SigPhi · Juan de la Cruz

Llama de Amor Viva, Cautelas, Avisos, Cartas y Poesias

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65. Por lo cual, los que no son tan espirituales que estén purgados de los apetitos y gustos, aunque todavía están algo animales en ellos, crean que las cosas viles y bajas del espíritu, que son las que más se llegan al sentido en que ellos todavía viven, las tendrán por gran cosa; y las que fueren altas de espíritu, que son las que más se apartan del sentido, las ten- drán en poco y no las estimarán, y aun las tendrán por locura, como dice San Pablo, diciendo: El hombre animal no percibe las cosas de Dios; sonle a él como locura y no las puede entender (2). Y hombre animal es aquel que todavía vive con apetitos y gustos de su naturaleza; que aunque al- gunos vengan y nazcan de espíritu, si se quiere asir a ellos con su natural apetito, ya son apetitos naturales; que poco hace al caso que el objeto sea sobrenatural si el apetito sale de sí mismo y tiene raíz y fuerza en el natural; pues tiene la misma sustancia y naturaleza que si fuera acerca de materia y objeto natural (3).

66. Dirásme: pues cuando se apetece Dios, ¿no es so- brenatural? Digo que no siempre, sino cuando Dios le infun- de, dando él la fuerza del apetito (4) y esto es muy diferente; mas cuando tú de tuyo te le quieres tener, no es más que na- tural; y lo será siempre si Dios no le informare. Y así (5), cuando tú, de tuyo, te quieres pegar a los gustos espirituales y ejercitas el apetito tuyo natural catarata pones, y eres ani- 1 Sap., IV, 12.— T lee como los demás; un corrector modificó: "El hechizo de la vanidad oscurece los bienes, y la inconstancia del apetito trastrueca el sentido que aún no sabe de malicia."

2 I ad Cor.. II, 14.

3 E. p. abrevia: "las tendrán en poco y no las estimarán; hombre animal es aquel que todavía vive con apetitos de su naturaleza, que aunque alguna vez toquen en cosas de espíritu si se quiere asir a ellas con su natural apetito, ya son apetitos naturales, que poco hace al caso que el objeto sea espiritual si el apetito sale de ' si mismo y tiene su raíz y fuerza en el natural."

4 E. p.: sino cuando lo es el motivo, g Dios le da la fuerza de tal apetito.

5 E. p. abrevia: le quieres tener, en el modo no es más que natural. Y así...88 LLAMA DE AMOR VTVA mal y no podrás entender ni juzgar lo espiritual, que es sobre todo sentido y apetito natural. Y si tienes más duda, no sé que te diga sino que lo vuelvas a leer y quizás no la tendrás, que dicha está la sustancia de la verdad, y no se sufre aquí en esto alargarme más. Este sentido, pues, que antes estaba os- curo sin esta divina luz de Dios y ciego con sus apetitos, ya está de manera que sus profundas cavernas, por medio de esta divina unión: Con extraños primores Calor y luz dan junto a su querido.

67. Porque estando estas cavernas de las potencias tan mirífica y maravillosamente infundidas (1) en los admirables resplandores de aquellas lámparas, como habernos dicho, que en ellas están ardiendo, están ellas enviando a Dios en Dios, de más de la entrega que hacen a Dios, estando clarificadas y encendidas en Dios, esos mismos resplandores (2) que tiene recibidos con amorosa gloria, inclinadas ellas a Dios en Dios, hechas también ellas lámparas encendidas en los resplandores de las lámparas divinas, dando al Amado de la misma luz y calor de amor que recibe; porque aquí, de la misma manera que lo reciben lo están dando al que lo da, con los mismos primores que él se lo da; como el vidrio hace cuando le em- biste el sol; aunque estótro es en más subida manera por in- tervenir en ello el ejercicio de la voluntad.

