SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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1 La e. p.: después de haberla contado, encaminándolos a la fe. dijo: Tenemos, etcétera.

2 II Petr.. I, 19.

3 Faltan en el Códice de Alcaudete las palabras que leemos en A, B: con Dios a que el alma camina. La e. p.: y unión con él. a que el alma camina.

L IB fiO SEGUNDO.— CAP. XVII 145 CAPITULO XVII EN QUE SE DECLARA EL FIN Y ESTILO QUE DIOS TIENE EN COMUNICAR AL ALMA LOS BIENES ESPIRITUALES POR MEDIO DC LOS SEN- TIDOS, EN LO CUAL SE RESPONDE A LA DUDA QUE SE HA TO- CADO (1).

1. Mucho hay que decir acerca del fin y estilo que Dios tiene en dar estas visiones, para levantar a una alma de su ba- jeza a su divina unión, de lo cual todos los libros espiritua- les tratan, y en este nuestro tratado también el estilo que lle- vamos es darlo a entender (2); y, por eso, en este capitulo solamente diré lo que basta para satisfacer a nuestra dude, la cual era: que pues en estas visiones sobrenaturales hay tantG peligro y embarazo para ir adelante, como habernos dicho, ¿por qué Dios, que es sapientísimo, y amigo de apartar de las al- mas tropiezos y lazos, se las ofrece y comunica?

2. Para responder a esto, conviene primero poner tres fun- damentos (3). El primero es de San Pablo ad Romanos, don- de dice: Quce autem suní, a Deo ordinatae suní (4). Que quie- re decir: Las obras que son hechas, de Dios son ordenadas. El segundo es del Espíritu Santo en el libro de la Sabiduría, di- ciendo: Disponit omnia suavitsr (5). Y es como si dijera: La Sa- biduría de Dios, aunque toca desde un fin hasta otro fin, es a saber, desde un extremo hasta otro extremo, dispone todas las cosas con suavidad. El tercero es de los teólogos, que di- cen que: Omnia movet secundum modum eorum. Esto es, Dios mueve todas las cosas al modo de ellas.

1 Paitan en A y B las palabras en lo cual se responde a la duda que se ha tocado.

2 La e. p. suprime: y en este nuestro tratado también el estilo que llevamos es darlo a entender.

3 E. p.: conviene suponer fres principios.

4 Rom., Xm. I.

5 Sap.. VIIl, 1.

10 146 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 3. Según, pues, estos fundamentos, está claro que para mo- ver Dios al alma, y levantarla del fin y extremo de su ba- jeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma Pues como quiera que el ( 1 ) orden que tiene el alm¿i de conocer, sea por las formas e imágenes de las cosas criadas y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos; de aqui es que para levantar Dío¡n al alma al sumo conocimiento, para hacerlo suavemente, ha de comenzar a tocar desde el bajo y fin extremo de los sentidos del alma, para asi irla llevando (2) al modo de ella hasta el otro fin de su sabiduría espiritual, que no cae en sentido. Por lo cual, la lleva primero instruyendo por formas, imágenes y vías sensibles a su modo de entender, ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos a ese sumo espíritu de Dios.

4 Y esta es la causa por que Dios le da las visiones y formas, imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles espirituales (3), no porque no quisiera Dios darle luego en el primer acto la sabiduría (4) del espíritu, si los dos extremos cuales son humano y divino, sentido y espíritu, de vía or- dinaria pudieran convenir y juntarse con un solo acto, sin que intervengan primero otros muchos actos de disposiciones que or- denada y suavemente convengan entre si, siendo unas funda- mento y disposición para las otras, asi como los agentes na- turales; y asi, las primeras sirven a las segundas, y las segundas a las terceras, y de ahi adelante, ni más ni menos (5). Y asi va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto e interior. De donde primero le perfecciona el sentido corporal, moviéndole a que use de buenos objetos naturales perfectos exteriores, como oir ser- mones, misas, ver cosas santas, mortificar el gusto en la co- 3 La c p omite espirituales.

