SigPhi · Angel Ganivet

El porvenir de España (dialeg epistolar amb Unamuno)

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Mucho me sugiere cuanto usted apunta acerca de los judíos, de esta raza perseguida, que por no formar nación subsiste mejor como pueblo; de esa raza de que salieron los profetas y de donde salió el Redentor, á quien dieron muerte sus compatriotas ale- gando que era su conducta antipatrió- tica, como puede verse en el versillo 48 del capítulo XI del Evangelio, según San Juan.

Y de aquí podría pasar á indicarle la gran diferencia que hallo entre na- ción y patria, tan grande que suelen aparecérseme tales términos como contrapuestos. Pero como todo esto 134 UNAMUNO Y GANIVET me llevaría ahora muy lejos, prefiero dejarlo para otra ocasión.

Hoy, que tanto se habla por muchos del reinado social de Jesús, se debía meditar algo más en que tal reinado no puede ser más que el reinado de la paz y de la justicia, de la paz sobre todo, de la paz siempre y á toda costa. No hay fariseísmo que pueda empañar el claro y terminante: ¡no matarás! Y si para no infringirlo hay que renun- ciar á ciudadanías históricas, se re- nuncia á ellas.

DE ANGEL GANIVET A MIGUEL DE UNAMUNO y i cs: jei se mi ?c se & I Poco apoco, sin pretenderlo, vamos á componer un programa político. No uno de esos programas que sirven para conquistar la opinión, subir al poder y mal gobernar dos ó tres años, porque esta especialidad está reservada á los jefes de partido, y nosotros, que yo sepa, no somos jefes de nada; de mí al menos puedo decir que, desde que ten- go uso de razón, estoy trabajando para ser jefe de mí mismo, y aún no he po- dido lograrlo. Pero hay también pro- gramas independientes que sirven para formar la opinión, que son como 138 UNAMUNO Y GANIVET espejos en que esta opinión se recono- ce, salvo si la luna del espejo hace aguas. Tales programas están al alcan- ce de todas las personas sinceras, y en España son muy necesarios, porque la opinión sólo tiene para mirarse el es- pejo cóncavo de su profunda ignoran- cia, y hace tiempo que no se mira de miedo de verse tan fea.

Hay quien se lamenta de la ineptitud política de la gente nueva, la cual, en el cuarto de siglo que llevamos de res- tauración, no ha dicho aún esta boca es mía; así se comprende que estamos gobernados por hombres anteriores á la revolución, los más de ellos conde- nados ya á muerte en 1866, y que núes- tra política consista sólo en ir tirando, aunque sea con vilipendio. Mas lo la- mentable sería que la juventud hubie- ra seguido las huellas que se encontró marcadas y aceptado la responsabili- dad de los hechos presentes. Si alguna esperanza nos queda todavía, es por- EL PORVENIR DR ESPAÑA 139 que confiamos en que esos hombres nuevos, que no han querido entrar en la política de partido, estarán en otra parte y se presentarán por otros cami nos más anchos y mejor ventilados que los de la política al uso.

No se entienda por esto que yo con- fíe mucho en la gente nueva; de no formarse los hombres de Estado por generación espontánea, no sé cómo se van á formar en nuestro país, donde no se enseña ni el abecedario de la po- lítica nacional. La restauración aco- metió de buena fe la reforma de los es- tudios; pero el nuevo plan fué imitati- vo, como lo es todo en España, por ser también nuestro sistema de gobier- no una pobre imitación; se adoptó un hermoso programa de asignaturas, cuya única deficiencia consiste en que, á pesar de lo mucho que enseña, no enseña nada de lo que más conviene saber á un español.

