BX 890.J62 1929 v.4 John of the Cross, 1542- 1591.
Obras da San Juan de la Cruz in 2014 BIBLIOTECA MISTICA CARMELITANA OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ DOCTOR DE LA IGLESIA EDITADAS Y ANOTADAS POR EL P. SILVERIO DE SANTA TERESA, O. C. D.
TOMO IV LLAMA DE AMOR VIVA CAUTELAS - AVISOS - CARTAS - POESIAS BURGOS BIBLIOTECA MI5IÍCA CARMCLDaNA OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ BIBLIOTECA MISTICA CARMELITANA — 13 — OBRñS DE SAN JUAN DE LH CRUZ DOCTOR DE LA IGLESIA EDITADAS Y ANOTADAS POR EL P. SILVERIO DE SANTA TERESA, C. D. TOMO IV LLAMA DE AMOR VIVA CAUTELAS— AVISOS— CARTAS POESIAS LIBRARY OF PR JAN 12 19<!l THEOLOGICAL SE MNARY BURGOS Tipografía de «El Monte Carmelo» 1931 CETON ES PROPIEDAD APROBACIONES Nihil obstat: Fr. Eliseus a S. Joseph. C. D. Censor.
Nihil obstat: Fr. Bruno a S. Joseph, C. D. Censor.
Imprimí potest: Burgis 13 Febr. 1931. Fr. Marcellus a Puero Jesu. C. D. Provincialis Prov. Barg.
Imprimatur: Emmanuel, Archiep.
Burgis. 26 Martii 1931.
De Rmi. Dmini. Archiepiscopi mandato Dr. Josephus Ortega Alonso. Can. Scrius, I INTRODUCCIÓN A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» Con razón dijo el atildado autor del Genio de la Historia, que la doctrina mística de San Juan de la Cruz era tan sublime, «que donde los más aventajados escritores de ella parece que acaban, comienza el venerable Padre» (1). Cuando se leen las estrofas del Cántico Espiritual en que el Santo habla de los estrechamientos de amor entre Dios y el alma, llega el ánimo a persuadirse que alcanza en ellas tal sublimidad de expresión y de concepto, que tras de esta brillante cortina ya no se esconde más que la inefabilidad, el silencio augusto. La lengua, ante tan deslumbradora belleza, parece como que debía estar atacada de perdurable mudez, por la impotencia de captar las formas adecuadas para cantarla debidamente. Al repasar, sin embargo, algunos trozos de comentario de este nuevo tratado, fuerza es decir que el Ruiseñor de Fontiveros, en un ímpetu solemne y magnífico de superación, aun halló en su garganta nuevas notas líricas que desgranar, se excedió a sí mismo y penetró más adentro en el pecho de Dios, arrancándole secretos aún más divinos e inefables. En la Llama hay menos ternura, pero mucho más fuego y vehemencia de expresión que en el Cántico. Es el presente el libro más corto del Santo, si bien lo que le falta de extensión, lo gana en arrebato lírico, impetuoso y como volcanizado. Estaba, cuando lo escribió, más cerca de Dios. El amor, como el Santo dice, se hallaba aún más calificado y substanciado (2).
Cuatro estrofas comprende este tratado. En el prólogo manifiesta el Santo por los siguientes términos las circunstancias en que lo escri- bió: «Alguna repugnancia he tenido...en declarar estas cuatro cancio- nes..., por ser de cosas tan interiores y espirituales, para las cuales comúnmente falta lenguaje; porque lo espiritual excede al sentido y con dificultad se dice algo de la sustancia, porque también se ha- 1 Véase ia pregunta veintiuna de su Declaración en los Procesos de Segovia (1627). (B M C. t. 14).
2 Prólogo a la primera Llama.
INTRODUCCION bla mal en las entrañas del espíritu si no es con entrañable espíritu. Y por el poco que hay en mí, lo he diferido hasta ahora. Pero ahora que el Señor parece que ha abierto un poco la noticia y dado algún calor...me he animado sabiendo cierto que de mi cosecha nada que haga al caso diré en nada, cuanto más en cosas tan subidas y sustanciales» (1).
