sentido simbólico borrábase completamente en pueriles juguetes de palabras. Francisco José de ESTUDIO CRÍTICO Artiga, en su Epítome de la elocuencia española^ Arte de discurrir y hablar en agudeza y elegancia en todo género de assi¿m/)/os. Pamplona, 172Ó (co- nozco una edición de Barcelona, 1770), predica los cánones de esta escuela infeliz. Fernando de Velasco y Pimentel escribe otra Arte de agu- deza. Deleite de la discreción y fácil escuela de la agudeza en ramillete texido de ingeniosas promp- titudes y moralidades provechosas^ con muchos avisos de cristiano y político desengaño. Madrid 1764. Los ((conceptos predicables» de aborrecida memoria, nacidos y derramados en España, ha- llaron luego su camino en la ya corrompida Italia (i).
(i) B. Croce. / predicatori italiani del seicento e el gusío spagnuolo. Napoli 1899. — El pretendido plagio de la Agudeza de Gracián, hecho por un Genovés (Véase también jfournal de Sgavants^ 1696, pág. 333: L'homme détrom- pé: L' Agudeza fut traduit en Italien par un Genois, qui eut l'infidelité de s'en faire Auteur». Raffaele Soprani, Li Scrittore de lia Liguria e patticolarmefite della Maritima^ Genova 1667, no dice nada á este propósito), es invención probable de Lastanossa, el Mecenas y patrocinador arago- nés, celoso en extremo de las glorias literarias de su amigo. Como queda advertido en la erudita memoria de B. Croce, I iratiatisti italiani ael (( Concettismo)) e Baltasar Gracián (Na- poli 1899, pág. 1 1 y siguientes) el plagiario no fué el italia- no, sino más bien el español mismo. Gracián deriva buena parte de las ideas extravagantes sobre la agudeza, y hasta sus clasificaciones retóricas, del tratado muy curioso de Ma- tteo Pellegrini, «Delle Acutezze, che altrimenti Spiriti, Vi- vezze, e Concetti, volgarmente si appellano», Genova, Bo • loggna 1659, tratado que salió á la luz tres años antes de la Agudeza^ de Gracián. Adviértase la prefación del mismo FARINELLJ FARINELLJ Un resumen de la literatura política y cortesa- na de Italia y de España en el siglo xvi y prin- cipios del XVII, como introducción al estudio de los escritos político-filosóficos de Gracián, es necesario complemento para apreciar debida- mente la originalidad del jesuíta aragonés, su dependencia de los predecesores españoles y extranjeros, como también las corrientes Hte- Pellegrini á su libro posterior: / jonli delí' Í71í^¿¿^ jio: «inon parlero giá cosi di chi mi trattasse come un certo, che, tra- dotto il mío trattato delle Acutezze in Castigliano, se ne fece autore, e di piü si gloria che fosse stato da me traspor tato in Toscano. Nei primo io non avrei difficolta in darce- ne perdono, e, quasi dissi, in compiacermene, perché non potea quel bell' Ingegno dar altra maggior prova di farme stima grandissima. II secondo poi é ben stato un tiro, per non dir altro, sfoggiatamente indiscreto.» Campanella, al principio del siglo xvn, quejábase de que un español le había hurtado una Poética que había compuesto en Roma. ((Scrissi anche in Roma una Foihca secondo i propii ptiitci- pii, la quale diedi a Cinzio Aldobrandini Caid. di S. Gior- gio, e trovasi nelle raani di molti^ benché uno spagnuolo l'abbia tradotta nella lingua sua e vi abbia apposto il suo nome; la cual cosa allorché ebbi a vederia in Napoli nel Regio Castello, Tanno 16 18, mi mosse ad un riso vera mente grandissimo; ma dcvunque i nostri esemplari testifi- cando contro il jílagiario, e 1í> stesso ladro, alio scopo di cobrire un po'mcglio il furto, in fine si scusa perché, quantunque sia spagnuolo, sovente cita poeti italiani come r Ariosto il Tasso, il Guarini». Véase L. Amabile, Fra Totnmaso Campanella. La sua conghira^ i suoi processi ¿ la sua pazzia. Napoli 1882. I, 77. Una Lógica ó arte de di' rigir bien el discurso^ impresa poco antes de 1603, obra de un aragonés de origen italiano: Grosso de la Rovere, re- gistrada por Latassa (^Biblioteca de escritores aragoneses^ I, 653), es completamente desconocida.
