Y porque no apelemos siempre de prodigios '. la antigüedad, ni menos lo heroico de lo pasa- do, veneró moderna la admiración y celebró el universal aplauso en su punto, digo en su ex- tremo, esta galante prenda en ¡acatólica, en la heroica y también grsnde,!a reina, nuestra se- ñora doña Isabel de Borbón, aquella que no ya prosiguió, sino que adelantó la gloria del renom- * bre y la felicidad de los aciertos de las Isabelas Católicas de España. Entre singulares muchos coronados realces sobreostentaba un tan bizarro modo, un tan soberano agrado, que de robar los corazones de sus vasallos, llegó á hechizar los afectos; más recababa una humanidad suya que toda una real divinidad. Obró mucho en poco tiempo, vivió plausible, murió llorada. Envidiá- ronla, ó la muerte el alzarse con el mundo, ó el cielo lo ángel y lo santo. Arrebatáronla entram- bos á nuestra mejorada dicha, consiguiendo acá el renombre de deseada, que es el primero en las reinas, y allá la gloria, qtie es la última felicidad.
12 EL DISCRETO ARTE PARA SER DICHOSO FÁBULA Tiene la mentida fortuna muchos quejosos y ningún agradecido, llega éste descontento hasta las bestias, ^pero á quién mejoré El más quejo- so de todos es el más simple. Ibase éste cuajan- do de corrillo en corrillo, y hallaba, no sólo* compasión, pero aplauso, especialmente en el vulgo.
Un día, pues, aconsejado de muchos y acom- pañado de ninguno, dicen que se presentó en la audiencia general del soberano Júpiter; aqui profundamente humilde que le es de agradecer á un necio, y otorgada la inestimable licencia de ser escuchado, pronunció mal esta peor trazada arenga: (dntegérrimo Júpiter, que justiciero y no ven- gador te deseo; aquí tienes ante tu majestuosa presencia el más infeliz, sobre ignorante, de los brutos, solicitando, no tanto la venganza de mis agravios cuanto el remedio de mis desdichas. cCómo pasa, ¡oh numen eterno! tu entereza por la impiedad de la fortuna, sólo para mi ciega, tirana y aun madrastra? Ya que la naturaleza me hizo el más simple de los animales, que es decir cuanto se puede, cpor qué esta cruel á tanta car- BALTASAR GRACIAN BALTASAR GRACIAN ga ha de añadir la sobrecarga de desdichado, violando el uso y atropellando la costumbre. Me hace ser necio y vivir descontento, persigue la inocencia y favorece la malicia; el soberbio león triunfa; el tigre cruel vive, la vulpeja, que á to- dos engaña, de todos se ríe; el voraz lobo pasa, yo solo, que á ninguno hago mal, de todos le recibo; como poco, trabajo mucho, nada del pan, todo del palo; tráeme desaliñado y yo, que me soy feo, no puedo parecer entre gentes, y sirvo de acarrear villanos, que es lo que más siento.))
Conmovió grandemente esta lastimosa procla- mación á todos los circunstantes; sólo Júpiter, severo, que no se inmuta asi vulgarmente, alar- gó la mano sobre que habla estaJo, no tanto re- codado, cuanto reservando para la otra parte aquel oído, hizo ademán que llamasen para dar su descargo á la fortuna.
Partieron en busca de ella muchos soldados, estudiantes y pretendientes; anduvieron por mu- chas partes y en ninguna la hallaban. Pregun- taban á unos y á otros y ninguno sabia dar ra- zón. Entraron en la casa del poderoso Mando, y era tanta la confusión y la priesa con que todos, sin discurrir, se movían, que no hallaron quien les respondiese, ni aun les escachase, aunque toparon con muchos. Discurrieron ellos que sin duda no debía de estar entre tanto desasosiego, y no se engañaron. Pasaron á la casa de la Ri- queza, y aquí les dijo el Cuidado que había esi8o EL DISCRETO tado, pero muy de paso, no más de para enco- mendar algunos haces de espinas y unos talego- nes de leznas. Entraron en la quinta de la Her- mosura, que está muy cerdea del sexto, para pa- garlo por las setenas; toparon con la Necedad, y sin preguntaros más, pasaron á la de la Sabidu- ría; respondióles la Pobreza que tampoco estaba allí, pero que de día en día la aguardaba.
