(i) Capmany hubiera hablado sin duda de Gracián en su Epiiofue de las vidas de varones ilustres; pero esta obra, qne contiene un buen artículo sobre Saavedra Fajardo, empezada en Madrid, quedó suspensa con la caída del con- de de Floridablanca. — Recuerdo aquí una frase de un co- lector, no muy entendido, de los tesoros de la literatura ESTUDIO CPÍTICO ESTUDIO CPÍTICO nocida de Ticknor (que es para muchos la única biblia literaria de España), demuestran, loque no extraña en modo alguno: que Ticknor no había leído más allá de las primeras hojas de los libros que juzga. En la muy pobre, mal escogi- da y mal ordenada colección de Obras escogidas de filósofos (Biblioteca de autores españoles^ vo- lumen LXV), Gracián está representado tan modestamente, que es forzoso suponer en el co- lector comprensión harto escasa del alcance que tienen los pensamientos del gran moralis- ta español. En un articulo de la Fortnightly Review (Londón 1877, Marzo. Vol. XXI, páginas 338 y siguientes.) Mountstuart GrantDuff, habló con mucha admiración de Gracián, pero no hizo más que repetir las alabanzas ya hechas por Schopenhauer, añadiendo al fin unos fragmen- tos de una traducción suya del Oráculo. En el Ensayo de Gallardo, nada hay más pobre que el articulo sobre Gracián. Menéndez y Pelayo, ac- tualmente el mejor, más entendido y profundo historiador de la literatura de su país, dedicó en sus Ideas estéticas entusiastas páginas al gran- de escritor olvidado, y llamó á Gracián (tomo II, vol. II, página 535) un ((talento de estilista de española. En el prólogo á la Conquista de la Bélica ^ de La Cueva, su reimpresor Pedro de Estala (Ramón Fernández), decía en su Colección (XIV, 15): «Aún hay quien gusta de los Autos de Calderón y de la prosa de Gracián, y la Be- tica vale más que ellos.»
FARINELLÍ FARINELLÍ primer orden, maleado por la decadencia litera- ria, pero así y todo, el segundo de aquel siglo en originalidad de invenciones fantástico-alegóri- cas, en estro satírico, en alcance moral, en bi- zarría de expresiones nuevas y pintorescas, en humorismo profundo y de ley, en vida y movi- miento y efervescencia continua; de imaginación tan varia, tan amena, tan prolifica, sobre todo en su Criticón, que verdaderamente maravilla y deslumbra, atando de pies y manos el juicio, sorprendido por las raras ocurrencias y excentri- dades del autor, que pudo no tener gusto, pero que derrochó un caudal de ingenio como para ciento.)) A pesar del juicio del sabio maestro de la crítica española contemporánea, parece que en España todavía no se quiera reconocer á Gra- cián en toda su grandeza é importancia. La Di- putación provincial de Zaragoza, que da á luz hace algún tiempo, muy bien impresas, las obras raras y preciosas de escritores aragoneses ( i ), no ha creído oportuno hasta ahora publicar de nue- vo, en uno ó dos volúmenes, los mejores escri- tos del profundo jesuíta, que yacen, como Cap- (i) Publicó entre otras, una nueva edición de la Bi- blioteca de Latassa: Bibliotecas antigua y nueva de escritores aragoneses de Latassa^ aumentadas y refundidas en forma de Diccionario bibliográfico biográfico^ per D. Miguel Gómez Uriel. Zaragoza 1884-87. En el tomo I, página 649 y siguientes, hállase un breve artículo sobre Gracián, más pobre en no- ticias que el de la edición antigua. Las más copiosas indi- caciones bibliográficas sobre Gracián, hállanse en el tercer ESTUDIO CRÍTICO many decía, en diferentes ediciones á cual nnás ruin en el papel, en el carácter y en la correc- ción tipográfica, y de lectura sumamente pesa- da. Si alguna vez, en obras ó colecciones de la literatura de refranes y del bien hablar español, se recuerda también á Gracián, al moralista agudo y profundo, tan rico en lacónicas sen- tencias, al humorista original y sagaz, siempre se hace teniéndolo en poca consideración. En el Refranero, de Sbarbi, obra caótica, que, si hu- biera sido compuesta con otro orden y con otro intento seria de gran provecho para la ciencia, hállase (IX volumen) un fragmento del Cri- ticón (i).
