SigPhi · Sor Juana Ines de la Cruz

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz precedid

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es San Mateo, porque en su conversion no quiso este Señor mudarle de inclinacion sino mejorarla, para que si ántes, cuando publicano, se ocupaba en libros de sus tratos é intereses, cuando apóstol mejorase el genio, mudando los libros de su ruina en el libro de Jesucristo. Mucho tiempo ha gastado V. md. en el estudio de filósofos y poetas; ya será razon que se perfeccionen los empleos y se mejoren los libros. ¿Qué pueblo hubo mas erudito que el egipcio? En él empezaron las primeras letras del mundo, y se admiraron los geroglíficos. Por grande ponderacion de la sabiduría de Josef le llama la Santa Escritura consumado en la erudicion de los egipcios; y con todo esto, el Espíritu Santo dice abiertamente que el pueblo de los egipcios es bárbaro, porque toda su sabiduría, cuando mas, penetraba los movimientos de las estrellas y cielos; pero no servia para enfrenar los desórdenes de las pasiones. Toda su ciencia tenia por empleo perfeccionar al hombre en la vida política, mas no ilustraba para conseguir la eterna; y ciencia que no alumbra para salvarse, Dios que todo lo sabe la califica por necedad.

Así lo sintió Justo Lipsio, pasmo de la erudicion, [estando vecino á la muerte, y á la cuenta, cuando el entendimiento está ilustrado] que consolándole sus amigos con los muchos libros que habia escrito de erudicion, dijo, señalando un Santo Cristo: _Ciencia que no es del Crucificado, es necedad y solo vanidad_.

No repruebo por esto la leccion de estos autores; pero digo á V. md. lo que aconsejaba Gerson: préstese V. md. no se venda ni se deje robar de estos estudios; esclavas son las letras humanas, y suelen aprovechar á las divinas; pero deben reprobarse cuando roban la posesion del entendimiento humano á la Sabiduría divina, haciéndose señoras las que se destinaron á la servidumbre. Comendables son cuando el motivo de la curiosidad, que es vicio, se pasa á la estudiosidad, que es verdad. A San Jerónimo le azotaron los ángeles, porque leia en Ciceron, arrastrado y casi no libre, prefiriendo el deleite de su elocuencia á la solidez de la Sagrada Escritura; pero loablemente se aprovechó este santo doctor de sus noticias y de la erudicion profana que adquirió en semejantes autores.

No es poco el tiempo que ha empleado V. md. en estas ciencias curiosas; pase ya como el gran Boecio á las provechosas, juntando á las sutilezas de la natural la utilidad de una filosofía moral. Lástima es que un tan grande entendimiento de tal manera se abata á las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el cielo; y ya que se humilla al suelo, que no baje mas abajo considerando lo que pasa en el infierno; y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplíquese su entendimiento al monte Calvario, donde viendo finezas del Redentor é ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito, y para formar apologías, no sin lágrimas, contra la ingratitud que llegó á lo sumo. ¡Oh qué útilmente otras veces se engolfará este rico galeon de su ingenio en la alta mar de las perfecciones divinas! No dudo que le sucedería á V. md. lo que á Apéles, que copiando el retrato de Campaspe, cuantas líneas corría con el pincel en el lienzo, tantas heridas hacía en su corazon la saeta del amor, quedando al mismo tiempo perfeccionado el retrato y herido mortalmente de amor del original el corazon del pintor.

Estoy muy cierta y segura que si Vmd. con los discursos vivos de su entendimiento formase y pintase una idea de las perfecciones divinas [cual se permite entre las tinieblas de la fe] al mismo tiempo se veria ilustrada de luces su alma, y abrasada su voluntad, y dulcemente herida del amor de su Dios, para que este Señor, que ha llovido tan abundantemente beneficios positivos en lo natural sobre Vmd. no se vea obligado á concederla beneficios solamente negativos en lo sobrenatural, que por mas que la discrecion de Vmd. los llame finezas, yo los tengo por castigos; porque solo es beneficio el que Dios hace al corazon humano, previniéndole con su gracia, para que le corresponda agradecido, disponiéndole con su beneficio reconocido, para que no represada la liberalidad divina, se los haga mayores. Esto desea á Vmd. quien desde que la besó, muchos dias ha, la mano, vive enamorada de su alma, sin que se haya entibiado este amor por la distancia ni el tiempo, porque el amor espiritual no padece achaques de mudanzas, ni le reconoce el que es puro sino es hácia el crecimiento. Su Majestad oiga mis sùplicas y haga á Vmd. muy santa, y me la guarde en toda prosperidad. Deste convento de la Santísima Trinidad de la Puebla de los Angeles, y noviembre 25 de 1690.

