SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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2. Demás de esto, este apetito les causa muchas varieda- des (1), porque de éstos son los que nunca perseveran en un lu- gar, ni a. veces en un estado, sino que ahora los veréis en un lugar, ahora en otro; ahora tomar una ermita, ahora otra; aho- ra componer un oratorio, ahora otro (2). Y de éstos son tam- bién aquéllos que se les acaba la vida en mudanzas de estados y modos de vivir. Que como sólo tienen aquel fervor y gozo sensi- ble acerca de las cosas espirituales, y nunca se han hecho fuerza para llegar al recogimiento espiritual por la negación de su vo- luntad y sujeción en sufrirse en desacomodamientos, todas las veces que ven un lugar, devoto a su parecer, o alguna manera de vida o estado que cuadre con su condición e inclinación, lue- go se van tras él, y dejan el que tenían. Y como se movieron 2 Falta en el C. de Ale. la frase: ahora componer un oratorio, ahora otro, que se lee en los demás.

LIBRO TRRCERO. — CAP. XLI 347 por aquel gusto tensible, de aquí es que presto buscan oirá cosa, porque el cjmsIo sensible no es constante, porque falta muy presto (1).

CAPITULO XL11 DE IBES INFERENCIAS Dli LMiARES DEVOTOS, Y Como:>E H A Dr HABER ACERCA DE ELLUS LA VOLUNTAD.

1. Tres maneras de lugares hallo, por medio de los cuales suele Dios mover la voluntad a devoción. La primera es, algunas disposiciones de tierras y sitios, que con la agradable apariencia de sus diferencias, ahora en disposición de tierra, ahora de árboles, ahora de solitaria quietud, naturalmente despiertan la devoción. Y de ésíos es cosa provechosa usar, cuando luego en- derezan a Dios (2) la voluntad en olvido de los dichos luga- res, asi como para ir al fin, conviene no detenerse en el medio y motivo más de lo que basta. Porque si procuran recrear el ape- tito y sacar jugo sensitivo, antes hallarán sequedad de espíritu y distracción espiritual; porque la satisfacción y jugo espiritual no se halla sino en el recogimiento interior.

2. Por tanto, estando en el tal lugar, olvidados del lugar, han de procurar estar en su interior con Dios, como si no estuviesen en el tal lugar. Porque si se andan al sabor y gusto del lugar como habernos dicho, de aqui para allí, más es buscar recreación sensitiva e instabilidad de ánimo, que sosiego espiritual. Asi lo hacían los anacoretas y otros Santos ermitaños, que en los anchísimos y graciosísimos desiertos escogían el menor lugar que les podia baslar, edificando estrechísimas celdas y cuevas, y encerrándose allí; donde San Benito estuvo tres años, y otro, que fué San Simón (3), se ató con una cuerda para no tomar más ni andar más que lo que alcanzase; y de esta manera muchos, que 2 E. p.: cuando luego se endereza a Dios. etc.

3 La e. p. omite: que fué San Simón. Alude al conocido caso del Estilita.

348 SUBIDA DEL MONTE CARMELO nunca acabaríamos de contar. Porque entendían muy bien aque- llos santos, que si no apagaban el apetito y codicia de hallar gusto y sabor espiritual, no podían venir a ser espirituales.

3. La segunda manera es más particular, porque es de al- gunos lugares (no me da más esos desiertos que otros cuales- quiera) donde Dios suele hacer algunas mercedes espirituales muy sabrosas a algunas particulares personas; de manera que, ordi- nariamente, queda inclinado el corazón de aquella persona que recibió allí la merced a aquel lugar donde la recibió, y le dan algunas veces algunos grandes deseos y ansias de ir a aquel lu- gar; aunque cuando va, no se halla como antes, porque no está en su mano. Porque estas mercedes hácelas Dios (1) cuando y como y donde quiere, sin estar asido a lugar ni a tiempo, ni al albedrio de a quien las hace. Pero todavía es bueno ir, como vaya desnudo del apetito de propiedad, a orar allí algunas veces, por tres cosas: la primera, porque aunque, como decimos, Dios no está atenido a lugar, parece que quiso allí Dios ser alabado de aquella alma, haciéndola allí aquella merced; la segunda, por- que más se acuerda el alma de agradecer a Dios lo que allí reci- bió; la tercera, porque todavía se despierta mucho más la de- voción allí con aquella memoria.