Una verdadera rehabilitación de los escritos de Gracián es la traducción del Oráculo Manual he- cha por Schopenhauer, quien, en lo substancial de su filosofía, se parecía muchísimo al español.
volumen de la obra monumental de Backer y Carayon: Biblioiheque de la Cojnpagnie de jfesus, Nouv. edit. por C. Sommervogel (Bruxelles, París I892; pág-, J.646 y si- guientes.) Atinado y concienzudo es el juicio sobre Gra- cián contenido en la History of spanish Litterature de J. Fitzmaurice-Kelly (London, 1888. pág. 558 y siguien- tes), sólo exagerado en el valor de la Agudeza y Arte de In- genio^ obra retórica y poco original.
(i) El Refranero general español^ parte recopilado y parte compuesto por jfosé ¿María Sbarbi. Volumen IX (Madrid 1888), pág. 95 y siguientes. Ciítica re/orfua de los co?fiu- nes refrafies en bando mandado publicar por el coroíiado saber. Sobre los primeros volúmenes de esta obra, véase una crítica de A. Morel Fatio en la Zeitschiift für roma* nische Philologie. Tomo I, pág. 447 y siguientes.
FARINELLI FARINELLI ^(Mi escritor favorito es este filosófico Gracián», — escribía Schopenhauer en 18^2 á Keil, que en- tonces estaba á la cabeza de los conocedores de las cosas de España en Alemania —, «he leído to- das sus obras; su Criticón es para mi uno de los mejores libros del mundo; de buena gana lo tra- duciría si hallara un editor para imprimirlo» (i). Ni aun para el Oráculo halló Schopenhauer un editor. Fué una admirable idea del señor K. Bo- rinski, conocido ya del modo más favorable por su Poetik de Renaissance, la de renovar la me- moria del original escritor español con una doc- ta disertación sobre los principios y los pensa- nientos filosóficos, morales y políticos de Gra- cián. Sólo un erudito de esmerada educación fi- losófica, de ingenio presto y perspicaz, conocedor muy al pormenor de la literatura española y ale- mana, nada menos que árido, seco y pesado en la exposición de sus ideas (calidad muy rara en los historiadores y literatos alemanes de hoy áiaf, un erudito capaz de animar hasta la materia más árida y más desagradable, v. gr., la litera- tura política de Alemania en el siglo xvii, podía darnos un cuadro veraz y al mismo tiempo atrac- (i) L. Seelmann, Schopenhauer ^;7*í?/£?. (Leipzig 1803) pág. 172. Sería curioso averiguar si Schopenhauer fué ani- mado por GcEthe en el estudio de Gracián. En los Tagebü- cher Goethe, hallo indicado una vez (1810, Junio 18), también, el Borntne d¿ cour^ de Gracián. Goethe Werke^ ed. de Weiraar. Tomo III, volumen, IV, pág. 13.
ESTUDJO CRÍTICO ESTUDJO CRÍTICO tivo del pensamiento filosófico-moral del gran aragonés, y establecer, de la manera más com- pleta y definitiva, la influencia que directa é in- directamente ejerció en la literatura alemana. Es lástima que B. en el fervor de su estudio, haya exagerado algunas veces, considerando á Gracián como creador, inventor original, origi- nalisimo, hasta cuando el español sigue las hue- llas de sus predecesores y repite sus ideas, si bien expresándolas con mayor fuerza y profun- didad y muchas veces también con mayor arti- ficio. Falta en el óptimo libro de B. el es- tudio, sumamente difícil y complicado, de las fuentes de la sabiduría de Gracián; el estudio de las escuelas, de los modelos en que el solita- rio pensador y escudriñador de los misterios de la vida humana hubo de formarse. A pesar de estas y de otras pequeñas faltas, el trabajo de B. ha enriquecido, como pocos libros modernos, la literatura española y alemana á la vez, y me- rece, 10 que nunca pudiera hacerse con los libros de indigesta y enfadosa erudición que diaria- mente se publican, un examen concienzudo de todos sus pormenores."
