SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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ln un línea diacrónica, Donoso va acentuando su pensamiento conservador y contrarrevolucionario, abogando porque se refuercen las potestades reales («Prin- cipios sobre el proyecto de ley fundamental», 1837), criticando las posiciones inter- medias indecisorias y la tesis (antes interiorizadas en lo más esencial) del liberalis- mo doctrinario («Polémica con el doctor Rosi y juicio crítico acerca de los Doctrinarios», 1838 My, Asumiendo un radical antiliberalismo, una desconfianza ante la razón ilustrada para la dirección de la sociedad y una forma política autoritaria ' SUÁREZ, E.: Introducción a Donoso Cortés, Madrid, Eds. Rialp, 1964, pág. 47. % «Pensamientos varios», Obras Completas, 11 (edición de Juan Juretschke), cit., pág. 823. 10 JuncEr, E.: Los titanes venideros. Ideario último, Barcelona, Eds. Península, 1998, pág.

Donoso Cortés, J.: «Polémica con el Dr. Rossi», en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. L, Madrid, BAC, 1946, págs. 411 y sigs. Su título originario era todavía más ex- AIVO de los objetivos de la reflexión: se publicaron originariamente en «El Correo Nacioy €n julio de 1838, con el título de «Polémica con el doctor Rossi y juicio crítico acerca de los manos». El acento hacia las posiciones autoritarias se reflejó también en Sobre el estado de laciones diplomáticas entre España y Francia. Rossi, fue un doctrinario francés que sería más Lar he encargado de formar un nuevo Ministerio de gobierno en el Estado pontificio por Ñ Y y moriría asesinado después de la revolución de 1848. Lo recuerda Donoso en «Los de Roma» (1848), en Obras completas, t. 11 (edición de Juan Juretschke), cit., pág. 185.

Ja Pio IX intentaba buscar dentro de su conservadurismo una cierta apertura reclaman- pensadores doctrinarios franceses.

> ESTUDIO PRELIMINAR XXXV que sitúa el centro de lo político en la decisión política última en situaciones críti- cas 2. La de Donoso es una crítica reaccionaria, pero lúcida porque vislumbró el resultado paradójico de una dialéctica de la razón ilustrada que podría ser amena- zante para el individuo por un proceso de racionalización pública de las relaciones sociales en el marco de la secularización del mundo moderno: un Estado racionalizador puede derivar en tiranía. El miedo a un mundo enteramente some- tido a la racionalidad humana y completamente administrado ”%. Donoso haría re- lerencia, en el marco de una crítica reaccionaria de la Revolución francesa a una razón absorbente e insolente que pretendía abarcarlo todo; comprenderlo todo pres- cindiendo de la teología católica y de las verdades eternas ** (en la que influye el pensamiento de San Agustín, que encuentra su fundamento en Dios), cuya deposi- taria es la Iglesia. La revolución se basaba en una idea constructivista de la reali- dad, procediendo a renovar completamente el orden político y social sin atenerse a la tradición europea y a sus fundamentos históricos. Es decir, la filosofía ilustrada reconocería la capacidad del gobierno de los hombres para hacer la historia y edifi- car un orden social cambiante. Pero en el último Donoso lo que se critica es el mis- mo proceso de secularización (que considera un error gravísimo y reflejo del orgu- llo del hombre), porque la separación absoluta entre religión y Estado moderno, y consiguientemente una sociedad completamente secularizara, conduciría a la ins- tauración de una sociedad inevitablemente pluralista y tolerante, dentro de la cual la Iglesia Católica =como tampoco ninguna otra institución— puede pretender el monopolio del poder espiritual. Esa laicización del Estado y de la sociedad moder- *” Resulta significativa la anticipación de ciertos elementos de dicha crítica, pues, cierta- mente, la modernidad, asentada en el iluminismo a menudo a encubierto, bajo el ideal de la libertad y la emancipación humana, todo un conjunto de tecnologías sociales y de dispositi- vos político-jurídicos a partir de las cuales se ha ejercido un control en muchos casos más penetrante que el que se había ejercido en las sociedades tradicionales. Véase Foucaurr, M:: Vigilar y Castigar, México, Siglo veintiuno, 1978; y, en una perspectiva más amplia, HORKHEIMER, M. y ADorNo, TH. W.: Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 1998; HABERMAS, J.: El discurso Jiosófico de la modernidad, Madrid, Taurus, 1989, reflexionando sobre las perversiones que ha sufrido (insistiendo, ante todo, en los problemas vinculados a la colonización del mundo de la vida por los sistemas económicos y administrativos), pero también sobre la falta de desarro- llo de la racionalidad ilustrada moderna.