Sola les quedaba ya otra casa, que estaba sola á la derecha acera. Llamaron, por estar muy ce- rrada, y salió á responderles una tan hermosa doncella, que creyeron ser alguna de las tres Gracias, y asi, le preguntaron, cuál era. Res- pondió con notable agrado que era la Virtud. En esto salía ya de allá dentro, y de lo más in- terior, la Fortuna, muy risueña; intimáronla el mandato, y obedeció ella, como suele, volando á ciegas.
Llegó muy reverente al sacro trono, y todos los del cortejo la hicieron muchas cortesías, y aun zalemas, por recambiarlas. cQué es esto, oh, Fortuna, dijo Júpiter, que cada día han de subir á mí las quejas de tu proceder? Bien veo cuán dificultoso es el asunto de contentar, cuan- to más á muchos, y á todos imposible; también me consta que á los más les va mal, porque Ies va bien, y en lugar de agradecer lo mucho que les sobra, se quejan de cualquier poco que les falte; es abuso entre los hombres nunca poner los ojos en el saco de las desdichas que los otros, si- BALTASAR GRACIAN l8l no en el de las felicidades, y al contrario en si mismos; miran el lucimiento del oro de una co- rona, pero no el peso ó el pesar. Por tanto, yo nunca hago caso de sus quejas, hasta ahora; que las de éste, de todas maneras infeliz, traen alguna apariencia.
Mirósele la fortuna de reojo, iba á sonreírse, pero advirtiendo dónde estaba, mesuróse, y muy caricompuesta dijo: «Supremo Júpiter, una pa- labra sola quiero que sea mi descargo, y sea ésta: si él es un asno, {de quién se queja?» Fué muy reída de todos la respuesta, y del mismo Jove aplaudida; y en confirmación de ella y en- señanza del necio acusador, más que consuelo, le dijo: ((Infeliz bruto, nunca vos fuérades tan desgra- ciado, si fuérades más avisado. Andad, y pro- curad ser de hoy en adelante despierto como el león, prudente como el elefante, astuto como la vulpeja y cauto como el lobo. Disponed bien los medios, y conseguiréis vuestros intentos; y desengáñense todos los mortales (dijo alzando la voz), que no hay más dicha ni más desdicha que prudencia ó imprudencia.
EL DISCRETO CORONA DE LA DISCRECIÓN PANEGIRIS Caerían á la lengua los huesos del cuerpo hu- mano, su tan numerada flaqueza-, ponderaban aquella su liviandad, con que no repara en anti- ciparse al mismo entendimiento, y no acababan de exagerar los vulgares empeños de su ligereza.
Pero la lengua no faltándose á sí misma, de- fendíase con eí corazón, que siendo principio de la vida y rey de los demás miembros, es tam- bién de carne todo él. Excusábase con el cere- bro, que siendo asiento de la sindéresis, es muy más muelle que ella*, pero no le valía, por- que respondieron entrambos por si, el corazón representando su valor, y el cerebro apoyando su mucha estsbilidac].
Viendo la lengua lo que ía apuraban, sacando fuerzas de su propia flaqueza, dijo: ((¡Qué, tan débil os parezco! Pues advertir que si yo quiero, soy más fuerte que el más sólido de todos vos- otros*, y aquí donde me veis toda de carne, basto yo á qubrantar diamantes, que no digo ya hue- sos.» Riéronlo mucho todos, especialm.ente los dientes que hicieron amago de detenella, como suelen. «Si, yo lo digo, repitió ella, y lo proba- ré con tal evidencia, que todos la confeséis con BALTASAR GR AGIAN BALTASAR GR AGIAN aclamación. Sabed, y nótelo todo el mundo, que cuando yo digo la verdad, soy lo fuerte de lo fuerte; nadie entonces me puede contrastar, y en fe de ella, todo lo sujeto.
