SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

Page 27 of 42

4. El cuarto provecho es, que el que negare este gozo, será en el obrar manso, humilde y prudente. Porque no obrará impetuosa y aceleradamente, empujado (6) por la concupiscible e irascible del gozo, ni presuntuosamente, afectado por la esti- mación que tiene de su obra, mediante el gozo de ella, ni incau- tamente, cegado por el gozo (7).

5. El quinto provecho es, que se hace agradable a Dios y a los hombres y se libra de la avaricia, y gula y acedía espi- ritual, y de la envidia espiritual, y de otros mil vicios.

2 Luc, VIH, 12.

3 E. p.: Quitar, pues, y apartar la voluntad de este gozo, es excelente disposi- ción para perseverar y acertar.

1 E. p.: sin pedir el tributo de los sabores.

5 Matth., V. 3.

6 E. p.: llevado.

7 Faltan en el C. de Ale. las palabras guíeme* que se W-en en A. B y e. p ni incautamente, cegados por el gozo.

320 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO XXX EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DEL QUINTO GENERO DE BIENES EN QUE SE PUEDE GOZAR LA VOLUNTAD, QUE SON SOBRENATURALES - DICE CUALES SEAN Y COMO SE DISTINGUEN DE l.OS ESPIRITUALES, Y COMO SE HA DE ENDEREZAR EL GOZO DE ELLOS A DIOS.

1. Ahora conviene tratar del quinto género de bienes en que el alma puede gozarse, que son sobrenaturales. Por los cuales entendemos aquí todos los dones y gracias dados de Dios, que exceden la facultad g virtud natural, que se llaman grath datas, como son los dGnes de sabiduría y ciencia que dió a Salomón; y las gracias que dice San Pablo (1), conviene a saber: fe, gracia de sanidades, operación de milagros, profecía, conocimiento y discreción de espíritus, declaración de las pa- labras y también don de lenguas.

2. Los cuales bienes, aunque es verdad que también son es- pirituales, como los del mismo género que habernos de tratar luego; todavía, porque hay mucha diferencia entre ellos, he que- rido hacer de ellos distinción. Porque el ejercicio de éstos tiene inmediato respecto al provecho de los hombres, y para ese pro- vecho y fin los da Dios, como dice San Pablo (2): Que a nin- guno se da el espíritu, sino para provecho de los demás; lo cual se entiende de estas gracias. Mas los espirituales, su ejercicio y trato es sólo del alma a Dios, y de Dios al alma, en comu- nicación de entendimiento y voluntad, etc., como diremos des- pués. Y así, hay diferencia en el objeto; pues que de los espi- rituales sólo es el Criador y el alma; mas de los sobrenaturales es la criatura (3) y también difieren en la sustancia, y por con- siguiente en la operación, y asi también necesariamente en la doctrina.

1 1. ad Cor., XII. 9-10.

2 Ibid., v. 7.

3 Asi los Códices. La e. p. dice: "Y asi, hay diferencia en el objeto: pues que c- espirituales ion entre Dios v ei alma. is las otras sobrenaturales que declamos, se ordenan a otras criaturas para el provecho de ellas.

LIBRO TKRChHO. — CAP. XXX 321 3. Pero hablando ahora de los dones y gracias sobrenatura- les corno aquí las entendemos, digo que para purgar el gozo vano en ellas, conviene aquí notar dos provechos que hay en este género de bienes, conviene a saber: temporal y espiritual. El temporal es la sanidad de las enfermedades, recibir vista los ciegos, resuciiar los muertos, lanzar los demonios, profetizar lo porvenir para que miren por si, y los demás a este talle. El espiritual provecho y eterno es ser Dios conocido y servido por estas obras por el que las obra, o por los en quien y delante de quien se obran.