Nuestro pasado y nuestro presente 140 UNAMUNO Y GANIVET nos liga á la América española: al pen- sar y trabajar, debemos saber que no pensamos ni trabajamos sólo por la Península é islas adyacentes, sino para la gran demarcación en que rige nues- tro espíritu y nuestro idioma. Tan di- fícil como era sostener nuestra domi- nación material, tan fácil es (y ahora que el dominio se extinguió en abso" luto, más aún) mantener nuestra in- fluencia, para no encogernos espiri- tualmente, que es el encogimiento más angustioso. ¿Qué sabe de América nuestra juventud intelectual? Cuatro nombres retumbantes, comenzando por el retumbantísimo de Otumba. La fecha de la independencia de nuestras colonias, que debió marcar sólo el tránsito de uno á otro género de rela- ciones, es para nosotros una muralla de la China. No faltan esfuerzos ais- lados, como los de las Ordenes reli- giosas, los de la Academia de la Len- gua, el del Centenario, la publicación EL PORVENIR DE ESPAÑA 141 de las "Relaciones de Indias,, y los es tudios críticos de Valera; pero estos trabajos no influyen en la educación de la juventud.

Si se mira el porvenir, hay mil he- chos que anuncian que Africa será el campo de nuestra expansión futura. ¿Qué sabe de Africa nuestra juventud "estudiosa,,? Menos que de América; ni los primeros rudimentos geográfi- cos. Hay también esfuerzos aislados, que en un país tan perezoso como Es- paña, quieren decir mucho. Granada, en particular, es el centro de donde han salido nuestros mejores orienta- listas y donde se conserva más apego á la política simbolizada en el testa- mento de Isabel la Católica Si yo dis- pusiera de capital suficiente (del que no dispondré jamás, porque tengo la desgracia de dedicarme á los trabajos improductivos), 'fundaría en Granada una Escuela africana, centro de estu- dios activos, según una pauta que ten- 142 UNAMUNO Y GANIVET go muy pensada y con la que creo ha- bía de formarse un plantel de conquis- tadores de nuevo cuno, de los que Es- paña necesita La gente se burlaría de mí, y quién sabe si al cabo de un siglo ó dos se diría que yo había sido el úni- co hombre de Estado de nuestra patria en los siglos xix y xx. Gran celebri- dad es la que me pierdo por no tener recursos, y lo siento, no por la cele- bridad, sino porque la obra se quedará en proyecto, como todas las buenas.

No hay nada superior en Arquitec- tura á las iglesias góticas, porque en ellas la armonía no es convencional y geométrica, como en las obras clási- cas, sino que es psicológica y nace en lo ínlimo de nuestro ser por la suges- tión que nos produce la convergencia de las líneas ascendentes hacia un pun- to del cielo, semejantes á ideas que se enlazan en un solo ideal, ó á las voces de un coro que se unen en una sola ora- ción.

EL PORVENIR DE ESPAÑA 143 He aquí un criterio fijo, inmutable, para proceder cuerdamente en todos los asuntos políticos: agarrarse con f uerza al terruño y golpearlo para que nos diga lo que quiere. Lo que yo llamo espíritu territorial no es sólo tierra, es también humanidad, es sentimiento de los trabajadores silenciosos de que us- ted habla. La acción de éstos no es la historia, como el basamento de la isla no es la isla; la isla es lo que sale por encima del agua, y la historia es el movimiento, es la vida, que debe de apoyarse sobre esa masa inerte, ruti- naria, que ya que no ejecute grandes hechos, sirve de regulador é impide que los artificios tengan la vida dema- siado larga y destruyan el espíritu na- cional.

II A pesar de lo dicho creo, y la grati- tud nos obliga á creer, que la restaura- ción ha prestado al país un gran ser- vicio; nos ha dado un período de paz relativa, y en la paz hemos visto claro lo que antes no veíamos; se decía que nuestros males venían de las guerras, revoluciones y pronunciamientos, y ahora sabemos que la causa de nuestra postración está en que hemos cons- truido un edificio político sobre la vo- luntad nacional de una nación que ca- rece de voluntad. Vivimos, pues, en el 146 UNAMUNO Y GAN1VET aire, como quien dice, de milagro. Se explica perfectamente ese movimiento instintivo de la nueva generación en busca de una realidad en que afirmar los pies, eso que se ha llamado movi- miento regionalista, aunque propia- mente no lo sea. No hay ya jóvenes que vayan á Madrid con el uniforme de ministro en la maleta, y los hay que comienzan á comprender que un hom- bre no aventaja en nada con añadir su nombre al catálogo inacabable de ce lebridades inútiles y nocivas de Espa- ña, y los hay también que prefieren trabajar en sus casas y en beneficio de sus pueblos, á ganar en la tribu parla- mentaria estériles aplausos. El día que haya en las diversas capitales de Es paña hombres de talento y prestigio, que estudien los verdaderos intereses y aspiraciones de sus comarcas y los fundan en un plan de acción nacional, dejarán de existir esas entilequias ó engendros de gabinete con que hoy se EL PORVENIR DE ESPAÑA 147 nos gobierna, y habremos entrado en la realidad política.

