido es también que a instancias de esta religiosa compuso el Cántico Espiritual, siendo ella priora de aquel convento de Carmelitas Descalzas, desde que se fundó (1582) hasta que la M. Ana salió para la fundación de Madrid en 1586, pues en la elección de priora hecha en 13 de enero de este mismo año fué electa por unanimidad de nuevo la M. Ana, como puede verse en el Libro primitivo de Profesiones y Elecciones de esta Comunidad. De la venerable Isabel de la Encar- nación escribe el Libro de Difuntas de las Carmelitas Descalzas de jaén: «En tres días del mes de junio de este año de el Señor de mil y seiscientos y treinta y cuatro, día sábado, a las seis de la mañana, víspera de Pascua del Espíritu Santo, murió y se llevó Su A\ajestad para sí a nuestra madre Isabel de la Encarnación, priora que era de este convento de nuestra madre Santa Teresa de Jaén, siendo de edad de setenta y un años y teniendo de hábito cincuenta ij uno. Era natural de Granada, y de allí profesa, hija de los se- ñores Fernando de Puebla y doña Leonor Menéndez y Fucnsevilla, priora y supriora siete años. Salió de allí a fundar nuestro convento de la Encarnación de Baeza y en él fué priora cerca de once años. Salió de Baeza y vino a fundar esta nuestra casa de Jaén, y en ella fué perlada cerca de trece años. Era sujeto muy capaz, dotada de muchas gracias, de gran prudencia, muy religiosa, dada a la ora- ción y ejercicios santos. Fué siempre muy amada y estimada de sus monjas. Tenía grande ánimo. Ofreciéronsele trabajos y llevábalos con mucho valor y sufrimiento; de la misma manera las enfermedades. Fué la de su muerte larga, y en ella mostró el tesoro de su paciencia y de otras muchas virtudes y conformidad con la voluntad de Dios. Rescibió con gran devoción todos los sacramentos, y dejó edificadas XLn INTRODUCCION a las religiosas con esto, y su grande paz y sosiego con que se fué al cielo. Estaba su cuerpo tan tratable, hermoso y con tanto agrado el rostro que parecía estaba viva, y sentían las religiosas mucho consuelo tocando sus manos y besando sus pies como de santa, que así lo parecía y decía la gente, pidiendo reliquias suyas».
Es probable que la M. Ana entregase el Códice de Jaén, entonces en cuadernillos sueltos, en agosto de 1586, pocos días antes de salir para la fundación de Madrid, que se realizó en septiembre (el 17 se puso el Santísimo Sacramento), para donde salió la M. Ana con otras religiosas de Granada. No dejarla la Madre de llevar a la Corte otro ejemplar, o quizá varios, para si y sus religiosas; y algu- no de ellos iría a parar muy pronto a la emperatriz doña María, que ya dijimos leía y apreciaba mucho los escritos de San Juan de la Cruz, y con ella muchas damas de la Corte y aristocracia madrileña (1).
Poco antes de morir, como acabamos de saber por el P. Salvador, la M. Isabel de la Encarnación entregó el Códice a la M. Clara de la Cruz, que hacia quince años que había tomado el hábito en las Des- calzas de Jaén y tenía a la sazón treinta y tres (2). Era ya para esta fecha una de las religiosas más completas de la Comunidad. De ella dice el Libro de Difuntas: «Viernes, 6 de noviembre de 1671, fué Nuestro Señor servido de llevarse para si a la M. Clara de la Cruz, a la una del día; de edad de setenta años y cincuenta y dos de há- bito. Fué religiosa muy observante penitente, y de lindo ingenio para cualquiera cosa que tomaba en sus manos de labores y bordados y flores...Mientras tuvo salud fué muy asistente al coro, con particular cuidado en sus ceremonias y puntualidad en el rezo y advertencias de él. Observó los ayunos y el traer estameña hasta que la rindieron los achaques. Cuatro años antes de su muerte, que fueron de gota e hi- dropesía, con que padeció mucho, cayó en la cama, donde estuvo tres o cuatro meses hética. Murió con todo sentido, con gran conformidad de Dios y actos muy fervorosos de todas las virtudes, y quedó después de muerta tan alegre y apacible el rostro, que era consuelo mirarla.
Fué muchas veces sacristana, por la gracia y aseo con que ejercitaba este oficio. Fué priora de esta casa una vez, y clavaria muy ordinario, que para todo tenía gracia y habilidad».
Dieciocho meses antes que muriera la M. Clara, hizo las diligen- cias dichas acerca de la procedencia de este Códice el P. Salvador 2 Según el Libro de Profesiones y Elecciones de jaén, la M. Clara hizo su pro- fesión el 15 de febrero de 1620. y fué electa priora a 23 días del mea de marzo de 1658.
AL CANTICO ESPIRITUAL XLIII de la Cruz; a lo cual quizá no fueron ajenas las mismas religiosas, pues siendo aquélla tan venerable y que tanto crédito habia de dar a la preciosa reliquia que tenían, suplicarían a la M. Clara dejase un testimonio que perpetuase el origen del celebérrimo Manuscrito de Jaén; y así lo hizo por medio del citado P. Salvador, conventual por entonces del convento que en la misma ciudad tenían los Carmelitas Descalzos. La medida no pudo ser más providente, pues con ella dió a este Códice una prueba tan irrecusable de su procedencia sanjuanista, como ya no hubiera podido darse jamás, puesto que nadie se hallaba en tan favorables circunstancias para ello, muerta la M. Isabel, como la M. Clara de la Cruz, que de aquélla lo recibió.
