Jesús, María sean con Vuestra Reverencia. Harto nos habe- rnos holgado que llegase Vuestra Reverencia bueno y que allá este todo tan bien y el Sr. Nuncio. Espero en Dios ha de mirar por su familia; acá están los pobres buenos y bien ave- nidos; procuraré despachar presto como Vuestra Reverencia deja mandado, aunque hasta ahora no han llegado los avenidos (2).
Acerca de recibir en Genova (3) sin saber Gramática, dicen 1 Una copia de esta carta hállase en el Ms. 12.73S. tolio 759. En ella se pone esta nota: "Esta carta Bel y verdaderamente sacó el Padre Fray Antonio de la Madre de Dios, conventual de Burgos, en Valladolid, de una que estaba allí escrita de nues- tro padre fray Juan de la Cruz."
Para la buena inteligencia de ella y de las cartas que siguen, es conveniente saber que el 19 de abril de 1587, acabó el Santo su oficio de vicario provincial de Andalu- cía y le volvieron a elegir prior de Granada. A 17 de ]unio de 1588, dominica ínfra- octava del Corpus, convocó en Madrid el P. Provincial. Fr. Nicolás Dona, nuevo capítulo para ejecutar el Breve de Sixto V, que ordenaba se dividiese la Descalcez en provincias, presididas por provinciales respectivos, y tuviera, además, un vicario ge- neral que las gobernase con asistencia y consejo de una especie de junta suprema, que se denominó Consulta, compuesta de seis consiliarios. Salió electo vicario gene- ral el P. Nicolás de Jesús María, y los seis consiliarios por este orden: Juan de la Cruz. Antonio de Jesús, Ambrosio Mariano de San Benito, Juan Bautista (el Andaluz), Luis de San Jerónimo y Bartolomé de Jesús. Al principio continuaron los consiliarios con los cargos que tenían, y el Santo con el priorato de Granada: pero viéndose luego que el Vicario General tenía necesidad continuada de vivir con ellos para la solución de los negocios encomendados a la Consulta, se acordó renunciasen a los prioratos, y asi se hizo según estaba mandado. En los comienzos se fijó el de Madrid para residencia de la Consulta, y que no hubiera allí prior, pues nunca faltaría en él algún su- perior general que hiciera sus veces, sino solamente suprior para el gobierno de las cosas menudas. El bullicio de la Corte no se avenía bien con la soledad y retiro que pedía la solución de los negocios; asi que. a propuesta del Santo, al mes y medio de establecida la Consulta en Madrid, se trasladó a Segovia, convento muy retirado y no lejos de la Corte para cuando hubiera que recurrir a ella. A pesar de lo acordado, el P. Mariano, por necesidades especiales, continuó siendo prior del Canvento de Madrid. El 10 de agosto de 1588 ya estaba asentada la Consulta en Segovia. El 16 de septiembre el P. Nicolás salió de Segovia a visitar algunas provincias de la Des- calcez, de suerte que el Santo, como primer definidor, quedó de presidente del Defini- torio y Consulta y superior de la casa, hasta el 3 de marzo de 1589.
2 En la copia se lee avenidas, pero es equivocación.
3 En 1581 había fundado el P. Doria en Génova el primer convento de carme- 280 EPISTOLARIO los padres que poco importa no la saber, como ellos entiendan el latín con la suficiencia que manda el Concilio, de manera que sepan bien construir; y que si con sólo eso se ordenan allá, que parece los podrán recibir. Pero que si los Ordinarios de allá no se contentan con eso, que no parece tienen la bastante suficiencia que manda el Concilio; y que seria trabajo haber de traer por acá a ordenar o enseñar. Y, a la verdad, no que- rrían que pasasen por acá muchos italianos.
Las cartas irán al Padre Fray Nicolás, como Vuestra Re- verencia dice, al cual nos guarde Nuestro Señor como ve que es menester.