Yo soy regionalista del único modo que se debe serlo en nuestro país, esto es, sin aceptar las regiones No obs- tante el historicismo que usted me atribuye, no acepto ninguna categoría histórica tal como existió, porque esto me parece dar saltos atrás. A docenas se me ocurren los argumentos contra las regiones, sea que se las reorganice bajo la monarquía representativa ó bajo la república federal, sea bajo ésta ó aquella componenda debajo del ac- tual régimen; encuentro demasiado bo rrosos los linderos de las antiguas re- giones, y no veo justificado que se los marque de nuevo, ni que se dé suelta otra vez á las querellas latentes entre las localidades de cada región, ni que se sustituya la centralización actual por ocho ó diez centralizaciones pro- vechosas á ciertas capitales de provin- cia, ni que se amplíe el artificio parla 148 UNAMUNO Y ÜANIVET mentado con nuevos y no mejores cen- tros parlantes...Usted, que es vizcaí- no, reconocerá que un parlamento vas- co no les hace ninguna falta, teniendo como tienen diputaciones forales que no son focos de mendicidad como mu- chas de España, sino diputaciones ver- daderas; yo, que soy andaluz, declaro que Andalucía políticamente no es nada, y que al formarse las regiones habría que reconocer dos Andalucías: la alta y la baja; el mismo Pi y Mar- gall en Las Nacionalidades las admite.

Pero hay además una razón que de fijo le hará á usted mella. El valor de los organismos políticos depende en nuestro tiempo de su aptitud para dar vida á las reformas de carácter social, y ni el Estado, ni la Religión, ni ningu- na de sus formas posibles satisfacen esta necesidad de nuestro tiempo; el socialismo español ha de ser comunis- ta, quiero decir, municipal, y por esto defiendo yo que sean los municipios EL PORVENIR DE ESPAÑA 149 autónomos los que ensayen las refor- mas sociales; y en nuestro país no ha- bría en muchos casos ensayo sino res- tauración de viejas prácticas. El pue- blo y la ciudad son organismos reales, constituidos por la agrupación de mo- radas fijas, inmuebles, y por lo] mismo que son una realidad, podrían vivir independientes con ventaja y sin peli- gro. El peligro está en las institucio- nes convencionales porque éstas, fal- tas de asunto real, divagan y caen en todo género de excesos.

No sé cómo hay socialistas del Esta- do ni de la Internacional; en España es seguro que la acción del Estado se- ría completamente inútil. Se darían le- yes reguladoras del trabajo y habría que vigilar el cumplimiento de esas le- yes: un cuerpo flamante de inspectores, es decir, de individuos que en virtud de una Real orden tendrían el derecho de pedir cinco duros á todos los ciuda- danos que cayeran bajo su dirección.

150 UNAMUNO Y GANIVET Un ministro muy formal, el Sr. Ca- niacho, dijo que siempre que daba una credencial de inspector, creía poner un trabuco en manos de un bandolero. Y si para mayor garantía los inspec- tores eran de la clase obrera, entonces apaga y vamonos.

