SigPhi · Sor Juana Ines de la Cruz

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz precedid

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Pues si vuelvo los ojos á la tan perseguida habilidad de hacer versos, que en mí es tan natural que aun me violento para que esta carta no lo sea, y pudiera decir aquello de _Quidquid conabar dicere versus erat_; viéndola condenar á tantos tanto y acriminar, he buscado muy de propósito cuál sea el daño que puedan tener, y no le he hallado; ántes sí los veo aplaudidos en las bocas de las Sibilas, santificados en las plumas de los profetas, especialmente de David, de quien dice el gran espositor y amado padre mio (dando razon de las mensuras de sus metros): _In more Hac, & Pindarum, nunc iambo currit, nunc calico personat, nunc saphicorum, & nunc semipede ingreditur._ Los mas de los Libros Sagrados están en metro, como el Cántico de Moises; y los de Job (dice San Isidoro en sus etimologías) que están en verso heróico. En los Epitalamios los escribió Salomon, en los Threnos Jeremías. Y así dice Casiodoro: _Omnis Poetica locutio á Divinis Scripturis sumpsit exordium._ Pues nuestra Iglesia católica, no solo no los desdeña, mas los usa en sus himnos, y recita los de San Ambrosio, Santo Tomas San Isidoro y otros. San Buenaventura les tuvo tal afecto, que apénas hay plana suya sin versos. San Pablo bien se ve que los habia estudiado, pues los cita, y traduce el de Arato: _In ipso enim vivimus, & sumus._ Y alega el otro de Parménides _Cretenses semper mendaces, malæ bestiæ, pigri_. San Gregorio Nacianceno disputa en alegantes versos las cuestiones del matrimonio y la de la virginidad. Y ¿qué me causó? La Reina de la sabiduría y Señora nuestra, con sagrados labios entonó el Cántico del Magnificat; y habiéndola traido por ejemplar, agravio fuera traer ejemplos profanos, aunque sean de varones gravísimos y doctísimos, pues esto sobra para prueba y el ver que aunque como la elegancia hebrea no se pudo estrechar á la mensura latina, á cuya causa el traductor sagrado, mas atento á lo importante del sentido, omitió el verso; con todo, retienen los Psalmos el nombre y divisiones de versos; pues ¿cuál es el daño que pueden tener ellos en sí? Porque el mal uso, no es culpa del arte, sino del mal profesor que los vicia, haciendo bellos lazos del demonio; y esto en todas las facultades y ciencias sucede. Pues si está el mal en que los use una mujer, ya se ve cuantas los han usado loablemente; pues ¿en qué está el hacerlo yo? Confieso desde luego mi ruindad y vileza; pero no juzgo que se habrá visto una copla mia indecente. Demas que yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad, sino por ruegos y preceptos ajenos; de tal manera que no me acuerdo haber escrito por mi gusto sino un papelillo que llaman _Sueño_. Esa carta que vos, señora mia, honrasteis tanto, la escribí con mas repugnancia que otra cosa; y así porque era de cosas sagradas, á quienes (como he dicho) tengo reverente temor, como porque parecia querer impugnar, cosa á que tengo aversion natural; y creo que si pudiera haber prevenido el dichoso destino á que nacia, pues como á otro Moises la arrojé expósito á las aguas del Nilo del silencio, donde la halló y acarició una princesa como vos; creo (vuelvo á decir) que si yo tal pensara, la ahogara ántes entre las mismas manos en que nacia, de miedo de que pareciesen á la luz de vuestro saber los torpes borrones de mi ignorancia; de donde se conoce la grandeza de vuestra bondad, pues está aplaudiendo vuestra voluntad lo que precisamente ha de estar repugnando vuestro clarísimo entendimiento. Pero ya que su ventura la arrojó á vuestras puertas, tan expósita y huérfana que hasta el nombre le pusisteis vos, pésame que entre mis deformidades llevase tambien los defectos de la prisa; porque así por la poca salud que continuamente tengo, como por la sobra de ocupaciones en que me pone la obediencia, y carecer de quien me ayude á escribir, y estar necesitada á que todo sea de mi mano; y porque como iba contra mi genio y no queria mas que cumplir con la palabra á quien no podia desobedecer, no veia la hora de acabar; y así dejé de poner discursos enteros y muchas pruebas que se me ofrecian, y las dejé por no escribir mas; que á saber que se habia de imprimir, no las hubiera dejado, siquiera por dejar satisfechas algunas objeciones que se han excitado y pudiera remitir. Pero no seré tan desatenta que ponga tan indecentes objetos á la pureza de vuestros ojos; pues basta que los ofenda con mis ignorancias sin que los ofenda ajenos atrevimientos. Si ellos por sí volaren por allá (que son tan livianas que si harán) me ordenareis lo que debo hacer, que si no es interviniendo vuestros preceptos, lo que es por mi defensa nunca tomaré la pluma, porque me parece que no necesita de que otro le responda, quien en lo mismo que se oculta conoce su error; pues (como dice mi padre San Gerónimo) _Bonus sermo secreta non quaerit_. Y San Ambrosio: _Latere criminosae est conscientiae._ Ni yo me tengo por impugnada, pues dice una regla del derecho: _Accusatio non tenetur, si non curat de persona, quae produxerit illam._ Lo que si es de ponderar es, el trabajo que le ha costado el andar haciendo traslados; ¡rara demencia! cansarse mas en quitarse el crédito, que pudiera en grangearlo.