4. Cuanto al primer provecho, que es temporal, las obras y milagros sobrenaturales poco o ningún gozo del alma merecen; porque, excluido el segundo provecho, poco o nada le importan al hombre, pues de suyo no son medio para unir al alma con Dios, sino es la caridad. Y estas obras y gracias sobrenaturales, sin estar en gracia y caridad, se pueden ejercitar, ahora dandi i Dios los dones y gracias verdaderamente, como hizo al inicuo profeta Balaán y a Salomón, ahora obrándolas falsamente por vía del demonio, como Simón Mago, o por otros secretos de natu- raleza. Las cuales obras y maravillas, si algunas habian de ser al que las obra de algún provecho, eran las verdaderas que son liadas de Dios. Y éstas, sin el segundo provecho, ya enseña San Pablo lo que valen (1), diciendo: Si hablare con lenguas d^ hombres y de ángeles, y no tuviere caridad, hecho soy como el metal o la campana que suena Y si tuviere profecía y conociere todos los misterios y toda ciencia; y si tuviere toda la fe, tanto que traspase los montes, y no tuviere caridad, nada soy, etc. (2). De donde Cristo dirá a muchos que habrán estimado sus obras en esta manera, cuando por ellas le pidieren la gloria (3): Señor, ¿no profetizamos en tu nombre e hicimos muchos milagros? Les dirá: Apartaos de mí, obradores de maldad ('i).

1 A y li soíi.

2 1. aJ Cor., XIII. 12.

322 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 5. Debe, pues, el hombre gozarse, no en si tiene las tales gracias y las ejercita; sino en si el segundo fruto espiritual saca de ellas, es a saber: sirviendo a Dios en ellas con verda- dera caridad, en que está el fruto de la vida eterna. Que por esu reprendió Nuestro Salvador a los discípulos, que se venían go- zando porque lanzaban los demonios, diciendo: En esto no os queráis gozar porque los demonios se os sujetan, sino porque vuestros nombres están escritos en el libro de la vida (1). Que, en buena teología, es como decir: Gózaos si están escritos vuestros nombres en el libro de la vida. Donde se entiende que no se debe el hombre gozar sino en ir camino de ella, que es hacer las obras en caridad; porque ¿qué aprovecha y qué vale delante de Dios lo que no es amor de Dios? El cual no es per- fecto si no es fuerte y discreto en purgar el gozo de todas las cosas, poniéndole sólo en hacer la voluntad de Dios. Y de esta manera se une la voluntad con Dios por estos bienes sobrena- turales.

CAPITULO XXXI DE LOS DANOS QUE SE SIGUEN AL ALMA DE PONER EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN ESTE GENERO DE BIENES.

1. Tres daños principales me parece que se pueden seguir al alma (2), de poner el gozo en los bienes sobrenaturales, conviene a saber: engañar y ser engañada, detrimento en el alma acerca de la fe, vanagloria o alguna vanidad.

2. Cuanto a lo primero, es cosa muy fácil engañar a los demás y engañarse a sí mismo, gozándose en esta manera de obras. Y la razón es, porque para conocer estas obras cuáles sean falsas y cuáles verdaderas, y cómo y a qué tiempo se han de ejercitar, es menester mucho aviso y mucha luz de Dios, y lo uno y lo otro impide mucho el gozo y la estimación de es- 1 Luc. X, 20.

2 La e. p.: al hombre.

LIBRO TERCERO —CAP. XXXI 323 tas obras. Y esto por dos cosas: lo uno, porque el gozo embota y oscurece el juicio; lo otro, porque con el gozo de aquello, no sólo se codicia el hombre a quererlo más presto; mas aún es mas empujado (1) a que se obre sin tiempo. Y dado caso que las virtudes y obras que se ejercitan sean verdaderas, bastan estos dos defectos pata engañarse muchas veces en ellas, o no en- tendiéndolas como se han de entender, o no aprovechándose, de ellas y usándolas como y cuando es más conveniente. Porque, aunque es verdad que cuando da Dios estos dones y gracias, les da la luz de ellas, y el movimiento de cómo y cuándo se han de ejercitar; todavía ellos, por la propiedad e imperfección que pueden tener acerca de ellas, pueden errar mucho, no usando de ellas con la perfección que Dios quiere, y cómo y cuándo el quiere. Como se lee que queria hacer Balaán, cuando contra la voluntad de Dios se determinó de ir (2) a maldecir al pueblo de Israel; por lo cual, enojándose Dios, le quería malar (3). Y Santiago y San Juan (4), querían hacer bajar fuego del cielo sobre los samaritanos porque no daban posada a Nuestro Sal- vador, a los cuales él reprendió por ello (5).

