4 Psalm. XXXIV, 10.— E. p: "gústalas todas el alma en un solo toque de Dios, con cierta eminencia. Y de este bien del alma, a veces redunda en el cuerpo algo de la unción del espíritu, que parece penetra hasta los huesos, conforme a aquello que David dice...5 E. p. abrevia: es menos, basta decir que a vida eterna sabe.
CANCION II 39 por muchos trabajos y tribulaciones; porque por muchas tri- bulaciones conviene entrar en el reino de los cielos (1); las cuales ya son pasadas en este estado, porque de aquí adelante ya no padecen (2). Lo que padecen los que han de llegar a la unión de Dios, son trabajos y tentaciones de muchas maneras en el sentido; y trabajos y tribulaciones y tentaciones y tinieblas y aprietos en el espíritu, para que se haga la purgación de en- trambas estas dos partes, según lo dijimos en la declaración del cuarto verso de la primera canción (3). Y la razón de estos traba- jos es porque los deleites y noticia de Dios no pueden asentar bien en el alma si no es el sentido y el espíritu bien purgado y macizado y adelgazado. Y así, porque los trabajos y penitencias purifican y adelgazan el sentido y las tribulaciones y tentaciones y tinieblas y aprietos adelgazan y disponen el espíritu, por ellos conviene pasar para transformarse en Dios, como los que allá lo han de ver, por el purgatorio, unos más intensamente, otros menos; unos más tiempo, otros menos, según los grados de unión a que Dios los quiere levantar y lo que ellos tuvieren que purgar.
22. Por estos trabajos en que Dios al alma y sentido po- ne, va ella cobrando virtudes y fuerzas y perfección con amar- gura, porque la virtud en la flaqueza se perfecciona (4), y en el ejercicio de pasiones se labra; porque no puede servir el hierrd en la inteligencia del artífice (5), si no es por fuego y martillo, en lo cual el hierro padece detrimento acerca de lo que antes era, que de esa manera dice Jeremías que le enseñó Dios, diciendo: Envió fuego en mis huesos y enseñóme (6). Y también dice del martillo: Castigásteme, Señor, y quedé enseñado y docto (7) Por lo cual dice el Eclesiástico: El que no es tentado, ¿qué sabe y qué cosa puede conocer? (8).
1 Act., XIV. 21.
2 E. p. omite: porque de aquí adelante ya no padecen.
3 E. p.: lo dijimos en la "Subida del Monte Carmelo" y en la "Noche Oscura.'
4 II ad Cor., XII. 9.
5 E. p.: el hierro a la traza del artífice.
6 Thren.. I, 13.
7 Jerem.. XXXI, 18.
8 XXXIV, 9.
40 LLAMA DE AMOR VIVA 23. Y aquí nos conviene notar, ¿por qué son tan pocos los que llegan a este alto estado? En lo cual es de saber, que no es porque Dios quiere que haya pocos de estos espíritus le- vantados, que antes querría que todos lo fuesen, sino porque halla pocos vasos en quien hacer tan alta y subida obra; que como los prueba en lo menos y los halla flacos, de suerte que! luego huyen (1) de la labor, no queriendo sujetarse al menor desconsuelo ni mortificación, obrando con maciza paciencia, de aquí es que no hallándolos fuertes en la merced que les hacia en comenzar a desbastarlos (2), no vaya adelante en purificarlos y levantarlos del polvo de la tierra, para lo cual era menester mayor fortaleza y constancia. Y así a estos que querrían pasar mas adelante, no pudiendo sufrir lo que es menos ni sujetarse a ello, se les puede responder lo que dice Jeremías diciendo: Si corriendo tú con los que iban a pie, trabajaste, ¿cómo podrás atener con los caballos? Y como hayas tenido quietud en la tie- rra de paz, ¿que harás en la soberbia del Jordán? (3). Lo cual es como si dijera: si con los trabajos que a pie llano, ordinaria y humanamente acaecen a todos los vivientes, tenías tú tan cor- to paso que corrías y lo tuviste por trabajo, ¿cómo podrás igualar con el paso del caballo, que es ya salir de ordinarios trabajos y comunes a otros de mayor fuerza y ligereza? Y si tú no has querido armar guerra contra la paz y gusto de tu tierra, que es tu sensualidad, sino que te quieres estar quieto y consolado en ella, ¿qué harás en la soberbia del Jordán? Esto es, ¿cómo lle- varías las impetuosas aguas de tribulaciones y trabajos del espí- ritu que son de más adentro? (4).