B. L. M. de Vmd. su afecta servidora.

_Filotea de la Cruz._ _Respuesta de la poetisa á la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz._ Muy ilustre señora, mi señora: No mi voluntad, mi poca salud y mi justo temor han suspendido tantos dias mi respuesta. ¿Qué mucho si al primer paso encontraba para tropezar mi torpe pluma dos imposibles? El primero [y para mí el mas rigoroso] es saber responder á vuestra doctísima, discretísima, santísima y amoresíma carta. Y si veo que si preguntado el Angel de las escuelas Santo Tomas de su silencio con Alberto Magno, su maestro, respondió: _Que callaba, porque nada sabia decir digno de Alberto_; ¿Con cuanta mayor razon callaría yo, no como el Santo, de humildad, sino que en realidad es no saber algo digno de vos? El segundo imposible es saber agradeceros tan excesivo como no esperado favor de dar á las prensas mis borrones; merced tan sin medida, que aun se le pasara por alto á la esperanza más ambiciosa y al deseo más fantástico, y que ni aun, como ente de razon, pudiera caber en mis pensamientos, y en fin, de tal magnitud que no solo no se puede estrechar á lo limitado de las voces, pero excede á la capacidad del agradecimiento, tanto por grande como por no esperado, que es lo que dijo Quintiliano: _Minorem spei, majorem benefacti gloriam per eunt._ Y tal que enmudecen al beneficio.

Cuando la felizmente estéril para ser milagrosamente fecunda madre del Bautista, vió en su casa tan desproporcionada visita, como la Madre de el Verbo, se le entorpeció el entendimiento y se le suspendió el discurso, y así, en vez de los agradecimientos, prorrumpió en dudas y preguntas: _Et unde hoc mihi?_ ¿De dónde á mí viene tal cosa? Lo mismo sucedió á Saul cuando se viò electo y ungido rey de Israel: _Numquid non filius ego sum de minima Tribu Israel &. cognatio mea inter omnes de Tribu Benjamin? Quare igitur locutus es mihi sermonem istum?_ Así yo diré: ¿De dónde, venerable señora, de dónde á mí tanto favor? ¿Por ventura soy más que una pobre monja, la más mínima criatura del mundo y la más indigna de ocupar vuestra atencion? Pues _Quare locutus es mihi sermonem istum? Et unde hoc mihi?_ Ni al primer imposible tengo más que responder, que no ser nada digno de vuestros ojos, ni al segundo más que admiraciones en vez de gracias, diciendo que no soy capaz de agradeceros la más mínima parte de lo que os debo. No es afectada modestia, señora, sino ingenua verdad de toda mi alma, que al llegar á mis manos impresa la carta, que vuestra propiedad llamó _Atenagórica_, prorumpí [con no ser esto en mí muy fácil] en lágrimas de confusion, porque me pareció que vuestro favor no era más que una reconvencion que Dios hace á lo mal que le correspondo, y que como á otros corrige con castigos, á mí me quiere reducir á fuerza de beneficios, especial favor de que conozco ser su deudora, como de otros infinitos de su inmensa bondad; pero tambien especial modo de avergonzarme y confundirme, que es más primoroso medio de castigar, hacer que yo mesma, con mi conocimiento, sea el juez que me sentencie y condene mi ingratitud. Y así, cuando esto considero, acá á mis salos suelo decir: _Bendito seais vos, Señor, que no solo no quisisteis en manos de otra criatura el juzgarme, y que ni aun en la mia lo pusisteis, sino que le reservasteis á la vuestra, y me librásteis á mí de mí y de la sentencia que yo misma me daria; que forzada de mi propio conocimiento, no pudiera ser ménos que de condenacion, y vos la reservásteis á vuestra misericordia porgue me amais más de lo que yo me puedo amar._ Perdonad, señora mia, la digresion, que me arrebató la fuerza de la verdad; y si la he de confesar toda, tambien es buscar efugios para huir la dificultad de responder, y cuasi me he determinado á dejarlo al silencio; pero como este es cosa negativa, aunque esplica mucho con el énfasis de no esplicar, es necesario ponerle algun breve rótulo para que se entienda lo que se pretende que el silencio diga; y si no, dirá nada el silencio, porque este es su propio oficio, _decir nada_. Fué arrebatado el Sagrado Vaso de Eleccion al tercer cielo, y habiendo visto los arcanos secretos de Dios, dice: _Audivi arcana Dei, quæ non licet homini loqui._ No dice lo que vió; pero dice que no lo puede decir; de manera que aquellas cosas que no se pueden decir, es menester decir siquiera _que no se pueden decir_, para que se entienda que el callar no es no haber que decir, sino es no caber en las voces lo mucho que hay que decir. Dice San Juan (_Cap. 21 v. 25_) que si hubiera de escribir todas las maravillas que obró nuestro Señor Jesucristo, no cupieran en todo el mundo los libros; y dice Vieira sobre este lugar que en solo esta cláusula dijo mas el Evangelista, que en todo cuanto escribiò; y dice muy bien el Fénix lucitano (pero cuándo no dice bien, aun cuando no dice bien?), porque aquí dice San Juan todo lo que dejó de decir, y expresó lo que dejó de expresar. Así yo, señora mia, solo responderé que no sé responder, solo agradeceré diciendo que no sé agradeceros, y diré [por breve rótulo de lo que dejo al silencio] que solo con la confianza de favorecida y con los valimientos de honrada me puedo atrever á hablar con vuestra grandeza. Si fuere necedad, perdonadla; pues es alhaja de la dicha, y en ella ministraré yo mas materia á vuestra benignidad, y vos dareis mayor forma á mi reconocimiento.

