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249, cidad que despiertan gran interés. Aquí ha lle- gado también la moda, y los patinadores se aprestan á cambiar los antiguos patines de hie- rro.por los modernos de madera. Estos tienen dos, tres y hasta cuatro metros de largo, y que- dan sujetos á los pies por una abrazadera co- locada hacia el centro. Figurémonos un hon>- bre de pie, con sus dos extremidades inferiores apoyadas sobre dos largos rails móviles, como un tren humano que va á ponerse en marcha: ya no hay más que empujar para que los rails corran sobre la nieve. Para dar impulso, lleva «1 hombre-locomóvil dos largos bastoncillos, cuya contera está provista de una rodaja con objeto de que no se claven demasiado en el suelo; inclínase hacia adelante, y como si fuera á remar, empuja con ambos bastoncillos á la vez ó alternativamente, y corre con tan extra- ordinaria velocidad que se queda el. espectador pensando que á la humanidad le han salido co- rrientes eléctricas en las patas.
XVIII Los borrachos.
En el profundo drama de Bjoernstjerne Bjón- son, Por encima de nuestras f nenias, figura un tipo extraordinario, una especie de héroe de la fe, el místico y sentimental Sang, cuya mujer,, por el contrario, está poseída por el descrei- miento de nuestra época; y entre las muchas ideas que surgen naturalmente de este contras- te, hay una, acaso la más bella del drama, que refleja un sentimiento de generosidad y de tole- rancia muy digno de imitación. «Ahora que no participas de mi fe — dice Sang á su mujer, — ahora te amo todavía más.» . Antes de leer este noble pensamiento de Bjón- son, tenía yo adquirida la buena csstumbre, sin ser ningún Sang, de practicar constantemente la tolerancia con todo el mundo, y en particular con los que hacen lo contrario que yo. De aquí arranca mi simpatía por los borrachos: de que yo no bebo nunca, y si por raro azar bebo, bebo lo que los borrachos detestan más: agua. Los. borrachos tienen muchas cosas malas; pero ya 252 los veo por el único lado bueno que tienen: los cojo por el asa favorable, como recome^ndaba Epicteto, y los considero como organismos hu- manos elementales, gobernados por el instinto. En Un enemigo del pueblo, hay una escena tumultuosa, una reunión popular, en la que el Dr. Stockmann intenta exponer las rs^ones ■que aconsejan prohibir el uso de las aguas co- rrompidas, que, en vez de curar, matan á los <jue las beben. Llegado el momento de votar, todo el mundo vota en contra, excepto un bo- tracho, que vota en pro del doctor. El borracho -está puesto allí para afrentar á la democracia, <jue Ibsen dssprecia; pero es también el instinto <ie la sociedad. Las personas cuerdas reflexionan así: el manantial estará infectado; pero la infec- •ción no será cosa grave cuando nos encontramos aquí reunidos, en perfecta salud; si se lo inuti- liza, el pueblo va á perder una «fuente de ri- •queza:» Stockmann, pues, es «un enemigo del pueblo.» Sustituyamos manantial por sociedad, y veremos que el razonamiento es vulgarísimo, puesto que lo empleamos á diario para justificar todos los abusos por aquello de que, al corregir- los, el remedio sería peor que la enfermedad. Los únicos que no transigen son el borracho y •el hombre justo. El borracho piensa al modo -que piensan los borrachos: — Si el manantial es tin peligro para la salud, suprimamos el peligro; aunque nos equivoquemos, no se pierde gran cosa por suprimir un manantial de agua en el 253 mundo. — ¿Y el hombre justo, el idealista, el Qui- jote? Este coincide siempre con el borracho^ porque no es más que un borracho que no bebe;, un hombre que se embriaga con ideas.