Por estas palabras, que denotan preparación especial en un hom- bre de quien sabemos que habitualmente hablaba primores de Dios y, por otra parte, tan modesto y tan exagerado en celar todo lo que pudie- ra comunicarle brillo, puede columbrarse la importancia que daba el San- to a estos comentarios, y explica el pasmo que nos causa la sublimidad de este tratado, aun en escritor habitualmente tan sublime como S. Juan de la Cruz. Dice el P. Juan Evangelista que escribió la Llama en quin- ce días, sin dejar de atender a sus observancias de claustro y a sus quehaceres de vicario provincial; y asi tuvo que ser, porque estas obras geniales, o se escriben pronto, o no se escriben. Los frutos del genio tienen algo de divino.
Declarando los propósitos de este tratado y previniendo una di- ficultad que podía hacérsele, escribe en el prólogo: «No hay que ma- ravillar que haga Dios tan altas y extrañas mercedes a las almas que él da en regalar; porque si consideramos que es Dios, y que se las hace como Dios, y con infinito amor y bondad, no nos parecerá fuera de razón, pues él dijo que en el que le amase vendrían el Pa- dre, Hijo y Espíritu Santo, y harían morada en él, lo cual había de ser haciéndole a él vivir y morar en el Padre, Hijo y Es- píritu Santo en vida de Dios, como da a entender el alma en es- tas canciones. Porque aunque en las canciones que arriba decla- ramos (2), hablamos del más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar, que es la transformación en Dios, todavía estas canciones tratan del amor ya más calificado y perfeccionado en ese mismo estado de transformación...» (3).
En la primera canción, viéndose el alma transformada en Dios, «y con tan ricas riquezas de dones y virtudes arreada», y que está tan cerca de la eterna bienaventuranza, que no la divide o separa de ella sino una tenue y delicada tela, pide a Dios la rompa y acabe de glorificarla. El tema es magnífico para una pluma como la de San Juan de la Cruz, que hace en los comentarios maravillosos, jocundos y festivos ejercicios de amor, para decirlo con una expresión suya afor- 1 Prólogo de la primera Llama.
2 Alude al Cántico Espiritual, 3 Prólogo.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» IX tunada, entre las muchas que tiene en este tratado, que nos deslumhra con las chispas y centelleos continuos de su talento y de su ingenio. Es una especie de «fiesta del Espíritu Santo» que se celebra en el centro del alma, donde el diablo no puede penetrar a estropearla o deslucir- la; por lo cual, es «tanto más segura, sustancial y deleitable», cuarilo más en lo interior se celebra; y es dulcísima, pues habiendo purgado ya esta llama completamente a las potencias del alma, ha perdido las esquiveces de la vía purgativa y acaudalado las blandas suavidades del amor transformante. La explicación de este cambio en la llama viva de amor es una página asombrosa de mística cristiana. Curtida el alma en amores tan intensos, ya no desea más que se desgarre la tela que le separa de Dios glorificado: Rompa la tela de este dulce encuentro.
Alanifestado el deseo de unirse a Dios en gloria, vuelve en la se- gunda canción sobre su dicha inefable y dice mil primores de la Tri- nidad Santísima, que la cauteriza, que la llaga, que la toca con mano bla;;da, producidora de un sabor de vida eterna tan exquisito, que de- sea morir a escape para vivirla: Muere porque no mucre. No puede darse más finura de pensamiento, ni mayor fuego de expresión en la inteligencia de lo que son cauterios, llagas y caricias de la blanda mano de Dios, de ese deleite espiritual que se mete en los huesos, y de ese licor místico, embriagador y confortador, que «corre por las espirituales y sustanciales venas del alma». Las exclamaciones a esta llaga regalada son otras tantas llamaradas de amor, escapadas al corazón, «que ha abrasado en él todo lo que se pudo abrasar, para regalar todo lo que se pudo regalar».