No se hallaba digno Moises, por balbuciente, para hablar con Faraon, y despues el verse tan favorecido de Dios le infunde tales alientos, que no solo habla con el mismo Dios, sino que se atreve á pedirle así yo, señora mia, ya no me parecen imposibles los que puse al principio, á vista de lo que me favoreceis; porque quien hizo imprimir la carta tan sin noticia mia, quien la intituló, quien la costeó, quien la honró tanto, siendo del todo indigna por sí y por su autora, ¿qué no hará? ¿qué no perdonará? ¿qué dejará de hacer, y qué dejará de perdonar?

Y así debajo del supuesto de que hablo con el salvoconducto de vuestros favores, y debajo del seguro de vuestra benignidad, y de que me habeis, como otro Asuero, dado á besar la punta del cetro de oro de vuestro cariño, en señal de concederme benévola licencia para hablar y proponer en vuestra venerable presencia; digo que recibo en mi alma vuestra santísima amonestacion de aplicar el estudio á libros sagrados, que aunque viene en trage de consejo, tendrá para mí sustancia de precepto, con no pequeño consuelo de que aun ántes parece que prevenia mi obediencia vuestra pastoral insinuacion, como á vuestra direccion, inferido en el asunto y pruebas de la misma carta. Bien conozco que no cae sobre ella vuestra cuerdísima advertencia, sino sobre lo mucho que habreis visto, de asuntos humanos que he escrito; y así lo que he dicho no es mas que satisfaceros con ella á la falta de aplicacion que habreis inferido [con mucha razon] de otros escritos mios; y hablando con mas especialidad, os confieso con la ingenuidad que ante vos es debida, y con la verdad y claridad que en mí siempre es natural y costumbre, que el no haber escrito mucho de asuntos sagrados no ha sido desaficion, ni de aplicacion la falta, sino sobra de temor, y reverencia debida á aquellas Sagradas Letras, para cuya inteligencia yo me conozco tan incapaz, y para cuyo manejo soy tan indigna; resonándome siempre en los oidos, con no pequeño horror, aquella amenaza y prohibicion del Señor á los pecadores como yo: _Quare tu enarras justitias meas, &. assumis Esta pregunta y el ver que aun á los varones doctos se prohibia el leer los Cantares hasta que pasaban de treinta años, y aun el Génesis, este por la obscuridad, y aquellos porque de la dulzura de aquellos epitalamios no tomase ocasion la imprudente juventud de mudar el sentido en carnales afectos, compruébalo mi gran padre San Gerónimo mandando que sea esto lo último que se estudie, por la misma razon: _Ad ultimun fine periculo discat Canticum Canticorum, ne si in exordio legerit sub carnabilus verbis spiritualium nuptiarum Epithalamium, non intelligens, vulneretur._ (_S. Hic. Ep. ad Let. ante finem._) Y Séneca dice: _Feneris in annis haut clara est fides_. (_Sen. de Benefic._) Pues ¿cómo me atrevería yo á tomarlo en mis indignas manos, repugnándolo el sexo, la edad y sobre todo las costumbres? Y así confieso que muchas veces este temor me ha quitado la pluma de la mano, y ha hecho retroceder los asuntos hácia el mesmo entendimiento de quien querian brotar; el cual inconveniente no topaba en los asuntos profanos, pues una heregía contra el arte no la castiga el Santo Oficio, sino los discretos con risa y los críticos con censura; y esta, _justa, vel injusta, timenda nos est_, pues deja comulgar y oir misa, por lo cual me da poco ó ningun cuidado, porque segun la mesma decision de los que lo calumnian, ni tengo obligacion de saber, ni aptitud para acertar: luego si lo yerro, ni es culpa ni es descrédito, pues no tengo posibilidad de acertar _y ad impossibilia nemo tenetur_. Y á la verdad, yo nunca he escrito sino violentada y forzada, y solo por dar gusto á otros, no solo sin complacencia, sino con positiva repugnancia, porque nunca he juzgado de mi que tenga el caudal de letras é ingenio que pide la obligacion de quien escribe, y así es la ordinaria respuesta á los que me instan (y mas si es asunto sagrado): ¿Qué entendimiento tengo yo? ¿qué estudio?

