las Asambleas políticas. Proclama el derecho de supremo arbitraje que re- side en los electores, y luego acepta más o menos explícitamente el supre- mo derecho de insurrección, contradictorio de aquel arbitraje pacífico y supremo. Proclama el derecho de insurrección de las muchedumbres, lo cual es proclamar su soberana omnipotencia, y luego da la ley del censo electoral, lo cual es condenar al ostracismo a las muchedumbres sobera- nas. Y con todos estos principios y contraprincipios, se propone una sola cosa: alcanzar a fuerza de artificio y de industria un equilibrio que nunca alcanza, porque es contradictorio de la naturaleza de la sociedad y de la naturaleza del hombre. Sólo para una fuerza no ha buscado la escuela libe- ral su correspondiente equilibrio: la fuerza corruptora. La corrupción es el dios de la escuela; y como Dios, está a un tiempo mismo en todas partes. De tal manera ha combinado las cosas la escuela liberal, que donde ella prevalece, todos han de ser forzosamente corruptores o corrompidos; por- que en donde no hay ningún hombre que no pueda ser César o votar al César o aclamar al César, todos han de ser, o Césares o pretorianos. Por esta razón, todas las sociedades que caen debajo de la denominación de esta escuela, mueren de una misma muerte, todas mueren gangrenadas. Los Reyes corrompen a los Ministros prometiéndoles la eternidad; los Minis- tros a los Reyes prometiéndoles el ensanche de su prerrogativa. Los Ministros corrompen a los representantes del pueblo poniendo a sus pies todas las dignidades del Estado; las Asambleas a los Ministros con sus votos; los elegidos trafican con su poder; los electores con su influencia; todos co- rrompen a las muchedumbres con sus promesas, y las muchedumbres a to- dos con bramidos y amenazas.
2. Volviendo a anudar el hilo de este discurso, diré que cuando las es- cuelas socialistas niegan la existencia de Dios, que viene afirmada por la escuela liberal, no hacen otra cosa sino ser más lógicas que la liberal y más consecuentes. Y sin embargo de esto, distan mucho de serlo, tanto en su línea, como lo es en la suya la escuela católica. La escuela católica afirma a Dios con todos sus atributos, con una afirmación dogmática y soberana; las socialistas al revés, aunque vienen a negarle en definitiva, ni le niegan del mismo modo, ni le niegan por unas mismas razones, ni le niegan resuelta- mente. Consiste esto en que el hombre más intrépido se sobrecoge de es- panto al afirmar que no hay Dios, de una manera absoluta. Cualquiera di- ría que, al llegar aquí, teme el hombre no poder pasar de aquí, y que se desplome el cielo sobre el blasfemador y su blasfemia. Los unos le niegan diciendo: «Todo lo que existe es Dios, y Dios es todo lo que existe»; los otros, afirmando que la humanidad y Dios son cosas idénticas: entre ellos hay al- JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 147 o pes ej. mc 20 pde a q de fuerzas y ener- | Aquí hay tres cosas: primera, afirmación de una fuerza universal, inte- E, EE En dE p ante de ese dualismo, Los que Bon de ligente y divina, que es el panteísmno; segunda, encarnación más exceleny € sentir, distinguen en el hombre las fuerzas reflexivas y las energías es- te de Dios en la humanidad, que es el humanismo; tercera, negación de un a a EN E las primeras, y la divinidad vela Dios personal y de su providencia, que viene a ser el deísmo. | EN Ata e > EE ppt 1OS be es ni e lo que existe En la obra que intituló Sistema de las contradicciones económicas, capítulo E. cs; re. Otros son de otro parecer, y] vuL, dice ask «Prescindne de la hipótesis panteista, que siempre me ha pa au li hombre o parte del hombre, que sea la humanidad o recido una hipocresía o una cobardía. Dios es personal o no existe». Aquí E pad lesion denle de pom es A Ser sujeto AAA se afirma todo lo que en el iento anterior se niega, Ad niega lo que en el opormdlas a pe din que ds ps pe influencia o lexto anterior se afirma. alí se afirma un Dios panteísta 6 impersonal; aquí e ': ncarnado: Dios se ha encarnadg | se niegan, como dos cosas igualmente absurdas, la