De Segovia y Septiembre, 21, de 89 (1).
Fray Juan de la Cruz. CARTA XVIII a d.a juana de pedraza en granada. — segovia, 12 de octubre de 1589.
Cortés y religiosamente recuerda a esta señora que no ¡a tiene olvidada. Acalla algunos descontentos que sentía D A Juana, algo escrupulosa de conciencia. Viva en fe oscura, esperanza cierta y caridad entera y no tema a nadie (2).
Jesús sea en su alma, y gracias a él que me la ha dado para que, como ella dice, no me olvide de los pobres y no como a la sombra, como ella dice, que harto me hace rabiar pensar si, como lo dice, lo cree; harto malo sería a cabo de tantas muestras, aun cuando menos lo merecía. No me faltaba ahora litas descalzos que hubo en Italia, y habiendo salido de Segovia para la visita de los conventos de la Reforma como vicario general, probablemente desde Madrid propuso una porción de dudas a la Consulta que se le ofrecieron con ocasión de querer tomar algunos jóvenes italianos el hábito de la Orden.
1 Esta fecha da la copia a la carta, y no veo inconveniente en ello; porque si bien es cierto que para este tiempo hacía ya meses que el P. Nicolás había regresado a Segovia de su visita a las casas de Andalucía, bien pudo salir por la misma época a visitar las restantes en 1589, puesto que es el periodo más a propósito para las vi- sitas de los conventos, ya que tenían que hacerlas a pie o en humilde cabalgadura, y el otoño no es frío y, por otra parte, es bastante asentado.
2 Para esta señora fué también la carta IX. El autógrafo se guarda en las Descalzas de Valladolid. Existen también de él algunas copias.
CARTA XVIII 281 más sino olvidarla; mire cómo puede ser lo que está en el alma, como ella está. Como ella anda en esas tinieblas y vacíos de pobreza espiritual, piensa que todos le faltan, y todo; mas no es maravilla, pues en eso también le parece le falta Dios. Mas no le falta nada, ni tiene ninguna necesidad de tratar nada, ni tiene qué, ni lo sabe, ni lo hallará, que todo es sospecha sin causa. Quien no quiere otra cosa sino a Dios, no anda en tinie- blas, aunque más oscuro y pobre se vea; y quien no anda en presunciones ni gustos propios, ni de Dios ni de las criaturas, ni hace su voluntad propia en eso ni en esotro, no tiene en qué tropezar ni qué tratar. Buena va, déjese y huelgúese. ¿Quién es ella para tener cuidado de sí? Buena se pararía.
Nunca mejor estuvo que ahora, porque nunca estuvo tan humilde ni tan sujeta, ni teniéndose en tan poco, y a todas las cosas del mundo; ni se conocía por tan mala, ni a Dios por tan bueno, ni servía a Dios tan pura y desinteresadamente como ahora, ni se va tras las imperfecciones de su voluntad y enterez, como quizá solía. ¿Qué quiere? ¿Qué vida o modo de proceder se pinta ella en esta vida? ¿Qué piensa que es servir a Dios, sino no hacer males, guardando sus mandamientos, y andar en sus cosas como pudiéremos? Como esto haya, ¿qué necesidad hay de otras aprehensiones, ní otras luces ni jugos de acá o de allá, en que ordinariamente nunca faltan tropiezos y peligros al alma, que con sus entenderes y apetitos se engaña y se embelesa y sus mismas* potencias le hacen errar? Y así es gran merced de Dios cuando las oscurece, y empobrece al alma de manera que no pueda errar con ellas; y como no se yerre, ¿qué hay que acertar sino ir por el camino llano de la ley de Dios y de la Iglesia, y solo vivir en fe oscura y verdadera, y esperanza cierta y caridad entera, y esperar allá nuestros bie- nes, viviendo acá como peregrinos, pobres, desterrados, huér- fanos, secos, sin camino y sin nada, esperándolo allá todo?