4. Por estas cosas debe ir, y no por pensar que está Dios atado a hacerle mercedes allí, de manera que no pueda donde quiera, porque más decente lugar es el alma y más propio pa- ra Dios que ningún lugar corporal. De esta manera leemos en la Sagrada Escritura, que hizo Abraham un altar en el mismo lugar donde le apareció Dios, e invocó allí su santo nombre, y que después, viniendo de Egipto, volvió por el mismo camino don- de había aparecidole Dios, y volvió a invocar a Dios allí en el mismo altar que había edificado (2). También Jacob señaló el tugar donde le apareció Dios estribando en aquella escala, leant ndo allí una piedra ungida con óleo (3). Y Agar puso nom- 1 Así la c p. y el C. de Ale— A y B: porque no está en su mano;cbir aque- llas mercedes hácelas Dios.

LIBBO TERCERO. — CAP. XLII 349 brc al lugar donde le apareció el ángel, estimando mucho aquel lugar, diciendo: Por cierto, que aquí he visto las espaldas del que me ve (1).

5. La tercera manera es, algunos lugares particulares que eli- ge Dios para ser allí invocado y servido, asi como el monte Si- nai, donde Dios dio la ley a Moisés (2).,Y <e\ lugar que señalo a Abraham para que sacrificase a su hijo (3). Y también el monte Horeb, donde apareció a nuestro padre Elias (4).

6. La causa por qué Dios escoge estos lugares más que otros para ser alabado, él se la sabe. Lo que a nosotros nos conviene saber, es que todo es para nuestro provecho y para oir nuestras oraciones en ellos y do quiera que con entera fe le rogáremos; aunque en los que están dedicados a su servicio hay mucha más ocasión de ser oídos en ellos, por tenerlos la Iglesia señalados y dedicados para esto.

1 Gen.. XVI. 13.

2 Exod.. XXIV, 12.

3 Gen.. XXII. 2.

4 III Reg., XIX, 8. — Así el C. de Ale: Y también en el monte Horeb, donde apareció a nuestro padre Elias. A, B y e. p. añaden: "Y también el monte Horeb. donde mandó Dios a nuestro padre Elias para mostrarle allí. Y el lugar que dedicó San Miguel para su servicio, que es el monte Gargano, apareciendo al Obispo sipoii- tino. y diciendo que él era guarda de aquel lugar, para que alli se dedicase a Dios un oratorio en memoria de los Angeles. Y la gloriosa Virgen escogió en Roma, con sin- gular señal de nieve, lugar para el templo que quiso edificase Patricio, de su nombre.'

350 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO X1J11 OUE TRATA DE OTROS V.O TIVOS PARA <>RAR OUE USAN MU' HAS! I HSONAS. ÜUU SuN MUCHA VARIEDAD DI. CKNKMONIAS 1. Los gozos inútiles y lu propiedad imperfecta que acerca de las cosas que habernos dicho muchas personas tienen, por ven- tura son algo tolerables, por ir ellas en ello algo inocentemente. Del grande arrimo (t) que algunos tienen a muchas maneras de ceremonias introducidas por gente poco ilustrada y falta en la sencillez de la fe, es insufrible. Dejemos ahora aquéllas que en sí llevan envueltos algunos nombres extraordinarios o términos que no significan nada, y otras cosas no sacras que gente necút y de alma ruda y sospechosa suele interponer en sus oraciones; que por ser claramente malas y en que hay pecado, y en mu- chas de ellas pacto oculto con el demonio, con las cuales provocan a Dios a ira y no a misericordia, las dejo aqui de tratar.

2. Pero de aquéllas sólo quiero decir de que, por no tener en si esas maneras sospechosas interpuestas, muchas personas e! día de hoy, con devoción indiscreta, usan poniendo tan- ta eficacia y fe en aquellos modos y maneras con que quie- ren cumplir sus devociones y oraciones, que entienden que si un punto falta y sale de aquellos límites, no aprovechará ni la oirá Dios, poniendo más fiducia en aquellos modos y maneras, que en lo vivo de la oración, no sin grande desacato y agravio de Dios: así como que sea la misa con tantas candelas, y no más ni menos; y que la diga sacerdote de tal o tal suerte; y que sea a tal o tal hora, y no antes ni después; y que sea después de tal dia, y no antes ni después, que las oraciones y estaciones sean tantas y tales y a tales tiempos, y con tales o tales ceremonias, y que no antes ni después, ni de otra manera; y que la persona que las hiciere tenga tales y tales 1 La e. p Pero del grande arri/no.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIII 551 partes o propiedades. Y piensan que si falta algo de lo que ellos, llevan propuesto, no se hace nada (1) 3. Y lo que es peor e intolerable, es que algunos quieren senlir algún efecto en sí, o cumplirse lo que piden, o saber que se cumple el fin de aquellas sus oraciones ceremoniáticas, que no es menos que tentar a Dios y enojarle gravemente; tanto, que algunas veces cía licencia al demonio para que los engañe, ha- ciéndolos sentir y entender cosas harto ajenas del provecho de su alma, mereciéndolo ellos por la propiedad que llevan en sus oraciones, no deseando más que se haga lo que Dios quiere que lo que ellos pretenden; y así, porque no ponen toda su confian- za en Dios, nada les sucede bien (2).

