SigPhi · Sor Juana Ines de la Cruz

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz precedid

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Si el diapason y el diapente En ser perfectos consista En que ni ménos ni mas Su composicion admita; Si la tinta es á las notas Quien todo el valor les quita, Siendo así que muchas hay Que les da valor la tinta; Lo que el armónico medio De sus dos estremos dista, Y del geométrico en que, Y aritmético, distinga; Si á dos mesuras es toda La música reducida, La una que mida la voz, Y la otra que el tiempo mida; Si la que toca á la voz O ya intensa, ó ya remisa Subiendo, ó bajando, el canto Llano solo la ejercita; Mas la exterior que le toca Al tiempo en que es preferida, Mide el compas y á las notas Varios valores asigna; Si la proporcion que hay Del _ut_ al _re_, no es la misma Que del _re_ al _mi_, ni el _fa_, _sol_ Lo mismo que el _sol_, _la_ dista; Que aunque es cantidad tan tenue, Que apénas es percibida, Sexquioctava, ó sexquinona, Son proporciones distintas; Si la enarmónica ser A práctica reducida Puede, ó si se queda en ser Cognicion intelectiva; Si lo cromático el nombre De los colores reciba De las teclas, ó lo vario De las voces añadidas; Y en fin, andar recogiendo Las inmensas baratijas De calderones, guiones, Chaves, reglas, puntos, cifras, Pide otra capacidad Mucho mayor que la mía, Que aspire en las catedrales A gobernar las capillas.

Y mas si es porque en él la Bella doña Petronila A la música en su voz Nueva añada melodía.

¡Enseñar música á un ángel!

¿Quién habrá que no se ria De que la rudeza humana Las inteligencias rija?

Mas si he de hablar la verdad, Es lo que yo algunos dias, Por divertir mis tristezas, Dí en tener esa manía; Y empecé á hacer un tratado Para ver si reducia A mayor facilidad Las reglas que andan escritas.

En èl, si mal no me acuerdo, Me parece que decia, Que es una línea espiral, No un círculo, la armonía; Y por razon de su forma Revuelta sobre sí misma La intitulé _Caracol_, Porque esa revuelta hacia; Pero este está tan informe, Que no solo es cosa indigna De vuestras manos, mas juzgo Que aun le desechan las mias.

Por esto no os le remito; Mas como el Cielo permita A mi salud mas alientos, Y algun espacio á mi vida, Yo procuraré enmendarle, Porque teniendo la dicha De ponerle á vuestros pies, Me cause gloriosa envidia.

De don Pedro y don Martin No podreis culpar de omisas Las diligencias, que juzgo Que aun excedieron de activas.

Y mandadme, que no siempre Ha de ser tal mi desdicha, Que queriendo obedeceros, Con querer, no lo consiga.

Y al gran marques, mi señor, Le direis de parte mia, Que aun en tan muertas distancias Conservo memorias vivas; Que no olvido de su mano Las mercedes recibidas; Pues no son ingratos todos Los que, al parecer, se olvidan; Que si no se lo repito, Es por la razon ya dicha, De escusar que lo molesta Ostente lo agradecida; Que no le escribo, porque Siendo alhaja tan baldía La de mis letras, no intento Que de embarazo le sirva; Y que ya que mi desgracia De estar á sus pies me priva, Le serviré en pedir solo A Dios la vuestra y su vida.

V _A la condesa de Galve, en su cumpleaños._ Si el dia en que tú naciste, Bellísima excelsa Elvira, Es ventura para todos, ¿Porqué no lo será mia?

¿Nací yo acaso en las yerbas O criéme en las ortigas?

¿Fué mi ascendiente algun risco O mi cuna alguna sima?

¿No soy yo gente? ¿No es forma Racional la que me anima?

¿No desciendo, como todos, De Adan por muy recta línea?

¿No hay sindéresis en mí Con que lo mejor elija, Y ya que bien no lo entienda, Por lo ménos lo perciba?

Pues ¿porqué no he de ir á verte, Cuando todos te visitan?

¿Soy ave nocturna para No poder andar de dia?

Si porque estoy encerrada Me tienes por impedida, Para esos impedimentos Tiene el afecto sus limas.

Para el alma no hay encierro Ni prisiones que la impidan, Pues que solo la aprisionan Las que se forja ella misma.