El hombre ebrio es la expresión más clara que existe en la tierra del ser humano instinti* vo, y en éste hay que buscar la clave para des- cifrar al ser de razón. Existe una filosofía^ de la embriaguez, no estudiada aún por meticulosi- dades ridiculas. Puesto que. hay microbiólogos, que se inmortalizan á fuerza de manipular ea excrementos liumanos, séame á mí permitido hacer algunas reflexiones sobre la embriaguez^ ahora que vivo en un medio favorable. El bo- rracho finlandés es uno de los más perfectos de^ Europa; es el borracho «a priori;» es decir, que- sería capaz de destilarse á sí mismo para em- briagarse con su propia substancia; de tal suer- te juzga y considera compenetrados el hecho d^ existir y el de mitigar esta desventura con al-^ gún consuelo espirituoso.
Mis investigaciones sobre este tema datan á^ largo. El mismo día que llegué á Amberes, ya hace algunos años, salí por la noche á dar urk. vistazo á la ciudad, y!o primero que me lla- mó la atención fué ver pandillas de hombres- borrachos, cogidos del brazo, cantando el.himno. nacional belga La Brabangonne, ó la canciói> de moda en aquel entonces, que creo que era el tan celebrado, repetido y tonto ¡Tararabum d^ ay! importado de Inglaterra, la nación que tie> a54 ne peor oído entre todas las de la «vieja» Eu- ropa. Y todo lo que fui viendo después venía á confirmar la idea que me sugirieron los borra- chos: que las cualidades del pueblo flamenco «ran el espíritu de asociación y la manía mu- sical.
Muchos domingos hacía largas excursiones por el campo. A veces oía á lo lejos, por entre la espesa y menuda llovizna que suele caer de continuo, un zumbido intenso y prolongado co- mo el de una legión de abejorros puesta en mar- cha; y luego veía aparecer un grupo de peregri- nos, viejos y viejas casi todos, que iban de unos á otros pueblos, en la mano el rosario y en los labios la oración. Y poco después oía un trom- peteo infernal, y luego veía aparecer la banda musical de éste ó aquel lugarejo, formada por la gente moza, amiga de divertirse, aunque sea á costa de los sudores que da el ir cargado con un formidable trombón. Si yo fuera amante de las antítesis, hubiera pensado, como Echegaray al comparar en su drama Dos fanatismos la can- dileja de aceite y el arco voltaico, que los devo- tos romeros eran la vieja íe, el pasado, y los músicos de blusa el progreso moderno, el pre- •sente y el anuncio del porvenir; pero yo soy amante de las síntesis, y se me ocurrió pensar que los unos y los otros, y los que vengan des-' pues, eran y serán siempre en diversas formas creaciones del espíritu invariable de aquel te- rritorio.
\ a55 \ a55 Los países cuyo suelo es muy quebrado, pa- rece como que ellos mismos lanzan á unos hom- bres contra otros. Hasta en los libros de texto se enseña á los niños que los habitantes de la montaña son más guerreros que los de la llanu- ra. En los países llanos, como Flandes, los hom- bres están como las espigas en una haza de trigo: puestos pacíficamente y predispuestos para vivir en pacífica asociación. Además, el suelo está al nivel del mar, ó más bajo aún, y la presión at- mosférica es enorme: hay necesidad de poner los pulmones en ejercicio. ¿Cómo? Esto es lo único que depende de la evolución: aquél reza- ba mirando al cielo, éste sopla en la emboca- dura de un cornetín, el que venga después qui- zás prefiera dar rebuznidos. Pero lo esencial será siempre desahogarse. Y si se cree que mi teoría es caprichosa, que se me explique por qué en un pueblo tan amante de la música todo el mundo da la preferencia á los instrumentos de viento.
