SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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Esta distinción teresíana de dos épocas en la unión de los perfec- tos, la adopta San Juan de la Cruz en su Cántico, y la recuerda en la Llama de amor viva. De la doctrina de Santa Teresa y Santo Tomás obtiene el Santo el doble ritmo que expresará su propia experiencia. Con Santa Teresa admite dos grados muy diferentes de la unión que es propia de los perfectos; con Santo Tomás acepta, antes de cada unión, un deseo, después de ella, una fruición. El obtiene, por lo tanto, en el sentido del único estado de los perfectos seis partes: dos deseos, • ios uniones y dos fruiciones (p. 87).

Un primer deseo de la visión intuitiva (can. 1 a 11) es seguido de ::na unión más íntima, de una primera igualdad de amor (canc. 12), causa de una fruición sabrosa (canc. 13-23); y después un segundo deseo de mayor intimidad (canc. 24-26), alcanzarán una unión superior, la segunda igualdad de amor, y por ella la fruición incomparable (canc. 27 a 39).

Once estrofas nos explicarán previamente eí tormento del primer deseo. Este deseo es un grito (estrof. 1), un ruego (estrof. 2), un ím- petu (estrof. 3), una petición (estrof. 4), y luego una herida (es- trofas 5 y 6), una llaga (estrof. 7), una agonía (estrof. 7-11).

Esta gradación ascendente la va probando el P. Chevallier con la sucesión, rápidamente comentada, de las treinta y nueve estrofas del Cántico A, y de esta forma pone a nuestra vista los dos deseos, las dos uniones y las dos fruiciones. Estas seis partes dan la explica- ción de las cuatro líneas fundamentales, cuya inteligencia tanto ha preocupado al P. Chevallier. En la página 87 de este su ultimo trabajo, las estrofas fueron divididas en seis partes; en la página 7ó las di- chas estrofas fueron clasificadas en cuatro líneas. Comparadas ambas divisiones, obtendremos la siguiente ecuación: las estrofas 1.» a 11 convienen a la primera parte (primer deseo), y a las dos primeras líneas ios trabajos y amarguras de la mortificación, (la mise á mort), los sufrimientos y congojas de amor; — las estrofas 12 a 26 convienen a la segunda, tercera y cuarta parte (primera unión, primera fruición, segundo deseo); y a la tercera línea, los presentes y joyas del Es- poso;—las estrofas 27 a 39 pertenecen a la quinta y sexta parte (segunda unión, segunda fruición), y a la última línea (la cima de la transformación plena) (p. 108).

españoles no tenían entonces ningún miedo a ésta ni otras palabras más fuertes. La intención del P. Jerónimo es bien transparente y candorosa.

33 514 APENDICES Después de lo anteriormente dicho, nada de particular se nos ocu- rre acerca de cuanto expone aquí el P. Chevallier, sino sólo que dé Dios a los lectores que tenga interés de imponerse en ello buenas entendederas y la paciencia que ha tenido el distinguido crítico bene- dictino para escribirlo. Nada nuevo dice; es más bien confirmación de lo que antes había afirmado; y, por lo tanto, nos atenemos a las contestaciones dadas en anteriores líneas. No comprendo por qué per- siste tanto el P. Chevallier en la claridad de plan del Cántico B, y en la absoluta ausencia de diafanidad del Cántico A, cuando en los dos son iguales, excepto las pequeñas diferencias accidentales ya apun- tadas. Toda la claridad de B la hace depender el paciente crítico del «Argumento» que viene después del poema, donde se dice que hablará de la vía purgativa, iluminativa y unitiva, correspondiente a los prin- cipiantes, aprovechados y perfectos, respectivamente. Las últimas estro- fas hablan de la unión fruitiva en el estado beatífico. Como, salvo esto último, en todo lo demás, substancialmente, son iguales los dos Cánti- cos, el citado «Argumento» cuadra muy bien al Cántico A.

Sospechamos de nuevo que ei Santo lo puso en el segundo para suplir un olvido involuntario de la primera redacción del Cántico, ya que en el «prólogo» no se dibuja plan ninguno; asi como estimo otro olvido el no tratar al fin de él de la unión beatífica. Ambos fueron subsanados en el Cántico B. Ya hemos intentado probar que las líneas fundamen- tales de ambos cánticos son coincidentes. Y si en ellas, y en casi todo, coinciden, ¿cómo no ha de ser igualmente trasparente e inteligible el plan de ambos Cánticos?