Sutíl y ágil el deseo, No hay, cuando sus plumas gira, Solidez que no penetre Ni distancia que no mida.

Contento con mi carencia, Mi respeto sacrifica Por el culto que te doy El gusto que se me quita.

Entre el gusto y el decoro Quiere la razon que elija Lo que es adoracion tuya, Antes que la fruicion mia.

Yo me alegro de no verte, Porque fuera grosería Que te cueste una indecencia El que yo logre una dicha.

*** Allá voy á verte; pero Perdóname la mentira, Que mal puede ir á un lugar El que siempre en él habita.

Yo siempre de tu asistencia Soy la mental estantigua, Que te asisto, y no me sientes, Que te sirvo y no me miras.

Yo envidiosa de la esfera Dichosa que tu iluminas, Formo con mis pensamientos Las alfombras que tu pisas; Y aunque invisible, allí el alma Te venera tan rendida, Que apénas logra el deseo Desperdicios de tu fimbria.

Mas cierto que del asunto Estoy mas de cuatro millas, Que leguas dijera, á no Ser el asonante en ía; Revístome de dar años, Que aunque tan no apetecida Dádiva en las damas, es De la que tu necesitas; Pero es tan breve el espacio De tu juventud florida, Que á otras se les darán años, Mas á tí se te dan dias.

Yo te los doy, y no pienses Que voy desapercibida De las alhajas que observa Hoy la etiqueta precisas; Pues si de los años es Una cadena la insignia, Tengo la de ser tu esclava; Mira si hay otra mas rica.

Por joyel un corazon, Que en vez de diamantes brilla El fondo de mi fineza, El resplandor de mi dicha.

Góceslos como deseo, Como mereces los vivas, Que en lo que quiero y mereces Dos infinitos se cifran.

No quiero cansarte mas, Porque de que estés es dia Hermosa á mas no poder, Y de adrede desabrida.

VI _A la misma condesa._ Sobre si era atrevimiento, Bella Elvira, responderte, Y sobré si tambien era Cobardía el no atreverme, He pasado pensativa Sobre un libro y un bufete, Porque vayan otros sobres Sobre el amor que me debes, No sé yo qué tantos dias; Porque como tu en tí tienes Reloj de sol, no hay quien mida Lo que vive ó lo que muere.

Y si no lo has por enojo, Despues que estaba el caletre Cansado asaz de pensar Y de revolver papeles, Resuelta á escribirte ya En todos los aranceles De jardines y de luces, De estrellas y de claveles, No hallé en luces ni en colores Comparacion conveniente, Que con mas de quince palmos A tu hermosura viniese; Con ser que no perdoné Trasto que no revolviese En la tienda de Timántes Ni en el obrador de Apéles.

Pues á los poetas ¡cuánto Les revolví los afeites Con que hacen que una hermosura Dure, aunque al tiempo le pese!

En Petrarca hallé una copia De una Laura ó de una duende, Pues dicen que ser no tuvo Mas del que en sus versos tiene.

Cubierta como de polvo, Del griego una copia breve Hallé de Helena, de Homero Olvidada en un retrete.

Pues de Virgilio el coturno No dejó de entrenerse Con Elisa en el _quam Lae Ti te genuare parentes_.

A Proserpina en Claudiano Ni aun me diò gana de verle La su condenada faz Llena de hollines y peces.

De Lucrecia la romana, Aquella beldad valiente, Persuadiendo honor estaba A las matronas de allende.

Florinda vana decia A los moros alquiceles: “Tanto como España valgo, Pues toda por mí se pierden.”

Lavinia estaba callada, Dejando que allá se diesen Turno y el páter Enéas, Y despues, ¡viva quien vence!

En Josefo Marïamne, Al ver que sin culpa muere, Dijo: “Si me mata Heródes, Claro es que muero inocente.”

Angélica en Arïosto Andaba de hueste en hueste Alterando paladines Y descoronando reyes.

En Ovidio, como es Poeta de las mujeres, Hallé que al fin los pintores Eran como los quereses; Y hallé á escoger como en peras Unas bellezas de á veinte, A lo de qué quereis, pluma, Que están diciendo, comedme; En los prados mas que flores, En el campo mas que nieve, En las plantas mas que frutos, En las aguas mas que peces.