Yo (señora mia) no he querido responder, aunque otros lo han hecho (sin saberlo yo) hasta que he visto algunos papeles, y entre ellos uno que por docto os remito, y porque el leer os desquite parte del tiempo que os he malgastado en lo que yo escribo. Si señora, vos, gustáredes de que yo haga lo contrario de lo que tenia propuesto á vuestro juicio y sentir, al menor movimiento de vuestro gusto cederá (como es razon) mi dictámen, que, como os he dicho, era de callar, porque aunque dice San Juan Crisóstomo, _Calumniatores convincere oportet, interrogatores docere_; veo que tambien dice San Gregorio: _Victoria non minor est, hostes tolerare, quám hostes vincere_; y que la paciencia vence tolerando y triunfa sufriendo. Y si entre los gentiles romanos era costumbre en la mas alta cumbre de la gloria de sus capitanes, cuando entraban triunfando en las naciones, vestidos de púrpura y coronados de laurel, tirando el carro en vez de brutos coronadas frentes de vencidos reyes, acompañados de los despojos de las riquezas de todo el mundo, y adornada la milicia vencedora de las insignias de sus hazañas, oyendo los aplausos populares en tan honrosos títulos y renombres, como llamarlos padres de la patria, columnas del imperio, muros de Roma, amparos de la república, y otros nombren gloriosos; que en este supremo auge de la gloria y felicidad humana fuese un soldado en voz alta diciendo al vencedor (como consentimiento suyo y órden del Senado): “Mira que eres mortal; mira que tienes tal y tal defecto;” sin perdonar los mas vergonzosos, como sucedió en el triunfo de César, que voceaban los mas viles soldados á sus oidos: _Cavete Romani, adducimus vobis adulterum, calvum_; lo cual se hacia porque en medio de tanta honra, no se desvaneciese el vencedor, y porque el lastre de estas afrentas hiciese contrapeso á las velas de tantos aplausos, para que no peligrase la nave del juicio entre los vientos de las aclamaciones: si esto, digo, hacian unos gentiles con sola la luz de la ley natural, nosotros católicos, con un precepto de amor á los enemigos, ¿qué mucho haremos en tolerarlos?

Yo de mi puedo asegurar que las calumnias algunas veces me han mortificado; pero nunca me han hecho daño, porque yo tengo por muy necio al que, teniendo ocasion de merecer, pasa el trabajo y pierde el mérito; que es como los que no quieren confesarse al morir, y al fin mueren, sin servir su resistencia de escusar la muerte, sino de quitarles el mérito de la conformidad, y de hacer mala muerte, la muerte que podia ser bien.