CAPITULO XLIV DE COMO SE HA DE ENDEREZAR A DIOS EL GOZO Y FUERZA DE LA VOLUNTAD POR ESTAS DEVOCIONES.

1. Sepan pues éstos, que cuanta más fiducia hacen de estas cosas y ceremonias (3), tanto menor confianza tienen en Dios, y no alcanzarán de Dios lo que desean. Hay algunos que más oran (4) por su pretensión que por la honra de Dios; que aunque ellos suponen que si Dios se ha de servir se haga, y si no, no, todavía por la propiedad y vano gozo que en ello llevan, multi- plican demasiados ruegos por aquello, que sería mejor mudarlos en cosas de más importancia para ellos, como es el limpiar de veras sus conciencias, y entender de hecho en cosas de su salvación, posponiendo muy atrás (5) todas esotras peticiones su- 1 A y B. añaden y otras mil cosas que se ofrecen y usan. La e. p.: y otras mil cosas que se usan.

2 Con la última palabra del capitulo, que es también la última de plana en el Códice de Ale, termina lo escrito por el P. Juan Evangelista; lo restante de dicho Códice se toma de otro muy antiguo que había en tiempo del P. Andrés en Duruelo. como ya se dijo a propósito de las hojas que anteriormente se suplieron por el mismo Códice.

3 Asi Ale. y A. El manuscrito B dice: mientras mas confian en sus ceremonias. La e. p.: cuanto más estriban en estas sus ceremonias.

5 La e. p. omite las palabras muy atrás.

352 SUBIDA DEL MONTE CARMELO yas que no son esto. Y de esta manera, alcanzando esto que más les importa, alamparían también todo lo que de esotro les estu- viere bien (aunque no se lo pidiesen), mucho mejor y antes que si toda la fuerza pusiesen en aquello. Porque así lo tiene prome- tido el Señor por el Evangelista, diciendo: Preiended primero y principalmente el reino de Dios y su justicia, y todas esotras cosas se os añadirán (I).

2. Porque ésta es la pretensión y petición que es más a su gusto; y, para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra oración en aquella cosa que es más gusto de Dios; porque en- tonces, no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación, sino aun lo que él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque no se lo pidamos, según lo da bien a entender David en un salmo, diciendo: Cerca está el Señor de tus que le llaman en la verdad (2) que le piden!a> cosas (3) q:ie son de más alta.-, veras, como son las de la salvación, porque de ésius dice lue- go: La voluntad de los que le temen cumplirá, y sus ruegos oirá, y salvarlos ha. Porque es Dios guarda de los que bien le quieren (4). Y asi, este estar tan cerca que aquí dice David, no es otra cosa que estar a satisfacerlos y concederles aun lo que no les pasa por pensamiento pedir. Porque asi leemos, que porque Salomón acertó a pedir a Dios una cosa que le dio gus- to, que era sabiduría para acertar a regir justamente a su pueblo, le respondió Dios diciendo: Porque te agrado más que otra cosa alguna la sabiduría, y ni pediste la victoria con muerte de tus enemigos, ni riquezas ni larga vida, yo te doy, no sólo la sabiduría que pides, para regir justamente mi pueblo (5); mas aun lo que no me has pedido te daré, que es riquezas, y sustancia y gloria, de manera que antes ni después de tí haya 1 Matth.. VI. 33.

2 P». CXLIV, 18.

3 La e. p conformándole más al texto latino del salmo, traslada: Cercj está el Se'or de I ae litnnn. de lr>s ijne le llaman en Iti verdad Y.n¡uéllns le llaman en la verdad, etc.