68. Con extraños primores, es a saber: extraños y aje- nos de todo común pensar y de todo encarecimiento y de todo modo y manera (3). Porque conforme al primor con que el en- tendimiento recibe a la sabiduría divina, hecho un entendimien- to con el de Dios, es el primor con que lo da él al alma; porque no lo puede dar sino al modo que se lo da. Y confor- 1 E. p.: metidas. T: tan mortificadas y maravillosamente...2 E. p.: "que en ellas están ardiendo, estando clarificadas y encendidas en Dios, de más de la entrega que de si hacen a él, están enviando ellas a Dios en Dios esos mismos resplandores."

3 E. p. omite y de todo modo y manera.

CANCION m 89 me al primor (1) con que la voluntad está unida con la bon- dad (2), es el primor con que ella da a Dios en Dios la misma bondad; porque no lo recibe sino para darlo. Ni más ni me- nos, según el primor con que en la grandeza de Dios conoce, estando unida en ella luce y "da calor de amor. Según los pri- mores de los demás atributos divinos que comunica allí al alma de fortaleza, hermosura, justicia, etc., son los primores con que el sentido, gozando, está dando a su querido en su querido esa misma luz y calor que está recibiendo de su querido; porque estando ella aquí hecha una misma cosa con él, en cierta ma- nera es ella Dios por participación; que aunque no tan per- fectamente como en la otra vida, es, como dijimos, como som- bra de Dios. Y a este talle, siendo ella por medio de esta sustancial transformación (3) sombra de Dios, hace ella en Dios por Dios lo que él hace en ella por sí mismo, al modo que él lo hace (4); porque la voluntad de los dos es una (5); y asi como Dios se la está dando con libre y graciosa voluntad, asi ella también, teniendo la voluntad tanto más libre y ge- nerosa, cuanto más unida en Dios, en Dios está dando a Dios al mismo Dios, y es verdadera y entera la dádiva del alma a Dios (6). Porque allí verdaderamente el alma ve que Dios es suyo, y que ella le posee con posesión heredita- ria, como hijo adoptivo (7) de Dios con propiedad de derecho, por la gracia que Dios de sí mismo le hizo, y que como cosa suya le puede dar y comunicar a quien ella quiere; y así dale a su querido (8) que es el mismo Dios que se le dió a ella. Y en esto paga todo lo que debe; porque de voluntad le 1 E. p.: "con que el entendimiento recibió la divina sabiduría, es el primor con que lo da el alma. Y conforme al primor."

3 E. p. omite la palabra sustancial.

4 E. p. suprime: al modo que él lo hace.

5 C, G y Gr.: "la voluntad de los dos es una, y la operación de ella y de Dios es una, y así como Dios..."

6 E. p.: "más unida con Dios en Dios, está como dando a Dios el mismo Dios, por amorosa complacencia que del divino ser y perfecciones tiene, y es una mís- tica y afectiva dádiva del alma a Dios."

7 E. p.: y que ella le posee como hijo adoptivo.

8 E. p.: de sí mismo le hizo. Dale, pues, a su querido...90 LLAMA DE AMOR VIVA da otro tanto con deleite y gozo inestimable, dando al Espíritu Santo como cosa suya con entrega voluntaria, porque se ame como él merece.

69. Y en esto está el inestimable deleite del alma, de ver que ella da a Dios cosa suya que le cuadre a Dios según su in- Tinito ser. Que aunque es verdad que el alma no puede dar de nuevo al mismo Dios a si mismo, pues él en sí siempre es el mismo, pero el alma de suyo perfecta y verdaderamente (1) lo hace, dando todo lo que le había dado, para pagar el amor; que es dar tanto como le dan, y Dios se paga con aquella dá- diva del alma, que con menos no se pagara, y lo toma con agradecimiento, como cosa suya del alma que de nuevo se le da, y en eso mismo la ama (2) y de nuevo libremente se entrega al alma, y en esto ama al alma; y así es^tán actualmente Dios y el alma en un amor reciproco en la conformidad de la unión y entrega matrimonial, en que los bienes de entrambos, que son la divina esencia, poseyéndolos cada uno libremente (3), los po- seen entre ambos juntos en la entrega voluntaria del uno al otro, diciendo el uno al otro lo que el Hijo de Dios dijo al Padre por San Juan, es a saber: Omnia mea tua sant, et tua mea sunt et clarificatus sum in eis (4). Esto es: Todas mis cosas son tuyas, y tus cosas son mías, y clarificado estoy en ellas. Lo cual en la otra vida es sin intermisión en la fruición.