Ya se ha indicado que, a pesar de sus primores caligráficos y la limpieza con que está hecha la copia, tiene bastantes errores mate- riales. Sin ir más lejos, en el título del prólogo escribe chisto por christo. Pero estos deslices son minucias de ninguna importancia, y más cuando hay otras copias autorizadas para poder consultar y rectificar estos yerros, como ocurre en el caso presente.
Códice de Avila. — En el primitivo Convento de las Carmelitas Des- calzas de San José se guarda un Códice del Cántico Espiritual, mag- níficamente encuadernado en planchas de plata y esmaltes, con bonitas aplicaciones de la misma materia en los cuatro ángulos y broches muy artísticos. Como reza una inscripción grabada en las mismas planchas, esta obra se hizo en 1878, gracias a la munífica largueza de la piadosa dama, excelentísima doña María del Carmen Azlor y Ara- gón, condesa de Guaqui. Hállase en perfecto estado de conservación. Mide 150 por 100 mm., y cuenta hasta 185 hojas, sin foliar. La que hace de portada, dice: Jhs. María. — Declaración de las Canciones que tratan del exercicio de amor entre el alma y X.e en la qual se tocan algunos púnelos y efjectos de oración, a petición de la Aladre Ana de Jesús, Priora de las Descalzas de San Joseph de Granada, año de 1584. En la siguiente hoja comienza el prólogo.
El Códice tiene dos clases de letra, claras ambas y muy legibles. La primera llega hasta la frase «limpiándola de todas sus imperfec- ciones y poniendo en razón-, de la Declaración de las canciones XX y XXI. En la palabra siguiente comienza la segunda clase de letra hasta el fin. Una y otra deben ser de fines del siglo XVI y de copistas que entendían el latín, porque muchas palabras están escritas a la latina. El primer amanuense, en el cuerpo ya de la obra, contra la costumbre observada en todos los Códices, no copia la estrofa entera, sino sólo el primer verso, y los restantes los suple con un etcétera. El segundo las copia íntegras, y el número de orden de XLIV INTRODUCCION cada una de ellas es romano, a diferencia del primero, que emplea el el arábigo.
La copia esta hecha con mucho esmero, y es muy fiel. Apenas tiene variantes con la de Jaén, y de importancia escasísima. Hay algu- na omisión mecánica, pero muy breve y fácil de suplir por otros ma- nuscritos. Al margen pone las citas de la Sagrada Escritura. Al en- cuadernarse, se cambiaron algunas hojas de su lugar propio enchufán- dolos en otro.
Todavía, a fines del siglo XVII, y por un general tan docto como el P. Alonso de la Madre de Dios, fué tenido este Códice por de letra del Santo Padre, como lo indica la siguiente nota, de puño y letra del citado P. General, puesta al fin del Cántico Espiritual del Códice de Segovia (fol. 113), del que adelante hablaremos, que es del tenor siguiente: «Cotejé este libro y su letra con el de las Can- ciones, escrito y firmado de N. S. P., questá original en el convento de religiosas nuestras de esta ciudad de Abila. Y se conoce clara- mente ser la letra de ambos de una misma mano. Y siéndolo de la del Santo el citado, no debe dudarse que lo es también éste. Abila y octubre 17 de 1692.— Fr. Alonso de la Madre de Dios, Gral.» Mal perito calígrafo habría hecho el buen P. General, puesto que ni son de la misma letra, ni menos proceden de la pluma del Santo. Además, median muchas variantes entre ellos. Basta examinar la firma (Fr. Juan de la -{-), que se pone al fin del Cántico, un poco más abajo de la última línea de la canción XL, para convencerse en seguida que no tiene el Códice tan preciado origen.
Códice de Burgos.— Hace un manuscrito de 215 por 150 mm.. forrado en pergamino. Paginado por hojas desde la portada, llega hasta la 122. A diferencia de las demás copias, el poema le trae en las cuatro últimas páginas. Es muy antiguo, de letra clara, redonda y trazos gruesos y muy bien hechos. Puede ser coetáneo del Santo. Desde muy antiguo perteneció al Convento de Carmelitas Descalzos de Burgos. En la primera hoja en blanco se lee, de letra del P. Andrés de la Encarnación: «Este Manuscrito es de el Archivo de nro. Colegio de Burgos». En la siguiente, reflejo sin duda de lo dicho por el P. Andrés de Jesús en la edición que publicó en 1703 en Sevilla, de la que luego hablaremos, dice el citado Fr. Andrés de la Encarna- ción: «Este manuscrito es de las canciones de N.° p.e S. Juan dff la Cruz. Y se advierte que está según el original y no tiene el de- fecto que tenían los impresos antes de la última impresión de Sebilla, por lo que se deue apreciar y guardar por lo que puede suceder en AL CANTICO FSPIRITUAL XLV lo futuro. Fáltale el Prólogo. Al fin se hallan unas canciones añadidas que se deuerán ver...»
La hoja que sigue da comienzo al texto del Cántico por el «ar- gumento», de suerte que carece de prólogo, porque las cuarenta can- ciones que suelen venir a continuación, ya hemos dicho que las trae al fin del tratado.
La copia discrepa muy poco de la de Jaén, y no por intención hecha, sino por descuidos de copista. Por efecto de estos descuidos, hay algunas omisiones cortas, fácilmente subsanables. También omite los títulos de las anotaciones que vienen al comienzo de cada estrofa, y la palabra «Declaración», que pone el Santo a continuación de los cinco versos de que se compone cada una de las canciones.