CXLIV. 19.

B p. para que justamente gobiernes mi pueblo.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIV 353 rey a ti semejante (1). Y así lo hizo, pacificándole también sus enemigos, de manera que, pagándole tributo todos en de- rredor, no le perturbasen. Lo mismo leemos en el Génesis, don- de prometiendo Dios a Abraham de multiplicar la generación del hijo legítimo como las estrellas del cielo, según él se lo liubia pedido, le dijo: También multiplicaré al hijo de la esclava, porque es tu hijo (2).

3. De esta manera, pues, se han de enderezar a Dios las fuerzas de la voluntad y el gozo de ella en las peticiones, no curando de estribar en las invenciones de ceremonias que no usa ni tiene aprobadas la Iglesia católica, dejando el modo y ma- nera de decir la misa al sacerdote, que allí la Iglesia tie- ne en su lugar, que él tiene orden de ella cómo lo ha de hacer. Y no quieran ellos usar nuevos modos, como si supiesen más que el Espíritu Santo y su Iglesia. Que si por esta sen- cillez no los oyere Dios, crean que no los oirá aunque más invenciones hagan. Porque Dios es de manera, que si le llevan por bien y a su condición, harán de El cuanto quisieren; mas si va sobre interés, no hay hablarle (3).

li. Y en las demás ceremonias acerca del rezar y otras devociones, no quieran arrimar la voluntad a otras ceremonias y modos de oraciones de las que nos enseñó Cristo (4). Que claro está, que cuando sus discípulos le rogaron que les enseñase a orar, les diría todo lo que hace al caso, para que nos oyese el Padre Eterno, como el que tan bien conocía su condición; y sólo les enseñó aquellas siete peticiones del Pater noster, en que se incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales (5), y no les dijo otras muchas maneras de palabras y ceremonias. Antes, en otra parte, les dijo, que cuando oraban no quisiesen 2 Gen.. XXI, 13.

3 Así el Códice de Alcaudete — A y B copian así la última frase: mas si va por interés no hay hablarle. La e. p. suprime estas dos lineas y media.

4 Luc. XI, 1-2 — La e. p. añade, y su Iglesia.

7i 354 SUBIDA DEL MONTE CARMELO hablar mucho, porque bien sabía nuestro Padre celestial lo que nos convenia (1). Sólo encargó, con muchos encarecimientos, que perseverásemos en oración, es a saber: en la del Pater noster, di- ciendo en otra parte: Que conviene siempre orar, y nunca fal- tar (2). Mas no enseñó variedad de peticiones, sino que és- tas se repitan muchas veces y con fervor y cuidado. Porque, como digo, en éstas se encierra todo lo que es voluntad de Dios, y todo lo que nos conviene. Que, por eso, cuando Su Majestad acudió tres veces al Padre Eterno, todas tres veces oró con le misma palabra del Pater noster, como dicen los Evangelistas, diciendo: Padre, si no puede ser sino que tengo de beber este cáliz, hágase tu voluntad (3). Y las ceremonias con que él nos enseñó a orar, sólo es una de dos: o que sea en el escon- drijo de nuestro retrete, donde sin bullicio y sin dar cuenta a nadie lo podemos hacer con más entero y puro corazón, se- gún él dijo, diciendo: Cuando tú orares, entra en tu retrete, y cerrada la puerta, ora (4); o, si no, a los desiertos solitarios, como él lo hacia, y en el mejor y más quieto tiempo de la noche. Y así no hay para qué señalar limitado tiempo, ni días limitados, ni señalar éstos más que aquéllos para nuestras devociones, ni hay para qué usar (5) otros modos ni retruécanos de palabras y oraciones, sino sólo las que usa la Iglesia y como las usa; por- que todas se reducen a las que habernos dicho del Pater noster.

5. Y no condeno por eso, sino antes apruebo, algunos días que algunas personas a veces proponen de hacer devociones, en como ayunar ('6) y otras semejantes; sino el estilo que llevan en sus limitados modos y ceremonias con que las ha- 1 Matth.. VI, 7-8.

2 Luc. XVIII. 1.

3 Matth.. XXVI. 39.

4 Matth., VI. 6.

5 La e. p.: Y asi no hay para qué señalar tiempos ni días señalados, ni hay para qué usar, etc.

6 B: asi como algunas novenas.— A: así como algunos de novenas.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLIV 355 cen; como hizo Judit a los de Betulia, que los reprendió porque habían limitado a Dios el tiempo en que esperaban de Dios (1) misericordia, diciendo: ¿Vosotros ponéis a Dios tiem- po de sus misericordias? No es, dice, esto para mover a Dios a clemencia, sino para despertar su ira (2).