Y en este estado de unión, cuando se pone en acto y ejercicio de amor la comunicación del alma y Dios, puede hacer al alma aquella dádiva, aunque es de más entidad que su capacidad y su ser, está claro; porque claro está que el que tiene muchos reinos y gentes por suyas, aunque son de mucha más entidad que él, las puede dar muy bien a quien quisiere.

70. Esta es la gran satisfacción y contento del alma, ver que da a Dios más que ella en sí vale, dando con tanta libe- ralidad a Dios a sí mismo, como cosa suya, con aquella luz 2 E. p.: "como cosa suya del alma, que en el sentido dicho se le da, y en eso mismo la ama."

3 E. p. omite: poseyéndolos cada uno libremente.

4 Joan.. XVII, 10.

CANCION III 91 divina y calor de amor que se lo dan; en la otra vida os por medio de la lumbre de gloria (1), y en esta po.r medio de la fe ilustradísima (2). Y de esta manera, las profundas cavernas del sentido con extraños primores, calor y luz dan junto a su querido. Junto, porque junta es la comunicación del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el alma, que son luz y fuego de amor.

71. Pero los primores con que el alma hace esta entrega, habernos aquí de notar brevemente. Acerca de lo cual es de advertir, que en el acto de esta unión, como quiera que el alma goce cierta imagen de fruición que se causa de la unión del entendimiento y del afecto en Dios, deleitada ella en si y obligada, hace a Dios la entrega de Dios y de si misma en Dios con maravillosos modos. Porque acerca del amor se ha el alma acerca de Dios con extraños primores; y acerca de este rastro de fruición, ni más ni menos, y acerca de la alabanza también, y por el semejante, acerca del agradecimiento.

72. Cuanto a lo primero, que es el amor, tiene tres pri- mores principales de amor. El primero es, que aquí ama eí alma a Dios, no por si, sino por el mismo Dios; lo cual es admirable primor, porque ama por el Espíritu Santo (3), como el Padre ama al Hijo, según se dice por San Juan: La dilec- ción con que me amaste, dice el Hijo al Padre, esté en ellos y yo en ellos (4). El segundo primor es amar a Dios en Dios; porque en esta vehemente unión se absorbe el alma en amor de¡ Dios, y Dios con grande vehemencia se entrega al alma. El ter- cer primor de amor principal, es amarle allí por quien el es; porque no le ama sólo porque para si misma es largo, bueno y gloria (5), etc., sino mucho más fuertemente, porque en sí es todo esto esencialmente.

73. Y acerca de esta imagen de fruición tiene otros tres 3 E. p.: "porque ama inflamada por el Espiritu Santo y teniendo en si misma el Espíritu Santo..."

4 Joan.. XVII. 26.

5 E. p.: largo, bueno y liberal. T: largo, bien y gloria.

92 LLAMA DE AMOR VIVA primores principales maravillosos. El primero, que el alma goza alli a Dios por el mismo Dios; porque como el alma aquí une el entendimiento en la sabiduría y bondad, etc. (1), aunque no claramente como será en la otra vida, grandemente se deleita en todas estas cosas entendidas distintamente, como arriba diji- mos. El segundo primor principal de esta dilección, es deleitar- se ordenadamente sólo en Dios, sin otra ninguna mezcla de criatura. El tercer deleite, es gozarle sólo por quien él es, sin otra mezcla de gusto propio (2).