ESTUDIO CRÍTICO rarias del tiempo. Si puede decirse de Gracián lo que del Zahori (i) en el Criticón (III, 5) que vela ((clarissimamente los cora9ones de todos, aun los más cerrados, como si fuesen de cristal, y lo que por ellos passa, como si lo tocasse con las manos», que todo para él «llevan el alma en la palma», y, como Boccali- ni, podía vanagloriarse de saber con el ((occhia- le político», «penetrare neU'intimo del cuore». (Pietra del Paragone Político, Cosmopoli 16 1 5 ); si Gracián, más todavía que los moralistas de Francia (Montaigne, Charron, Brodin, La Bru- yére, La Rochefoucauld, Vauvenargues), podía llamarse escudriñador del corazón del hombre, habilísimo y sutilísimo en la anatomía del alma, no por esto dejó de aprender en el continuo es- tudio de los clásicos antiguos, de los autores italianos y españoles, sacando de ellos parte de sus maravillosos conocimientos, de su gran sa- biduría y cordura^ de su consumada ciencia de la vida. Quiero decir que, B. hace demasiado honor á su héroe llamándole «padre de los dos (i) Una definición del Zahori hállase en el Theatro Cri- tico, de Feijóo. (Tomo III. Disc. V. VII, pág. 92 y si- guientes). «Dase el nombre de Zahoríes á una especie de hombres de quienes se dice que, con la perspicacia de su vista, penetran los cuerpos opacos, haciéndose de este modo patente cuanto á algunas brazas debajo de la tierra está oculto. Este es embuste endémico de España...y aca- so le hemos heredado de los moros, pues la voz zahori pa- rece arábiga.»
FARINELLI elementos esenciales de la educación moderna: el reconocimiento del gusto y aquella práctica de la prudencia del mundo que en el siglo xvn llamábase política» (pág. i).
El estudio de las fuentes de Gracián presenta infinitas dificultades. La experiencia propia se cubre muchas veces con la experiencia ajena. Como abeja que toma su jugo, ora de una flor, ora de otra, Gracián toma su alimento de éstos y aquéllos, pero oculta á sus autores favorecidos, dando á lo que adquiere su sello de originalidad, expresándolo en aforismos la- cónicos y profundos, en relámpagos de ideas. La manía de leer de Quevedo, había invadido tam- bién á Gracián. Pero mucho más que Quevedo, el sabio jesuíta sale de la estrechez de la cien- cia del tiempo, limitada entonces al conocimien- to de los escritores clásicos y de los Santos Pa- dres, y deja atrás á los autores comunes de las Políticas cristianas, de las Reglas ó advertimien- tos de Principes, Gracián ha sabido aprovechar- se de los clásicos: de Plutarco, Platón, Aristó- teles, Luciano, Tácito, Marcial, Séneca, pero también de los más raros escritores filosófico- morales, italianos y españoles. Un museo erudi- to es para él su mayor placer en la vida. No hay lis0nja, consolación mayor para un pensador, decía él mismo, que un libro nuevo cada día. Como Jean Paul Richter, Gracián debía de for- mar sus colecciones con todo el fárrago de las ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO obras leidas, para tener luego á mano lo que más le gustaba y hacía al caso. Iba sin interrupción á caza de todo lo raro, curioso y agudo. No de- jaba en paz á sus amigos con preguntas impor- tunas, como resulta de una carta suya escrita desde Huesca, el 22 de Diciembre de 1666, á Francisco Andrés de Uztarroz, pidiendo que le informase ((de todo lo bueno y ingenioso que V. aliare, porque la agudeza ha de salir muy augmentada». Unos años después, al tomar in- formación de los Equívocos, de Ledesma, rogaba al mismo amigo que le buscase unas rarezas, libros ((ó manuscrito, ó algo que pueda aprove- char.»