))Fuerte es un rey que todo lo acaba; más fuerte es una mujer, que todo lo recaba; fuerte es el vino, que ahoga la razón; pero más fuerte es la verdad y yo qae la mantengo.)) Verdad, verdad, exclamaron todos, y diéronse por venci- dos. Quedó triunfante ja lengua, haciéndose mil en repetir y en celebrar este victorioso suceso.
Tiene esta gran reina su retiro en el corazón y su tribunal en la lengua; aquí vienen á parar todas las causas, si no de primera instancia, por apelación de desengaño.
Asi sucedió en aquella célebre contienda que tuvieron entre si las más sublimes prendas de un varón consumadamente perfecto, sobre el ya globo de oro, para ápice de su inmortal cororja. Contendían la alteza de ánimo, la majestad de espíritu, la estunación, la reputación, la univer- salidad, la ostentación, la galanteria, el despe- jo, la plausibilidad, el buen gusto, la cultura, gracia de las gentes, la retentiva, lo noticioso, lo juicioso, lo inapasionable, lo desafectado, la seriedad, el señorío, la espera, lo agudo, el buen modo, lo práctico, lo ejecutivo, lo atento, la sim- patía sublime, la incomprensibilidad, laindefini- bilidad, con otras muchas de este porte y gran- deza.
EL DISCRETO Comenzó al principio por una generosa emu- lación, y vino á parar después en un bando lan declarado cuan esclarecido; no sólo ya entre las mismas prendas, sino entre los valederos de ellas. Eran éstos, aunque pocos, sin^^ulares, los mayores hombres de los siglos, gigantes todos déla fama, prodigios de las eminencias; al fin, todos ellos inmortales héroes.
Compeiian como apasionados y diligenciaban como poderosos, adelantando cada uno su real- ce; los sabios por razón, los valerosos por fuer- za y ios poderosos por autoridad. Fué tal el tesón de inmortalidad, con tal infamación de aplauso que se vió arder todo el reino de la he- roicidad en esta lucida guerra.
Discurría varia la fama y muy equívoca la fortuna, según los tiempos, los usos y los ge- nios de las gentes; con que cada uno abundaba en su sentir, y nunca se declaraba la victoria. Considerando los varones sabios que el litigio fué hijo del caos y parto de la confusión, propu- sieron á los demás el llevar esto por tela de jui- juicio y no de la contienda; convinieron todos, y remitiéronse al acierto de una sabia, prudente y justísima sentencia. Más de una dificultad, como se suele, dieron en otra mayor, y fué á qué tribunal acudirían.
Porque Astrea, muchos días ha que desahu- ciando el mundo, se retiró al cielo; ir á Momo, era condenarse todos; porque la murmuración BALTASAR GRACIAN á nadie da justicia, ni aun arbitrio; todo lo con- dena. Sola quedaba la verdad, mas ella ha mu- chos siglos que dió en cuerda, retirándose á su interior, sintiéndose acatarrada y aun muda. Con todo eso, á ruego de sus amartelados sa- bios, y pidiendo primero salvoconducto á los reyes, que por esta sola vez se lo concedieron, dejóse ver más hermosa cuanto más de cerca, más galante cuanto más desnuda, que tomó de la primavera con el nombre la belleza*, traía poco séquito, pero lucido; y aunque aborrecida de muchos, fué acatada de todos.