Alégrese y fíese de Dios, que muestras le tiene dadas que puede muy bien, y aun lo debe hacer; y si no, no sera mu- cho que se enoje viéndola andar tan boba, llevándola El por donde más la conviene, y habiéndola puesto en puesto tan se- 282 EPISTOLARIO guro; no quiera nada sino ese modo, 9 allane el alma, que buena está, y comulgue como suele. El confesar, cuando hu- biere cosa clara; y no tiene que tratar. Cuando tuviere algo, a mi me lo escribirá, y escríbame presto, y más veces, que por vía de D.a Ana podrá, cuando no pudiere por las monjas.
Algo malo he estado; ya estoy bueno; mas Fray Juan Evangelista está malo (1). Encomiéndele a Dios y a mí, hija mía en el Señor.
De Segovia y octubre, 12, de 1589.
Fray Juan de la Cruz. CARTA XIX A LA flft. MARIA DE JESUS, PRIORA DE LAS DESCALZAS DE CORDOBA. — MADRID, 20 DE JUNIO DE 1590.
Aconséjala no se preocupe demasiado de lo temporal de la casa. Los conventos más se han de gobernar con virtudes y deseos del cielo que con cuidados y trazas de lo temporal y de tierra. Que las monjas vivan en toda religión y perfección unidas con Dios y en Dios (2). ( Jesús sea en su alma, mi hija en Cristo. La causa de no haber escrito en todo ese tiempo que dice, más es haber estado tan a trasmano, como es Segovia, que poca voluntad, porque ésta siempre se es una misma, y espero en Dios lo será. De sus males me he compadecido.
De lo temporal de esa casa no querría que tuviese tanto cuidado, porque se irá Dios olvidando de ella y vendrán a tener mucha necesidad temporal y espiritualmente, porque nuestra so- licitud es la que nos necesita. Arroje, hija, en Dios su cuidado, y él la criará; que el que da y quiere dar lo más, no puede faltar en lo menos. Cate que no la falte el deseo de que le falte y 1 Puede decirse que este religioso fué el discípulo amado del Santo. Dióle el há- bito en Granada, como se ha dicho en otro lugar, y fué el que más tiempo vivió en compañía e intimidad del Doctor místico. Llevósele de Granada, donde conoció a D.a Juana, a Segovia y le hizo procurador de aquel convento.
2 El autógrafo, muy bien conservado y en las mismas condiciones que dijimos hablando del original de la Carta XV, se venera en las Descalzas de Córdoba.
CARTA XIX 283 ser pobre, porque en esa misma hora le faltará el espíritu y irá aflojando en las virtudes. Y si antes deseaba pobreza, ahora que es prelada la ha de desear y amar mucho más; porque la casa más la ha de gobernar y proveer con virtudes y deseos vivos del cielo que con cuidados y trazas de lo temporal y de tierra; pues nos dice el Señor que ni de comida ni vestido del dia de mañana nos acordemos.
Lo que ha de hacer es procurar traer su alma y las de sus monjas en toda perfección y religión unidas con Dios, olvidadas de toda criatura y respecto de ella, hechas todas en Dios y alegres con solo él, que yo le aseguro todo lo demás; que pensar que ahora ya las casas la darán algo, estando en un tan buen lugar como ése y recibiendo tan buenas monjas, téngolo por dificultoso; aunque si viere algún portillo por dón- de, no dejaré de hacer lo que pudiere.
A la madre Subpriora deseo mucho consuelo. Espero en el Señor se le dará, animándose ella a llevar su peregrinación y destierro en amor por él. Ahí la escribo. A las Hijas Magdalena, San Gabriel y María de San Pablo, María de la Visitación, San Francisco y todas, muchas mis saludes en nuestro Bien (1), el cual sea siempre en su espíritu, mi hija. Amén.
De Madrid y junio, 20, de 1590.