Les voy á contar á ustedes un cuen- to que no es cuento. Había en una ciu- dad, de cuyo nombre me acuerdo per- fectamente, aunque no quiero decirlo, un orador socialista de los de espada en mano. Todos los abusos le llegaban al alma, y el que le llegaba más hon- do era el de que se robase en el pan, "base alimenticia del pueblo,,. La idea del pan falto se le fijó en la mollera, y tanto fué y vino y tanto clamó y aun chilló, que el alcalde de la ciudad le llamó á su despacho, y después de una larga entrevista, en la que hizo gala de su amor al pueblo, á la justicia y á las hogazas cabales, le nombró inspec- tor del peso del pan. Los panaderos EL PORVENIR DE ESPAÑA 151 faltones se echaron á temblar, excep to uno, el más viejo y socarrón del gremio, gran conocedor de sus seme- jantes, que dijo á sus compañeros: — «Ese es un ej umbrío, y si queréis yo me encargo de untarle la mano.» Asi se hizo, y desde entonces ya no le fal- taban al pan dos onzas, sino cuatro; las dos de costumbre y dos más para un- tar al «hombre nuevo».— Todo eso se remediaría, diría alguien, nombrando un inspector superior con título para que meta en cintura á sus subalter- nos.—-Ese nuevo inspector, contesto yo, no sóio se dejará sobornar, sino que exigirá que le lleven el dinero á su cas^ y que le oseen las moscas ó le saquen los niños á paseo. Y tantos inspectores podríamos nombrar, que ocurriese con las hogazas lo que con las caperuzas del cuento del Quijote; las habría tan chicas que habría que comerlas con microscopio. Mientras el mundo exista habrá hom- 152 UNAMUNO Y GANIVET bres listos que vivan sin trabajar á ex- pensas del público y los golpes irán siempre á dar en la hogaza, es decir, en la realidad. Ensanchemos, pues, esta realidad para que vivan todos, los lis- tos y los que no lo son. Y esto se con sigue reservando parte de la propie- dad para usufructo común. Comunida des benéficas, ele pósitos, de disfrute de montes y de pastoreo, etc., etc., se- gún las condiciones de cada municipio, á fin de que el vecindario tenga la se- guridad de que, no obstante albergar en su seno un considerable número de bribones, éstos no impiden que todo el mundo coma, por muy mal dadas que vengan.

III Muchas contradicciones hallará el lector en el programa de usted, pero yo sólo hallo una. La alianza que us- ted establece entre regionalismo, so- cialismo y lo que llama carlismo popu- lar, suena aún á cosa incongruente, y sin embargo, es la fórmula política en la nueva generación y es practicable dentro del actual régimen. Municipio libre, que sirva de "laboratorio socia- lista" (la frase es de Barres) y del cual arranque la representación nacional, que los electores tienen abandonada: una representación efectiva que sus- 154 UNAMUNO Y GANIVET tituya á la ficción parlamentaria y una autoridad fuerte, verdadera, que ga- rantice el orden y la cohesión territo- rial. Esta combinación da más libertad práctica que la actual centralización. Donde yo encuentro que usted se con- tradice es al enlazar su cristianismo evangélico con sus ideas progresivas en materia económica, y aunque yo no tenga gran afición á los problemas económicos le diré también en este punto mi parecer.

Quiere usted vida industrial intensa, comercio activo, prosperidad general, y no se fija en que esto es casi indife- rente para un buen cristiano. Pregun- te usted á todos esos hombres que se afanan por ganar dinero y por cuyo bienestar usted se interesa, qué pien- san hacer cuando tengan un gran ca- pital, y le contestarán: "Darme buena vida. Comer mejor, tener buena casa y muchas comodidades; coche, si á tan- to alcanza; divertirme cuanto pueda y EL PORVENIR DE ESPAÑA 155 (esto en secreto) cometer algunas tro- pelías/' Los montes dan grandes ge- midos para dar á luz un mísero ratón. No pienso molestarme jamás para ayu- dar á ganar dinero á gente que se mueva por rutina. Me es antipático el mecanismo material de la vida y lo to- lero sólo cuando lo veo á la luz de un ideal; así, antes de enriquecer á una nación, pienso que hay que ennoble- cerla, porque el negocio por el negocio es cosa triste.