Sentóse en su tribunal a la luz del mediodía. ComcnzarOii á informar las partes, haciéndose encomios, al modo que quedan referidos. Ala- bólas á todas, y con tal singularidad á cada una, que parecía decantarse á ella, mas al cabo se declaró diciendo: ((Eminentísimos realces del varón culto, plau- sibles prendas del varón discreto; confieso inge- nuamente que á todos os admiro y á todas os celebro, pero no puedo dejar de decir la verdad, por no faltarme á mi misma. Digo, pues, que brilla un sol de ios realces, lucimiento de las prendas, esplendor de la heroicidad, y de la discreción complemento. Tiene en vez de esfera, religiosa ara en aquel cristiano Haro, don Luis Méndez, idea mayor de esta primera prenda. Llamóla Séneca el único bien del hombre, Aris- tóteles, su perfección; Salustio, blasóa inmor- EL DISCRETO EL DISCRETO tal; Cicerón, causa de la dicha; Apuleyo, seme- janza de la divinidad; Sófocles, perpetua y constante riqueza; Eurípides,.moneda escondi- da; Sócrates, vaso de la fortuna; Virgilio, her- mosura del alma; Catón, fundamento de la au- toridad; llevándola á ella sola, llevaba todo el bien Biante; Isócrates la tuvo por su posesióí\, Menandro por su escudo, y por su mejor aljaba Horacio; Valerio Máximo no la halló preci, Planto la hizo premio de si misma, y el plausi- ble César la llamó fin de las demás; y yo, en una palabra, la entereza.
CULTA REPARTICIÓN DE LA VIDA DE UN DISCRETO Mide su vida el sabio, como el que ha de vi- vir poco y mucho. La vida sin estancias, es ca- mino largo sin mesones; pues ¡qué si han de pasar en compañía de Heráclito! La misma na- turaleza, atenta, proporcionó el vivir del hom- bre con el caminar del sol, las estaciones del año con las de ia vida, y los cuatro tiempos de aquél con las cuatro edades de ésta.
Comienza la primavera en la niñez, tiernas flores, en esperanzas frágiles.
Sigúese el estío caluroso y destemplado de la mocedad, de todas maneras peligroso, por lo BALTASAR GR AGIAN ardiente de la sangre y tempestuoso de las pa- siones.
Entra después el deseado otoño de la varonil edad coronado de sazonados frutos, en dictáme- nes, en sentencias y en aciertos. Acaba con todo el invierno helado de la vejez, cáense la? hojas de los bríos, blanquea la nieve de las caneas, hiélanse los arroyos de las venas, todo se des- nuda de dientes y de cabellos, y tiembla la vida de su cercana muerte. De esta suerte alternó la naturaleza las edades 7 los tiempos.
Emula e! arte, intenta repartir la moral vida, ingeniosam -nte varia. En una palabra la dijo Pitágoras, y aun menos, pues en una sola letra y en sus dos ramos cifró los dos caminos tan opuestos del mol y del bien. A este arriesgado vivió, dicen que llegó Alcides al amanecer; que la razón es aurora, y aquí fué su común perple- jidad. Miraba el de la diestra con horror, y con afición el de la siniestra. Estrecho aquél y difi- cultoso, al fin cuesta arriba, y por el consiguien- te desandado; espacioso éste, y fácil tan á cues- ta abajo, cuan trillado. Paró aquí, repar^^ndo cuán superior mano le guió impulsiva por el ca- mino de la virtud al paradero de heroicidad.
Donosamente discurrió uno, y dulcemente lo cantó otro; el falcón, que se convirtió en cisne. Diéronle al hombre treinta años suyos para go- zarse y gozar, veinte después prestados del ju- mento para trabajar, otros tantos del perro para EL DISCRETO ladrar y veinte últimos de la mona para caducar^ excelentísima ficción de la verdad.
