Y que Nuestro Señor se enojó gravemente, que quisiesen ellos entremeter un manjar tan bajo y tosco con un manjar tan alto y sencillo; que, aunque lo era, tenia en si el sabor y substan- cia (1) de todos los manjares. Por lo cual, aun teniendo ellos los bocados en las bocas, según dice también David: Ira Dei descendit super eos (2). Descendió la ira de Dios sobre ellos, echando fuego del cielo y abrasando muchos millares de ellos; teniendo por cosa indigna que tuviesen ellos apetito de otro manjar dándoseles el manjar del cielo.
4. ¡Oh, si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y abundancia de espíritu, por no querer ellos acabar de levantar el apetito de niñerias, y cómo hallarian en este sencillo manjar del espíritu el gusto de todas las cosas, si ellos no quisieren gustarlas! Pero no le gustan (3), porque la causa por que és- tos no recibían el gusto de todos los manjares que había en el maná, era porque ellos no recogían el apetito a solo él. De ma- nera que no dejaban de hallar en el maná todo el gusto y for- taleza que ellos pudieran querer porque en el maná no le hubie- se, sino porque ellos otra cosa querían. Asi, el que quiere amar otra cosa juntamente (4) con Dios, sin duda es tener en poco a Dios, porque pone en una balanza con Dios lo que sumamente, como habernos dicho, dista de Dios.
5. Ya se sabe bien por experiencia que cuando una voluntad se aficiona a una cosa, la tiene en más que otra cualquiera, aun- que sea muy mejor que ella, si no gusta tanto de la otra. Y si de una y de otra quiere gustar, a la más principal, por fuerza ha de hacer agravio, pues hace entre ellas igualdad (5). Y por cuanto no hay cosa que iguale con Dios, mucho agravio hace a Dios el alma que con él ama otra cosa, o se ase a ella. Y pues esto es así, ¿qué sería si la amase más que a Dios?
2 Ps. LXXV1I, 31.
3 E. p.:...gustarlas más; y porque quisieran hacerlo, no le gustan.
4 La e. p. suprime esta palabra.
5 E. p.: V. ii de una y de otra quiere gustar, a la que es más principal ha de hacer agravto por fuerza, por la injusta igualdad que hace entre ellas.
LIBRO PRIMERO. — CAP. V 29 6. Esto tambicn es lo que se denotaba (1) cuando mandaba Dios a Moisés que subiese al monte a hablar con él; le man- dó que no solamente subiese él solo, dejando abajo a los hi- jos de Israel, pero que ni aun las bestias paciesen de con- tra (2) del monte. Dando por esto a entender que el alma que hubiere de subir a este monte de perfección a comunicar con Dios, no sólo ha de renunciar todas las cosas y dejarlas aba- jo (3), mas también los apetitos, que son las bestias, no las ha de dejar apacentar de contra de este monte, esto es, en otras cosas que no son Dios puramente, en el cual todo apetito cesa, esto es, en estado de la perfección. Y asi es menester, que el camino y subida para Dios, sea un ordinario cuidado de hacer cesar y mortificar los apetitos; y tanto más presto llegará el al- ma, cuanto más priesa en esto se diere. Mas hasta que cesen, no hay llegar, aunque más virtudes ejercite, porque le falta el con- seguirlas en perfección; la cual consiste en tener el alma vacia y desnuda y purificada de todo apetito. De lo cual también tenemos figura muy al vivo (4) en el Génesis, donde se lee que, querien- do el patriarca Jacob subir al monte Betel a edificar allí a Dios un altar en que le ofreció (5) sacrificio, primero mandó a toda su gente tres cosas: la una, que arrojasen de si todos los dio- ses extraños; la segunda, que se purificasen; la tercera, que mudasen sus vestiduras (6).
7. En las cuales tres cosas se da a entender, a toda alma que quiere subir a este monte a hacer de sí misma altar en el que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia pura, que primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber perfectamente hecho las dichas tres cosas (7). Lo prime- ro, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extra- 1 Asi Ale. y e. p.— A y B: eso también es lo que quiso dar a entender Dios.