En Finlandia hay también pasión por la mú- sica, y mayor aún por el canto. El orfeón ó* «sangfoerening» se multiplica como la langosta: las fiestas públicas más celebradas en el país son los certámenes corales; la figura más grande que ha concebido el numen popular finlandés, Waei- naemoeinen, es un viejo célibe, cuya ocupación predilecta consiste en cantar acompañándose con el kantele. Y, sin embargo, lo que hay más profundo en el espíritu finlandés no es el amor 256 al canto ni á ninguna de las bellas artes; lo que hay nos lo va á decir el borracho. Para esto^ naturalmente, hay que elegir el tipo más gene* ral, el que se ofrece á los ojos del público como- resumen de las aspiraciones instintivas de la colectividad; y ese tipo es el del obrero borra- cho, que compra una tagarnina, monta en un cochecillo descubierto y va por los lugares más visibles luciendo su importante personalidad. No va á ver, pues cuando toma el coche carece ya hasta de fuerza para abrir los ojos, ni tam- poco á que lo vean, pues esto supondría un des-- caro que no se compagina bien con el respeta que aquí se tiene á las buenas costumbres. La idea del borracho es llegar pronto á su casa y llegar como llegan las «personas decentes,5> 6 sea las que usan carruaje á diario.
Debe notarse que aquí el cochero ó «iswo- chyic» (una de las contadas palabras rusas usa- das en sueco) suele dispararse á correr sin pre- guntar á dónde debe ir: yo he hecho dos veces la prueba, y he estado horas y horas paseanda por donde al «iswochyic» le daba la gana, hasta que me he cansado y le he dicho que pare. Ocu- rre, pues, que, con el traqueteo, el borracho se duerme á los pocos pasos, y que á veces se cae del trineo ó se queda atasajado en él con la ca- beza arrastrando por la iiieve, mientras el con- ductor sigue impávido su carrera sin mirar atrás, hasta que le saca de su «apoteosis)^ algún alma caritativa, si por casualidad se encuentra > 257 > 257 alguna de estas almas al paso. Pero aun con la cabeza rota, el borracho llegaría á su casa muy contento, porque había satisfecho una exigen - cía de su instinto: la de aparecer exteriormente, aunque sea por breves instantes, como un hom- bre que goza de las comodidades de la vida. El finlandés piensa antes que en nada en vivir bien, en comer, beber y arder, y en moles- tarse lo menos posible; ama todas las manifes- taciones del arte; pero la manifestación del arte está siempre pared por medio con un restau- rant; y al ver la frecuencia con que se va de uno á otro departamento, dan ganas de pensar que aquellos fieles han ido á adorar el santo por la peana.
Será curioso trazar un mapa-mundi de la embriaguez, uniendo con líneas ondulantes los puntos del globo iguales en intensidad alcohó- lica; tendríamos acaso líneas muy semejantes á las isotérmicas,' porque á primera vista se nota que el alcoholismo va aumentando conforme va descendiendo la temperatura; y sería más curio- so aún estudiar las formas exteriores con que se muestra la borrachera humana para conocer el carácter de los diversos territorios. El Norte nos daría el borracho constitucional (y no se crea que me refiero á ninguna constitución: ha- blo del temperamento), intensivo, metódico y práctico: Inglaterra, el borracho más resistente y el que da menos chispas; un borracho subje- tivo, que bebe hasta caer desplomado, como un 17 258.
cuerpo sometido á las leyes del inglés Newton; Alemania, el borracho humorístico y peda- gógico. Yo recuerdo haber estado cierta vez en una reunión de alemanes jóvenes, y uno de ellos que bebió más de la cuenta, se subió en un tonel y nos explicó una tesis doctoral sobre la «Influencia de Agamenón en el desarrollo de la lingüística comparada.»
El borracho de los Países Bajos (de todas las provincias antiguas, no sólo las de Holanda de hoy), ya se sabe que es corporativo y filarmóni- co; pero tiene además una cualidad curiosa: es el que aguanta menos la orina. Y en prueba de que la observación no es baladí, citaré en mi apoyo al prodigioso Teniers,,en muchos-de cu- yos cuadros hay en segundo término un hom- bre inclinado contra una pared ó vuelto de es- paldas al espectador en actitud manifiesta de hacer aguas. Teniers era el más realista y el mejor observador entre los pintores flamencos; tan genial, desde cierto punto de vista, como el mismo Rubens, y ese rasgo personalísimo de sus cuadros no es caprichoso, pues por él nos ha legado una «Fisiología del borracho flamenco,» así como Velázquez nos dejó en su cuadro fa- moso una «Psicología del borracho humano.» El hecho es innegable, y nada perderían los médi- cos con meditar sobre él. Yo entiendo que esa»in- continencia de orina no procede sólo del uso de la cerveza, sino que anda por medio la presión del aire y acaso también la afición á la música.