1% Véase HOKHEImMER, M.: Teoría crítica, Barcelona, Ed. Seix Barral, 1973; ID.: Crítica de razón instrumental, Madrid, Trotta, 2002.

1% Es la presencia de la racionalidad con arreglo a fines determinante de una razón Ing irumental y burocrática del intervencionismo público, que todavía centra la atención en el mundo contemporáneo. Véase Wrser, M.: Sociología del Derecho, edición y Est. prel, Y 4 Monereo Pérez, Granada, Ed. Comares (Colección Crítica del Derecho), 2001. Pues consultarse RAYNAUD, P.: Max Weber et les dilemmes de la raison moderne, París, PUE, 1987.

IMORINTIIOCIIAREA LI PANOUEFUIGEVIGO LI LIRA RI GA LIFE RIA POMULAPACEIIAIAIIIARICILA LICEU N o 3 7 3 z JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ na secularizada no podía ser aceptada pacíficamente por Donoso, que no preten- día restablecer una Estado confesional, pero sí una recuperación del espíritu reli- gioso del catolicismo y la pretensión de que existían verdades eternas corporeizadas en la «civilización católica» (el orden político debe aproximarse al orden divino del universo). Especialmente esa crítica se hace particularmente intensa y radical ante lo que él estima fracaso de las soluciones de compromiso entre orden político y tradición a partir de la revolución político-social de 1848 (que ya tuvo una antici- pación relevante en el régimen jacobino de 1793, con la defensa de un Estado de asistencia social comprometido en la satisfacción de las necesidades de los indivi- duos) y la emergencia de la «cuestión social» como manifestación de la insuficien- cia de la garantía del principio de igualdad formal ineficiente socialmente ante la creciente aspiración hacia una sustancialización del principio de igualdad.