3. Donde se ve claro cómo a éstos (6) les hacia determinar a hacer estas obras alguna pasión de imperfección, envuelta en gozo y estimación de ellas, cuando no convenia. Porque cuando no hay semejante imperfección, solamente se mueven y deter- minan a obrar estas virtudes cuando y como Dios les mueve a ello, y hasta entonces no conviene. Que por eso se quejaba Dios de ciertos profetas por Jeremías, diciendo: No enviaba yo a los profetas, y ellos corrían; no los hablaba yo, y ellos pro- fetizaban (7). Y adelante dice: Engañaron a mi pueblo con su mentira y con sus milagros, como yo no se lo hubiese mandado, 1 E. p.: indinado.

3 Núm.. XXII. 22-23 4 Llevados del celo, añade aquí la e. p.

5 Luc. IX. 54-55 6 La e. p. añade: imperfectos de que vamos hablando.

7 Jerem.. XXIII. 21 324 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ni cnviádolos (1). Y allí también dice de ellos: Que ven las vi- siones de su corazón, y que ésas dicen (2), lo cual no pasara así, si ellos no tuvieran esta abominable propiedad en estas obras.

4. De donde por estas autoridades se da a entender, qur> el daño de este gozo, no solamente llega a usar inicua y per- versamente de estas gracias que da Dios, como Balaán y los que aquí dice que hacían milagros con que engañaban al pue- blo; más aún hasta.usarlas sin habérselas Dios dado, como éstos, que profetizaban sus antojos y publicaban las visiones que ellos componían, o las que el demonio les representaba. Por- que, como el demonio los ve aficionados a estas cosas, dales en esto largo campo y mucha materia, entrometiéndose de muchas maneras, y con esto tienden ellos las velas, y cobran desver- gonzada osadía, alargándose en estas prodigiosas obras.

5. Y no para sólo en esto, sino que a tanto hace llegar el gozo de estas obras y la codicia de ellas, que hace que si los tales tenían antes pacto oculto con el demonio (porque muchos de éstos por este oculto pacto obran estas cosas), ya vengan a atreverse a hacer con él pacto expreso y manifiesto, sujetándose, por concierto, por discípulos del demonio y alle- gados suyos. De aquí salen los hechiceros, los encantadores, los mágicos, ariolos y brujos. Y a tanto mal llega el gozo de éstos sobre estas obras, que no sólo quieren comprar los dones y gracias por dinero, como quería Simón Mago, para servir al demonio; pero aun procuran haber las cosas sagradas, y aun lo que no se puede decir sin temblar, las divinas (3), como ya se ha visto haber sido usurpado el tremendo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo para uso de sus maldades y abominaciones. Alargue y muestre Dios aquí su misericordia grande.

6. Y cuán perniciosos sean éstos para sí y perjudiciales 1 Jcrem., XXIII, 32.

2 Ibid., 26.

3 Lo restante, hasta el punto, se suprime en la e. p.

lii;no tkwceho. cap. xxxi 32/3 p.-irii la Cristiandad (1), cada uno!o podra bien el a minen te entender. Donde es de notar, que todos aquellos magos y ario- Ios que habia entre los hijos de Israel, a los cuales Saúl destruyo de la tierra, por querer imitar a los verdaderos profetas de Dios, habian dado en tantas abominaciones y engaños.