impersonalidad de Dios y y en Algjanoto, yen César, y en Carlo-Magno, y en Napoleón; se y el panteísmo. A: o de E y luego en el | Más adelante añade en este capítulo: «El verdadero remedio contra el el de e Ani ia da A + e e e a y después fanatismo no me parece que está en identificar a la humanidad con la divi- ea cil td mm se cada una de estas encar- nidad, Lo cual no viene el otra cosa sino afirmar en economía política el se » pa y a o del progreso cada vez que, a COmurisito, y en filosofía el misticismo y el statu quo, el verdadero remedio secuencia de una nueva encarnación, cambia de nuevo su semblante. está en demostrar a la humanidad que Dios, si es que existe, es su enemi- E o y absurdos se han encarnado en go». Después de haber dado al traste con su pantelsmo y con su Dios Em: o de becas Las ads os Ñ pa do E ser la personifi- personal, aquí acaba con el humanismo, que está contenido en la defini- be ie A RAI Istas. ste hombre es M. ción del texto. Por otra parte, aquí comienza a revestirse de una forma con- udhon, de quien hemos hecho mérito, y de quien lo haremos muchas creta la teoría de la rivalidad entre Dios y el hombre, de que hemos hecho veces en el discurso de esta obra. M. Proudhon pasa por el más docto y mérito ya en otro capítulo de este libro. ONsecuente de los socialistas modernos: por lo que hace a su doctrina, no Cabe duda sino que es superior a la de cuasi todos los racionalistas contem- POtáneos; por lo que hace a su consecuencia, por las muestras que damos ds relativas todas a los problemas que son asunto de este libro, podrán OTmarse de ella una idea cabal nuestros lectores. primera edición de 1849: «Guanto más profundizamos la naturaleza de los atributos que pres- En las Confesiones de un revolucionario, M. Proudhon define a Dios de la tamos a Dios, y según el lado por donde los consideramos, tanto más parece aproximarse O Manera siguiente: «Dios es la fuerza universal, penetrada de inteligencia, alejarse de nosotros, hasta el punto de que la esencia de Dios puede ser considerada, ora como la esencia misma del hombre, o como un antagonista suyo». Cuando Proudhon añadía estas S produce, por la conciencia infinita que de sí tiene, los seres de todos eta hat Teffaia estra ET, a 07 ia deste Hit mponderable hasta ob. palabra a su primitivo texto, seguramente había leído ya la obra de Donoso, segun resulta de ¿A > p asta el hombre, y que sólo en el una nota de su libro, sobre la cual hablaremos más adelante. Pero el modo con que Proudhon S Mbre llega a reconocerse a sí misma, y a decir: -Yo-. Lejos de ser nuestro intenta desvanecer toda contradicción entre sus dos teorías del Dios-Humanidad y del Dios an- ¿Mor Dios el asunto de nuestras investigaciones, ¿CÓMO se han atrevido los tagonista del hombre, no honran, en verdad, su talento, Si la esencia de Dios puede ser considerada Umaturgos a convertirle en un ser person al, R ey abioluto unasveces como como la esencia propia del hombre, ¿cómo se la puede considerar también antagonista? ¿Cabe por el De a tii ss les 1 LD y '? ventura que una esencia sea antagonista de si propia? ¿No se ve claramente que esto no puede J y os Cristianos, y constitucional otras, como el de - ser? ¿Puede la razón considerar lo inconcebible, lo contradictorio, lo absurdo? El Sr. Proudhon los deístas, y cuya providencia incomprensible parece perpetua y únicamente conoce el valor de los términos que emplea; luego, cuando tales enormidades pronuncia en OCUbada en desorientar nuestra razón?»!. son de oráculo, quiere evidentemente burlarse de sus lectores. No sabiendo nada, ni de Dios ni del hombre, y desesperado de salir de su ignorancia, quiere al menos explotar la creduli- dad imbécil de la turba de descreídos: toda esa ostentación de impiedad y blasfemias no se >. En la segunda edición de las Confesiones de un revolucionario (1852) después de las pala- encamina sino a engañar a sus lectores, a cubrir con este cínico manto la enfermedad de su * Dios es el objeto de nuestro estudio, se hallan intercaladas estas otras que no estaban en la razón, y meter ruido.