A la rubia Galatea Junto á la cándida Tétis, A la florida Pomona, Y á la chamuscada Céres; A la gentil Aretusa, Y á la música Canente A la encantadora Circe Y á la desdichada Héles; A la adorada Corónis, A la infelice Semele, A la agraciada Calixto Y á la jagtante Climene; Y otra gran tropa de ninfas Acuátiles y silvestres, Sin las mondongas que á cuestas Guardaban los adherentes; A la desdeñosa Dafne, A la infausta Nictimene, A la lijera Atalanta, Y á la celebrada Asterie; Y en fin la casa del Mundo Que tantas pinturas tiene De bellezas vividoras Que están sin envejecerse, Cuya dura fama el tiempo, Que todas las cosas muerde Con los bocados de siglos, No les puede entrar el diente, Revolví, como ya digo, Sin que entre todas pudiese Hallar una que siquiera En el vestido os semeje.

Con que de comparaciones Desesperada mi mente Hizo ahorcar en dos cordeles; Y sin tratar de pintarte, Sino solo de quererte, Porque esta aunque culpa, es culpa Muy fácil de cometerse; Y esotro imposible, y culpa, Y mas que culpa, se temen De Icaro los precipicios Y de Faeton los vaivenes.

Mira ¡que vulgar ejemplo!

Que hasta los niños de leche Faetonizan é icarizan La vez que se les ofrece.

Y en fin, no hallo que decirte, Sino solo que ofrecerte, Adorando tus favores, Las gracias de tus mercedes.

De ellos me conozco indigna; Mas eres sol y amaneces Por beneficio comun Para todos igualmente.

Por ellos, señora mia, Postrada beso mil veces La tierra que pisas, y Los pies, que no sé si tienes.

VII A fuera, á fuera, ansias mias, No el respeto os embarace, Que es lisonja de la pena Perder el miedo á los males.

Salga el dolor á las voces, Si quiere mostrar lo grande, Y acredite lo insufrible Con no poder ocultarse.

Salgan signos á la boca De lo que el corazon arde, Que nadie creerá el incendio Si el humo no da señales.

No á impedir el grito sea El miramiento bastante, Que no es muy valiente el preso Que no quebranta la cárcel.

El que su cuidado estime Sus sentimientos no calle, Que es agravio del motivo No hacer del dolor alarde.

Mayor es que yo mi pena, Y esto supuesto, mas fácil Será que ella á mí me venza, Que no que yo en ella mande.

VIII _un caballero que decia tener el pecho de nieve._ Allá va, Julio de Enero, Ese papel, no á tus manos, Sino al alma, que si es nieve, Será de mis tiros blanco.

Arma de loriga el pecho, Anima aliento bizarro, Y á puntas de mis desdenes Preven marmoreos reparos.

Dilata del corazon Los senos mas reservados, Y en inútiles defensas Dobla á mi favor el lauro.

Arma el alma de cordura, De sufrimiento el cuidado, De reflexion lo atrevido, Y de prudencia lo vano; Que no bastará á librarte De mi desden irritado Ni las defensas del pecho, Ni los esfuerzos del brazo; Pues llevo para rendirte Por ministros del estrago Enojo que brota furias, Desden que graniza rayos: Yo que á la deidad montera Crezco el desdeñoso bando, A quien en desden excedo, Si en hermosura no igualo; Yo que en diamantino pecho Guardo un corazon de mármol, Que aun en los tardos latidos Da escasas señas de humano; Yo que en la tabla del tiempo Ejemplos mirando tantos, Hago resguardo presente Los infortunios pasados; Yo á cuyos duros rigores, A cuyo desden helado Templa sus ardores Vénus, Afloja Cupido el arco, A tí que de mi despego Pretendes ser el retrato, Sin advertir lo que dista Lo vivo de lo pintado, Quizá porque así pretendes, Sagazmente temerario, Hacer á la semejanza Tercera del agasajo; Porque talvez en el mundo Hay caprichos tan extraños, Que conceden al desprecio Lo que al amor le negaron.

¡Oh discurso irracional!

¿Que quepa en pechos humanos Lo que al exámen de un bruto Sale siempre condenado?