¿qué materiales? ¿ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposicion mal sonante, ó torcer la genuina inteligencia de algun lugar. Yo no estudio para escribir ni ménos para enseñar, que fuera en mí desmedida soberbia, sino solo por ver si con estudiar ignoro ménos.

Así lo respondo, y así lo siento.

El escribir nunca ha sido dictámen propio, sino fuerza agena, que les pudiera decir con verdad: _Vos me coegistis_. Lo que sí es verdad, que no negaré (lo uno porque es notorio á todos, y lo otro aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor á la verdad) que desde que me rayó la luz de la razon, fué tan vehemente y poderosa la inclinacion á las letras, que ni agenas reprehensiones (que he tenido muchas) ni propias reflexas (que he tenido no pocas) han bastado á que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí; su Majestad sabe porqué y para qué, y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento, dejando solo la que baste para guardar su ley, pues lo demas sobra (segun algunos) en una mujer; y aun hay quien diga que daña.

Sabe tambien su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar con mi nombre mi entendimiento, y sacrificarle solo á quien me le dió, y que no otro motivo me entró en religion, no obstante que al desembarazo y quietud que pedia mi estudiosa intencion, eran repugnantes los ejercicios y compañía de una comunidad; y despues en ella, sabe el Señor, y lo sabe en el mundo quien solo lo debió saber, lo que intenté en órden de esconder mi nombre, y que no me lo permitió, diciendo que era tentacion; y así seria. Si yo pudiera pagaros algo de lo que os debo, señora mia, creo que solo os pagara en contaros esto, pues no ha salido de mi boca jamás, excepto para quien debió salir. Pero quiero que con haberos franqueado de par en par las puertas de mi corazon, haciéndoos patentes sus mas sellados secretos, conozcais que no desdice mi confianza lo que debo á vuestra venerable persona y excesivos favores.

Prosiguiendo en la narracion de mi inclinacion (de que os quiero dar entera noticia) digo que no habia cumplido los tres años de mi edad, cuando enviando mi madre á una hermana mia, mayor que yo, á que se le enseñase á leer en una de las que llaman _Amigas_, me llevó á mí tras ella el cariño y la travesura; y viendo que la daban leccion, me encendí yo de manera en el deseo de saber leer, que engañando, á mi parecer, á la maestra le dije: _Que mi madre ordenaba me diese leccion_. Ella no lo creyó, porque no era creible; pero por complacer al donaire me la dió.