Pero la sociedad no piensa como yo sobre el particular, lo reconozco. La sociedad piensa por comparación, y como hoy lo que priva es el dinero, to- dos se afanan tras él, sin considerar que acaso estarían mejor sin él. Hay quien se muere de repente al saber que le ha tocado la lotería y quien de hom- bre de bien se convierte en un mal su- jeto, porque heredó cuatro ochavos y después de malgastarlos no quiere do- blar la raspa. En suma, el valor del 156 UNAMUNO Y GANIVET dinero depende de la aptitud que se tenga para invertirlo en obras nobles y útiles., Se dice que la prosperidad material trae la cultura y la dignificación del pueblo, mas lo que realmente sucede es que la prosperidad hace visibles las buenas y malas cualidades de un pue- blo, que antes permanecían ocultas. Si no se tienen elevados sentimientos, la riqueza pondrá de relieve la vulgar grosería y la odiosa bajeza: y en Es- paña, cuyo flaco es la desunión, si no inculcamos ideas de fraternidad, el progreso económico se mostrará en rivalidades vergonzosas. Hay familias pobres que se quitan el pan de la boca para dar carrera al niño, que salió con talento, y algunos de estos niños, en vez de ayudar después á los suyos para que se levanten, se apresuran á volver las espaldas. Yo conocí á un estudian- te aventajado, hijo de una lavandera, que cuando se vió con su título de mé- EL PORVENIR DE ESPAÑA 157 dico en el bolsillo, llegó hasta á negar á su madre. Algo de esto ocurre en nuestro país.

He estado tres veces en Cataluña, y después de alegrarme la prosperidad de que goza, me ha disgustado la in- gratitud con que juzga á España la ju- ventud intelectual nacida en este pe- ríodo de renacimiento; á algunos les he oido negar á España. Y, sin embar- go, el renacimiento catalán ha sido obra no sólo de los catalanes, sino de España entera, que ha secundado gus- tosamente sus esfuerzos. En las Vas- congadas sólo he estado de paso; pero he conocido á muchos vascongados; los más han sido bilbaínos, capitanes de buque, y éstos son gente chapada á la antigua, con la que da gusto hablar; los que son casi intratables son los mo- dernos, los enriquecidos con los nego- cios de minas, que no sólo niegan á España y hablan de ella con desprecio, sino que desprecian también á Bilbao 158 UNAMUNO Y GANiVET y prefieren vivir en Inglaterra. El mo- tivo de estos desplantes no puede ser más español; es nuestra propensión aristocrática: en cuanto un español tiene cuatro fincas necesita hacer el señor; vivir lejos de sus bienes, con- templándolos á distancia y cobrando las rentas por mano de administrador.

De lo peligrosa que es esta manía, sírvanos de ejemplo lo que nos acaba de pasar. La cuestión cubana ha sido cuestión económica, como usted dice; pero lo que conviene también decir es que en ella no hemos sido tan egoístas como decían los Tirteafueras, que á cada momento nos reconvenían para no dejarnos comer á gusto. España no podía ser mercado para los productos de Cuba, pero le abrió el mercado de los Estados Unidos, ofreciendo á éstos en compensación ventajas que nadie ha querido tomar en cuenta, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Era una reciprocidad por earam- EL PORVENIR DE ESPAÑA 159 bola con la que sólo conseguimos pa- sarle al gato la sardina por las nari- ces. Pusimos la vida económica de Cuba en manos de la Unión, y ésta pudo entonces emplear su sistema de herir solapadamente y condolerse en público de la crisis cubana, del mismo modo que después alimentaba en se- creto la insurrección y abiertamente se queja de sus estragos. Hemos repe- tido la prueba de El curioso imperti- nente con la circunstancia agravante de que el marido curioso del cuento te- nía confianza en su mujer y en su ami- go, en tanto que nosotros sabíamos que entre ellos mediaba cierta intimi dad sospechosa.