Ello pone de manifiesto la involución autoritaria del liberalismo conservador; un fenómeno que, dejando a salvo peculiaridades de nuestro país, se venía produ- ciendo en este período en Europa. Para él «los doctrinarios alcanzaron alta fama y renombre cuando la Francia, merced a los extravíos de la restauración, en los días de su rápida decadencia estaba dividida en bandos opuestos, que debían conducir- la a los abismos por diferentes sendas a impulsos de contrarias reacciones» 2, Los doctrinarios proponían un régimen de paz, de transacción y de concordia. En el poder «los doctrinarios supieron combatir y vencer a los principios democráticos y disolventes». Es decir, supieron resolver dignamente la «cuestión interior», que con- sistía en hacer compatibles el orden y la libertad, la fortaleza y la templanza 76. «En una palabra, hombres de transacción y de concordia entre principios opuestos y sistemas diferentes, los doctrinarios fueron los más a propósito para gobernar en una época de transición, en que más bien que de proclamar un principio fecundo y luminoso se trataba de combatir en la tribuna y de combatir en las calles los princi- pios disolventes y los hechos revolucionarios, cuya presencia era un obstáculo in- vencible para la reconciliación y la concordia de todo los intereses legítimos, así los que representaban la estabilidad como los que representaban el progreso» 77. Pero los doctrinarios, una vez alteradas las circunstancias de partida, no se muestran capaces más que de aportar una filosofía ecléctica cuando lo que precisaba Francia 75 Tbid., pág. 413. Los doctrinarios son equiparados a los políticos eclécticos, adoptaron una solución intermedia frente a los problemas políticos y sociales, como solución de transac- ción en una época de transición. Cfr. Obras Completas, t. 1 (edición de Juan Juretschke), cit., HO PRELIMINAR: ««logma» 79. La misión de los doctrinarios «está cumplida; han descendido der porque la Francia busca ya un principio de reorganización social, y los Imarios no pueden darle lo que buscan. Los doctrinarios la salvaron de los Mos; otros hombres la conducirán al puerto» "Y. La evolución de Donoso va en lirección conservadora y autoritaria en otros escritos suyos, las «Relaciones en- Fapuna y Francia» (1838) %, en el que critica el racionalismo moderno desde el ato de vista teológico-político, las «Cartas de París» *!, en las que critica el mmalismo y el liberalismo doctrinario, la «Historia de la Regencia de Maria Cris- (1843), con el rechazo de toda revolución y de la idea moderna de progreso. 41 madurez intelectual Donoso rechaza «las medias tintas, los períodos de tran- ón, las transacciones doctrinarias» *, Según Donoso las revoluciones en general son el orden político lo que los pe- men el orden moral, al representar la máxima trasgresión de la ley soberana y iversal, constituyen el punto culminante de la soberbia inherente al proceso de mlarización del racionalismo ilustrado. La revolución es un fenómeno satánico, Mi particular la revolución postulada por el socialismo se alimenta de la creencia tina liberación y redención definitivas, mostrando en sí que se trata de una teo- ta política definida y contrapuesta al catolicismo. «Para Donoso el racionalismo lina forma de pensamiento laica que pretende emanciparse de Dios, y regir la Jedad sin la inspiración y ayuda divina. El racionalismo es el gran enemigo del Iolicismo, porque en su esencia más íntima supone otorgar a la razón humana ia absoluta independencia de los hombres respecto a Dios: frente al catolicismo pue se basa en la creencia de la necesidad ineludible de la Revelación y de la Gra- A para el hombre que le impide caér en el error) el racionalismo se construye ire la base de la creencia en la autosuficiencia del hombre respecto al conoci- Hento de la verdad y la realización del orden justo. Sin embargo, como se ha di- lo antes, esa evolución no es lineal sino oscilante y llena de matices. Un exponen- ile ello es el hecho de que con el gobierno moderado implantado en 1843, Do- uo adopta una posición realista, y aplica soluciones propias de los doctrinarios El «justo medio»*, Se ha hecho notar, significativamente, que la actitud de Dono- "Donoso Cortés, J.: «Relaciones entre Francia y España», en Obras Completas (edición We Juan Juretschke), t. I, Madrid, BAC, 1946, págs. 429 y sigs.

'! Donoso Cortés, J.: «Cartas de Paris», en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), Hit, 1946, págs. 747 y sigs.

* «Pensamientos varios», Obras Completas, 11 (edición de Juan Juretschke), cit., pág. 826.

%% ÁLvarez Junco: «Est. preliminar», op. cit., pág. XXVII.

XXXVIN JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ DO PRELIMINAR XXXIX so muestra ya una tendencia vital hacia la teología ** y es en el Ensayo donde crista- ala utopía del progreso humano 88 En su evolución intelectual se aprecia liza de manera sistemática esa evolución, siendo así que su filosofía política se con- amente el acento crítico hacia los ideales de la Mustración. E incluso su filoso- vierte en teología política 9. La filosofía de la historia de Donoso se apoyará fuer- e la historia adquiere la connotación de sentido propia de las concepciones de temente en la teología de la historia % de Bossuet *”, de Bonald y de Maistre. En met, de manera que los acontecimientos históricos están insertos en una dimen- este sentido Donoso interpreta la historia universal como revelación de la ley de | agrada, conformando una suerte de teología de la historia política y social; la Dios al mundo. De ahí que la historia no se mueva en virtud de la ley del progreso, ma historia se transfigura en escatología-histórica, toda vez que permite antici- sino atendiendo al perfeccionamiento con referencia a Dios. Se trata de una teolo- pl tiempo de la decisión soberana que instaure el orden divino después de un gía de la historia de la humanidad inversa a la imaginada y propuesta por la Mustra- Modo de revoluciones de dimensiones apocalípticas 9%, Donoso alcanza a ver ese ción: es una teología de la historia post-ilustrada como nueva mitología política con- mento decisivo» como inminente y en gran medida inevitable. Él espera la caí- Himinente del hombre determinada por la lógica racionalizadora del mundo que ha conducido al mal absoluto: la historia no camina hacia el progreso sino en % WrsremkEvER, D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo (1957), Madrid, Editora Na- Alirección catastrófica que exigirá remedios excepcionales, provenientes es una cional, 1957, pág. 61. toridad que mediatiza la intervención de Dios en los asuntos de la humanidad.