Proseguí yo en ir y ella prosiguió en enseñarme, ya no de burlas, porque la desengañò la esperiencia, y supe leer en tan breve tiempo, que ya sabia, cuando lo supo mi madre, á quien la maestra lo ocultó por darle el gusto por entero y recibir el galardon por junta; y yo lo callé creyendo que me azotarian por haberlo hecho sin órden. Aun vive la que me enseñó, Dios la guarde, y puede testificarlo. Acuérdome que en estos tiempos, siendo mi golocina la que es ordinaria en aquella edad, me abstenia de comer queso, porque oi decir que hacia rudos, y podia conmigo mas el deseo de saber que el de comer, siendo este tan poderoso en los niños. Teniendo yo despues como seis años ó siete, y sabiendo ya leer y escribir, con todas las otras habilidades de labores y costuras que deprenden las mujeres, oi decir que habia Universidad y escuelas en que se estudiaban las ciencias, en Méjico; y apénas lo oi cuando empecé á matar á mi madre con instantes é importunos ruegos sobre que, mudándome el trage, me enviase á Méjico, en casa de unos deudos que tenia para estudiar y cursar la Universidad. Ella no lo quiso hacer (é hizo muy bien); pero yo despiqué el deseo en leer muchos libros varios que tenia mi abuelo, sin que bastasen castigos ni reprensiones á estorbarlo; de manera que cuando vine á Méjico se admiraban, no tanto del ingenio, cuanto de la memoria y noticias que tenia, en edad que parecia que apénas habia tenido tiempo para aprender á hablar. Empecé á deprender gramática, en que creo no llegaron á veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres (y más en tan florida juventud) es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro y seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba ántes, é imponiéndome ley de que si cuando volviese á crecer hasta allí no sabia tal ó tal cosa, que me habia propuesto deprender en tanto que crecia, me lo habia de volver á cortar, en pena de rudeza.

Sucedia así que él crecia y yo no sabia lo propuesto, porque el pelo crecia á priesa y yo aprendia de espacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza; que no me parecia razon que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era mas apetecible adorno. Entréme religiosa, porque aunque conocia que tenia el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales) muchas de las repugnantes á mi genio, con todo, para la total negacion que tenia al matrimonio, era lo ménos desproporcionado y lo más decente que podia elegir, en materia de la seguridad que deseaba de mi salvacion; á cuyo primer respecto (como al fin más importante) cedieron y sujetaron la cerviz todas las impertinencillas de mi genio, que eran de querer vivir sola, de no querer tener ocupacion obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros. Esto me hizo vacilar algo en la determinacion, hasta que alumbrándome personas doctas de que era tentacion, la vencí con el favor Divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo. Pensé yo que huia de mi misma; pero ¡miserable de mí! trájeme á mí conmigo, y traje mi mayor enemigo en esta inclinacion que no sé determinar si por prenda ó castigo me dió el Cielo, pues de apagarse ó embarazarse con tanto ejercicio que la religion tiene, reventaba como pólvora, y se verificaba en mí el _privatio es causa appetitus_.

Volví (mal dije, pues nunca cesé), proseguí, digo, en la estudiosa tarea (que para mí era descanso en todos los ratos que sobraban á mi obligacion) de leer y más leer, de estudiar y más estudiar, sin mas maestro que los mismos libros. Ya se ve cuan duro es estudiar en aquellos caracteres sin alma, careciendo de la voz viva y esplicacion del maestro; pues todo este trabajo sufria yo muy gustosa por amor á las letras; si hubiese sido por amor de Dios, que era lo acertado, cuánto hubiera merecido! Bien que yo procuraba elevarlo, cuanto podia, y dirigirlo á su servicio, porque el fin á que aspiraba era á estudiar Teología, pareciéndome menguada inhabilidad, siendo catòlica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales, de los divinos misterios, y que siendo monja y no seglar debia, por el estado eclesiástico, profesar letras; y mas siendo hija de un San Jerónimo y de una Santa Paula, que era degenerar de tan doctos padres ser idiota la hija. Esto me proponia yo de mi misma, y me parecia razon; si no es que era (y esto es lo más cierto) lisonjear y aplaudir mi propia inclinacion, proponiéndola como obligatorio su propio gusto; con esto proseguí dirigiendo siempre, como he dicho, los pasos de mi estudio á la cumbre de la sagrada teología; pareciéndome preciso, para llegar á ella, subir por los escalones de las ciencias y artes humanas, porque ¿cómo entenderá el estilo de la reina de las ciencias, quien aun no sabe el de las ancillas?