2 De contra. Así se lee en el códice de Alcaudete. A y B.: junto al monte. La e. p.: a la vista del monte.
3 E. p. no trae: y dejarlas abajo.
4 E. p.: al vivo, solamente.
5 Los códices trasladan ofreció, que las ediciones cambian en ofreciese.
6 Gen. XXXV, 2.
7 Referidas, añade la e. p.
50 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ñas aficiones y asimientos; y lo segundo, que se purifiquen del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos, con la no- che oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintién- dose ordinariamente (1), y lo tercero que ha de tener para llegar a este alto monte, es las vestiduras mudadas, las cuales, mediante la obra de las dos cosas primeras, se las mudará Dios de viejas en nuevas, poniendo en el alma un nuevo ya entender de Dios en Dios, dejando el viejo (2) entender de hombre y un nuevo amar a Dios en Dios, desnuda ya la voluntad de todos sus viejos quereres y gustos de hombre, y metiendo al alma en una nueva noticia y abismal deleite (3), echadas ya otras noticias e imágenes viejas aparte, y haciendo cesar todo lo que es del hombre viejo, que es la habilidad del ser natural, y vis- tiéndose de nueva habilidad sobrenatural según todas sus po- tencias. De manera que su obrar ya de humano se haya vuelto en divino, que es lo que se alcanza en estado de unión, en la cual el alma no sirve de otra cosa sino de altar, en que Dios es adorado en alabanza y amor, y sólo Dios en ella está. Que por eso mandaba Dios que el altar donde habia de estar el arca del Testamento (4), estuviese de dentro vacio (5); para que entienda el alma cuán vacía la quiere Dios de todas las cosas, para que sea altar digno donde esté Su Majestad. En el cual altar tampoco permitía ni que hubiese fuego ajeno, ni iue faltase jamás el propio; tanto, que porque Nadab y Abiud que eran los hijos del sumo sacerdote Aarón, ofrecieron fuego ajeno en su altar, enojado Nuestro Señor los mató allí delante del altar (6). Para que entendamos que en el alma, ni ha de faltar amor de Dios para ser digno altar, ni tampoco otro amor ajeno se ha de mezclar.
3 Y abisal deleite. El Códice de Alcaudete no trae estas palabras, por omisión involuntaria del copista. Las traen A, B y C. El manuscrito D traslada: habitual de- leite. Las ediciones abismal deleite. La primera lectura es la del Santo, que empleó la palabra abisal, ya quiid en desuso en 1616. cuando se hizo la primera edición.
4 El Arca del Testamento. Asi los Códices. La e. p., más conforme con lo que dice la Escritura, cambia así la frase: donde se habían de hacer los sacrificios.
5 Exod.. XXVII. 8.
6 Levit.. X. I. E. p.: delante del mismo altar.
LIBRO PRIMERO. — CAP. V 3: 8. No consiente Dios a otra cosa morar consigo en uno. De donde se lee en el libro primero de los Reyes, que metien- do los filisteos el Arca del Testamento en el templo donde estaba su ídolo, amanecía el idolo cada día (1) arrojado en el suelo, y hecho pedazos; y sólo aquel apetito consiente y quiere que haya donde él está, que es de guardar la ley de Dios perfectamente, y llevar la cruz de Cristo sobre sí Y asi no se dice en la Escritura Divina que mandase Dios poner en el arca, donde estaba el maná, otra cosa, sino el libro de la Ley (2), y la vara de Moisés, que significa la cruz (3) Porque el alma que otra cosa no pretendiere que guardar perfectamente la ley del Señor y llevar la cruz de Cristo, será arca verdadera que tendrá en si el verdadero maná, que es Dios (4), cuando venga a tener en sí esta ley y esta vara perfectamente sin otra cosa alguna.
CAPITULO VI EN QUE SE TRATA DE DOS DAÑOS PRINCIPALES QUE CAUSAN LOS APETITOS EN EL ALMA, EL UNO PRIVATIVO Y EL OTRO POSI- TIVO (5).
1. Y para que más clara y abundantemente se entienda lo di- cho, será bueno poner aqui y decir cómo (6) estos apetitos causan en el alma dos daños principales: el uno es que la privan del es- píritu de Dios; y el otro es que al alma en que viven, la cansan, atormentan, oscurecen, ensucian y enflaquecen, según aquello que dice Jeremías, capitulo U: Dúo mala fecit Populas meus: dere- Liquerunt fontem aquae vivae, et foderunt sibi cisternas, dissi- patas, quae continere non valent aquas. Quiere decir: Dejáron- 2 LW. XXXI 26.