Pase que las cuatro líneas fundamentales del Cántico se hayan ins- pirado en los textos del Angélico que el P. Chevallier cita, San Juan de la Cruz había estudiado mucho al Sol de Aquino, y ésta y otras enseñanzas suyas acerca de la caridad contribuirían a la composición de este tratado. Pero tales textos son igualmente aplicables a los dos Cánticos, y aún tiene más completa aplicación al segundo; porque es- tas palabras del Maestro de las Escuelas: «Tertium autem studium est ut homo ad hoc principaliter intendat ut Deo inhaeret et eo fruatur; o nada significan, o nos aseguran de los deseos que sienten los per- fectos de unirse con Cristo en la visión beatifica. Santo Tomás no da otro sentido al texto paulino que el literal que le dió el Apóstol de las Gentes. En la autoridad del Angélico transcrita por Dom Ph. Chevallier, se habla indudablemente de anhelos que sienten las almas perfectas en la caridad de dejar esta vida y unirse con el Amado; ni más ni menos que lo que asegura el Doctor místico en las últimas estrofas del Cántico B. Porque, evidentemente, el orden de las tres maneras de perfectos en el texto de Santo Tomás no es como a con- tinuación lo comenta el P. Chevallier (84): Primero: los perfectos quieren abandonar el cuerpo para unirse con Cristo; segundo: ellos alcanzan en la tierra una unión con Dios; tercero: ellos aquí gozan de Dios», sino como en las frases copiadas vienen. El Angel de las Escuelas no suele ser vago e impreciso de significación, ni cometer descuidos doc- trinales de tanto bulto, que al enumerar diversos grados de perfección ascendente hubiera comenzado por el más perfecto, sin prevenir a] lector para evitarle una mala inteligencia doctrinal.

APENDICES 515 La Santa, como el Santo, establece grande diferencia de amor di- vino entre el desposorio y el matrimonio espiritual. Que unos apliquen e) primero a los perfectos en grado inferior de perfección todavía al de los que han celebrado matrimonio espiritual, y que otros le apliquen a los aprovechados y reserven el matrimonio sólo a los perfectos, es cuestión de nombre más que de doctrina. Si ésta fuera alguna dificul- tad en el Santo — para mí no la hay — lo mismo existe en el primer Cán- tico que en el segundo, puesto que la doctrina respecto de los estados de desposorio y matrimonio no difiere en ellos (1), como no difiere esa combinación graduada de gritos, ímpetus, peticiones, heridas, llagas y agonías de amor que el P. Chevallier señala en el Cántico A.

Prueba luego brevemente el P. Chevallier que en las dichas equiva- lencias no hay nada violento, sino que brotan del argumento mismo; y saca la conclusión: partes y líneas no describen más que un solo y mismo período de progreso espiritual: el período de los perfectos. Se- gunda conclusión: las cuatro líneas fundamentales del Cántico ñ. res- ponden a la doctrina tomista que inspiró al redactor de B los trea grados de caridad; pero éste no ha hecho otra cosa que adoptar una clasificación ya muy conocida, mientras San Juan de la Cruz, en un fin superior, ha recogido más miel y azúcar. Y con el A suire, remata, o suspende el P. Chevallier, dejándonos a pesar de tanta miel un tanto amargada la boca, el trabajo tan desleído, paciente y peregrino que ha hecho acerca de la crítica textual del Cántico en sus dos es- tados (2).

De todo lo dicho podemos inferir las siguientes conclusiones: 1.a Que nos parece bien la denominación de primero y segundo Cántico, en la que caben muy bien los manuscritos que de este tratado 1 La doctrina que sobre desposorios y matrimonio espiritual expone el Santo en el tercer párrafo del comentario al verso Las profundas cavernas del sentido (canción III de La Llama), confirma la separación notable que establece el Santo entre estos dos estados de amor divino.

