SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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por título «De cómo en toda gran cuestión política va envuelta siempre una gran cuestión teológica»), y respecto a la idea de orden natural religioso, el «Epílogo», sobre todo. La cita de Proudhon la recoge explícitamente Donoso: «M. Proudhon ha escrito, en sus Confesiones de un revolucionario, estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en to- das nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología"». Pero añade expresivamente, que «nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon, La teología, por lo mismo que es la Ciencia de Díos (adviértase esa definición doc- trinal), es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el Océano que contiene y abarca todas las cosas» (Ibid., págs. 7-8). En su opinión las grandes cuestiones polí- ticas son: origen de la sociedad y sus fines naturales; origen divino de la autoridad; relación de la sociedad con la religión; deberes mutuos de los que mandan y los que obedecen, etcéte- ri. Pues bien, «en todas estas cuestiones políticas es evidente que va siempre envuelta una cuestión teológica» (Ibid., pág. 8, nota 1). Debe existir una correspondencia entre la verdad religiosa y la verdad político-social, por lo que la política se resuelve en teología política. Para el «Posee la verdad política el que conoce las leyes a que están sujetos los gobiernos; posee la verdad social el que conoce las leyes a que están sujetas las sociedades humanas; conoce las leyes el que conoce a Dios; conoce a Dios el que oye lo que El afirma de sí y cree lo mismo que oye. La teología es la ciencia que tiene por objeto estas afirmaciones. De donde se sigue que toda afirmación relativa a la sociedad y al gobierno supone una afirmación relativa a Dios; o, lo que es lo mismo, que toda verdad política o social se convierte forzosamente en una verdad teológica» (Ensayo). Es así que el poder político, y las categorías de lo político, tienen que estar apoyadas y legitimadas (no sólo históricamente sino también actualmente, y en todo momento) en conceptos teológicos. Cfr. «Carta al Vizconde de Latour», de 25 de noviembre de 1851, en Il, 707 (edición de Carlos Valverde). Dios no queda confinado en el cielo, no está ausente de la sociedad; pretender lo contrario conduciría a la revolución y a la tiranía atea (Obras ed. C. Valverde, Il, 764 y sigs.).

'*: «Carta al Director de la «Revue des deux mondes», Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. IL, pág. 634.

* En una perspectiva crítica no es inoportuno recordar, en este orden de ideas, la re- Mexión de Ferrero en el sentido de que «históricamente resulta una verdad incontestable el hecho de que los regímenes que abusan de las justificaciones teológicas terminan en revueled XXVI JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ tando su sorpresa al respecto. Sin embargo, Donoso pone de relieve que esa vincu- lación entre teología y política se corresponde con la naturaleza de las cosas y se aprecia en la historia. Por consiguiente, no existe tal motivo fundado para la sor- presa, porque la política no puede ser otra cosa que teología política. Desde el punto de vista de la teología política católica debe existir una correspondencia entre for- mas religiosas y formas políticas; sería ello reflejo de la pretensión moderna de ba- sar con categorías de pensamiento teológico decisiones políticas o formas estatales (Carl Schmitt). En este sentido, Donoso interpreta el desarrollo histórico desde el punto de vista crítico-teológico, realza la progresiva separación entre la política y la religión (pero esa relación, ese binomio, debe ser comprendido en la «longue durée», en un período de larga duración planteado en el mundo occidental) que se inició en la sociedad moderna desde la Reforma protestante de Lutero pasando por la Ilustración % y conduciendo al racionalismo 51 cartesiano * y a las ideolotas que, más allá de sus concretas aspiraciones políticas, constituyen un auténtico desafío para la religión que los soporta». Cfr, FERRERO, 6-: El Poder. Los Genios Invisibles de la ciudad, Madrid, 50 El origen de la revolución lo encuentra Donoso en la misma filosofía de la llustra- ción, que inició la secularización, cuestionó las certezas legadas del pasado, que había intro- ducido el principio de la duda: para ella no existen leyes eternas e inmutables hasta el punto de que el poder del hombre puede querer imponer un orden prescindiendo de la voluntad de Dios.

