cómo esta llama hace sentir graves penas al espíritu, dice en la pri- mera redacción (pág 16, n 16): «Porque en esta disposición de pur- gación no le es esta llama clara, sino obscura, ni le es suave, sino penosa; que aunque algunas veces pega calor de amor es con tor- mento y aprieto. Y no le es deleitable, sino seca; ni le es reficciona- dora y pacífica, sino consumidora y argüidora, ni le es gloriosa, sino antes la pone miserable y amarga...En la segunda redacción amplía el párrafo completando algunos conceptos en esta forma (p. 120. n. 19): «Porque en esta disposición de purgación no le es esta llama clara, sino obscura; que si alguna luz le da, es para ver sólo y sentir sus miserias y defectos. Ni le es suave, sino penosa; porque aunque algu- nas veces le pega calor de amor, es con tormento y aprieto. Y no le es deleitable, sino seca; porque aunque alguna vez por su benigni- dad le da algún gusto para esforzarla y animarla, antes y después que acaece, lo lasta y paga con otro tanto trabajo. Ni le es reficio- nadora y pacífica, sino consumidora y argüidora. haciéndola desfalle- cer y penar en el conocimiento propio. Y así, no le es gloriosa» etc. En la primera redacción sólo había explicado el porqué esta llama no era suave sino penosa; en la segunda lo da también de otras propie- dades de la misma. Nada hay que se resista a la pluma de San Juan de la Cruz, antes parece fruto de una lectura suya más reposada. ¿Y quién, fuera del Santo, habría podido decirlo tan bien y con palabras tan justas y precisas? Análogos ejemplos podrían aducirse muchos.
Dice también este escritor que en el texto de la segunda redacción se advierte el empeño sostenido de amenguar, en cualquiera forma, el ardor místico, y de advertir con la mayor frecuencia posible, que los estados humanos, aun los más encumbrados, no son otra cosa que im- perfecta imagen de la vida de la gloria. Cita dos ejemplos para de- mostrarlo, tomados del comentario del tercer verso de la estrofa pri- mera: De mi alma en el más profundo centro.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» «El centro del alma»— se dice en la primera redacción, página 13, número 12— «Dios es, al cual habiendo ella llegado según toda la capacidad de su ser...». En la redacción segunda se modifica así este pasaje (pág. 115, número 12): «El centro del alma es Dios, al cual cuando ella hubiere llegado según la capacidad de su ser...». Lamenta Baruzi que en la segunda se haya omitido el adjetivo toda, que, a su juicio daba a la frase energía y entonación lírica. Digamos que el pasaje en cuestión tampoco está muy bien escogido, porque tanto el Códice 17.950, al cual seguimos de ordinario en nuestra edición, como el 8.795 leen «según toda la capacidad». Las demás suprimen el ad- jetivo—uno de tantos descuidos materiales como se registran en las copias—, y el P. Gerardo, a quien Baruzi cita, siguió la lectura de las últimas. Pero esto importa poco. El texto aludido, sin embargo, nada pierde en precisión, energía ni ardor místico con el adjetivo toda o sin él. Si acaso, ganaría algo. En buen castellano lo mismo significa, «el hombre nace en pecado», que «todo hombre nace en pecado». Y nos- otros, bajo todos respectos, preferimos el primer modo de decir. El segundo puede ser oportuno, en un momento dado, para un orador fogoso y enfático. De no haber otras pruebas para demostrar el de- bilitamiento dicho de la Llama en la segunda redacción, bien poco ha perdido del lirismo primitivo este tratado. Si el Santo prefirió echar unas gotas de agua a los entusiasmos misticos de la primera redacción en gracia de la mayor claridad, explanación o complemento de las ideas, no debemos tampoco lamentarlo. Son poquita cosa para amor- tecer fuego tan vehemente y poderoso.
Otra de las fundamentales divergencias que halla el citado autor entre las dos redacciones es, que en la segunda se recuerda con cierta frecuencia que los estados humanos, aun los más encumbrados, no son otra cosa que imagen imperfecta de la vida futura de la gloria. De- signando, como se dijo antes, la primera redacción por la letra A, y la segunda por la B, pone frente a frente estos textos en comproba- ción de lo que acaba de afirmar.