Y 148 JUAN DONOSO CORTÑ% ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 149 inbiduría. Y mientras que el vulgo le nombra con el tierno nombre de Pa- Ire, ni el historiador ni el economista filósofo encuentran motivo para creer sm la posibilidad de que nos estime y nos ame».
Con estas palabras viene a tierra el maniqueísmo proudhoniano. El hombre no es rival, sino el esclavo despreciado de Dios; no es el bien ni es el mal, es una criatura en que se agitan los instintos groseros y serviles que en los esclavos engendra la servidumbre: Dios es no se qué conjunto de leyes severas, inflexibles y matemáticas; obra el bien sin ser bueno, y su mi- rantropía atestigua que sería malo si pudiera. El dios proudhoniano mues- tra aquí un parentesco evidente con el Fatum de los antiguos. El fatalismo se descubre más claramente todavía en estas palabras: «Llegados a la se- unda estación de nuestro Calvario, en vez de entregarnos a contemplacio- nes estériles, lo que nos conviene es poner un oído cada vez más atento a las enseñanzas del destino. La fianza de nuestra libertad está cabalmente en el progreso de nuestro suplicio».
En pos del fatalista viene el ateo. «¿Qué cosa es Dios? ¿En dónde está? ¿En cuántos dioses se multiplica? ¿Qué es lo que quiere? ¿Hasta dónde, al- canza su poder? ¿Qué promesas nos hace? Y ved aquí que, cuando para des- cubrir todas estas cosas tomamos en la mano la antorcha del análisis, luego al punto todas las divinidades del cielo, de la tierra y de los infiernos se nos convierten en un no sé qué incorpóreo, impasible, inmóvil, incomprensi- ble, indefinible, y, para decirlo todo de una vez, en una negación de todos los atributos de la existencia. En efecto; ahora ponga el hombre detrás de cada objeto un espíritu o genio especial, ahora conciba el universo como vobernado por un poder único en cualquiera de estas suposiciones no hace otra cosa sino afirmar la hipótesis de una entidad incondicional, es decir, imposible, para sacar de ella una explicación medianamente satisfactoria de los fenómenos que no puede concebir de otra manera. ¡Misterio altísi- mo y profundísimo! Para hacer cada vez más racional el objeto de su idola- tría, el creyente le va despojando sucesivamente de todo lo que podría cons- tituir su realidad; y después de esfuerzos prodigiosos, de lógica y de inge- nio, venimos a parar en que los atributos del Ser por excelencia van a con- fundirse y a identificarse con los de la nada. Esta evolución es fatal e i¡nevi- table. El ateísmo está en el fondo de toda teodicea». (Systeme des contradictions, Prologue).
4. Una vez llegado a esta conclusión suprema y a este abismo tenebro- so, no parece sino que las furias entran en posesión del ateo. Las blasfe- mias hinchan su corazón, oprimen su garganta, queman sus labios, y cuan- do intenta levantarlas en pirámide, poniéndolas unas sobre otras, hasta el La condenación del humanismo y la teoría de la rivalidad aparecen má! claras en el capítulo IX de la misma obra, en donde se lee lo que sigue: «Por mi parte (y siento en verdad haberlo de confesar, cierto como estoy de que esta declaración me separa de los más inteligentes entre los socialig tas), mientras más pienso en ella, más impasible me es suscribir a esta deifi: cación de nuestra especie, que bien considerada, no es otra cosa, en los ateos de nuestros días, sino el último eco de los terrores religiosos; y la cual, rehabilitando y consagrando el misticismo con el nombre de humanismo),. vuelve a poner las ciencias bajo el imperio de las preocupaciones, la moral bajo el imperio de los hábitos, la economía social bajo el imperio del co- munismo, o lo que es lo mismo, de la atonía y de la miseria, y por último, la lógica misma bajo el imperio de lo absurdo y de lo absoluto. Y cabalmen- te porque me veo obligado a repudiar...esta religión, juntamente, con to- das las que la precedieron, es por lo que necesito todavía admitir como plau- sible la hipótesis de un Ser infinito...contra el cual debo luchar hasta la- muerte, porque ese es mi destino, coma Israel contra Jehová».