3 Núm.. XVII. 10.
4 Aquí termina la e. p.
5 La e. p. añade: Pruébalo con autoridades de la Escritura.
6 E. p.: será bueno decir aquí cómo.
32 SUBIDA DEL MONTE CARMELO me a raí, que soy fuente de agua viva, y cavaron para si cister- nas rotas, que no Queden tener agua (t). Esos dos males, convie- ne a saber: privación y positivo, se causan por cualquiera acto desordenado de! apetito. Y, primeramente, hablando del privativo, claro está que por el mismo caso que (2) el alma se aficiona a una cosa que cae debajo de nombre de criatura, cuanto aquel apetito tiene de más entidad en el alma, tiene ella de menos ca- pacidad para Dios; por cuanto no pueden caber dos contra- rios, según dicen los filósofos, en un sujeto; y también dijimos en el cuarto capitulo, y afición de Dios y afición de criatura son contrarios, y asi no caben en una voluntad afición de cria- tura y afición de Dios (3). Porque ¿qué tiene que ver criatura con Criador?, ¿sensual con espiritual?, ¿visible con invisible?, ¿temporal con eterno?, ¿manjar celestial, puro, espiritual, con el manjar del sentido puro sensual? (4), ¿desnudez de Cristo con asimiento en alguna cosa?
2. Por tanto, asi como en la generación natural no se puede introducir una forma, sin que primero se expela del sujeto la forma contraria que precede, la cual estando es impedimento de la otra por la contrariedad que tienen las dos entre si; asi, en tanto que el alma se sujeta al espíritu sensual (5), no puede entrar en ella el espíritu puro espiritual. Que por eso dijo Nuestro Salvador por San Mateo: Non est bonum sumere panent fiUorum, et mittere canibus (6). Esto es: No es cosa convenien- te tomar el pan de los hijos y darlo a los canes (7). Y también en otra parte dice por el mismo Evangelista (8): Nolite san- ctum daré canibus. Que quiere decir: No queráis dar lo santo a 1 Jerem., II. 13.
2 Asi el C. de Alo — A, B y e. p.: Los cuales dos malea en un acto de apetito se causan. Porque, claro está, que por el mismo caso que.
3 La e. p. modifica asi estas lineas: "de mas entidad en el alma, tanto ella tiene menos de capacidad para Dios, pues, como dijimos en el capitulo IV, no pueden ca- ber dos contrarios en un sujeto; y afición de Dios y afición de criatura contrarios son y asi no caben en uno." A y B no copian las palabras: según dicen los filósofos y también dijimos en el cuarto capítulo.
4 E. p.: sensible. Vid. la nota de la pág. H.
5 Sensual. Así Ale, A y B. La e. p. cambia la palabra por sensible y animal.
6 Matth.. XV. 26.
7 Así el C. de Ale— A, B y la e. p.: perros. Lo propio ocurre un poco más abajo.
8 Matth.. VII. 6. Asi el C. de Ale. -A y B: Et alibi. La e. p.: Y en otra parte.
LIBRO PRIMERO. — CAP. VI 53 los canes. En las cuales autoridades compara Nuestro Señor a los que negando los apetitos de las criaturas se disponen para recibir el espíritu de Dios puramente, a los hijos de Dios; y a los que quieren cebar su apetito en las criaturas, a los pe- rros. Porque a los hijos les es dado comer con su padre a la mesa y de su plato, que es apacentarse de su espíritu, y a los canes las meajas (1) que caen de la mesa.
3. En lo cual es de saber, que todas las criaturas son meajas que cayeron de la mesa de Dios. Por tanto, justamente es lla- mado can el que anda apacentándose en las criaturas, y por eso se les quita el pan de los hijos, pues ellos no se quieren levantar de las meajas de las criaturas a la mesa del espí- ritu increado de su Padre. Y por eso justamente, como perros, siempre andan hambreando, porque las meajas más sirven de avivar el apetito que de satisfacer el hambre. Y asi, de ellos dice David: Famem patientur ut canes, et circuibunt civitatem. Si vero non fuerint saturati, et murmurabunt (2). Quiere decir: Ellos padecerán hambre como perros, y rodearán la ciudad, y como no se vean hartos, murmuraran. Porque ésta es la propiedad del que tiene apetitos, que siempre está descontento y desabrido, como el que tiene hambre; ¿pues qué tiene que ver el hambre que ponen todas las criaturas, con la hartura (3) que causa el espíritu de Dios? Por eso no puede entrar esta hartura increada en el alma, si no se echa primero esotra hambre criada del apetito del alma; pues, como habernos dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, los cuales en este caso son hambre y hartura.