Las escasas noticias sobre la vida de Gracián, sacadas de unas indicaciones contenidas en los prólogos de las obras mismas del agudo pensa- dor, y también de unos compendios de otras fuentes algo turbias, hubieran podido aumentar- $e en algo consultando los artículos sobre Gra- FARINELLI cián y Lastanosa en la Biblioteca de Latassa ( i ). La Biblioteca Nacional de Madrid conserva el manuscrito original del Héroe (con notas margi- nales del autor) y unas curiosas cartas de Gra- cián á Uztarroz y á Manuel de Salinas (volu- men CLXXI, pág. 462 y siguientes), que muy apresuradamente leí en mi último viaje á España, y que se imprimieron en la Rev. crit. de hist, y liter. (tomo I, pág. 81 y siguientes). Nuevas inda- gaciones pudieran hacerse, sin duda con prove- cho, en las bibliotecas y en los archivos de Hues- ca, Zaragoza, Tarragona y Tarazona. Pero, por importantes que sean los nuevos hallazgos de los futuros investigadores de la literatura nacional, nunca bastarán á explicar lo obscuro y (i) En la indicación cronológica de las obras de Gra- cián, hállase un descuido insignificante en el libro de B. (pág. 16). Aun no encontrándose en ninguna parte la edición del Oráculo (Huesca, 1647) notada por Latassa, es indudable que hay una edición anterior á la de Madrid de 1653, á la que se refiere la aprobación. El Oráculo publicó antes de las tres partes del Criticón. Los dos volú- menes de la edición madrileña de las obras de Gracián no se publicaron, como cree B. (pág. 17), con el inter- valo de diez años, sino ambos en 1664. El Forastero^ en una edición de Bruselas, 1633, hállase registrado por Nico- lás Antonio: Bibl. Nova^ II, 4, y Capmany, Teatro^ V. 208; pero ni Latassa, ni Gallardo, ni De Backer Carayon ni otros la nombran. Es muy probable que no existiera nunca. Inexacto es lo que B. (pág. 13) escribe: que Gracián «según las comunes indicaciones», murió á la edad de cin- cuenta y cuatro años. Capmany (V. 203), notando el año en que falleció (1658), añade: «sin constar el año de su na cimiento»; pero Latassa (I, 649; y De Backer (III, 1646) in- ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO enigmático que encubre y encubrirá siempre la vida de Gracián. Al igual de los mejores inge- nios españoles contemporáneos, Gracián no cui- dó de dejarnos indicaciones ó memorias cuales- quiera? sobre su vida. Como jesuíta, rector de un convento, tuvo que retirarse de los torbelli- nos del mundo y, á pesar de sus viajes á la cor- te y á Aragón, vivir sosegadamente, dedicado al desempeño de su cargo, sin grandes alternativas de dichas y desdichas, de goces y de dolores. Pero, ccómo adquirió este solitario pensador su profundo conocimiento, su profunda experiencia de los hombres, su grande sabiduría de la vida) ¿Dónde aprendió á cortar y afilar sus armas para defenderse tan cuerda y seguramente condican ambos la fecha de i6oi. La diferencia de diez años no existe más que en los compendios superficiales consul- tados por el crítico alemán. Que Gracián había muerto á los cincuenta y ocho años de edad, lo dice, con razón, J. Jacobs en la introducción de su hermosa traducción del Oráculo: The art of Worlaly Wisdo7?i by Balthasar G7'acián traiislated fro7ji ihe Spanish by Joseph Jacobs (Londón 1892, pág. 19). A pesar de unas suposiciones, erróneas á mi parecer: que El Galante y El Va? ón Atenlo se incorporaron al Oráculo fuanual (pág. 13) y que Lastanossa había dado probablemente «the extreme teerseness and point of the majority of the ma- xims of the Oráculo ma?