Nada queda de la definición de Dios sino la negación de la Providen- cia; y hasta esa negación desaparece con esta afirmación contraria: «Y véa- se cómo caminamos a la ventura, conducidos por la Providencia, que nun- ca nos avisa sino cuando nos hiere». (Systeme des contradictions, cap. UI).
Por lo expuesto se ve que M. Proudhon, recorriendo la escala de todas las contradicciones racionalistas, es ahora panteísta, luego humanista, des- pués maniqueo; que cree en un Dios impersonal, y luego declara monstruosa y absurda la idea de un Dios, si el Dios ideado no es una persona, y por último, que afirma y niega la providencia al mismo tiempo. En una de nues- tros capítulos anteriores vimos de qué manera, en la teoría maniquea de la rivalidad entre Dios y el hombre, el hombre proudhoniano era el repre- sentante del bien, y el dios proudhoniano el representante del mal: ahora veremos de qué manera, según el mismo Proudhon, todo este sistema vie- ne al suelo.
En el capítulo II de la obra ya citada se expresa de esta manera: «La naturaleza o la Divinidad ha desconfiado de nuestros corazones, y no ha creído en el amor del hombre, por sus semejantes. Todos los descubrimien- tos de las ciencias acerca de los designios de la Providencia sobre las evolu- ciones sociales (sea dicho para vergúenza de la conciencia humana, y sépa- lo nuestra hipocresía) dan testimonio de una misantropía profunda por parte de Dios. Dios nos da ayuda no por bondad, sino porque el orden cons- tituye su esencia. Si procura el bien del mundo, no es porque le juzgue dig- no del bien, sino porque está obligado a ello por la religión de su suprema 150 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 15 trono de Dios, ve con asombro, que vencidas de su peso específico, en vez de subir con ligerísimas alas, caen pesadas y groseras en el abismo, que es su centro. Su lengua no encuentra palabras que no sean sarcásticas o des- deñosas, ni vocablos que no sean torpes o iracundos, ni arranques que no sean frenéticos. Su estilo es a un tiempo mismo impetuoso y sucio, elocuente sin aliño, y cínicamente grosero. Aquí exclama: «¿De qué sirve adorar este fantasma de Divinidad? ¿Y qué es lo que exige de nosotros por medio de esta comparsa de inspirados que nos persiguen en todas partes con sermo- nes?» (Systeme des contradictions, cap. II). Y más allá deja caer estos vocablos cínicos: «En cuanto a Dios, yo no le conozco. Dios también no es otra cosa sino puro misticismo. Si queréis que os escuche, comenzad por suprimir esa palabra en vuestros discursos; porque por una experiencia de tres mil años he llegado a convencerme de que todo el que me habla de Dios quie- re robarme la libertad o la bolsa. ¿Cuánto me debes? ¿Cuánto te debo? Ved ahí mi religión y mi Dios». (/dem, cap. VI). Llegado al paroxismo de la ra- bia, prorrumpe en el capítulo VII en las palabras siguientes: «Esto digo: El primer deber del hombre inteligente y libre es arrojar inmediatamente la idea de Dios de su espíritu y de su conciencia; porque Dios, si existe, es esencialmente hostil a nuestra naturaleza, y no dependemos de Él para nada...