Y así (señora mia) estas cosas creo que aprovechan mas que dañan; y tengo por mayor el riesgo de los aplausos en la flaqueza humana, que suelen apropiarse lo que no es suyo; y es menester estar con mucho cuidado, y tener escritas en el corazon aquellas palabras del Apóstol: _Quid autem habes, quod non accepisti? Si autem accepisti, quid gloriaris quasi non accepisti?_ para que sirvan de escudo que resista las puntas de las alabanzas, que son lanzas; que en no atribuyéndose á Dios, cuyas son, nos quitan la vida y nos hacen ser ladrones de la honra de Dios y usurpadores de los talentos que nos entregó y de los dones que nos prestó, y de que hemos de dar estrechísima cuenta. Y así (señora) yo temo mas esto que aquello; porque aquello, con solo un acto sencillo de paciencia, está convertido en provecho; y esto, son menester muchos actos reflexos de humildad y propio conocimiento, para que no sea daño.

Y así de mí lo conozco y reconozco, que es especial favor de Dios el conocerlo para saberme portar en uno y en otro con aquella sentencia de San Agustin: _Amico laudanti credendum non est sicut nec inimico detrahenti._ Aunque yo soy tal que las mas veces lo debo de echar á perder, ò mezclarlo con tales defectos é inperfecciones, que vicio lo que de suyo fuera bueno; y así en lo poco que se ha impreso mio, no solo mi nombre, pero ni el consentimiento para la impresion ha sido dictámen propio, sino libertad ajena, que no cae debajo de mi dominio, como lo fué la impresion de la Carta atenagórica; de suerte que solamente unos Ejercicios de la Encarnacion, y unos ofrecimientos de los Dolores se imprimieron con gusto mio, por la pública devocion, pero sin mí nombre; de los cuales remito algunas copias, porque (si os parece) las repartais entre nuestras hermanas las religiosas de esa santa comunidad, y demas de esa ciudad. De los Dolores va solo uno, porque se han consumido ya y no pude hallar mas. Hícelos solo por la devocion de mis hermanas, años ha, y despues se divulgaron; cuyos asuntos son tan improporcionados á mi tibieza como á mi ignorancia, y solo me ayudò en ellos ser cosas de nuestra gran Reina; que no sé qué se tiene, el que en tratando de María Santísima, se enciende el corazon mas helado. Yo quisiera (venerable señora mia) remitiros obras dignas de vuestra virtud y sabiduría, pero como dijo el Poeta: _Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas:_ _Hac ego contentus, auguror esse Deos._ Si algunas otras cosillas escribiere, siempre irán á buscar el sagrado de vuestras plantas y el seguro de vuestra correccion, pues no tengo otra alhaja con que pagaros; y en sentir de Séneca el que empezó á hacer beneficios, se obligó á continuarlos; y así os pagará á vos vuestra propia liberalidad, que solo así puedo yo quedar dignamente desempeñada, sin que caiga en mí aquello del mismo Séneca: _Turpe est beneficijs vinci_; que es bizarría del acreedor generoso dar al deudor pobre con qué pueda satisfacer la deuda. Así lo hizo Dios con el mundo imposibilitado de pagar: dióle á su hijo propio para que se le ofreciese por digna satisfaccion. Si el estilo de esta carta (venerable señora mia) no hubiere sido como á vos es debido, os pido perdon de la casera familiaridad, ó ménos autoridad de que tratándoos como á una religiosa de velo hermana mia se me ha olvidado la distancia de vuestra ilustrísima persona, que á veros yo sin velo, no sucediera así; pero vos con vuestra cordura y benignidad suplireis ó enmendareis los términos; y si os pareciere incongruo el vos de que yo he usado, por parecerme que para la reverencia que os debo es muy poca reverencia la Reverencia, mudadlo en el que os pareciere decente á lo que vos mereceis, que yo no me he atrevido á exceder de los límites de vuestro estilo ni romper el márgen de vuestra modestia. Y mantenedme en vuestra gracia para impetrarme la Divina, de que os conceda el Señor muchos aumentos, y os guarde, como le suplico y he menester. De este convento de N. Padre San Gerónimo de Méjico, á primero dia del mes de Marzo de mil seiscientos y noventa y un años.

B. V. M. vuestra mas favorecida, _Juana Ines de la Cruz._ FIN.

INDICE.

Dedicatoria Biografía de Sor Juana Ines de la PÁG.

Cruz, poetisa mejicana del siglo XVII, y juicio crítico de sus obras I Advertencias LXXXV ROMANCES.