Mas ahorrando de erudita prolijidad. Célebre gusto fué el de aquel varón galante, que repar- tió la comedia en tres jornadas, y el viaje de su vida en ties estaciones. La primera empleó en hablar con los muertos. La segunda con ios vivos. La tercera consigo mismo. Descifremos el enigma. Digo, que el primer tercio de su vi- da destinó á los libros, leyó, que fué más frui- ción que ocupación; que si tanto es uno más hombre cuanto más sabe, el más noble empleo será el aprender; devoró libros, pasto del alma, delicias del espíritu; gran felicidad, topar con los selectos en cada materia; aprendió todas las artes dignas de un noble ingenio, á distinción de aquellas que son para esclavas del trabajo.
Prevínose para ellas con una tan precisa cuan- to enfadosa cognición de lenguas, las dos uni- versales, lacina y española, que hoy son las lla- ves del mundo, y las singulares griega, italiana, francesa, inglesa y alemana, para poder lograr lo mucho y bueno que se eterniza en ellas.
Entregóse luego á aquella gran madre de la vida, esposa del entendimiento é hija de la ex- periencia, la plausible historia, la que más de- leita y ia que más enseña. Comenzó por las an- tiguas, acabó por las n\pdernas, aunque otros practiquen lo contrario. No perdonó á las pro- pias ni á las extranjeras, sagradas y profanas, BALTASAR GR AGIAN con elección y estimación de los autores, con distinción de los tiempos, eras, centurias y si- glos; comprensión grande de las monarquías, repúblicas, imperios, con sus aumentos, decli- naciones y mudanzas; el número, orden y ca- lidades de sus principes; sus hechos en paz y en guerra, y esto con tan feliz memoria, que pare- cía un capacísimo teatro de la antigüedad pre- sente.
Paseó los deliciosísimos jardines de la poesía, no tanto para usarla, cuanto para gozarla, que es ventaja y aun decencia: con todo eso, ni fue tan ignorante que no supiese hacer un verso, ni tan inconsiderado que hiciese dos. Leyó todcs los verdaderos poetas, adelantando mucho el ingenio con sus dichos y el juicio con sus sen- tencias; y entre todos dedicó el seno al profundo Horacio y la mano al agudo Marcial, que fué darle la palm^, entregándolos todos á la memo - ria y más al entendimiento. Con!a poesía juntó la gustosa humanidad, y por renombre las bue- ras letras atesorando una relevante erudición.
Pasó á la filosofía, y eomenzando por lo na- tural, alcanzó las causas de las cosas, la compo- sición del universo, el artificioso ser del hom- bre, las propiedades de los animales, las virtu- des de las hierbas y las calidades de las piedras preciosas. Gustó más de lo moral, pasto de muy hombres, para dar vida á la prudencia, y estu- dióla en los sabios y filósofos, que nos la vincu- EL DISCRETO laron en sentencias, apotegmas, emblemas y apólogos. Gran discípulo de Séneca, que pudie- ra ser Luciiio; apasionado de Platón, como divi- no, de los siete de la fama, de Epitecto y de Plu- tarco, no despreciando al útil y donoso Esopo.
Supo con misterio la cosmografía, la material y la formal, midiendo las tierras y los mares, distinguiendo los parajes y los climas; las cua- tro partes hoy del universo, y en ellas las pro- vincias y naciones, los reinos y repúblicas, ya para saberlo, ya para hablarlo, y no ser de aquellos tan vulgares, ó por ignorantes ó por dejados, jamás supieron dónde tenían los pies.
De la astrología supo lo que permite la cordu- ra. Reconoció los celestes orbes, notó sus varios movimientos, numeró sus astros y planetas, ob- servando sus influencias y efectos.
Coronó su práctica estudiosidad con una con- tinua grave lección de la sagrada Escritura, la más provechosa, varia y agradable al buen gus- to y al ejemplo de aquel fénix de reyes, don Al- fonso el Magnánimo, que pasó de cabo á cabo la Biblia catorce veces con comento, en medio de tantos y tan heroicos empleos.