Tray Juan de la Cruz. Presto me volveré a Segovia, a lo que creo.
1 Ya ha enviado memorias en otras cartas a estas religiosas conocidas del San- to, que de diversos conventos de Andalucía habían ido a formar la reciente funda- ción de Córdoba.
284 EPISTOLARIO CARTA XX A UNA CARMELITA QUE PADECIA DE ESCRUPULOS Le da reglas sabias y prudentes para conducirse en los escrú- pulos de modo que no hicieran daño a su alma (1).
Jesús María. Estos días traiga empleado el interior en deseo de la venida del Espíritu Santo, y en la Pascua y después de ella continua presencia suya; y tanto sea el cuidado y estima de esto, que no le haga al caso otra cosa ni mire en ella, ahora sea de pena, ahora de otras memorias de molestia; y todos estos días, aunque haya taitas en casa, pasar por ellas por amor del Espíritu Santo, y por lo que se debe a la paz y quietud del alma en que él se agrada morar.
Si pudiere acabar con sus escrúpulos, no confesarse estos días entiendo sería mejor para su quietud; mas cuando lo hiciere será de esta manera: acerca de las advertencias y pen- samientos, ahora sean de juicios, ahora de objetos o repre-* sentaciones desordenadas y otros cualesquiera movimientos que acaecen, sin quererlo ni admitirlo el alma, y sin querer parar con advertencia en ellos, no los confiese, ni haga caso ni cuidada de ellos, que mejor es olvidarlos, aunque más pena den a! alma; cuando mucho, podrá decir en general la omisión o remisión que por ventura haya tenido acerca de la pureza y perfección) que debe tener en las potencias interiores, memoria, entendi- miento y voluntad. Acerca de las palabras, la demasía y poco recato que hubiese tenido en hablar con verdad y rectitud, y necesidad y pureza de intención. Acerca del obrar, la falta que puede haber del recto y solitario fin, sin respeto alguno, que es solo Dios.
Y confesando de esta manera, puede quedar satisfecha, sin 1 En no mal estado de conservación, se venera el autógrafo en las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Ana de Madrid. Puede ser que la destinataria fuera alguna religiosa de esta comunidad, establecida en Madrid desde 1586, que comenzó con hijas espirituales del Santo. Contra su costumbre, no pone lugar ni fecha de es- critura. Tal vez fuera escrita en la misma Corte, en alguno de los varios viajes que hizo desde 1589 a 1591. Escribióse algunos dias antes de Pentecostés.
CARTA XX 285 confesar nada de esotro en particular, aunque más guerra la haga. Comulgará esta Pascua, demás de los días que suele.
Cuando se le ofreciere algún sinsabor y disgusto, acuér- dese de Cristo crucificado, y calle.
Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma. Arroje el cuidado suyo en Dios, que él le tiene; ni la olvidará. No piense que la deja sola, que seria hacerle agravio.
Lea, ore, alégrese en Dios, su bien y salud; el cual se lo dé y conserve todo hasta el día de la eternidad. Amén. Amén.
Fray Juan de la Cruz.
CARTA XXI A LA M. ANA DE JESUS EN SEGO VI A. - — MADRID, 6 DE JULIO DE 1591.
Consuela a la Madre de la contrariedad que había tenido cuan- do el Capítulo de la Descalcez celebrado en Madrid dejó al San- to sin prelacia. Sublime doctrina del Santo al exhortarle a ¡a re- signación y conformidad con los planes de la Providencia (1).