24. i Oh almas que os queréis andar seguras y consoladas!; si supiésedes cuánto os conviene padecer sufriendo para venir a eso, y de cuánto provecho es el padecer y la mortificación para venir a tan altos bienes, en ninguna manera buscaríades consuelo 1 E. p.: "a este alto estado. La razón es, porque en esta tan alta y subida obra que Dios comienza, hay muchos flacos que luego huyen..."
3 Jerem.. XII, 5.
CANCION II ni de Dios, ni de las criaturas (1); mas antes llevaríades la cruz en hiél y vinagre pura, y lo habríades a gran dicha, viendo que muriendo así al mundo y a vosotras mismas, viviríades a Dios en deleites de espíritu; y sufriendo con paciencia lo exterior, mereceríades que pusiese Dios los ojos en vosotras para limpia- ros y purgaros más adentro por algunos trabajos espirituales más interiores (2). Porque muchos servicios han de haber hecho a Dios y mucha paciencia han de haber tenido por él y cons- tancia, y muy aceptos han de ser delante de él en su vida a los que él ha de hacer tan señalada merced de tentarlos más adentro, como leemos del Santo Tobías, a quien dijo Rafael: Que porque (3) había sido acepto a Dios, le había hecho aquella mer- ced de enviarle la tentación que le probase más, para darle más (4). Y así todo lo que le quedó de vida después, dice la Escritura que lo tuvo de gozo. Y ni más ni menos, vemos en Job, que en aceptándole que le acepto delante de los espí- ritus buenos y malos por siervo suyo, luego le hizo merced de enviarle aquellos duros trabajos para engrandecerle después, como lo hizo mucho más que antes en lo espiritual y temporal.
25. Asi hace Dios a los que quiere aventajar según la ventaja más principal, que los hace tentar hasta donde se pue- de llegar, para endiosarlos todo lo que se pueden endiosar, dándoles la unión (5) en su sabiduría, que es el mas al- to estado, y purgándolos primero en esta sabiduría todo lo que se pueden purgar, según lo nota David diciendo: Que la sabiduría del Señor es plata examinada con fuego, probada en la tierra de nuestra carne, y purgada siete veces (6), que es 1 E. p. suprime: ni de Dios ni de las criaturas, y lo suple por en cosa alguna.
2 Gr.: espirituales más de adentro, para daros bienes más de adentro. C: espi- rituales adentro, para daros bienes adentro. B: trabajos espirituales más adentro.
3 E. p.: "muy aceptos ante él en la vida, a los que él ha de hacer semejante merced. Y así el ángel dijo al santo Tobías: que porqué..."
4 Tob., XII. 13.
5 La e. p. lee. "Así hace Dios con los que quiere aventajar según la mejora más principal que los deja tentar, afligir, atormentar y apurar interior y exteriormente hasta donde se puede llegar, para endiosarlos dándoles la unión..."
6 Ps. XI, 7.
42 LLAMA DE AMOR VIVA lo más que puede ser (1). Y no hay aquí para qué detenernos más diciendo cómo es cada purgación de estas siete para venir a este eloquio de Dios (2), que todavía acá es como plata, que aunque más alta sea, no será como el oro (3).