7. Debe, pues, el que tuviere la gracia y don sobrenatural, apartar la codicia y el gozo del ejercicio de él, descuidando en obrarle (2); porque Dios que se le da sobreriaturalmente (3) para utilidad de su Iglesia o de sus miembros, le move- rá también sobrenaturalmente ('!), como y cuando le debe ejer- citar. Que pues mandaba a sus fieles (5) que no tuviesen cuida- do de lo que habian de hablar, ni cómo lo habían de hablar, porque era negocio sobrenatural de fe, también querrá (que pues el negocio de estas obras no es menos) se aguarde el hombre a que Dios sea el obrero, moviendo el corazón, pues en su virtud se ha de obrar toda virtud. Que por eso los discípulos en los Actos de los Apóstoles, aunque les habia infundido estas gracias y dones, hicieron oración a Dios, rogándole que fuese servido de extender su mano en hacer señales y obrar sanidades por ellos, para introducir en los corazones la fe de Nuestro Se- ñor Jesucristo (6).

8. El segundo daño puede venir de este primero, que es detrimento acerca de la fe, el cual puede ser en dos maneras La primera acerca de los otros; porque poniéndose a hacer la maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con ella, y engendrar en los corazones menos crédito y despre- cio de la fe; porque, aunque algunas veces salgan con ello por quererlo Dios por otras causas y respetos, como la hechicera de Saúl (7), (si es verdad que era Samuel el que apareció allí ), 3 [.a e. p. y el gozo del ejercicio de él, y Dios que se le da sobrenaturalmente.

4 p añade: su jercicio.

5 E. p. discípulos.

6 Act.. IV 29-30.

326 SUBIDA DEL MONTE CAHMELO no siempre saldrán con ello; y, cuando salieren, no dejan de errar ellos y ser culpables por usar de estas gracias cuando no conviene. En la segunda manera puede recibir detrimento en si mismo (1) acerca del mérito de la fe; porque haciendo el mucho caso de estos milagros, se desarrima mucho del hábito sustancial de la fe, la cual es hábito oscuro, y asi, donde más señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en creer. De donde San Gregorio dice que la fe no tiene merecimiento cuando la razón humqna la experimenta (2). Y asi, estas mara- villas nunca Dios las obra, sino cuando meramente son necesa- rias para creer (3). Que por eso, porque sus discípulos no care- ciesen del mérito si tomaran experiencia de su resurrección, an- tes que se les mostrase hizo muchas cosas, para que, sin verle, le creyesen; porque a María Magdalena primero le mostró va- cio el sepulcro, y después que se lo dijesen los ángeles; porque la fe es por el oído, como dice San Pablo, y oyéndolo, lo cre- yese primero que lo viese. Y aunque le vió, fué como hom- bre común (4), para acabarla de instruir en la creencia que le faltaba con el calor de su presencia. Y a los discípulos primero se lo envió a decir con las mujeres, y después fueron a ver el sepulcro. Y a los que iban a Emaús, primero les inflamó el corazón en fe que le viesen, yendo él disimulado con ellos (5). Y, finalmente, después los reprendió a todos, porque no habían creído a los que les habían dicho su resurrección. Y a Santo To- más, porque quiso tomar experiencia en sus llagas, cuando le dijo que eran bienaventurados los que no viéndole le creían (6).

9. Y así, no es de condición de Dios que se hagan mila- gros, que, como dicen, cuando los hace, a más no poder los 1 Asimismo, lee el C. de Ale.

2 Nec {¡des habet meritum cui humana ratio praebet experimentum. S. Greg.. Hom. 26 in Evang., pag. 1 137 del tom. LXXV1 de la Patr. L. de Migne. La traducción que damos, es la del C. de Ale— A, B y e. p.: no tiene merecí/menfo cuando la razón la experimenta humana y palpablemente.