¿Cómo sin lógica sabria yo los métodos generales y particulares con que está escrita la Sagrada Escritura? ¿Cómo sin retórica entenderia sus figuras, tropos y locuciones? ¿Cómo sin física tantas cuestiones naturales de las naturalezas de los animales, de los sacrificios, donde se simbolizan tantas cosas ya declaradas, y otras muchas que hay? ¿Cómo si el sanar Saul al sonido del arpa de David fué virtud y fuerza natural de la música, ó sobrenatural que Dios quiso poner en David? ¿Cómo sin aritmética se podrán entender tantos cómputos de años, de dias, de meses, de horas, de hebdómadas tan misteriosas como las de Daniel, y otras para cuya inteligencia es necesario saber las naturalezas, concordancias y propiedades de los números? ¿Cómo sin geometría se podrá medir el Arca Santa del Testamento y la ciudad de Jerusalen, cuyas misteriosas mensuras hacen un cubo con todas sus dimensiones, y aquel repartimiento proporcional de todas sus partes, tan maravilloso? ¿Cómo sin arquitectura el gran templo de Salomon, donde fué el mismo Dios el artífice que dió la disposicion y la traza, y el sabio rey solo fué sobrestante que la ejecutó, donde no habia basa sin misterio, columna sin símbolo, cornisa sin alusion, arquitrave sin significado; y así de otras sus partes, sin que el mas mínimo filete estuviese solo por el servicio y complemento el arte, sino simbolizando cosas mayores? ¿Cómo sin grande conocimiento de reglas y partes de que consta la historia se entenderán los libros historiales? ¿Aquellas recapitulaciones en que muchas veces se pospone en la narracion lo que en el hecho sucedió primero? ¿Cómo sin grande noticia de ambos derechos podrán entenderse los libros legales? ¿Cómo sin grande erudicion tantas cosas de historias profanas de que hace mencion la Sagrada historia? ¿Tantas costumbres de gentiles? tantos ritos? tantas maneras de hablar? ¿Cómo sin muchas reglas y lecciones de Santos Padres se podrá entender la oscura locucion de los profetas? Pues sin ser perito en la música ¿cómo se entenderán aquellas proporciones musicales y sus primores que hay en tantos lugares, especialmente en aquellas peticiones que hizo á Dios Abrahan por las ciudades, de que si perdonaria habiendo cincuenta justos? y de este número bajó á cuarenta y cinco que es _sesquinona_, y es de _mi_ á _re_; de aquí á cuarenta, es _sesquioctava_, y es como de _re_ á _mi_; de aquí á treinta, que es _sesquitercia_, que es la del _diatessaron_; de aquí á veinte, que es la proporcion _sesquialtera_, que es la del _diapente_; de aquí á diez que es la _dupla_, que es el diapason; y como no hay mas proporciones armónicas, no pasó de ahí. Pues ¿cómo se podia entender esto sin la música? Allá en el libro de Job le dice Dios: _Nunquid conjungere valebis micantes stellas pleyades, aut gyrum Areturi poteris dissipare? Nunquid producis Luciferum in tempore suo, &.

Vesperum super filios Terce consurgere facis?_ Cuyos términos, sin noticia de astrología, será imposible entender. Y no solo estas nobles ciencias, pero no hay arte mecánica que no se mencione. Y en fin, como el libro que comprende tonos los libros, y la ciencia en que se incluyen todas las ciencias, para cuya inteligencia todas sirven; y despues de saberlas todas (que ya se ve que no es fácil, ni aun posible) pide otra circunstancia mas que todo lo dicho, que es una continua oracion y pureza de vida, para impetrar de Dios aquella purgacion de ánimo é ilustracion de mente que es menester para la inteligencia de cosas tan altas; y si esto falta, de nada sirve lo demas.

Del Angélico Doctor Santo Tomas dice la Iglesia estas palabras: _In difficultatibus locorum Sacrae Scripturœ ad orationem jejunium adhibebat. Quin etiam sodali suo Fratri Reginaldo dicere solebat, quidquid sciret, non tam studio, aut labore suo peperisse, quam divinitus traditum accepisse._ Pues yo tan distante de la virtud y las letras ¿cómo habia de tener ánimo para escribir? Y así por tener algunos principios grangeados, estudiaba continuamente diversas cosas, sin tener para alguna particular inclinacion, sino para todas en general; por lo cual el haber estudiado en unas mas que en otras, no ha sido en mi eleccion, sino que el acaso de haber topado mas á mano libros de aquellas facultades, les ha dado (sin arbitrio mio) la preferencia; y como no tenia interes que me moviese, ni límite de tiempo que me estrechase el continuado estudio de una cosa, por la necesidad de los grados, casi á un tiempo estudiaba diversas cosas, ó dejaba unas por otras; bien que en eso observaba órden, porque á unas llamaba estudio y á otras diversion; y en estas descansaba de las otras; de donde se sigue que he estudiado muchas cosas y nada sé, porque las unas han embarazado á las otras. Es verdad que esto digo de la parte práctica en las que la tienen, porque claro está que miéntras se mueve la pluma, descansa el compas, y miéntras se toca el arpa sosiega el órgano, _&. sic de cœteris_: porque como es menester mucho uso corporal para adquirir hábito, nunca le puede tener perfecto quien se reparte en varios ejercicios; pero en lo formal y especulativo sucede lo contrario, y quisiera yo persuadir á todos con mi esperiencia, á que no solo no estorban, pero se ayudan, dando luz y abriendo camino las unas para las otras, por variados y ocultos engaces que para esta cadena universal les puso la sabiduría de su Autor; de manera que parece se corresponden y están unidas con admirable trabazon y concierto. Es la cadena que siguieron los antiguos, que salia de la boca de Júpiter, de donde pendian todas las cosas eslabonadas unas con otras. Así lo demuestra el R. P. Atanasio Quirquerio en su curioso libro de _Magnete_. Todas las cosas salen de Dios, que es el centro á un tiempo y la circunferencia de donde salen y donde paran todas las líneas criadas.