íual (pág. 43)», es digna de aten- ción la nota (pág. 2T,)\ <It is not impossible that the English translation of C!ritick? by Rycaut 1681, may have suggested the Friday incidents of Robinson Crusoe.)"* Véase J. Deghuée, Josepli Jacob' s translation of Balthasar Gracmn s Oráculo mamtaly en Moder, Language Notes FARINELLI FARINELLI tra la impiedad y liviandad del mundo, contra sus vicios y sus pasiones? ^Cómo pudo este so- litario penetrar tan profundamente en los rinco- nes más apartados del corazón del hombre? cCómo explicar su idea triste y pesimista de la vida? cCómo las invectivas violentas contra la miserable raza humana, más fiera que las mis- mas fieras, las invectivas contra las mujeres, verdadera peste de nuestra existencia? cCómo la amarga y mordaz ironía, el sarcasmo cruel que derrama sobre todo y todos en el gran teatro, en el gran serrallo del mundo? ((Más vale estudiar los hombres que los libros» — decía el sabio (i).
Gracián practicó, como muy pocos, esta regla. Entre hombres, mucho más que encerrado en las cuatro paredes de su cuarto de estudio, al- canzó su prodigiosa cordura y sabiduría. Los amigos que frecuentaba con preferencia y los que más apreciaba, ensan:harían con sus propios desengaños, con sus experiencias, la experiencia del profundo moralista. Quevedo, sobre todos. Quevedo, lanzado al torbellino mucho más que Gracián, en el laberinto del mundo, en el vórtice de los negocios, amparado hoy, despreciado ma- ñana, levantado ahora por la rueda de la fortu- na, desterrado, pobre, despreciado ápoco, expe- (i) «La vraye science et le vray estude de l'homme C'est l*homme)>, Charron, Traite de ¡a Sagesse, Bordeaux 160 1 n, página i). «The proper síudy of mankind is man>. Pope, Essay on Man. 1733.
ESTUDIO CRÍTICO rimentado sobre manera en la ingratitud del mundo; el pesimista, irónico, mordaz y satírico Quevedo que, en sus principios filosóficos, asi como en la riqueza, originalidad y excentricidad de las ideas, tiene gran semejanza con Gracián, hubo de fecundar con sus escritos el genio natural de nuestro moralista. Lastanossa y Uz- tarroz, ambos aragoneses como Gracián, lite- ratos los dos y eruditos de finísimo y acendra- do gusto; el primero, como Antonio Agustín, colector apasionado de libros raros y de antigüe- dades ((un des plus curieux de toute l'Espagne)), como le llama Aerssen, en su viaje; el segundo, D. Francisco Andrés de Uztarroz, el Solitario, escritor fértil, versado en muchas cosas, miem- bro electo de la Academia de los Anhelaíites, va- liente traductor y compilador, autor, entre otras cosas, de un Parnaso aragonés que queda toda- vía desconocido é inédito: los dos eran sin duda, con el canónigo y traductor de los clásicos anti- guos, Manuel de Salinas, los mejores amigos de Gracián, tenían las mismas aficiones en lite- ratura (i) y escribíanse con frecuencia. Lasta- (i) La predilección de Gracián por las empresas y los emblemas, había invadido también á Uztarroz. Gallardo, en su Ensayo {l^ V. 191), registra una traducción, todavía ma- nuscrita, de Uztarroz: Traducción del diálogo de las empresas que escribió en lengua italiana Esteban Guazo. Ms. año 1634. Véase también el artículo sobre Francisco Andrés de Uzta- rroz en La tas s a (Bibliot.y I, 58).