CAPITULO XLV EN QUE SE TRATA DEL SEGUNDO GENERO DE BIENES DISTINTOS, EN QUE SE PUEDE GOZAR VANAMENTE LA VOLUNTAD.

1. La segunda manera de bienes distintos sabrosos en que vanamente se puede gozar la voluntad, son los que provocan o persuaden a servir a Dios, que llamábamos provocativos. Es- tos son los predicadores, de los cuales podríamos hablar de dos maneras, es a saber: cuanto a lo que toca a los mismos predica- dores, y cuanto a los oyentes (3). Porque a los unos y a los otros no falta que advertir cómo han de guiar a Dios el gozo de su voluntad, así los unos, como los otros, acerca de este ejer- cicio.

2. Cuanto a lo primero, el predicador, para aprovechar al pueblo y no embarazarse (4) a sí mismo con vano gozo y pre- sunción, conviénele advertir que aquel ejercicio más es espiritual que vocal; porque aunque se ejercita con palabras de fuera, su fuerza y eficacia no la tiene, sino del espíritu interior. De donde por más alta que sea la doctrina que predica, y por más esmerada la retórica y subido el estilo con que va vestida, no hace de suyo ordinariamente más provecho que tuviere de espíritu. Porque aunque es verdad que la palabra de Dios de suyo es efi- 2 Judit.. VIII. 11-12.

3 E. p.: y cuanto a lo que toca a los oyentes.

4 Asi los Códices. La e. p. cambia esta palabra por envanecerse.

356 SUBIDA DEL MONTE CARMELO caz, según aquello de David, que dice: Que El dará a su voz, voz de virtud ( 1 ); pero también el fuego tiene virtud de quemar, y no quemará cuando en el sujeto no hay disposición.

3. Y para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber: una del que predica, y otra del que oye; porque ordinariamente es el provecho como hay la disposición de parte del que enseña. Que por eso se dice, que cual es el maestro, tal suele ser el discípulo. Porque cuando en los Actos de los Após- toles aquellos siete hijos de aquel (2) príncipe de los sacer- dotes de los Judíos, acostumbraban a conjurar los demonios con la misma forma que San Pablo, se embraveció el demonio con- tra ellos, diciendo: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero vosotros ¿quién sois? (5), y embistiendo con ellos, los desnudó y llagó. Lo cual no fué sino porque ellos no tenían la disposi- ción que convenía, y no porque Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen. Porque una vez hallaron los Apóstoles a uno, que no era discípulo, echando un demonio en nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprendió, dicien- do: No se lo estorbéis, porque ninguno podrá decir mal de mi en breve espacio, si en mi nombre hubiere hecho algunas virtu- des (4). Pero tiene ojeriza con los que enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no le tienen. Que por eso dice por San Pablo: Tú enseñas a otros, y no te enseñaas a ti. Tú que predicas que no hurten, hurtas (5). Y por David dice el Espíritu Santo: Al pecador, dijo Dios: ¿Por qué platicas tú mis justicias y tomas mi ley en tu boca, y tú has aborrecido la disciplina, y echado mis palabras a las es- paldas (6). En lo cual se da a entender que tampoco les dará es- píritu para que hagan fruto.

1 Ps. LXVH. 34.

2 El copista del C. de Alba deja aquí un pequeño espacio en blanco (sin duda porque no entendió la palabra del oriyinal), para llenarlo lueyo, aunque no realizó su propósito. La e. p. dice: aquellos sirte hijos de Escebas.

3 Act. XIX, 15.

4 Marc, IX. 38.

5 Rom.. II, 21.

6 P». XLIX, 16-17.

LIBRO TERCERO. — CAP. XLV 357 4. Que comúnmente vemos que, cuanto acá podemos juzgar, cuanto el predicador es de mejor vida, mayor es el fruto que hace, por bajo que sea su estilo, y poca su retórica, y su doc- trina común. Porque del espíritu vivo se pega el calor; pero el otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo y doctrina. Porque aunque es verdad que el buen estilo y accio- nes y subida doctrina y buen lenguaje mueven y hacen más efec- to acompañado de buen espíritu; pero, sin él, aunque da sabor y gusto el sermón (1) al sentido y al entendimiento, muy poco o nada de jugo pega a la voluntad. Porque comúnmente se queda tan floja y remisa como antes para obrar, aunque haya dicho maravillosas cosas maravillosamente dichas, que sólo sirven para deleitar el oido, como una música concertada o sonido de cam- panas; mas el espíritu, como digo, no sale de sus quicios más que antes, no teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepultura.