259 259 Continuando el viaje hacia el Sur, nos en- contraríamos en Francia con el borracho pa,- triótico, y en España é Italia con los peleistas, -con los de la navaja; y en el continente qegro íio sé lo que ocurriría si el Koran no tuviera á :sus devotos un tanto metidos en cintura. Bien ♦ <iijo el que dijo que no hay libro que no tenga -algo bueno. La parte negativa ó prohibitiva del Kora'ñ es en general excelente, como lo son casi todas las prohiciones, por lo mismo que casi to- <lo lo que los hombres hacemos son puros dis- parates. Aunque duela confesarlo, para regis- trar nuevos estragos del alcohol, hay que vol- ver las espaldas al Islam y echar una ojeada so- bre los centros de colonización establecidos en África por los civilizadores europeos.
Del estudio de la embriaguez se deducen mu- chas verdades útiles para todas las ciencias; pero yo sólo voy á sacar esta conclusión conso- ladora: todos los borrachos del mundo tienen un rasgo común; todos marchan haciendo eses; aun éstos de Finlandia, que usan carruaje, van dentro de él dando unos vaivenes, que si no son eses perfectas, poco les falta; y en esa particu- laridad veo yo una expresión de la filosofía de •la Historia, puesto que también la humanidad camina, ya torciéndose hacia un lado, ya ha- cia el otro, siempre en dirección de algo des- conocido, que debe de ser su casa, á la que lle- gará, no hay que dudar, como llegan los borra- chos, aunque sea tarde y con la cabeza vendada.
\ fc"- XIX Cómo se divierten los finlandeses: espectáculos teatrales.
Si se reúnen varios hombres de talento y de chispa, no tienen más que soltar la lengua para matar alegremente el tiempo; si se reúnen va- rias personas graves y sin gracia, necesitan para •divertirse organizar algo. Hay precisión de di- vertirse, y cuando no surge espontáneamente la diversión, nuestra voluntad suple la falta con regocijos artificiales. Por esto, los pueblos que no tienen hiibilidad ó humor para distraerse de un modo natural, son los que disfrutan de me- jores y más variados espectáculos teatrales; y el de Finlandia, por un contraste muy marcado, merced á la organización, siendo uno de los pueblos más tristes, se convierte en uno de los más alegres ó divertidos del mundo.
Una población como ésta de Helsingfors, que en España tendría á lo sumo un par de teatros, mantiene en constante y próspero ejercicio diez ó doce, que cultivan todos los géneros de dis- tracción conocidos en Europa y América^ y 202 algunos de propia invención. Hay teatro sue- co, donde se representan obras de autores sue- cos ó sueco-finlandeses, y traducciones de las de todos los teatros europeos. Figura á la ca- beza Ibsen; después Alemania con Hauptmann y Sudermann; luego Francia con Dumas, In- glaterracon Pinero, y España con Echega- ray. Yo he asistido á una representación de Ma-- rianay que me hizo pasar un mal rato. A excep- ción del actor sueco Svennberg, que interpreta bien el papel de Montoya, los demás eran tipos, graciosos por lo discordantes: D. Pablo, un in- glés; D. Cástulo, un alguacil del tiempo de Que- vedo; las señoras no habían tenido fuerzas para llegar á España, y se habían quedado en el ca- mino, en cualquier parte.
Hay teatro finlandés, frecuentado por una so- ciedad que parece imposible que viva mezclada con la que asiste al teatro sueco: tan diferentes son los tipos, los trajes y hasta el fiire que se respira. El teatro finlandés tiene escaso reper- torio de obras originales, porque es de creadora reciente: da traducciones de Shakespeare en primer término, y traducciones de obras suecas ó alemanas. El John Gabriel Borkinan. de Ib- sen, se estrenó la misma noche en ambos tea- tros. También rinde culto al teatro de moda, y do hace mucho dio Erotaanpois, ó sea Divor^ gonSy de Sardou y Najac.