26. Pero conviénele al alma mucho estar con grande cons- tancia y paciencia en estas tribulaciones y trabajos de afuera y de adentro, espirituales y corporales, mayores y menores, to- mándolo todo como de mano de Dios para su bien y remedio, no huyendo de ellos, pues son sanidad para el alma, como se lo aconseja el Sabio, diciendo: Si el espíritu del que es pode- roso descendiere sobre ti, no dejes tu lugar (esto es, el lugar y puesto de tu curación, que es aquel trabajo); porque "la curación, dice, hará cesar grandes pecados (^). Esto es, cortarte ha el hilo de tus pecados e imperfecciones, que es el mal hábito, para que no vayan adelante. Y así los aprietos interiores y trabajos apa- gan y purifican los hábitos imperfectos y malos del alma. Por lo cual lo ha de tener en mucho cuando el Señor enviare traba- jos interiores, entendiendo que son pocos los que merecen pa- decer para este fin de tan alto estado de venir a ser consumados por pasiones.
27. Pues como el alma aquí se acuerda que se le pagan aquí muy bien todos sus trabajos pasados, porque ya sicut tenebrae ejus, ¿ta et lumen ejus (5), y que como fué partici- pante de las tribulaciones lo es ahora de las consolaciones; y que a todos los trabajos interiores y exteriores la han muy bien respondido con bienes divinos del alma y del cuerpo (6), sin haber trabajo que no tenga su correspondencia de grande ga- lardón; confiésalo como ya bien satisfecha en este su verso diciendo: Y toda deuda paga. Como hizo también David en el suyo diciendo: Cuántas tribulaciones me mostraste muchas y malas, y de todas ellas me libraste, y de los abismos do 1 E. p. siete veces, esto es, muy purgada.
2 E. p.: para venir a esta sabiduría divina. G: a esta unión con Dios. C: a este coloquio de Dios.
3 E. p. añade: precioso, que para la gloria se guarda.
4 Ecles., X. 4.
5 Ps. CXXXVIII, 12.
6 E. p. suprime del alma y del cuerpo.
CANCION II 43 la tierra otra vez me sacaste; multiplicaste tu magnificencia, y volviéndote a mi me consolaste (1). Y asi esta alma, que an- tes estaba fuera, a las puertas del palacio (como Mardoqueo llo- rando en las plazas de Susán el peligro de su vida, vestida de cilicio, no queriendo recibir la vestidura de la reina Ester, ni habiendo recibido ninguna merced ni galardón por los servicios que había hecho al Rey, y la fe que había tenido en mirar por la honra y vida del Rey), en un dia la pagan todos sus trabajos y servicios, haciéndola, no solamente entrar en el palacio y que esté delante del Rey vestida de vestiduras reales, sino que tam- bién se le ponga la corona y el cetro y silla real con posesión del anillo del Rey, para que todo lo que quisiere haga, y lo que no quisiere no lo haga en el reino (2) de su Esposo; porque los de este estado todo lo que que quieren alcanzan. De toda deuda queda muy bien pagada, muertos ya sus enemigos de los apetitos que la andaban queriendo quitar la vida, y ya viviendo en Dios; que por eso dice ella luego: Matando, muerte en vida la has trocado.
28. La muerte no es otra cosa sino privación de la vida, porque en viniendo la vida, no queda rastro de muerte. Acerca de lo espiritual, dos maneras hay de vida: una es beatífica, que consiste en ver a Dios (3), y ésta se ha de alcanzar por muer- te corporal y natural, como dice San Pablo (4), diciendo: Sabemos que si esta nuestra casa de barro se desatare, te- nemos morada de Dios en los cielos (5). La otra es vida espiritual perfecta, que es posesión de Dios por unión de amor; y ésta se alcanza por la mortificación de todos los vicios y apetitos y de su misma naturaleza totalmente (6). Y hasta tanto que esto se haga, no se puede llegar a la perfección de esta vida espiritual 1 Ps. LXX. 20.
2 E. p.: se le ponga diadema en la cabeza, y tenga a su alma como a otra Ester en la posesión del reino, para que todo lo que quisiere haga en el reino."
3 G: en ver a Dios cara a cara.
4 E. p.: "en ver a Dios, y para ésta ha de preceder muerte natural y corporal, como dice San Pablo."
5 liad Cor.. V, 1.