Yo de mí puedo asegurar que lo que no entiendo en un autor de una facultad, lo suelo entender en otro de otra que parece muy distante; y esos propios, al esplicarse, abren ejemplos metafóricos de otras artes; como cuando dicen los lógicos que el medio se ha con los términos, como se ha una medida con dos cuerpos distantes, para conferir si son iguales ó no; y que la oracion del lógico anda como la línea recta por el camino mas breve, y la del retórico se mueve como la curva por el mas largo, pero van á un mismo punto los dos. Y cuando dicen que los expositores son como la mano abierta y los escolásticos como el puño cerrado; y así no es disculpa, ni por tal la doy, el haber estudiado diversas cosas, pues estas ántes se ayudan; sino que el no haber aprovechado ha sido ineptitud mia y debilidad de mi entendimiento, no culpa de la variedad; lo que si pudiera ser descargo mio, es el sumo trabajo, no en carecer de maestros, sino de condiscípulos con quienes conferir y ejercitar lo estudiado, teniendo solo por maestro un libro mudo, por condiscípulo un tintero insensible; y en vez de explicacion y ejercicio, muchos estorbos, no solo los de mis religiosas obligaciones (que estas ya se sabe cuan útil y provechosamente gastan el tiempo) sino de aquellas cosas accesorias de una comunidad, como estar yo leyendo, y antojárseles en la celda vecina tocar y cantar; estar yo estudiando, y pelear dos criadas y venirme á constituir juez de su pendencia; estar yo escribiendo, y venir una amiga á visitarme, haciéndome muy mala obra con muy buena voluntad; de donde es preciso no solo admitir el embarazo, pero quedar agradecida del perjuicio; y esto es continuamente, porque como los ratos que destino á mi estudio son los que sobran de lo regular de la comunidad, esos mismos les sobran á las otras para venirme á estorbar; y solo saben cuanta verdad es esta los que tienen esperiencia de la vida comun, donde solo la fuerza de la vocacion puede hacer que mi natural esté gustoso, y el mucho amor que hay entre mí y mis amadas hermanas, que como el amor es union, no hay para él estremos distantes.

En esto sí confieso que ha sido inesplicable mi trabajo, y así no puedo decir lo que con envidia oigo á otros, que no les ha costado afan el saber: ¡dichosos ellos! A mí no el saber (que aun no sé) solo el desear saber, me le ha costado tan grande que pudiera decir con mi padre San Gerónimo (aunque no con su aprovechamiento:) _Quid ibi laboris insumserim: quid sustinuerim difficultatis: quoties desperaverim: quotiesque cessaverim, &. contentione dicendi rursus incœperim; testis est conscientia tan mea, qui passus sum, quam corum, qui mecum duxerunt vitam._ Ménos los compañeros y testigos (que aun de ese alivio he carecido), lo demas bien puedo asegurar con verdad. Y ¡qué haya sido tal esta mi negra inclinacion, que todo lo haya vencido!

Solia sucederme que como, entre otros beneficios, debo á Dios un natural tan blando y tan afable, y las religiosas me aman mucho por él (sin reparar, como buenas, en mis faltas) y con esto gustan mucho de mi compañía; conociendo esto y movida del grande amor que las tengo, con mayor motivo que ellas á mi, gusto mas de la suya; así me solia ir, los ratos que á unas y á otras nos sobraban á consolarlas y recrearme con su conversacion. Reparé que este tiempo hacia falta á mi estudio, y hacia voto de no entrar en celda alguna, si no me obligase á ello la obediencia ó la caridad; porque sin este freno tan duro, al de solo propósito le rompiera el amor; y este voto (conociendo mi fragilidad) le hacia por un mes ó por quince dias; y dando, cuando se cumplia, un dia ó dos de treguas, lo volvia á renovar, sirviendo este dia no tanto á mi descanso (pues nunca lo ha sido para mí el no estudiar) cuanto á que no me tuviesen por áspera, retirada é ingrata al no merecido cariño de mis carísimas hermanas.