¿Con qué derecho me diría Dios todavía: Se santo como Yo soy santo?» «¡Espíritu engañador! -le respondería yo-. ¡Dios imbécil! “Tú reinado ha acabado ya; busca otras víctimas entre los animales brutos. Yo se que ni soy ni puedo llegar a ser santo jamás: y en cuanto a ti, ¿cómo lo has de ser Tú, si Tú y yo nos parecemos? Padre eterno, Júpiter o Jehová, como quiera que te llames, sabe de mí que y te conocemos. Eres, fuiste y serás perpe- tuamente el rival de Adán, el tirano de Prometeo». (Capítulo VIII). Y más adelante, en el mismo capítulo, apostrofando a la Divinidad que niega le dice: «Triunfarás, y nadie se atrevía a contradecirle, cuando después de ha- ber atormentado en su cuerpo y en su alma al justo Job, figura de nuestra humanidad, insultaste su piedad cándida y su ignorancia discreta y respe- tuosa. Todos éramos como si fuéramos nada en presencia de tu Majestad invisible, a quien dábamos el cielo por el dosel y la tierra por peana. Tu nombre, en otro tiempo compendio y suma de toda sabiduría, única san- ción del Juez, sola fuerza del Príncipe, esperanza del pobre, refugio del pe- cador arrepentido, ese nombre incomunicable, entregado ya a la execra- ción y al desprecio, será desde hoy más, vilipendiado de las gentes. Dios no es otra cosa sino tontería y miedo, hipocresía y engaño, tiranía y miseria. Dios es el mal. Mientras que la humanidad se incline ante su altar, esclava de los Reyes y de los sacerdotes, será reprobada; mientras que un solo hombre reciba en nombre de Dios el juramento de otro hombre, la sociedad estará fundada en el perjurio, y la paz y el amor serán desterrados de la tierra. Retírate, Jehová, porque de hoy más, curado del temor de Dios y habiendo alcanzado la verdadera sabiduría, estoy pronto a jurar, con la mano levantada hacia el cielo, que no eres sino el verdugo de mi razón y el espec- tro de mi conciencia».
El es el que lo ha dicho: Dios es el espectro de su conciencia; ninguno pue- de negar a Dios sin condenarse a sí propio; ninguno puede huir de Dios sin huir de sí mismo. Ese desventurado, sin salir de la tierra, está ya en el infierno; esas contracciones musculares, violentas e impotentes, ese frenesí cínico, esa rabia insensata, esas iras arrebatadas y tempestuosas, son las con- tracciones, y el frenesí, y la rabia y las iras de los réprobos. Sin caridad y sin fe, ha perdido hasta el último bien del hombre:!la esperanza! Y sin embar- go, alguna vez, al hablar del catolicismo, siente en sí, sin saberlo, su influen- cia serena y santificante; entonces sucede que cesa como por encanto su martirio; una brisa mansa y refrigerante venida del cielo toca su rostro, en- juga su sudor y suspende el acceso de sus convulsiones epilépticas. Enton- ces deja caer blandamente estas palabras: «¡Ah, cuánto más prudente se ha mostrado el catolicismo, y cuánta ventaja os ha sacado a todos: sansimonianos, republicanos, universitarios, economistas, en el conocimien- to de la sociedad y del hombre! El sacerdote sabe que nuestra vida no es sino una peregrinación, y que toda perfección cumplida no es negada en este mundo; y porque sabe esto, se contenta con preludiar en la tierra una educación que sólo puede acabarse en el cielo. Por su parte, el hombre que ha ido creciendo bajo los auspicios de la Religión, satisfecho con saber, hacer y obtener lo que basta para la vida del tiempo, no será nunca un obstáculo para las potestades de la tierra; antes preferiría el martirio. ¡Oh Religión amada! ¿Por cuál extravío inconcebible de razón sucede que los que más te necesitan, ésos son cabalmente los que más te desconocen?» (Systeme des contradictions, cap. MI).
