1. Por dos cosas dijimos, que aunque las visiones y locu- ciones de Dios son verdaderas y siempre en si ciertas, no lo son siempre para con nosotros. La una es por nuestra defectuosa manen) de entenderlas; y la otra, porque las causas de ellas, a veces son variables (51 Cuanto a lo primero, está claro que no son siempre ni acaecen como suenan a nuestra manera de entender. La causa de esto es, porque, como Dios es inmenso y profundo, suele llevar en mis proiecias, locuciones y revelaciones, otras vías, conceptos e inteligencias muy diferentes de aquel propósito y modo a que comunmente se pueden entender de nosotros, siendo ella> tanto más verdaderas y ciertas, cuan- to a nosotros nos parece que no. Lo cual a cada paso vemos en la Escritura. Donde a muchos de los antiguos no les salían muchas profecías y locuciones de Dios como ellos esperaban, por entenderlas ellos a su modo, de otra manera, muy a la letra. Lo cual se verá claro por estas autoridades.
2. En el Génesis dijo Dios a Abraham, habiéndole traí- do a la tierra de los Cananeos: Tibi daba terram hunc (4). Que quiere decir: Esta tierra te daré a ti. Y como se lo dijese mu- chas veces, y Abraham fuese ya muy viejo, y nunca se la da- ba, diciéndoselo Dios, otra vez respondió Abraham y dijo: Do- 2 Lo que sigue, falta en A y B.
3 La e. p. enmienda en la forma siguiente estas lineas "Por dos cosas dijimos, que aunque las visiones y locuciones de Dios son verdaderas y ciertas siempre en si, no lo son siempre en nues'ro entender La una es por nuestra defectuosa manera de entenderlas; la otra es por las causas o fundamentos de ellas, que son conminatorias y como condicionales si esto no se enmendare o si aquello se hiciere, aunque la locu- ción en lo que suena sea absoluta, las cuales dos cosas probaremos con algunas auto ndades divinas."
1 Gen.. XV. 7.
158 SUBIDA DEL MONTE CARMELO mine, ¿unde scire possum, quod posesurus sum eam? (1). Esto es: Señor, ¿de dónde, o por qué señal tengo de saber que la tengo de poseer9 Entonces le revelo Dios, que no él en persona, sino sus hijos, después de cuatrocientos años, la habian de poseer; de donde acabó Abraham de entender la promesa, la cual era en si verdaderísima; porque, dándola Dios a sus hijos por amor de él, era dársela a él. Y así, Abraham estaba engañado en la manera de entender; y si entonces obrara según él entendia la profecía, pudieran errar mucho, pues no eran de aquel tiem- po, ios que le vieran morir sin dársela, habiéndole oído decir que Dios se la había de dar (2), quedaran confusos y cre- yendo haber sido falsa.
3. También a su nieto Jacob, al tiempo que José su hijo le llevo a Egipto por el hambre de Canaan, estando en el camino, le apareció Dios, y le dijo- Jacob, Jacob, noli timerc, descende in Acgiptum, guia in gentem magnam jaciam te ib¡. Fgo descendam tecum illuc...Et inde udducam te i everlvntcm (3). Que quiere decir: Jacob, no temas, desciende a Egipto, que yo descenderé alli contigo, y cuando de ahí volvieres a salir, yo te sacare, guiándote Lo cual no fue como a nuestra manera de entender suena. Porque sabemos que el santo viejo Jacob mu- rió en Egipto, y no volvió a salir vivo, y era que se había de de cumplir en sus hijos, a los cuales sacó de alli después de muchos años, siéndoles él mismo la guia del camino. Donde se ve claro, que cualquiera que supiera esta promesa de Dios a Jacob, pudiera tener por cierto que Jacob, asi como había en- trado vivo y en persona en Egipto (4), por el orden y favor de Dios, así sin falta, vivo y en persona (5), había de volver a salir de la misma forma y manera; pues le había Dios pro- metido la salida y el favor en ella; y engañárase y maravi- llarse viéndole morir en Egipto, y que no cumplía como se 1 Gen.. XV. 8 2 E. p: se la había prometido.
3 Gen.. XLVI, 3-4.
4 E. p. entrado vioc en Egipto.
5 La c. p. asi sin falta había de volver a salir oivo.
LIBRO SEÜLNDO — CAP. XÍX 159 esperaba Y así, siendo el dicho de Dios verdaderisimo en si, acerca de el se pudieran mucho engañar.