74. Y acerca de la alabanza que el alma hace a Dios en esta unión, hay otros tres primores de alabanza. El primero, hacerlo de oficio, porque ve el afma que para su alabanza la crió Dios, como dice por Isaías: Este pueblo formé para mí, cantará mis alabanzas (3). El segundo primor de alabanza es por los bienes que recibe y deleite que tiene en alabar (4). El tercero es por lo que Dios es en si. Porque aunque el alma no recibiese ningún deleite, le alabaría por quien él es.

75. Acerca del agradecimiento tiene otros tres primores principales. El primero, agradecer los bienes naturales y espi- rituales que ha recibido y los beneficios. El segundo, es la de- lectación grande que tiene en alabar a Dios, porque con gran vehemencia se absorbe en esta alabanza. El tercero, es alabanza sólo por lo que Dios es, lo cual es mucho más fuerte y de- leitable.

CANCION IV ¡Cuan manso y amoroso Recuerdas en mi seno Donde secretamente solo moras, Y en tu aspirar sabroso 1 E. p. añade: que tan ilustradamente conoce. A, B, C, G y Gr. leen: el enten- dimiento en la omnipotencia, sabiduría...2 E. p. añade: ni de otra ninguna cosa criada.

3 Isai., XLIII, 21.

4 E. p.: "El segundo primor es hacerla por los bienes que recibe y deleite que tiene en el alabar este gran Señor."

CANCION IV 93 De bien y gloria lleno Cuan delicadamente me enamoras!

DECLARACION 1. Conviértese el alma aquí a su Esposo con mucho amor, estimándole y agradeciéndole dos efectos admirables que a ve- ces en ella hace por medio de esta unión, notando también el modo con que hace cada uno y también el efecto que en ella redunda en este caso.

2. El primer efecto, es recuerdo de Dios en el alma, y el modo con que éste se hace es de mansedumbre y de amor. El segundo, es aspiración de Dios en él alma, y el modo de éste es de bien y gloria que se le comunica en lá aspiración. Y lo que de aquí en el alma redunda es enamorarla delicada y tiernamente.

3. Y* así, es como si dijera: El recuerdo que haces, oh Verbo Esposo, en el centro y fondo de mi alma, que es la pura e íntima sustancia de ella (1), en que secreta y calladamente sólo como Señor de ella moras, no sólo como en tu casa, ni sólo como en tu mismo lecho, sino también como en mi propio seno íntima y estrechamente unido, ¡cuan mansa y amorosa- mente le haces! Esto es, grandemente manso y amoroso; y en la sabrosa aspiración que en ese recuerdo tuyo haces sabrosa para mí, que está llena de bien y gloria, ¡con cuánta delicadez me enamoras y aficionas a ti! En el cual toma el alma la se- mejanza del que cuando recuerda de su sueño respira; porque, a la verdad, ella así lo siente. Sigúese el verso: ¡Cuán manso y amoroso Recuerdas en mi seno!

'4. Muchas maneras de recuerdos hace Dios al alma; tan- tas, que si las hubiésemos de contar nunca acabaríamos. Pero este recuerdo que aquí quiere dar a entender el alma que hace el Hijo de Dios, es, a mi ver, de los más levantados y que 1 E. p. omite: que es la pura e Intima sustancia de ella.