5. Antes hablé, como de corrida, de la fama de consecuente de M. Proudhon, ahora me parece, no sólo conveniente, sino también necesario, decir algo más sobre asunto que es mucho más grave y mucho más trascen- dental de lo que a primera vista parece. Lo de la fama es un hecho público y notorio, y por lo mismo evidente. Y sin embargo, ese hecho es de todo punto inexplicable, si se considera que M. Proudhon ha adoptado, unos después de otros, todos los sistemas relativos a la Divinidad, y que entre los socialistas no hay ninguno tan lleno de contradicciones: de donde resulta que la fama de consecuente es un hecho contradictorio que la motiva. ¿Por 152 JUAN DONOSO CORTÍ qué caminos subterráneos, por qué encadenamiento de deducciones sufl les y escabrosas, partiendo del hecho notorio de las contradiccione proudhonianas, ha ido el mundo a parar en llamar a esas contradiccione cabalmente con el nombre que las contradice, es decir, con el nombre de consecuencia? Aquí hay un gran problema que debe ser resuelto y un grar misterio que debe ser esclarecido. La solución de ese problema y el esclarecimiento de ese misterio, es tán en que en las teorías de M. Proudhon haya un tiempo mismo contra dicción y consecuencia: la segunda real, y la primera aparente. Si se examis nan unos después de otros los fragmentos que acabo de transcribir, y si se CAPÍTULO DÉCIMO les considera en sí mismos sin poner la vista más alta, cada uno de ellos es la contradicción del que le antecede y del que le sigue, y todos ellos son entre sí contradictorios, pero si se ponen los ojos en la teoría racionalista, en donde todas las demás tienen su origen *, se echa de ver que el racionalis- mo, entre todos los pecados el más semejante al pecado original, es como él, un error actual, y todos los errores en potencia; y por consiguiente, que con su anchísima unidad comprende y abarca todos los errores, a los cua-:: Id 2 o ls noo pe errante e dl, dl pres domar coa coloca el Uberalismo en las instituciones políticas, el socialismo en las so- a o r ciales. De ahí la tendencia de ambos no a mejorar los individuos, sino a quiera que hasta las contradicciones son susceptibles de cierta manera de trastornar las formas políticas o sociales.- 2. Según los socialistas, las insti- paz y de cierta manera de unión, cuando hay una suprema contradicción tuciones sociales deben reformarse a imagen de los individuos esencialmen- que las envuelve a todas. En el caso en cuestión, el racionalismo es esa con- te buenos; deben legitimarse todas las tendencias del espíritu y de la car- tradicción que resuelve todas las otras contradicciones en su unidad supre- ne, hasta proclamar cínicamente la legitimidad de todos los vicios y pros- ma. En efecto; el racionalismo es a un tiempo mismo deísmo, panteísmo, cribir todas las virtudes.- 3. Refutación. No es posible que siendo buenos humanismo, maniqueísmo, fatalismo, escepticismo, ateísmo; y entre los los individuos sea mala la sociedad. Porque semejante mal social, o sería racionalistas, el más racionalista y el más consecuente de todos es aquel que esencia o accidente. Si esencia, no se podría destruir con modificaciones es aun mismo tiempo deísta, panteísta, humanista, maniqueo, fatalista, es- accidentales y habría que ir a aniquilar toda sociedad: si accidente, es ne- E ptico y ateo. cesario demostrar la causa que lo ha producido (y es claro que no otra Estas consideraciones, que sirven para explicar los dos hechos de que E AS pu Nos satis EA nn: ARSS 127 hicimos mérito arriba, en apariencia contradictorios, explican también sa- Le e a pa se ns : A ' i terio absurdo que el concepto de los hechos sea de peor calidad que los tisfactoriamente por qué, en vez de exponer uno por uno los varios siste- individuos.- 4. La bondad nativa del hombre y el posible regreso a la edad mas de los doctores socialistas acerca de la divinidad, hemos preferido con- de oro ridiculizados por Proudhon.- 5. Teoría de Proudhon: el hombre, siderarlos todos en los escritos de M. Proudhon, en donde pueden verse a dice, no es malo, está mal hecho. Su destino es corregir su viciosa consti- CONTINUACIÓN DEL MISMO ASUNTO: CONCLUSIÓN DE ESTE LIBRO SUMARIO.- 1. Tanto la escuela liberal, como la socialista en oposición, con el dogma de la caída original, niegan que el mal proceda del individuo: lo un tiempo mismo en su variedad y en su conjunto. tución. Refutación. Es contradictorio afirmar que el hombre mal hecho Visto lo que los socialistas piensan de la divinidad, nos falta ver lo que pueda ser redentor de sí mismo, porque su naturaleza sería viciosa (por piensan del hombre y de qué manera resuelven el temeroso problema del hipótesis) y a la vez tendría el atributo nobilisimo de poder redimirse. -6. mal y del bien, considerado en general, que es el asunto de este libro. Conclusión. Resumen de la doctrina católica sobre el origen del mal. Profundas ignorancias del racionalismo, tanto liberal como socialista. Clari- ' a dad y fecundidad de las soluciones católicas. * Se refiere a las teorías de Proudhon, defensor de un temprano socialismo, todavía no y marxista.