Luz especial pide el Santo para el comentario de la tercera can- ción, «en la que el alma agradece a su Esposo las grandes merce- des que de la unión con él recibe, dándole por medio de ella gran- des y muchas noticias de sí mismo, con las cuales alumbradas y enamoradas las potencias y sentido de su alma, que antes de esta unión estaba oscuro y ciego de otros amores, puedan ya estar es- clarecidas, como lo están, y con calor de amor para poder dar luz y amor al que las encendió y enamoró, infundiendo en ellas dones tan divinos». Y esto, aparte de otras razones altísimas, por la ley sicológica, según la cual «el amante verdadero entonces está con- tento, cuando todo lo que él es y vale ij puede valer, y lo que tiene y puede tener, lo emplea en el amado; y cuanto ello más es, más gusto recibe en darlo». Sublime y profunda es la explicación y aplicación de la lámpara, en su doble oficio de lucir y arder, a los efectos sorprendentes del amor de Dios* en lo interior de las almas purifi- INTRODUCCION cadas, es decir, allí donde las terribles purgaciones del sentido y del espíritu hicieron en las potencias: entendimiento, memoria y voluntad, aquellos hondísimos y espirituales socavones que aquí describe bajo la metáfora de las profundas cavernas del sentido.
Al llegar el Santo a este punto, templa el fuego, abate las alas, y con el espíritu entristecido hace un alto en el rápido caminar del alma a su centro, y con brío creciente va describiendo para señalar y ata- jar, hasta donde fuera posible, un mal añejo, que durará cuanto dure el mundo de las almas perfectas: la falta de expertos amigos para dirigir espíritus que lleguen a los grados más aventajados de la per- fección cristiana. Tanto le fatigaba este mal, que aun a trueque de romper el hilo del discurso, quiere indicarle remedio en un largo pa- réntesis, que llena la quinta parte de este tratado (1). Al propio tiem- po que va retratando los métodos torpes de dirección espiritual, con los «cuales hacen muy poca hacienda», métodos que el Santo llama rateros— la misma calificación les había dado la Reformadora del Car- melo—, hace una síntesis rápida, en conformidad con lo dicho en la Subida y en la Moche, de los avances del alma desde su iniciación en la vida espiritual hasta la transformación en Dios por amor.
La cuarta canción es el canto del cisne, enteramente inmerso ya en amores divinos, en que el alma con dulzura inefable le dice al Amado: «Cuan manso y amoroso Recuerdas en mi seno, Donde secretamente solo moras»; y después de explicar qué maneras de recuerdos hace Dios al alma, y cómo ésta puede soportar tanta dicha, ante el «aspirar sabroso» de Dios, el cisne deja de cantar, y rompe la lira, porque antes que des- afinar en este concierto seráfico, prefiere no tocar. El Santo no co- menta, por ser incomentables, los tres últimos versos de la canción.
¡Esto es hablar de amores divinos! ¿Y habrá insensato que en ello trate de arrebatarle la palma? ¿Quién como San Juan de la Cruz ha cantado las dulzuras del amor santo y las suavidades y roces ater- ciopelados de la blanda mano de Dios acariciando al alma de los que entrañablemente le quieren? Realmente, apenas es dado sospechar si- quiera que la pluma humana en sublimidad de ideas y en ardores de expresión pueda ir más allá que el Reformador de Duruelo can- 1 Para mayor comodidad del lector, la edición príncipe dividió este comentario en diecisiete párrafos, que nosotros omitimos por razón de ir numerados todos los del tratado.
tando amores divinos. Si admirable nos pareció en las negaciones de las noches oscuras, admirable nos parece en las afirmaciones de las propiedades excelsas de Sol espléndido del amor divino alumbrando y calentando a las almas que por aquellas oscuras purgaciones pasa- ron, hasta reverberar ellas los mismos destellos que el Amado reverbera y tornasola. Parece que la negación y afirmación mutuamente se com- plementaron y sublimaron en el gran Doctor Carmelita para fusionarse en el común fuego del matrimonio místico.