El texto A dice: «El centro del alma Dios es, al cual habiendo ella llegado según toda la capacidad de su ser, y según la fnerza de su operación, habrá lle- gado al último y profundo centro del Texto B (1): «El centro del alma es Dios, al cual cuando ella hnbiera llegado se- gún la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e inclina- ción, habrá llegado a su último y 2 xvm INTRODUCCION alma, que será cuando con todas sus fuerzas ame y entienda y goce a Dios; y cuando no llegue a tanto como esto aunque esté en Dios, que es su ceutro por gracia y por la comunicación suya, si todavía tiene movimiento para más y fuerza para más, y no está satisfecha. Aunque está en el centro, no en el más pro- fundo, pues puede ir a más».
El segundo, tomado del mismo es como sigue: Texto A: «Y así en decir el alma que la lla- ma hiere en el más profundo centro, es decir que cuauto alcanza la subs- tancia y virtud y fuerza de! alma, la hiere; lo cual dice para dar a enten- der la copiosidad y abundancia de su gloria y deleite, que es tanto mayor y más tierno, cuanto más fuerte y substancialmeute está transformada y reconcentrada en Dios. Lo cual es mucho más 4ue en la común unión ae amor pasa...porque esta alma es- tando ya tan en gloria suave, y la alma que goza de la sola y común unión de amor, son en cierta manera comparadas al fuego de Dios, que dice Isaías que está en Sión, que sig- nifica la iglesia militante; y al horno de Dios que estaba en Jerusalén—, que significa visión de paz...» (1).
más profundo centro suyo en Dios; y cuando no ha llegado a tanto como esto, cual acaece en esta vida mor- tal en que no puede llegar el alma a Dios según todas sus fnerzas) aunque esté en este su centro, que es Dios, por gracia y por la comunica- ción suya, que con ella tiene, por cuanto todavía tiene movimiento y fuerza para más, y no está satisfe- cha; aunque esté en el centro, no empero en el más profundo, pues puede ir a más profundo de Dios».
comentario, un poco más adelante, Texto B: «Y así en decir el alma aquí que la llama de amor hiere en su más pro- fundo centro, es decir, que cuanto al- canza la substancia, virtud y fuerza del alma, la hiere y embiste el Espí- ritu Santo, lo cual dice, no porque quiera dar a entender aquí que sea ésta tan sustancial y enteramente como en la beatífica vista de Dios en la otra vida...Y así estas dos maneras de unión solamente y de amor y unión con inflamación de amor, son en cierta manera compa- radas al fuego de Dios que dice Isaí- as, que está en Sión, y al horno de Dios que está en Jerusalén...que lo uno significa a la Iglesia militante, en que está el fuego de la caridad no en extremo encendido, y la otra sig- nifica visión de paz, que es la triun- fante...que aunque esta alma no ha llegado a tanta perfección como está en el cielo, todavía...» (2).
1 Llama de amor viva, pág. 626 del t. II de la edición del P. Gerardo y Canción I, n. 13, págs. 14-15 de la nuestra.
2 Ib., p. 394-396 de la edic. del P. Gerardo, y núms. 14 y 16, págs. 116 y 118 de la nuestra.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» XIX Estos pasajes que B añade cambian la fisonomía del párrafo e indican claramente que sólo la vida de ultratumba nos puede con- ducir a la unión perfecta, y extraña este escritor la coincidencia de estas adiciones con muchas de las que se leen en la segunda redac- ción del Cántico.
No nos parece hay tal cambio de fisonomía. Lo que el autor de las adiciones y enmiendas hace, es ajusfar, en atención quizá a las al- mas sencillas, en forma más clara y terminante, el comentario al objeto que explicó en la Declaración de la estrofa, donde dice el Santo, en forma bien diáfana para quien quiera entenderlo, que el alma, al verse ya en esta primera canción de la Llama tan hermosa- mente arreada de preseas del cielo, a él quiere volar para unirse a Dios; y como el único obstáculo para esta unión de gloria es la vida terrenal que todavía la anima, dice «a la llama, que es el Espíritu Santo», que rompa «la tela de este dulce encuentro».