154 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 155 Y. Ningún hombre ha habido tan insensato que se haya atrevido a negar mal no está ni en el gobierno ni en la sociedad, ¿para qué y por qué el el bien o el mal, y su coexistencia en la historia. Los filósofos disputan so- | trastorno de la sociedad y del gobierno? Y por el contrario, si el mal ni está bre el modo y la forma en que existen y coexisten; todos, empero, afirman en los individuos ni procede de los individuos, ¿para qué y por qué la re- a una voz su existencia y su coexistencia como una cosa averiguada; todos forma interior del hombre? convienen igualmente en que, en la contienda suscitada entre el bien el Las escuelas socialistas no ven inconveniente ninguno en aceptar la mal, el primero ha de alcanzar sobre el segundo una victoria definitiva. De- cuestión planteada de esta manera; la escuela liberal, por el contrario, ve jando estos puntos como inconcusos y asentados, en todo lo demás hay di-: en su aceptación gravísimos inconvenientes, y no sin graves motivos. Acep- versidad de pareceres, contradicción de sistemas y contiendas inacabables. tada la cuestión tal como viene por sí misma planteada, la escuela liberal se l. La escuela liberal tiene por cierto que no hay otro mal sino el que ve en el duro trance de negar con una negación radical la teoría católica, está en las instituciones políticas que hemos heredado de los tiempos, y que considerada en sí misma y en todas sus consecuencias; y a esto es a lo que el supremo bien consiste en echar por el suelo esas instituciones. Los más la escuela, liberal se niega resueltamente. Amiga de todos los principios y de los socialistas tienen por averiguado que no hay otro mal sino el que de todos sus contraprincipios, no quiere desasirse ni de los unos ni de los está en la sociedad, y que el gran remedio está en el completo trastorno de otros, ocupada perpetuamente en obligar a hacer paces entre sí a todas las las instituciones sociales. Todos convienen en que el mal nos viene de los - teorías contradictorias y a todas las contradicciones humanas. Las reformas tiempos pasados: los liberales afirman que el bien puede realizarse ya en morales no le parecen mal, aunque los trastornos políticos le parecen ex- / los tiempos presentes, y los socialistas que la edad de oro no puede comen- celentes, sin advertir que son estas cosas incompatibles; como quiera que zar sino en los tiempos venideros. el hombre purificado interiormente no puede ser agente de trastornos, y Consistiendo, así para los unos como para los otros, el supremo bien que los agentes de trastornos, en el hecho mismo de serlo, declaran que en un trastorno supremo, que según la escuela liberal debe realizarse en no están interiormente purificados. En esta ocasión, como en todas las otras, las regiones políticas, y según las escuelas socialistas en las regiones socia- el equilibrio entre el catolicismo y el socialismo es de todo punto imposi- les, las unas y las otras convienen en la bondad sustancial e intrínseca del ble; porque, una de dos: o el hombre no se ha de purificar, o no se han de hombre, que ha de ser el agente inteligente y libre de aquel y de este tras- realizar los trastornos. Si el hombre impurificado toma el oficio de trastor- torno. Esta conclusión ha sido enunciada explícitamente por las escuelas nador, los trastornos políticos no son sino el preludio de los trastornos sosocialistas, y va implícitamente envuelta en la teoría que sustentan las es- ciales; y si el hombre deja el oficio de trastornador del gobierno para to- cuelas liberales. De tal manera procede aquella conclusión de esta teoría, mar el de reformador de sí propio, ni son posibles trastornos sociales, ni que siendo negada la conclusión, la teoría misma viene al suelo. En efecto; los trastornos políticos. Así en el uno como en el otro caso, la escuela libe- la teoría, según la cual el mal está en el hombre y procede del hombre, es ral ha de abdicar forzosamente en las manos de las escuelas socialistas o en contradictoria de aquella otra según la cual el mal está en las instituciones las de la escuela católica.