¿Qué fiera la mas furiosa, Terror del bosque y del campo, Si la sujeta la fuerza No la domestica el trato?

Si debí tan mal concepto, Julio, á tu sentir errado, A costa de tus desprecios Comprarás el desengaño.

Lo que es razon no es capricho, No es delito lo alentado, No es injusticia lo activo, Ni es culpa lo que es recato.

Si porque el amor se ofende Intentas disimularlo, Será doblada la ofensa Por amor y por engaño.

Que no es acertada enmienda, En términos cortesanos, Indicarse de grosero Por eximirse de honrado; Si el amor por sí es plebeyo, No es medio proporcionado Querer que parezca noble Con un disfraz tan villano; Y mas habiendo delitos De afectos tan encontrados; Que aunque es delito el hacerlos Es pundonor sustentarlos; Que ya una vez proferidos Insultos de enamorados, Mejor que lo arrepentido Suele quedar lo obstinado.

Demas que si sé tu amor, ¿Qué importa que tus cuidados Los pronuncies como risa, Si los oigo como llanto?

Varias denominaciones A una misma cosa hallamos, Sin que la sustancia inmute Lo exterior de los vocablos.

Y así en tu dolor será, Cuando muestras desenfado, Mudar el nombre á la queja, Mas no mejorar el daño.

Si el fin que lleva la industria Es de conseguir mi agrado, Malograrás ofendiendo Lo que no alcanzaste amando.

Deja la imposible empresa, Si no quieres temerario Que se rematen castigos Los que avisos empezaron.

Ya, Julio, te he visto en juego; Juega limpio y habla claro, No me vistas de fineza Con apariencias de agravio; Que ántes que amor en mi pecho El cetro empuñe tirano, Fuente me verá su fuego, Laurel me hallarán sus rayos; Que aunque es verdad que castigo Del desden parece casto, Vencedor tronco ser quiero, Mas que vencida ser astro.

IX _Entre la obligacion y el afecto_.

Supuesto, discurso mio, Que gozais en todo el orbe Entre aplausos de entendido De agudo veneraciones, Mostradlo en el duro empeño En que mis ansias os ponen, Dando salida á mis ansias, Dando aliento á mis temores.

Empeño vuestro es el mio; Mirad que será desórden Ser en causa ajena agudo Y en la propia vuestra torpe; Ved que es querer que las causas Con efectos desconformes Nieves el fuego congele, Que la nieve llamas brote.

Manda la razon de estado Que, atendiendo á obligaciones, Las partes de Fabio olvide, Las prendas de Silvio adore; O que al ménos, si no puedo Vencer tan fuertes pasiones, Cenizas de disimulo Cubran amantes ardores; Que vano disfraz las juzgo, Pues harán cuando mas obren Que no se mire la llama, No, que el ardor no se note.

¿Cómo podré yo mostrarme, Entre estas contradicciones, A quien no quiero, de cera, A quien adoro, de bronce?

¿Cómo el corazon podrá, Cómo sabrá el labio torpe Fingir halago, olvidando, Mentir, amando, rigores?

¿Cómo sufrir abatido Entre tan bajas acciones Que lo desmienta la boca Podrá un corazon tan noble?

¿Cómo la boca podrá, Cuando el corazon se enoje, Fingir cariños, faltando Quien le ministre razones?

¿Podrá mi noble altivez Consentir que mis acciones De nieve y de fuego sirvan A ser fábula del orbe?

Y yo doy que tanta dicha Tenga, que todos lo ignoren; Para pasar la vergüenza, ¿No basta que á mí me conste?

Que aquesto es razon me dicen Los que la razon conocen; Pues ¿cómo la razon puede Forjarse de sinrazones?

¿Qué te costaba, hado impio, Dar, al repartir tus dones, O los méritos á Fabio, O á Silvio las perfecciones?

Dicha y desdicha de entrambos, La suerte les descompone, Con que el uno su desdicha Y el otro su dicha ignore.

¿Quién ha visto que tan varia La fortuna se equivoque, Y que el dichoso padezca Porque el infelice goce?

No me conviene el ejemplo Que en el Mongibelo ponen, Que en él es natural gala, Y en mí violencia disforme; Y resistir el combate De tan encontrados golpes No cabe en lo sensitivo, Y puede sufrirlo un monte.