En cuanto al tiempo en que fué compuesta la Llama, ya nos dijo el P. Evangelista, que se la vió escribir, que fué durante su vicariato provincial (1), es decir, desde Mayo de 1585 hasta Abril de 1587. A esta fecha señalada por el dicho padre sin titubeos cronológicos, no creo se pueda oponer ninguna dificultad de importancia. No sé por qué dice el P. Gerardo que esta cuestión se halla por demás embrollada (2). Admitida la doble redacción del Cántico Espiritual, la expresada fecha no tiene nada que!a contradiga, así como si no se admite, no tiene solución la dificultad. En el Cántico se cita La Llama (3), y en la Llama se cita al Cántico (4). Esto no puede explicarse más que con la existencia de la doble redacción mencionada. La primera redacción del Cántico, según queda dicho en otro lugar, se escribió en 1584, y pudo muy bien citarse en La Llama. Dijimos también que la segunda redacción del Cántico se hizo después de La Llama, y que ya debía de estar arreglado para el mes de agosto de 1586. Algo antes compuso sin duda ninguna la Llama, puesto que en es- ta segunda redacción es donde se cita este tratado (5). El Santo, en este primer año de vicariato no salió tanto de Granada como en el segundo, que desplegó una actividad asombrosa, y pudo muy bien hacer el tratado de La llama, que no le costó más que quince días, y arreglar el Cántico Espiritual.
Como lo indica en el prólogo, canciones y comentario, con algún intervalo de tiempo, se compusieron a ruegos muy suplicados de su hija espiritual D.a Ana de Peñalosa (6). «Alguna repugnancia»— dice — «he tenido, muy noble y devota señora en declarar estas cuatro can- ciones que vuestra merced me ha pedido, por ser de cosas tan inte- 2 T. II, p. 378.
3 Canción XXXI. verso 3.o 4 Prólogo.
5 Esto sin contar que pudo introducirse esta adición por el Santo escritos ya los cuatro tratados: cosa que aunque no creo sucediera, cabe en lo posible.
6 Casada con el caballero D. Juan de Guevara, de quien enviudó en 1579, ha- llábase en Granada con su hermano D. Luis del Mercado, oidor de aquella Chancira INTRODUCCION riores y espirituales, para las cuales comúnmente 'falta lenguaje; y por el poco que hay en mí lo he diferido hasta ahora. Pero ahora que el Señor parece ha abierto un poco la noticia, y dado algún calor (debe ser por el santo deseo que vuestra merced tiene, que quizá como se hicieron para Vuestra Merced, querrá Su Majestad que para vues- tra merced se declaren)».
Como el Cántico Espiritual, retocó también el Santo la Llama. Así lo dice el P. Jerónimo de San José, y aunque no de una manera tan terminante, algunos religiosos que con el Doctor místico vivieron en La Peñuela durante los meses que allí pasó antes de salir para Ube- da, donde murió. El citado P. Jerónimo escribe: «A este tiempo se han de reducir muchas de las comunicaciones divinas que el verierable Padre refiere en el último de sus tratados místicos, que según algunos religiosos, compañeros suyos, en aquel tiempo acabó de perfeccionar y añadir allí» (1). Francisco de San Hilarión, que vivió con el Santo por este tiempo en La Peñuela, declara: «Viviendo en el mismo con- vento, se levantaba antes que fuera de día, y se iba a la huerta, y entre unos mimbres, junto a una acequia de agua, se ponía de ro- dillas y se estaba allí hasta que ardía el sol mucho, y luego iba a decir misa; y en diciéndola, se entraba en su celda, se estaba allí en oración, o escribiendo unos libricos que dejó sobre unas cancio- nes» (2). Sabemos, por lo tanto, que el Santo aún escribía libricos sobre canciones, y aunque no especifica qué libros eran éstos, es casi seguro que trata de la Llama, a la que por su pequenez cuadraba muy bien el calificativo de «librico».