5. Poco importa oír una música sonar mejor que otra, si no me mueve más ésta que aquélla a hacer obras. Porque aun- que hayan dicho maravillas, luego se olvidan, como no pegaron fuego en la voluntad. Porque, demás de que de suyo no hace mucho fruto, aquella presa que hace el sentido en el gusto de la tal doctrina, impide que no pase al espíritu, quedándose sólo en estimación del modo y accidentes con que va dicha, alabando al predicador en esto o aquello, y siguiéndole por eso más que por la enmienda que de ahí se saca. Esta doctrina da muy bien a entender San Pablo a los de Corinto, diciendo: Yo, her- manos, cuando vine a vosotros, no vine predicando a Cristo con alteza de doctrina y sabiduría; y mis palabras y mi predicación no eran en retórica de humana sabiduría, sino en manifestación del espíritu y de la verdad (2).

1 Sólo en el C. de Ale. se leen las palabras el sermón.

2 I ad Cor., II, 1-4. B y e. p.: virtud, más conforme al texto de la Escritura.

358 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 6. Que aunque (1) la intención del Apóstol y la mía aquí no es condenar el buen estilo y retórica y buen término, porque antes hace mucho al caso al predicador, como también a todos los negocios; pues el buen término y estilo, aun las cosas caídas y estragadas levanta y reedifica, así como el mal término a las buenas estraga y pierde...(2).

2 La e. p. puso aquí: Fin de la "Subida del Monte Carmelo." Asi de incomple-. to queda el presente tratado. Deja sin terminar la materia pertinente a los predicado- res, y nada se conserva de lo que indica en el principio de este capítulo referente a los oyentes. Además, el capitulo XXXV, al reducir a cuatro géneros todos los bienes que pueden dar gozo a la voluntad, los dividió, como ya vimos, en motivos, provo- cativos, directivos y perfectivos. De estos últimos, no conocemos una sola linea, por- que todos los códices y ediciones antiguas terminan en esta frase.

Los fragmentos que el P. Gerardo añadió a la Subida, formando dos capítulos, no pueden considerarse como continuación de éste. No loes ciertamente, sino una exten- sa y admirable carta dirigida a un religioso, hijo espiritual suyo, que copió íntegra el P. Jerónimo de San José— lo propio practicó con otras muchas del Santo— en su co- nocida Historia del Doctor místico, libro VI, cap. VII, n. 2. Los fragmentos de ella, que se transcribieron en el Códice de Duruelo, en el de Pamplona y otros, se pusieron seguramente a continuación de la Subida por la analogía que la carta tiene con algunos de los capítulos de este cratado. Es cuestión que no ofrece duda. La fidelidad con que el P. Jerónimo copia las cartas del Santo (el cotejo con el autógrafo que de algunas de ellas se conserva da testimonio de esta virtud), es la mejor garantía de que también fué fiel en la reproducción de la presente; y seria imperdonable temeridad sospechar si- quiera que amañó una epístola sanjuanista de capítulos de sus tratados. ¿Para qué? La carta, como veremos en el último tomo, está escrita en Segovia, y lleva fecha de día, mes y año. No sé cómo el P. Gerardo pudo obcecarse en cosa tan clara, que luego ha dado ocasión a muchas suposiciones disparatadas respecto del texto de la Subida.

NOCHE OSCURA NOCHE OSCURA Declaración de las canciones del modo que tiene el alma en el camino espiritual para llegar a la perfecta unión de amor con Dios, cual se puede en esta vida. D ícense también las propiedades (2) que tiene en sí el que ha llegado a la dicha perfección, según en las mismas canciones se contiene (3).

PROLOGO (4).

En este libro se ponen primero todas las canciones que se han de declarar; después se declara cada canción de por sí, po- niendo cada una de ellas antes de su declaración, y luego se va declarando cada verso de por sí, poniéndole también al principio. En las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales: de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual. En las otras seis se declaran varios y admirables efectos de la iluminación espiritual y unión de amor con Dios (5).

1 Este titulo falta en todos los manuscritos que copian este tratado, menos en el 12.658 y en el de los Carmelitas de Toledo. — Para las abreviaturas véase lo dicho en el tomo I, pág. 306.

2 Prosperidades, traslada C equivocadamente.