4 Sustancia en vez de sabiduría que trasladan los Códices, dice la e. p.

5 La e. p. trae estas frases algo modificadas así como en los agentes naturales las primeras sirven a los segundas, y ¡os segundas a las terceras, y de ahi adelante.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XVII 147 mida, macerar con penitencia y santo rigor ei tacto. Y cuan- do ya están estos sentidos algo dispuestos, los suele perfeccio- nar más, haciéndoles algunas mercedes sobrenaturales y regalos, para confirmarlos más en el bien, ofreciéndoles algunas comu- nicaciones sobrenaturales, asi como visiones de santos o cosas santas, corporalmente, olores suavísimos y locuciones, y en el tacto grandísimo deleite (1), con que se confirma mucho el sentido en la virtud, y se enajena del apetito de los malos objetos. Y allende de eso, los sentidos corporales interiores, de que aquí vamos tratando, como son imaginativa y fantasía, jun- tamente se los va perfeccionando y habituando (2) al bien con consideraciones, meditaciones y discursos santos, y en todo esto instruyendo al espíritu. Y ya éstos dispuestos con este ejer- cicio natural, suele Dios ilustrarlos y espiritualizarlos más con algunas visiones sobrenaturales, que son las que aquí vamos lla- mando imaginarias, en las cuales juntamente, como habernos dicho, se aprovecha mucho el espíritu; el cual, asi en las unas, como en las otras, se va desenrudeciendo y reformando poco a poco. Y de esta manera va Dios llevando al alma de grado en grado hasta lo más interior; no porque sea siempre (3) necesario guardar este orden de primero y postrero tan puntual como eso, porque a veces hace Dios uno sin otro, y por lo más interior lo menos interior, y todo junto; que eso es como Dios ve que conviene al alma, o como le quiere hacer las merce- des (4); pero la via ordinaria es conforme a lo dicho 5. De esta manera, pues, la va Dios (5) intruyéndola y haciéndola espiritual, comenzándole a comunicar lo espiri- tual desde las cosas exteriores, palpables y acomodadas al sen- tido, según la pequeñez y poca capacidad del alma, para que mediante la corteza de aquellas cosas sensibles que de suyo son buenas, vaya el espíritu haciendo actos particulares y re- cibiendo tantos bocados de comunicación espiritual, que ven- 1 La e. p. y locuciones, con pura y particular suavidad, etc.

3 La e p omite el siempre.

4 La e. p. dice: hace Dios uno sin otro, como El ve que conviene al alma y El quiere hacerla mercedes.

148 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ga a hacer hábito en lo espiritual, y llegue a actual sustancia de espíritu (1), que es ajena de todo sentido; al cual, como habernos dicho, no puede llegar el alma sino muy poco a po- co, a su modo, por el sentido, a que siempre ha estado asi- da (2). Y así, a la medida que va llegando más al espíritu acerca del trato con Dios, se va más desnudando y vaciando de las vias del sentido, que son las del discurso y meditación imagi- na. De donde cuando llegare perfectamente al trato con Dios do espíritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acer- ca de Dios podía caer en sentido. Asi como cuanto más una cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando ij enajenando (3) del otro, y cuando perfectamente se arrimare, perfectamente se habrá también apartado del otro extremo. Por lo cual, comunmente se dice un adagio espiritual y es: Gústalo spintu, desipit omnií> caro. Que quiere decir: Acabado de reci- bir el gusto y sabor del espíritu, toda carne es insipiente (4). Esto es: no aprovechan ni entran en gusto todas las vias de la car- ne (5), en lo cual se entiende todo trato de sentido acerca de lo espiritual. Y está claro; porque si es espirilu, ya no cae en sentido*, y si es que puede comprenderlo el sentido, ya no es puro espíritu. Porque cuanto más de ello puede saber el sentido y aprehensión natural, tanto menos tiene de espíritu t| sobrenatural, como arriba queda dado a entender.