4. Por lo dicho se verá cuánto más hace Dios en limpiar y purgar un alma (4) de estas contrariedades, que en criarla de no- 1 Meajas. Desde la e. p. se cambió esta palabra por la de migaja, menos familiar. Meaja dice el Santo en los Amaos, que se conservan autógrafos en Andújar.
2 Ps. LVIII. 15-16.
3 Por equivocación mecánica, saltó el copista del Códice de Alcaudete a otra palabra igual que viene una linea después. Lo suprimido se lee en los demás manus- critos.
4 La e. p. modifica en la siguiente forma estas líneas: "Por eso no puede entrar esta hartura de Dios en el alma si no se echa primero de ella esta hambre del apetito, pues, como está dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, que son hambre 3 34 SUBIDA DEL MONTE CARMELO nada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios, más opuestas y resistentes son a Dios (1) que la nada; por- que ésta no resiste (2). Y esto baste acerca del primer daño principal que hacen al alma los apetitos, que es resistir al es- píritu de Dios, por cuanto arriba está ya dicho mucho de ello.
5. Ahora digamos del segundo efecto que hacen en ella, el cual es de muchas maneras, porque los apetitos cansan al al- ma y la atormentan y oscurecen, y la ensucian y la enflaquecen. De las cuales cinco cosas iremos diciendo de por si.
6. Cuanto a lo primero, claro está que los apetitos cansan y fatigan al alma; porque son como unos hijuelos inquietos y de mal contento, que siempre están pidiendo (3) a su madre uno y otro, y nunca se contentan. Y asi como se cansa y fatiga el que cava por codicia del tesoro, asi se cansa y fatiga el alma por conseguir lo que sus apetitos le piden; y aunque lo consiga, en fin, siempre se cansa, porque nunca se satisface; porque, al cabo, son cisternas rotas las que cava, que no pueden tener agua para satisfacer la sed. Y asi, como dice Isaías: Lassus adhuc sitit, et anima e¡us vacua est (4). Que quiere decir: Está su apetito vacio. Y cánsase y fatígase el alma que tiene apeti- tos; porque es como el enfermo de calentura, que no se halla bien hasta que se le quite la fiebre, y cada rato le crece la sed. Porque, como se dice en el libro de Job: Cum satiatus juení, arctabitur, aestuabit, et omnis dolor irruet super eum (5). Que quiere decir: Cuando hubiere satisfecho su apetito, quedará más apretado y agravado; creció en su alma el calor del apeti- to y así caerá sobre él todo dolor. Cánsase y fatígase el alma con sus apetitos, porque es herida y movida y turbada de ellos y hartura. Por lo dicho se verá cuanto mas es, en cierta manera, lo que Dios hace en limpiar y purgar un alma," etc.
1 La e. p.: maj parece que estorban a Dios.
2 Añade la e. p.: a Su Majestad, y el apetito de criatura sí.
3 Diciendo escribió por error material el copista del Códice de Alcaudete. Loa demás trasladan pidiendo.
4 Isai., XXIX, 8. Las ediciones suplen la traducción de la primera parte del texto latino, que el Santo y los Códices omitieron: Después de cansado y fatigado, todavía tiene sed, etc.
5 Job.. XX. 22.
LI6R0 PRIMERO. — CAP. VI 35 como el agua de los vientos, y de esa misma manera la albo- rotan, sin dejarla sosegar en un lugar ni en una cosa. Y de la tal alma dice Isaías: Cor impii quasi mare fervens (1). El corazón del malo es como el mar cuando hierve; y es malo el que no vence los apetitos. Cánsase y fatigase el alma que de- sea cumplir sus apetitos, porque es como el que teniendo ¡íam- bre, abre la boca para hartarse de viento, y en lugar de har- tarse se seca más, porque aquél no es su manjar. A este propó- sito dijo Jeremías: In desiderio animae suae attraxit ventum amoris sai (2). Como si dijera: En el apetito de su voluntad atrajo a sí el viento de su afición. Y luego dice adelante, para dar a entender la sequedad en que esta tal alma queda, dando avi- so y diciendo: Prohibe pedem tuum a nuditate, et guttur tuum a siti (3). Que quiere decir: Aparta tu pie, esto es, tu pensa- miento, de la desnudez; y tu garganta de la sed, es a saber: tu voluntad del cumplimiento del apetito que hace mas> sequía (4), y asi como se cansa y fatiga el enamorado en el día de la esperanza, cuando le salió su lance en vacío, se cansa el alma y fatiga con todos sus apetitos y cumplimiento de ellos, pues to- dos la causan mayor vacío y hambre; porcue, como comúnmente dicen, el apetito es como el fuego, que echándole lefia crece, y luego que la consume, por fuerza ha de desfallecer.