FARINELLI nossa, de quien B. (pág. 14) dice, exagerando, «que había dedicado su vida, con sacrificio de sus propios intereses, á divulgar la fama de Gra- cián en el mundo literario z^; Lastanossa no deja- rla de abastecer al amigo con los tesoros de sus preciosas colecciones; su rica biblioteca fué, sin duda, un emporio ó almacén, en donde Gracián tomaba á su gusto, y en todas circunstancias, ali- mento para su fantasía (i). ((Gusten unos de jar- dines; hagan otros banquetes; sigan éstos la ca^a; cébense aquéllos en el juego; rocen galas; traten de amores; atesoren riquezas con todo género de gustos y de pasatiempos, que para mí no hay gusto como el leer ni centro como una selecta biblioteca» — dice Crltilo-Gracián en el (l) Gracián, en la Agudeza y Arte de ifige7tio^ (Disc. XIl): «Estimaré siempre al copioso y culto museo de nuestro mayor amigo D. Vincencio Juan de Lastanossa, be- nemérito universal de todo lo curioso, selecto, gustoso en libroS; monedas, estatuas, piedras, antigüedades, pinturas, flores, y, en una palabra, su casa es un emporio de la más agradable y curiosa variedadD. (Véase también el Dis- creto^ de la Cultura y Aliño ^ y la Descripción de las anti- güedades y jardines de D. Vincencio Juan d: Lastanossa^ hijo y ciudadano de Huesca^ ciudad en el reino de Aragón. Escribióla El Solitario (año 1647) Al Doctor D, Francisco Filhol^ ilustre ornamento y elogio de la ciudad de Tolos a, reim- presa en la Revista de Archivos^ Bibliotecas y Museos (volu- men VI, Madrid 1876, páginas 213 y siguientes). Dudo que los versos: <j:Y celebran los versos de la musa sutil Bilbili- tana»; en esta descripción se refieran á Gracián como creen los editores (página 229). Muy curiosa es una relación de Vincencio Antonio Lastanossa, hijo del célebre Mecenas: Habitación de las nmsas^ Recreo de ¡os doctos /i silo de vi/tuo- 14 2IO ESTUDIO CRÍTICO Criticón (II, 4) (i). — Para un espíritu tan pro- fundo y vasto como Gracián, que hacía de todo objeto de reflexión y de estudio, gran parte de su vida debió pasarse leyendo y escribiendo. Pero el sabio que había hallado la piedra filosofal «que enseña la mayor sabiduría y en una pala- bra itiuestra á vivir, que es lo que más im- porta» [Criticón^ I, 7); que sabia penetrar en el corazón de los hombres como si tuviera en su mano la misteriosa lámpara de Aladino; que te- nía las llaves de los pechos más cerrados, no es- parció sus conocimientos en un sinnúmero de obras. Siempre inclinado á la concentración, sos^ en la misma Revista (T. Vil, Madrid 1877, pág. 29 y siguientes), de la cual resulta que Lastanossa había publi- cado las obras de Gracián contra la voluntad de su autor (pág, 30); ay para acreditar el cariño con que siempre ha amado las letras, lo pruebo con decir que el Padre Baltha- sar Gracián, bilbilitano, de la Compañía de Jesús, hombre virtuosísimo, docto y gran predicador, les sacó con destre- za de sus manos varios escritos que le había dictado la lo- zanía de su profundo discurso en lo más florido de su mo- cedad, y juzgándolos asuntos dignos de sus mayores primo- res, contra su voluntand dió á la estampa Gracián, confiesa también haber aprovechado mucho del erudito museo de Bartolomé Leonardo Argensola: «Frecuenté su museo y cada vez admiraba más su profundidad, su seriedad, él era un oráculo en verso*. Agudeza» (Disc. XXIII.)
(i) ((¿Qué jardín de el Abril? ¿Qué Aranjuez del Mayo como una librería selecta? ¿Qué convite más delicioso para el gusto de un discreto como un culto museo donde se recrea el entendimiento, se enriquece la memoria, se ali- menta la voluntad, se dilata el corazón y el espíritu se sa- tisface? No hay lisonja, no hay fullería para un ingenio como un libro nuevo cada día.» (Criticó?!^ IT, 4.)