6. Por tanto, el espíritu (6) ya perfecto no hace caso del sentido, ni recibe por él, ni principalmente se sirve ni ha me- nester servirse de el para con Dios, como hacia antes cuando no había crecido en espíritu. Y esto es lo que quiere decir aque- lla autoridad de San Pablo a los Corintios diciendo: Cum essem parvulus, loquebar ut párvulas, sapiebam ut parvulus, cogitaban ut parvulus. Quando autem factus sum vir, evacuavi, quae erant parvuli (7). Quiere decir: Cuando era 90 pequeñuelo, hablaba 1 La e. p. a lo más sustancial del espíritu.

3 E. p.- negando, en vez de enajenando.

4 E. p.: desabrida.

5 La e. p. traslada todos los gustos o caminos sensible*.

7 ladCor.XHI.il.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XVII 149 como pequeñuelo, sabía como pequeñuelo, pensaba como peque- ñuelo; pero cuando fui hecho varón, vacié (1) las cosas que eran de pequeñuelo. Ya habernos dado a entender cómo las co- sas del sentido y el conocimiento que el espíritu (2) puede sa- car por ellas, son ejercicio de pequeñuelo. Y asi, si el alma se quisiese siempre asir a ellas y no desarrimarse de ellas, nunca dejaría de ser pequeñuelo niño, y siempre hablaría de Dios como pequeñuelo, y sabría de Dios como pequeñuelo, y pensaría de Dios (3) como pequeñuelo; porque asiéndose a la corteza de! sentido, que es el pequeñuelo, nunca vendría a la sustancia del espíritu, que es el varón perfecto. Y así, no ha de querer el alma admitir las dichas revelaciones para ir cre- ciendo, aunque Dios se las ofrezca, así como el niño ha me- nester dejar el pecho para hacer su paladar a manjar más sus- tancial y fuerte.

7. Pues luego, diréis, será menester que el alma cuando es pequeñuela, las quiera tomar, y las deje cuando es mayor; así como el niño es menester que quiera tomar el pecho para sustentarse, hasta que sea mayor para poderlo dejar. Res- pondo que, acerca de la meditación y discurso natural en que comienza el alma a buscar a Dios, es verdad que no ha de dejar el pecho del sentido para irse sustentando, hasta que lle- gue a sazón y tiempo que pueda dejarle, que es cuando Dios pone al alma en trato más espiritual, que es la contemplación, de lo cual ya dimos doctrina en el capitulo once de este li- bro (4). Pero cuando son visiones imaginarias, u otras aprehen- siones sobrenaturales, que pueden caer en el sentido sin el al- bedrio del hombre, digo que en cualquier tiempo y sazón, aho- ra sea en estado perfecto, ahora en menos perfecto, aunque sean de parte de Dios, no las ha el alma de querer admitir por 2 La e. p. suprime las palabras el espíritu.

3 AyB j siempre hablaría y sabría y pensaría de Dios. etc.

4 En el XIII es donde trata esta materia.

50 SUBIDA DEL MONTE CARMELO dos cosas (1): la una, porque El, como habernos dicho (2) hace en el alma su efecto, sin que ella sea porte para im- pedirlo, aunque impida y pueda impedir la visión, lo cual acae- ce muchas veces (3), y por consiguiente aquel efecto (4) que había de causar en el alma, mucho más se le comunica en sus- tancia, aunque no sea en aquella manera. Porque, como tam- bién dijimos, el alma no puede impedir los bienes que Dios le quiere comunicar, ni es parte para ello, sino es con alguna imperfección y propiedad, y en renunciar estas cosas con hu- mildad (5) y recelo, ninguna imperfección ni propiedad hay (6). La segunda es por librarse del peligro y trabajo que hay en dis- cernir las malas de las buenas, y conocer si es ángel de luz o de tinieblas; en que no hay provecho ninguno, sino gastar tiempo y embarazar al alma con aquello, y ponerse en ocasio- nes de muchas imperfecciones y de no ir adelante, no po- niendo (7) el alma en lo que hace al caso, desembarazándola de menudencias de aprehensiones e inteligencias particulares, según queda dicho de las visiones corporales, y de éstas se dirá más adelante.