En las ciencias políticas, así como en las otras, Italia, desde el principio del Renacimien- to, adelantaba á España y á todas las naciones cultas de Europa. Lo que España desde el siglo XVI había producido, en ciencias filosóficas y morales, procedía, ni más ni menos que mucha parte del gran caudal de las artes y de las letras, de Italia. Una copia de la enseñanza de las Uni- versidades italianas era la instrucción de que gozaban los ingenios de España en su juven- tud, en Salamanca, Valladolid, Alcalá y otras partes. En los círculos de los humanistas italia- nos, en aquellos brillantes recreos filosóficos que empezaron á florecer desde el tiempo del Magnífi- co, discutíanse y disputábanse con ardor ya mu- chos de los problemas de la política y del gusto FARINELLI FARINELLI que ocuparon á Gracián toda su vida. El ideal de la instrucción y educación del príncipe, del cortesano, del político prudente, experimentado, sagaz, eran objeto de serio estudio desde Ma- quiavelo y Castiglione. En tratados políticos, en eruditos comentarios, en discursos, diálog^os y también en escritos enigmáticos, en juegos de palabras y de fantasía, en emblemas, empresas, en máximas y regla de todo género, desarro- llábase, ora en serio estilo didáctico, ora en retruécanos y burlas, satírica é irónicamente, aquella filosofía y práctica de la vida que alcan- zaban en largo estudio hombres de Estado, em- bajadores y filósofos. Los ((arcana política» como los entendía Cardano (i), el ((ars guber- nandi)), el arte de dominar sobre los otros y so- bre sí mismo, de bien elegir, de tener buen de- seo, de vivir á lo práctico y á la ocasión, de bien conversar, de pensar anticipado, de ser cuerdo y audaz á la vez, de saber jugar de la verdad y del desprecio, de negociar y obligar, de usar palabras de seda, de escoger en todo tiempo oportuno, produjeron en Italia aquella agudeza y perspicacia política, aquella maravillosa cor- dura y experiencia manifestadas en casi todos las relaciones contemporáneas de las embajadas de Venecia, de Mantua, de Ferrara y de Roma, in- (l) Véase G. Vidari, Saggio storico filosófico su G, Car- dano^ en Revista italiana di filosofía, VIII (Diciembre 1893.)
ESTUDIO CRÍTICO apreciables documentos de observación psicoló- gica que hacen deplorar vivamente la desunión y discordia de Italia, que no sólo no permitía apro- vecharse de prendas tan raras, sino que las em- pleaba en su daño y en su perdición. Dichoso el español que en la misma Italia «donde saben tan- to», como decía Lope (El amante agradecido^ se- gundo acto), lograba instruirse, ensanchar sus conocimientos y su experiencia, participando en las disputas de los hombres más esclarecidos del tiempo; envidiábasele en España y teníasele en grande consideración. Lo que salía de las pren- sas de Italia pasaba en seguida á España. La moda ((de traducir libros de italiano» estaba tan divulgada, decía Lope (vol. XI de las Comedias. Prólogo del teatro á los lectores), como ((fingir cabellos, teñir barbas, hacer pantorrillas, rizar aladares con moldes, concertar cuchilladas», (i) Sería un estudio muy instructivo y útil averi- guar y demostrar cómo las ciencias políticas y morales de Italia influyeron en España; cómo (l) ((Esta lengua (la toscana) es muy dulce y copiosa y digna de toda estimación y á muchos españoles ha sido muy importante, porque no sabiendo Latín bastantemente^ copian y trasladan de