Jesús sea en su alma. El haberme escrito le agradezco mucho, y me obliga a mucho más de lo que yo me estaba. De no haber sucedido las cosas como ella deseaba, antes debe con- solarse y dar muchas gracias a Dios, pues habiendo Su Majes- 1 Colocado en un cuadro, hállase el original de esta carta en las Carmelitas Des- calzas del Corpus Christi de Alcalá de Henares. Mide 26 '/» X 21 1¡-, cms. La publicó el P. Jerónimo de San José (Historia. 1. VII, c. 2, n. 3). De la M. Ana de Jesús (Ana Jimena en el siglo), se habló en el Libro de las Fundaciones, (B M C, c. XXI, p. 173)- Allí vimos lo que ayudó a la Santa en la fundación de Segovia, donde la M. Ana profesó en 1575. Cuando el Santo como miembro de la Consulta fijó su residencia en Segovia y fué confesor de las Descalzas, fué también la M. Ana de Jesús una de las más aficionadas a su dirección y que más aventajadas salieron de ella. El cariño en- trañable y santo que tenía al Doctor místico se manifiesta por la contestación (mara- villosa sobre toda ponderación y que manifiesta a qué grado de desprendimiento es- piritual había llegado) que dió a la misiva de su buena hija de confesión. ¡Qué finura y hondura de sentimientos tenían estas buenas hijas de San Juan de la Cruz, y cuán- to aliviaron sus penas, así como las del P. Gracián, en los últimos años de estos dos beneméritos primitivos de la Descalcez!
Es el caso que el 6 de junio de 1591 se convocó a Capítulo general de la Refor- ma en la Corte de España; y cuando las monjas de Segovia, como casi todas las Des- calzas, creían que el Santo sería confirmado en el cargo que tenía, o se le daría otro muy principal, salió del capitulo sin ninguno. A este hecho responde esta carta de la M. Ana de Jesús y otras muchas que entonces recibió el Doctor místico.
286 EPISTOLARIO tad ordenádolo así, es lo que a todos más nos conviene; sólo resta aplicar a ello la voluntad, para que así como es verdad nos lo parezca; porque las cosas que no dan gusto, por buenas y convenientes que sean, parecen malas y adversas, y "ésta vése bien que no lo es, ni para mí, ni para ninguno: pues que para mí es muy próspera, por cuanto con la libertad y descargo de almas puedo si quiero, mediante el divino favor, gozar de la paz, de la soledad y del fruto deleitable del olvido de sí y de todas las cosas; y a los demás también les está bien te- nerme aparte, pues así estarán libres de las faltas que habían de hacer a cuenta de mi miseria.
Lo que la ruego, hija, es que ruegue al Señor que de todas maneras me lleve esta merced adelante, porque todavía temo si me han de hacer ir a Segovia (1) y no dejarme tan libre del todo, aunque yo haré lo que pudiere por librarme también de esto; mas si no pudiere ser, tampoco se habrá librado la Madre Ana de Jesús de mis manos, como ella piensa, y así no se morirá con esa lástima de que se acabó la ocasión, a su parecer, de ser muy santa. Pero ahora sea yendo, ahora quedando, doquiera y como quiera que sea, no la olvidaré ni quitaré de la cuenta que dice, porque de veras deseo su bien para siempre.
Ahora, entre tanto que Dios nos le da en el cielo, entretén- gase ejercitando las virtudes de mortificación y paciencia, de- seando hacerse en el padecer algo semejante a este gran Dios nuestro, humillado y crucificado; pues que esta vida, si no es para imitarle, no es buena. Su Majestad la conserve y aumente en su amor, amén, como a santa amada suya.
De Madrid y julio, 6, de 1591.
Fray Juan de la Cruz.
1 Según el P. Jerónimo (Historia, 1. VII, c. II, n. 2), el P. Doria rogó al Santo fuese de vicario a Segovia. El Santo, con todo rendimiento, le rogó que prefería el retiro de La Peñuela (el convento más solitario que entonces tenía la Descalcez) a fin de prepararse para Nueva España, a donde había sido destinado, si bien murió, como es sabido, a los pocos meses en Ubeda.
CARTA XXII 287 CARTA XXII A LA M. MARIA DE LA ENCARNACION EN SEGOVIA. — MADRID, 6 DE JU- LIO DE 1591.