2 De enero de 1927 es el presente trabajo, que tan por extenso acabamos de ex- tractar; después, que sepamos, no lo ha continuado el docto benedictino. Juan Baruti en su interesante obra Saint Jean de la Croix et le Probleme de V experience mas- tique. (Paris, Alean, 1924. Un vol. de VII-790 págs.), emplea el primer libro de ella, titulado Les textes. al estudio de los Códices que copian escritos del Santo y a las ediciones de estos mismos escritos, sin olvidar tampoco otras fuentes de información sanjuanista. La obra de Baruzi arguye vasta y sólida preparación, copiosa cultura y grande diligencia en el examen de autoridades, cuidado en las citas, y exquisita co- rrección en la exposición de sus doctrinas cuando no coinciden con las de escritores a quien impugna. En investigación y escrúpulo de citas y revisiones merece la misma sincera alabanza que el Padre Chevallier. Ojalá pudiéramos decir lo mismo de otros extremos de su laboriosa obra sobre el gran Doctor místico, a quien Baruzi admira y, a su modo, encumbra. Por lo que hace a la critica textual sanjuanista, que es lo que ahora nos interesa, sigue, por lo regular al P. Chevallier en el citado trabajo del Bu- lletin Hispanique (único que se conocía cuando Baruzi preparaba su estudio sobre el Santo), y al P. Gerardo de San Juan de la Cruz. Hace también muchas consideracio- nes propias, ya como resultado de estudios personales, ya por barruntos de su inteli- gencia. Algunas nos parecen bien: de otras discrepamos radicalmente. Más o menos tnflluidos por estos dos escritores franceses, salen de cuando en cuando, en España sobre todo, referencias y arañazos a la tradicional opinión respecto de los escritos de San Juan de la Cruz, aceptada y mejorada por la edición de Toledo (1912-1914), que por estar llenos de vacuidad, suficiencia estulta y presumida ignorancia, no haremos 516 APENDICES se conservan, y por lo tanto que no hay necesidad de clasificarlos en seis grupos correspondientes a seis estados del Cántico Espiritual.

2. a Que hasta el presente no se han aducido pruebas, intrínsecas ni extrínsecas, que obliguen a poner en tela de juicio la procedencia sanjuanista del Cántico de Jaén y su grupo, que seguimos creyendo fué preparado por San Juan de la Cruz.

Por consecuencia, ambos estados del Cántico Espiritual deben ser tenidos por fruto genuino del ilustre Doctor de la Iglesia.

3. a Que la estrofa XI, introducida en la segunda redacción del Cántico es un eslabón más, de pura forja sanjuanista. de la cadena de canciones que forman este tratado.

4. a Que el cambio de lugar de algunas canciones de A respecto de B, se debe, a nuestro juicio, a que el Santo quiso precisar mejor en la segunda redacción los efectos del desposorio y matrimonio espiritual.

5. a Que los deseos de poseer a Dios eternalmente (estado beaíi- nco) que se atribuyen a los perfectos en la segunda redacción, respon- den a determinadas apostillas que el Santo puso en las últimas Can- ciones de A para su futuro desarrollo, y éste lo ejecutó en el Cántico B.

Esto es lo que sinceramente pensamos en esta cuestión, sin que abriguemos la presunción de imponer a nadie nuestro juicio.

Fr. S Uve rio de Sta. Teresa, C. D.

mérito de ellos. Seria perder lastimosamente el tiempo, que nos hace mucha falta para cosas más provechosas, o que por tales las reputamos..

No sé si el estudioso padre benedictino ha publicado más artículos sobre este tema; pero si no lleva las aguas por otros cauces, no parece haya peligro de que so- caven la fortaleza sobre que descansa la procedencia sanjuanista dei Cántico B.

Escribíamos esto en los primeros meses de 1929. Cuando Íbamos a meter en má- quina este pliego, un amigo nos ha remitido dos números de ¡a La Vie spirituelle, correspondientes a los meses degenero y febrero del año que corre, en que insiste en su tema el P. Chevalher en dos sendos trabajos. Como aún no los ha terminado, ya habrá lugar de contestarlos en otra ocasión.