8 Y esto se crea, que si Nuestro Señor no hubiese de lle- var el alma al modo de la misma alma, como aquí decimos, nunca le comunicaría la abundancia de su espíritu por esos arcadu- ces tan angostos de formas y figuras y particulares inteligen- cias, por medio de las cuales da el sustento al alma por mea- jas. Que por eso dijo David: Mittit crystaüum suam sicut buc- cellas (8). Que es tanto como decir: Envió su sabiduría a las 1 Se lee en la e p. no las ha el alma de pretender, ni detenerse mucho en ellas por dos cosas.

2 Los demás Mss. y la c. p le ana. porque, como habernos dicho, pasivamente hacen.

3 La e. p. abrevia y enmienda: Aunque sea alguna para impedir el modo de visión.

4 La e. p.: segundo efecto.

5 La e. p. suprime las tres lineas anteriores y sigue: Porque en renunciar estas cosas con humildad.

6 Aqui terminan los Códices. La e. p. añade Antes desinterés y vacio, que es mejor disposición para la unión con Dios.

7 A y B: pudtendo.

8 Ps. CXLV1I. 17.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XVII 151 almas como a bocados (1) Lo cual es harto de doler, que te- niendo el aUna capacidad infinita (2), la anden dando a co- mer por bocados del sentido, por su poco espíritu e inhabilidad sensual. Y, por eso, también a San Pablo le daba pena esta poca disposición y pequenez para recibir el espíritu, cuando escribiendo a los de Corintio, dijo: Yo, hermanos, como viniese a vosotros, no os pude hablar como a espirituales, sino como a carnales; porque no pudisteis recibirlo ni tampoco ahora po- déis. Tamquam parvulis in Christo lac potum vobis iledi, non rscam (3). Esto es: Como a pequeñuelos en Cristo os di a beber leche y no a comer manjar solido (4).

9. Resta, pues, ahora saber que el alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figura y objeto que se le pone delante sobrenaturalmente. ahora sea acerca del sentido exte- rior, como son locuciones y palabras al oído, y visiones de san- tos a los ojos y resplandores hermosos, y olores a las narices, y gustos y suavidades en el paladar, y otros deleites en el tacto, que suelen proceder del espíritu, lo cual es más ordinario a los espirituales (5) Ni tampoco los ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son las imaginarias (6), antes, renunciarlas todas; sólo ha de poner los ojos en aquel buen espíritu que causan, procurando conservarle en obrar y po- ner por ejercicio io que es de servicio de Dios ordenadamen- te (7), sin advertencia de aquellas representaciones ni de querer algún gusto sensible. Y asi se toma de estas cosas sólo lo que Dios pretende y quiere, que es el espíritu de devoción, pues que no las da para otro fin principal, y se deja lo que él dejaría de dar, si se pudiese recibir en el espiritu sin ello (8), como habernos dicho, que es el ejercicio y aprehensión del sentido.

2 Asi todos los Mss. La e p. capacidad como infinita. Ya se entiende cómo el Sanco toma «ta infinitud de capacidad del alma en orden a la posesión de Dios.

3 I ad Cor.. III. 1-2.

i La e. p. traduce: Como a pequeñuelos os di a beber leche g no manjar sólido.