(fragmento) Dfcele que no tenga pena de lo ocurrido en el Capítulo de Ma- drid. «No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios» (1)...De lo que a mí toca, hija, no le dé pena, que ninguna a mí me da. De lo que la tengo muy grande es de que se eche culpa a quien no la tiene; porque estas cosas no las hacen los hombres, sino Dios que sabe lo que nos conviene y las ordena para nuestro bien. No piense otra cosa sino que todo lo or- dena Dios. Y a donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor...CARTA XXIII AL P. JUAN DE STA. ANA. — SEGOVIA.
No crea a quien predique doctrina de anchura, aunque haga milagros (2).
Jesús: Si en algún tiempo, hermano mío, le persuadiere al- guno, sea o no prelado, doctrina de anchura y más alivio, no la crea ni abrace, aunque se la confirme con milagros, sino penitencia y más penitencia y desasimiento de todas las cosas, y jamás, si quiere llegar a poseer a Cristo, le busque sin la Cruz...1 De esta carta, escrita el mismo día y año que el anterior y con el mismo inten- to, no poseemos más que este precioso fragmento, que vale por un tomo abultado de resignación cristiana, el cual nos ha conservado el P. Jerónimo (Historia, 1. VII, c. II, n. 4). La M. María era hija de la M. Ana, y ambas tomaron el hábito descalzo de manos de la Santa, y el mismo día profesaron (2 de julio de 1575). La M. María era, cuando se escribió esta carta, priora de las Descalzas de Segovia.
En la Deposición canónica que en los Procesos de Segovia (1616) nos dejó esta religiosa, siendo priora de las Descalzas, habla de esta carta y de la ocasión con que la escribió, que no fué otra que la dicha del Capitulo de Madrid. Del fragmento no reproduce más que las siguientes palabras, que aún conservaba en la memoria: "No piense eso, sino que todo lo ordena Dios; y donde no hay amor ponga amor y sacará amor." (Cfr. Ms. 19.407. fol. 7).
2 Dice el P. Jerónimo de San José (Historia, lib. VI, c. VIII, n. 1) hablando de que en cierta ocasión exhortaba a las Descalzas de Segovia a que padeciesen con Je- sucristo a secas, y "con este mismo sentimiento respondió aun religioso, familiar hijo suyo, que sabiendo los grandes rigores y penitencias que hacia en Segovia, le escribió rogándole las moderase y no acabase de perder y consumir el sujeto, y destruir del 288 EPISTOLARIO CARTA XXIV A LA ¡Yl. ANA DE SAN ALBERTO, PRIORA DE CARAVACA. — LA PE- ÑUELA, 1591.
(fragmento) Resignación en Jos trabajos En silencio y esperanza será nues- tra fortaleza. (1).
Hija mía: Ya sabrá los muchos trabajos que padecemos. Dios lo permite para gloria de sus escogidos. En silencio y esperanza será nuestra fortaleza. Encomiéndeme a Dios, que la haga santa.
CARTA XXV h D.ü ANA DEL MERCADO Y PEÑALOSA EN SEGOVIA. — LA PEÑUELA, 21 DE SEPTIEA1BRE DE 1591.
Participa a D " Ana su salida para Ubeda a curar unas calentu- rillas que necesitaban ayuda de Medicina. Felicita a D. Luis del Mercado, hermano de D* Ana, porgue de oidor de Cnancillería pasó a sacerdote del Señor. Manifiesta deseos de irse al cielo (2).
Jesús sea en su alma, hija. Yo recibí aquí en la Peñuela el pliego de cartas que me trajo el criado. Tengo en mucho el cuitodo su salud, que era necesaria para el bien de muchos; piedad, cuando se endereza a compadecerse de otros muy cristiana: cuando de si. muy de amor propio..." Copia luego este fragmento de carta. En la Historia de la Reforma, t. II, 1. VIH, c. 11, n. 1 1, se afirma se dirigieron estas palabras al P. Juan de Santa Ana. Nada más pro- bable. La carta puede ser de 1591.