¡Oh vil arte, cuyas reglas Tanto á la razon se oponen; Que para que se ejecuten Es menester que se ignoren!

¿Qué hace en adorarme Silvio?

Cuando mas fino blasone Quererme, ¿es mas que seguir De su inclinacion el norte?

Gustoso vive en su empleo Sin que disgustos le estorben: Pues ¿qué vence, si no vence Por mí sus inclinaciones?

¿Qué víctimas sacrifica, Qué incienso en mis aras pone, Si cambia sus rendimientos Al precio de mis favores?

Mas hago yo, pues no hay duda Que hace finezas mayores Que el que voluntario ruega, Quien violenta corresponde; Porque aquel sigue obediente De su estrella el curso dócil, Y esta contra la corriente De su destino se opone.

El es libre para amarme Aunque otra su amor provoque, Y ¿no tendré yo la misma Libertad en mis acciones?

Si él restituirse no puede, Su incendio mi incendio abone; Violencia que á él le sujeta, ¡Qué mucho que á mí me postre!

¿No es rigor, no es tiranía, Siendo iguales las pasiones, o poder él reportarse Y querer que me reporte?

Quererle porque él me quiere, No es justo que amor se nombre: Que no ama quien para amar El ser amado supone.

No es amor correspondencia, Causas tiene superiores Que las concilian los astros, O lo engendran perfecciones.

Quien ama porque es querida, Sin otro impulso mas noble, Desprecia al amante, y ama Sus propias adoraciones.

Del humo del sacrificio Quiere los vanos honores, Sin mirar si el oferente Ha méritos que le adornen.

Ser potencia y ser objeto A toda razon se opone, Porque es ejercer en sí Sus propias operaciones.

_Aparte rey_ se distingue El objeto que conoce, Y lo amable, no lo amante, Es blanco de los harpones.

Amor no busca la paga De voluntades conformes; Que tan bajo interes fuera Indigna usara en los dioses.

No hay cualidad que en él pueda Imprimir alteraciones Del hielo de los desdenes, Del fuego de los favores.

Su ser es inaccesible Al discurso de los hombres, Que aunque el efecto se sienta, La esencia no se conoce.

Y en fin cuando en mi favor No hubiera tantas razones, Mi voluntad es de Fabio, Silvio, y el mundo perdone.

X _En que cultamente espresa ménos aversion de la que afectaba un enojo._ Si el desamor ó el enojo Satisfacciones admite, Y si talvez los rigores De urbanidades se visten, Escucha, Fabio, mis males, Cuyo dolor, si se mide, Aun el mismo padecerlo No lo sabrá hacer creible; Mira mi altivez postrada, Porque son incompatibles Un pundonor que se ostente, Con un amor que se humille; Escucha de mis afectos Las tiernas voces humildes Que en enfáticas razones Dicen mas de lo que dicen; Que si despues de escucharme Rigor en tu pecho asiste, Informaciones de bronce Te acrediten de insensible.

No amarte tuve propuesto; Mas proponer ¿de qué sirve Si á persuacion de Sirenas No hay propósitos de Ulíses?

Pues es, aunque se prevenga, En las amorosas lides El griego ménos prudente, Y mas engañosa Circe.

Ni ¿qué importa que en un pecho Donde la pasion reside Se resista la razon, Si la voluntad se rinde?

En fin, me rendí ¿Qué mucho Si mis errores conciben La esclavitud como gloria, Y como pension lo libre?

Aun en mitad de mi enojo Estuvo mi amor tan firme, Que, á pesar de mis alientos, Aunque no quise, te quise.

Pensé desatar el lazo Que mi libertad oprime, Y fué apretar la lazada El intentar desasirme.

Si de tus méritos nace Esta pasion que me aflije, ¿Cómo el efecto podrá Cesar si la causa existe?

¿Quién no admira que el olvido Tan poco del amor diste, Que quien camina al primero Al segundo se avecine?

No, pues, permitas, mi Fabio, Que en ti el mismo afecto vive, Que un leve enojo blasone Contra un amor invencible.

No hagas que un amor dichoso Se vuelva en afecto triste, Ni que las aras de Antéros A Cupido se dediquen.