6 E. p. omite la frase: y de su misma naturaleza totalmente.
LLAMA DE AMOR VIVA de unión con Dios, según también lo dice el Apóstol por es- tas palabras diciendo: Si viviéredes según la carne, moriréis: pero si con el espíritu mortificáredes los hechos de la carne, viviréis (1).
29. De donde es de saber que lo que aquí el alma llama muerte es todo el hombre viejo, que es el uso de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, ocupado y empleado en co- sas del siglo, y los apetitos en gustos de criaturas. Todo lo cual es ejercicio de vida vieja, la cual es muerte de la nueva,, que es la espiritual. En la cual no podrá vivir el alma per- fectamente si no muriere también perfectamente (2) al hombre viejo, como el Apóstol amonesta diciendo: que desnuden al hom- bre viejo y se vistan del hombre nuevo, que según Dios es cria- do en justicia y santidad (3). En la cual vida nueva, cuando ha llegado a perfección de unión con Dios, como aquí vamos tra- tando, todos los apetitos del alma y sus potencias y las ope- raciones de ellas, que eran de suyo operaciones de muerte y pri- vación de la vida espiritual, se truecan en divinas (4).
30. Y como quiera que cada viviente viva por su ope- ración, como dicen los filósofos, teniendo sus operaciones en Dios, por la unión que tienen con Dios, el alma vive vida de Dios y se ha trocado su muerte en vida (5). Porque el entendi- miento, que antes de esta unión naturalmente (6) entendía con la fuerza y vigor de su lumbre natural, ya es movido e in- formado de otro principio de lumbre sobrenatural de Dios y se ha trocado en divino, porque su entendimiento y el de Dios todo es uno. Y la voluntad, que antes amaba muertamente, sólo con su afecto natural bajamente, ahora ya (7) se ha trocado en vida de amor divino; porque ama altamente con afecto divino movida del Espíritu Santo, en que ya vive, porque la de él y 1 Rom., VIH, 13.
2 C añade: muriendo.
3 Ephes., IV, 22.
4 E. p.: "como aquí varaos tratando, todos los afectos del alma, sus potencias y operaciones, de suyo imperfectas y bajas, se vuelven como divinas."
5 A suprime casi todo lo que resta del contenido de este verso.
7 E. p.: "de otro principio y lumbre más superior de Dios. Y la voluntad que antes amaba tibiamente, ahora ya..."
CANCION II 45 la de ella solamente es una voluntad (1). Y la memoria, que de suyo percibía sólo las formas y figuras de criaturas, es trocada en tener en la mente los años eternos. Y el ape- tito que sólo gustaba el manjar de criatura que obraba muer- te, ahora es trocado en gusto y sabor de manjar divino, mo- vido ya de otro principio donde está más a lo vivo, que es el deleite de Dios; y ya sólo es apetito de Dios (2). Y, fi- nalmente, todos los movimientos y operaciones que antes tenía el alma del principio de su vida natural, ya en esta unión son trocados en movimientos de Dios. Porque el alma en todo, co- mo ya verdadera hija de Dios, es movida del espíritu de Dios, como dice San Pablo: Que los que son movidos por el es- píritu de Dios, son hijos de Dios (3). De manera, que ya el entendimiento del alma es entendimiento de Dios; y la vo- luntad, es voluntad de Dios; y la memoria, memoria de Dios; y el deleite, es deleite de Dios; y la sustancia de su alma (4) aunque no es sustancia de Dios, porque no puede convertirse en él, pero estando unida con él y absorta en él, es Dios por participación de Dios, lo cual acaece en este estado perfec- to de vida espiritual, aunque no tan perfectamente como en la otra. Y de esta manera (5): matando, muerte en vida la has trocado. Y por eso puede aquí decir el alma con mu- cha razón con San Pablo: Vivo, ya no yo; mas vive en mi Cristo (6). Y así, se trueca la muerte de esta alma (7) en vida de Dios, absorbida el alma en la vida, porque en ella se cumple también el dicho del Apóstol: Absorta está la muerte en vic- toria (8). Y también el de Oseas profeta, que dice: ¡Oh, muer- te! yo seré tu muerte, dice Dios (9).