Esta unión, que implica!a rotura del hilo de esta vida mortal para juntarse al Amado en perpetuas eternidades, es el himno inin- terrumpido que canta el alma, purificada de imperfecciones y embria- gada de amor santo, en todo el tratado de la Llama, en su primera como en su segunda redacción. El es el hilo de oro que engarza los sublimes pensamientos y bellezas literarias que de la pluma del Santo van cayendo en rica prodigalidad. Lea Baruzi el maravilloso comento al verso último de la primera estrofa de la Llama primera, que es la que condensa doctrinalmente todo el tratado, y se persuadirá que todos los esfuerzos del alma se ordenan al deseo, manso y tranquilo, de que de las tres telas que impiden «el grande negocio» de la unión con Dios, no le falta al alma por romper más que la que el Santo llama «sensitiva». Al fin, este grito del alma es propio de todo amor intenso y sincero: como tal, tiende de suyo a perpetuarse, si le fuera posible. Los retoques de la segunda redacción se ordenan a recordar este anhe- lo del alma, o a precisar un concepto algo indeterminado; así como las ampliaciones, a declarar y exponer nuevas ideas, siempre dentro del marco fundamental trazado en la redacción, que es igual en ambas.
No hay tampoco por qué extrañarse de que las adiciones de la Llama relativas al deseo de poseer la gloria perdurable concuerden con las de la redacción segunda del Cántico. No hay motivo para tal extrañeza. ¿Cómo no habían de coincidir en un autor tan esclavo "de la lógica y tan consecuente consigo mismo como San Juan de la Cruz, desde el momento que en la primera redacción de la Llama añadió a la unión del alma con Dios ese matiz o deseo de vida eter- na, como medio de poseer siempre al Amado? Al retocar el Cántico en la forma que hemos visto, modificó sus últimas estrofas en el sen- INTRODUCCION tido de la Llama, que ya tenía para entonces escrita, esa manifestación del amor del alma fuertemente enamorada de Dios, que no había explanado en la primera redacción de las Canciones.
Y repárese bien que la coincidencia no es tanto de las adiciones de la segunda redacción de la Llama con las últimas estrofas del Cántico de Jaén, cuanto de la primera redacción de la Llama, que no es lo mismo (1). Las adiciones dichas son hilitos de agua en com- paración de la caudalosa corriente que representa la Llama en su primera redacción. En ella se leen estas dulcísimas palabras, que bien pudieran servir de conclusión a todo este tratado. Habla el Santo de la tela sensible que anhela el alma romper para unirse a Dios en gloria, y escribe: «Que por eso dice aquí tela, y no telas, porque no hay más de ésta [la sensible], la cual por estar ya tan sutil y delgada y espiritualizada con esta unión, no la encuentra la llama rigurosa y esquivamente, como a las otras hacía, sino sabrosa y ducemente; y así, la muerte de las semejantes almas siempre es más suave y dulce, más que les fué toda la vida, porque mueren con ím- petus y encuentros sabrosos de amor, como el cisne, que canta más dulcemente cuando se quire morir, y se muere. Que por eso dijo David: Que la muerte de los justos es preciosa, porque allí van a entrar los ríos del amor del alma en el mar, y están allí tan anchos y represados, que parecen ya mares, juntándose allí lo primero y lo postrero, para acompañar al justo que va y parte a su reino» (2). ¿Qué podrá decirse en las adiciones de la segunda redacción que no quede pálido, en la pluma misma del Santo, ante este cuadro de su- blime melancolía en que parece se está presenciando la muerte de una Santa Catalina de Sena, de una Sta. María Magdalena de Pazzis, de una Santa Teresa, del Doctor mismo de estas inefables lucubra- ciones del deseo dulcísimo de la muerte para arrebatar al Autor de la vida?
Bastará ahora advertir, añade Baruzi, cualquiera modificación de de- talle que, unida a las divergencias fundamentales, adquieran ellas tam- bién un valor probativo. El símbolo de la llama y del fuego, tan natu- ral y sencillo de suyo, y de que a menudo se habla en A, ha parecido poco claro al autor del texto B. Se lee en A: «porque conviene saber 1 Al señalar las coincidencias del segundo estado del Cántico con las del segun- do de la Llama solamente, cualquiera pudiera creer que proceden de una misma ma- no, que adulteró los dos trabajos. A eso tiende la observación de Baruzi; y nosotros replicamos que la observación asi limitada, es incompleta, puesto que más cabales se dan las mencionadas coincidencias con el primer estado de la Llama de amor viva.
2 Comentario al último verso de la estrofa I.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» XXI que esta llama» (1). B corrige: «porque conviene saber que esta lla- ma de Dios» (2). Un poco más adelante nos recuerda B que esta llama «es el Espíritu Santo», siendo así que A en este caso es- cribe solamente: «esta llama». En la página que más arriba citamos, se trae a colación el Espíritu Santo aun cuando no parece hay nece- sidad de ello (3).