Deja que nuestras dos almas, Pues un mismo amor las rige, Teniendo la union en poco, Amantes se identifiquen; Un espíritu amoroso Nuestras dos vidas anime, Y Láchesis al formarlas De un solo copo las hile.

Nuestros dos conformes pechos Con solo un aura respiren; Un destino nos gobierne, Y una inclinación nos guie.

Y en fin, á pesar del tiempo Pase nuestro amor felice De las puertas de las Parcas, Unidad indivisible, Donde siempre, amantes sombras, Nuestro eterno amor envidien Los Leandros y las Heros, Los Píramos y las Tisbes.

XI _Preludios del dolor de una ausencia._ Ya que para despedirme, Dulce idolatrado dueño, Ni me da licencia el llanto, Ni me da lugar el tiempo, Háblente los tristes rasgos, Entre lastimosos ecos, De mi triste pluma, nunca Con mas justa causa negros.

Y aun esta te hablará torpe Con las lágrimas que vierto, Porque va borrando el agua Lo que va dictando el fuego.

Hablar me impiden los ojos, Y es que se anticipan ellos, Viendo lo que he de decirte, A decírtelo primero.

Oye la elocuencia muda Que hay en mi dolor, sirviendo Los suspiros de palabras, Las lágrimas de conceptos; Mira la fiera borrasca Que pasa en el mar del pecho, Donde zozobran turbados Mis confusos pensamientos; Mira cómo ya el vivir Me sirve de afan grosero, Que se averguenza la vida De durarme tanto tiempo; Mira la muerte que esquiva Huye porque la deseo, Que aun la muerte, si es buscada, Se quiere subir de precio; Mira como el cuerpo amante Rendido á tanto tormento, Siendo en lo demás cadáver, Solo en el sentir es cuerpo; Mira como el alma misma Aun teme, en su ser esento, Que quiera el dolor violar La inmunidad de lo eterno.

En lágrimas y suspiros Alma y corazon á un tiempo, Este se convierte en agua, La otra se resuelve en viento.

Ya no me sirve la vida, Esta vida que poseo, Sino de condicion sola Necesaria al sentimiento.

Mas ¿porqué gasto razones En contar mi pena, y dejo De decir lo que es preciso, Por decir lo que estás viendo?

En fin, te vas. ¡Ai de mí!

Dudosamente lo pienso; Pues si es verdad, no estoy viva, Y si viva, no lo creo.

¿Posible es que ha de haber dia Tan infausto, tan funesto, En que sin ver yo las tuyas Esparza sus luces Febo?

¿Posible es que ha de llegar El rigor á tan severo, Que no ha de darle su vista A mis pesares aliento?

¿Que no he de ver tu semblante?

¿Que no he de escuchar tus ecos?

¿Que no he de gozar tus brazos Ni me ha de animar tu aliento?

¡Ai mi bien! ¡aí prenda mia!

¡Dulce fin de mis deseos!

¿Porqué me llevas el alma Dejándome el sentimiento?

Mira que es contradiccion Que no acabe en un sujeto Tanta muerte en una vida, Tanto dolor en un muerto.

Mas ya que es preciso ¡aí triste!

En mi infelice suceso, Ni vivir con la esperanza, Ni morir con el tormento, Dame algun consuelo tú En en dolor que padezco, Y quien en el suyo muere, Viva siquiera en tu pecho.

No te olvides que te adoro, Y sírvante de recuerdo Las finezas que me debes, Si no las prendas que tengo.

Acuérdate que mi amor Haciendo gala del riesgo, Solo por atropellarlo Se alegraba de tenerlo.

Y si mi amor no es bastante, El tuyo mismo te acuerdo, Que no es poco empeño haber Empezado ya en empeño.

Acuérdate, señor mio, De tus nobles juramentos, Y lo que juró tu boca No lo desmientan tus hechos; Y perdona si en temer Mi agravio, mi bien, te ofendo, Que no es dolor el dolor Que se contiene en lo atento.

Y á Dios, que con el ahogo Que me embarga los alientos, Ni sé ya lo que te digo.

Ni lo que te escribo leo.

XII _Los celos prueban amor._ (FRAGMENTOS.)

*** Son ellos de que hay amor El signo mas manifiesto, Como la humedad del agua Y como el humo del fuego.

No son, que dicen, de amor Bastardos hijos groseros, Sino legítimos, claros Sucesores de su imperio.