5 La e. p. suprime: lo cual es más ordinario a los espirituales, que leemos en los Códices.

8 Lo que sigue falta en el C. de Ale. aunque se lee en A, B. y c. p.

152 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO XVIII EN QUE TRATA DEL DAÑO QUL ALGUNOS MAESTROS ESPIRITUALES PUE- DEN HACER A LAS ALMAS POR NO LAS LLEVAR CON BUEN ESTILO ACERCA DE LAS DICHAS VISIONES.— Y DICE TAMBIEN COMO AUN- QUE SEAN DE DIOS, SE PUEDEN EN ELLAS ENGASAR.

1. No podemos en esta materia de visiones ser tan breves como querríamos, por lo mucho que acerca de ellas hay que decir. Aunque en sustancia queda dicho lo que hace al caso para dar a entender al espiritual cómo se ha de haber acerca de las dichas visiones, 9 al maestro que le gobierna el mo- do que ha de tener con el discipulo (1); no será demasiado particularizar más un poco esta doctrina, y dar más luz del daño que se puede seguir, asi a las almas espirituales, como a los maestros que las gobiernan, si son muy crédulos a ellas, aun- que sean de parte de Dios.

2. Y la razón que me ha movido a alargarme ahora en esto un poco, es la poca discreción que he echado de ver, a lo que yo entiendo, en algunos maestros espirituales; los cuales, ase- gurándose acerca de las dichas aprehensiones sobrenaturales por entender que son buenas y de parte de Dios, vinieron los unos y los otros a errar mucho y hallarse muy cortos, cumpliéndose en ellos la sentencia de Nuestro Salvador, que dice: Si caecus caeco ducatum praestet, ambo in joveam cadunt (2). Que quiere decir: Si un ciego guiare a otro ciego, entrambos caen en la hoya. Y no dice que caerán, sino que caen. Porque no es menester que haya caída de error para que caigan, porque sólo el atrever a gobernarse el uno por el otro ya es yerro, y así, ya sólo en eso caen cuanto a lo menos (3). Y primero, porque hay algunos que llevan tal modo y estilo con las almas que tienen las tales cosas, que las hacen errar, o las embarazan con ellas, 2 Matth.. XV. 14.

3 La c. p.: p asi en eso caen por lo menos.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XV m 153 o no las llevan por camino de humildad, y les dan mano a que pongan los ojos en alguna manera en ellas, que es causa de quedar sin verdadero espíritu de fe (1), y no las edifican en la fe, poniéndose a hacer mucho lenguaje de aquellas co- sas (2). En lo cual las dan a sentir que hacen ellos alguna presa o mucho caso de aquello (3), y, por el consiguiente, le hacen ellas; y quédanseles las almas puestas en aquellas apre- hensiones, y no edificadas en fe, y vacias y desnudas y desasidas de aquellas cosas, para volar en alteza de oscura fe Y todo esto nace del término y lenguaje que el alma ve en su maestro acer- ca de esto, que no se cómo facilisimamente se le pega un lleno y estimación de aquéllo (4), sin ser en su mano, y quita los ojos del abismo de la fe.

3. Y debe ser la causa de esta facilidad, de quedar el alma tan ocupada con ello, que como son cosas de sentido, a que él naturalmente es inclinado, y como también está ya sa- boreado y dispuesto con la aprehensión de aquellas cosas distin- tas y sensibles, basta ver en su confesor, o en otra persona, al- guna estima y aprecio de ellas, para que no (5) solamente el alma la haga, sino que también se le engolosine mas el apetito en ellas, sin sentir, y se ceba más de ellas y quede más incli- nado a ellas, y haga en ellas alguna presa (6). Y de aqui sa- len muchas imperfecciones, por lo menos; porque el alma ya no queda tan humilde, pensando que aquello es algo y que tiene algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y al- go satisfecha de si, lo cual es contra humildad. Y luego, el de- monio le va aumentando esto secretamente, sin entenderlo ella, y le comienza a poner un concepto acerca de los otros, en si 1 La c. p. modifica: que es causa de no caminar por el puro y perfecto espíritu de fe. Por equivocación traslada B: quedarse en verdadero. Los demás Códices están conformes con el texco que damos.