'* De entrada debe repararse en el hecho de que el libro 1 del Ensayo está dedicado a las £sa concepción teológico-histórica la civilización católica (que refleja el desa- relaciones entre la Teología y la Política.

* Es una teología basada en una explicación católica. Cfr. «Las reformas de Pío IX», en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. IL, Madrid, La Editorial Católica, B.A.C., 1946,: E i a pág. 82, donde afirma que «la historia de la Europa, es la historia de la civilización; la historia la decisión soberana que actuaría como una decisión creadora directamente ins- de la civilización es la historia del cristianismo; la historia del cristianismo es la historia de la tada por Dios. No busca ya, como en su período más proclive al moderantismo, Iglesia católica; la historia de la Iglesia católica es la historia del Pontificado». Es así que para Donoso el catolicismo es el único factor de civilización, no sólo en el sentido sobrenatural, sino también en el orden natural, coincidiendo la libertad y cultura religiosa con la libertad y lo de un orden instaurado directamente por Dios) triunfará sobre el mal encar- Ho en la revolución instaurando un orden superior y ello se impondrá por la fuerza cultura política y social, que se opone a la libertad revolucionaria». "La crítica a la teoría de la perfectibilidad y del progreso es criticada como errónea en ** Explícitamente asume esa filosofía de la historia en su ensayo Obras Completas, t. 1 dosquejos Históricos» (1847), capítulo VIII («Error fundamental de la teoría de la perfecti- (edición de Juan Juretschke), Madrid, La Editorial Católica-BAC, 1946, págs. 537 y sigs., en lidad y del progreso»), en Obras Completas, Y (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 152 y particular pág. 543: «Entonces —afirma- se levantó la voz grave, majestuosa y solemne de ls, Su tesis es nítida: trata de demostrar que la sociedad y el hombre son inseparables y que Bossuet, que fue el primero que supo agrupar todos los tiempos históricos alrededor de una heilecen a ciertas leyes generales reveladas por Dios desde el principio de los tiempos. Por idea, personificar todos los pueblos en un solo pueblo y mostrar al género humano obedien- lo considera «frívolas y vanas de los modernos racionalistas, [las ideas]según las cuales la te a la ley de la expiación que le fue impuesta por la voluntad divina. Su discurso sobre la piedad y el hombre van pasando juntamente de una perfección a otra perfección y de un historia universal es una de aquellas obras monumentales creadas para vivir tanto como los Ingreso a otro progreso, siendo la Humanidad la que obra exclusivamente su propia trans- siglos. Cualquiera diría que su plan había sido trazado por el divino arquitecto que dio su | mación por medio de todos estos progresos y todas estas perfecciones. Las leyes generales del figura al mundo, y que había sido después ejecutado por el hombre. Con el discurso de Bossuet ndo moral, a que el hombre vive sujeto en calidad de inteligente y libre, ahora se le conside- nació la filosofía de la historia...El discurso de Bossuet, escrito para la eternidad, cayó mo- Y romo individuo, ahora como sociedad, existen con una existencia independiente de la voluntad mentáneamente en olvido en el siglo XVII, que, fanáticamente irreligioso y escéptico, des- mana; puestas fuera de la jurisdicción de los vanos antojos de los hombres, están exentas tronó a Dios para coronar al hombre, destronó a los reyes para coronar a los súbditos y se ambién de las injurias de los tiempos, siendo como son divinas, eternas e inmutables» (Ibid., sublevó a un tiempo mismo contra la autoridad divina y contra las potestades de la tierra» sa, 153). Sobre la idea progreso y su evolución (Donoso como liberal se atuvo a él; después (Ibid., pág. 543). Por ello afirma la unidad de Dios y el mundo (Ibid., pág. 544). Respecto a E mo reaccionario lo criticó), Nisgret, R.: Historia de la idea de progreso, Barcelona, Gedisa, 1991; la «implicaciones teológicas» de la filosofía de la historia es de interés la consulta de la obra $ En una perspectiva filosófica general, LowrrH, K.: El sentido de la historia: implicaciones teológicas de LowrtrH, K.: El sentido de la historia: implicaciones teológicas de la filosofía de la historia, Madrid, le la filosofía de la historia, Madrid, Aguilar, 1958; los ensayos «Del sentido de la historia» y «la Aguilar, 1958. Se ha señalado que el pensamiento de Donoso transita de una filosofía de la fatalidad del progreso», en LowrrH, K.: El hombre en el centro de la historia. Balance filosófico del historia a una teología de la historia, «en el que hay un importante substrato tomista y un elo XX, Barcelona, Ed. Herder, 1998, págs. 315 y sigs., y 331 y sisg., respectivamente, derecho natural de perfiles muy clásicos». Cfr. PeLArz, M. J. (Editor y Coordinador): Dicciona- "Véase BENEYTO, J. M*.: Apocalisis de la modernidad. El decisionismo político de Donoso Cortés, nio crítico de Juristas Españoles, Portugueses y Latinoamericanos (Hispánicos, Brasileños, Quebequenses Harcelona, Editorial Gedisa, 1993, págs. 75 a 77, y 193 y sigs. En todo ello realza el apor el y restantes francófonos), vol. 1, Zaragoza-Barcelona, Edita Cátedra de Historia del Derecho y de anstrato gnóstico de la teología política. En tal sentido mientras Dios retorna al ámbito huma las Instituciones, 2005, pág. 277. no, el hombre como sociedad escindida avanza hacia el mal absoluto. 8!