Son crédito y prueba suya, Pues solo pueden dar ellos Auténticos testimonios De que es amor verdadero; Porque la fineza, que es De ordinario el tesorero A quien remite las pagas Amor de sus libramientos, ¿Cuántas veces motivada De otros impulsos diversos Ejecuta por de amor Decretos de galanteo?

El cariño ¿cuántas veces, Por dulce entretenimiento Fingiendo quilates, crece La mitad del justo precio?

¿Y cuántas mas el discurso, Por ostentarse discreto, Acredita por de amor Partos del entendimiento?

¿Cuántas veces hemos visto Con disfraz de rendimientos A la propia conveniencia, O á la tema, ó al empeño?

Solo los celos ignoran Fábricas de fingimientos, Que como son locos tienen Propiedad de verdaderos.

*** Del frenético que fuera De su natural acuerdo Se despedaza, no hay quien Juzgue que finge el estremo.

En prueba de esta verdad Mírense cuantos ejemplos En biblioteca de siglos Guarda el archivo del tiempo.

A Dido fingió el troyano, Mintió á Ariadna Teseo, Ofendió á Mínos Pasífae, Y engañaba á Marte Vénus; Semíramis mató á Nino, Elena deshonró al griego, Jasson deshonró á Medea, Y dejó á Olimpia Vireno; Bersabé engañaba á Urias, Dálila al caudillo hebreo, Jael á Sisara horrible, Judit á Holoférnes fiero.

Estos y otros que mostraban Tener amor, sin tenerlo, Todos fingieron amor, Mas ninguno fingió celos; Porque aquel puede fingirse Con otro color; mas estos Son la prueba del amor Y la prueba de sí mesmos.

*** Ellos solos se han con él Como la causa y efecto: ¿Hay celos? luego hay amor.

¿Hay amor? luego habrá celos.

De la fiebre ardiente suya Son el delirio mas cierto, Que como están sin sentido Publican lo mas secreto.

*** Para tener celos basta Solo el temor de tenerlos, Que ya está sintiendo el daño Quien está sintiendo el riesgo.

*** Decir que este no es cuidado Que llega á desasosiego, Podrá decirlo la boca, Mas no comprobarlo el pecho.

*** Y aunque ellos en sí no pasen El término de lo cuerdo, ¿Quién lo podrá persuadir A quien los mira con miedo?

Aplaudir lo que yo estimo Bien puede ser sin intento Segundo; mas ¿quién podrá Tener mis temores quedos?

Quien tiene enemigos, suele Decirse, no tenga sueño; Pues ¿como ha de sosegarse El que los tiene tan ciertos?

Quien en frontera enemiga Descuidado ocupa el lecho, Solo parece que quiere Ser del contrario trofeo.

Aunque inaccesible sea El blanco, si los flecheros Son muchos, ¿quién me asegura Que alguno no tenga acierto?

Quien se alienta á competirme Aun en menores empeños, Es un dogal que compone Mis ahogos con su aliento; Pues ¿qué será el que pretende Excederme en los afectos, Mejorarme en las finezas Y aventajarme en deseos?

¿Quién quiere usurpar mis dichas?

¿Quién quiere ganarme el premio?

Y ¿quién en galas del alma Quiere quedar mas bien puesto?

¿Quién para su exaltación Procura mi abatimiento, Y quiere comprar sus glorias A costa de mis desprecios?

¿Quién pretende con los suyos Deslucir mis sentimientos, Que en los deleites del alma Es el mas sensible duelo?

*** La confianza ha de ser Con proporcionado medio; Que deje de ser modestia Sin pasar á ser despego.

El que es discreto, á quien ama Le ha de mostrar que el recelo Lo tiene en la voluntad Y no en el entendimiento.

Un desconfiar de mí, Y un estar siempre temiendo Que pueda exceder al mio Cualquiera mérito ageno; Un temor que la fortuna Pueda con airado ceño Despojarme, por indigno, Del favor que no merezco; No solo no ofende, y ántes Es el esmalte mas bello Que á las joyas de lo fino Les puede dar lo discreto.

Y aunque algo exceda la queja, Nunca queda mal, supuesto Que es gala de lo sentido Exceder de lo modesto.