Consiguió con esto una noticiosa universali- dad, de suerte que la filosofía moral le hizo prudente; la natural, sabio; la historia, avisado; la poesía, ingenioso; la retórica, elocuente; la humanidad, discreto; la cosmografía, noticioso; la sagrada lección, pío, y tocio él en todo géne- BALTASAR GRACIAN ro de buenas letras consumado, que pudiera competir con el excelentísimo señor don Sebas- tián de Mendoza, conde de Coruña. Este fué el grande y primer acto de su vida.
Empleó el segundo en peregrinar, que fué gustoso peregrino; segunda felicidad para un hombre de curiosidad y buena nota. Buscó y gozó de todo lo bueno y lo mejor del mundo; que quien no ve las cosas no goza enteramente de ellas: va mucho de lo visto á lo imaginado: más gusta de los objetos el que los ve una vez que el que muchas; porque aquélla se goza y las demás enfadan: consérvase en aquellas pri- micias el gusto sin que las roce la continuidad: el primer día es una cosa para el gusto de su dueño; todos los demás para el de los extraños.
Adquiérese aquella ciencia experimental, tan estimada de los sabios, especialmente cuan- do el que registra atiende y sabe reparar, exa- minándolo todo ó con admiración ó con desen- gaño.
Trasegó, pues, todo el universo, y paseó to- das sus políticas provincias, la rica España, la numerosa Francia, la hermosa Inglaterra, la ar- tificiosa Alemania, la valerosa Polonia, la ame- na Moscovia y todo junto en Italia; admiró sus más célebres emporios, solicitando en cada ciu- dad todo lo notable, asi antiguo como moderno; lo magnifico de sus templos, lo suntuoso de sus edificios, lo acertado de su gobierno, lo entendí- EL DISCRETO do de sus ciudadanos, lo lucido de su nobleza, lo docto de sus escuelas y lo culto de su trato.
Frecuentó las cortes de los mayores principes, logrando en ellas todo género de prodigios de la naturaleza y del arte en pinturas, estatuas, tapicerías, librerías, joyas, armas, jardines y museos.
Comunicó con los primeros y mayores hom- bres del mundo, eminentes, ya en letras, ya en valor, ya en las artes, estimando toda eminen- cia; y todo esto con una juiciosa comprensión, notando, censurando, cotejando y dándola cada cosa su merecido precio.
La tercera jornada de tan bello vivir, la ma- yor y la mejor, empleó en meditar lo mucho que había leído y lo más que había visto. Todo cuanto entra por las puertas de los sentidos en este emporio del alma va á parar á la aduana del entendimiento; allí se registra todo. Él pon- dera, juzga, discurre, infiere y va sacando quin- tas esencias de verdades. Traga primero leyen- do, devora viendo, rumia después meditando, desmenuza los objetos, desentraña las cosa- averiguando las verdades, y aliméntase el espí- ritu de la verdadera sabiduría.
Es destinada la madura edad para la contem- plación, que entonces cobra más fuerzas el alma cuando las pierde el cuerpo, reálzase la balanza de la parte superior lo que descaece la inferior. Hácese muy diferente concepto de las cosas.
BALTASAR GRACIAN y con la madurez de la edad se sazonan los dis- cursos y los afectos.
Importa mucho la prudente reflexión sobre las cosas, porque lo que de primera instancia se pasó de vuelo, después se alcanza á la revista.
Hácese noticioso el ver, pero el contemplar hace sabios. Peregrinaron todos aquellos anti- guos filósofos discurriendo primero con los pies y con la vista, para después con la inteligencia, con la cual fueron tan raros. Es corona de la discreción el saber filosofar, sacando de todo, como solicita abeja, ó la miel del gustoso pro- vecho ó la cera para la luz del desengaño. La misma filosofía no es otro que meditación de la muerte, que es menester meditarla muchas ve- ces antes para acertar á hacer bien una sola después.