XL JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ uperar las contradicciones entre las distintas fuerzas e idearios, sino que estima que es necesario tomar una decisión unilateral al servicio del orden. Sin embargo, el decisionismo de nuestro autor no se opera esencialmente en el ámbito de las verdades teológicas, sino más propiamente en el de las realidades histórico-políti- cas. Su decisionismo está teológica y socialmente orientado hacia la instauración del orden social católico, en la convicción de que los individuos convertidos en «masas» (sociedad de masas) no se van a adherir libremente a ese orden divino al estar dominada su voluntad por la teología político-social «satánica» del socialismo. Por ello ya no confía en la política mode- rala de la Restauración, sino en la fuerza de una dictadura como instrumento de la Provi- dencia %, El problema que se suscita es que si bien Donoso plantea una dictadura de tipo excepcional, y en principio coyuntural, su lógica apocalíptica de la moder- nidad y la fusión entre la religión y el gobierno político irremediablemente condu- cea una suerte de dictadura permanente, correspondiente —en su esquema de pensamiento— auna situación de excepcionalidad persistente. De este modo lo que se produciría es una excepcionalidad jurídico-política permanente. Es este un dato ideológico-político que pondría de relieve los efectos intrínsecamente perversos de llevar acabo una fusión virtual entre política y religión, porque la religión tiende por su propia lógica interna a la absolutización de la verdad, lo que no se acomoda bien con el principio del pluralismo ideológico, con la libertad del pensamiento y con la idea ilustrada de que la verdad no tiene una esencia naturalista o mecánica sino que es reflejo de una deliberación y consenso sobre la ella.

L Sin embargo, a pesar de todo, su temperamento pragmático prevaleció en un momento decisivo. Donoso, en efecto, acaba siendo el principal redactor de la Cons- titución de 1845, la cual se sitúa en el esquema del liberalismo moderado, pero se aparta del Antiguo Régimen absolutista y se mantienen las medidas de desmantelamiento que ya se habían venido adoptando por los distintos gobiernos liberales. Legitima el proceso de desamortización y recupera nuevamente el princi- pio de soberanía de la inteligencia. En la política práctica, de compromiso directo en el ejercicio del poder, Donoso mantiene, pues, un liberalismo moderado, a pe- sar de las afirmaciones en contrario vertidas en escritos inmediatamente preceden- les pero correspondientes a una coyuntura política distinta. Ahora, en este nuevo período, Donoso trabaja de nuevo por la instauración de una monarquía liberal y intoritaria apoyada en las clases propietarias. No le parece que en el tiempo histó- tlco pueda producirse un regreso idílico hacia el pasado. Quizás, con todas sus con- imdicciones, esta flexibilidad de posiciones (teóricamente más radicalmente con- * Obras Completas, t. 1 (edición de Juan Juretschke), pág. 568; ya antes había considera- do que la dictadura es un de los remedios legítimos contra las enfermedades sociales (Ibid., pig 926 y sigs., en particular 328).