51 Ya son representativas las «Consideraciones sobre el cristianismo» (1838), Obras Com- pletas, t. 1, edición preparada por Juan Juretschke, Editorial Católica-Biblioteca de Autores Cris- tianos, 1946, págs. 573 y sigs., donde afirma el triunfo del cristianismo sobre el racionalismo del siglo XVIII (Ibid., pág. 573).

52 Según Donoso «El primer error religioso, en estos últimos tiempos, fue el principio de la independencia y de la soberanía de la razón humana; a este error en el orden religioso corresponde en el político el que consiste en afirmar la soberanía de la inteligencia (que por cierto él afirmaba antes en sus Lecciones de derecho político), por eso la soberanía de la inteligen- cia ha sido el fundamento universal del Derecho público en las sociedades combatidas por las primeras revoluciones. En él tiene su origen las Monarquías parlamentarias, con su censo elec- toral, su división de Poderes, su imprenta libre y su tribuna inviolable». Cfr. «Carta al carde- nal Fornari», en Obras Completas, vol. U, (edición de Carlos Valverde), pág. 750. Esa crítica, que se advierte en gran parte de su obra de madurez, es particularmente expresiva en la Car- ta XVIIL, París 10 de junio de 1851, dirigida a Gabino Tejado, donde afirma: «El yo (se refiere al yo individual) es por su naturaleza satánico; y por su índole, insociable» (Ibid., pág. 589). Igualmente la crítica en la Carta al Director del Heraldo, París, 15 de abril de 1852, Obras Completas, M, cit., pág. 605. Pío IX en «Syllabus» califica expresamente de errores las afirma- ciones del racionalismo absoluto y moderado. Cfr. de ««Syllabus» de Pío IX (8 diciembre 1864)», en Acción CAróLICA ESPAÑOLA: Colección de Encíclicas y Documentos Pontificios, 4* ed., trad. e Índices por Mons. Pascual Galindo, Madrid, Publicaciones de la Junta Técnica Nacional, 1955, STUDIO PRELIMINAR XXVII glas liberales laicas (que postulaban un proceso de secularización). La historia trá- gica de la modernidad encuentra ahí su plasmación crítica. Ello se vincula con el problema de cuál debería ser la posición y la influencia de la religión en la tarea de dirigir un Estado; lo cual entronca en el mundo occidental, a su vez, desde un pun- to de vista institucional con la relaciones complejas de la Iglesia Católica y el Esta- do, Esta interpretación del desarrollo histórico vinculada al proceso de seculariza- ción y a la decadencia de la teología católica en la construcción de la modernidad, fue destacada no sólo en el Ensayo (1951), sino también, y antes, en su Discurso sobre lar situación general de Europa (1850), y en la Carta al Cardenal Fornari (1852), que cons- lituye uno de sus mejores escritos, donde pierde toda esperanza en que el orden Muese restablecido a través de la restauración monárquica y apuesta por un gobier- no fuerte, dictatorial como única solución ante las circunstancias excepcionales de la coyuntura político-social. Pero ésta forma dictatorial tampoco sería eficaz sin una reno- vación religiosa de Europa, la cual veía que muy dificilmente se podría producir a corto pla- 0, 0, acaso, nUNcA, salvo que aconteciese un milagro; y, en consecuencia, con la interven- rión directa (y directiva) de Dios. Es de señalar que es en la «Carta al Cardenal Fornari» (1852) —y en general en los tres trabajos citados- acabarían influyendo en la Encíelica Syllabus de Pío IX (1864) **, donde se condena duramente las posiciones, los errores, del liberalismo (predominio de la razón humana; individualismo posesivo e insolidario; separación estricta entre religión y Estado, etcétera). Su eje era, pues el antiliberalismo, pero también el panteísmo, el naturalismo, el racionalismo de soluto y moderado, el «indiferentismo», el socialismo, el comunismo, las sociedades secretas, las sociedades bíblicas y las sociedades clérico-liberales 9%. El desor- Nótese que la crítica al racionalismo cartesiano ha sido formulada también por el Papa Juan Pablo IL, en su obra Memoria e Identidad. Confesiones al filo de dos milenios, Madrid, La Esfe- de de los Libros, 2005, espec., págs. 20 y sigs., donde, entre otras reñeriones de ¡tere se dlice que «Todo esto, el gran drama de la historia de la Salvación, desapareció de la mental dad ilustrada. El hombre se había quedado solo; solo como creador de su propia historia y de su propia civilización; solo como quien decide por sí mismo lo que es bueno y lo que es malo como quien existiría y continuaría actuando elsi Deus non daretux aunque Dios no existen fIbid., pág. 24). Lo cual no hace sino reflejar la pervivencia en el pensamiento católico de esa visión crítico-teológica de la modernidad, el origen y las causas de sus «males». Precisamente Pio A el racionalismo de la Ilustración, base del llamado siglo de Las Luces.