A. En los Jueces también leemos que, habiéndose juntado todas las tribus de Israel para pelear contra la tribu de Benja- mín, para castigar cierta maldad que entre ellos se había con- sentido, por razón de haberles Dios señalado capitán para la guerra, fueron ellos tan asegurados úü la victoria, que saliendo vencidos y muertos de los suyos veinte u dos mil, quedaron muy maravillados, y, puertos delante de Dios, llorando (1) todo aquel día, no sabiendo la causa de la caida, habiendo ellos entendido la victoria por suya (2). Y como preguntasen a Dios si volverían a pelear, o no, les respondió que fuesen y pelea- sen contra ellos. Los cuales, teniendo ya esta vez por suya la vic- toria, salieron con grande atrevimiento (3), y salieron vencidos también la segunda ve?, y con pérdida de diez y ocho mil de su parte De donde quedaron confusísimos, no sabiendo qué se hacer, viendo que mandándoles Dios pelear, siempre salían ven- cidos, mayormente excediendo ellos (4) a los contrarios en nu- mero y fortaleza, porque los de Benjamín no eran mas de vein- ticinco mil y setecientos, y ellos eran cuatrocientos mil Y de esta manera se engañaban ellos en su manera de entender, por- que el dicho de Dios no era engañoso, porque él no les habia dicho que vencerían, sino que peleasen, porque en estas caídas les quise Dios castigar cierto descuido y presunción que tu- vieron, y humillarlos asi Mas cuando a la postre les respondió que vencerían, asi fué, aunque vencieron con harto ardid y tra- bajo (5).
5. De esta manera y de otras muchas acaece engañarse las almas acerca de las locuciones y revelaciones de parte de Dios, por tomar la inteligencia de ellas a la letra y corteza; porque, como ya queda dado a entender, el principal intento de Dios en 1 E. p.¡ lloraron.
2 E. p.: habiendo ellos entendido y tenido la victoria por saga.
3 Aa¡ el C. de Ale. Fueron con grande ánimo. trasladan A y B. La e. p. fueron con grande osadía.
160 SUBIDA DEL MONTE CARMELO aquellas cosas es decir y dar (1) el espíritu que está allí en- cerrado, el cusí es dificultoso de entender. Y éste es muy más abundante que la letra, y muy extraordinario y fuera de los lí- mites de ella. Y asi, el que se atare a la letra o locución o forma o figura aprehensible de la visión (2), no podrá dejar de errar mucho, y hallarse después muy corto y confuso, por haberse guiado según el sentido en ellas, y no dado lugar al espíritu en desnudez del sentido. Littera enim occidit, spirilus auieni vivificat (3), como dice San Pablo. Esto es: La letra mata, y el espíritu da vida (4). Por lo cual, se ha de renun- ciar la letra en este caso del sentido, y quedarse a oscuras en fe, que es el espíritu, al cual no puede comprender el sentido.
6. Por lo cual, muchos de los hijos de Israel, porque en- tendían muy a la leira los dichos y profecías de los profetas y no les salían como ellos esperaban, y así las venían a tener en poco, y no las creían; tanto, que vino a haber entre ellos un dicho público, casi ya como proverbio, escarneciendo de los pro- fetas (5). De ¡o cual se queja Isaías diciendo y refiriendo en esta manera: Qaem docebit Dominus scientiam? ei quem in- telligere faciet audiium? abláctalos a lacle, avulsos ab uberibus. Quia manda remanda, manda remanda, experta reexpecta, ex- perta reexpecta, modicum ibi, modicum ibi. In logúela enim labii, et lingua altera loquetur ad populum istum (6). Quiere decir: ¿A quién enseñará Dios ciencia? ¿Ya quién hará entender la profecía y palabra suya? Solamente a aquellos que están ya apartados de la leche, y desarraigados de los pechos. Porque todos dicen, es a saber, sobre las profecías (7): promete y vuel- ve luego a prometer; espera y vuelve a esperar; espera y vuelve a esperar; un poco allí, un poco allí: porque en la palabra de 1 E. p.: darles.
2 Unión, traslada por error el C. de Ale.
3 II ad Cor.. 11!. 6.
1 A y B: La letra cierto mata, mas ei espíritu vivifica.
5 Asi el C. de Ale.
6 haf.. XXVIII. 9- ll.