la lengua italiana lo que se les anto- ja, y luego dicen: Traducido de Latín en Castellano. (Lope, La Chce, Madrid 1724, pág. 14). — «Por estorbar los inso- lentes hurtos que hacen, mandamos que no se puedan pa- sar coplas de Aragón á Castilla, ni de Italia á España, so pena de callar un mes el poeta que tal hiciere, y si reinci- diere, de andar un día limpio». (Quevedo, Premáticas del desengañe contra los poetas güeros,) FARINELLI el mismo Antonio de Guevara, tan leído y tan ensalzado^ en muchas ideas está unido al suelo de Italia; cómo los innumerables autores de Tratados de gobierno, de Espejos de principes, de Reglas para vivir: p.ej., Sebastián Fox Morcillo, íRegnis Regisque institiitione, 1556), Ginés de Sepúlveda [De Regno et Regís officiis, 1571), Juan de Torres (Philosophia moral de príncipes, 1576), C. de Bobadilla (Política para corregido- res y señores de vasallos en tiempo de paz y de guerra, 1597), M. de Carvalho (Espejos de Prin^ cipes y Ministros, 1598), Juan de Salazar (^Po- litica española, contiene lui discurso cerca de su Monarquía, materias de Estado, aumento y per- petuidad, 1619), Francisco de la Barreda (El mejor principe Trajano Augusto, 1622), Clau- dio Clemente (MachiavelHsmus jugulatus, 16^7), Mariana (De Rege), Agustín de Rojas (Buen repúblico), Joseph Micheli Márquez (Deleite y amargura de las dos cortes, celestial y terrena. Con la asistencia de los ingenios y lágrimas de- rramadas en la corte del Dios Momo, etc., 1Ó42), y otros: Antonio López de Vega, Pedro Fernán- dez de Navarrete, Juan Eusebio Nieremberg, Vera y Zúñiga, los unos más, los otros menos, imitan y copian á los escritores político-mora- les de Italia, siendo, pues, incontestable que, á diferencia de sus vecinos, fundan sus doctrinas sobre rigurosos principios religiosos; como tam- bién la literatura del asavoirvivre», la cortesa- 15 ESTUDIO CRÍTICO nía, la galantería, después de la traducción del Cortegiano hecha por Boscan, después del Ca- lateo de Gracíán Dantisco, contaba sus modelos en Italia ( i ).
Gracián hubo de aprovecharse, sin duda, de los escritos de Maquiavelo; pero el Principe, asi como la República de Bodin, le parecían dañosos para la educación política de un pueblo. No ex- traña, pues, la condenación que hizo en el Cri- ticón del gran Florentino, con quien, en algunos puntos, puede compararse. Maquiavelo no es sino un valiente embustero; sus aforismos, si bien se examinan, ((no son otro que una confitada inmun- dicia de vicios y de pecados; razones, no de esta- do, sino de establo; parece que tiene candidez en sus labios, pureza en su lengua, y arroja fuego infernal, que abrasa las costumbres y quema las repúblicas.)) (Crit. 1,7). Muy queridos y aprecia- dos por Gracián eran los Emblemas del Milanés Alciato, de quien había, ya en 1549, una traduc- ción española muy libre, hecha por Bernardino Daza Pinciano (2). La extravagancia de muchos (1) No recordaré aquí más que un libro, raro hoy día, muy leído por Gracián y sus contemporáneos: El estudioso Cortesano, — Agora en esta última impresión añadido el Pro- verbiador 5 Cartapacio^ Contiénense: el Estudioso^ Pobre por bovedad ó grosería^ En conversación, Convidado, Caminante^ Discreto en sus persecuciones. Alcalá de Henares IS^T* (2) Los e7fiblemas de Alciato, Traducidos en rimas espa- ñolas, Lyon, 1549. Véase Gallardo, Ensayo II, 752. Me- jor servicio haría á Gracián la edición latina, de t6o8: FARINELLI emblemas, no menoscababa en ningún modo el gozo que Gracián hallaba en las ideas de Alcia- to, expresadas en forma tan concisa. Repetidas veces Gracián alaba la sagacidad del Milanés, la ((grande, sublime moralidad con que corona sus emblemas)). (Agudeza, Disc. 11, 12. 