A Véase Ortiz y Estrapa, L.: «Donoso, Veuillot y el «Syllabus» de Pío IX», en Reconquis- ta, revista bilingúe de cultura, publicada trimestralmente, vol. I, núm. 1, Sao Paulo, Brasil 1950. Con todo, el Papa Pío IX, que sucedió el 19 de junio de 1846 al Papa peacciona (+regorio XVI, fue más abierto y, en cierta medida y sentido, más «liberal» que su predecesor que ES había opuesto frontalmente al liberalismo. | * Lo más pertinente y expresivo para apreciar la efectiva influencia del pensamiento de lbonoso en este documento pontificio es la confrontación directa con su texto. Consúltese, XXVIII JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ den social y la pérdida de claridad son a su parecer la consecuencia necesaria del proceso de secularización del mundo occidental; los fenómenos revolucionarios «desbocados» por la presencia de las masas organizadas (sobre todo en Francia desde lo inicios hasta la revolución de 1848 *?, que para él tiene una especial carga simbó- lica sobre el sentido de las transformaciones cualitativas en curso) se habría produ- cido por la pérdida del principio de autoridad y de obediencia a un poder sobera- no fundamentado (legitimado) con base a valores religiosos. El apartarse del or- den divino por la soberbia «prometeica» del hombre es la causa más profunda de los males que asedian a la sociedad moderna *, No obstante, la reacción justificada con razones religiosas acaba siendo extraordinariamente radical porque absolutiza la causa de la reacción y de los medios utilizados al servicio de la misma. De ahí el riesgo siempre presente de unir Religión y Estado.

En realidad, según Donoso la esencia de la síntesis del mundo occidental no puede ser comprendida sin «teología», y esto en su aspecto positivo, pero también en su aspecto negativo, esto es, en su necesaria imperfección, en su necesario de- fecto. El sentido de esta síntesis es la dirección de la naturaleza por el sobrenatural orden cristiano. El cristianismo sería la sustancia misma de occidente, siendo obra de la Gracia?*”. La civilización del catolicismo es la que aporta una explicación más pues, de ««Syllabus» de Pío IX (8 diciembre 1864)», en Acción CATÓLICA EspAÑOLA: Colección de Encíclicas y Documentos Pontificios, 4* ed., trad. e índices por Mons. Pascual Galindo, Madrid, Publicaciones de la Junta Técnica Nacional, 1955, págs. 553 a 559. Es sencillamente sorpren- dente los puntos de coincidencia con las ideas formuladas anteriormente por Donoso.