7 Ei a saber, sobre las profecías. Estas palabras se leen en el C. de Ale. y en la e. p.— A y B no las traen.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIX 161 su labio y en otra lengua hablará a este pueblo. Donde clara- mente da a entender Isaías que hacían éstos burla de las profe- cías, y decían por escarnio este proverbio de: espera y vuelve luego a esperar. Dando a entender que nunca se les cumplía, porque estaban ellos asidos a la letra, que es la leche de ni- ños, y al sentido, que son los pechos (1), que contradicen a la grandeza de la ciencia del espíritu. Por lo cual, dice: ¿a quién enseñará la sabiduría de sus profecías? ¿Y a quién hará en- tender su doctrina, sino a los que ya están apartados de la leche de la letra y de los pechos de sus sentidos? Que por eso éstos no la entienden, sino según (2) esa leche de la corteza y letra, y esos pechos de sus sentidos, pues dicen: Promete y vuelve luego a prometer (3), espera y vuelve a esperar, etc. Por- que en la doctrina de la boca de Dios, y no en la suya, y en otra lengua que- en esta suya, los ha Dios de hablar.
7. Y así, no se ha de mirar en ello nuestro sentido y len- gua, sabiendo que es otra la de Dios, según el espíritu de aquello, muy diferente de nuestro entender y dificultoso; y eslo tanto, que aun el mismo Jeremías, con ser profeta de Dios, viendo los conceptos de las palabras de Dios tan diferentes del común sentido de los hombres, parece que también alucina él en ellos y que vuelve por el pueblo, diciendo Heu, heu, heu, Domine Deus, ergone decepiUi populum istuni et lerusalem, dicens: Pax erit vobis, et ecce pervenit gladius usque ad animam? (4). Que quiere decir Ay, ay, ay, Señor, Dios, ¿por ventura has en- gañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: paz vendrá so- bre vosotros; y veis aqui ha venido cuchillo hasta el alma? Y era que la paz que les prometía Dios, era la que había de haber entre Dios y el hombre por medio del Mesías que les ha- bía de enviar, y ellos entendían de la paz temporal; y por eso, cuando tenían guerras y trabajos, les parecía. igafiarles 1 A y B no trasladan las palabras que son los pechos.
2 E. p.: siguen por el según de los Mas.
3 El C. de Ale. repite esta frase. Los demás Mss.. no.
4 ]erwn.. IV. 10.
II 162 SUBIDA DEL MONTE CARMELO Dios, acaeciéndolcs al contrario de lo que ellos esperaban. Y así decían, como también dice Jeremías: txspectavimus pacem, et non erat bonum (1). Esto es: Esperado hemos la paz, y no hay bien de paz. Y asi, era imposible dejarse ellos de en- gañar, gobernándose sólo por el sentido literal (2). Porque ¿quién dejara de confundirse y errar, si se atara a la letra en aquella profecía que dijo David de Cristo, salmo setenta y uno, y en todo lo que dice en él, donde dice: Et domi- nabitur a mari usque ad mare; et a fluminc usque ad térmi- nos orbis terrarum (3); esto es: Enseñorearse ha desde un mar hasta otro mar, y desde el rio hasta los términos de la tierra; y en lo que también allí dice: Liberabit pauperem a po- tente: et pauperem, cui non erat adjntor (4), que quiere decir: Librará al pobre del poder del poderoso, y al pobre que no te- nía ayudador; viéndole después nacer en bajo estado y vivir en pobreza y morir en miseria, y que no sólo temporalmente no se enseñoreó de la tierra mientras vivió, sino que se suje- tó a gente baja, hasta que murió debajo del poder de Poncio Pilato? ¿Y que no sólo a sus discípulos pobres no los libro de las manos de los poderosos temporalmente, mas los dejó matar y perseguir por su nombre?
8. Y era, que estas profecías se habían de entender espiri- tualmcnte de Cristo, según el cual sentido eran verdadensimas. Porque Cristo, no sólo era señor de la tierra sola (5), sino del ciclo, pues era Dios; y a los pobres que le habían de seguir, no solo los había de redimir y librar del poder del demonio (6), que era el potente contra el cual ningún ayudador tenían (7), sino los 1 Jerem VIII, 15.