94 LLAMA DE AMOR VIVA más bien hace al alma. Porque este recuerdo es un movimiento que hace el Verbo en la sustancia del alma (1), de tanta gran- deza y señorío y gloria y de tan íntima suavidad, que le parece al alma que todos los bálsamos y especies odoríferas y flo- res del mundo se trabucan y menean revolviéndose para dar suavidad; y que todos los reinos y señoríos del mundo, y to- das las potestades y virtudes del cielo se mueven (2). Y no sólo eso, sino que también todas las virtudes y sustancias y per- fecciones y gracias de todas las cosas criadas relucen y hacen ei mismo movimiento, todo a una y en uno. Que por cuanto como dice San Juan: todas las cosas en él son vida (3) y en él viven y son y se mueven, como también dice el Após- tol (4); de aquí es que, moviéndose este gran Emperador en el alma, cuyo principado, como dice Isaías, trae sobre sus hom- bros (5), que son las tres máquinas (6): celeste, terrestre e infernal, y las cosas que hay en ellas, sustentándolas todas, como dice San Pablo, en el Verbo de su virtud (7), todas a una parezcan moverse; al modo que al movimiento de la tierra se mueven todas las cosas materiales que hay en ella, como si no fuesen nada; así es (8) cuando se mueve este Príncipe que trae sobre sí su corte, y no la corte a él.

5. Aunque esta comparación harto impropia es, porque acá no sólo parecen moverse, sino que también descubren las be- llezas de su ser, virtud y hermosura y gracias, y la raíz de su duración y vida. Porque echa allí de ver el alma cómo todas las criaturas de arriba y abajo (9) tienen su vida y duración en él, y ve claro lo que dice en el libro de la Sabiduría, diciendo: 1 E. p.: en lo profundo del alma.

3 Joan., I, 3.

4 Act.. XVII, 28.

5 Isai., IX, 6.

6 E. p.: "De aquí es que queriéndose descubrir este gran Emperador al alma, y moviéndose por esta manera de ilustración sin moverse en ella el que, como dice Isaías, trae su principado sobre su hombro, que son las tres máquinas..."

8 E. p.: al modo que si se moviese la tierra, se moverían todas las cosas natu- rales que hay en ella; así es...9 E. p.: cómo todas las criaturas, inferiores y superiores.

CANCION IV 95 Por mí reinan los Reyes, por mí gobiernan los Príncipes y los poderosos ejercitan justicia y la entienden (1). Y aunque es verdad que echa allí de ver el alma que estas cosas son dis- tintas de Dios, en cuanto tienen ser criado, y las ve allí en él con su fuerza, raíz y vigor, es tanto lo que conoce ser Dios en su ser con infinita eminencia todas estas cosas, que las conoce mejor en su ser que en ellas mismas. Y éste es el deleite grande de este recuerdo: conocer por Dios las criaturas, y no por las cria-A turas a Dios; que es conocer los efectos por su causa, y no la causa por los efectos, que es conocimiento postrero (2), y ese otro es esencial.

6. Y cómo sea este conocimiento en el alma, comoquiera que Dios sea inmovible, es cosa maravillosa, porque aunque en- tonces Dios no se mueve realmente, al alma le parece que en verdad se mueve; porque como ella es innovada y movida por Dios para que vea esta sobrenatural vista, y se le descubre con tanta novedad aquella divina vida y el ser y armonía de toda criatura en ella con sus movimientos en Dios, parécele que Dios es el que se mueve y que toma la causa el nombre del efecto (3) que hace, según el cual efecto se puede decir que Dios se mue- ve, según el Sabio dice: Que la sabiduría es mas movible que todas las cosas movibles (4). Y es, no porque ella se mueva, sino porque es el principio y raíz de todo movimiento; perma- neciendo en sí estable, como dice luego, todas las cosas in- nova. Y así, lo que allí quiere decir, es que la sabiduría es más activa que todas las cosas activas. Y así debemos decir aquí que el alma en este movimiento es la movida y la recordada del 1 Prov., VIII, 15.

2 Así T. — A, B y Gr.: conocimiento trasero. G: conocimiento ratero. C omite las dos frases últimas de este párrafo.

3 E. p.: "con infinita eminencia de todas ellas, que las conoce mejor en este su principio que en ellas mismas. Y éste es el deleite grande de este recuerdo, que es co- nocer los efectos por su causa. Y el cómo sea este movimiento en el alma, siendo Dios inmoble, es cosa maravillosa, porque sin moverse Dios es ella innovada y mo- vida por él, y se le descubre con admirable novedad aquella divina vida y el ser y ar- monía de toda criatura, tomando la causa el nombre del efecto."