2 E. p. cambia: y no las edifican ni fortalecen en ella, haciendo mucho caso de aquellas cosas.

3 E. p.: que hacen ellos mucho caso de aquello.

4 El C. de Ale. no traslada las palabras, se le pega un lleno y estimación de aquello. Es una distracción del copista.

5 No. Por descuido omite esta palabra el C. de Ale.

154 SUBIDA DEL MONTE CARMELO tienen o no tienen las tales cosas, o son o no son; lo cual es contra la santa simplicidad y soledad espiritual.

4. Mas de estos daños, y de cómo no crecen en fe, si no se apartan, y como también, aunque no sean los daños tan pal- pables y conocibles como éstos (1), hay otros en el dicho término más sutiles y más odiosos a los divinos ojos, por no ir en desnudez de todo, dejémoslo ahora (2). hasta que lle- guemos a tratar en el vicio de gula espiritual (3), y de los otros seis, donde, mediante Dios, se tratarán muchas cosas (4), de estas sutiles y delicadas mancillas que se pegan al espíritu, por no saber guiarle en desnudez.

5. Ahora digamos algo de cómo es este estilo que llevan algunos confesores con las almas, en que no las instruyen bien. Y, cierto, querría saberlo decir, porque entiendo es cosa 'dificul- tosa dar a entender el como se engendra el espíritu del discípulo conforme ai de su padre espiritual oculta y secretamente; y cán- same esta materia tan prolija (5), porque parece no puede de- clarar lo uno sin dar a entender lo otro también, como son co- sas de espíritu, que unas tienen a otras correspondencia.

6. Mas para lo que aquí basta (6), pareceme a mi, y asi es, que si el padre espiritual es inclinado a espíritu de revelaciones de manera que le hagan algún caso (7), o lleno o gusto en el alma, no podrá dejar, aunque él no lo entienda, de imprimir en el espíritu del discípulo aquel jugo y termino (8), si el dis- cípulo no está más adelante que él; y aunque lo esté, le podra hacer harto daño si con él persevera. Porque de aquella inclina- ción que el padre espiritual tiene y gusto en las tales visiones, 1 E. p.. tan palpables como estos.

2 E. p. por no ir en desnudez. Pero esto lo dejaremos ahora 3 En victo de gula espiritual, trasladan A y B La e p.: del vicio de gula espi- ritual.

i Asi el C. de Ale. Los Códices A y B suprimen las frases que vienen a conti nuación de las palabras de gula espiritual, hasta el punto. La e p.: queriendo Dios, se dirán muchas cosas.

5 La e. p. suprime las palabras: u cánsame esta materia tan prolija.

6 Asi el C. de Ale. En cambio A y B trasladan: Y tratando de lo que prometí. La e. p. comienza el párrafo por las palabras Paree eme a mi.

8 E. p.: aquel mismo gusto y estimación LfBRO SEGUNDO. — CAP. XVIH 155 le nace cierta manera de estimativa, que si no es con gran cui- dado de él, no puede deiar de dar muestras o sentimiento de ello a la otm persona, y si la otra persona tiene ei mismo espíritu de la tal inclinación, a lo que yo entiendo, no podra dejar de comunicarse much8 aprehensión y estimación de esta^ cosas de una parte a otra 7. Pero no hilemos ahora tan delgado, sino hahlemos de cuando el confesor, ahora sea inclinado a eso, ahora no, no tie- ne el recato que ha de tener en desembarazar el alma y des- nudar el apetito de su discípulo en estas cosas, antes se pone a platicar de ello con el, y lo principal del lenguaje espiritual, como habernos dicho, pone en esas visiones, dándoles indicios para conocer la^ visiones buenas y malas Que aunque es bueno saberlo, no hay para que meter al alma en ese trabajo, cuidado y peligro (1). Pues con no hacer caso de ellas (2), negándolas, se excusa todo eso, y se hace lo que se debe. V no sólo eso, sino que ellos mismos, como ven que las dichas almas tienen tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios les re- vele o les diga tales o tales cosas, tocantes a ellos o a otros, y las almas bobas (3) lo hacen, pensando es licito quererlo saber por aquella vía. Que piensan que porque Dios quiere revelar o de- cir algo sobrenaturalmente, como el quiere o para lo que él se quiere, que es lícito querer que nos lo revele, y aun pedírselo.