2 La edición de 1630: literal gramatical.
3 Ps., LXXI, 8. Creo que por descuido, no copió el C. de Ale. las palabras y en particular, que se leen en la e. p.
4 Ibid. 12.
6 Así el C. de Ale. La e. p.: de las manos y poder del demonio. A y B de las manos del demonio.
7 La e. p. suprime las palabras: contra el cual ningún ayudador tenían. A y B en vez de potente, que traen Ale. y la e. p., copian poderoso.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XTX 163 habia de hacer herederos del reino de los cielos. Y así, hablaba Dios, según lo principal, de Cristo y de sus secuaces, que eran reino eterno y libertad eterna; y ellos entendíanlo a su modo de lo menos principal, de que Dios hace poco caso, que era se- ñorío temporal y libertad temporal, lo cual delante de Dios ni es reino ni libertad. De donde, cegándose ellos con la bajeza de la letra, y no entendiendo el espíritu y verdad de ella, qui- taron la vida a su Dios y Señor, según San Pablo dijo en esta manera: Qui enim habitabant Jerusalem, et principes e/'us, hunc ignorantes, et voces prophetarum, quae per omne Sabbaturn le- guniur, judicantcs irnpleverunt (1). Que quiere decir: Los que moraban en Jerusalén, y los príncipes de ella, no sabiendo quién era, ni entendiendo los dichos de los profetas, que cada sábado se recitan, juzgando le acabaron.
9. Y a tanto llegaba esta dificultad de entender los dichos de Dios como convenia, que aun hasta sus mismos discípulos, que con El habían andado, estaban engañados, cuales eran aque- llos dos que después de su muerte iban al castillo de Emaús, tristes, desconfiados, y diciendo: S'os autem speraba/nus quod ipse esset redempturus Israel (2). Esto es: Nosotros esperába- mos que había de redimir a Israel. Y entendiendo ellos también que había de ser la redención y señorío temporal; a los cuales, apareciendo Cristo Nuestro Redentor, reprendió de in- sipientes y pesados y rudos (3) de corazón para creer las co- sas que habían dicho los profetas (4). Y aun al tiempo que se iba al cielo, todavía estaban algunos en aquella rudeza, y le preguntaron, diciendo: Domine, si in tempore hoc restitues Re- gnum Israel? (5). Esto es: Señor, haznos saber si has de res- tituir en este tiempo al reino de Israel. Hace decir el Espíritu Santo muchas cosas en que él lleva otro sentido del que en- tienden los hombres; como se echa de ver en lo que hizo decir 1 Act.. XIII. 27.
2 Luc, XXIV, 21.
3 El C. de Ale. es el único que dice pesados y rudos. Duros dicen los demás y la e. p.
4 Ibid.. 25.
5 Act. 1,6.
164 SUBIDA DEL MONTE CARMELO a Caifas de Cristo: Que convenia que un hombre muriese por- que no pereciese toda la gente (1). Lo cual no lo dijo de suyo, y él lo dijo y entendió a un fin. y el Espíritu Santo a otro (2).
10. De donde se ve que, aunque los dichos y revelaciones sean de Dios, no nos podemos asegurar en ellos; pues nos podemos mucho y muy fácilmente engañar en nuestra manera de entenderlos; porque ellos todos (3) son abismo y profundi- dad de espíritu, y quererlos limitar a lo que de ellos enten- demos y puede aprender el sentido nuestro, no es más que querer palpar el aire, y palpar alguna mots que encuentra la mano en él, y el aire se va, y no queda nada.
1 1. Por eso, el maestro espiritual ha de procurar que el espíritu de su discípulo no se abrevie en querer hacer caso de todas las aprehensiones sobrenaturales, que no son más que unas motas de espíritu, con las cuales solamente se vendrá a quedar, y sin espíritu ninguno; sino apartándole de todas vi- siones y locuciones, impóngale en que se sepa estar en li- bertad y ti niebla de fe, en que se recibe la libertad de espí- ritu, y abundancia (4), y por consiguiente, la sabiduría e in- teligencia propia de los dichos de Dios; porque es imposible que el hombre, si no es espiritual, pueda juzgar de las cosas de Dios ni entenderlas razonablemente, y entonces no es es- piritual cuando las juzga según el sentido. Y asi, aunque ellas vienen debajo de aquel sentido, no las entiende; lo cual dice bien San Pablo, diciendo: Animalis auiem homo non percipit ea quae sunt spiritus Dei: stultitia enim est Mi, et non potest inttiligere: quia de spiritualibus examinaiur. Spiritualis autem ¡u- dicat omnia (5). Que quiere decir: El hombre animal no per- cibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque son locura para él, y no puede entenderlas porque son ellas espirituales; 1 Joan.. XI, 50.