FARINELLÍ FARINELLÍ cuidó la economía de las obras como la econoT mía del discurso. Muchos estiman los libros por su peso y dimensión, como si se hicieran para cargar los brazos y no para el ejercicio del en- tendimiento. ((Más obran quintas esencias que fárragos)) — decía Gracián en su Oráculo. Quin- tas esencias son, en verdad, todos los escritos de • Gracián.
El atrevimiento de los pensamientos de Gra- cián y su sagacidad escudriñadora, que muchas veces le pone en contradicción con la Iglesia, con los dogmas del catolicismo absoluto, no extra- ñan en los siglos xvi y xvii, por cuanto del regazo de la Iglesia misma salían los hombres de juicio más libre y sutil, de atrevidas ideas; no sólo los heterodoxos españoles, entre quienes hay pensa- dores verdaderamente geniales y profundos, sino tan^bién otros que la Iglesia amparaba y bendecía y que, por su reflexión, por la práctica extremada en las cosas del mundo, se levantan muy alto sobre los prejuicios religiosos de la épo- ca y son precursores de la sabiduría de poste- riores siglos. Bajo la capa del clérigo, búscase al clérigo en vano. La práctica religiosa estaba muchas veces en contradicción con la teoría ex- presada en las escritos. El ascetismo escondía en sí mismo el escepticismo. No sin fundamento (aun exagerando en algo, según mi parecer) Me- néndez y Pelayo, que, mejor que ningún otro, siguió las fases del pensamiento filosófico espa- ESTUDIO CRÍTICO ñol en los siglos clásicos, llamaba en un discur- so suyo (i) á Luis Vives, Francisco Sánchez y Pedro de Valencia, precursores de Kant.
El continuo ponderar y escudriñar en los des- tinos de nuestra limitadísima naturaleza huma- na, ha producido en Gracián, como en oíros mu- chos, disgusto, aborrecimiento, náusea del mun- do. Más bien que La Rochefoucauld, el mora- lista español hubiera podido decir de sí mismo: (( J'ai done de l'esprit.., mais un esprit que la mé- lancolie gáte.» (Portraü de L. R. fait par luí méme). La filosofía de Gracián es de los prime- ros anillos de la cadena que junta entre si los grandes pesimistas y llega á Spinoza, Leopardi, Schopenhauer, Hartmann. iQué es el mundo, qué es la vida á los ojos afligidos de Graciánr En el Criticón, donde el escritor español muestra al desnudo su corazón y su pensamiento, encuén- transe con profusión confesiones suyas. — Madras- tra se mostró la naturaleza con el hombre, pues lo que le quitó de conocimiento al nacer, le res- tituye al morir. — Muere el hombre cuando habla de comenzar á vivir; no es otro el vivir que un (i) De los orígenes del criticismo y del escepticistuo y especialmente de los prectirsores españoles de Kant, En Ensa- yos de crítica filosófica. Madrid, 1892. Que la Inquisición, lejos de oponer serio obstáculo á l^s obras filosóficas de Vives, HuartC; Sabunde, doña Oliva, Fox Morcillo y otros, daba alas á sus producciones, queda demostrado en la Historia de los heti'.rodoxos (II. 707 y siguientes) de mi amigo Menéndez y Pelayo.