FUDIO PRELIMINAR XLI vadoras) ponga de manifiesto la adscripción en la política práctica de Donoso al mlismo político».

Donoso participó activamente en la vida política como miembro del partido mservador hasta poco antes de su muerte. Tuvo una importante actividad como rHamentario. Fue partidario de la exclusión de las clases desposeídas (no propie- Has) de su participación en la vida política. De ahí que justificara políticamente 'aufragio censitario % (o lo que es lo mismo la exclusión del derecho político de iHicipación electoral de las masas desposeídas y proletarias) por considerar que pueblo no estaba en condiciones culturales de intervenir en los asuntos públicos sobre todo, por el miedo (extendido, frecuente, en su época) al poder constitu- te de las masas («miedo a la multitud» en la historia y a su incidencia en «lo lal», esto es, en la posibilidad de la revolución social). El poder constituyente es Má potencia social que no es fácil someter al Derecho. Para Donoso el poder cons- Hiyente tenía un carácter «terrible» y desafiante por su fuerza %; y es que tras la olución es posible, sobre la base del mismo poder ostentado, establecer con efi- la una regulación del nuevo poder, estableciendo los fundamentos de legitimi- adl del ordenamiento instaurado por el revolución %. La preocupación del libera- lamo (conservador y progresista) era tratar de reconducirlo al interior del orden iridico, insertándolo en el poder constituido; lo que tendría el efecto de su neulización efectiva en lo que tiene de poder fáctico capaz de establecer un or den normativo (productor de decisiones normativas). Así se limita la fuerza lenestabilizadora y constructivista (creadora) al absorber el poder constituyente en Derecho constituido %, Con la Constitución formal se absorber el poder consti- iyente y el sujeto del poder constituyente (el «pueblo»).

" La lógica interna del sufragio censitario es desvelada en MAcrHErson, C. B.: La teoría úitica del individualismo posesivo, Barcelona, Editorial Fontanella, 1970, espec., cap. HI, págs. 1) y sigs.

* Véase Donoso Cortés, J.: Lecciones de Derecho Político, en Obras Completas, 1 (edición de Carlos Valverde), Madrid, BAC, 1970, págs. 390 y sigs.; algo que se acentúa en su Ensayo sobre E ratolicismo, cit., passim. * Sobre la problema de la captación jurídica del fenómeno revolucionario y de los fun- Hamentos de legitimidad del mismo y del nuevo orden que pueda ser creado después del ad- venimiento de aquella, véase CATTANEO, M. A.: El concepto de Revolución en la Ciencia del Derecho, Muenos Aires, Eds. Depalma, 1968, espec., Parte 2*, págs. 91 y sigs.; Romano, S.: Voz «Mitolo- a jurídica», en Fragmentos de un diccionario jurídico, Granada, Ed. Comares (Colección Crítica Hel Derecho), 2002.

” Véase JELLINEK, G.: Teoría General del Estado, trad., y Prólogo de Fernando de los Ríos Urruti, edición al cuidado de J. L. Monereo Pérez, Granada, Editorial Comares (Colección pe JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ Pudo afirmar que votar el sufragio universal (sin limitaciones propietarias) era equivalente a votar una revolución desde abajo *. En realidad, «la revolución fran- cesa promovió en el mundo político, social y espiritual de Europa una conmoción % de gigantesca amplitud y profundidad. Con la destrucción del viejo orden social y político se conmovieron también la vigencia y consistencia de la realidad espiri- tual y religiosa. La conexión de los soportes terrestres amenazó de ruina el ultramundo, estrechamente unido con ellos. Siguió una época de espíritu antirreli- gioso y antiesclesiástico. La Revolución tomó el carácter de una época y de una ac- titud espiritual constante. «La Revolución no era un acontecimiento —decía De % empezaron los tradicionalis- Maistre=; es una época». Contra esta «obra satánica» tas franceses su acerba lucha. El tradicionalismo es, en su esencia, un fenómeno de reacción. Su característica más acusada consiste en no ser concebible sin el mundo conceptual de los revolucionarios» %, Interesa señalar que «hasta los años del Sexenio Revolucionario 1868-1874 no se hace relación al término Tradicionalismo para designar al conjunto de carlistas y neo-católicos, los cuales, ya unidos, formaban la agrupación política denominada Comunión Católico-Monárquica. Será en- Crítica del Derecho), 2000, espec., págs. 497 y sigs.; Scumtrr, C.: Teoría de la Constitución, Ma- drid, Alianza, 1983. Recientemente, PaLOMBELLA, G.: Constitución y Soberanía. El sentido de la de- mocracia constitucional, trad. y Prólogo de José Calvo Gonzáleza, Granada, Ed. Comares (Co- lección Crítica del Derecho), 2000, espec., capítulos 2” y 3”, y passim. Entre nosotros, el exce- lente libro de De Vrca, P.: La reforma constitucional, Madrid, Tecnos, 1986.

