John Chrysostom
Obispo de Constantinopla, teólogo y predicador (c. 349–407), nacido en Antioquía en el seno de una familia cristiana acomodada, formado en retórica clásica por el gran orador pagano Libanio, quien según la tradición lamentó que su mejor discípulo hubiera sido «robado por los cristianos», y posteriormente ordenado sacerdote en Antioquía, donde su extraordinaria elocuencia oratoria le valió el sobrenombre póstumo de «Crisóstomo» (Boca de Oro). Sus sermones en Antioquía, especialmente las Homilías sobre las estatuas, pronunciadas durante una revuelta popular que amenazaba con la destrucción de la ciudad por parte del emperador, revelaron tanto su capacidad pastoral como su compromiso encarnizado con la justicia social, tema recurrente en su predicación: Juan denunciaba sin piedad el lujo ostentoso de las élites eclesiásticas y civiles, defendiendo que la riqueza acumulada era en realidad un robo a los pobres y que la verdadera piedad cristiana exigía una redistribución radical de los bienes materiales. Elevado contra su voluntad a la sede patriarcal de Constantinopla en 397, su rigor ascético y sus reformas de la administración eclesiástica —que redujo drásticamente el gasto suntuario del episcopado para destinar los fondos a hospitales e instituciones de caridad— le generaron enemistades poderosas, especialmente con la emperatriz Eudoxia, ofendida por prédicas que ella interpretaba como ataques personales contra su vanidad, y con el obispo Teófilo de Alejandría, que orquestó su derrocamiento en el Sínodo del Roble (403). Desterrado y restituido brevemente, fue finalmente exiliado de manera definitiva a las remotas fronteras del Imperio, muriendo durante una marcha forzada en circunstancias que consolidaron su imagen de mártir de la justicia eclesiástica. Autor prolífico de comentarios bíblicos, tratados y cientos de sermones conservados, Juan Crisóstomo es considerado uno de los cuatro grandes Doctores de la Iglesia griega y el predicador más influyente de toda la Antigüedad cristiana.