En esta experiencia me fundo yo para que no vuelva España jamás á buscar mercados de préstamos para nadie ni á ligar el porvenir de ningu- na región española á extrañas volun- tades. Nuestra salvación económica está en la solidaridad, porque dentro 100 UNAMUNO Y GANiVET de España se pueden formar con hol- gura los centros consumidores, exigi- dos por las industrias, que en la actua- lidad tenemos. Si las regiones que van logrando levantar cabeza, vuelven las espaldas al resto del país, desprecián- dolo porque es pobre, que lleven la pe- nitencia en el pecado. Las colonias han detenido el desarrollo de España. Era- mos una nación agrícola hasta hace poco y una nación colonizadora debe de ser industrial, para asegurar así el cambio de productos. España se trans- formó demasiado tarde y, se quedó en- tre dos aguas, y en sustancia las co- lonias sólo han servido para crear in- dustrias que necesitan del amparo del arancel y para retrasar el desenvolvi- miento agrícola del país. La mejor so- lución, pues, en estos momentos, no será la proteccionista ni la librecam- bista, porque estas palabras son no más que fórmulas del egoísmo Cada cual es proteccionista ó librecambista, ÉL PORVENIR DE ESPAÑA 161 según lo que compra ó vende, no se- gún sus convicciones doctrinales; lo mejor será, como he dicho, la solida- ridad. Sin perjuicio de buscar salida al excedente de nuestra producción, lo que más debe de preocuparnos es pro- ducir cuanto necesitemos para nuestro consumo y alcanzar un bien, á que po- cas naciones pueden aspirar: la inde- pendencia económica.

u VI Hay un punto en el que usted no está de acuerdo conmigo. Cree usted que el valor de las ideas es inferior al de los intereses económicos, en tanto que yo subordino la evolución económica á la ideal. No es usted tan lógico, sin em- bargo, que ponga los intereses mate- riales por encima de todo idealismo; hace usted una concepción en beneficio del ideal religioso. Y yo pregunto: ¿Por qué no dar un paso más y decir que no sólo la religión, sino también el arte y la ciencia, y en general, las aspirado" nes ideales de una nación, están ó de- 164 UNAMUNO Y GAÑI VET ben de estar más altos que ese bienes- tar económico, en que hoy se cifra la civilización?

Cierto que hay naciones que inician su acción exterior, creando intereses, tras de los cuales vienen el dominio po- lítico y la influencia ¡intelectual; pero España no es de esas naciones; nos- otros llevamos el ideal por delante, porque ese es nuestro modo natural de expresión; nuestro carácter no se avie- ne con la preparación sorda de una empresa; la acometemos en un momen- to de arranque, cuando una noble an- sia ideal nos mueve. Si hoj^ nos vemos totalmente derrotados (y la derrota empezó hace siglos) porque se nos com- batió en nombre de los intereses, nues- tro desquite llegará el día que nos im- pulse un ideal nuevo, no el día que ten- gamos, si esto fuera posible, tanta riqueza como nuestros adversarios. No es esto defender nuestro actual desba- rajuste; hay que trabajar y acumular EL PORVENIR DE ESPAÑA 165 medios de acción, auxiliares de nues- tras ideas; lo que yo sostengo es que nuestra acción principal no será nun- ca económica, pues por ella sólo se- ríamos imitadores serviles.

Dice usted, amigo Unamuno, que España fué á América á buscar oro, y yo digo que irían á buscar oro los es- pañoles (y no todos), pero que España fué animada por un ideal. Durante la Reconquista se formó en España ese ideal, fundiéndose las aspiraciones del Estado y la Iglesia y tomando cuerpo la fe en la vida política. La fe activa, militante, conquistadora, fué nuestro móvil, la cual creó en breve sus pro- pios instrumentos de acción: ejércitos y armadas, grandes políticos y diplo- máticos; todo esto apareció sin saber cómo en una nación oscura y desor- ganizada, que algunos años antes, en el reinado de Enrique IV, era un semi- llero de bajas intrigas.