Vienen luego el teatro Alejandro con obras rusas, suecas y espectáculos diversos. Este año 203 ha actuado una compañía de ópera italiana con un extenso repertorio. La«Universitetets solem- nitetssal» da con frecuencia grandes concier- tos; la «Studenthus» fiestas variadas, y «Brand- korshuset» conciertos populares y bailes; hay* circo ecuestre, á donde acude el pueblo á ver lu- char los atletas, y numerosos teatros de corpo- raciones; y por si no bastara, los principales hoteles de la ciudad disponen de grandes salas de espectáculos, donde se realiza simultánea- mente la doble operación de divertirse y de co- mer á dos carrillos. La distracción nocturna es aceptada como un ejercicio higiénico, indispen- sable. De sobremesa, la familia acuerda el plan de campaña, arreglándose de modo que cada cual eche por su lado para disfrutar de mayor libertad de movimientos: el padre va al club, la madre al teatro sueco, la hija á la ópera y el hijo á un sitio donde haya «Varieté,» es decir, canto y baile picantes al modo del «café-con- cert» francés. Así se distribuye equitativamente el dinero y se satisfacen armónicamente todos los gustos.
Todos los espectáculos mencionados son poco más ó menos como en todas partes, por lo mis- mo, que son de puro artificio; la única forma un tanto original y que merece ser conocida es el Allegri'Lotteri, que se da casi siempre como «función de auxilio» por corporaciones que se hallan mal de fondos.. Un Allegri-Lotteri es una rifa combinada con todas las artes y cien- 264 cias, y hasta con cosas que no son ciencia ni arte. Cuando elAllegri-Lotteri llega á su máxi- mo desarrollo, se transforma en Fest, cuyo anun- cio coge dos ó tres columnas de periódico, pues- to que es una serie de espectáculos combina- dos que duran dos ó tres días. Lo más caracte- rístico de estas fiestas son los cuadros vivos, utilizados aquí con excelente sentido práctico como medio de vulgarización artística. Las con- ferencias, intermedios musicales y dramáticos, bailes y rifas, no tienen tanta originalidad.
Los cuadros vivos son representados por las personas más distinguidas de la sociedad, sir- viendo para cada paso las que por su tipo son más á propósito. Guando una señorita figura en los cuadros con demasiada frecuencia, hay quien dice que es que desea casarse pronto; pero apar- te algunas ligeras murmuraciones, en general se aplaude comb acto meritorio el de prestarse á figurar desinteresadamente, por amor al arte, en los cuadros ó «tablaer.»
Nosotros consideramos estos cuadros vivos como algo infantil digno de hacer juego con los castillos de fuegos artificiales; sin embargo, todo depende de la manera de entender y hacer las cosas. Supongamos que se organiza una fiesta, en la que una persona inteligente da una con- ferencia acerca de Wagner y sus obras, y que después en diversos cuadros se representan es- cenas de Tannhauser, de Lohengrin ó de Par- si/al. Con esto, y con algunos números música- 1 205 les, se habrá dado una anticipación de un arte nuevo y grandioso, del que se suele hablar mu- cho, y del que la generalidad no tiene la menor idea. Hay espectáculos caros, que no están al alcance de las poblaciones pequeñas, y de los que se puede tener á poco coste una idea plásti- -ca por medio de los cuadros vivos.
Además, no se trata sólo de obras representa- bles; hay obras dramáticas irrepresentables, que podrían ser popularizadas por este procedimien- to. Acaso la obra más real, más vigorosa del teatro español, sea una obra no representada nunca: La Celestina ó Tragicomedia de Ca- lixto y Melibea, ¿No es injusto que esta obra admirable, por no ser teatral, se haya conver- tido en «tragedia de gabinete,» conocida sólo de las personas cultas, siendo, como son, sus tipos merecedores de vivir en la imaginación popular con mejor título que muchas de^ nuestro teatro clásico? Esta injusticia se podría reparar en parte reproduciendo en cuadros diversos las principales escenas del drama. Como los perso- najes no hablarían, no habría peligro de escu- char ninguna de las crudezas de la desenfadada creación del estudiante Fernando de Rojas. A este tenor, sería fácil ofrecer ejemplos en que los cuadros vivos tendrían aplicación eficaz, ya co- mo obras artísticas en sí, ya como avanzada ó vanguardia de notables representaciones artís- ticas.