3 Los Códices no traen las palabras y para otros fines de gloria suya y de sos santos, que leemos en la e. p.

4 Asi los Códices. La e. p.: hortelano.

5 Luc. XXIV. 15.

6 Joan.. XX, 29.

LIBRO TERCKRO. — CAP. XXXI 327 hace (1). Y por eso reprendía él a los fariseos, porque no da- ban crédilo sino por señales, diciendo: Si no viéredes prodigios y señales, no creéis (2). Pierden, pir-s, mucho acerca de la U' los que aman gozarse en estas obras sobrenaturales.

10. El tercer daño es, que comúnmente por el gozo de psta.s obras caen en vanagloria o en alguna vanidad. Porque aun el mismo gozo de estas maravillas, no siendo puramente, como h;. hemos dicho, en Dios y para Dios, es vanidad; lo cual se ve en haber reprendido Nuestro Señor a los discípulos por ha- berse gozado de que se les sujetaban los demonios (3); el cual gozo, si no fuera vano, no lo reprendiera.

CAPITULO XXXII DE DOS PROVECHOS QUE SE SACAN EN LA NEGACION DEL HOZO ACER- CA DE LAS GRACIAS SOBRENATURALES.

1. Demás de los provechos que el alma consigue en li- brarse de los tres dichos daños por la privación de este gozo, adquiere dos excelentes provechos. El primero es engrandecer y ensalzar a Dios; el segundo es ensalzarse el alma a si misma Porque de dos maneras es Dios ensalzado en el alma: la pri- mera es apartando el corazón y gozo de la voluntad de todo lo que no es Dios, para ponerlo en él solamente. Lo cual quiso de- cir David en el verso (4) que habernos alegado al principio de la noche de esta potencia, es a saber: Allegarse ha el hombre al coiezón alto, y será Dios ensalzado (5). Porque, levantando el corazón sobre todas las cosas, se ensalza el alma sobre todas ellas.

2. Y porque de esta manera le pone en Dios solamente, 1 Suprime la e p. que. como diern. cuando hace mi/ao'oi. a miJ no poder los hace.

2 Joan., IV. 48.

3 Luo. X 20.

4 E. p.: lugar.

5 Pi LXIII, 7 328 SUBIDA DEL MONTE CARMELO se ensalza y engrandece Dios, manifestando al alma su ex- celencia y.grandeza; porque en este levantamiento de gozo, en él le da Dios testimonio de quien el es Lo cual no se hace sin vaciar el gozo y consuelo de la voluntad acerca de todas las cosas, como también lo dice por David diciendo: Vacad, y ved que yo soy Dios (1). Y otra vez dice: En tierra desierta, seca y sin camino, parecí delante de ti, para ver tu virtud y tu gloria (2). Y pues es verdad que se ensalza Dios poniendo el gozo en lo apartado de todas las cosas, mucho más se ensalza apartándole de estas más maravillosas, para ponerle sólo en él; pues son de más alta entidad.siendo sobrenaturales; y asi, dejándolas atrás por poner el gozo sólo en Dios, es atribuir mayor gloria y excelencia a Dios que a ellas. Porque cuanto uno más y mayores cosas desprecia por otro, tanto más le es- tima y engrandece.

3. Demás de esto, es Dios ensalzado en la segunda manera, apartando la voluntad de este género de obras; porque cuanto más es Dios creído y servido sin testimonios y señales, tanto más es del alma ensalzado, pues cree de Dios más que las se- ñales y milagros le pueden dar a entender.

4. El segundo provecho en que se ensalza el alma, es por- que, apartando la voluntad de todos los testimonios y señales apai entes, se ensalza en fe muy pura, la cual le infunde y au- menta Dios con mucha más intensión. Y juntamente le aumenta las otras dos virtudes teologales, que son caridad y esperanza, en que goza de divinas y altísimas noticias por medio del os- curo y desnudo hábito de fe; y de grande deleite de amor por medio de la caridad, con que no se goza la voluntad (3) en otra cosa que en Dios vivo; y de satisfacción en la memoria (4) por medio de la esperanza. Todo lo cual es un admirable prove- cho, que esencial y derechamente importa para la unión per- fecta del alma con Dios.