1 E. p. suprime: "porque la de él y la de ella solamente es una voluntad."
2 E. p.: "Y el apetito que antes estaba inclinado al manjar de las criaturas, aho- ra tiene gusto y sabor de manjar divino, movido ya de otro principio donde están más a lo vivo, que es el gusto de Dios."
3 Rom., VIII, 14.
4 E. p. abrevia: son hijos de Dios, y la sustancia de su alma...5 E. p.: Y de esta manera dice bien...6 Gal., II, 20.
7 E. p. lee: Y así. se trueca lo muerto y frío de esta alma...8 I ad Cor., XV. 54.
9 XIII, 14.
46 LLAMA DE AMOR VIVA 31. De esta manera está absorta el alma en vida, ajenada de todo lo que es secular y temporal, y libre de lo natural des- ordenado, es introducida en las celdas del Rey (1), donde se go- za y alegra en su Amado, acordándose de sus pechos sobre el vino, y diciendo: Morena soy, mas hermosa, hijas de Jerusa- lén (2); porque mi negregura natural se trocó en hermosura del Rey celestial. ¡Oh, pues, cauterio de fuego, que abrasas infini- tamente sobre todos los fuegos; y cuanto más me abrasas más suave me eres! Y ¡oh regalada llaga!, más regalada salud para mí que todas las saludes y deleites del mundo; y ¡oh mano blanda! infinitamente sobre todas las blanduras blan- da! (3); tanto para mí más blanda, cuanto más asientas y aprietas. Y ¡oh toque delicado!, cuya delicadez es más sutil y más curiosa que todas las sutilezas y hermosuras de las criaturas con infinito exceso, y más dulce y más sabroso que la miel y que el panal, pues que sabes a vida eterna, que tanr to me la das a gustar cuanto más íntimamente (4) me tocas; y más precioso infinitamente que el oro y las piedras preciosas, pues pagas deudas que con todo el resto no se pagaran (5), porque tú vuelves la muerte en vida admirablemente.
32. En este estado de vida tan perfecta siempre el alma an- da como de fiesta, y trae en su paladar un júbilo grande de Dios y como un cantar nuevo, siempre nuevo envuelto en alegría (6) y amor, y en conocimiento de su alto estado. A veces anda con gozo, diciendo en su espíritu aquellas palabras de Job que dicen: Mi gloria siempre se innovará y como palma multipli- caré los días. Que es como decir: Dios, que permaneciendo en sí siempre de una manera todas las cosas innova (7), como dice el Sabio, estando ya siempre unido en mi gloria, siempre innovará (8) mi gloria, esto es, no la dejará volver a viejaj, 1 G: en la cámara real. C: en las calles del Rey.
2 Cant. I. 4.
3 G: Sobre rodas las manos blandas, blanda! La e. p. omite la palabra blanda.
5 E. p.: pagarían.
6 C: gracia.
7 C: invoca.
8 C: invocará.
CANCION II 47 como antes lo era; y multiplicaré los días, esto es, mis mere- cimientos hacia el cielo, como la palma sus inhiestas (1). Y todo lo que David dice en el Salmo XXIX anda cantando a Dios entre si, particularmente aquellos dos versos postreros que dicen: Convertiste mi llanto en gozo para mí, rompiste mi saco, y cercásteme de alegría para que te cante mi gloria y ya no sea compungida, porque aquí ninguna pena le lle- ga. Señor Dios mío, para siempre te alabaré (2). Porque el al- ma siente a Dios aquí tan solícito en regalarla, y con tan pre- ciosas y delicadas y encarecidas palabras engrandeciéndola y haciéndola unas y otras mercedes, que le parece que no tiene otra en el mundo a quien regalar, ni otra cosa en que se em- plear, sino que él todo es para ella sola. Y sintiéndolo así, lo confiesa en los Cantares, diciendo: Mi amado para mí, y yo para el (3).
CANCION III ¡Oh lámparas de fuego, En cuyos resplandores Las profundas cavernas del sentido, Que estaba oscuro y ciego, Con extraños primores Calor y luz dan junto a su querido!