Aunque hablo aquí de los teatros como cea- 266 tros de diversión, voy á terminar esta carta di- ciendo algo sobre la escasísima producción dra- mática de Finlandia. En medio de la desenfre- nada vida teatral, de que he dado un apunte su- mario, la dramática finlandesa se halla como anegada y sin lograr ponerse á note. En todos los asuntos impera un cosmopolitismo desenfre-" nado, y en los teatrales más aún, porque se va sólo al «affaer,» al negocio. Aquí todo es nego- cio: negocio de teatro, negocio de vinos, negocia de hoteles, negocio de zapatos. Quien dispone de capital está al acecho, y lo mismo toma un negocio de teatros que un negocio de comesti- bles. No obstante, se protege mucho á los auto- res del país, y el que logra distinguirse mucho^ es objeto de veneración; el aniversario de su natalicio es día festivo, teatralmente hablando: hay iluminaciones y colgaduras y representación de gala; algo por el estilo de lo que en España ocurre con Don Juan Tenorio, ó en Granada el día de la Toma; sólo que aquí el entusiasmo ps todavía mayor. El Runebergsdag, ó Dia de Ru- neberg, es día tan festejado como el del Corpus en España.
Hay dos grupos de autores dramáticos, como hay dos teatros, dos lenguas de uso general y dos formas de vida diferentes. Los que escriben en sueco podrían figurar sin gran dificultad en el teatro sueco, aunque los asuntos de sus obras sean tomados generalmente de la vida ó de la historia finlandesas: no ofrecen ningún rasgo h a67 original que los haga dignos de ser conocidos 6 imitados fuera de su país. Los más notables han escrito para el teatro de una manera secunda- ria. Runeberg, autor de Kan ej (No puedo), y Kungarne pa Salamis (Los reyes en Salamis), es el primer poeta de Finlandia. Zacarías Tope- lius, fecundo novelista, ha compuesto, entre otras obras dramáticas, Regina pon Emmeritj^ y Ef- ter femtio ar (Cincuenta años después), Weck- sell, notable poeta lírico, ha dejado en su drama Daniel Hjort la* obra más saliente del teatro sueco-finlandés.
El teatro finlandés no ha tenido aún tiempo para adquirir desarrollo. Aparte pequeños en- sayos, como la Ruunulinna, de Logervall (arre- glo de Macbeth), ó la comedia de Hannikainen,. Silmaenkaeaentaejae (puesta aquí sólo como trabalenguas), el primer autor dramático en lengua finlandesa es Alexis Kivi, que murió loco en 1872, y que entre varias producciones, al- guna tan notable como Nummissuntarit, dejó una tragedia un tanto melodramática, pero de grandiosa concepción, Kullervo, con la cual el teatro finlandés buscó su natural asunto, el de la poesía épica popular, de la que está sacado el asunto de Kullervo, protagonista de un trágico episodio del Kalevala. Los que sucedieron á Ki- vi, entre los que figuran Erkko, Minna Canth,. Numers, se inspiraron, ya en la tradición épica^ ya en la vida popular, sin haber dado aún obras magistrales que coloquen el teatro finlandés á la 268 altura de un teatro nuevo, original, en Europa. El teatro finlandés tiene mala estrella: sus dos autores más grandes, Kivi entre los finlandeses, y Wecksell entre los suecos, han concluido por volverse locos; así es que los que han venido de- trás han entrado en tierra de miedo y no quie- ren pasar de medianos.
A XX La poesía épica popular fíalandesa: f el «Kalevala.»