I A los condes de Parédes, vireyes de Méjico, con motivo de haber concurrido á una fiesta en el monasterio de San Jerónimo 1 II Dando el parabien á un doctorado 4 III A un caballero español que dirigió á la autora un romance, diciéndola haber hallado en ella el fénix 5 IV A la condesa de Parédes, escusándose de enviarla un cuaderno de música 12 V A la condesa de Galve en su cumpleaños 18 VI A la misma condesa 21 VII Desahogos del corazon 26 VIII A un caballero que decia tener el pecho de nieve 27 IX Entre la obligacion y el afecto 31 X En que ocultamente espresa ménos aversion de la que afectaba un enojo 36 XI Preludios del dolor de una ausencia 39 XII Los celos prueban amor (fragmentos) 43 XIII Al marques de la Laguna (fragmentos) 49 XIV La ciencia inútil 51 XV Dando las pascuas á la condesa de Parédes 56 XVI Con ocasion de haberse sacado por suerte, en una diversion de año nuevo, un galan para cada dama (fragmentos) 58 XVII A doña María de Guadalupe Alencastre (fragmentos) 61 XVIII A Fílis (fragmentos) 64 XIX La autora de su Mecenas, enviándole unos versos 67 XX Responde á un caballero peruano que la habia elogiado, y revela su nombre 69 XXI En reconocimiento á los autores europeos que elogiaron los versos de la poetisa (fragmentos) 76 XXII (Fragmentos) 79 XXIII Fragmentos del auto historial “El cetro de Josef. La mujer de Putifar á Josef” 81 XXIV Lucha entre la virtud y la costumbre 83 XXV Elogio de María en el misterio de la Encarnacion 85 XXVI Ave Regina coelorum 86 XXVII A Cristo sacramentado, en el dia de la comunion 87 XXVIII A San Pedro 89 XXIX A Santa Catalina mártir (fragmentos) 90 XXX En la profesion de una religiosa 91 DÉCIMAS.

I Á una rosa (alegoría) 92 II Presto celos llorarás 94 III El alma rendida por el amor (alegoría) 96 IV Con motivo de un presente 99 V El error de una disculpa Id.

VI A una dama que temia el aojo 100 VII Retrato de una belleza Id.

VIII La razon contra el amor 101 IX Enviando su imágen á una persona 103 X Excusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse 105 XI Pidiendo á la vireina la libertad para un ingles 108 REDONDILLAS.

I A los hombres 110 II Gratitud 113 III Un justo medio 115 IV Respuesta á un caballero que dijo se ponia hermosa la mujer con solo amar 117 V Efectos del amor 119 VI Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos 123 VII Escusándose de un silencio 125 VIII Del retrato de una belleza (fragmentos) 128 IX En la profesion de una religiosa 131 X Sobre el Santísimo Sacramento 132 Oracion del Papa Urbano VIII, traducida del latin 133 GLOSAS.

I Luego que te ví te amé 135 II Si de mis mayores gustos 137 QUINTILLAS.

A San Pedro 139 SONETOS.

I Satisfaccion cumplida 141 II En el dia de dias de un hermano da la poetisa 142 III Con el dolor de la mortal herida 143 IV Detente, sombra de mi bien esquivo 144 V Yo no puedo tenerte ni dejarte 145 VI Yo adoro al Lisi, pero no pretendo 146 VII Al que ingrato me deja, busco amante; 147 VIII Feliciano me adora y le aborrezco; 148 IX Fabio, en el ser de todos adoradas 149 X Miró Celia una rosa que en el prado 150 XI A Lucrecia 151 XII A la misma 152 XIII La esposa de Pompeyo 153 XIV A Porcia 154 XV Vesme, Alcino, que atada á la cadena 155 XVI Despues de la enfermedad de la autora. A la vireina, marquesa de Mancera 156 XVII Consonantes forzados 157 XVIII Id. Id. 158 XIX A la esperanza 159 XX ¿Que es lo que Alcino? ¿Como tu cordura? 160 XXI Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno 161 XXII Dices que yo te olvido, Celia, y mientes 162 XXIII Al rey de España, con ocasion de un acto piadoso para con el Santísimo Sacramento 163 XXIV Firma Pilato la que juzgo agena 164 XXV A la muerte del duque de Veráguas 165 XXVI Al mismo asunto 166 XXVII En la muerte de la marquesa de Mancera 167 XXVIII Quejas de la autora por los aplausos de que era objeto 168 XXIX Píramo y Tisbe 169 XXX Desahogos de un celoso 170 CANCIONES.