13, 19, 23, 24, 27, 41, 44, 49, Criticón, II, 4.) Lo obscuro y enigmático de la enseñanza moral, el vestido simbólico del pensamiento, tuvieron siempre grande atracción para Gracián. Hay muchas hue- llas déla influencia de Alciatoen el Criticón, en el Héroe y en el Discreto. De Alciato, por ejem- plo, está tomada la figura de las brillantes cade- nillas de la boca de Hércules, que más que su for- midable clava remedia monstruos, aprisiona los entendidos. De este género de literatura mo- ral, que floreció en España tanto como en Ita- lia ( I ), son dos obras muy populares por más de Andreae Alciati, V. C. Embleniata cuni Claudio Minois^ y. C. Comentariis, Anterior á la traducción española de Alciato, es la alemana hecha por Wolfgang Hunger, y pu- blicada en París 1542. Véase Centralblatt f. Btbliothekswe- sen, 1896. Julio. Sobre la estima que Alciato gozaba en España, hay noticias en el Czdto sevillano de Robles Sobre Alciato, véase á H. Green, Andrea Alciati and his book of embkfns. London 1872, y V. Cían, Lettere imdite di Andrea Alciato a Pieiro Bembo. L' Alciato e Pao lo Giovio en Archiv. Stor, Lombardo. 1890, pag. 811 y siguientes.
(l) Además de las traducciones de Alciato y Giovio, aparecieron en España unas imitaciones. En 1584 los Em- blemas de Galcerán de Castro de Aragón y Pinós; en 1589, en Segovia, los Emblemas morales de Juan de Horozco y Covarrubias. Hay otra edición de 1604.
ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO un siglo, atentamente leídas por Gracián: la Floresta Española de apotegmas ó sentencias, sa- bia y graciosamente dichas, de algunos españoles Colegiados por Melchor Santa Cruz de Dueñas (impresa por primera vez en 1 574) y Las seiscien- tas apotegmas, de Juan Rufo (Toledo 1596). La primera se imprimió varias veces (incluso en Ara- gón, pues conozco una edición, de Huesca, 1618), y emigró también fuera de España á Italia, Fran- cia y Alemania. Harsdórfer se aprovechó de ella varias veces en los Gesprdchspiele, y contábala entre los tesoros más preciosos de las literaturas extranjeras ( i ). La segunda es obra más genial, á pesar de estar hoy día casi completamente olvi- dada. Gracián no acabanunca de ensalzará su fa- vorito Rufo,á quien llamaba apronto», «cuerdo», «sobre ingenioso», «agudo», etc. fAgud. Disc, 13, 21, 25, 26, 27, 29, 33, 48 y 62), y le seguía más de una vez en sus sentencias y aforismos. Los escritos curiosos y estrafalarios de Tomma- 80 Garzoni, que se derramaron al empezar el si- (i) De esta Floresta de apoteg?nas habla F. Wolf en su artículo: Ueber den Hofnarrem Kaiser Karls V, genannt El Conde don Francés de Zúñiga und Seine Chronik^ en Sitz^ ungsberichie cUr phiL kisi. Cías se der k. k. Akadeinie der Wissenschafícn. Wien 1850. V. 22 y siguientes. Otra co- lección: Dea-eio de sabios, Flor de sentencias, de Francisco Guzraán, autor de unos Triunfos morales, había apare- cido en Alcalá en 1557. También conocería Gracián la traducción de Erasmo: Libro de Apothegmas agora nueva- mente traduzidos y recopilados en nuestra lengua castellana y dirigida al il^ Señor Don Per asan de Ribera^ An versa 1549.