355 Ya antes de la revolución 1848 Tocqueville había advertido que la revolución de 1789 había mejorado la posición de las clases más desfavorecidas, pero que a partir de de aquí los más desfavorecidos tenían la expectativa de una posible y más viable mejora de su situación de pobreza o desventaja social. Véase TocquevuLk, A.: El Antiguo Régimen y la Revolución, 2 tomos, Madrid, Alianza Editorial, 1982, en particular t. I, pág.183. Donoso advierte que «de la revolución de 1848 brotaron con ímpetu en copioso raudal, expresadas en palabras evangéli- cas, todas las doctrinas socialistas...¿Quién no ve en las revoluciones modernas, comparadas con las antiguas, una fuerza de destrucción invencible, que, no siendo divina, es forzosamen- te satánica?» Cfr. Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1 851), t. MU, ed. de Juan Juretschke, cit., Capítulo IV, pág. 501.

% Sobre el significado del mito de Prometeo y su vinculación en la filosofía de la histo- ria occidental, véase el extraordinario estudio de BLUMENBERG, H.: Trabajo del mito, cit., págs. 495 y sigs., 555 y sigs., y espec., págs. 593 y sigs.

17 Para Donoso la Iglesia fue la que volvió a los pueblos de este caos al orden, la que los llevó de la barbarie ala cultura. En este sentido, sólo en la medida en que los representantes del poder estatal se reconocen como delegados de Dios tienen ellos plena autoridad para lo que fomenta el bien común del Estado. Cfr. WesTEMEYER, D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Tbólogo (1957), Madrid, Editora Nacional, 1957, págs. 120 y sigs., passim. Señala Gurvitch, en ESTUDIO PRELIMINAR XXIX verdadera al misterio profundo del destino de la humanidad. Por ello se constituye en defensor de la gran tradición cristiana de Europa. La Iglesia Católica es la depo- sitaria de la verdad, siendo sus dogmas la palabra de Dios encarnada en el mundo. Precisamente Donoso reprochará al racionalismo ilustrado el haber generado un cuestionamiento de su autoridad, porque la filosofía ilustrada *? (con sus Declara- ciones de Derechos del Hombre y del Ciudadano y con su antroprocentrismo) ha- bía cuestionado la infalibilidad de la Iglesia Católica; pero ello tiene, además, para su extraordinaria obra sobre la idea del derecho social, que lo que más reprochaban Maistre y Bonald a la ideología revolucionaria y a los dos siglos precedentes, no era tanto el individua- lismo, como la confianza en la autonomía y en la fuerza creadora del espíritu humano en general. «Todo es bueno excepto las pretendidas creaciones del hombre», exclama De Maestre. Por esto los tradicionalistas se dirigían tanto contra Rousseau como contra la escuela del de- recho social natural y los fisiócratas, y contra toda concepción procedente del Renacimien- to». Gfr. EURVITCH, G.: La idea del derecho social, edición, traducción y Estudio preliminar «La «Idea del Derecho Social» en la teoría general de los derechos: El pensamiento de Gurvitch», a cargo de J. L. Monereo Pérez y A. Márquez Prieto, Granada, Editorial Comares (Colección Crítica del Derecho), 2005, pág. 313. Hace notar también que para De Maistre el hombre no puede otorgar una constitución a la sociedad; muy lejos de poder constituir la sociedad, el hombre, mediante su intervención, no puede más que dificultar que la sociedad se constitu- ya; cuando más la razón humana se confía en sí misma, cuanto más intenta extraer todos sus medios de sí misma, más absurda es, más importante se muestra; la razón hace olvidar la de- pendencia y la nulidad del hombre, ante la totalidad social y la imbecilidad de quererla cam- biar; el poder es preexistente a cualquier sociedad, ya que el poder constituye la sociedad y la transforma convirtiendo la masa confusa en un orden. Este poder es un absoluto, no tenien- do sentido ninguna regla que no sea la orden de una voluntad superior (De Maistre) (Ibid., pág. 314). Y cuando Maistre se queja de la imbecilidad de estas pobres gentes que se imagi- nan que los legisladores son hombres, que las leyes son de papel, y que pueden constituir las naciones con tinta, nos lleva directamente a la escuela histórica y al evolucionismo positivista de Augusto Comte (Ibid., pág. 318).