BALTASAR GRACIAN ESTUDIO crítico <(c Puede llegar á más nuestra desdicha? O por mejor decir, «ipuede lle.i^ar á más nuestro oprobio que el que los mismos extranjeros nos den en ros- tro con la destimación de nuestros más escogi- dos autores?)) Asi quejábase Fr. Benito Jerónimo Feijóo cuando, por el año 1751, leyendo el Spec- tator inglés, tuvo por vez primera noticia de Huarte, de quien hasta entonces no habla leído, (i) Reimprímese aquí, con algunas modificaciones, un estudio publicado hace años en la Revista crítica de historia y literatura españolas^ porttiguesas é hispano am:ri- canas. (Año I, núm. 2), con ocasión de un libro tan notable como poco leído de Karl Borinski, Baltasar Gradan _ und die Hofliteratur in Deutschland, Halle, a. S, 1894. Con mu- chísimo gusto hubiera satisfecho el deseo del Sr. Rodríguez Serra, de añadir d estas páginas un estudio circunstanciado sobre el Uéroe y el Discreto que, en linda reimpresión, no con el descuido y en el ruin papel de las ediciones ante- riores, encomiéndanse ahora al público. La exhortación be- névola me sorprendió en época bastante atareada; absor- bido como estoy completamente por otros trabajos, en medio de mis tareas universitarias, y próximo á realizar nue* ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO ni oído siquiera, el nombre (i). Por este tiempo, preparaba Lessing para los alemanes una tra- ducción fiel y genial áeV Examen de ingenios p27^a las cie?icias, que llamó Prüfung der Kopfe durch die Wissenschaften, Ninguna nación trató, probablemente con más descuido que España á sus grandes poetas, á sus profundos pensado- res. Como llama que alumbra de improviso y luego desaparece y muere apenas le va faltando alimento, asi brillaron en vida los ingenios es- pañoles, llamados divinos é inmortales por los contemporáneos, hasta que, andando el tiempo, crecidas nuevas generaciones, se apagó su es- trella, vsu memoria quedó ofuscada, sepultadas sus obras. Es verdaderamente lastimoso ver cómo los españoles del siglo pasado pensaban de sus grandes hombres del xvi y del xvii, y dejaban, sin vergüenza alguna, á los extranjeros, el aprovo viaje por España, tengo forzosamente que remitir á época de mayor sosiego el deseado estudio. Improvisar sin más ni más un discurso retórico, insertando palabras y rio hechos, no es costumbre mía, ni tampoco paréceme era la de Gracián, que, antes de escribir, dos y más veces pen saba, escogiendo con ponderación del caudal de sus ideas.
Vaya, pues, con pocas alteraciones y sin añadiduras, mi pobre crítica^ no inútil, sin embargo, si lograra procu- rar en mi querida España, patria de Gracián, algunos lec- tores más á las obras de este pensador original y agudo, siempre en continua efervescencia de ideas y que, en la soledad de mi vida, con sus chistes y su doctrina me ha consolado é ilustrado.
(i) Feijóo. Carias eruditas y curiosas, T. III. (Ma- drid 1 751.)— Carta XXVIII, pág. 350 y siguientes.
FARINFXLI vechamiento y el estudio de sus tesoros naciona- les. Tiempos más modernos llevaron muy poca luz á este caos deplorable. A los ciiticos de la nueva época faltaba penetración, entendimiento poético, artístico y filosófico, ánimo y constan- cia, para dar vida á lo que desde mucho tiempo atrás yacía olvidado. La historia de las letras españolas adelantó siempre cojeando de un pie, y á veces de dos. Los errores siguieron á los errores. Los favorecidos de un dia se dejaban fácilmente por otros de más mérito; la verdad quedó con su velo impenetrable. Así es que una historia imparcial, \erdadera, de la civili- zación y de la literatura españolas, aún no se ha escrito por nadie y es tarea del porvenir.