FARINELLr FARINELLr ir cada día muriendo. — Todo pasa en imagen y aun en imaginación en esta vida*, hasta esta casa del saber, toda ella es apariencia. — cQué hay en el mundo sino viento> Al mismo hombre quitad- le el aire y veréis lo que queda. — La infelicidad humana hace trofeos de su misma miseria. — No tenéis que cansaros en buscar la felicidad en esta vida, milicia sobre el haz de la tierra; no está en ella. Os cansáis en buscarla desde la cuna á la tumba, oh, peregrinos del mundo, pasaje- ros de la vida. («No hay dicha, porque no hay estrella fija de la luna»: (Discreto.) — En el mundo todo va al revés. La verdad es perseguida, el vi- cio aplaudido, la verdad muda, la mentira trilin- güe.— Todos los buenos van por tierra y los ma- los quedan ensalzados. — Ya los hombres han dado en hacer del día noche y de la noche día. Ahora se levanta aquél, cuando se había de acostar. — ¿Cuál puede ser una vida que comien- za entre los gritos de la madre que la da, y los lloros del hijo que la recibe? (i). — Llámese el mundo inmundo, y de todas maneras disparata- do.— Ya los hombres son menos que mujeres, más puede una lagrimilla mujeril, que toda la sangre que derramó el valor; más alcanza un fa- (i) ^Hay alguno de vosotros que quiera volver al nacer por donde vino, y recular la vida hasta el vientre de su madre? Nones, nones, decían todos: infierno, y no mama: diablos y no comadres.» Quevedo, El entremetido y la due- ña y el soplón, Bib, de autor, Españ.^ tomo XXII, pág. 364.
ESTUDIO CRÍTICO ver de una mujer, que todos los méritos del sa- ber.—. Dichoso tú que te criaste entre las fieras, y ¡ay! de mí que entre los hombres, pues cada uno es un lobo para el otro. — Si los hombres no son fieras, es porque son más fieros. — Todos los mortales somos volatines arriesgados sobre el delgado hilo djá una frágil vida, con esta diferen- cia, que unos caen hoy, otros mañana; sobre él fabrican los hombres grandes casas y grandes quimeras, levantan torres de viento y fundan to- das sus esperanzas. Admiranse de ver al otro te- merario andar sobre una gruesa y asegurada ma- roma, y no se espantan de si mismos, que res- triban sobre una, no cuerda, sino muy loca con- fianza de una hebra de seda, menos, sobre un cabello, aún es mucho, sobre un hilo de araña, aún es algo, sobre el de la vida, que aún es menos.
Si los escritos de este despreciador de la vida y del mundo hubieran liegado á las manos de Leopardi, hubiesen maravillado sin duda al hipocondriaco poeta pesimista de Italia, no me- nos que los escritos del mismo Leopardi, los Pensieri especialmente, pusieron en admiración á Schopenhauer. Nigún sentimentalismo lacri- moso afloja ni debilita al pesimista de España. Nunca se rinde á la resignación ni al quietismo. No quiere sufrir y tolerar el turbio destino. No conoce ó no quiere conocer el famoso: ((Ent- behren, sollstentbehren» de Goethe y Beethoven.
FARINELLl Contra el mundo pervertido y la maldad de los hombres, opone una lucha obstinada, prepara y afila sus armas. A la malicia opone la mili- cia ( I ). Siendo todo en este mundo: sentimientos, deseos, inclinaciones, acciones, todo en guerra continua, los unos contra los otros, menester es prepararse al combate. Sólo el héroe, el esfor- zado combatiente, alcanza la victoria. cCómo el hombre tiene que acometer á sus enemigos en la vida, cuáles calidades del ánimo y del enten- dimiento tiene que desarrollar con preferencia, en cuál manera debe guiar su frágil navecilla en el borrascoso mar de la vida para llegar se- (i) «Militia est vita hominis super terram». fjob. 7.) «Guerra es la vida del hombre mientras vive en este suelo. Quevedo, Visita de los chistes (Bib. de autor, Españ.^ tomo XXIII, pág. 55). Una glosa del mismo pensamiento contiene también un libro, leído y gustado sin duda por Gracián, alegórico y moral al par del Criticó?i^ hoy día muy raro, de D. Pedro Hernández de Villalumbrales: Caballero del SoL Libro intitulado peregrinación de la vida del hombre^ puesta en batalla debaxo de los trabajos que sufrió el caballero del Sol, en defensa de la Razón que trata por gentil artificio y extrañas figuras de vicios y virtudes^ envolviendo con la arte militar la philosofia moral y declara los trabajos que eí hombre sufr e en ¿a vida^ etc^ Medina del Campo 1552. En la pág. III: «Nace el hombre turbia la memoria, ofuscado el entendimiento y turbada la voluntad y sin el uso de la razón...atado de los pies y ligado de las manos...lo primero que hace después de la entrada que ha hecho en este mundo, es llorar su na cimiento, su flaqueza y los trabajos que le esperan». Muy curiosos son en este libro los discursos morales de la Prd- dencia, de la Razón, del Mundo, etc., El Modenés Pietro Lauro, tradujo el Caballero del Sol^ en italiano (i5S7), y Mattháus Hofstetter en alemán (1611).