8 Y si acaece que a su petición lo revela Dios, asegúrense mas, pensando que Dios gusta de ello y lo quiere, pues que responde, y, a la verdad, ni Dios gusta ni lo quiere, y ellos muchas veces obran o creen según aquello que se les reveló, o se les respondió; porque como ellos están aficionados a aque- lla manera de trato con Dios, asiéntaseles mucho y allánaseles la voluntad. Naturalmente gustan, y naturalmente se allanan a 1 Asi Ale. A y B. La e. p añade sino en alguna apretada necesidad, como queda dicho 2 E. p.. Pues en no hacer murho caso de ellas.

3 La e. p.: las buenas almas. No le pareció bien, sin duda, al eduor lo de bobas almas, tan expresivo y exacto. En ios Códices no hay mas diferencia, que A y B leen bobas almas y el de Alcaudete almas bobas.

156 SUBIDA DEL MOWTE CARMELO su modo de entender; y yerran muchas veces (1), y ven ellos que no les sale como habían entendido; y maravíllanse, y lue- go salen (2) las dudas en si era de Dios (3), pues no acaece ni lo ven de aquella manera. Pensaban ellos primero dos cosas: la una, que era de Dios, pues tanto se les asentaba primero; y puede ser el natural inclinado a ello que causa aquel asiento, como habernos dicho; y que la segunda, siendo de Dios, habia de salir asi como en ellas (4) entendían o pensaban.

9. Y aquí está un grande engaño, porque las revelaciones o locuciones de Dios no siempre salen como los hombres las entienden, o como ellas suenan en si. Y así, no se han de ase- gurar en ellas ni creerlas a carga cerrada; aunque sepan que son revelaciones o respuestas o dichos de Dios. Porque aunque ellas sean ciertas y verdaderas en sí, no lo son siempre en sus causas (5), y en nuestra manera de entender (6), lo cual probaremos en el capítulo siguiente. Y también diremos y pro- baremos después cómo, aunque Dios responde a veces a lo que se le pide sobrenaturalmente, no gusta de ello, y cómo a veces se enoja, aunque responde.

1 La e. p modifica bastante estas lineas "asegúranse más para otras ocasiones, y piensan que Dios gusta de este modo de tratar con él, y. a la verdad, ni gusta ni lo quiere. Y como ellos están aficionados a aquella manera de trato con Dios, asiéntase- les mucho y allánaseles la voluntad naturalmente en ello. Porque como naturalmente gustan, naturalmente se allanan a su modo de entender, y en lo que dicen, yerran mu- chas veces."

2 E. p. nacen.

3 E. p. en si eran de Dios o no. A: en si era de Dios, o no era Dios. B: en si era de Dios, o no era de Dios.

5 E. p.: no es menester que lo sean siempre.

6 Lo que sigue hasta el fin de este capitulo, falta en los M». A y B. Lo traca el C. de Ale. y la e. p.

LIBRO SEGUNDO — CAP. XIX 157 CAPITULO XIX EN Olí SE DECLARA \ PRUIBA COMO AUNQUE l.AS VISIONES V LO- CUCIONES QUE SON DE PARTE DE DIOS, SON VERDADERAS (1), NOS PODEMOS ENGASAR ACERCA DE ELLAS (2). — PRUEBASE CON AUTORIDADES Dh LA LSCRITIRA DIVINA.