Bien se deja en esto conocer cual es la fuerza de mi inclinacion.

Bendito sea Dios, que quiso fuese hácia las letras, y no hácia otro vicio, que fuera en mí casi insuperable; y bien se infiere tambien cuan contra la corriente han navegado (ó por mejor decir, han naufragado) mis pobres estudios. Pues aun falta por referir lo mas arduo de las dificultades, que las de hasta aquí solo han sido estorbos obligatorios y casuales, que indirectamente lo son; y faltan los positivos que directamente han tirado á estorbar y prohibir el ejercicio. ¿Quién no creerá, viendo tan generales aplausos, que he navegado viento en popa y mar en leche, sobre las palmas de las aclamaciones comunes? Pues Dios sabe que no ha sido muy así; porque entre las flores de esas mismas aclamaciones se han levantado y despertado tales áspides de emulaciones y persecuciones, cuantas no podré contar; y los que mas nocivos y sensibles me han sido, no son aquellos que con declarado odio y malevolencia me han perseguido, sino los que amándome y deseando mi bien (y por ventura mereciendo mucho con Dios por la buena intencion) me han mortificado y atormentado más que los otros con aquel: _No conviene á la santa ignorancia, que deben, este estudio; se ha de perder, se ha de desvanecer en tanta altura con su mesma perspicacia y agudeza._ ¿Qué me habrá costado resistir esto? ¡Rara especie de martirio, donde yo era el mártir y me era el verdugo! Pues por la (en mi dos veces infeliz) habilidad de hacer versos, aunque fuesen sagrados, ¿qué pesadumbres no me han dado? O ¿cuáles no me han dejado de dar? Cierto, señora mia, que algunas veces me pongo á considerar, que el que se señala, ó le señala Dios, que es quien solo lo puede hacer, es recibido como enemigo comun, porque parece á algunos que usurpa los aplausos que ellos merecen ó que hace estanque de las admiraciones á que aspiraban, y así le persiguen.

Aquella ley políticamente bárbara de Aténas, por la cual salia desterrado de su república el que se señalaba en prendas y virtudes, porque no tiranizase con ellas la libertad pública, todavía dura, todavía se observa en nuestros tiempos, aunque no hay ya aquel motivo de los atenienses; pero hay otro no ménos eficaz, aunque no tan bien fundado, pues parece máxima del impío Maquiavelo, que es, aborrecer al que se señala, porque desluce á otros. Así sucede, y así sucedió siempre.

Y si no ¿cuál fué la causa de aquel rabioso odio de los Fariseos contra Cristo, habiendo tantas razones para lo contrario? Porque si miramos su presencia, ¿cuál prenda mas amable que aquella divina hermosura? ¿cuál mas poderosa para arrebatar los corazones? Si cualquiera belleza humana tiene jurisdiccion sobre los albedríos, y con blanda y apetecida violencia los sabe sugetar, ¿qué haria aquella con tantas prerogativas y dotes soberanos? ¿Qué haria? ¿qué moveria? Y ¿qué no moveria aquello incomprensible beldad, por cuyo hermoso rostro, como por un terso cristal, se estaban trasparentando los rayos de la Divinidad? ¿Qué no moveria aquel semblante, que sobre incomparables perfecciones en lo humano, señalaba iluminaciones de divino? Si el de Moises, de solo la conversacion con Dios, era intolerable á la flaqueza de la vista humana, ¿qué seria el del mismo Dios humanado? Pues si vamos á las demas prendas, ¿cuál mas amable que aquella celestial modestia, que aquella suavidad y blandura derramando misericordias en todos sus movimientos?

¿Aquella profunda humildad y mansedumbre? ¿Aquellas palabras de vida eterna y eterna sabiduría? Pues ¿cómo es posible que esto no les arrebatara las almas, que no fuesen enamorados y elevados tras él? Dice la Santa Madre, y madre mia Teresa, que despues que vió la hermosura de Cristo, quedó libre de poderse inclinar á criatura alguna, porque ninguna cosa veia que no fuese fealdad, comparada con aquella hermosura.

Pues ¿Cómo en los hombres hizo tan contrario efecto? Y ya que como