sociales o políticas, y procede de las instituciones políticas y sociales. Su- Síguese de aquí que las escuelas socialistas tienen por suya la lógica y puesta la primera, lo que procede en buena lógica es extirpar el mal en el la razón, cuando sostienen, contra la escuela liberal, que si el mal está esen- hombre, con lo cual se conseguirá su extirpación en la sociedad y en el cialmente en la sociedad o en el gobierno, no hay que hacer otra cosa sino gobierno necesariamente. Supuesta la segunda, lo que procede en buena trastornar el gobierno o la sociedad; sin que sea cosa ni necesaria ni conve- lógica es extirpar el mal directamente en la sociedad o en el gobierno, que niente, sino al revés, perniciosa y absurda, acometer la empresa de la refor- es en donde está su centro y su origen. Por donde se ve que la teoría católi- ma del hombre.
ca y las racionalistas son entre sí, no solamente incompatibles, sino tam- | 2. Supuesta la bondad ingénita y absoluta del hombre, el hombre es a bién contradictorias. Por la teoría católica se condena todo trastorno, ya - un mismo tiempo reformador universal e irreformable, con lo cual viene a sea político o social, como insensato e inútil. Las teorías racionalistas con- ser transformado de hombre en Dios: su esencia deja de ser humana para denan toda reforma moral del hombre como inútil y como insensata. Y así. ser divina; él es en sí absolutamente bueno, y produce fuera de sí, por sus la una como las otras son consecuentes en sus condenaciones; porque si el trastornos, el bien absoluto; bien sumo y causa de todo su bien, es 156 JUAN DONOSO CORTÉS excelentísimo, sapientísimo y potentísimo. La adoración es una necesidad tan imperiosa, que los socialistas, siendo ateos y no pudiendo adorar a Dios, hacen a los hombres dioses para adorar alguna cosa de alguna manera.
Y Siendo estas las ideas dominantes de las escuelas socialistas acerca del hombre, es cosa clara que el socialismo niega su naturaleza antitética como una pura invención de la escuela católica!. Por eso el sansimonianismo y el fourrierismo no admiten que el hombre esté de tal manera constituido que por un lado vaya su entendimiento y por otro su voluntad, ni conce- den que haya contradicción de ninguna especie entre su espíritu y su carne; el fin supremo del sansimonianismo es demostrar prácticamente la con=.
ciliación y la unidad de esas dos poderosas energías. Esta suprema concilia- ción estaba simbolizada en el sacerdote sansimoniano, cuyo oficio era satis- facer el espíritu por medio de la carne, y la carne por medio del espíritu. El principio común a todos los socialistas, que consiste en dar a la sociedad mal construida una construcción análoga a la del hombre, que está cons- truido de una manera excelente, condujo a los sansimonianos a negar toda especie de dualismo político, científico y social, cuya negación era necesa- ria supuesta la negación de la naturaleza antitética del hombre. Proclama- da la pacificación entre el espíritu y la carne, procedía proclamar la pacifi- cación universal y la reconciliación de todas las cosas; y como las cosas no se pacifican ni se concilian sino en la unidad, la unidad universal era una consecuencia lógica de la unidad humana; y de aquí al panteísmo político, el social y el religioso, los cuales constituyen el despotismo ideal a que aspi- ran con una inmensa aspiración todas las escuelas socialistas. El padre co- mún de la escuela de San Simón y el omniarca de la escuela Fourrier, son sus personificaciones augustas y gloriosas.