Ya nos había dicho el Doctor místico en la Declaración a la canción primera, que por la palabra llama entendía el Espíritu Santo, ¿qué extraño que lo recuerde en algunos pasajes para la mejor inte- ligencia de lo que dice? De semejantes modificaciones, tan propias de la pluma del Santo, más bien parece inferirse la autenticidad dg la relación segunda.
Ni la verdadera causa de no haberse publicado la Llama según la segunda redacción fué, porque ya la habían hecho inútil las mu- tilaciones ejecutadas en la impresión de 1518, como afirma Baruzi, y no había nada parecido al Cántico publicado en Bruselas para que sirviese de guardián contra los posibles desafueros de deformación textual que contra él pudieran cometerse (4). Si tales mutilaciones satisfacían plenamente al ambiente mutilador antisanjuanista (llamé- mosle así), ¿para qué, entonces, tomarse la molestia de retocar frases y aguzar la inteligencia en inventar largos párrafos, si al fin nadie había de leerlos, y habían de quedar para siempre arrumbados como trastos inservibles en algún rincón de las librerías Descalzas? La Llama no se publicó según la segunda redacción, porque, como ya ocurrió con el Cántico B durante muchos lustros, no se percataron nunca los editores de su existencia ni de su importancia. El prijnero que la conoció fué el P. Andrés de la Encarnación, por efecto del confronte que hubo de verificar entre las diversas copias que aún se conservaban de este tratado del Santo. Y si él llega a ejecutar la edi- ción que preparaba de los escritos del Doctor místico, no cabe duda 1 Comentario al verso 4 de la primera estrofa (p. 16, n. 15).
2 Pág. 119. n. 18.
3 Ibid., n. 19.
4 Op. cir.. p. 39. Las modificaciones de ambas van por caminos muy distintos. y grandes conformaderas hubieron de tener los supuestos retocadores de la segun- da redacción para aquietarse a la edición principe, siendo así que en ella no se reco- ge ninguna de las modificaciones que ellos introducen en el texto. Si entre centena- res de discrepancias hay alguna insignificante coincidencia— que no lo sé, ¿a qué per- der tiempo?— es puramente casual. Otra explicación hay que dar al hecho, so pena de calificar de imbéciles a los fautores de la segunda redacción por haber desistido de la publicación de su trabajo por tan leves causas. ¿En tan poco tenia sus adiciones de párrafos enteros y las no menos largas modificaciones?
XXII INTRODUCCION que publica la Llama por esta segunda redacción, 9 así habría sido co- nocida del público desde el siglo XVIII, porque el Padre Andrés la tuvo por fruto legítimo de la pluma del Santo, como en seguida veremos.
Esta, y no otra, fué la causa de no haberse publicado la Llama conforme a la segunda redacción. Quien quiera puede hacer un ligero cotejo de las modificaciones de la redacción segunda con las de la im- presión de 1618, y verá que no tienen que ver nada unas con otras. Las impresas están sujetas a los principios ya apuntados al tratar de la Su- bida; las de los manuscritos de la segunda redacción son obra bien ino- cente y candorosa del autor de la Llama, trasmitida con no menos ino- cencia y candor críticos por las copias que las trasladan. Los manus- critos no han hecho hábiles ni torpes modificaciones de la obra del Santo; se han limitado a copiarla con fidelidad y cariño, aunque con descuido, imputable en gran parte a la época en que fueron ejecutados.
De todo esto saca en consecuencia Baruzi, que no sólo debe pre- sumirse que el segundo estado de los dos textos es apócrifo, sino que se da en ellos toda una elaboración doctrinal, ajena a la volun- tad del Santo. En resumen, que la hipótesis apuntada antes de exa- minar los dos estados respectivos del Cántico y de la Llama, le pa- rece ahora legítima, aunque no pueda ser probada. Aun de la Subida y de la Noche nos es lícito sospechar — escribe— aunque no conocemos más que un segundo estado, y que el primero se nos ha substraído habi- lidosamente. ¿Cuándo? ¿Por quién? ¿En qué lugar? Nada de esto se nos dice.