7. Y aun el apetito es de peor condición en esta parte; porque el fuego, acabándose la leña, descrece; mas el apetito no descrece en aquello que se aumentó cuando se puso por obra, aunque se acaba la materia, sino que en lugar de descrecer, como el fuego cuando se le acaba la suyá, él desfallece en fa- tiga, porque queda crecido el hambre y disminuido el manjar. Y de éste habla Isaías, diciendo: Declinaba ad dexteram, et esu- riet: et comedet ad sinistram, et non saturabitur (5). Quiere de- 1 Isa!.. LVn. 20.
2 Jerem.. II, 24. E. p.: Y así. dice de la tal alma Jeremías.
3 Jerem., II, 25.
4 La e. p. cambia la frase que hace más sequía, de los Códices, por la de causa más sequedad, y suprimiendo las palabras que siguen, reanuda el discurso: El apetito es como el fuego.
5 Imü.. IX. 20.
36 SUBIDA DEL MONTE CARMELO cir- Declinará hacia la mano derecha, y habrá hambre; y co- merá hacia la siniestra, y no se hartará. Porque éstos que no mortifican sus apetitos, justamente, cuando declinan (1), ven la hartura del dulce espíritu de los que están a la diestra de Dios, la cual a ellos no se le concede; y justamente cuando corren hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna cria- tura, no se hartan; pues dejando lo que sólo puede satisfacer, se apacientan de lo que les causa más hambre. Claro está (2), pues, que los apetitos cansan y fatigan al alma.
CAPITULO Vil EN QUE SE TRATA COMO LOS APETITOS ATORMENTAN AL ALMA. PRUE- BALO (3) TAMBIEN POR COMPARACIONES Y AUTORIDADES.
1. La segunda manera de mal positivo que causan al alma los apetitos, es que la atormentan y afligen a manera del que está en tormento de cordeles amarrado (4) a alguna parte, de lo cual hasta que se libre no descansa. Y de éstos dice David: Funes peccatorum circumplexi sunt me (5). Los cordeles de mis pecados, que son mis apetitos, en derredor me han apretado.
Y de la misma manera que se atormenta y aflige al que des- nudo se acuesta sobre espinas y puntas, asi se atormenta el al- ma y aflige cuando sobre sus apetitos se recuesta. Porque a manera de espinas hieren y lastiman y asen y dejan dolor.
Y de ellos también dice David: Circumdederunt me sicut apes: ct exarserunt sicut ignis in spinis (6). Que quiere decir: Ro- deáronse de mí como abejas (7), punzándome con sus aguijones 1 Asi el C. de Ale— A, B y la e. p.: "cuando declinan al camino de Oios (que es a diestra), tienen hambre, porque no merecen la hartura del dulce espíritu. Y, justa- mente, cuando comen hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna criatura, no se hartan," etc.
3 Así el C. de Ale. y la e. p. — A y B: Pruébase por comparaciones y autorida- des de la Sagrada Escritura.
4 El Códice de Alcaudete traslada abarreado. Me parece errata de transcripción.
5 Ps. CXVIIl. 61.
6 Ps. CXV1I, 12.
7 Rodeáronse de mí como abejas. La e. p. está conforme con el Códice de Al- caudete. A. y B trasladan: rodeáronme como abejas pumadoras.
LIBRO PRIMERO. — CAP. VI 37 y encendiéronse contra mi, como el fuego en espinas; porque en los apetitos, que son las espinas, crece el fuego de la angustia y del tormento. Y asi como aflige y atormenta el gañán al buey debajo del arado, con codicia de la mies que espera, asi la concupiscencia aflige al alma debajo del apetito por conseguir lo que quiere. Lo cual se echa bien de ver en aquel apetito que tenia Dalila de saber en qué tenia tanta fuerza Sansón, que dice la Escritura que la fatigaba y atormentaba tanto, que la hizo desfallecer, casi hasta morir diciendo: Defecit anima c/us, et ad mortem usque ¿assata est (1).