Lo atrevido de un celoso Irracional, y lo terco, Prueba es de que amor la beca Ha menester de un colegio.

Y aunque muestre que se ofende, Yo sé que por allá dentro No le pesa á la mas alta De mirar tales estremos.

La mas airada deidad Al celoso mas grosero Le está aceptando servicios Los que riñe atrevimientos.

La que se queja oprimida Del natural mas estrecho, Hace ostentacion de amada El que parece lamento.

De la triunfante hermosura Tiran el carro soberbio El desdichado con quejas, El celoso con despechos.

*** XIII _Al marques de la Laguna._ (FRAGMENTOS.)

*** Vivid, y vivid discreto, Que es solo vivir felice; Pues dura y no vive quien No sabe apreciar que vive.

Si no sabe lo que tiene Ni goza lo que recibe, En vano blasona el jaspe El don de lo incorruptible.

No en lo diuturno del tiempo La larga vida consiste: Talvez del seso las canas Honran años juveniles.

*** Las canas se han de buscar Antes que el tiempo las pinte, Que al que las pretende, alegran, Y al que las espera, afligen.

Quien para ser viejo espera Que los años se deslicen, Ni conserva lo que tiene, Ni lo que espera consigue; Con lo cual casi al no ser Viene el necio á reducirse, Pues ni la vejez le llega, Ni la juventud le asiste.

Quien vive por vivir solo, Sin buscar mas altos fines, De lo viviente se precia, De lo racional se exime.

Y ni aun de la vida goza, Pues si bien llega á advertirse, _El que vive lo que sabe Solo sabe lo que vive_.

Quien llega necio á pisar De la vejez los confines, Vergüenza peina y no canas, No años, afrentas repite.

*** XIV Finjamos que soy feliz, Triste pensamiento, un rato; Quizá podreis persuadirme, Aunque yo sé lo contrario.

Que, pues solo en la aprension Dicen que estriban los daños, Si os imaginais dichoso No sereis tan desdichado.

Sírvame el entendimiento Alguna vez de descanso, Y no siempre esté el ingenio Con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones Y pareceres tan varios, Que lo que los unos negro, Los otros prueban que es blanco.

A unos sirve de atractivo Lo que otros conciben malo, Y lo que este por alivio Aquel tiene por trabajo.

El que está triste censura Al alegre de liviano, Y el que está alegre se enoja De ver al triste penando.

Los dos filósofos griegos Bien esta verdad probaron, Pues lo que en el uno risa Causaba en el otro llanto.

Célebre su oposicion Ha sido por siglos tantos, Sin que cual acertó este Hasta agora averiguado; Antes en sus dos banderas El mundo todo alistado, Conforme el humor le dicta Sigue cada cual su bando.

Uno dice que de risa Solo es digno el mundo vario, Y otro que sus infortunios Solo son para llorados.

Para todo se halla prueba Y razon en qué fundarlo, Y no hay razon para nada, De haber razon para tanto.

Todos son iguales jueces, Y siendo iguales y varios, No hay quien pueda decidir Cuál es lo mas acertado.

Pues si no hay quien lo sentencie, ¿Porqué pensais vos errado Que os cometió Dios á vos La decision de los casos?

O ¿porqué contra vos mismo Severamente inhumano, Entre lo amargo y lo dulce Quereis elegir lo amargo?

Si es mio el entendimiento, ¿Porqué siempre he de encontrarlo Tan torpe para el alivio, Tan agudo para el daño?

El discurso es un acero Que sirve por ambos cabos: Para dar muerte la punta, El pomo para resguardo.

Si vos, sabiendo el peligro, Quereis por la punta usarlo, ¿Qué culpa tiene el acero Del mal uso de la mano?

No es saber, saber formar Discursos sutiles, vanos, Que el saber consiste solo En elegir lo mas sano.

Especular las desdichas Y examinar los presagios, Solo sirve de que el mal Crezca con anticiparlo.

En los trabajos futuros La atencion sutilizando, Mas formidable que el riesgo Suele fingir el amago.

¡Qué feliz es la ignorancia Del que indoctamente sabio Halla de lo que padece En lo que ignora sagrado!

También es vicio el saber; Que si no se va atajando,