Lo más bello y característico de la literatura finlandesa aparece en los tietppos heroicos an- teriores á la Era cristiana. El pueblo finlandés muestra su genio poético en creaciones admira- bles; luego, como quien ha dicho de una vez; cuanto tenía qufe decir, enmudece y se esfuerza sólo para conservar por tradición estas crea- ciones primitivas. Un espíritu escéptico creería acaso que la poesía popular finlandesa no ha sido una creación original, sino una adaptación; que un pueblo capaz de vivir siglos y siglos en silencio, no ha podido tener un arranque de lo- cuacidad tan fecunda como la revelada en el co- mienzo de su historia. Esta historia, sin embar- go, explica en parte la anomalía. Un pueblo so- metido á dominaciones extrañas no puede des- envolverse con libertad. La cultura sueca tras- plantada á Finlandia ahogó en flor la cultura indígena, y el partido más prudente que pudo tomarse fué quizás el que los finlandeses toma- 17° ron: el de conservar intacta y escondida su tra- ■dición poética para que no se mezclara y se co- rrompiera. Un hecho significativo es que ta rea- parición de la literatura finlandesa tradicio- nal, y como consecuencia el renacimiento lite- rario de Finlandia, sigan de cerca el término de la dominación material ó política de Suecia.
La literatura primitiva de Finlandia com- prende géneros muy diversos; ¡as composicio- nes de carácter ¡frico forman una ^an colec- ción titulada Kanteletar: son canciones cortas sobre toda clase de asuntos, propias para ser cantadas con acompañamiento de! «kantele^ ■instrumento de cuerda, de forma original, in- ventado por el sabio héroe Waeinaemoeineo; los «Loitsurunot» son canciones relativas á la magia, que para los finlandeses primitivos era un saber muy elevado, una especie de filosofía natural, cuyo objeto era el conocimiento de las «palabras de origen» ó términos mágicos, con los que se creía poder_ dominar las fuerzas na- turales. Pero en ninguna de estas creaciones poéticas, ni en las leyendas ó cuentos fantásti- ■ cosque asimismo abundan, pudo tomar gran vuelo el espíritu finlandés, rudo y enérgico, obligado á vivir en lucha constante contra un -clima inhumano; su obra capital, por no decir única, fué el relato poético de estos combates: el Kalevala.
El asunto principal de estos primitivos can- tos épicos era la lucha entre dos regiones del 271 país: una, al Sur, Kalevala, era como la repre- sentación de Suomi ó Finlandia; otra, al Norte, «n Laponia, era el reino de las tinieblas, el te - rritorio de Pohja ó Pohjola; y todos los com- bates tenían un motivo céntrico, giraban al - rededor del molino de Sampo, que era un sím- bolo de la dicha humana, y que, aun después de desvanecerse en el mar, continúa dando días de felicidad á Finlandia. Ligados áeste argumento había numerosos cantos episódicos, como el de la creaciQH del mundo, el de Joukahainen, el de Aino, el de Kullervo, etc.
Tan interesante epopeya quedó en su forma fragmentaria primitiva hasta hace cosa de me- dio siglo; y la gloria de haberla resucitado y dado á luz corresponde á un modestísimo man- cebo de botica, después médico de pueblo, Elias Loennrpt', quien después de varios ensayos par- <:iales publicó en i835 su primera edición del Kalevala y en 1849 una segunda más com- pleta, que fué traducida al sueco por Castren y después por Collan. Aunque es probable que este último texto sufra aún modificaciones y sea completado en unos puntos y purgado en otros de ciertas interpolaciones que no tienen carác- ter épico, tal como hoy existe da perfecta idea del mérito de una epopeya que, sin esfuerzo, puede ser colocada entre las mejores. Ya que mi falta de paciencia para los trabajos de traduc- ción no me permita dar á conocer íntegra esta -obra admirable (cuya versión exigiría un año ó 273 dos de trabajo asiduo), daré al menos un breve extracto de ella para contribuir por mi parte á que España sea de las primeras naciones que tengan idea de tan notable monumento literario-