FARINELLI glo XVII en España, como en otras partes, y leían- se más en traducciones que en el original, así la Piazza imiversale (trad. por Cristóbal Suárez de Figueroa), como el Serraglio degli stiipori del mondo, al Sinagoga degli ignoranti^ el Hospital dé Piazzi incurabili, desilusionaron á Gracián, que gustaba de todo lo curioso, barroco y extra- vagante. Debajo de rumbosos títulos no halló ni realidad ni substancia. En la Cueva de la nada fCritic, III, 8), donde acaban varios libros de au- tores italianos, pasan también los de Garzoni que, á pesar de estar en grande reputación, nada vallan: (dos más pecan de floxos, no tienen pi- mienta en lo que escriven, ni han hecho otros muchos de ellos, que hechar á perder buenos tí- tulos, como el Autor de la Pla^a Universal: pro- meten mucho y dejan burlado al Letor, y más si es español» (i). Otros italianos: el Giovio, Doni, Guicciardini, Bentivoglio, Birago, Siri, Malvez- zi, Botero, Boccalini, salen con más honra de la crítica de Gracián. De los tres últimos, que in- fluyeron muchísimo también en Quevedo, Gra- cián habló siempre con gran estima y admira- ción. ((El Marqués Virgilio Malvezzi» dice en la Agudeza (Disc. 57) ((junta el estilo sentencioso de los Filósofos, con el crítico de los Historiado- res y haze un mixto admirado; parece un Séne- (i) La expresión «Sinagoga de ignorantes presumidos» en el Criticón (II, 5), está tomada sin duda de Garzoni.
ESTUDIO CRÍTICO ca, que historia y un Valerio que filosofa». El Romulo es para Gracián {Agud. Disc. 55), en la profundidad, en la concisión, en las sentencias, superior á muchos poemas: ((no tiene palabra que no encierre un alma; todo es viveza y espí- ritu.» (Véase también el Criticón II, 2). La Ra- gione di Stato de Botero — con su moral que recuerda la de Bodin y Pietro Belli y es diame- tralmente opuesta á la de Maquiavelo, y cuya im- portancia ha sido recientemente muy bien deter- minada por el Prof. Gioda ( i ) —, hallábase á me- nudo en manos de Gracián, quien la ensalza en muchos discursos de la Agudeza y la enco- mienda en el Criticón (II, 4) á un principe, ((tan católico como prudente», hallándola ((toda embutida de perlas y de piedras preciosas» (2). Las Aggiunte alia Ra gione di Stato no se publi- (1) C. Gioda, La vita e le opere di Giovanni Botero^ con la quinta parte delle relazioni universali e altri documenti inediti. Milano 1895, Véase también E. Botero, Prudenza di stato o maniere di [gobernó di Giovanni Botero. Milano 1895; G. Cimbali, Líz sapienza poliiica di G. Botero^ en Nuo- va Antología 1896. Fase. 9.
(2) Los Asilos notables de prudencia^ la Erudita y grave razón de Estado^ de Botero, hallan un verdadero panegíri- co en la Agudeza. En el Disc. 28 (^De las Crisis Juiziosas) encomienda otros escritos del ilustre autor: el < libro de los dichos memorables de los personajes más graves de es- tos tiempos, léele que es uno de los libros del buen gusto y de la curiosidad, digno de la librería más selecta, así como todas las obras del Botero.., pero entre todas las obras, las Relaciones del mundo y de los monarcas, en que da razón de los Estados», etc.
FARINELLI FARINELLI carón hasta 1Ó59, un año después de la muerte de Gracián. Las Relazioni iiniversali, también í^ozaban gran favor en España y hallaban, ya en 1Ó02, un traductor en Rcbullosa (i). Más aún que Botero, gustaba á Gracián el mordaz é irónico Boccalini, ((el que supo más bien decir mal)) ( Criticón, III, 9), que siempre fué hostil á España y al gobiern-) de los españoles, llamado Becolin por Lope de Vega (((Becolin, que al es- pañol mataste)) en Rimas de Bur guillo). Los Raoguagli al Parnaso eran un libro favorito de Gracián. En el Criticón, en el Oráculo y en el Discreto, hállanse también reminiscencias de la lectura de la Pietra del paragonc político. Gracián no ha dejado nunca de alabar al enemi- go de su patria, á quien reconocía como modelo en la sátira política, á quien llama en la Agude- (i) Conozco una edición de Gerona, 1622: Descripción de ¿odas las Provincias y Reynos del Mundo, sacada de las Relaciones Toscanas de Juan Botero Benes, por Fr. Jayme Rebullosa de la Orden de Predicadores. Compárese este pa- saje de la prefacción del traductor con la sátira mordaz del mundo de Gracián: «Aquí finalmente podrá el Letor que digo, echar de ver que la tierra no es inica, rigurosa y cruel madrastra, sino muy amorosa, piadosa y benigna madre, que nunca cansa de servirlo, pues la que lo recoge en na- ciendo, lo sustenta vivo, lo alcanza muerto, y como fiel depositario lo restituyra el dia de la universal Resurrec- ción.» Como Gracián advierte en la Agudeza (Disc. 28), la traducción española de la Ragione di Stato s& hizo «por mandato del prudente Filipo»: Diez libros de la razón de estado. Con tres libros de las causas de la grandeza de las ciudades, Trad. por A. de Herrera. Madrid 1593.