2. El apetito tanto más tormento es para el alma, cuanto él es mas intenso. De manera que tanto hay de tormento, cuanto hay de apetito, y tantos más tormentos tiene, cuantos más ape- titos la poseen; porque se cumple en la tal alma, aun en esta vida, lo que se dice en el Apocalipsi de Baoilonia (2) por estas palabras: Quantum gtonjicavit se, et in deliciis ¡uií, tantum date iLLi tormentum, et luctum (3). Esto es: Tanto cuanto se quiso ensalzar y cumplir sus apetitos, dadle de tormento y angus- tia. Y de la manera que es atormentado y afligido el que cae en manos de sus enemigos, asi es atormentada y afli- gida el alma que se deja llevar de sus apetitos. De lo cual hay figura en el libro de los Jueces, donde se lee que aquel tuerte Sansón, que antes era fuerte y libre y juez de Israel, cayendo en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza, y le saca- ron los ojos, y le ataron a moler en una muela (4), adonde le atormentaron y afligieron mucho (5); y asi acaece al alma donde estos enemigos de apetitos viven y vencen; que lo prime- ro que hacen es enflaquecer al alma y cegarla, como abajo di- remos, y luego la afligen y atormentan, atándola a la muela 1 Judie. XVI. 16.
2 La e. p. omite: de Babilonia.
3 Apoc.. XVm. 7.
* La e. p.; "De lo cual hay figura en aquel fuerte Sansón, que antea lo era tanto, y libre. Juez de Israel, que cayendo en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza. I« sacaron los ojos, y le ataron a moler en una muela, donde asaz le atormentaron y afligieron." A y B. siguen al C de Ale. pero en vez de maela leen atahona, y supri- me» las palabras: y afligieron macho.
5 Judie.. XVI, 21.
38 SUBIDA DEL MONTE CARMELO de la concupiscencia, y los lazos con que está asida son sus mismos apetitos.
3. Por lo cual, habiendo Dios lástima a éstos que con tan- to trabajo y tan a costa suya andan a satisfacer la sed y hambre del apetito en las criaturas, les dice por Isaías: Omnes sitientes, venite ad aquas; et qui non habetis argentum, pro- perate, emite, et comedite-. venite, emite absque argento, vinum, et lac. Quare appenditis argentum non in panibus, et laborern vestrum non in saturitate? (1). Como si dijera: Todos los que tenéis sed de apetitos, venid a las aguas, y todos los que no te- néis plata de propia voluntad y apetitos daos prisa; comprad de mi y comed; venid y comprad de mi vino y leche (que es paz y dulzura espiritual), sin plata de propia voluntad, y sin darme por ello trueque alguno del trabajo, como dáis por vues- tros apetitos (2). ¿Por qué dais la plata de vuestra volun- tad (3) por lo que no es pan, esto es, del espíritu divino, y po- néis el trabajo de vuestros apetitos en lo que no os puede har- tar? Venid, oyéndome a mi, y comeréis el bien que deseáis, y deleitarse ha en grosura vuestra alma.
4. Este venir a la grosura es salirse de todos los gustos de criatura; porque la criatura atormenta, y el espíritu de Dios recrea. Y asi, nos llama él por San Mateo, diciendo: Venite ad me omnes, qui labor atis, et onerati estis, et ego reficiam vos, et invenietis réquiem animabus vestris (4). Como si dijera: Todos los que andáis atormentados, afligidos y cargados con la carga de vuestros cuidados y apetitos, salid de ellos, viniendo a mí, y yo os recrearé, y hallaréis para vuestras almas el descanso que os quitan vuestros apetitos, y asi son pesada carga, porque de ellos dice David: Sicut onus grave gravatae sunt super me (5).
1 Isai.. LV, 1-2.
2 A y B repiten: vino y leche, que es paz y dulzura.
3 E. p.: de vuestra propia voluntad.
4 Matth., XI, 28-29.
5 Ps., XXXVI!. 5.
LIBRO PRIMERO— CAP. VIII 39 CAPITULO VIII EN Ql'E SE TRATA COMO LOS APETITOS OSCURECEN Y CIEGAN AL ALMA (1).
1. Lo tercero que hacen en el alma los apetitos, es que la ciegan y oscurecen. Asi como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; o como el espejo tomado del paño no puede recibir serenamente en si el rostro, o como el agua envuelta en cieno no se divisa bien la cara del que en ella se mira (2); así, el alma que de los apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar (3) para que ni el sol de la razón natural, ni el de la Sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así dice David, hablando a este propósito: Comprehenderunt me iniquitates meae, et non potui, at viderem (4). Que quiere de- cir: Mis maldades (5) me comprendieron, y no pude tener poder para ver.