% Para Donoso la filosofía es la ciencia que consiste en reducir a sistema y a método las verdades fundamentales de este o de aquel género que nos han sido reveladas, en ordenarlas entre sí de manera que formen un armónico y luminoso conjunto, en señalar las relaciones en que están las unas con respecto a las otras y en sacar de su fecundísimo seno otras verda- des secundarias que pueden servir de enseñanza a la sociedad y al hombre. Ahora bien, él critica la filosofía del racionalismo iluminista: «Pero si por filosofía se entiende la ciencia que consiste en conocer a Dios sin el auxilio de Dios, al hombre sin el auxilio del que le ha forma- do y a la sociedad sin el auxilio del que calladamente la gobierna; si por filosofía se entiende la ciencia que consiste en una triple creación: la creación divina, la creación social y la crea- ción humana, yo niego resueltamente esa creación esa ciencia y esa filosofía...; lo que cual quiere decir que niego todos los sistemas racionalistas, los cuales descansan en este principio absurdo, a saber: que la razón es independiente de Dios y es competente para todo». Cfr. «Correspondencia con cl Conde de Montalembert» (Berlín, Carta de 26 de mayo de 1849), en Obras completas, t. U (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 221-222. Todas las doctrinas racionalistas, el eclecti- cismo incluido, son según él «doctrinas de perdición» (Ibid., pág. 222).

AS JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ la consecuencia del debilitamiento de todo principio de autoridad polaca y reli- losa, porque deja el gobierno del mundo al libre criterio, discusión y fijación de los hombres %. El racionalismo ilustrado se muestra, por lo demás, impotente para actuar con éxito ante una situación de excepción. Tampoco un nuevo orden revo- lucionario podrá servir al principio de autoridad, porque no puede crear una auto- ridad firme al haberse instalado el principio de la duda, que conduce al relativismo absoluto, con lo que la frontera entre lo justo y lo injusto, la legitimidad y la ilegiti- midad queda diluida, disuelta; ningún mito moderno será capaz de restablecer es pérdida de identidad de valores y de seguridad de principios. En esta perspectiva, Donoso afirma la unidad del mundo con Dios en un orden cósmico que abarca todo existente. La unidad divina se manifiesta en tres planos o dimensiones: Dios ex la causa eficiente de todas las cosas, de manera que las cosas tienen en Dios su origen y el fundamento de su ser; Dios es el fundamento y meta de cada criatura individual; y, en fin, esa unidad del mundo con Dios sirve directamente de modelo para la realidad político-histórica. Se puede comprender así la analogía estructural entre teología y política para cubrir el déficit de legitimidad política %. Ese orden 1 Critica al racionalismo que «consiste en crearse el hombre así mismo su propio espa- celo, sin la ayuda de un espacio preexistente, lo cual es tanto como suponer que el hombre primitivo, sin estar en parte ninguna, procedió de la creación de un lugar que le fue propio para estar en alguna parte. El hombre en este sistema (racionalista) es a manera de ún com quistador que no extiende, sino que crea sus propias CONquistasa. Cfr. «Bosquejos Enstóricos» (1847), capítulo VII («De la sociedad y del lenguaje»), en Obras Completas, Hd e NETA Juretschke), cit., pág. 145. Se produce así, en su modo de pensar, una cuestión litigiosa entre el catolicismo y el racionalismo. Hasta punto es así, y eva esa tensión, que afirma con la con- tundencia que le caracteriza que «entre la escuela católica y las racionalistas hay una contas dicción absoluta» (Ibid., pág. 150). Para él «el racionalismo es una demencia monomaníaca», que defiende la «soberanía de la razón que han perdido. Niaghn loco ha reconocido pan E imperio de las verdades matemáticas y metafísicas» (Ibid., pág. 151). Es er pios pen: la perfectibilidad y del progreso» (Ibid., capítulo VHI, págs. 152 y sigs.). a a raclonalismo por su negación de los misterios de la fe es errónea y soberbia porque preten e resolver exclusivamente a través de la razón todas las cuestiones de orden político, religioso y m7 cial, Arrastra consigo la «negación» de principio de tres aspectos fundamentales: la revela- ión ¿la gracia y la providencia, por lo que acaban en el más estricto nihilismo. Cfr. Ed en Olivas Completas (edición de Juan Juretsckhe), cit., págs. 404, 449, 513 a 524. Esa crítica esta mada de una argumentación que en lo principal se puede decir que es compartida con De alstre y Bonald. Sobre los fundamentos espirituales del nihilismo europeo, véase el ensayo Lowen, K.: «El nihilismo europeo. Observaciones sobre los antecedentes espirituales de la europea», en El hombre en el centro de la historia. Balance filosófico del siglo XX, Barcelona, Herder, 1998, págs. 57 y sigs. E 4 y 2 eseyro, J, M*.: Apocalipsis de la modernidad. El decisionismo polfttca de Donoso Cortés, ad 140 y siga. Las analogías político-ideológicas pertenecen principalmente a la órbita de lienallamo francés. Donoso las recoge en lo esencial de las obras de De Bonald y De 2 w ES] UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA EDE MEDELLIN INTUDIO PRELIMINAR DEPTO. DE BIBLIOTE BIBLIOTECA “EFE” GÓMEZ tablecido y revelado por Dios debe ser conocido y conservado y su dinámica está Ha presidida por la evolución que por el cambio; no hay propiamente inmovilis- y sino «constantes» del orden; un orden sujeto a una «ley eterna universal» de volución. Existiendo ese orden divino, la pretensión secular de establecer un nue- orden distanciado de Dios supone incurrir en el pecado *! y el sometimiento de Ñ responsables al juicio de Dios.