4 Sap.. Vil, 24.

96 LLAMA DE AMOR VIVA sueño de vista natural a vista sobrenatural, y por eso (1) la pone bien propiamente nombre de recuerdo.

7. Pero Dios siempre se está así como el alma lo echó de ver, moviendo, rigiendo y dando ser y virtud y gracia y dones a todas las criaturas, teniéndolas todas en sí virtual, pre- sencial y sustancialmente (2), viendo el alma lo que Dios es en sí y lo que es en las criaturas en una sola vista (3); así como quien abriéndole un palacio, ve en un acto la eminencia de la persona que está adentro, y ve juntamente lo que está haciendo. Y así, lo que yo entiendo cómo se haga este recuerdo y vista del alma es, que estando el alma en Dios substancialmente, como lo está toda criatura, quítale delante algunos de los mu- chos velos y cortinas que ella tiene antepuestos para poder ver cómo él es; y entonces traslúcese y vese algo oscuramente (por- que no se quitan todos los velos), aquel rostro suyo lleno de gracias (4); el cual, como todas las cosas está moviendo con su virtud, parécese juntamente con él lo que está haciendo, y parece él moverse en ellas y ellas en él con movimiento con- tinuo; y por eso le parece al alma que él se movió y recordó, siendo ella la movida y recordada.

8. Que ésta es la bajeza de esta nuestra condición de vida, que como nosotros estamos, pensamos que están los otros; y como somos, juzgamos a los demás, comenzando de nosotros mismos el juicio y no de fuera (5). Y así, el ladrón piensa que los otros también hurtan; y el lujurioso, que los otros lo son; y el malicioso, que los otros son maliciosos, saliendo ya aquel juicio de su malicia; y el bueno piensa bien de los demás, saliendo aquel juicio de bondad que tiene en sí concebida; el que es descuidado y dormido, parécele que los otros lo son.

1 E. p. abrevia: y la recordada, y por eso...2 E. p.: teniéndolas todas en sí virtual y presencial y eminentísimamente.

3 E. p. omite: en una sola vista.

4 E. p.: "y vista del alma es que la quita Dios algunos de los muchos velos y cortinas que ella tiene antepuestos para poder ver lo que él es, y entonces traslúcese y divísase, aunque algo escuramente, porque no se quitan todos los velos, pues que- da el de la fe, aquel rostro divino, lleno de gracias..."

5 Asi T.— A, B, Gr. C y G: "juzgamos a los demás saliendo el Juicio y comen- zando de nosotros mismos y no de fuera."

CANCION IV 97 Y de aquí es que cuando nosotros estamos descuidados y dor- midos delante de Dios, nos parezca que Dios es el que está dormido y descuidado de nosotros, como se ve en el Salmo cuarenta y tres donde David dice a Dios: ¡Levántate, Señor!, ¿por qué duermes? (1), poniendo en Dios lo que había en los hombres, que siendo ellos los caídos y dormidos, dice a Dios que él sea el que se levante y se despierte, como quiera que nunca duerme el que guarda a Israel.

9. Pero a la verdad, como quiera que todo el bien del hombre venga de Dios (2), y el hombre de suyo ninguna cosa pueda que sea buena, con verdad se dice que nuestro re- cuerdo es recuerdo de Dios, y nuestro levantamiento es le- vantamiento de Dios; y así, es como si dijera David: leván- tanos dos veces y recuérdanos, porque estamos dormidos y caí- dos de dos maneras. De donde porque el alma estaba dormida en sueño, de que ella jamás no pudiera por sí misma recordar, y solo Dios es el que la pudo abrir los ojos y hacer este re- cuerdo, muy propiamente le llama recuerdo de Dios, diciendo: Recuerdas en mi seno. Recuérdanos tú y alúmbranos, Señor mío, para que conozcamos y amemos los bienes que siempre nos tie- nes propuestos, y conoceremos que te moviste a hacemos mer- cedes y que te acordaste de nosotros.