I Sentimientos de una ausencia 171 II Satisfaccion á unos celos 175 III Sentimientos de una esposa en la muerte de su esposo 177 IV Al mismo objeto que el anterior 180 V Divino dueño mio 184 VI Prolija memoria 186 VII Fragmentos 190 VIII Id. 122 ODAS, LIRAS Y LETRILLAS.

I En la profesion de una religiosa 193 II A la asuncion 196 III Al mismo asunto 197 IV A San Pedro 199 V De Santa Catalina mártir 201 VI Al mismo asunto (letrilla) 203 VII En la dedicacion de un templo 205 VIII Juguetillo á María 207 IX Villancicos en la fiesta de San José 209 SILVA.

Retrato de una belleza, poesía burlesca imitada de Jacinto Polo 211 EPIGRAMAS.

Que te dan en la hermosura 223 Los silbos (diálogo) 225 Los empeños de una casa (comedia famosa) 227 Carta de la muy ilustre Señora Sor Filotea de la Cruz en que aplaude á la poetisa la honesta é hidalga habilidad de hacer versos; mandándole dar á la estampa la Crísis sobre un sermon, con el título de Respuesta de la poetisa 343 NOTAS: [A] Esta es sin duda equivocacion con el padre de la poetisa que fué guipuzcoano, pues ella nació cerca de Méjico, como se verá despues. En cuanto á las fechas del nacimiento y muerte, son exactas, en tanto que en algunos apuntes biográficos que hemos visto, está errada la primera.

[B] De los tres tomos que tenemos á la vista, el 1.º es de una tercera edicion hecha en Valencia en 1709; el 2.º, reimpresion tambien, se ha hecho en Madrid en 1715, y el 3.º en la misma corte en 1714.

[C] Vivuntque commissi calores Æoliæ fidibus puellæ [Horatii. IV 9.]

[D] Nuestro malogrado amigo el estimable escritor colombiano don José María Vergara y Vergara, en su “Historia de la literatura en Nueva Granada,” página 176, asegura que fué don Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla quien dirigió á Sor Juana Ines los dos romances que corren entre las obras de esta como producciones de un caballero peruano; porque segun añade el señor Vergara, “En aquellos tiempos era Perú todo lo que no era Méjico y Antillas.” Juzgamos que el literato colombiano padeció equivocacion, pues no cabe suponer que la sabia monja hubiese cometido el error de confundir á la Nueva Granada con el Perú; error creible solo en gente no instruida. Ademas, en la contestacion de Sor Juana al primero de los citados romances se ve claramente que su autor tenia por apellido _Navarrete_; y en la respuesta al segundo se descubre que quien le escribió fué el _Conde de la Granja_.

Las endechas que ha copiado el señor Vergara en su obra, no corren en ninguno de los tres tomos de las de Sor Juana, sin que por esto digamos que no son auténticas; lo único que talvez pudiera suponerse es que esos versos no llegaron á manos de la religiosa, á causa de lo tardio y difícil que entónces era la correspondencia tanto entre Europa y América, como entre las mismas colonias americanas.

El señor Vergara cita igualmente una carta de Álvarez de Velasco á la monja; pero está datada en 1698, esto es, tres años despues de la muerte de esta, que acaeció en 1695. O tamaña equivocacion viene de algun error de pluma, ó bien debemos creer que las mismas dificultades opuestas á las relaciones de pueblo á pueblo hicieron que el autor de la carta ignorase por tan largo tiempo el fallecimiento de la ilustre poetisa.

[E] No nos ha parecido fuera de propósito el incluirla en esta coleccion, antes de la carta de nuestra autora.

[F] Este romance está entresacado de otras piezas escritas con igual motivo.

[G] Murió ántes de llegar á Méjico y de muerte súbita.

[H] Alusion al suceso de Icaro.