La existencia de copias muy antiguas de este tratado, de las que luego hablaremos, que dan un texto de él ampliado y modificado, confirman y dan garantías de verdad a los testimonios copiados y a otros que vienen a decir lo mismo. Por otra parte, el hecho no tiene nada de insólito en Fr. Juan de la Cruz, ni en ninguno que escribe li- bros. Raro será el autor que no retoque sus escritos, si tiene tiempo Hería, y en la casa de éste debió de conocer al Santo cuando se hospedaron en ella la venerable Ana de Jesús y demás religiosas que dieron comienzo a la fundación de di- cha ciudad. Era D.a Ana natural de Segovia, y primero en Granada, y luego en su ciudad natal, no dejó nunca de confesarse con ei Santo y confiarle su espiritu. Fué, además, con su hermano D. Luis, generosa benefactora del convento que levantó de Descalzos en la vieja ciudad castellana. La intimidad del Santo con esta familia ejem- plarisüna fué muy grande y de por vida. La Carta XXV de este tomo, la dirige el Santo a esta señora.
1 Historia...lib. VII, C. III, n. 5, p. 709. Lo mismo dice el P. José de Jesús Ma- ría. Vida. lib. III. C. XIV.
2 Ms. 12.738, fol. 17. Véase también su Dicho en las Informaciones de Ubeda. (B M C. t. 14, p. 113).
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» XIII para ello, y el Santo lo tuvo, puesto que la Llama estaba hecha para el año de 1587 y no murió hasta cuatro años más tarde. Sabemos tam- bién que la obrilla la compuso en unos quince días, y, como quien dice, a ratos perdidos, puesto que sus ocupaciones a la sazón, como vicario provincial, habían de ser muchas, y el Santo no era de condición que dejara de cumplir un ápice de sus deberes por cosas que, aunque edificantes y santas, no eran de obligatoria incumbencia suya. La cele- ridad con que la Llama fué compuesta, parece haber dejado a su autor insatisfecho y con deseo de verificar en ella una revisión tan pronto como las circunstancias de la vida le brindasen vagar y tiem- po para ello. Tales fueron, según sus más antiguos biógrafos, las que se le ofrecieron en La Pcñuela en los dos meses que estuvo en aquel santo retiro antes de salir para Ubeda (1).
El retoque alcanza a los comentarios de las cuatro canciones, si bien en forma desigual, porque mientras las tres primeras tienen bas- tantes adiciones y modificaciones, la última permanece casi intacta, salvo algunos cambios en los párrafos correspondientes a los cuatro últimos números de esta edición. La substancia doctrinal de la Llama permanece la misma. En general, las adiciones no introducen doctrina nueva, sino más bien ampliaciones, modificaciones y complementos. Ra- ra vez se omite o sintetiza algo de la primera redacción. Algún pá- rrafo hay como el del número 15 de la primera canción que parece introducido para ocurrir a las dificultades— en parte ya se había he- cho en el prólogo— que algunos ponían sobre que doctrinas tan su- blimes y favores tan extraordinarios de Dios al alma no parecían creederos. No se introducen nuevas canciones ni se altera el orden de éstas, como ocurre en el Cántico Espiritual (2).
La coincidencia de la doble redacción de estos dos tratados, ha dado ocasión también a cierta coincidencia en la impugnación de ambas segundas redacciones, como si llevasen igualmente marcado el 1 A más tardar, el Santo llegó a la Peñuela a principios de agosto de 1591, y a fines de septiembre salió para poner en cura la pierna que le causaba una fiebre mo- lesta. Así lo escribe al Santo a D.a Juana de Peñalosa con fecha 21 de septiembre, pocos días antes de salir. En esta carta dice que hacia ocho días que le venían dando "unas calenturillas"; de suerte que el Santo tuvo mes y medio de completo reposo para hacer este retoque de la Llama.