E] punto de vista de la reflexión de Donoso, hecha sin duda desde una lúcida Pispectiva reaccionaria, pone de relieve la crisis del proyecto de la Ilustración, la Hals de la razón ilustrada %, basada en el dominio racional del orden, la evolución una línea de progreso y la constitución de sociedad armoniosa. En el siglo XIX, o de las revoluciones, esa imagen, esa ilusión mítica del proyecto ilustrado en- en crisis, y con él la idea de seguridad en los principios y en el «control» racio- Ide la situación política y social. Esta crisis se mostró históricamente inherente a Hinléctica de la Nlustración, como crisis de la razón ilustrada %. Lo que cuestiona filtimo Donoso es la legitimidad de una modernidad que reniega de un orden vino (ciertamente, un orden naturalista que identifica con su propia idea de ore ideal), cuestionando el proceso de secularización (que él tiende radicalmente Alstre y luego las desarrolló sistemáticamente confiriéndole su propia peculiaridad. Ese pro- Miniento analógico se corresponde con el principio gnoseológico del tradicionalismo, con- Me al cual la Revelación representa un aspecto esencial del conocimiento humano y Dios En tan sólo causa del ser sino también causa eficiente de todo conocimiento del hombre. ARI que dicho principio gnoseológico supone la responsabilidad universal de Dios en cuan- ler y respecto al conocimiento y asimismo su gobierno personal del mundo en todo momento. Fomprende que la conservación del orden requiere de la intervención directa de Dios. La 'rtadl humana no puede ser absoluta, porque el libre albedrío consiste, no en la libertad Ficoger entre bien y mal, sino en la capacidad de querer aquello que presupone la facul- de pensar. "! Por lo demás, reprocha a las escuelas socialistas «la negación del pecado, esa gran inación que es como el centro de las afirmaciones católicas». En el fondo, la crítica de MORO se hace extensiva a todas las «racionalistas», porque todas ellas «yan a parar forzosa-. hite al nihilismo». Cfr. Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851), t. U, ed. E Juan Juretschke, cit., Capítulo IV, págs. 512-513.