% Donoso Cortés, ].: La Ley Electoral, en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. Il, Madrid, BAC, 1946, págs. 185 y sigs.

95 Es lo cierto que la Revolución de 1848 fue una verdadera conmoción en Europa que removió los cimientos y fue contemplada por las mentes más lúcidas del siglo como una in- versión de tendencia del régimen liberal hacia la centralidad de la democracia y del proble- ma social —la «cuestión social»-. Incluso fue así en mentes tan templadas como la de TocouEvILLE, A.: Recuerdos sobre la Revolución de 1848, Madrid, Trotta, 1994.

% Joseph de Maistre consideró que había «en la Revolución Francesa un carácter satánico que la distingue de todo lo que se ha visto y quizá de todo lo que se verá». Cfr. De Marstre, ].: Consideraciones sobre Francia, Presentación de Antonio Truyol, Madrid, Tecnos, 1990, pág. 51. se carácter satánico es vistumbrado por Donoso, oponiendo el cristianismo frente a la revo- lución, que rompe los principios del deber y de la autoridad. En este sentido, La civilización de España (19843), en Obras Completas, t. 1 (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 940-941.

9 Wustemever, D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo (1957), Madrid, Editora Na- clonal, 1957, pág. 77. Por lo demás, la utilización de la analogía entre los fenómenos teológicos y los fenómenos político-jurídicos está ya presente en toda la teoría de Bonald y, en parte, en De Malstre, El método de la analogía entre los fenómenos teológicos y los fenómenos políti- Eo jurídicos está presente ya en toda la teoría de Bonald y en De Maistre, doctrinarios france- aber Véase Sonmamm, E.: Donoso Cortés. Su vida y su pensamiento, trad. Ramón de la Serna, Madrid, Fapasa Calpe, 1936, pág. 171.

— » YUDIO PRELIMINAR XL!

ces cuando adopten esta denominación de tradicionalistas y declaren explícita Ente su dependencia ideológica de Juan Donoso Cortes, diferenciando el tradi- amalismo político del filosófico condenado por la Iglesia» %., Sin embargo, fue un crítico del «parlamentarismo» como concepción que ten- Ma n residenciar el gobierno de la nación en el parlamento como poder legislativo premo. El parlamento es un modo de dar contenido al régimen parlamentario, tex para Donoso el parlamento es una forma política no identificable a un modo stuliar de darle contenido que sería el «parlamentarismo». El parlamento en sí es ma forma política más neutra y de una amplia tradición histórica, mientras que el arlamentarismo es algo más moderno (expresión de la civilización moderna; es el apiritu revolucionario en el primer estadio de su desenvolvimiento) y adquiere unas Hmnotaciones típicamente revolucionarias, al situarse en contraposición contra el iden político (forma monárquica) y religioso (dentro de su concepción religiosa el fenómeno político afirma que el hombre moderno pretende prescindir de Dios Hularse en todo por los dominios de la razón). El parlamentarismo y el institucionalismo habían nacido de la revolución 1%, con la pretensión explícita sustituir el viejo orden, por un orden laico donde todo puede ser discutido y ambiado de raíz '%, El parlamentarismo es reflejo de la cultura antropocéntri-