2 Salvo error que, de existir, será corto, la primera canción de la segunda Llama tiene 124 líneas más que su correspondiente en la primera; la segunda, 112; la tercera, 165. y la cuarta, 1 1. En total 412 líneas (once páginas de esta edición) sobre la re- dacción primera. Esta se compone de 2808 líneas. A esto hay que añadir las modifi- caciones y algunas supresiones, pocas. En la primera canción quedan intactos los párrafos comprendidos entre los 1 y 10; en la segunda, los incluidos en los números 1, 21-22, y 32-33; en la tercera, los que traen los números 18-28, 33, 54-58, 83-84, y la cuarta se halla casi igual, a excepción de los cuatro últimos.
INTRODUCCION sello de reprobación del origen sanjuanista que se les atribuye. Quien ha escrito hasta el presente con mayor extensión de la condición apó- crifa de la segunda Llama es el docto escritor francés Juan Baruzi, muy conocido ya de los que se dedican a estudios sanjuanistas (1). En la segunda redacción del último tratado del Santo ve este autor algunas divergencias con la primera, a su juicio, fundamentales, que unidas a otras secundarias, motivan presunción muy razonable para poner en duda la legitimidad de la procedencia que se atribuye a la dicha segunda redacción.
Comienza este escritor por calificar de insipideces literarias cam- bios como los siguientes. Dice el texto A (2): «Persuadiendo al amor que la desate del nudo de esta vida», y el B cambia en «que la desate de la carne mortal». No creo que la frase mejore gran cosa con el cambio, pero tampoco puede juzgarse el tal cambio de insipidez o vulgaridad. Mala mano ha tenido para elegir ejemplo. La frase en las mejores copias de ambas redacciones es: «Persuadiendo al amor que la desate» (3). Sin embargo, no debemos olvidar que correcciones aún más insignificantes hizo el Santo en el Códice de Barrameda (4).
También echa de ver este autor como cierto enfriamiento del en- tusiasmo lírico en la redacción segunda. Cita, por ejemplo el comen- 1 Saint Jean de la Croix: les textes, pp 35-42. Escrita esta introducción en marzo de 1929. aún no había salido la segunda edición de esta interesante obra de Baruzi. Salió en el año que corre de 1931. En elia reproduce, sin cambios, lo dicho en la primera acerca de este extremo de la página 33 a la 40. Por ésta daremos las citas que ocurran.
2 Por A entendemos la primera redacción, y la segunda por B.
3 Pág. 8, n. 2, y pág. 110, n. 2. La adición: del nudo de esta vida, es de la edi- ción de 1618; y la otra: de la carne mortal, de los códices de Palencia y Burgos. El de Baeza, por error material trasladó: el amor que la desee.
4 Lejos de mí calificar de vulgar nada de lo que el Santo hizo retocando sus es- critos. Cualquier rasgo de su pluma me parece digno de respeto: pero para que vea Baruzi y los que con él opinan, que muchas variantes introducidas en el Cántico B y la Llama que nos ocupa, a pesar de su insignificancia, real o aparente, pueden pro- ceder del Santo, traeremos aquí algunas de las que hizo en el Códice de Sanlúcar, que por ser de su puño y letra, no se ha de negar su alta y venerable procedencia. Citaré por la edición fototipográfica publicada en 1928 en Burgos, para que no se abrigue la menor duda de la fidelidad en la copia de las enmiendas del Santo. En el comento del segundo verso de la tercera canción había escrito el copista: "pues es tanto como decir." El Santo corrige: "es, pues, tanto como decir" (p. 48, linea 17). La glosa del segundo verso de la cuarta canción termina con esta frase: "que por su propia mano fueron hechas" (pág. 67, línea 7), y en seguida reproduce el tercer verso: "O prado de verduras." El Santo, adiciona el pasaje en esta forma: "que por su pro- pia mano fueron hechas, y dice adelante: "O prado de verduras." En la canción IX, tercero y cuarto verso, dice la copia: "Esta querella, pues, propone aqui el alma diciendo." San Juan de la Cruz modifica: "Esta querella, pues, propone aquí el alma al Amado diciendo" (p. 95, 1. 10). Los ejemplos de este género abundan, y pueden verse en la edición mencionada.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» XV tario al tercer verso de la canción segunda (1). Vea el lector las modificaciones introducidas en la segunda redacción, y se persuadirá que en ellas no ha perdido nada el arrebato lírico de la redacción primera al explicar el verso: Oh mano blanda! ¡oh toque delicado!