La «razón» es el nuevo Dios de la modernidad. Afirma que con la revolución francesa M0 «que un Dios nacional llamado razón quitó el centro y el trono a Dios de todas la na- ies, al Dios del género humano». Y añade que «para nosotros es una cosa puesta fuera de a duda que todo movimiento político y social que sale de las vías católicas conduce a las ienes fuera de las vías de la civilización, hasta volver a dar con ellas en la edades bárba- 2. Ult. «Las reformas de Pío IX», en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. II, id, La Editorial Católica, B.A.C., 1946, pág. 100, '" Véase HorKHEmMER, M. y ADORNO, TH. W.: La dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, Hi Habermas, J.: El discurso filosófico de la modernidad, Madrid, Taurus, 1989.

XXXII el JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ a identificar con ateismo) propio de la edad moderna. Pero el mal de la sociedad en la constante lucha entre el orden y el desorden podrá triunfar sólo temporalmente porque Dios se reserva la victoria final («a Dios le pertenece la victoria sobre el mal» 9%). Con todo, frente a las ideologías disolventes y la revolución Donoso reclama una filosofía teológico-política de un orden mediador entre Dios y el mun- do del hombre, como neutralización de las tendencias perversas de la modernidad.

y En los años de la revolución Donoso vio confirmada su idea de que la época de las revoluciones europeas se caracterizaba por su doble carácter político y so- cial, siendo éste, según él, el más peligroso puesto que supondría una ruptura so- cial del orden natural reflejo de la divinidad. Las revoluciones sociales al estilo de la de 1848 francés traspasaban los límites propios del liberalismo restringido y aris- tocrático, y avanzaban por la senda del liberalismo democrático-social o del socia- lismo. Era la desaparición de un mundo, de un orden social. Donoso, que era cons- ciente de ello, criticaría con toda contundencia los límites del liberalismo político y del pensamiento social. Al mismo tiempo, propondría un rearme religioso que pudiera legitimar soluciones de orden, especialmente en situaciones excepcionales (amenaza de revolución social). El catolicismo podía aportar -como según él lo ha- bía hecho en la historia- un principio de orden y una verdadera armadura para una autoridad decisoria; aporta un orden natural predispuesto por Dios, que legiti- ma la autoridad, el deber de obediencia, el sacrificio % y el valor de la caridad. Frente a él palidece la capacidad decisoria del régimen liberal. El liberalismo se apoya en unas clases medidas sin principios firmes y en un parlamento discutidor 60 que se 51 Obras Completas t. 1 (edición de Juan Juretschke), cit., pág. 326, 65 Se subrayó que la apología del sacrificio está directamente influida por la «apología del verdugo, como instrumento de justicia providencial hecha por José de Maistre». En este sentido MenénDEz PeLayo, M.: Historia de los Heterodoxos españoles, 2 vols., 4* ed., Madrid, BAC, 1987, especialmente vol. II, pág. 969. Puede verse, en general, todo del Ensayo el Libro Tercero y en particular su capítulo VI, sobre los «Dogmas correlativos al de la solidaridad: los sacri- ficios sangrientos. Teorías de las escuelas racionalistas acerca de la pena de muerte». Cfr. Ensayo (edición Juan Juretschke), t. IL págs. 471 y sigs., y 515 y sigs., respectivamente.