1 Ps. XLV. 11.

2 Ps. LXI1, 3.

LIBRO TERCKRO. CAP XXXIII 329 CAPITULO XXXIII EN QUE SF CO/VUI N7.!\ A TRATAR DEL SKXTO GENERO DE BIENES DE QUE SE Pl P.Ut GOZAR LA VOLU\TAP. -DICE CUALES SEAN, V iíacf la rniMEPA división dí: ellos (1).

1. Pues el intento que llevamos en esta nuestra obra es en- caminar al espíritu por los bienes espirituales hasta la divina unión del alma con Dios, ahora que en este sexto género ha- bernos de tratar de los bienes espirituales, que son los que más sirven para este negocio, convendrá que, así yo, como el lector, pongamos aquí con parlicular advertencia nuestra consideración. Porque es cosa tan cierta y ordinaria por el poco saber (2) de algunos, servirse de las cosas espirituales sólo para el sentido, dejando al espíritu vacio, que apenas habrá a quien el jugo sen- sual no estrague buena parte del espíritu, bebiéndose el agua antes que llegue al espíritu, dejándole seco y vacio.

2. Viniendo, pues, al propósito, digo que por bienes es- pirituales entiendo todos aquellos que mueven y ayudan para las cosas divinas y el trato del alma con Dios, y las comunica- ciones de Dios con el alma.

3. Comenzando, pues, a hacer división por los géneros supremos, digo que los bienes espirituales son en dos maneras: unos sabrosos, y otros penosos. Y cada uno de estos géneros es también en dos maneras; porque los sabrosos, unos son de cosas claras que distintamente se, entienden, y otros de cosas que no se entienden clara ni distintamente. Los penosos, también alguno¿ son de cosas claras y distintas, y otros de cosas confusas y oscuras.

4. Todos estos podemos también distinguir según las po- tencias del alma. Porque unos, por cuanto son inteligencias, pertenecen al entendimiento; otros, por cuanto son aficiones, 1 La segunda parte de c te sumario está tomada de A, B y e. p 2 La e. p.: porque es cosa cierta que por el poco saber, etc.

330 SUBIDA DEL MONTE CARMELO pertenecen a la voluntad, y otros, por cuanto son imaginarios, pertenecen o la memoria.

5. Dejados, pues, para después los bienes penosos, por que ( 1 ) pertenecen a la noche pasiva, donde habernos de hablar de ellos, y también los sabrosos, que decimos "ser de cosas con- fusas y no distintas, para tratar a la postre, por cuanto pertene- cen a la noticia general, confusa, amorosa, en que se hace la unión del alma con Dios, la cual dejamos en el libro segundo, difiriéndola para tratar a la postre (2) cuando hacíamos división entre las aprehensiones del entendimiento (3), diremos aquí aho- ra de aquellos bienes sabrosos que son de cosas claras y dis- tintas.

CAPITULO XXXIV DE LOS BIENES ESPIRITUALES QUE DISTINTAMENTE PUEDEN CAER EN EL ENTENDIMIENTO Y MEMORIA.— DICE COMO SE HA DE HABER LA VOLUNTAD ACERCA DEL GOZO DE ELLOS.

I. Mucho tuviéramos aqui que hacer con la multitud de las aprehensiones de la memoria y entendimiento, ensenando a la voluntad cómo se había de haber acerca del gozo que puede tener en ellas, si no hubiéramos tratado de ellas largamente en el segundo y tercer libro. Pero, porque alli se dijo de la ma- nera que aquellas dos potencias les convenia haberse acerca de ellas para encaminarse a la divina unión, y de la misma manera le conviene a la voluntad haberse en el gozo acerca de ellas, no es necesario referirlas aquí; porque basta decir que donde quie- ra que allí dice que aquellas potencias se vacien de tales y tales aprehensiones, se entienda también que la voluntad también se ha 2 Véase la nota que pusimos en el capitulo XIV del libro II. pág. 32. Si realizo este proposito, lo desconocemos.