Tal vez sea el presente un caso muy preciso y típico de lo que decíamos antes, es a saber: que con fría y serena reflexión se suplen deficiencias y corrigen defectos que en el arranque lí- rico, atento el ánimo a cosas más elevadas, se escapan fácilmente. No sé si algunas frases del texto B perderán algo del arrebatado lirismo de A; de fijo, el conjunto del comentario no pierde nada. Po- dríamos ir examinando una por una las adiciones y enmiendas de és- tas y otras páginas, y en las más hallaríamos huellas del espíritu fino del Santo al hacerlas; sin olvidar, por supuesto, que trabajaba en predio propio y podía hacer estas cosas y otras mayores, sin más canon regulador que su ciencia y su voluntad. Y en muchas ocasiones así lo practicó En cuanto a las divergencias que este escritor califica de funda- mentales, observa algunas atenuaciones de pensamiento y de expresión en la redacción segunda respecto de la primera, que hacen a aquélla de dudosa autenticidad; con lo cual no estamos conformes, porque debiera probar que dichas atenuaciones, si existen, no pueden proceder en manera alguna de San Juan de la Cruz, bien porque repugnen a su ideario, bien porque la forma de expresión no es la de su pluma, cosas ambas que ni se prueban, ni creo se podrán probar nunca con verdaderas y sólidas razones, aunque no sea difícil ha- cerlo con argucias y sofisterías. En casos determinados, la ampliación de un pensamiento puede parecer a muchos una atenuación, según lo que hubieren entendido de la idea en su forma de expresión más corta o sintética. Sin embargo, me parece más propio hablar de ampliacio- nes, aclaraciones y terminaciones de conceptos que de atenuaciones de los mismos, que el Santo pudo hacer, e hizo, al releer más reposadamente lo que con harta prisa redactó por vez primera (2).
1 Baruzi, op. cif., p. 33.
2 No rechaza Baruzi del todo a un San Juan de la Cruz retocando sus escritos. Confiesa (op. cit., p. 39), por lo que respecta a la Llama, que el problema de un texto B apócrifo no se plantea en términos claros, como ocurre en el Cántico, ni el cambio hecho en el texto de la Llama B deforma tan fuertemente ei pensamiento original como las ediciones. ¿No se tratará, acaso, de un texto refundido por un Juan de la Cruz menos resuelto y corajoso— pese al arcaísmo, si lo es —, aficionado a un len- guaje menos sobrio? Tal hipótesis no debe rechazarse enteramente, ni aun hablando del Cántico. Consignemos esta noble concesión del docto escritor, que no faltará quien la halle exagerada o enteramente inexistente en la práctica.
XVI INTRODUCCION Repito que examinadas las modificaciones de la redacción segunda no creo se pueda rechazar ninguna como indigna del Santo, reñida con su ideología, o con su estilo habitual de manifestación del pen- samiento. Lo que se observa es cierto empeño por explicar con más claridad conceptos, manifestados con vigorosa concisión la primera vez, pero que acaso le parecieron al Santo algo obscuros, o no cabalmente explicados. Así, verbigracia, comentando el cuarto verso de la primera canción: Pues ya no eres esquiva