DECLARACION 1. Dios sea servido de dar aquí su favor, que cierto es menester mucho para (4) declarar la profundidad de esta can- ción, y aun harta advertencia del que la fuere leyendo, que si no tiene experiencia, quizás le será algo oscura, como si por ventura la tuviese, le sería clara y gustosa. En esta canción 1 E. p.: como la palma sus cogollos.
2 Ps. XXIX, 12.
3 Cant. II, 16.— E. p.: Y así lo confiesa en los Cantares: Yo toda para mi Amado, y mi Amado todo para mí.
4 E. p.: Grandemente es menester aquí el favor de Dios para...48 LLAMA DE AMOR VIVA íntima el alma y agradece a su Esposo las grandes mercedes que de la unión con él recibe, dándole por medio de ella grandes y muchas noticias (1) de sí mismo, con las cuales alumbradas y enamoradas las potencias y sentido de su alma, que antes de esta unión estaba oscuro y ciego de otros amo- res, puedan ya estar esclarecidas, como lo están, y con calor de amor para poder dar luz y amor (2) al que las encendió y enamoró, infundiendo en ellas dones tan divinos. Porque el amante verdadero entonces está contento, cuando todo lo que él es y vale y puede valer, y lo que tiene y puede tener, lo emplea en el amado; y cuanto ello más es, más gusto recibe en dar- lo. Cuanto a lo primero, es de saber que las lámparas tienen dos propiedades, que son lucir y arder. Sigúese el verso: Oh lámparas de fuego.
2. Para entender este verso, es de saber que Dios, en su único y simple ser, es todas las virtudes (3) y grandezas de sus atributos; porque es omnipotente, es sabio, es bueno, es mise- ricordioso, es justo, es fuerte, es amoroso y otros infinitos (4) atributos y virtudes que de él no conocemos acá; y siendo él to- das estas cosas, estando él unido con el alma, cuando él tiene por bien de abrirle la noticia, echa ella de ver en él todas esr tas virtudes y grandezas clara y distintamente, conviene saber, omnipotencia, bondad, sabiduría, justicia, misericordia, etc., to- das en único y simple ser. Y como cada una de estas cosas sea el mismo ser de Dios en un solo supuesto suyo, que es (5) el Padre, o el Hijo, o el Espíritu Santo, siendo cada atributo de estos el mismo Dios y siendo Dios infinita luz e infinito 1 E. p.: "si no tiene experiencia, le será harto oscuro lo que en ella se trata, como si por ventura la tuviese, le sería claro y gustoso. En esta canción íntimamente agradece el alma a su Esposo las grandes mercedes que de la unión con El ha recibi- do, dándole por medio de ella muchas y muy subidas noticias."
2 E. p.: "y ciego están esclarecidas con calor de amor para corresponder ofre- ciendo esa misma luz y amor..."
3 G: En su único y simplicísimo ser contiene todas las perfecciones y grandezas..
4 E. p. suprime esta palabra.
5 E. p.: "grandezas todas en un único y simple ser, perfecta y profundami conocidas, según se compadece con la fe. Y como..."
CANCION III 49 fuego divino, como arriba queda dicho; de aquí es que en cada uno de estos atributos, que, como decimos, son innumerables y virtudes suyas luzca y arda como Dios.