ESTUDIO CRÍTICO ESTUDIO CRÍTICO za, (Disc. i6, 20, 27, 28, 51) ((ingenioso)), ((dis- creto)), ((juizioso)), ((gran sazonador (de bocados)^ y pone una vez (Disc. 56) al lado de Dante y Pe- trarca ( i). Quevedo, que escaramuzaba muy fre- cuentemente en sus escritos con Boccalini, no podía menos de ensalzar su ((sutileza y elegan- cia)) y le imitó también en varias ((letrillas», en sus Avisos y en sus sátiras políticas (2).
Como precursor de Gracián hay que conside- rar á Alonso de Ledesma, curiosísimo original, que sepultó muchos agudos, sutiles y profundos pensamientos por su afición insana á lo extrava- gante, lo alegórico y enigmático, cubriendo sus invenciones con las flores marchitas de un culte- ranismo de pésimo gusto, usando de un sinnú- mero de tropos, conceptos y jeroglíficos, poeta (1) ((Los ingenios italianos los han autorizado y plati- cado con eminencia (la agudeza compuesta fingida en espe- cial). El Petrarca en sus triunfos. El Dante en sus infier- nos. Pero el que más los ha realzado, ha sido Trajano Bo- calino en sus Críticos Raguallos del Parnaso, sa9onando lo selecto de la Política y lo picante de la sátira^ con lo ingenioso de la invención, y con lo dulce de la variedad, aunque el estilo es sobrado difuso para un tan intenso in- genio.»
(2) Además de las traducciones españolas del Bocea lini indicadas por Nicol Ant. Mó/. JVova, II, 369, hay también otros fragmentos de traducciones é imitaciones. Véase Gayangos, Catalogue of the vianuscripts in the Spa- nish language in the British Museuin, London 1875. I, 39. Eg- 555; Pág. 123. Add. ^21, 442; pág. 544. Eg. 2.080). Sabido es que Boccalini es uno de los grandes interlocuto- res en el Hospital de las letras^ de PVancisco Manuel de FARINELLl FARINELLl muy leído é imitado en su tiempo, pero hoy de lectura pesadísima y casi olvidado. En el prólogo á su Romancero y monstruo imaginado (Lérida, íóió), Ledesma prometía pintar algo más que los ((atajos de la vida, los caminos de la muerte, los quilates de la virtud, los puntos de la honra, los filos de la justicia, los remedios de la pruden- cia, los términos de la cortesía, las mudangas del tiempo, las huellas de la fortuna, los siglos del pesar, los instantes del plazer, los desvelos del matrimonio, los daños de la lengua, los halagos de la lisonja, los fines de la hermosura, los bríos de la juventud, los enfados de la vejez, los gus- tos del amor, los azares de los celos, los plazos de la mentira y la lisura de la verdad.)) Como re- sulta de la correspondencia inédita ya citada, Gracián no había dejado de proveerse también en el almacén de invenciones y conceptos de Le- desma, de quien era admirador por extremo, y llamaba en la Agudeza ((divino)) (á causa de sus rimas á lo divino) (i). A cada obra nueva del