No debe confundirse el móvil indivi" 166 UNAMUNO Y GAN1VET dual con el de la nación. Una nación desarrolla de ordinario sus intereses en la misma dirección de sus aspira- ciones políticas y los individuos se aprovechan hábilmente de esta cir- cunstancia para servir á la vez á la patria y á su bolsillo particular. ¿Cuál ha sido el móvil de los Estados Unidos al promover la cuestión cubana? Se ha- bla de sindicatos azucareros, emisio- nes de bonos y mil negocios de baja ín- dole; pero lo cierto es que estos intere- ses han sido creados, porque 'respon- den á una aspiración política más elevada, la de extender la dominación política por toda la América del Sur, utilizando como medio seguro para ad- quirir prestigio la idea antieuropea, expresada en la doctrina de Monroe.

Hace algún tiempo hablaba yo de este asunto con un centro americano, quien me dijo estas palabras, que muy bien pudieran expresar el sentimiento de la América latina: —Nosotros ve- EL PORVENIR DE ESPAÑA 167 mos el porvenir muy oscuro, porque somos pocos para luchar contra los yankees; la idea de éstos es buscar un apoyo en la Antillas y otro en el Pací- fico, abrir el canal de Nicaragua y crear una "línea de intereses comercia- les,,. Todo lo que caiga por encima de esa línea quedará preso en las garras de la Unión. — ¿Y no cree usted que an- tes de que llegue ese día la Unión, se deshaga á causa de esos mismos inte- reses?—Todo pudiera ser; pero mien- tras tanto, lo cierto es que van adqui- riendo casi toda la propiedad de Cen- tro América y que por ese camino pue- den llegar á ser los amos.— ¿Y por qué no buscan ustedes el apoyo de Europa? Lo haríamos si Europa no tuviera co- lonias en América; pero mientras las tenga nos parecería un acto de sumi- sión acudir á quien sigue siendo nues- tro señor. A los americanos les moles- ta elaire de colonos, que todavía tie- nen y quieren abatir la supremacía de 168 168 Europa en América; así, aunque com- prendamos el jingo de los Estados Uní dos, no nos oponemos á él, porque lo hace en nombre de la dignidad perso- nal de los americanos.

Por este ejemplo verá usted que aun aquellas naciones que parecen inspira- das por motivos más utilitarios van se- cretamente impulsadas por ideales sin los que no conseguirán jamás un triun- fo duradero. España ha sido vencida como lo sería otra nación, Inglaterra misma, á pesar de su poder, porque lu- chaba no contra una nación, sino con- tra el espíritu americano, cuya expan- sión dentro de su órbita natural es ine- vitable. En cambio, nuestra victoria sería segura, á pesar de la postración aparente en que nos hallamos, si su- piéramos dirigir nuestros esfuerzos ha- cia donde debemos dirigirlos. Hoy que tanto se inventa en materia de arma- mentos, no estará demás que invente- mos nosotros un cañón de nuevo siste- EL PORVENIR DE ESPAÑA 169 ma, al que yo le llamaría cañón X, cuya fuerza no esté en el calibre, sino en la dirección; un cañón que no dé fuego más que cuando apunte á donde debe apuntar.

Quizás en algún caso las fuerzas ma- teriales puedan detener (nunca impedi- en absoluto) la marcha natural de los sucesos históricos; pero mejor es que no los detengan, sino que, al contrario, coadyuven á la obra. La idea tiene en sí eso que llaman los médicos "vis me- dicatrLx,, fuerza curativa interna, es- pontánea; herida en un combate presto se cura, y aun gana fuerzas para em- peñar otro mayor, en el que vence. Esta idea, conciencia clara de nuestra vida y perfecta comprensión de nues- tros destinos, hemos de buscarla dentro de nosotros, en nuestro suelo, y la ha- llaremos si la buscamos. Yo he halla- do ya muchos rastros de ella, pero su descripción no cabría en este artículo ni en cuatro más. Por esto he pensado 170 UNAMUNO Y GAN1VET consagrar á tan bello tema un breve es- tudio, que hace meses está en la fragua y que le enviaré á usted cuando lo pu- blique, para ver si logro atraerle á us- ted á mi terreno, á mi idealismo; será un librillo de poca lectura que pienso titular: Hermandad de trabajadores espirituales.

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