1 La ocasión de escribir esta carta, asi como la copia del fragmento que cono- cemos de ella, nos las da la M. Ana de San Alberto en las Informaciones que en 1616 se hicieron en Caravaca para la beatificación del Santo. A las veintisiete preguntas dijo: "Que lo que sabe es que el P. Fr. Diego de la Concepción, que fué prior de La Peñuela, contó a esta testigo los muchos trabajos y aflicciones que por muchas ma- neras el dicho venerable Padre había pasado en aquel convento; y estando en el di- cho convento, el dicho venerable Padre escribió a esta testigo una carta en que decía éstas palabras..." De aquí se deduce que la carta debió de escribirse por los meses de agosto o septiembre. Los trabajos a que alude son los que se derivaron para él de algunas de las cuestiones que se habían tratado en el capitulo general de Madrid, celebrado en junio de este mismo año.
2 El autógrafo se venera en las Descalzas de Salamanca. Le faltan las cinco pri- meras líneas. Comienza en las palabras: "paréceme habrá menester ayuda de medici- na." Le reprodujeron en fotografía el P. Gerardo (Autógrafos) y Baruzi (Aphorismest. A buena fortuna hemos de tener que el P. Jerónimo de San José conociera y publica- ra la carta (Historia. 1. VII, c. VII, n. 3), cuando todavía se hallaba integra y sin de- CARTA XXV 289 dado que ha tenido. Mañana me voy a Ubeda a curar de unas ca- lenturillas, que como ha más de ocho días que me dan cada día, paréceme habré menester ayuda de medicina; pero con intento de volverme luego aquí, que, cierto, en esta santa soledad me hallo muy bien (1); y así de lo que me dice que me guarde de an- dar con el padre fray Antonio (2), esté segura que de eso y de todo lo demás que pidiere cuidado me guardaré lo que pudiere.
Heme holgado mucho que el Sr. D. Luis sea ya sacer- dote del Señor; ello sea por muchos años, y Su Majestad le cumpla los deseos de su alma (3). ¡Oh, qué buen estado era ese terioro alguno. Asi que la poseemos completa y bien transcrita. La fidelidad de la co- pia del P. Jerónimo, comprobada con el autógrafo, es la mejor garantía de la fidelidad de las líneas que en tiempos posteriores se perdieron. Por consiguiente, huelga cuanto dice Baruzi a este respecto.
No sabemos en qué tiempo se pegó al cartón en que al presente vemos este autógra- fo. Cuando el P. Manuel de Santa María la vió y copió en las Descalzas en 1761, ya se hallaba algún tanto estropeada e incompleta. "Esta carta'"— escribe en el Ms. 13.245, folio 278 v., que sí que está paginado por hojas, Sr. Baruzi — "de N. S. P.e (que es la XVII en orden en la edición de Sevilla), está ya partida en tres pedazos: y es lástima que entre el primero y el segundo falte renglón y medio, según y como dejo preveni- do al margen, a donde me remito también para todo lo demás..."
Dirige la carta a su antigua hija espiritual D.a Ana del Mercado y Peñalosa, dama muy principal y virtuosa, oriunda de Segovia. y que conoció en Granada, don- de estuvo algunos años en compañía de su hermano D. Luis del Mercado, oidor de aquella Chancilleria. Cuando en 1582 (B M C, t. VI, págs. 391-398) fué a Granada San Juan de la Cruz con algunas religiosas para hacer convento de la Reforma, éstas se hospedaron durante algún tiempo en casa del Oidor. Desde esta fecha data la amistad del Santo con esta piadosa familia, que ya no se interrumpiría, antes iría cre- ciendo con el trato y dirección espiritual, como lo demuestran esta carta y los sucesos posteriores, pues sabido es que D.a Ana, muerto S. Juan de la Cruz en Ubeda, no paró hasta llevar su cuerpo a su ciudad y fundación de Descalzos de Segovia.
