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Del sentimiento trágico de la vida

Miguel de Unamuno

Lingua:
spagnolo
Stato:
Opera completa
Autorialità:
Scritta dall'autore
Stato del testo:
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Estensione:
~100.000 parole · 483 passi
Cita quest'opera
  • APAMiguel de Unamuno. (n.d.). Del sentimiento trágico de la vida. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/it/works/miguel-de-unamuno/del-sentimiento-tragico-de-la-vida-spanish
  • MLAMiguel de Unamuno. Del sentimiento trágico de la vida. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/it/works/miguel-de-unamuno/del-sentimiento-tragico-de-la-vida-spanish.
  • ChicagoMiguel de Unamuno. Del sentimiento trágico de la vida. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/it/works/miguel-de-unamuno/del-sentimiento-tragico-de-la-vida-spanish.

Riferimento dell'edizione che SigPhi riproduce: SigPhi ne è la riproduzione digitale, non l'editore. L'anno dell'edizione non figura nei metadati (da qui «n.d.») e il traduttore compare solo quando è noto.

Di che cosa tratta

Il libro del 1912 in cui Unamuno parte da una cosa sola — che non vuole morire — e ne ricava una filosofia intera.

Contesto e storia

Il punto di partenza non è un concetto ma «l'uomo di carne e d'ossa, quello che nasce, soffre e muore, soprattutto muore». Da quest'uomo nasce la contraddizione che Unamuno non vuole risolvere: la ragione dimostra che non c'è immortalità e il cuore ne ha bisogno, e la vita consiste nel vivere dentro quell'urto senza abbandonare nessuno dei due lati. Di qui la sua critica del razionalismo e insieme della fede comoda; di qui la figura di don Chisciotte come eroe della volontà contro l'evidenza. È scritto in prima persona, contraddittorio di proposito, e non è un trattato: è un uomo che discute con sé stesso ad alta voce. Precedette l'esistenzialismo di trent'anni e non ne fece parte.

Contesto editoriale, non una fonte citabile: a differenza dei passi dell'opera, questi dati non si possono verificare sul corpus.

Come comincia
ideas reaccionen sobre él, corroborándolo. Unas veces puede provenir de una enfermedad adventicia, de una dispepsia, v. gr.; pero otras veces es constitucional. Y no sirve hablar, como veremos, de hombres sanos e insanos. Aparte de no haber una noción normativa de la salud, nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre. Es más: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad. Ha habido entre los hombres de carne y hueso ejemplares típicos de esos que tienen el sentimiento trágico de la vida. Ahora recuerdo a Marco Aurelio, San Agustín, Pascal, Rousseau, _René_, _Obermann_, Thomson, Leopardi, Vigny, Lenau, Kleist, Amiel, Quental, Kierkegaard, hombres cargados de sabiduría más bien que de ciencia. Habrá quien crea que uno cualquiera de estos hombres adoptó su actitud --como si actitudes así cupiese adoptar, como quien adopta una postura--, para llamar la atención o tal vez para congraciarse con los poderosos, con sus jefes acaso, porque no hay nada más menguado que el hombre cuando se pone a suponer intenciones ajenas; pero _honni soit qui mal y pense_. Y esto por no estampar ahora y aquí otro proverbio, éste español, mucho más enérgico, pero que acaso raye en grosería. Y hay, creo, también pueblos que tienen el sentimiento trágico de la vida. Es lo que hemos de ver ahora, empezando por eso de la salud y la enfermedad. II EL PUNTO DE PARTIDA Acaso las reflexiones que vengo haciendo puedan parecer a alguien de un cierto carácter morboso. ¿Morboso? ¿Pero qué es eso de la enfermedad? ¿Qué es la salud? Y acaso la enfermedad misma sea la condición esencial de lo que llamamos progreso, y el progreso mismo una enfermedad. ¿Quién no conoce la mítica tragedia del Paraíso?…

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