3 Suprime el C. de Ale. las palabras que iguen: Cuando hacíamos división en- las aprehe siones del ntendimiento )UC traen A y B. La e. p. añade, ademas haremos cumplidamente en libro de la "Noche Oscura". - mos aquí ahora, etcétera.

LIBRO TERCERO. - — CAP. XXXTV 331 de vaciar del guzo de ella.v Y de la misma manera que queda di- cho que la memoria y entendimiento se han de haber acerca de h> das aquellas aprehensiones', se ha también de haber la voluntad, que pues que el entendimiento y las demás potencias no pueden admitir ni negar nada sin que venga en ello la voluntad, claro esla que la misma doctrina que sirve para lo uno servirá tam- bién para lo otro.

2 Por tanto, véase allí lo que en este caso se requiere, porque en todos los daños y peligros que allí se dice, caerá el alma, si no sabe enderezar a Dios el gozo de la voluntad en todas aquellas aprehensiones (1).

CAPITULO XXXV DE LOS BIENES ESPIRITUALES SABROSOS QUE DISTINTAMENTE Pl f DEN CAER EN LA VOLUNTAD.- DICE DE CANTAS MANERAS SEAN.

1. A cuatro géneros de bienes podemos reducir todos los que distintamente pueden dar gozo a la voluntad, conviene a saber: motivos, provocativos, directivos y perfectivos; de los cuales iremos diciendo por su orden; y primero, de los motivos, que son imágenes y retratos de santos (2), oratorios y cere- monias.

2. Y cuanto a lo que toca a las imágenes y retratos, puede haber mucha vanidad y gozo vano. Porque siendo ellos tan importantes para el culto divino y tan necesarios para mover la voluntad a devoción, como la aprobación y uso que de ellos tiene nuestra Madre la Iglesia muestra (por lo cual siempre conviene que nos aprovechemos de ellos para despertar nuestra tibieza), hay muchas personas que ponen su gozo más en la pintura y ornato de ellos, que no en lo que representan.

1 Asi se lee este párrafo en A. B y e. p El C. de Ale. traslada Véase allí lo que en esto se requiere, porque o/i todos aquellos danos caerá si no se sabe endere zar a Dios.

2 De nuevo el C. de Ale. se pasa de esta palabra a la Idéntica que viene en la siguiente línea, omitiendo las frases intermedias, que copian A. B y e. p.

332 SUBIDA DEL MONTE CARA\I LO 3. El uso de las imágenes para dos principales fines le or- denó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los santos en ellas, y para muver la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos. Y cuanlo sirven de esto, son provechosas, y el uso de ellas necesario; y por eso, las que más al propio y vivo están sacadas, y mas mueven la voluntad a devoción, se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo, algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ella, que en lo que representa; y la devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando luego la imagen, pues no sirve más que de motivo, la emplean en el ornato y curiosidad exterior (1), de manera que se agrade y deleite el sentido, y se quede el amor y gozo de la voluntad en aquello; lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

4. Esto se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas, que no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades (2), y del traje ;ue en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a los cantos que representan fué tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, ponién- dolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de si echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y asi, veréis algunas personas (3) que no se hartan de añadir imagen a imagen, y que no sea sino de tal o tal suerte ('!) y hechura, 1 F.a e. p han de enderezar al santo invisible, la emplean en afición ij curiosi- dad exterior.

3 E. p abrevia: i/a se les queda en poco más que en curiosidad i) vanidad. Y asi veréis algunas personas, etc.

1 El Cod de Ale. pasa de esta palabra a la igual que viene en la linea siguiente.