10. Totalmente es indecible (3) lo que el alma conoce y siente en este recuerdo de la excelencia de Dios, porque siendo comunicación de la excelencia de Dios en la substancia del alma, que es el seno suyo que aquí dice, suena en el alma una potencia inmensa de voz de multitud de excelencias de millares de mi- llares de virtudes (4). En éstas el alma estancada, queda terri- ble y sólidamente entre ellas ordenada como haces de ejércitos, 1 Ps. XLH1, 23.

1 Ps. XLH1, 23.

2 E. p. suprime una porción de entre las lineas anteriores en esta forma: "junta- mente con él lo que está haciendo. Y éste es el recuerdo del alma, aunque también, a la verdad, como quiera que todo el bien del hombre venga de Dios..."

4 G y Gr. añaden: nunca numerables de Dios.

7 98 LLAMA DE AMOR VIVA y suavizada y agraciada en todas las suavidades y gracias de las criaturas (1).

11. Pero será la duda: ¿cómo puede sufrir el alma tan fuerte comunicación en la carne, que en efecto no hay sujeto y fuerza en ella para sufrir tanto para no desfallecer, pues que solamente de ver la reina Ester al rey Asuero en su trono con ves- tiduras reales y resplandeciendo el oro y piedras (2) preciosas, temió tanto de verle tan terrible en su aspecto, que desfalleció como ella lo confiesa allí diciendo: Que por el temor que le hizo su gran gloria, porque le pareció como un ángel y su rostro lleno de gracias, desfalleció (3); porque la gloria opri- me al que la mira, cuando no glorifica? Pues ¿cuánto más ha- bía el alma de desfallecer aquí, pues no es ángel el que echa de ver, sino Dios con su rostro lleno de gracias (4) de todas las criaturas, y de terrible poder y gloria y voz de multitud de excelencias? De la cual dice Job, que cuando oyéremos tan ma- la vez una stilla (5), ¿quién podrá sufrir la grandeza de su trueno? (6). Y en otra parte dice: No quiero que entienda y trate conmigo con mucha fortaleza, porque por ventura no me oprima con el peso de su grandeza (7).

12. Pero la causa porque el alma no desfallece y teme en aqueste recuerdo tan poderoso y glorioso, es por dos cosas. La primera, porque estando ya el alma en estado de perfección, como aqui está, en el cual está la parte inferior muy purgada y conforme con el espíritu, no tiene el detrimento y pena que en ras comunicaciones espirituales suele tener el espíritu y sen- 1 E. p. modifica: "excelencia de Dios en lo intimo del alma, que es el sueño suyo que aquí dice, suena en el alma una potencia inmensa en voz de multitud de excelen- cias de millares de millares de virtudes. En las cuales parando el alma y deteniéndo- se, queda ella terrible y sólidamente ordenada como huestes de ejércitos y suavizada y agraciada en aquél que encierra todas las suavidades y gracias de las criaturas."

2 Gr. y T: perlas.

3 Esther, XV, 16.

4 E. p.: "pues no es ángel al que conoce, sino al mismo Dios y Señor de los Angeles, con su rostro lleno de gracias..."

5 Asi la mayor parte de los manuscritos; alguno que otro traduce partecita. A: que cuando oyéremos una centella.

6 Job., XXVI, 14.— E. p.: "De la cual dice Job: si apenas podemos o ir un pe- queño silbo de ella, ¿cómo podrá sufrir la grandeza de su trueno?"

7 job, xxni. 6.

CANCION IV 99