Para que se vea hasta qué extremo pasó inadvertida la segunda re- dacción de la Llama, vamos a trasladar unas líneas que el más lince de los críticos del Santo, Fr. Andrés de la Encarnación dejo escritas en una hoja que añadió al fin de la copia de las Descalzas de Palencia: «Este cuaderno manuscrito ha descubierto que N. P. San Juan de la Cruz es- cribió segunda vez, o renovó el libro de la Llama de Amor, porque se ha- llan en él muchas cosas que no se ven ni en el impreso ni en muchos manuscritos antiguos que convienen con él, o añadidas o más ex- tensas y aclaradas, y que con evidencia descubren no puede ser la obra de otra mano que la del glorioso Padre. Por este motivo es el escri- to apreciable; pero está al mismo tiempo muy mendoso, y necesita en muchas partes de la ayuda de otros dos o tres exemplares de la misma especie que después de éste aparecieron, y los recogió la Religión estos años pasados a su Archivo General para formar copia que esté con la debida pureza. Lo que podrá servir para si en algún tiempo se determinare la Religión a reproducir aquella obra con la última A LA «LLAMA DE AMOR VIVA: XXÍII mano que la dió el Santo, y en que nos la dejó con notable mejoría sobre la primera. — Laus Deo» (1).
En esta nota nos descubre el insigne crítico la ignorancia en que has- ta entonces se había estado en cuanto a la existencia de la segunda re- dacción de la Llama y el favorable juicio que tal redacción le merecía. El caso, a primera vista, parece raro, aunque no lo es ciertamente. Cuando en 1618 se dió a la luz este tratado, su editor utilizó la pri- mera redacción, única que debió de conocer, y luego los demás no han hecho otra cosa que reproducirla. Si tan tardíamente se cayó en ¡a cuenta de la doble redacción del Cántico Espiritual, con tener el segundo anotaciones, estrofa y comentario nuevos, no es difícil com- prender que menos había de conocerse el cambio de la Llama, que no disponía de modificaciones tan llamativas para atraerse la atención del lector. Entonces no se hacían cotejos entre las diversas copias, y si alguno se hizo, no se le dió importancia.
No existen, ciertamente, de la segunda redacción de la Llama tan- tas ni tan autorizadas copias como de la segunda del Cántico. No te- nemos traslados de origen tan bien probado como los de Jaén y Se- govia, verbigracia, ni notas autógrafas como las de Barrameda, que anuncian su enlace con los Cánticos de la segunda redacción; pero existen algunas como las de Sevilla, Baeza, Córdoba y Palencia, dignas de atención por su venerable antigüedad, las cuales contienen modificaciones respecto de la primera redacción de la Llama, que pare- cen recoger las que nos dicen los biógrafos haber hecho el Santo poco antes de morir en La Peñuela. Ni las modificaciones en sí mismas, ni las condiciones externas de las dichas copias implican imposibilidad nin- guna de que procedan del Santo, como en ellas terminantemente se dice, ni constituyen elaboración doctrinal ajena a la voluntad del Doctor místico. Por lo menos, hasta ahora nadie lo ha demostrado, ni creo, como arriba dije, que se demostrará nunca su carácter apócrifo. Como consecuencia de todo esto, publicamos en esta edicción la re- dacción segunda de la Llama, que las copias trasladan como ge- nuina del Santo. Advertimos asimismo que no creemos que la Llama gana ni pierde mucho con las modificaciones dichas, pero estamos ante un hecho que hasta ahora no se ha negado con razones de po- sitivo valer y nos parece que debemos reconocerlo y acatarlo: el he- 1 Al fin de la copia que mandó sacar el P. Andrés del Códice palentino y que se guarda hoy en los Carmelitas Descalzos de Burgos, dice también de su puño y le- tra el citado P. Andrés: "...por ser la obra presente de la escritura segunda del Santo (porque la escribió dos veces), en que muchas veces mudó, añadió y corrigió lo que tenia escrito."
INTRODUCCION cho de haber retocado el Santo la Llama y el de existir copias que recogen sus retoques.
Para proceder con algún orden, daremos cuenta breve de las copias de la primera redacción de la Llama, y a continuación haremos lo propio con la segunda.
Este es el último de los tratados, propiamente dichos, que el Doctor Místico escribió. Con él completó su obra de destrucción y reconstrucción, porque el autor de la Subida no es sólo el Doctor de las negaciones secas y cortantes, sino también el de las afirma- ciones categóricas y rotundas. San Juan de la Cruz destruyó y edi- ficó. No fué un demoledor demagogo en la sociedad espiritual de las almas. Con su genio poderoso destruyó a pico el Palacio encan- tado del Mal Amor, y con el mismo poderoso genio levantó el Pa- lacio del Buen Amor (1), con sus moradas espléndidas y con sus lámparas centelleantes, que derraman claridad por todos los ámbitos de aquéllas, y en cuyos resplandores, como mariposas atraídas por la luz, tantas almas se encandilan y perecen abrasadas en sus místicas incan- descencias, para resucitar en la gloria y gozar perdurablemente de las inefables delicias del amor de Dios en sumo grado.