3. Y así, según estas noticias que el alma tiene allí de Dios, distintas en un solo acto actualmente, le es al alma el mismo Dios muchas lámparas, que distintamente le lucen al al- ma, pues de cada una (1) tiene noticia y le dan calor de amor, cada una en su manera y todas ellas en un simple ser, como decimos, y todas ellas son una lámpara (2), que es el Verbo, el cual como dice San Pablo, es resplandor de la g'ioria del Padre. La cual lámpara (3), es todas estas lámparas, porque luce y arde de todas estas maneras; lo cual echa de ver el alma que le es muchas lámparas esta sola lámpara. Porque como ella sea una, todas las cosas puede, y todas las virtudes tiene, y todos los espíritus coje (4), y así en un acto luce y arde según todas sus grandezas y virtudes, podemos decir, de muchas maneras (5) en una manera; porque luce y arde como omnipo- tente, y luce y arde como sabio, y luce y arde como bueno, y luce y arde como fuerte, como justo, como verdadero y como las demás virtudes y condiciones divinas que hay en él, dando al alma inteligencia y amor de sí, según todas ellas distintamente y según cada una. Porque comunicándose él, sien- do él todas ellas, y cada una de ellas, da al alma luz y amor divino según todas ellas, y según cada una de eilas; porque el fuego dondequiera que se aplique (6) y en cualquiera efecto que haga, da su calor y resplandor; pues siempre asi es de 1 G: "Distintas de Dios, conociendo todas estas perfecciones con un sólo acto, viene a ser el mismo Dios para el alma muchas lámparas." E. p.: "que según cada uno de estos atributos, luzca y arda como verdadero Dios. Y así, según estas noticias que el alma allí tiene de Dios, conocidas en unidad, le es al alma el mismo Dios mu- chas lámparas, pues de cada una..."
2 A, Gr. y C: y todas ellas un ser, y todas ellas una lámpara.
3 E. p. abrevia: y todas ellas son una lámpara, la cual lámpara...4 A suprime lo que sigue hasta la frase también el pozo de las aguas vivas, del número 7.
5 E. p.: y así podemos decir que luce y arde de muchas maneras en una ma- nera...6 G suprime las siguientes líneas, hasta la frase: Y así Dios le es al alma...En -estante continúa suprimiendo y cambiando mucho.
4 50 LLAMA DE AMOR VIVA una manera (1). Porque el resplandor que le da esta lámpara en cuanto es omnipotencia, le hace al alma luz y calor de amor de Dios en cuanto es omnipotente, y según esto ya Dios le es lámpara de omnipotencia que le luce y arde según este- atributo; y el resplandor que le da esta lámpara en cuanto es sabiduría le hace calor de amor de Dios en cuanto es sabio, y según es'to ya Dios le es lámpara de sabiduría; y el res- plandor que le da esta lámpara de Dios en cuanto es bondad le hace calor de amor de Dios en cuanto es bueno, y según esto ya le es Dios lámpara de bondad; y, ni más rii menos, le es lámpara de justicia y de fortaleza y de misericordia, porque la luz (2) que le da de cada uno de estos atributos y de todos los demás, hace al alma juntamente calor de amor de Dios en cuanto es tal. Y así, Dios le es al alma en esta alta comunicación y muestra que, a mi ver, es la mayor que se le puede hacer en esta vida, innumerables lámparas que le dan luz y amor (3).
4. Estas lámparas le lucieron bien a Moisés (4) en el monte Sinaí, donde pasando Dios delante de él, apresuradamen- te se postró en la tierra y dijo algunas grandezas de las que en él vió; y amándole según aquellas cosas que había visto, las dijo distintamente, diciendo: emperador, señor, Dios misericor- dioso, clemente, paciente, de mucha miseración, verdadero, que guardas misericordia en millares, que quitas los pecados y mal- dades y delitos, que eres tan justo que ningnuo hay inocente de suyo delante de ti (5). En lo cual se ve que Moisés los más atributos y virtudes que allí conoció y amó fueron los de la omnipotencia, señorío, deidad y misericordia y justicia y verdad y rectitud de Dios, que fué altísimo conocimiento y su- bidísimo deleite de amor.
1 E. p. abrevia: "y arde como bueno, etc., dando al alma inteligencia y amor, y descubriéndosele de la manera que es capaz, según todas ellas. Porque el resplandor..."
2 E. p. abrevia: en cuanto es sabio, y así de los demás atributos, porque la luz...3 G: "innumerables lámparas que la encienden y alumbran en amor del mismo Dios, conociéndole y amándole ardentisimamente, según todos sus atributos. Estas lámparas.,."
4 E. p.: Estas lámparas le hicieron ver a Moisés.
5 Exod., XXXIV. 6-7.
CANCION III 51