Baltasar Gracián tuvo la desdicha de escribir un libro inferior á los otros genialísimos que su pluma le había dictado, un libro pésimo tal vez, obscuro más que agudo. Gracias á las circuns- tancias y al gusto corrompido del tiempo, única- meme este halló en España celebridad y propa- ganda, menoscabando así la fama de su autor. A los pocos años de su muerte, y por ci espacio de dos siglos, Gracián fué considerado como co- rruptor del idioma y extraviador de los espíritus, más bien que como reformador, creador del len- guaje y guía preciosa en el azaroso y triste ca- mino de la vida. Cuando Francisco Aerssen de Sommelsdyck viajaba en 1656 por España, visi- tando Aragón y en especial Calatayud, patria ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO de Gracián, el gran moralista filósofo gozaba aún de no escasa Hombradía en su patria. «Cest un ecrivain de cetemps fort renommé parmy les espagnols», decía nuestro viajero, á quien gusta- ban, sin embargo, muy poco los escritos de Gracián (r). Ya á fines del siglo xvii, la fama de Gracián había rápidamente disminuido. En todo el siglo XVIII se le nombra raras veces. Cap- many, hombre de gusto acendrado y de eru- dición exquisita, hubiera podido muy bien, en su Teatro hhiór ico-crítico de la elocuencia es- pañola, quebrar lanzas en favor de Gracián; pero no quiso hacerlo, y en el capítulo dedicado (i) Voyage d' Espagnc.» avec une Relaiion de f Estai et Gouvernemcni de ceite Mofiarchie; et une Relaiion parlicu- Itere de Madrid. Cologne 1667, págs. 294 y sigs. ccü a mis au jours divers petits traitez de Politique et de Morale entre ses Ouvrages il y en a un qii'il intitule el Criticón, dont il n* y a que deux paríies imprimées (sic) ou suivant les ages des hommes il fait une espece de Satyre de tout le monde assez ingénieuse á l'imitation de Barclay en son Euphormion. En cette piéce son stib esí bien différent de celuy de ses petits traitez, ou il est si concis, si rompu e. si estrangemeiít coupé, qu'il semble qu'il ait pris l'obscuri- té a tasche; aussi le Lecteur a besoin d'en deviner le sens et souvent quand il i'a compris il trouve qu'il s est estudié á íaire une énigme d'une chose fort commune. Séneque et Tacite n'ont rien entendu de cette fagon d'écrire au prix de luy et si Ton dit du premier que son stile est du sable sans chaux et que celuy du second est si mystérieux, qu'il contient plus qu'il n' exprime, on peut assurer, que celuy de Gracián a si peu de liaison en ses périodes, si tant de rostriction en ses paroles que sa pensée y est comme un diamant mal enchassé dont le feu et le brillant ne paroist qu'a demy.»
FARINBLrJ FARINBLrJ á nuestro autor (T. V. Madrid, 1794, página 20^ y siguientes), habló con preferencia de las ex- travagancias, de lo enigmático, artificioso, alti- sonante y remontado del estilo de Gracián, sem- brado de agudezas de dos filos, no compren- diendo al parecer la profundidad, la riqueza prodigiosa de las ideas expresadas con suma concisión y originalidad. {Cómo hubiera podido llamar, si no, al Oráculo Manual más obscuro que el mismo Oráculo de Delfos, enigmático en cada proposición para hacer sudar, no al lector, sino á la misma Esfinge; al Héroe, lleno de me- táforas violentas, sutilezas tenebrosas, clave- teadas de antitesis, capaces de volver, no héroes, sino mártires á los lectores; al PoliLico Don Fer- nando, pomposo y engalanado panegírico; al Discreto, lleno de sentencias triviales, de doctri- nas comunes, realzadas con mucha erudición de clase y bastante pedantería, no exceptuando de la condenación general más que el Criticón^ obra que llama inmortal por el ingenio, el chis- te y el juicio, tejida de alegorías agradables, de saladísimos diálogos, sazonada toda de finísi- mosgracejos, refranes y equívocos? ( i ). Las pocas palabras sobre Gracián que trae la obra muy co-