LA V uionc5,^Ut tratan stcl tocciacto "St cutre elal ma, jtt esposo C frusto." la auai se toran^ udaian algu \ . nos £anft&_y e|rcta$%cua ' aon-.ajtttiaon 3cla ¿ mafru. Arinci Portada del códice de Sar.lúcar de Barrameda ¿fdesjycsorío^oi^ttts ^fiatransferna^fféfr^ aon tota f ene f^7na¿c enqtie se entrepan., ¿tr&M am batías 'partís J>oi totnfposseswn ¿6 ^ZÍ¿ Satina *Ajact\a carn consumada 12 ni ^fj^* en dt^moi^uafsejjuede cnedra\yídk^f*¡5fr¿* enqueí/S. etaírrLA^pc&L diiuha ¿yOtios ^2¡>l j)Cnf>arnaj)aciar} enguanto sLpiitae cjlw tifa ui'da: yass; esef •n af afto ctfadá quexn e/fia vida, stpdeWé JTegar j>ot(juz^ CLSSicomo en Ja consuma aon deffma^x -ftv monío tarnaf sondas en u nA,car ne^ (ce me df^Iadtü/ha escriftura) asa ta m £¿rt.-fú^isumadc este esfitn ruaf yn ouh't nwn ú> e?ztrtS3iasy ef? íma fojx^ das na-hirafe^ts en im sjpmtiL yarruris Códice de Barrameda: Una página de la Canción XXVII con acotaciones de San Juan de ia Cruz ¡ H Una página del Manuscrito de Loeches ♦ 7" " -y i'ir ■na/ 'útlf Una página del Manuscrito 17.558 de la Biblioteca Nacional F)rc)i.vo 17* 7 u ¿)aiuaam cClaiamamus auitumn 4d<rfacm diamn Ém tltd Cdcdtnayu^my^i On Ta <rual iitoaai y tltelmtm «tí^u n&puntoí ya/Qm d<natum aoeoacn déla tnadi' ana-, de Jy$^nuna delai dotoltai. acganada ano dt (. $ i Qtai ncBunmyc agialodak anJwycya j ut « 'ff" ana**, ecnalou^n^M^ ^uaian Oftiaa f Una página del Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Valladolid ¿DEC LAR ACIO N DE LAs CANCIONES QVE TRATAN DEL EXEKCÍCIO DE AMOR ENTRE EL* ALMA, Y EL ESPOSO C H R I S T O.

En la qual fe tocan, y declaran algunos pun- tos, y effet os de Oración Por e] venerable Padre Fray luán déla Cruz, primer De- calco de la reforma de nueítra Señora del Carmen.

A petició de la venerable Madre Aria de Tefus, Tiendo Priora de las Dcícal^as Carmelitas de S. lofcph,de Granada. Año de 1584, IHS EN BRVSELAS, EnCafadcG odefredo SCH.OEVARTS.

cftzft'tne c{ rJc/ccn&rtTó pXíaJrtara. Jarifa atta Portada de la edición del "Cántico., de Bruselas (1627) 'Tzohtjo Qec/ázacíon a>eíam (O /t a<n¿>s — 7 Códice de ¡as Carmelitas de Jaén Fcrtadc . iAnotacion • ti enjtü se canoa attfmi* 4hff UtH Aflfot — vil %J ■ Una página del Manuscrito de las Descalzas de Avila Ü- Ai^nuncnto, ~> Cxnaoñes. €sl)esdc, QucVnAhnx Coimcnfx 4f Afr^Ucc¡AA^yfssyfnrr(Af din Que Sohy a <c¿ a/m a. ápyrctv ti Ae Portada del Manuscrito de los Padres Carmelitas de Burgos ¿bfr vn*97u>Hj<t, jaefmjtk tener Manuscrito de Segovia. Portada que le puso Diego de Colmenares * i- j Una página del Manuscrito de Segovia con acotaciones marginales Una páqina del Ms. 8.492 de la Biblioteca Nacional <• ) > ÍPr oyi tí tji uto w*' Una página del Ms. 12.41 1 de la Biblioteca Nacional Una páqina del Ms. 18.160 de la Biblioteca Nacional FE DE ERRATAS Pag. Linea Dice Léase 72 22 aautcm autem 76 9 quetud quietud 104 20 Egido Ejido ÍNDICE Introducción al «Cántico Espiritual» ' vn Página Página Canción . M Canción primera...196 II 21 » II 208 » III...25 III 213 9 IV 30 IV , 220 V . 33 > V 223 p VI 36 VI 226 » VII...39 VII...VIII . 43 VIII...233 » IX 45 > IX...236 X...49 X...241 XI 52 XI 245 XII 56 XII 252 > XIII y XIV...62 > XIII...259 XV . 79 XIV y XV...256 XVI 81 XVI...285 XVII 91 XVII...291 XVIII...98 » XVIII...299 XIX 101 » XIX..., 302 XX...104 XX y XXI...307 XXI 108 > XXII...319 > XXII 113 » XXIII...324 XXIII 116 » XXIV...328 » XXIV 119 XXV...335 XXV 121 XXVI...343 XXVI 125 XXVII...353 XXVII...130 XXVIII...357 XXVIII...135 XXIX...363 XXIX y XXX.