COPIAS DE LA PRIMERA REDACCION DE LA «LLAMA».
Códice de Toledo.— -El mismo Códice de las Carmelitas Descalzas de Toledo que contiene la Noche Oscura, como ya se advirtió, co- pia también la Llama de amor viva. Termina aquéilla en el folio 88 v., y la Llama da comienzo en el siguiente. Sin título ninguno previo, empieza por el prólogo, con la misma clase de letra que se termina la Noche, hasta el folio 116, y desde aquí hasta el 136 en que acaba, es de otra. Al fin vienen nueve hojas en blanco. Es una co- pia muy bien hecha y con algunas variantes de poca importancia en re- lación con los principales códices que trasladan este libro y alguna que otra omisión de palabras o frases, debidas al descuido. Son pocas y muy cortas. Las letras diversas en que se halla copiado este manuscrito, pueden ser muy bien de fines del siglo XVI.
Códice del Sacro Monte.— A continuación del Cántico que se lee, según ya vimos (2), en el Códice que se guarda en el Sacro Monte de Granada, se copia la Llama con este título: Declaración de las can- ciones que I tratan de la mui íntima y cali/ficada unión y transformación/ 1 Naturalmente, no fué el Santo el primero en esta labor,— ¡Dios me libre de odiosos exclusivismos!—, pero aquí hablamos del Doctor carmelita y de su obra.
2 T. III. pég. XXVI.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» XIV del alma en Dios, a petición f de la señora doña Anna / de Peñalosa por el I mismo que las / compuso. /—Termina la Llama en la página 171. Salvo algunas variantes de poca importancia, coincide esta copia en todo con la de las Carmelitas de Toledo. Hasta las frases omi- tidas—muy pocas, según se advirtió— son casi siempre las mismas. Es de la misma antigüedad que el Cántico del propio Códice granadino.
Códice de Córdoba.— Pertenece esta copia de la Llama a las Car- melitas Descalzas de Córdoba, que la guardan con gran cuidado y es- mero. Forrada en pergamino, mide 140 por 100 mm. Cuatro hojas en blanco vienen al principio, menos estas palabras que se leen en la segunda: «Lo tengo con licencia de nuestra Me.» El texto ocupa 170 hojas, sin paginar. El título, de letra encarnada, dice: Declaración de las Canciones que tratan de la muy íntima y calificada unión del alma con Dios, compuestas y declaradas por el sto. pe. fray Juan de la Cruz rreligioso de la Orden de nra. señora del carmen fue el pri- mero que se puso abito de descalzo. La letra es buena, clara y bas- tante grande. La transcripción material está hecha con algún des- cuido; hay muchos deslices de copia que arguyen bastante distracción en el copista, más atento quizá a la limpieza y a cierto primor ca- ligráfico, que al traslado fiel y exacto de las palabras. Si bien no de importancia, tiene buen número de variantes con el Códice de Toledo y Sacro Monte. Las omisiones de palabras y frases son muy pocas, y debidas a descuidos materiales. La copia es de la época sanjuanista.
Manuscrito 18.160.— Se trató de este Códice en la Subida y No- che Oscura (1). Comprende la Llama de amor viva 32 hojas, sin paginar, de letra muy antigua y legible. Le falta el prólogo y la nota que dice en otras copias estar compuestas las estrofas como las que en Boscán están vueltas a lo divino. Abundan las variantes y las omisiones comparado con los manuscritos anteriores, suprime todo el número 53 de la canción III, y tiene otras muchas deficencias de tras- lación. Es una copia defectuosa y de poca autoridad.
Manuscrito 6.624.— De este Manuscrito se habló en el tomo I, página 279. La Llama se conforma con la copia de las Descalzas de Toledo, con pocas y nada importantes discrepancias, procedentes mu- chas de descuido de los amanuenses. El traslado de este libro por la copia de los PP. Benedictinos de Burgos se terminó el 23 de agosto de 1755, y está autorizado por el notario Ildefonso de Porras.
1 T. I, pág. 282.
XXVI INTRODUCCION