1 Ya es sabido que el Santo, que llegó a Ubeda el 28 de septiembre de 1591, murió allí el 14 de diciembre del mismo año.
2 Ya era un poco antigua la especie de celotipia que tenía el P. Antonio de Jesús con el P. Gracián por las deferencias que con este religioso guardaba a la Santa, y que dió ocasión a los bandillos de que ella habla en cartas escritas en los últimos años de su vida. Sabido es que el Santo se inclinó también siempre mucho al P. Gracián, sin dejar de conocer los defectos que este religioso pudiera tener, compensados en medida colmada por sus muchas virtudes y servicios hechos a la M. Fundadora y a su Descalcez. Este afecto al P. Gracián, así como el celo que manifestó en la defensa de ciertos derechos de las religiosas, le enajenaron algunas simpatías y aprecios y el P. Antonio fué uno de los más significados en estos desvíos. Sin embargo, se portó bien en la enfermedad y en la muerte del Santo, a quien asistió. La Providencia quiso que este religioso, que habia dado sus disgustillos al Santo y a la Santa, cerrara los ojos de ambos como superior provincial.
3 Se felicita el Santo de la resolución de D. Luis de hacerse sacerdote, donde manifiesta la profunda veneración que a este estado tenía el Doctor místico. D. Luis, según el P. Manrique en la Vida de la venerable Ana de Jesús (lib. IV, c. 9), murió 1» 290 EPISTOLARIO para dejar ya cuidados y enriquecer apriesa el alma con él! Déle el parabién de mi parte, que no me atrevo a pedirle que algún día cuando esté en el sacrificio se acuerde de mí, que yo, como el deudor, lo haré siempre; porque aunque yo sea desacor- dado, por ser él tan conjunto a su hermana, a quien yo siempre tengo en mi memoria, no me podré dejar de acordar de él.
A mi hija D.9 Inés dé mis muchas saludes en el Señor, y entrambas le rueguen que sea servido de disponerme para llevarme consigo (1).
Ahora no me acuerdo más qué escribir, y por amor de la calentura también lo dejo (2), que bien me quisiera alargar.
De la Peñuela y septiembre, 21, de 1591.
Fray Juan de la Cruz.
No me escribe nada del pleito, si anda o está (3).
obispo de Córdoba. Antes había sido oidor del Consejo Real y de la Santa y Gene- ral Inquisición.
1 Habla aquí de D.a Inés del Mercado, sobrina de D.a Ana, y dirigida también del Santo. En las Informaciones hechas en Segovia el año de 1616, a la pregunta XVIII, responde Fr. Lucas de San José, que había vivido muchos años con el Santo, al ponderar el don particular que había tenido éste para gobernar almas: "Entre las personas que más comunicaron al santo padre fray juan de la Cruz, así en Granada, como en Segovia, fueron D.a Ana del Mercado, la cual fué un alma muy virtuosa, y por su trato y santidad se movió a hacer y fundar este convento de Carmelitas Des- calzos de Segovia, y a vivir una vida muy recogida y ejemplar. A esta señora y a una sobrina suya, llamada D.a Inés de Mercado, también harto virtuosa, comunicó mucho el Santo Padre, enseñándolas el camino de perfección; y cuando salía el Santo a hablarlas al confesonario, era común refrán entre los religiosos: Ya están juntos San Jerónimo, Santa Paula y Eustoquio; ¡tanto bien sentían de las pláticas que les oían!; y de su vida [de la vida de estas santas mujeres] hacía [el Santo] a sus religio- sos pláticas admirables." (Cfr. Ms. 19.407, fol. 178). Corriendo los años, D.a Inés se casó con un primo suyo, por nombre Luis de Mercado y Peñalosa (Ms. 19.407, folio