% Señala Donoso que «Es una cosa digna de observación que todos los pueblos que en vez de recibir la verdad han querido inventarla, es decir, que todos los pueblos que han deja- do de ser verdaderamente católicos para ser puramente discutidores, han acabado por caer bajo el yugo de dictaduras horrendas y de los hechos brutales». Cfr. Donoso Cortés, J.: «Carta al Mrector del «Heraldo»» (París, 30 de abril de 1852), en Obras Completas (edición de Juan . etnchke), t. IL, Madrid, La Editorial Católica-Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 1946, ve 011, Hace notar que Dios es el único depositario de la verdad absoluta y que «no hay dad fuera de Dios; de donde forzosamente se infiere que aquel que busca la verdad fuera Dios la busca allí donde no reside y que el que de Dios huye, huye de la ciencia», «Bosque- DIO PRELIMINAR XXXIII entra incapaz de decidir —más allá de la transacción entre intereses y valores os- en situaciones de excepción como la que caracterizaba el periodo históri- He mitad del siglo XIX. El régimen liberal se encuentra perdido y desbordado Hiucional e ideológicamente, no está en condiciones de adoptar e imponer una Inlón que resuelva la cuestión política y la cuestión social. Su pretensión de diá- Bo y discusión con los antagonistas, sería para él un exponente para demostrar te la tolerancia pregonada conducía siempre hacia el desórden y engendraba la ala sobre la verdad *”; esa actitud alentaba a que se tergiversar la autoridad y sus Jl lamentos históricos y espirituales. Su debilidad se acrecienta ante la opacidad le mostraba ante la cuestión social que era el substrato de la nueva desestabiliza- bn política y social encabezada por las corrientes de pensamiento socialista. Su inóstico en este punto es terminante: el liberalismo ha fracaso ideológicamente pomo política de orden pacífico de la convivencia. Frente a esa crisis sólo caben os alternativas —dos frentes- enteramente contrapuestas: el catolicismo y sus princi- ios de orden universal o el socialismo que supone, en su opinión, la instauración Fin nuevo orden que conlleva la destrucción de las instituciones básicas legadas por la tradición occidental (religión católica, familia, moral, la propiedad, etc.), y m esa dimensión «satánica» la omnipresencia del Estado absorbiendo a toda la so- edad civil con su lógica racionalizadora (una derivación extrema de la antes por fl alabada «soberanía de la razón»), como un Estado totalizador que pretendía abar- arlo todo y, por ello, sería potencialmente autoritario. También su conclusión en Fate punto es nítida: «el remedio radical contra la revolución y el socialismo no es mis que el catolicismo, porque el catolicismo es la única doctrina que es su contra- Hicción absoluta» (Discurso sobre la situación general de Europa). Donoso había com- prendido que sobre todo tras la revolución de 1848 sería inevitable que la cuestión social se transformara en fuerza política activa organizada. A su estela Carl Schmitt hizo relerencia a que «el socialismo pretende crear una religión nueva y moderna, que signifique para los hombres de los siglos XIX y XX lo mismo que en aquel enton- Jos Históricos» (1847), capítulo IV, en Ibid., pág. 129. Es manifiesta la sintonía de esa concepción con la idea de la ciencia de Dios que manifiesta en su Ensayo, Libro 1.

67 La crítica al racionalismo de Descartes es explicitada por Donoso; Descartes «reconcentrándose dentro de sí propio (antroprocentismo y autonomía racional del indivi- duo, inherente «al pienso luego existo» cartesiano) y atrincherándose en una duda sistemátl» ca (principio de la duda y cuestionamiento de las verdades absolutas «a priori»), prescin diendo absolutamente de todos los fenómenos naturales, de todas las creencias, de todas lag. opiniones y de todos los hechos; porque los hechos, las opiniones y las creencias, y lo que 0 | más, Dios y el mundo, debían salir de su frente...» (Ibid., L, pág. 544, nota 6), 7 JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ En, hace mil ochocientos años, el cristianismo —-como la nueva religión- vino a significar para un mundo antiguo, periclitante» *8 B) La forma política: Parlamentarismo, Democracia y Dictadura.

«Los gobiernos han perdido la facultad de gobernar y los pueblos han dejado de ser gobernables».

Donoso Cortés *?

«"Dieu se retire”. Es una afirmación que describe de manera concisa pero efi- caz lo que ocurre con la llegada del nihilismo, con el alejamiento de Dios que se da en el hombre moderno. Es una sentencia que ha de leerse junto con la afirmación de Nietzsche "Dios ha muerto"». Ernst Júnger