2IÓ ESTUDIO CRÍTICO guro al puerto, al sosiego deseado, á Ja quietud y al descanso^ Este es el problema á cuya solu- ción Gracián dedicó toda su vida. La poste- ridad le recompensó esta labor con ingratitud y olvido. Los pedantes no reconocieron nunca el valor de sus escritos filosóficos, satisfechos de hallar su obra substancialmente italiana y no es- pañola, en la Agudeza y Arte de ingenio, la bi- blia de la perversión literaria de España en el siglo XVII.
No ha de considerarse á Gracián, como re- presentante del cultermiismo, según errónea- mente se ha creído (i), sino como jefe délos conceptistas. Hay notable diferencia entre el es- tilo y la lengua de Góngora, y el estilo y la lengua de Gracián. El culto habla en imágenes huecas, hinchadas, en heladas metáforas; el con- ceptista expresa sus pensamientos con enigmas, equívocos, retruécanos, sutilezas, agudezas y alegorías. Aquél no esconde en su lenguaje en- fático sentido alguno; éste, pecando también en (i) Borinsky, hablando del Cultis7)io como de una ma- nifestación particular y aislada que nada tiene que ver con el Euphuismo y con el Marinismo^ demuestra conocer muy poco la epidemia literaria que infestó á España en tiempo de Góngora. Véase unos apuntes míos en la Rasseg- na bibliogr, della lelíerat, ital. VII, pág. 281 y siguientes. Sobre el c Euphuismo» que no es, como cree Borinski, com- pletamente opuesto al «cultismo», véase á Child, Lyly and Euphuism. München 1894, un artículo mío en la Revista crítica de hist, y lit. esp, I, pág. 133 y siguientes, y otro de Aronstein en Englische Studien^ X.XI, núm. i.
FARINELLI la forma, aspira á un profundo sentido en pocas palabras. Hablando con Gracián, el ar- te de los conceptistas consiste ((en una primo- rosa concordancia, en una armónica correla- ción entre dos ó tres cognoscibles extremos, ex- presada por un acto del entendimiento. De suer- te que se puede definir el concepto: es un acto del entendimiento que exprime la correspon- dencia que se halla entre los objetos.» {Agude- za, Disc. II). Verdad es que los conceptistas cultivaban un arte mucho más difícil que los culteranos. «Por decir un concepto, deshonraré una mujer», decía una vez Quevedo, concep- tista muchas veces al par de Gracián. (Letra sa- tírica á la fortuna. Biblioteca de autores españo- les, LXIX, 301). ((Son los conceptos vida del estilo, espíritu del decir, y tanto tienen de per- fección, cuanto de sutileza.» ((Siempre insisto en que lo conceptuoso es el espíritu del esti- lo», decía Gracián (Agud. XVIII). Nadie, sin embargo, alcanzó la virtuosidad de Gracián en la invención de conceptos. Ni hace al caso si el agudo conceptista cayó de cuando en cuan- do, y más de lo que él mismo pensara, en los erro- res de los gongoristas y culteranos, como con exceso queda demostrado en el Teatro de la Elocuencia, de Capmany. Los conceptistas de- generaron en la escuela de los equivoquistas, E