2 Bien diferente, añade la e. p.
3 Todos Falta esta palabra en la e. p.
4 Asi el C. de Ale. La e. p. y A y B: la abundancia de espíritu.
5 1 ad Cor.. II. 14 LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIX 165 pero el espiritual todas las cosas juzga. Animal hombre, en- tiende aqui el que usa sólo del sentido; espiritual, el que no se ata ni guia por el sentido. De donde es temeridad atreverse a tratar con Dios, y dar licencia para ello por vía de aprehensión sobrenatural en el sentido.
12. Y para que mejor se vea, pongamos aqui algunos ejem- plos. Demos caso que está un santo muy afligido porque le per- siguen sus enemigos, y que le responde Dios, diciendo: Yo te libraré de todos tus enemigos. Esta profecía puede ser verdade- risima, y, con todo eso, venir a prevalecer sus enemigos, y mo- rir a sus manos. Y así, el que la entendiera temporalmente, que- dara engañado, porque Dios pudo hablar de la verdadera y principal libertad y victoria, que es la salvación, donde el alma está libre y victoriosa ( 1 ) de todos sus enemigos, mucho más verdaderamente y altamente que si acá se librara de ellos. Y asi, esta profecía era mucho más verdadera y más copiosa que el hombre pudiera entender (2), si la entendiera cuanto a esta vida; porque Dios siempre habla en sus palabras y atiende al sentido más principa! y provechoso, y el hombre puede en- tender a su modo y a su proposito el menos principal, y asi, quedar engañado. Como lo vemos en aquella profecia que de Cristo dice David en el segundo salmo, diciendo: Reges eos in virga férrea, et iamquam vas ¡iguii con¡nnges eos (51. Esto es: Regiras todas las gentes con vara de hierro, y desmenuzar- las has como a un vaso de barro. En la cual habla Dios según el principal y perfecto señorío, que es el eterno; el cual se cum- plió, y no según el menos principal, que era el temporal el cual en Cristo no se cumplió en toda su vida temporal. Ponga- mos otro ejemplo.
13. Está una alma con grandes deseos de ser mártir; acae- cerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir; y le dé in- 1 Asi Ale. y la e. p. — A y B leen de aonde el alma queda libre y con victoria. Notamos que a B le falta la primera palabra de esta frase.
2 Distraídamente pasa el copista de Alcaudete de la palabra entender a otra igual que viene más abajo.
3 Ps., n. 9.
166 SUBIDA DEL MONTE CARMELO teriormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser; y, con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesa ver- dadera. Pues, ¿cómo no se cumplió así? Porque se cumplirá y po- drá cumplir (1) según lo principal y esencial de ella, que será dándole el amor y premio de mártir esencialmente (2), y asi le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que él la prometió. Porque el deseo formal del alma era (3), no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de mártir, y ejercitar el amor por el como mártir. Porque aquella manera de morir, por si no vale nada sin este amor, el cual y ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy per- fectamente. De manera que, aunque no muera como mártir, queda el alma muy satisfecha en que le dió lo que ella deseaba. Porque tales deseos (cuando nacen de vivo amor y otros seme- jantes), aunque no se les cumplan de aquella manera que ellos los pintan y los entienden, cúmplenseles de otra y muy mejor y más a honra de Dios, que ellos sabrían pedir. De donde dice David: Dcsidcrium pauperum exaudivit Dominus (4). Esto es: El Señor cumplió a los pobres su deseo. Y.en los Proverbios di- ce la Sabiduría divina: Desiderium suum ¡usíis dabitur (5). A los justos dárseles ha su deseo. De donde, pues vemos que mu- chos santos desearon muchas cosas en particular por Dios y no se les cumplió en esta vida su deseo, es de fe (6), que. siendo justo y verdadero su deseo, se les cumplió en la otra perfectamente; lo cual siendo así verdad, también lo seria pro- metérsele Dios en esta vida, diciéndoles: Vuestro deseo se cum- plirá, y no ser en la manera que ellos pensaban.
14. De ésta y de otras maneras pueden ser las palabras y visiones de Dios verdaderas y ciertas, y nosotros engañarnos en ellas, por no las saber entender alta y principalmente, y a 1 La e. p. suprime: y podrá cumplir.
2 Aquí añade la e. p.: y haciéndola mártir de amor, y dándola un prolongado martirio en trabajos, cuya continuación sea más penosa que el morir.
3 La e. p. cambia Porque lo principal del deseo era.
4 Ps„ IX, 17.
5 Prov., X. 24.
6 E. p.: Es cierto.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIX 167 los propósitos y sentidos que Dios en ellas lleva. Y asi, es lo más acertado y seguro hacer que las almas huyan con prudencia de Jas tales cosas sobrenaturales, acostumbrándolas (1), como ha- bernos dicho, a la pureza de espíritu en fe oscura, que es el medio de la unión.
CAPITULO XX EN QUE SE PRUEBA CON AUTORIDADES DE LA ESCRITURA, COMO LOS DICHOS Y PALABRAS DE DIOS, AUNQUE SIEMPRE SON VERDADERAS, NO SON SIEMPRE CIERTAS EN SUS PROPIAS CAUSAS.
1. Ahora nos conviene probar la segunda causa por qué las visiones y palabras de parte de Dios, aunque son siempre verda- deras en si, no son siempre ciertas cuanto a nosotros. Y es por razón de sus causas (2), en que ellas se fundan; porque muchas ve- ces dice Dios cosas que van fundadas sobre criaturas y efectos de ellas, que son variables y pueden faltar, y así, las palabras que so- bre esto se fundan, también pueden ser variables y pueden faltar; porque cuando una cosa depende de otra, faltando la una, falta también la otra (3). Como si Dios dijese: de aquí a un año tengo de enviar tal plaga1 a este reino, y la causa y fundamento de esta amenaza es cierta ofensa que se hace a Dios en el rei- no. Si cesase o variase la ofensa, podría cesar yH) el cas- tigo, y ¿ra /erdadera la amenaza, porque iba fundada sobre la actual culpa; la cual, si durara, se ejecutara (5) 2. Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Nínivc, de parte de Dios, diciendo: Adhuc quadraginta dies, et Sinive subverieíur (6). Que quiere decir: D« aquí a cuarenta dias ha 3 La e. p. suprime una porción de líneas en esta forma: "Y es por razón ele las causas v motivos en que ellos se fundan: y se ha de emtender que «eran durante aque- llo que a Dios le -ueve. digámoslo asi. a castigar. Cerno si Dios..."
6 'on., m, 4.
168 SUBIDA DEL MONTE CARMELO de ser asolada Ninive (1). Lo cual no se cumplió, porque ce- só la causa de esta amenaza, que eran sus pecados, hacien- do penitencia de ellos; la cual, si no la hicieran, se cum- pliera. También leemos en el Libro tercero de los Reyes, que ha- biendo hecho el rey Acab un pecado muy grande, le envió Dios a prometer (2) un grande castigo, siendo nuestro padre Elias el mensajero (3) sobre su persona, sobre su casa y sobre su reino (4); y porque Acab rompió las vestiduras de dolor, y se vistió de cilicio y ayuno, y durmió en saco y anduvo triste y hu- millado, le envió luego a decir con el mismo Profeta estas pa- labras- Quia igitur humiliatus est mei causa, non inducam ma- lum in diebus ejus, sed in diebus filii sai (5) Que quiere decir: Por cuanto Acab se ha humillado por amor de mi, no enviare el mal que dije en sus días, sino en los de su hijo. Donde vemos que porque mudó Acab el ánimo y afecto con que estaba, mudó también Dios su sentencia (6).
3. De donde podemos colegir, para nuestro propósito, que aunque Dios haya revelado o dicho a una alma afirmativamente cualquier cosa, en bien o en mal, tocante a la misma alma o a otras, se podrá mudar en más o en menos, o variar o quitar del todo, según la mudanza o variación del afecto de la tal alma o causa sobre que Dios se fundaba (7), y asi no cumplirse co- mo se esperaba, y sin saber por qué, muchas veces, sino solo Dios. Porque aun muchas cosas suele Dios decir y enseñar y prometer, no para que entonces se entiendan ni se posean, sino para que después se entiendan cuando convenga tener la luz de ellas, o cuando se consiga el efecto de ellas. Como vemos que hizo con sus discípulos, a los cuales decía muchas pará- 1 La e. p. trae asi estas linea"! "Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Ni- nive, donde mandó Dios al profeta Joñas que predicase esta amenaza en Ninive de parte suya: De aquí a cuarenta días se ha de asolar la ciudad de Ntatve."
3 Siendo nuestro padre Ellas el mensajero. Así Ale. y la e. p.— A y B. no traen esta adición.
i III Reg., XXI. 21.
5 Ib.. 27-29 6 La e p. Donde vemos que porque se mudó Acab, cesó también la amenaza y sentencia de Dios.